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And now... What? [Priv. Ji Ahn Kyŏng] [+18]

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Mensaje por Araxiel el Mar Jul 28, 2020 4:25 pm

Debería desaparecer. Debería fingir que nada de eso iba con él. Debería solo olvidarse de todo y no inmiscuirse en esos asuntos. Debería... ¿Qué debería hacer en realidad? Porque no quería dejar al humano solo con esos dos perturbados, pero claro, cuando descubriese que uno de esos enfermos, más concretamente el ángel caído, era su padre... ¿Cómo reaccionaría? Seguro que terminaría por odiarle y tendría miedo. Sí. No había ningún tipo de dudas. Eso es lo que pasaría. Y con todos esos pensamientos en mente sobre el qué hacer o qué no, fue que llegó hasta el edificio donde se encontraba su hogar.

Se adentró al portal y llamó al ascensor, rebuscando en su mochila las llaves. Cuando el ascensor llegó, entró tras dejar al contrario pasar. Pulsó el botón del último piso, aquel con el número más alto. Había pagado una buena suma por ese... ¿Piso? ¿Casa? No... ¿Cómo era la palabra que utilizaron cuando efectuó la compra? ¡Ah, ya!, penthouse. Pues eso, que al llegar salió del ascensor teniendo, a poco más de tres pasos de distancia, la puerta de su hogar. Tomó la llave indicada, la introdujo en la cerradura, giró la misma y abrió la puerta, de nuevo, dejando pasar al contrario en primer lugar.

Bienvenido a mi hogar —sonrió con bastante naturalidad a pesar de todo. No quería seguir pensando en lo que no debía—. Al parecer mi compañero de piso y amigo -porque no le iba a llamar mascota- se ha ido a casa de una amiga o algo así —comentó—. Siéntete como en casa —dijo, dirigiéndose a su habitación para poder dejar la mochila en el suelo, a un lado para que no molestase. Se quitó las zapatillas y los calcetines notando la arenilla aún por su piel. ¿Tal vez debería darse un baño? Bueno, ya lo pensaría; tenía mucha noche para ello de cualquier modo—. ¿Quieres que te enseñe todo esto? —preguntó, haciendo una pequeña pausa y señalando hacia arriba—. Por el momento en el primer piso está la habitación de invitados. Ahí es donde vas a dormir.


Última edición por Araxiel el Vie Jul 31, 2020 12:16 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Miér Jul 29, 2020 8:47 am

¿Se arrepentía de algo de lo sucedido en aquella playa? En absoluto. ¿De no haber sido por el alcohol, se hubiese dado todo de la misma manera? De nuevo, no. En algún momento hubiera revelado de quién se trataba, eso seguro, pero claramente no hubiera sucedido como lo había hecho ahora. Igualmente, lo hecho, hecho estaba; no es como si pudiese cambiarlo a estas alturas. Siguiendo al contrario, dentro de todo, se mantuvo bastante relajado y, si bien su intención no era incomodarle ni nada por el estilo, hay que reconocer que se le hacía complicado apartar la mirada de él.

Así, viendo que le dejaba pasar primero, se adentró en el que era el hogar ajeno, echando un rápido vistazo por simple curiosidad.
– Muy bonita la casa. Parece grande. – comentó como si nada a pesar de que apenas había avanzado cuatro pasos tontos por la entrada. Vaya, que estando completamente sobrio, seguramente se hubiese mantenido callado. Ahora bien, escuchando el resto de sus palabras no pudo salvo volver a reír ligeramente, divertido. – ¿Vas a enseñarme la habitación? Esta conversación me suena. – dijo con una cierta gracia, haciendo una alusión más que directa aquel lejano día en el que, él mismo, siendo poco más que un adolescente, invitó al otro a la que entonces era su casa. – Perdón, perdón. Solo bromeaba. – añadió pocos segundos después, carcajeando otro poco y recordando que el plan era solo dormir hasta que se le pasase el efecto del alcohol y, después, marcharse.

– Ah… ¿El baño? No quiero llenarte la casa de arena. – aseguró con una leve sonrisa, dirigiendo la vista hasta el demonio. Cosa que, por cierto, poco le duró. Apenas tardó en volver a mirar al frente, adoptando un semblante más neutral por algunos instantes en los que, además, se llevó una de sus manos al rostro. No, no era dolor de ningún tipo; no había bebido tanto como para ello y, aunque lo hubiese hecho, sería demasiado pronto como para experimentarlo. Era algo distinto lo que rondaba por su mente: – Que silencio. – murmuró más para sí mismo que con intenciones de ser escuchando. Y no, tampoco era el silencio del ambiente a lo que se refería; era el silencio de ese que, extrañamente, llevaba rato sin articular palabra alguna.
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Mensaje por Araxiel el Miér Jul 29, 2020 2:53 pm

De buenas a primeras no tenía realmente nada que comentar con respecto a su casa. No le apetecía hacer una visita guiada, sin embargo, estaba dispuesto a ello. Claro, que eso no significaba que tuviese la mente despejada y centrada. Nada de eso. Seguía pensando en la playa, en el gimnasio, en esa casa de hacía doce años ya y... En el mismísimo infierno. Todos esos recuerdos de su mente a los que nunca había dado una verdadera importancia, y en general, toda su vida con la que había aprendido a cargar en silencio. ¿Pero ahora? Podría haber vivido perfectamente con ese encuentro en el gimnasio de la estación de bomberos, incluso, era capaz de seguir como si nada a pesar de saber que su padre estaba en la isla e, incluso, volvía a juntarse con su viejo amigo de allí abajo.

¿Eh? —se centró al escuchar su risa, observándole con cierto asombro y apresurándose a negar con la cabeza y manos—. No lo decía en ese sentido —¿Avergonzado? Tal vez por no esperar esas reacciones o comentarios—. Si lo prefieres puedes dormir fuera, aunque no te lo recomiendo —comentó, y aún habiendo captado la broma, un poco sorprendido. En definitiva, aquella iba a ser una noche muy larga hasta que al humano le diesen ganas de dormir; por cierto, esperaba que fuese pronto por el bien de todos.

Alzó una de sus cejas con lentitud por su pregunta, señalando la puerta indicada y la que, en resumidas cuentas, daba al baño. —¿Quieres algo de ropa para cambiarte? —preguntó observándole con detenimiento—. Seguro que tengo algo que pueda servirte —dijo, más para sí mismo que para el contrario, recreando una imagen mental de su armario y pensando en qué podría tener para que el contrario utilizase. A ver, que tampoco en tanta de diferencia de altura; el problema sería ocultar todos esos músculos que había visto en la playa porque, recordemos, el albino era de constitución más bien delgada. Vamos, que se podía esconder perfectamente detrás del otro y no ser visto. En fin, tendría que buscar una camiseta bastante holgada. Seguro que alguna tenía.

Ahora que lo pienso... ¿Has comido algo? —inquirió entrecerrando los ojos—. Puedo prepararte... —se dirigió a la amplia cocina americana, abriendo el refrigerador y suspirando de manera profunda. Dulces. Muchos dulces. Y refrescos gaseosos. Eso debía ser cosa del alien pelirrosa con el que convivía—... Algo podré hacer, seguro —se quiso convencer, y mientras pensaba, decidió preparar café porque, aunque no lo necesitase, realmente le encantaba—. ¿Pido comida a domicilio? —cuestionó—. Bueno... No importa. Voy a buscar también la ropa —dijo, dándose cuenta de todo lo que quería hacer y que, en realidad, no había hecho nada. Hasta dejó el agua a medio echar en la cafetera.
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Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Miér Jul 29, 2020 8:04 pm

Sin darle mucha más importancia, volvió a reír ante esa reacción que había obtenido por un simple cometario, una broma como otra cualquiera. ¿Tierno? Bastante, sí; sin embargo, no esperaba verle avergonzado, y menos por algo como eso. ¿Cómo pretendía que le viese como a un despiadado demonio si cada cosa que hacía le daba a entender todo lo contrario? Imposible. Estaba claro que seguía siendo aquel chico amable y simpático de sus recuerdos por mucho que ni fuese un humano, ni tuviese esos dieciocho años que había asegurado tener en su momento. – Lo sé, lo sé. – afirmó; con todo, bastante tranquilo. – Solo dormir y por la mañana, a casa. – añadió, con un tono ligeramente más bajo y centrando la vista en el suelo por algunos segundos, sin saber cómo sentirse al respecto después de aquellos besos en la playa. ¿Quería más? ¿Mejor dejarlo como estaba? Honestamente, ni él mismo lo sabía. – Aunque no tengo sueño… – ¿Relajado? Sí. ¿Somnoliento? No.

– ¿Fuera? Ah… No, no. Creo que me mataría si me resfriase por algo así… – comentó, pensativo, sin dar ningún nombre pero, vaya, que no hacía falta ser un genio para saber quién se tomaría a malas que no cuidase del cuerpo, ¿verdad? Porque Hivvah podía comprender la fragilidad humana y, por ende, que de vez en cuando era inevitable que enfermase. Ahora bien, ¿arriesgarse a ello de manera tan estúpida? No, eso sí que no. Algo así traería represalias y, en fin, que tampoco es ningún secreto que es mejor no hacer enfadar el demonio. – No pasa nada. Solo quiero quitarme la arena de encima. – respondió, tomando una rápida nota mental de dónde se encontraba el baño. Y con lo siguiente, aunque ya con la mente puesta en la ducha, tan solo se quedó quieto en el sitio. – Eh… ¿no? Bueno, hace rato. – Entonces, algo disperso, rodó los ojos hasta el contrario, contemplándole en la distancia. – No es necesario… – agregó, con una pequeña sonrisa; en el fondo, agradecido por todo aquello, viéndole marchar y decidiendo hacer lo propio: dirigirse al baño.

Así, poco tardó en desvestirse y abrir el grifo para darse una ducha rápida; lo suficiente como para que la arena se le despegase y poco más. ¿Cuánto tardaría? ¿Cinco minutos, a lo sumo?
– ¿Por qué tan callado? – Quiso saber, echándose el cabello mojado hacia atrás y tomando una toalla para secarse un poco una vez hubo terminado. “¿Prefieres que interrumpa en medio del polvo?” Preguntó, antipático y hosco, como si estuviera de mal humor. – ¿Eh? Ah… No. – ¿Qué decir ante eso? Era raro que no hablase, no obstante, aun con esa aparente molestia, daba la impresión de estar tranquilo y… Eso era bueno, ¿no? ¿Significaba que le estaba dando carta blanca? Supondría que sí; de lo contrario, ya habría hecho algo para truncar sus planes y salirse con la suya. De esta manera, cubriendo tan solo la parte inferior de su cuerpo con la toalla, abrió la puerta para buscar a su… ¿Amigo? ¿Podía seguir llamándole así? Como sea, ¿no había dicho que le prestaría algo de ropa? ¿No había ido a por ella? Pues eso.
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Mensaje por Araxiel el Jue Jul 30, 2020 9:48 am

Ah... ¿Por qué? Fue muy consciente de su propia actitud frente a algo tan estúpido como fue aquel comentario de los tiempos pasados, y sin embargo, seguía divagando en cosas que no debía. Siendo sinceros él no tenía ningún problema en acostarse con cualquiera; vivía de ello después de todo pero... Demasiados contras. —Eso mismo —asintió de manera leve. Dormir y por la mañana a casa, como si nada hubiese pasado. El plan perfecto. Solo necesitaba que no se torciese. Claro, que al escuchar ese último comentarios sus párpados se dejaron caer con suavidad, soltando un pequeño suspiro y necesitando unos momentos para recuperar su habitual carácter. Terminó por sonreír de manera leve, centrando su mirada en la contraria—. Eres humano, terminarás durmiendo quieras o no.

¿Creés que las palabras ajenas pasan desapercibidas? No en realidad, y lo peor de todo, es que ahora lo entendía a la perfección. Lo que le hacía pensar si ese demonio metido en la cabeza del joven sería capaz de hacerle daño. Tenía muchas cosas que averiguar, cierto, pero no podía simplemente preguntar. Si lo hacía, ¿no sería lógico que el contrario también tuviese mil dudas que querer saciar? No estaba preparado para eso. Seguía siendo negativo con respecto a su simple existencia por ser hijo de quién era. —Puedes tomarte el tiempo que quieras en la ducha; como si te quieres preparar un baño y relajarte —encogió un poco los hombros encaminándose de nuevo a la habitación, aún con el resto de tareas a medio hacer. Sin embargo se detuvo al oírle de nuevo. Sabía que no era necesario, pero le daba completamente igual. Debía comer, así de simple.

Una vez en su habitación buscó esa ropa antes mencionada. Intentando no arruinar todo el armario, sacó una camiseta en un tono gris oscuro, para él bastante holgada y cómoda, para el contrario perfecta -o eso esperaba-. Bien, y ahora unos pantalones... Esos no... Aquellos tampoco... ¿Estos? Ladeó un poco la cabeza observándolos. Eran cortos de algodón y negros, típicos que usaba el demonio para hacer deporte. Bueno, que se los probase a ver que tal. Con la ropa en mano salió de nuevo, quedándose plantado junto a la cocina sin mirar a ningún punto concreto. —¿Por qué no huele a café? —se cuestionó. Fue entonces que se percató de que ni siquiera lo había preparado. Ahí estaba el agua a medio echar. Maldijo un poco por lo bajo en a saber qué idioma, dejando la ropa sobre la isla y, ahora sí, haciendo ese café que tanto le gustaba.

Cuando escuchó la puerta del baño abrirse, que no fue casi al mismo tiempo que se terminaba de preparar el café, giró el cuerpo lo suficiente para poder ver al contrario y, a diferencia de la playa, esta vez un muy ligero rubor se apoderó de sus mejillas. ¿Pero por qué no se había vestido? Qué manera tan agresiva de provocar a un íncubo. Claro, que de inmediato su celeste mirada se centró en la ropa sobre aquella isla de la cocina, suspirando con cierta pesadez. —Puedes probar con eso, sino buscaré algo más —comentó antes de servirse una taza con aquel líquido tostado y caliente, ofreciendo al contrario. Ahora solo quedaba una cosa más—. ¿Qué quieres comer? —preguntó, mirándole a los ojos e intentando por todos los medios no bajar la mirada. Demasiada tentación para alguien que llevaba una semana o semana y media sin alimentarse. No era hambre como tal, pero la gula siempre estaba presente. ¿O creéis que es fácil soportarlo después de haber pasado el día con modelos en bañador, ver semejante cuerpo en la playa y tenerle ahora frente a él así? Iba a volverse loco, en definitiva.
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Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Jue Jul 30, 2020 1:41 pm

Bueno, no iba a quitarle la razón al contrario. Porque sí, por muchos poderes que tuviera y por mucho que un demonio andase metido en su cabeza, él, por sí mismo, no dejaba de ser un humano como otro cualquiera y, por ende, también debía descansar. Ahora bien, que debiera hacerlo no significaba que en ese instante tuviera muchas ganas de ello. Es más, de tumbarse e intentarlo ahora, era más que seguro que no lo conseguiría y, probablemente, terminase mirando al techo, dándole vueltas a todo lo sucedido hasta el momento. – Supongo. – comentó sin más, encogiéndose de hombros y no dándole más importancia al asunto; después de todo, tampoco la tenía. – Pero ahora no quiero. – Estaba demasiado despierto. Y aunque la idea de prepararse un baño en vez de darse una ducha rápida fuera de lo más tentadora, lo único que pretendía con aquello era quitarse la arena de encima; no entretenerse innecesariamente cuando, para empezar, ni siquiera estaba en su casa.

En fin, que habiéndose duchado ya y tapándose únicamente con aquella toalla, poco o nada tardó en dar con el contrario, no pudiendo evitar sonreír un poco al percatarse de su reacción. Tenía la parte inferior cubierta y, vaya, que en la playa había estado sin camiseta prácticamente todo el tiempo; no era nada que no hubiese visto ya. No, definitivamente era incapaz de verle como a ese malvado demonio que había descrito antes.
– Gracias. – mencionó, rodando los ojos hasta aquel par de prendas que descansaban sobre la isla de la cocina, tomándolas con intenciones de volver al baño para cambiarse y tender la toalla. – ¿Eh? Ah… No tengo mucha hambre, la verdad. Cualquier cosa estará bien; no soy muy exquisito. – contestó, recordando rápidamente que el otro demonio sí tenía problemas con que se metiese cualquier cosa en la boca. – Algo que… No tenga mucha grasa y eso. – añadió, prefiriendo no enfadar más a ese tercero que, si bien tranquilo, tampoco parecía de buen humor.

Así, pronto volvió a cruzar la puerta del baño, deshaciéndose de la toalla y dejándola por ahí con un cierto cuidado, comenzando a vestirse. Su ropa interior, perfecta, como era evidente; la camiseta, bastante bien, sí, y esos pantalones… A ver, no estaban mal, sin embargo, tampoco resultaban excesivamente cómodos y si sumamos a eso el calor propio del verano… No pasaría nada si no los usaba, ¿no? Tampoco es como si fuese a pasearse completamente desnudo por la casa ajena. ¿Que no era lo mismo que si estuviera en traje de baño, por ejemplo? Con este razonamiento y cargando con las prendas restantes, no dudó en presentarse de este modo otra vez en la cocina.
– ¿Dónde te dejo esto? – cuestionó sonriente, como si nada, refiriéndose a la ropa que no estaba usando. ¿Relajado? Sí, y mucho. Es lo que tiene beber alcohol cuando no acostumbras a ello. Ya por la mañana se avergonzaría de todas sus acciones y de toda la confianza que se estaba tomando; ahora, no obstante, solo se dejaría llevar por ese valor que no era realmente suyo y disfrutaría de la noche.
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Mensaje por Araxiel el Jue Jul 30, 2020 2:43 pm

¿No podría hacer las cosas más sencillas? Ser un buen niño e ir a dormir tempranito... Al parecer no sería tan sencillo. Bueno, siempre podría fingir que dormía o algo. O negarse y rechazarlo... ¿Pero eso era realmente una opción? Se llevó ambas manos al rostro con frustración, echando hacia atrás su cabello dejando salir un más que largo suspiro; mechones que, todo sea dicho, volvieron a su rostro sin mucho problema. Al menos había aceptado la ropa, eso ya era algo. Y rezaba para que le quedase bien.

A sus cosas, abrió el refrigerador para sacar un cartón de leche y servirse en el café, así tampoco se lo tomaría ardiendo y contrastaría un poco la temperatura. Genial... ¿Y qué podía ofrecer de comer? En serio, es que no tenía de nada. Como no lo necesitaba, a menos que supiese de antemano que iba a tener visitas, rara vez se dignaba a comprar cosas; bueno, si tenía algún antojo de algo lo compraba, pero no solía ser lo normal. Removió el café con una cucharilla, girando sobre sus talones viendo el nuevo regreso del ahora vestido... Espera... ¡¿Por qué no llevaba pantalones?! Su rostro se quedó neutro y parcialmente oculto gracias a la taza que se encontraba en sus labios, clavando la mirada en él y aguantando algunas palabras que no iban a ser agradables. —Hagamos una cosa: pide lo que quieras para que lo traigan a casa y así comes lo que te apetezca —propuso, porque si pedía él seguro que terminaría eligiendo alimentos excesivamente grasosos o dulces.

Y sí, lo intentó. Intentó fingir que la presencia del otro a medio vestir no le importaba, pero siendo sinceros, es que era imposible pasarlo por alto. Dejó la taza sobre la isla, y antes de sentarse, tomó los pantalones y pasó por el lado del joven, dirigiéndose a ese comedor que estaba a la vista y, sin importarle demasiado en esa situación, los lanzó al sofá que allí había. Volvió sobre sus pasos, sentándose en uno de los altos taburetes sin apartar los ojos del joven, como si le estuviese analizando o algo peor. Dio un largo trago de su café, en silencio, afilando su celeste mirada. No podía dejar las cosas así. Estas provocaciones debían parar; que lo peor de todo era la ignorancia del humano, que seguramente para él no era nada fuera de lo común y solo estaba ahí recién duchado.

¿Por qué no te has puesto los pantalones? —soltó de buenas a primeras—. Por tu bien, póntelos —dijo con un tono algo más serio de lo normal, casi pareciendo una orden. Nada, tendría que sincerarse para que el contrario fuese consciente—. ¿Sabes lo que es un íncubo? Son demonio que se alimentan de energía vital, la cuál consiguen manteniendo relaciones sexuales —hizo una pequeña pausa—. El que creías que era un simple humano de dieciocho años resulta que no solo es un demonio, sino que es un íncubo. ¿Y sabes lo que significa que un íncubo tenga hambre? Que como sigas así te voy a tirar al sofá, te voy a excitar hasta que estés jadeando y rogando para que te haga mil cosas y, cuando me decida a hacerlo, voy a alimentarme de ti como si no pudiese volver a comer en un año —¿Amenazó? ¿Advirtió? Lo que fuese, pero no estaba bromeando, eso seguro—. Por tu bien, ponte esos pantalones y no hagas esto más difícil —concluyó, tomando su café como si nada hubiese sucedido.
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And now... What? [Priv. Ji Ahn Kyŏng] [+18] Empty Re: And now... What? [Priv. Ji Ahn Kyŏng] [+18]

Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Jue Jul 30, 2020 6:19 pm

Bueno, a falta de una respuesta concreta y viendo que el otro estaba tomando lo que debía ser un café, optó por, sencillamente, sentarse sobre uno de aquellos altos taburetes a la espera de que le indicase qué hacer con la ropa; que para algo era su casa, ¿no? Tampoco era plan de molestar a nadie y menos si le había invitado con toda la buena intención del mundo. Porque no, eso de haberse plantado frente a él sin pantalones no era algo que entendiese como molestia; es más, de haberse dado un chapuzón en el mar, hubiera llegado a ver más piel de la que ahora mostraba. – Oh… Está bien. ¿Tú vas a querer algo? – preguntó, desbloqueando el teléfono móvil para abrir una de estas típicas aplicaciones de pedir comida a domicilio, echando un rápido vistazo a lo que se ofertaba. Y sí, sin tener ni idea de que el contrario no necesitaba alimentarse con normalidad, estaba dispuesto a invitarle.

En principio, no le dio mayor importancia a que, de pronto, tomase aquella prenda y se alejase para dejara en alguna parte; lo que sí le llamó la atención fue lo que le siguió. No estaría tan centrado como debería por culpa del alcohol pero que algo ahí no encajaba resultaba más que obvio. ¿El qué? De eso ya no estaba tan seguro; estaba demasiado disperso como para poder darse cuenta de lo que originaban sus, en teoría y bajo su punto de vista, inocentes acciones.
– ¿Pasa algo? – Quiso saber, con una cierta preocupación, no queriendo incomodar a alguien a quien recordaba con tanto cariño y que siempre había sido amable con él. Eso sí, apenas le miró de soslayo, todavía ojeando restaurantes y las cartas de los mismos para decidir lo que cenaría. O al menos así fue hasta que el demonio volvió a abrir la boca.

– Eh… No eran del todo cómodos y… ¿No tienes calor? Hace calor. – respondió, observándole directamente por primera vez en algunos minutos, bastante confuso; no solo por sus palabras, sino por su actitud en general. – ¿Ah? – Espera, espera… ¿Ponérselos? ¿Ahora que los había dejado en algún lado para que no molestasen? ¿Para eso no hubiera sido mejor dejarlos sobre la isla? Es decir, ahora tendría que ir a por ellos y… No, no. A ver… ¿Dónde estaba el problema en no llevarlos? En serio, que el humano era incapaz de hacer que sus neuronas conectasen para caer en la cuenta de lo que le suponía al demonio tenerle paseando por su casa en nada más que una camiseta y ropa interior. Aunque en su defensa, he de decir que estando sobrio nunca se hubiera tomado tantas confianzas de buenas a primeras. Una pena que no fuera el caso y que hubiese bebido, ¿verdad?

Y sí, por supuesto que prestó atención a todas y cada una de las palabras que salieron de los labios ajenos, en silencio, dejando que hablara todo lo que tuviera que hablar y que explicara todo lo que tuviera que explicar. ¿Su reacción? Extrañamente neutral. En apariencia, claro; por dentro estaba intentado procesarlo todo. Cuando acabó, se mantuvo callado, contemplando cómo bebía de aquella taza y, una vez que hubo terminado de dar ese sorbo, sin aviso, de golpe y de la nada, dejó caer el móvil sobre la encimera, llevando, al mismo tiempo, una de sus manos hasta una de las mejillas ajenas, inclinándose hacia él y volviendo a fundir sus labios como ya lo había hecho anteriormente sobre la arena. ¿La diferencia? Que por mucho que aquellos no hubieran sido besos inocentes, este lo alargó todo cuanto le fue posible; hasta que la falta de aire le obligó a separarse.
– No me importa lo que seas. – repitió, dando una bocanada para recuperar el oxígeno, intentando sonreírle y acariciando esa misma mejilla sobre la que su mano reposaba.
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Mensaje por Araxiel el Vie Jul 31, 2020 9:30 am

En realidad no es como si tuviese hambre propiamente dicho. A pesar de su raza intentaba evitar alimentarse porque, bueno, nunca le había terminado de gustar. Que sí, estaba muy orgulloso de lo que era sin importar nada, pero esa parte de él... En fin, tímido tampoco es que fuese, pero no debía involucrar sentimientos innecesarios cuando solo se trataba de comer. —Estoy bien así, gracias —respondió, sin embargo, soltando una pequeña mentira en aquella frase. ¿Estaba bien? No en realidad. Su simple existencia ya era un pecado, lo sabía, pero ahora el problema no era tanto el pecado como tal, sino la tentación. Tal vez solo se estuviese engañando y sí que tenía hambre. O puede que pensase demasiado las cosas.

Una de sus cejas se alzó levemente al oírle hacer esa simple cuestión, negando con suavidad y, al igual que antes, mintiendo. Claro que pasaba algo; muchas cosas de hecho. ¿Pensáis que el albino había olvidado que cierto demonio sin cuerpo andaba mirando constantemente? Porque por mucho que lo intentase, no era capaz de, simplemente, fingir que no estaba ahí. Era difícil, más aún porque se conocían; si hubiese sido cualquier otro podría haberlo ignorado. Pero no era el caso después de todo. Esas eran las circunstancias y le tocaba decidir si seguir comiéndose la cabeza o desentenderse.

¿Calor? ¿Eso es lo que pasaba? Tenía una más que fácil solución. —Puedo poner el aire acondicionado —propuso como mejor alternativa. Si con eso conseguía que el otro se estuviese quieto no veía el problema. Claro, que al parecer de brazos cruzados no iba a quedarse. A pesar de todo lo que había dicho, cuando fue consciente de cómo el joven dejó el móvil sobre la mesa, se vio nuevamente sorprendido por un beso. No nos equivoquemos; lo correspondió casi por instinto, dejando al otro marcar el ritmo y que se separase cuando lo viese necesario. Genial. De nuevo, genial. Se llevó la taza a los labios nuevamente al finalizar el acto, terminando el contenido de un solo trago podría decirse—. No dirás lo mismo cuando sepas la verdad —murmuró, más para sí mismo que para el contrario, y aún así, siendo algo audible—. Te he avisado.

¿Alguna vez habéis escuchado la frase "quién avisa no es traidor"? Pues eso es justo lo que iba a pasar ahora mismo. Dejó la vacía taza a un lado mostrándose extrañamente tranquilo. —Dime Ahn... ¿A qué huelen la necesidad y la excitación? —ladeó un par de centímetros la cabeza, con fingida inocencia, pintando en sus labios una suave sonrisa. No esperaba que lo entendiese sin una explicación, desde luego; ya lo entendería después. Así fue cómo, cumpliendo con su palabra, comenzó a desprender esas feromonas que facilitaban siempre el trabajo. Si hace unos minutos quería convencerse de que no tenía hambre, ahora solo disfrutaría del buffet libre que tenía frente a sus ojos—. Lo único que tenías que hacer era ir a por esos pantalones mientras yo me terminaba el café, y cuando regresases aquí, estaría lo suficientemente relajado para enseñarte la habitación en la que ibas a dormir, te hubiese dejado en ella y yo hubiera seguido con mi vida tranquilo. No era tan complejo, ¿verdad? —admitió, rodeando la isla para quedar a su lado y mirarle con dulzura—. ¿Recuerdas lo que sucedió hace doce años? En ese tiempo me contuve, pero ahora, si a pesar de todas las advertencias has decidido seguir jugando con fuego, no evitaré que te quemes —habló con cierta malicia, dejando la diestra en su pecho y acariciándole por encima de la ropa—. Ahora sí que vas a pasar calor —se rió por lo bajo—. Cuando no puedas más y creas que te volverás loco te atenderé —finalizó. Y en ningún momento dejó de utilizar su poder. Si con una sola vez que alguien captase las feromonas era suficiente para conseguir su objetivo, dejar ese olor de manera constante era casi una tortura. Como si murieses de hambre y frente a ti pusieran tu plato favorito, pero no te dejan saborearlo porque estás atado de pies y manos.
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Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Vie Jul 31, 2020 11:31 am

De acuerdo. Si decía que estaba bien y que no necesitaba nada, pediría comida única y exclusivamente para sí mismo. Que, honestamente, tampoco es que tuviera mucha hambre, pero puede que llevarse algo a la boca le ayudara porque, recordemos, había ingerido alcohol con prácticamente nada en el estómago y… En fin, que eso muy bueno no es. De cualquier manera, incluso si el contrario había dejado claro que no comería, no tendría ningún problema en darle a probar algo de lo que quiera que fuera a escoger; es más, era más que probable que fuese a ofrecerle dar algún bocado de todas formas cuando su cena llegase. Si es que llegaba que, aunque él no lo supiera, no parecía que fuera a ser el caso. – No hace falta que lo pongas solo por mí; así estoy bien. – respondió con toda la inocencia y la ingenuidad del mundo, de nuevo, siendo incapaz de ver el esfuerzo que estaba haciendo el otro para contenerse teniéndole como le tenía.

¿Que el plan no era cenar, dormir y, por la mañana, cuando estuviese más calmado, irse a su propia casa? Bueno, sí, pero las cosas no siempre salen como uno quiere, ¿no? Pues eso. Que si le hubiese detenido al momento cuando se lanzó a besarle, si se hubiese apartado, o incluso si tan solo le hubiese dicho que no, ahí hubiera quedado la cosa. Una sola palabra, una sola negativa y no habría intentado nada más; hubiera pedido la comida y, después de cenar, se hubiera ido a la cama. Y sin embargo, no. Nada de eso sucedió. Le siguió el beso, le dejó marcar el ritmo. Entonces no estaba mal, ¿no? Al separarse, se quedó en silencio, observándole, esperando por alguna reacción o alguna señal que le indicase qué hacer, si continuar o detenerse. Claro que, con lo que vino a continuación, no pudo evitar fruncir muy levemente el ceño, tratando de comprender a qué supuesta verdad se refería.

¿Y Hivvah? Ese sí que sabía de lo que el otro demonio hablaba y, no obstante, se mantuvo callado. No le contaría nada al humano; no aún. Que disfrutase, que se confiase y, cuando estuviese convencido de que nada podría salir mal, ahí se lo soltaría todo. Ahora bien, al que sí le hubiera gustado poder decirle cuatro cosas era al contrario, a ese que, pese a ser su compañero de trabajo, consideraba poco más que un niño. Pero no, no podía. Bueno, por poder sí que podía, sin embargo, eso significaría abandonar al mortal sin vuelta atrás y… Que el coreano era una excepción; normalmente, al ocupar un cuerpo no convivía con el huésped. ¿Se entiende por dónde van los tiros? Que no, no intentaría nada. Primero porque no le daba la gana perder a su juguete y, segundo, por el respeto que le tenía a su amigo y padre del crío. Ya hablaría lo que tuviera que hablar con él en otro momento; tampoco tenía prisa.


– ¿Eh? – ¿Olor? ¿De qué estaba hablando ahora? Decir que estaba perdido y que no entendía nada sería quedarse corto; no obstante, para bien o para mal, aunque no terminase de ser consciente de lo que sucedía, pronto se daría cuenta de ese dulce aroma que comenzaba a llegar a sus fosas nasales. – Ya no soy ningún niño. – respondió mientras se dejaba acariciar, como si realmente supiese lo que estaba haciendo. Y si bien trató de sostenerle la mirada, entre lo que sentía ya de antes y esa nueva y repentina excitación que empezaba a invadirle, fue imposible que no terminara desviando la vista hacia esos tentadores labios para, acto seguido, seguir descendiendo por ese cuerpo, tan atrayente y provocador que... Espera, espera. Unos pocos besos, una simple caricia… ¿y ya estaba así? No iba a cuestionarlo, no ahora. – Ara… – Ni llegó a pronunciar su nombre completo; se dejó llevar, se puso en pie y se acercó a él, volviendo a recudir distancias. Buscó besarle una vez más, sí; posando una de sus manos sobre la mejilla contraria y, con la extremidad libre, rodeando su cintura para pegarle a su cuerpo. Eso sí, esta vez, además de largo, no dudó en hacer aquel beso lo más intenso posible, introduciendo también su lengua en la cavidad ajena, jugando con ella y notando como tanto su respiración como el latir de su corazón aceleraban. ¿Desesperado? Sí, sin duda. Pero no era su culpa. Ya no era solo deseo; era pura necesidad.
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And now... What? [Priv. Ji Ahn Kyŏng] [+18] Empty Re: And now... What? [Priv. Ji Ahn Kyŏng] [+18]

Mensaje por Araxiel el Vie Jul 31, 2020 12:13 pm

¿Qué decir al respecto? Nada. En un rato lo necesitaría. Ya estaba más que decidido. Si el niño quería jugar, adelante; jugarían. Ahora bien, que después de lo que fuese a suceder se tendría que replantear muchas cosas. Lo primero y principal era sus sentimientos, sí. Se conocía perfectamente y sabía que, por ser un buenazo como era, se podía malinterpretar sus acciones e, incluso, llegar a confundirse él mismo. Debía evitar eso. Nada de aferrarse a humanos; había vivido muchos años aferrado a esa regla que se puso él solo y no la rompería ahora. Prefería no sufrir por cosas así. En segundo lugar replantearse si merecía la pena seguir con el joven o alejarse por completo como hizo en el pasado. Eso era importante. Muy importante. Y en tercer lugar, si decidía quedarse... ¿No debería ser sincero con el contrario? No es como si pudiese ocultar algo así para siempre, ¿cierto?

Esa sonrisa ladina y ligeramente maliciosa no hizo más que ensancharse cuando vio la reacción ajena. Sus poderes eran perfectos para situaciones así. Claro, que inocente del humano aún no entendía la gravedad del asunto y a lo que se estaba enfrentando. No, no iba a ser agresivo, pero tenía otros métodos de tortura mejores y, quién sabe, tal vez con eso el joven aprenda algo nuevo; a no lanzarse a lo desconocido o a no beber, por ejemplo. —¿No lo eres? —cuestionó con actuada inocencia—. No tienes el cuerpo de uno, eso es cierto —afirmó sin dejar de acariciarle el torso. Hubiese añadido algo más, alguna frase como que el albino siempre le vería como a un niño pero... Tampoco era de esa manera. Estaba claro que el adolescente quedó muy atrás y ahora estaba frente a un hombre al que sacaba unos cientos de años, pero un adulto al fin y al cabo.

Atendió al escuchar su nombre, y como acto reflejo, retrocedió un paso por ese repentino gesto contrario. Vaya... No esperaba una reacción tan rápida ni tan... Segura. Había quienes se resistían incluso tras oler esas feromonas, sin embargo, parecía que no iba a ser el caso de este jovencito. De nuevo, y porque tonto no es tampoco, correspondió ese beso dejándose llevar por completo, no solo aceptando esa lengua ajena por el interior de su propia boca, sino haciendo lo propio para jugar con la de él, acariciarla y notar como esa sensación de hambre iba en aumento. Si se hubiesen estado quietos solo lo hubiera ignorado sin más, pero una vez que empieza... Pararlo no es sencillo, y si no era Ahn, sería cualquier persona de la calle sin importarle nada. Así pues, mejor un viejo amigo, ¿no?

Cuando se separó de él lo suficiente para poder tomar una bocanada de aire deslizó la lengua por sus propios labios, saboreando aquello que le estaba provocando tanto; como el chocolate para un humano, tal vez. —¿Sigues teniendo calor? —cuestionó con cierta diversión en su tono, acercándose a su oído con algo de maldad—. Vayamos fuera a que te de el aire —propuso. Y a ver, fuerza le sobra para poder controlarle a su antojo, pero de nuevo, no era un bestia ni buscaba obligar a nadie a hacer nada que no quisiera. Más o menos. Diremos que el uso de su poder solo era una ayuda en esa ocasión, ¿o no era obvia la tensión en la playa? Pues eso. Sin la necesidad siquiera de alejarse de él comenzó a caminar, conociendo a la perfección su casa y sabiendo cuál sería el afortunado sofá que tendría el placer de ser la cama de ambos hasta que terminasen.

No dejaba de mirarle, sonriente, coqueto, provocador; pero no por ello le besaba ni le daba más atención que esa. Eso sí, una vez que llegaron a la terraza, poco o nada dudo en hacer uso de su fuerza -muy poco, no exageremos- para dejar al contrario sentado en el sofá y quedar sentado a horcajadas sobre sus piernas. Por si fuese poco, porque eso de calentar y seducir le encantaba, se acomodó con un movimiento para nada intencional con el que buscó crear un placentero roce... ¿O era el inicio de la tortura? —Sería una lástima que alguien nos vea, ¿verdad? No seas muy escandaloso —y, en realidad, esa frase iba con doble sentido. Con suerte alguien se daría por aludido.
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Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Vie Jul 31, 2020 1:53 pm

Sin quitarle los ojos de encima, paseando la mirada por el cuerpo ajeno con descaro y sin disimulo alguno, casi como si estuviera hipnotizado, negó sutilmente con la cabeza al escuchar esa primer pregunta. No, por supuesto que no. Ya no era ningún niño. Que puede que el contrario no hubiese cambiado nada en doce años pero, para un humano como él, eso era mucho tiempo. Ese adolescente que el otro había conocido quedaba ya muy atrás y, si acaso no estaba del todo claro todavía, lo descubriría a lo largo de la noche. Su inexperiencia, sus torpezas, sus dudas… Ya no quedaba nada de eso; ahora era un hombre que sabía lo que se hacía. Más o menos. Porque sí, en estos años que habían estado separados evidentemente se había acostado más gente –y eso sin entrar en lo que quiera que hubiera hecho Hivvah por ahí–, no obstante, ¿con un íncubo? No. Bueno, aquella primera vez con él, obvio. ¿La diferencia? El ambiente. El de entonces y el actual poco o nada tenían que ver.

En aquellos lejanos días solo eran un par de amigos pasando un buen rato, experimentando; nada más. ¿Ahora? ¿Habéis visto la tensión desde lo sucedido en la playa? Y eso que, a diferencia del adolescente que una vez fue, no le había invitado a pasar la tarde a su lado pensando en nada de esto. Sí, a sus quince años había buscado lo que había buscado; no iba a negar lo evidente y mucho menos a estas alturas. ¿Le usó en su momento para poder decir que no era virgen? Pues quién sabe; durante algún tiempo sí que se había sentido de ese modo, sin embargo, en este instante, sabiendo de lo que se alimentaba el demonio… ¿Qué importaba si solo habían jugado con sus cuerpos o si se habían usado el uno al otro? Es más, ¿qué importaba repetirlo? Nada; por su parte, nada. ¿O es que hace falta decir que, tras haber olido ese dulce aroma, estaba más que dispuesto a seguir adelante con todo?


– Tampoco me muevo como uno. – contestó finalmente, directo y sin rodeos, confiado y disfrutando de esas caricias que el contrario le brindaba. Y continuando ese beso, si bien no sonrió al contacto de la lengua ajena por obvios motivos –vamos, que tenía la boca ocupaba y no tenía ni los ánimo ni las ganas de parar solo para eso–, sí que afianzó ligeramente ese agarre por su cintura, deseando y ansiando sentir ese contacto que, idealmente, sería sin ropa de por medio aunque, en fin, todo llegaría. Desesperado sí, pero no lo suficiente como para hacerlo ahí mismo en el suelo. Ahora bien, una vez separados, no pudo salvo contemplar cómo se relamía frente a él, mordiendo su propio labio, excitado ante un gesto tan sencillo como aquel, conteniendo las ganas que, por cierto, no eran pocas. – Mucho. – respondió, sincero y deslizando esa otra extremidad desde la mejilla contraria también hasta su cintura, asintiendo a su propuesta sin pensárselo dos veces y dejándose guiar.

Demasiado tentador, demasiado provocador. Más. Quería más; necesitaba más. No sabía en qué momento aquello se había vuelto de ese modo, no obstante, no lucharía contra ello; ni lo intentaría. ¿Cómo podría si sentir al otro se había vuelto casi tan vital como respirar? Una vez en la terraza, sin poder realmente hacer nada, cuando quiso darse cuenta, ya se encontraba sentado sobre el sofá, con el demonio encima, suspirando por ese roce. Y él no sería el único en haber sentido algo, eso seguro; que cuando digo que estaba dispuesto, es con motivo. ¿A sus palabras? Solo rio, una leve y simpática risa; nada más. ¿De verdad que iba a ser él el escandaloso cuando le tenía sentado de esa manera? Ojo, que el humano no haría ascos a nada, pero se le había hecho un comentario divertido teniendo en cuenta las circunstancias. Y así, en esas condiciones, poco o nada tardó en volver a posar sus manos en la cintura ajena, ascendiendo lentamente y colándose bajo su camiseta para acariciar su espalda al mismo tiempo que, deseoso, llevaba sus labios hasta ese cuello que llevaba rato llamándole. Llenándolo de suaves besos aquí y allá, no se quedó quieto, creando un pequeño camino que le llevó hasta el oído contrario.
– No prometo nada. – susurró, justo antes de depositar un pequeño mordisco por su lóbulo.
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Mensaje por Araxiel el Vie Jul 31, 2020 2:57 pm

La cara que puso el albino, por un mísero segundo, fue todo un poema que merecía la pena leer. Es decir, que no se esperaba un comentario como ese; tan directo, tan seguro... ¿Dónde quedaba ese chico tímido que incluso apartaba la mirada si le veías por más de tres segundos? Quién sabe si era por culpa del alcohol, de su poder, un poco de ambas... Ni idea, pero tampoco le desagradaba. Sí, que fue toda una sorpresa, eso es cierto, no obstante le gustaba verle tan colaborador. Diría algo así como que no le obligaría a nada, pero ya había utilizados sus feromonas así que, técnicamente hablando, ya le estaba obligando de manera indirecta. Podía saciarse él solito, cierto, aunque no era lo normal.

Claro que lo bueno comenzó una vez que llegaron a la terraza y se pusieron más cómodos, tal vez uno más que otro porque no parecía un animal en celo; detalles. Y sí, es obvio que notaba como la alegría de Ahn iba en aumento, y no solo a nivel emocional, ¿lo pilláis? Bien. Cuando ya encontró la posición perfecta, la cuál casualmente necesitó de varios segundos para encontrar, se quedó quieto sobre sus piernas, rodeando el cuello ajeno con ambos brazos sin perder ese semblante tintado con bastante lujuria en esos momentos. Era una criatura lasciva a fin de cuentas. Un amante de la seducción. Un provocador nato. En ese momento, también sería la peor pesadilla del humano. Aquel que le torturase. El que le excitase sin permitirle pasar unos límites. Ese que, en definitiva, alargaría esos preliminares a placer; porque hambriento sí, pero la satisfacción de alimentarse después de disfrutar tanto no tenía nombre.

De momento le dejó hacer. No tenía prisa ninguna. Sería divertido cuando se cansase de actuar sumiso y revelase su verdadero carácter; al menos en esos ámbitos. Seguía siendo el mismo de siempre al fin y al cabo. No creáis que le gustaban cosas raras. Fetiches los justos, y en comparación a otros, podría decirse que es de los que tiene gustos dentro de lo que la gente consideraría normal. Ni dolor, ni humillaciones... Nunca había ido con él ese tipo de prácticas. Eso sí, que si el otro las pidiese no tendría mucho problema. Aquí o disfrutaban los dos o no disfrutaba nadie. Y hablando del goce mismo, dejó salir un suave suspiro de entre sus labios y no solo por el roce por su espalda, sino por esas palabras tan simples y el posterior mordisco en el lóbulo de su oreja.

Si tanto calor tienes... —murmuró, clavando su mirada en la contraria mostrando su mejor cara de cachorro, bajando ambas manos por su cuello, hombros, brazos... Hasta llegar al extremo de la camiseta que aferró con delicadeza, tirando un poco de ella—. ¿Por qué no te quitas esto? —cuestionó, aunque si no lo hacía él ya se encargaría el propio demonio. Teniendo semejantes vistas, desde luego, no se privaría de ellas. Ahora bien, que si el joven quería hacer lo mismo era libre, ¿era necesario decirlo? Sin importar mucho guió ambas manos a su propia camiseta, tomándola desde el borde inferior y alzándola hasta deshacerse de ella dejando su mitad superior completamente expuesta. Nada nuevo; seguía igual que hace doce años—. Mejor. Yo también comenzaba a tener calor —mentira y de las descaradas, solo era una simple provocación más.

Si bien no le dio mucha importancia a la camiseta, se aseguró de al menos dejarla sobre otro de los asientos colindantes al sofá donde se encontraban. ¿Qué más podría hacer para divertirse? Oh, ya está. Contorneó su propio cuerpo con suavidad y de manera lenta, dejando que los dedos siguiesen ese camino curvilíneo al cruzarse con algún que otro músculo. Delgado sí, pero músculos tenía. Ahí estaba. —¿Lo recordabas así? —preguntó, mordiendo su labio inferior y afilando su mirada, dejando las manos sobre sus pezones, jugando con ellos como si tal cosa, dejando salir algunos suspiro por el simple placer de hacerlo—. Vamos, quiero ver cómo te mueves ahora. ¿O quieres que siga pensando que eres un niño?
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And now... What? [Priv. Ji Ahn Kyŏng] [+18] Empty Re: And now... What? [Priv. Ji Ahn Kyŏng] [+18]

Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Vie Jul 31, 2020 6:14 pm

Curioso que exhibiera ahora semejante seguridad cuando, hasta el momento, al menos estando sobrio, siempre se había mostrado todo lo contrario, ¿verdad? Pues bien, sí, Ahn podía ser un chico cohibido y retraído de buenas a primeras y no se abriría fácilmente a cualquiera, sin embargo, entrando en confianza, digamos que esa timidez desaparecía. Y no, aunque no era ningún exquisito al respecto, tampoco era de los que se acuestan con cualquiera; ¿qué menos que saber un poco sobre la otra persona, cierto? Que ojo, tímido sí, pero de sábanas para afuera; dentro se dejaba llevar más y pensaba menos, como debía ser. Bueno, sábanas o lo fuese; se entiende el punto. En fin, que si a eso le sumamos que, técnicamente, al demonio ya le conocía, la incidencia del alcohol en un cuerpo que no estaba acostumbrado a ello, y que encima esas extrañas feromonas también habían hecho efecto en su organismo… Pues menos reservado, de todo.

Ya en la terraza, sin cesar con esas caricias por la espalda ajena y después de ese sutil mordisco por su lóbulo, tardó unos pocos segundos en volver a descender para atender su cuello una vez más. ¿Qué hizo en este corto intervalo? Muy simple: dejar que el otro notara lo agitado de su respiración, eso que él mismo le había ocasionado. Que podría estarlo más y, a una distancia mayor, podría incluso pasar desapercibido, no obstante, ¿estando tan cerca? Ni en broma. Y Ahn tampoco lo quería; no, nada de ocultarlo. Quería mostrárselo alto y claro, que supiera lo que había hecho y lo que había conseguido. Tras ello, retomando con ese camino de besos, en esta ocasión de manera descendente, le escuchó atentamente, fijándose en cómo tiraba de esa camiseta que vestía. Ahora bien, antes de hacer nada, antes de concederle ese deseo y dejar a la vista su trabajado torso, no dudó en regalarle un nuevo mordisco; suave, sutil. Ni siquiera dejaría marca; solo era un juego, al fin y al cabo. Y, dicho sea de paso, también deslizó la lengua por la zona mordida, entre provocador y coqueto, demostrando esa experiencia que le había faltado doce años atrás.

De esta manera, apartándose lo justo y necesario como para poder retirar la prenda, hizo lo propio, dejando aquella tela por ahí para que no molestase. Que, a ver, por él la hubiese tirado sin más, sin embargo, entre que seguro que ese tercero en discordia estaba ahí disfrutando del espectáculo, que sabía a la perfección lo poco que le gustaba el desorden y la suciedad, y que la camiseta tampoco era suya… No, un mínimo de cuidado sí que tuvo. ¿Y qué decir cuando el contrario también de deshizo de esa prenda bajo la que su piel había estado escondida? Le encantó. Claro que lo hizo. ¿Cómo no iba a gustarle lo que tenía frente a él? ¿Quién podría resistirse a semejante tentación? Tanto fue el placer visual que, por segunda vez, apresó su propio labio; eso sí, recorriéndole con la mirada, deseoso y lascivo. Y seamos sinceros, no mentiría si dijera que el íncubo le tenía en la palma de su mano.


– No has cambiado nada. – murmuró, hipnotizado por las acciones ajenas y tardando más bien poco en, primero, llevar la zurda hasta su costado, descendiendo con un delicado y lento toque que acabó con un agarre por su cadera; firme, mas no fuerte. Y en segundo lugar, tomó una de esas manos contrarias que se encargaban de atender aquellos pezones, separándolo del mismo y dejándole vía libre. Por supuesto, una vez que hubo apartado esa mano, la liberó para que el demonio hiciera y deshiciera cuanto le viniera en gana; mientras, dejó reposar esa extremidad, ahora libre, por la pierna ajena, a la altura del muslo, acariciándolo también. ¿Y más arriba? Ahí sí que no se iba a andar con sutilezas; ese paso inicial de su lengua por el pezón contrario ya debía ser indicio suficiente de lo que planeaba. A partir de ahí, después de esa “advertencia”, procedió a emplear su boca como era debido; humedeciéndolo, jugando con él, succionándolo y hasta tomándolo entre sus dientes con ligereza y cuidado, tirando un poco y pretendiendo hacer de aquello lo más agradable y gustoso posible; lejos de ocasionarle ni el menor de los daños. No era el humano quien tenía esos gustos; ese era otro. Otro que, en un acto de, lo que en su opinión, era una inmensa generosidad, dejaría a los niños divertirse; más tarde se encargaría de girar las tornas. Después de todo, quien ríe último, ríe mejor. ¿O no es eso lo que dicen?
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And now... What? [Priv. Ji Ahn Kyŏng] [+18] Empty Re: And now... What? [Priv. Ji Ahn Kyŏng] [+18]

Mensaje por Araxiel el Sáb Ago 01, 2020 5:33 am

Maldito y sensual humano. No es como si hubiese tenido dudas con respecto a la experiencia obtenida en doce años; a me os que se hubiese metido a un convento algo tendría que haber experimentado. Hasta ahí bien, todo correcto, ¿pero desde hacía cuánto tiempo que se había vuelto un provocador nato? Aceptaba cada beso por su piel con gusto, pero eso era como un tortura en realidad. Mostrar tan poco cuando ambos querías más, mucho más. De eso sabía mucho el íncubo, y no por nada es lo que pensaba hacerle al joven: jugar con él y excitarle pero sin cumplir con sus deseos hasta que a él mismo le apeteciese. Bueno, pues eso es lo que parecía estar recibiendo, y más ahora que su hambre iba en aumento. Y no lo malinterpretéis, que todo eso le estaba encantando. ¿Un poco masoca en ese sentido? Quién sabe.

Ni hablemos tampoco de ese mordisco recibido y la posterior humedad que sintió por dicha zona. Eso le hizo suspirar de manera leve, diciendo sin necesidad de palabras que aquello le había gustado. No obstante había algo que le agradaba mucho más; las vistas de su cuerpo cuando, él solo, se quitó la camiseta. Si el albino había sido observado con total descaro, lo que sucedió con su celeste mirada no fue menos. Ahora no había problema en admirarlo, ¿cierto? En la playa lo hizo, sin embargo, fue un momento sin intenciones de incomodar. La simple sorpresa, pero nada más. Ahora en cambio estaba disfrutando de cada milímetro de piel que alcanzaba a ver. Nada que ver con el joven adolescente de quince años de sus recuerdos. Y no necesitó de las palabras ajenas para saber que, en efecto, seguía igual; no había cambiado desde hacía poco más de setecientos años. Si hubiese cambiado, tal vez cierto demonio no le hubiese reconocido con tanta facilidad.

Sonrió por la reacción ajena frente a sus provocaciones. Podría haber sido más cruel en ese momento, y sin embargo, se contuvo bastante. Quería dar libertad al contrario por un rato, que se divirtiese, que experimentase... Luego ya se encargaría él de recordarle que, al igual que en el pasado, sus preferencias eran claras y ser el pasivo no era una de ellas. Lo observó en silencio sin cambiar el semblante, dejando que apartase una de esas manos con un mínimo de curiosidad. Se podía imaginar lo que iba a pasar, no era necesario ser un genio para deducirlo. Y en efecto, ahí estaban esas húmedas atenciones que le erizaron la piel. Sí, por muy activo que le gustase ser el cuerpo reaccionaba igual, y vaya, que el suspiro que se escapó de entre sus labios dejaba claro que le gustaba eso. Notaba su respiración agitarse poco a poco, de manera sutil; hubiese quedado ahí de no ser por ese pellizco con los dientes que, esta vez, le hizo jadear un poco. Apresó su labio inferior aguantando las ganas de devolverle el golpe, esperando un poco más y disfrutando de todo aquello.

Alzó un poco sus caderas al mismo tiempo que rodeaba el cuello ajeno en busca de un contacto piel con piel mucho más cercano. Quería sentirle, percibir ese acelerado corazón bajo su pecho, escuchar su respiración... Y tumbarlo, colarse entre sus piernas, recorrer todo tu cuerpo con besos, desesperarlo hasta que no pudiese más. ¿Qué hizo? Dejar que los dedos de la mano izquierda se enredasen por esos teñidos cabellos, acariciándolos con cuidado, relajado; al menos hasta que decidió cambiar. No lo haría de manera muy agresiva, sería sutil. —¿Qué tal si me quitas los pantalones? Empiezan a ser molestos —dijo en un bajo tono, deslizando la diestra por su rostro para dejarla en su mejilla, centrando sus ojos en los ajenos. Con bastante delicadeza dejó un pequeño beso sobre sus labios, algo rápido sin mucha importancia y terminó por quitarse de ese cómodo asiento, quedando en pie frente a él.
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Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Sáb Ago 01, 2020 10:58 am

Acariciando el cuerpo contrario con lentitud y cuidado, coqueto y queriendo provocarle, continuó por algún rato con esas húmedas atenciones por ese primer pezón, intercalándolas de cuando en cuando con algún que otro sutil y delicado mordisco. Jugando en aquella sensible área, entreteniéndose, succionándolo y humedeciéndolo, terminó por deslizar la lengua por los pectorales ajenos, centrándose en ese otro que, hasta el momento, había permanecido desatendido por su parte. De esta manera, no dudó en repetir exactamente el mismo proceso con este nuevo juguete, disfrutando, por supuesto, de todos esos sonidos que el otro tenía que ofrecerle; desde esos pequeños suspiros hasta ese leve jadeo. No lo recordaba de ese modo; en sus memorias el demonio era más proactivo, quien llevaba las riendas en todo momento, quien le guiaba y… Bueno, tampoco es como si entonces hubiera habido mucha más opción teniendo en cuenta su inexperiencia adolescente. Pero vaya, que de cualquier forma, haciendo o dejándose hacer, estar junto a él resultaba igualmente placentero.

Y fue cuando le sintió despegarse ligeramente y alzar sus caderas que se apartó apenas lo suficiente como para poder dirigir la mirada a él, buscando saber el motivo por el cual había cesado ese gustoso contacto en aquella baja zona. Ahora bien, viéndose rodeado por esos brazos, con el cuerpo ajeno directamente contra el suyo, esa zurda enredándose entre algunos de sus teñidos cabellos, la diestra por su mejilla, esas palabras que le dedicaba y que le incitaban a caer en una tentación contra la cual no lucharía, y ese pequeño y nuevo beso que tampoco dudó en aceptar, encantado con el mismo... Era demasiado y, al mismo tiempo, no lo suficiente. Demasiado provocador y no lo suficiente como para saciarle. Más. Necesitaba más. Lo quería, lo deseaba, lo ansiaba. ¿Y qué fue lo que hizo? Dejarle ser, dejar que se levantara, recorrerle con la mirada, comerle con los ojos y reír. Reír, sí. Solo una suave y afable risa ante ese comentario. No hacía falta que se lo dijera dos veces.

Teniéndole de pie, sin pensárselo siquiera, se entregó por completo. ¿Seguirle y abandonar también el sofá? Eso sí pero… Digamos que en vez de quedar frente a frente, besarle, por ejemplo –porque es lo que hubiese hecho de haberse dado el caso-, y hacer lo que se suponía que tenía que hacer… se arrodilló. En efecto, arrodillado y sonriente, pasó la lengua por sus propios labios, relamiéndose y delatando sus intenciones, por si no eran obvias ya. Más pronto que tarde, llevó una de sus manos a los costados contrarios, descendiendo en un suave toque que guiaría, poco a poco, con calma y a un pausado ritmo, hasta su cintura. Así, acercó su rostro una vez más hasta esa piel expuesta, descendiendo desde su abdomen, llenándolo de besos hasta alcanzar su vientre y, en fin, hasta donde quiera que esos molestos pantalones permitiesen. Pantalones que, por otro lado, no durarían mucho puesto que esa extremidad libre, ni corta ni perezosa, poco o nada tardó en desabrocharlos y, cuando hubo llegado al final de ese camino de besos, ayudándose también de la boca, no tardó en bajarlos, dejando que cayeran por su propio peso y, ¿por qué no? Desesperado y ansioso, llevándose consigo esa otra prenda.

Satisfecho, sin aventurarse a nada más, retomó ese camino de besos, continuando con el descenso por su bajo vientre, acercándose peligrosamente a su miembro y, sin embargo, sin dignarse a atenderlo todavía. Todo esto, evidentemente, sin quitarle la vista de encima, con sus oscuros orbes bien clavados en los celestes ajenos. Y cuando decidió que ya había sido suficiente, dejando una de sus manos en su sitio, bien acomodada por la cintura contraria y sin dejar de lado esas leves caricias, la otra la llevó hasta uno de los muslos del demonio, ascendiendo con lentitud por este. Diría que buscando provocarle, no obstante, tampoco sería acertado. ¿Por qué? Pues porque antes de que su extremidad tomase protagonismo alguno por aquella entrepierna, su lengua se adelantó para recorrerla en su totalidad, desde la base hasta la punta, incluso a introduciéndola en su boca por unos instantes, terminando por regalarle una pequeña succión sobre el glande antes de alejar su rostro unos centímetros. Y ahora sí, después de todo esto, fue su mano la que tomó su hombría para comenzar a masturbarlo; firme y seguro, pero con el cuidado suficiente como para hacer de aquello una experiencia agradable en lo que durase.
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Mensaje por Araxiel el Sáb Ago 01, 2020 11:49 am

Lo suyo no era eso de gemir a diestro y siniestro, ni jadear con el más mínimo de los roces; no obstante el cuerpo sigue reaccionando igual que cualquier otro, así pues, por mucho que quisiera negarlo, todas esas atenciones y húmedas caricias sobre sus pezones le hacían reaccionar. ¿Cómo? Pues dejando salir placenteros suspiros. En el fondo, aquello le resultaba hasta gracioso, pues si se paraba a pensar un poco, todo eso le era muy familiar al tiempo que parecía ser algo casi nuevo. Por lo general era él quién hacía ese tipo de actos para jugar y calentar el ambiente. No habituaba a dejarse hacer tanto. Diría que eso es una maravillosa excepción.

Al estar frente a él, sinceramente, sus intenciones no eran otras salvo deshacerse de los pantalones, quizás la ropa interior, y comenzar a divertirse él. Entonces... ¿Qué pasó? Ver cómo el contrario se posicionaba de rodillas frente a él ya hizo que su corazón se saltase un latido por cierta emoción que comenzó a invadirle. No sabía si ese valor era cosa de la ahora notoria experiencia o por el alcohol, pero algo tenía claro: lo dejaría estar. Seguiría permitiéndole hacer lo que se le antojase por un rato más. Quería averiguar hasta dónde llegaría. Así pues, cuando quedó completamente desnudo, no pudo evitar ladear su sonrisa de manera lasciva, relamiéndose el labio inferior comenzando a saborear aquello que se avecinaba.

Pero... Espera... ¿No tenía pensamientos de levantarse? Sin apartar su celeste mirada y dejando que los suspiros siguiesen saliendo por esas placenteras caricias y besos, dejó la mano derecha sobre los cabellos ajenos, peinándolos hacia atrás para asegurarse de tener unas hermosas vistas. Bueno, y tal vez no terminase de esperar aquel acto que le hizo jadear. Esa traviesa lengua... Luego se la devolvería, desde luego. Aferró un par de mechones con mayor firmeza, incluso hizo el amago de ejercer fuerza y evitar que moviese la cabeza. Cerró los ojos por un momento, tomando aire y negando para sí mismo. No, él no era de esos. No iba a hacer nada semejante. Consciente de ello, volvió a relajar su mano y a prácticamente soltar su pelo, acarciándole un poco casi como una silenciosa disculpa. Sí, el impulso fue muy grande pero, bueno, cuestión de práctica. De haber sido otro cualquiera lo hubiese hecho sin dudar.

Un jadeo salió de su boca como si escapase de manera apresurada, respirando de nuevo cuando se alejó lo suficiente para que la mano fuese quién decidiese hacer aquella tarea de masturbarlo. El impulso de negarse a ello, tirarle al sofá y ser él quien tomase las riendas era muy, pero que muy grande. La necesidad estaba creciendo en su interior. Quién lo diría, ¿cierto? Él había causado todo aquello y ahora parecía ser el más desesperado de los dos. Tal vez diría algo al respecto, algún comentario halagando al contrario por tenerle como le tenía, sin embargo prefirió ahorrárselo. Y bueno, siendo sinceros, que notando su respiración agitarse aún más tampoco es como si fuese a ayudar a articular una frase de ese tipo sin que sonase entrecortada.

Mordió con sutileza su mejilla desde el interior, alzando un poco el rostro y dejando caer los párpados para centrarse únicamente en esa placentera sensación. No por ello se quedaría de brazos cruzados, claro que no. Sin poder hacer mucho, más allá de acariciar al contrario por los hombros y brazos, volvió a bajar la mirada para observarle, mostrando una sonrisa que hasta la fecha no había dejado ver. Más lasciva que antes, un tanto orgullosa también y con un toque hasta siniestro. Su mente se nubló por un momento a causa del hambre que comenzaba a exigir ser saciado. Aprovechando la posición ajena, sabiendo que no vería nada, decidió preparar su siguiente jugada. La cuestión era: ¿que pudiese verle la cara o no? De cualquier modo, su zona lumbar se rasgó de manera horizontal, ensanchándose esa pequeña herida y dejando salir lo que parecía ser una negra punta de flecha, la cuál, comenzó a reptar por su propia espalda hasta que quedó expuesta por completo. Era, nada más y nada menos, que su cola demoníaca. ¿Para qué? Bueno, para divertirse en un par de minutos.
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Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Sáb Ago 01, 2020 2:19 pm

Satisfecho y complacido con esos sonidos que llegaban a sus oídos, disfrutando de esos suspiros que alcanzaba a escuchar, lejos de detenerse, aquello solo le servía como aliciente para continuar con esa autoimpuesta tarea de atender al demonio. Que necesario como tal no era, pero quería hacerlo de igual modo. ¿No quería que le demostrase cómo se movía ahora y que ya no era ningún niño? Pues ahí lo tenía. El adolescente primerizo e inexperto que alguna vez conoció no se hubiera atrevido a tanto ni de lejos y, sin embargo, doce años después, ahí le tenía, arrodillado frente a él y entre sus piernas. ¿Es que acaso hacía falta decir algo más? Oh, y ese jadeo… De haber podido, hubiera sonreído. Pero no hay por qué decir que tenía la boca ocupada con otros asuntos más importantes, ¿verdad? Así pues, solo prosiguió con aquello, deslizando su lengua a lo largo del miembro ajeno antes de proceder a introducirlo en su boca por algunos instantes.

Ahora bien, por una fracción de segundo, con los ojos bien abiertos, no pudo salvo dirigir la mirada hacia arriba, buscando la contraria. ¿Qué había sido eso? Porque por supuesto que se había dado cuenta de ese gesto, de esas intenciones. Que, honestamente, tampoco hubiera puesto mucha resistencia si se hubiera decidido a empujar su cabeza contra él, no obstante, lo que es seguro, es que tras ello hubiera tenido que alejarse para recuperarse. ¿Cuál era el problema, entonces? La sorpresa, claro. Hasta ahora se había mostrado tranquilo, provocador, sí, sin embargo, se había dejado hacer en todo momento; había suspirado, había jadeado… Seguía haciéndolo, de hecho. Debía estar disfrutando de recibir esas atenciones tanto como el humano de darlas; en ese caso… No, ya está. No pensaría más, no le daría más vueltas; que aquello fuera como tuviera que ser y punto.

Manteniendo una de sus manos por la cintura ajena y con la otra moviéndose de manera ascendente y descendente, masturbándolo, volvió a relamer sus labios sin apartar la vista de esos celestes y cautivadores orbes. ¿Cuánto tardó en volver a la acción? Más bien poco, la verdad. La tentación era muy grande y, a estas alturas, ya estaba más que decidido que se dejaría llevar, que no trataría de oponerse a ello. De esta forma, sin pensárselo dos veces, volvió a acercar su boca a aquella entrepierna, entreteniéndose primero con el glande, rodeándolo, jugando con él, y ya después, con calma y sin prisa, aventurándose una vez más a introducirlo poco a poco en su cavidad bucal, humedeciéndolo a medida que iba profundizando. ¿Llegó a probarlo en su totalidad? No, eso no; para algo estaba ahí esa mano incesante con sus movimientos de muñeca. No obstante, tampoco podía decirse que tardase demasiado en echar la cabeza hacia atrás para retirarse por algunos centímetros; solo para comenzar con el vaivén.

¿Se imaginaba el desenlace que tendría aquello? Lo cierto es que no. Y ya no solo porque estuviera centrado en el aquí y el ahora, en procurar de hacer de aquello lo más placentero posible para el otro porque, a diferencia de cierto demonio que se mantenía en silencio en su interior, él sí que se preocupaba por el disfrute de quien quiera que fuera a acompañarle. ¿Qué otra razón podía haber para que no viera venir lo que sucedería a continuación? Esa aparente… No sumisión ni pasividad, pero sí esa aceptación de los avances humanos. Que, por su parte, el coreano ni siquiera sabría decir en qué momento había escalado tanto ni cuándo exactamente aquello, el sentir al otro contra y en él, había pasado de ser un simple deseo a una pura necesidad. ¿Importaba acaso? No lo creía. Y menos estando tan avanzada la cosa. ¿Y respecto a esa cola demoníaca? Ni se había dado cuenta de su presencia. Cerrando los ojos, toda su atención estaba puesta en lo que debía, en esos movimientos de entrada y salida que realizaba con la boca, y en esas también ocasionales succiones que le regalaba cuando se separaba mínimamente para recuperar el aire.
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Mensaje por Araxiel el Sáb Ago 01, 2020 3:38 pm

Vale, a ver, una cosa debía reconocer; el niño ya no tan niño había aprendido bastante en doce años. Eso era más que obvio a pesar de los pocos minutos que llevaban juntos en esa situación. Lo admitía, sabía muy bien lo que hacía y cómo lo hacía. ¿Pero cuánto más estaba dispuesto a aguantar? Bueno, aguantar tampoco era el término correcto; lo estaba disfrutando y muy abiertamente, por si no quedaba claro con aquel amplio abanico de sonidos que escapada de entre sus labios, algunos más altos que otros, más notorios, más placenteros o más desesperados. Había de todo un poco para satisfacer el canal auditivo del humano; si es que ese tipo de cosas le gustaba, que tampoco lo sabía pero, en fin, quejas no había oído hasta el momento así que deduciría que no le molestaba al menos. No es como si los vecinos fuesen a escuchar algo tan bajo que solo le dedicaba a él.

Deslizando una de sus manos con suavidad por su brazo terminó por dejarla sobre la contraria; aquella que se encontraba situada en su cintura, separándola lo suficiente para poder entrelazar sus dedos con los ajenos, sonriendo, regalándole aquellos jadeos que la estaba provocando con esos movimientos manuales y orales. Sí... Se sentía bien..., pero no era suficiente para saciar el hambre de un íncubo. No era nada prácticamente. Quería más. Necesitaba más. Con eso en mente, decidió hablar, divertido, como si aquello fuese una especie de juego. —Enhorabuena por desesperar a un íncubo —comentó. Y no era algo malo, no lo decía en el mal sentido; todo lo contrario. Le había llevado a ese punto de ansiar por mucho más que, de normal, nadie conseguía—, pero ahora es el momento de cenar —advirtió de sus intenciones, tomando el rostro ajeno por el mentón, alejándolo de su hombría y alzando su rostro.

Estaba claro que, a pesar de la ahora necesidad que recorría su cuerpo, no iba a ser un animal salvaje carente de raciocinio. Tal vez fuese más directo, menos delicado o atento en cuanto a las atenciones que diese pero, por lo demás, no haría ningún daño al humano. De eso estaba seguro y podía dar su palabra de ello. Se inclinó lo suficiente para poder dejar un beso en sus labios, uno de esos que delataba por completo su naturaleza lujuriosa y sus deseos de avanzar. —Ponte en pie —dijo, sereno aunque con firmeza, sin llegar a ser una orden. ¿Una vez le tuvo de nuevo frente a él, a su altura -un poco más- y no arrodillado? Bien, era momento de que comenzase el verdadero juego.

Haciendo uso de su fuerza, y teniendo una de las manos ajenas ya sujeta, giró al contrario para que le diese la espalda, recorriendo la misma con la mirada y ralamiéndose por aquello que alcanzaba a ver. Le gustaba, cada centímetro de él; todo en conjunto. Colocó aquella mano que había sujetado en su espalda, haciendo lo propio con la opuesta y mostrando con total tranquilidad esa cola que acarició la mejilla masculina. Al tacto casi podría decirse que parecía escamosa, como la piel de una serpiente. No era exactamente escamas lo que la recubría, era piel, pero parecía similar a un lagarto, o en términos más mundanos y menos animales... Algo así como el látex. —Prometo ser bueno esta noche —aclaró. Para ser sinceros no quería asustarle, pero el cambio tan exagerado que iba a mostrar podría llegar a impactar más de lo que le gustaría reconocer.

Llevó su cola demoníaca hasta las muñecas ajenas, enrollándose en ellas como si de una cuerda se tratase, ejerciendo la suficiente presión para que no las pudiese mover pero no tanta para que no le doliese. Era lo último que deseaba. ¿Creéis que la cola del demonio es un mero adorno? Nada de eso. Con ella tenía tanta fuerza como con un brazo o una pierna, y teniendo en cuenta que gozaba de mucha más fuerza que un humano, esa noche se iba a hacer lo que él dijese. Pegó su cuerpo al contrario, abrazándolo por la espalda y dejando un par de besos por la misma. Ya se había decidido. No sería como la primera vez. Si tan experimentado estaba, no era necesario que estuviesen cara a cara, ¿cierto? Las vistas desde atrás también eran exquisitas. Pero primero, quitar esa prenda que le había estado incordiando todo el tiempo, acariciando sus piernas al tiempo que deslizaba la tela hacia el suelo—. Recuerda: no seas muy escandaloso —finalizó con maldad, dándole un ligero empujoncito para que cayese sobre el sofá.
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Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Lun Ago 03, 2020 9:59 am

Continuando con esas atenciones tanto orales como manuales, sin cesar con esos movimientos de entrada y salida de su boca, esa lengua que se deslizaba traviesa por el miembro ajeno y esas sutiles y cuidadosas succiones que le regalaba de cuando en cuando, el humano no tuvo ninguna queja cuando el otro decidió acariciarle también. Es más, satisfecho, complacido, y gustoso, cerró los ojos, centrándose en lo verdaderamente importante en ese momento. ¿Quería tomarle la mano y entrelazar sus dedos? Estupendo, no se negaría. Menos aún después de escuchar esos sonidos que le dedicaba. ¿Cómo podría decirle que no? Imposible. Lo necesitaba; le necesitaba. Sentirle, de la forma que fuese, por algún motivo que desconocía y que tampoco se pararía a cuestionar, se había convertido en algo casi tan necesario como el mismo oxígeno. De hecho, si se apartó de aquella baja zona con la que tan entretenido estaba no fue por voluntad propia, sino porque el demonio así lo quiso.

Fue al escuchar sus palabras que alzó sus párpados y, al ser tomado del mentón, siguió esas indirectas peticiones de separarse y levantar la cabeza en su dirección. Relamiéndose, recordando su sabor y, sobre todo y más que nada, deseoso por más, no apartó la mirada de aquel angelical rostro, perdiéndose por varios segundos en esos celestes orbes que lo observaban recobrar el aliento. Sin decir nada, en completo y absoluto silencio, aceptó y correspondió ese beso, húmedo, intenso, lascivo… Dejando bien claro que sus ansias no habían sido satisfechas con algo tan simple y que esperaba seguir con aquello. Sorprendiéndose un poco por esa nueva petición, orden, o lo que quiera que hubiese sido, no se lo pensó dos veces antes de obedecer y, tal y como le había indicado, ponerse en pie. Que le tenía en la palma de su mano no debía ser ningún secreto a estas alturas; incluso si no sabía lo que pretendía con aquello, incluso si solo se trataba de un mero capricho, estaba dispuesto a cumplirlo.

Claro que, si creía que ahí terminarían las sorpresas, estaba equivocado; solo acababan de empezar. Cuando quiso darse cuenta, ya se encontraba de espaldas al otro, girando un poco la cabeza para no perderle de vista y, sin oponer resistencia alguna, dejó que guiara esa mano hasta donde decidiera que era correcto dejarla, haciendo lo mismo con la otra. ¿Lo que hizo crecer su asombro? Esa caricia que recibió con… ¿su cola? ¿Tenía? ¿Desde cuándo? No lo recordaba así y, desde luego, antes no había habido ni rastro de ninguna extremidad similar. Porque sí, si hubiese contemplado semejante cosa, de seguro se acordaría; tampoco iba tan ebrio como para tener esas lagunas. Sea como fuere, a pesar de la sorpresa inicial, tampoco tuvo ninguna queja, permitiéndole incluso inmovilizarle parcialmente si eso era lo que quería.
– Confío en que cuidarás bien de mí. – respondió con tono bajo y esbozando una pequeña sonrisa. Ya lo había hecho una vez, ¿cierto? ¿Por qué no una segunda?

Sin volver a abrir la boca, entre otras cosas porque no lo creía necesario, cerró de nuevo los ojos por algunos instantes cuando sintió esos brazos rodearle desde atrás y esos labios dejar apenas un par de besos por su piel, disfrutando de ese contacto. Más. Esa única palabra era cuanto llenaba sus pensamientos entonces; más besos, más caricias… Lo que fuera, pero más. ¿Desesperado? Evidentemente. Ahora bien, ¿quería esto decir que fuera a mostrarlo como si tal cosa? No, por supuesto que no. Dentro de lo que cabe teniendo en cuenta las circunstancias en las que se encontraban, el coreano parecía tranquilo. Claro que, a nada que se redujeran un poco la distancia –como era el caso–, fácilmente podría uno darse cuenta de esa respiración agitada y de ese acelerado corazón que bombeaba con fuerza. Ya completamente expuesto ante el demonio, en igualdad de condiciones –en lo que a ropa se refiere, al menos; porque no olvidemos que, mientras uno estaba libre, el otro tenía las manos atadas–, tras ese leve toque, solo se dejó caer sobre el sofá.
– No me hagas gritar mucho. – contestó, mirándole de reojo con una traviesa sonrisa, arqueando ligeramente la espalda para hacer más agradables sus vistas, y habiendo aceptado totalmente ese aparente intercambio de roles.
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Mensaje por Araxiel el Lun Ago 03, 2020 3:44 pm

Bien, ahora es cuando comenzaba lo bueno de verdad. Que sí, había disfrutado mucho más de lo que esperaba de todas aquellas atenciones recibida y de ese favorcillo oral que el contrario le había regalado, eso no se podía negar; pero ahora quería otras cosas. Tal vez en otra situación hasta se hubiese dejado, hubiera mantenido esa actitud pasiva e, incluso, podría haber terminado siendo el pasivo. Obviamente no era lo normal, eso es cierto, no era lo que más le gustaba pero, tampoco le terminaba de desagradar, y más si era algo ocasional y con el humano. Ya se conocía, podría haber sido como una manera de "saldar cuentas".

En fin, que ternerle de espaldas, aún estando de pie, le estaba haciendo perder el raciocinio poco a poco tan solo con imaginar todo lo que podía hacer. Culparía a su lado íncubo si llegaba a excederse, y con eso no se refería a provocarle daño alguno; más bien a querer más de lo que pudiese dar, a exprimirle hasta la última gota de esa energía vital que sería su menú aquella noche. —Me alegra oír eso —sí, cuidaría de él, le cuidaría bien, demasiado bien incluso; pero también le calentaría, le llevaría al límite y luego disfrutaría de su cena como si de un manjar de dioses se tratase.

Notar su agitada respiración también le gustaba y encendía. Por un momento incluso llegó a pensar en la maravillosa idea de mantener activo su poder y desprender constantemente feromonas pero... Eso era muy cruel. Extremadamente cruel. Ya había tenido suficiente el otro de ese aroma que hubiese olido. Porque así de maravilloso era su poder; cada persona lo identificaba con una esencia diferente, siendo esta de su olor favorito. ¿Qué sería en el caso del humano? Sintió una curiosidad momentánea, la cuál se esfumó de golpe al verlo posicionado en el sofá con esa insinuante postura de lo más provocativa. No tuvo reparos en apresar su propio labio inferior con algo de fuerza, notando su corazón latir salvajemente y sintiendo como el deseo lo iba consumiendo cada vez con más facilidad y rapidez. —No puedo prometer nada —sentenció.

Con el índice de la diestra recorrió su espalda al completo con un toque algo travieso, desde la zona de la nuca hasta las lumbares, recorriendo su columna al tiempo que aprovechaba eso para controlarse un poco. Muchas cosas estaba pensando y no todas eran buenas. Culpa del hambre, obvio; pero no las llevaría a la práctica. Bastante que el humano no había puesto resistencia alguna a ser inmovilizado de ese modo y que, en resumen, parecía cooperar sin quejas. Por eso mismo no necesitó pensarlo mucho antes de posicionarse tras él, ladeando la cabeza con fingida inocencia y admirando en silencio las maravillosas vistas.

Colocó ambas manos a la altura de sus caderas, las ascendió por sus costados con ese nuevo toque suave, esa caricia provocadora que terminó con ambas extremidades bordeando su pecho y centrándose en sus pezones, rodeándolos para jugar con ellos, frotándolos un poco e incluso llegando a tirar cuando prosiguió con el camino, al menos, la mano izquierda dejó de atender aquella zona. ¿Dónde la dirigió? La deslizó por su clavícula, por su cuello, por el mentón y alcanzó los labios, delineándo el inferior con malicia. A todo esto, para poder hacer todo eso, se había inclinado sobre su espalda quedando prácticamente piel con piel. —Abre la boca —susurra lo más cerca de su oído que puede, dejando salir un tono tan coqueto como lascivo. Era obvio lo que quería con esa petición, ¿no? Después de lo que había visto, dudaba que el joven no lo captase. Podría hacerlo él, cierto, ¿pero qué gracia tendría eso?

Lo mejor de poder utilizar su cola como ataduras, es que seguía con una mano libre; una traviesa mano que seguía jugando con uno de sus pezones dibujando círculos a su alrededor hasta que pareció perder el interés, cosa que en realidad no fue así, pero me entendéis. Algo más llamaba la atención de dicha extremidad, y era nada menos que aquella masculinidad que había estado desatendida y que, por lógica pura, debería necesitar un poco de cariño también. Así pues, la recorrió desde la base hasta la punta, con un delicado roce, habiendo seguido ese camino descendente desde el pecho y pasando por su abdomen. Lo tomó con firmeza, no fuerza, comenzando con un lento movimiento ascendente y descendente, como si le dejase unos segundos para que no se sorprendiese demasiado por sus actos. De a poco, con mayor seguridad, esa masturbación se vuelve más fluida y con mejor ritmo; no muy rápido por el momento.
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Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Lun Ago 03, 2020 9:49 pm

¿No podía prometerlo? Con lo fácil que sería no hacerle alzar la voz… ¿Y qué hizo el humano ante esas palabras, tan firmes y seguras? Rio un poco, divertido y, a la vez, curioso por saber qué se le estaría pasando al otro por la cabeza. Y más importante aún… Por saber qué planeaba hacerle y cuál sería la razón y el motivo de esos supuestos futuros gritos que iba a arrancarle tan amablemente. Que no dudaba que serían de placer y no dolor teniendo la experiencia que tenía con él pero… Quería saber cómo exactamente conseguiría aquello. Porque podría ser muchas cosas, no obstante, el coreano no era de los que fingen; si le gustaba se lo haría saber, pero si no era el caso –que no, no iba a darse; iba a disfrutar–, tampoco mantendría la boca cerrada al respecto. Y menos en ese estado en el que se encontraba: con alguien de confianza, con una pizca de alcohol en sangre y excitado hasta decir basta.

¿Entonces? Ya sobre el sofá, sin molestarse en cambiar esa provocadora posición con la que, no vamos a mentir, buscaba tentar al contrario, deslizó los ojos por el lugar hasta dar con algo en concreto; algo en lo que fijó la vista por unos segundos. Estupendo, tenía cojines. A unas malas, si terminaba alzando demasiado la voz y el demonio no hacía nada para acallarle, siempre podría silenciarse a sí mismo mordiéndolos. Seguro que le daría buenas vistas a ese que ahora se encontraba tras de sí, recorriendo su espalda y luego posando sus manos sobre sus caderas. Suspiró. Por gusto, por desesperación, por ansia, por deseo, por todos esos pensamientos impuros y lascivos que se abrían paso y se acomodaban en su mente. ¿También las situaría ahí después, cuando estuvieran en medio de la acción y hubieran abandonado todos los preliminares y las preparaciones necesarias? Estaría bien. ¿Estaría bien? Sí, definitivamente sí. Podría hasta pedírselo si no lo hacía por sí mismo. Podría… Podría pedirle tantas cosas que en su día, por desconocimiento, no pudo… Calma, calma; que aún ni habían empezado. Apresó su propio labio en un intento de serenarse un mínimo. Y todo por unas simples manos en su cadera. En fin.

¿Y qué decir cuando siguió ascendiendo por sus costados, sus pezones, su clavícula, su cuello…? Habiéndose inclinado sobre él, sintiéndolo en su contra, teniéndolo tan cerca y atendiéndole de esa manera… Fue imposible que contuviera otro suspiro. No había forma humana de poder resistirse a aquello. Completamente a su merced, así le tenía; deseándolo, necesitándolo. Tanto, que más pronto que tarde, con el rostro girado en su dirección para no perderse detalle alguno, dejándose hacer, poco le faltaría para no rogarle con la mirada que continuara, que se aventurara, que fuera más allá. En definitiva, que comenzara con aquello. Oh… Pero ese momento en el que aquella indiscreta petición llegó a sus oídos en forma de susurro… Ese momento. Obedeció, por supuesto; captó al vuelo lo que quería de él. Incluso podría decir que le faltó tiempo para abrir la boca e introducir un par de los dedos ajenos en su interior, humedeciéndolos en unos lascivos movimientos que imitaban los que ya había realizado antes entre las piernas contrarias. Todo ello, claro está, con sus oscuros orbes bien clavados en los celestes ajenos y sin planes de detenerse por sí solo.

Sí, aquello ya le sonaba más, tenía una mayor semejanza con el Araxiel de sus memorias. Que no tendría ni dieciocho años ni sería el humano que creyó que era, sin embargo, esa forma de actuar y proceder ya encajaba más con sus recuerdos; proactivo, guiando, marcando el ritmo, dirigiendo… No esperaba que fuese a preguntarle cada dos segundos si se encontraba bien y si quería parar, como aquella primera vez, no obstante, tampoco hacía falta; tenía confianza plena en ese íncubo; sabía que no le haría nada malo, que le haría disfrutar como ya lo hizo doce años atrás. ¿Y ahora? Solo jadeó. Un leve pero gustoso jadeo que le delató por completo fue cuanto salió de su garganta. ¿Por qué? Por esa mano traviesa que se encargaba de acariciar y masajear su miembro, evidentemente. ¿Es que acaso hace falta dar explicaciones? Era humano, era débil…
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Mensaje por Araxiel el Mar Ago 04, 2020 11:55 am

El deleite del demonio albino comenzaba. Con ese primer suspiró que llegó a su canal auditivo por algo tan simple como dejar las manos sobre las caderas. Tomó nota de ello.  A pesar del deseo que le consumía y el hambre que llegaba a resultar desesperante, no quería ser malo con el humano. Bueno, un poquito, pero dentro de unas limitaciones. Hacerle disfrutar y privarle del placer, ser cauteloso y paciente, excitarle sin darle lo que desea... Ese tipo de cosas que en realidad tanto le gusta hacer. Y las haría, eso seguro, pero en menos medida que con cualquier otro. La necesidad por querer más ganaba la batalla interna que luchaba, por ello, alargaría aquello lo justo y necesario.

Puede que en un principio tuviese sus dudas con respecto a lo que haría o no el joven. Aquella tarea de humedecer sus dedos era algo que podía hacer él solo, de manera descara, sin dejar de mirarle cono hizo aquella primera vez; pero no. El contrario no solo captó de inmediato lo que quería, sino que realizó todo tipo de movimientos que, sinceramente, excitaron aún más al albino -si es que era posible a esas alturas-. No tanto por sentir esa lengua recorriendo sus dedos, sino porque, a pesar de todo, sus miradas estaban bien clavadas la una en la otra. Eso le gustaba. Poder ver a la otra persona, las expresiones que pudiese poner.  ¿Era el único que veía en eso una erótica estúpidamente placentera? Porque sí, como se ha podido comprobar, y si no se sabía pronto se averiguaría, el íncubo no era del tipo tímido o vergonzoso. Tenía mucha seguridad en sí mismo cuando controlaba la situación. En cambio, si no era él quién marcaba el ritmo... Tal vez sí que podría salir a flote esa timidez inexistente en esos momentos.

No supo decir cuánto tiempo estuvieron sus falanges en la boca ajena, sin embargo, cuando ese jadeo abandonó su garganta, fue el momento de parar. Retiró la mano de su boca, sonriendo, manteniendo el ritmo constante en esa masturbación que tenía lugar con la diestra. Dejando a su paso un par de besos por la espalda ajena, se reclinó para dejar el cuerpo erguido y comenzar a atender aquello que debía. Ganas sí, muchas, pero no por ello lo hacía de una sin preparación. De nuevo; no quería ningún tipo de dolor y por ello se tomaría el tiempo que fuese necesario. Colocó un primer dedo, él índice, sobre aquella zona que iba a dedicarse a dilatar, acariciándola de manera superficial antes de ejercer un mínimo de presión para comenzar a hundirse por su interior. Despacio. Sin prisa. Sintiendo sus ganas de llevar aquello a otro nivel aflorar. Solo era un dedo, cierto, pero ya quería mucho más. No obstante esa desesperación la mantuvo bajo control. Todo llegaría a su debido momento.

Con ambas manos ocupadas, cada una atendiendo una zona diferente, centró su mirada en recorrer el cuerpo ajeno por unos instantes, relamiéndose al tiempo que fantaseaba por tenerlo y sentirlo. Con esos pensamientos en mente, con esas ansias de querer más, consciente de que ese dedo había tenido buena adaptación, quiso creer que aquello no llevaría mucho tiempo. Que sí, que estaría tantos minutos como fuese necesario para que no le doliese, pero vaya, que recordando aquella primera vez esto era completamente diferente. No había que ser un genio para darse cuenta. Ese adolescente de quince años era un inexperto que solo se dejaba guiar. Ahora frente a sus ojos había un hombre con iniciativa y que sabía lo que quería. O así le parecía, claro. Y bueno, que si bien no introdujo un segundo dedo tan rápido porque no sería plato de buen gusto, esos movimientos de entrada y salida, incluso circulares, se mantuvieron con firmeza mientras que otro de ellos acariciaba de manera superficial aquella zona, advirtiendo de lo que se avecinaba.
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Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Mar Ago 04, 2020 10:18 pm

¿Cuánto tiempo estuvo entretenido jugando con ese par de dedos? A saber. Tampoco le importaba en realidad. Imitando los movimientos ya realizados antes entre las piernas del demonio, no dudó ni un instante en sacarlos e introducirlos de forma rítmica en su cavidad bucal, alternando el compás que empleaba; primero suave, lentamente, buscando provocar y, después, acelerando paulatinamente, tentador, sin quitarle los ojos de encima al contrario en ningún momento. ¿Rápido? No, eso no. Solo estaba lamiendo un par de dedos; no era para tanto. Y aun así, de cuando en cuando, se detenía, realizando alguna que otra pequeña succión por esas primeras falanges solo para, inmediatamente después, recorrer todas ellas con la lengua. Si cuando digo que en doce años había cambiado, crecido y experimentado, era por algo. Algo que, por otra parte, estaba más que dispuesto a demostrar. ¿Ese adolescente que conoció? No, ya no era el mismo; que no esperase las mismas acciones ni las mismas reacciones a lo que quiera que planease hacerle.

Teniendo ya bien humedecidos ese par de dedos, al jadear, cuando el íncubo decidió que había sido suficiente, con gusto se relamió los labios, terminando por apresar el inferior para que un nuevo y placentero suspiro no se le escapara. ¿Por qué? Por esas atenciones por aquella baja zona de su cuerpo que no se habían detenido en ningún momento. Con la boca ocupada, bueno, había podido arreglárselas más o menos para detener los sonidos que amenazaban con salir –hasta que fue demasiado y ese jadeo acabó por delatarle, claro–; ¿pero ahora? Ya no tenía forma alguna de hacerlo y… No, era demasiado pronto para morder ese cojín. Que seguramente terminaría por hacerlo en algún punto, lo tenía asumido, sin embargo, no aún; se negaba rotundamente a ello. Y, vaya, que no esperaba que el contrario fuese a hacer nada por evitar escucharle; al fin y al cabo, dentro de todo, no estaba alzando la voz. No, ese goce auditivo se lo dedicaba única y exclusivamente a él; los vecinos tendrían que esperar a que les llegase el turno de poder oír algo. Si es que les llegaba.

Eso sí, por mucho que tratara de evitarlo y muy a pesar de ese gesto, en cuanto sintió el tacto de ese dedo impregnado con su propia saliva, siendo bien consciente de lo que se avecinaba, un fuerte suspiró abandonó su garganta. Más. Quería más. Y por suerte, no tardó en llegar. De hecho, ese mismo suspiro, finalizó convertido en un leve y gustoso jadeo al momento de notar el modo en que dicha extremidad comenzaba a hundirse en él, a abrirse camino, a salir solo para volver a enterrarse y prepararle para lo que estaba por llegar. Más. Deseaba más. Necesitaba más. Mucho más. Que no podía tenerlo en ese preciso instante, lo sabía, era consciente de ello; conocía de sobra las consecuencias de moverse con prisa, pero eso no calmaba su ansia. Al menos se estaba adaptando bien a ello, lo estaba aceptando; confiaba en que la espera no sería demasiado larga. No podría soportar algo así.

Solo unos minutos más… Unos minutos y podría tenerlo. Podría sentirlo y… Que no se le ocurriese ir tan despacio como aquella primera vez. No, no iba a permitirlo. Como si tenía que echarse hacia atrás por sí mismo para que le penetrase completamente; lo haría sin titubear. Que, por supuesto, no sería de un golpe seco; se tomaría su tiempo y, tras ello, se daría algunos segundos de adaptación. Porque, de las dos personas que ocupaban ese cuerpo, si bien no compartían preferencias en estos ámbitos –uno se acomodaba a ese rol pasivo a la mínima de cambio mientras que, el otro, prefería ser quien se mantuviese en control–, era el demonio el que tenía ese extraño gusto por el dolor, no el humano. De lo contrario, puedo asegurar que ya estarían más avanzados. Así, sin cesar con esos bajos sonidos que le delataban completamente, se dejó hacer, complacido y disfrutando, pero no lo suficiente. Y vaya, que cuando sintió ese segundo dedo acariciarle... ¿No iba a unirse al primero? ¿No pensaba introducirlo también?
– No sé… a qué esperas. – señaló, con una ladina sonrisa, tentándole, empujándole a ello.
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Mensaje por Araxiel el Miér Ago 05, 2020 12:07 pm

Sí, había disfrutado de aquella escena de lo más erótica. Sí, le había puesto a cien al recordar que eso mismo que había hecho con sus dedos lo había hecho también en otra zona. Y sí, quería hundirse muy profundo en él cuanto antes. Maldito y sensual humano -de nuevo-. Decir que le estaba volviendo loco tal vez era hasta quedarse corto. De normal podía controlar su hambre, ¿pero ahora? Era una misión imposible. Había pasado esa línea desde hacía rato. Ya no había vuelta atrás. Lo quería, y lo quería ya, en ese mismo momento, sin tener que esperar más. Sin embargo, sabía que no lo obtendría tan fácilmente. Podría, pero no lo haría. A demás, ¿no era mejor obtener el menú completo? Ahora estaba degustando el primer plato, placeres visuales y auditivos.

No obstante, necesitaba pasar ya al segundo plato. A algo más... Profundo y no tan superficial. A sentir al contrario contra su propio cuerpo, a llenarle de besos si fuese necesario, a que disfrutase y con ello se agotase; cuanto más se cansase el contrario, más alimento obtendría. En eso se basa, ¿no? En alimentarse de energía vital que le quitaba al contrario. Vamos, que ni las sesiones de ejercicio en el gimnasio le iban a dejar tan agotado. ¿En el pasado? No sucedió de ese modo porque se controló a pesar de todo, ¿pero ahora? Iría con todo para obtener hasta la última gota que pudiese ofrecerle.

Queriendo avanzar, como es de suponer, mantuvo ese ritmo constante con la mano derecha. Ni muy rápido ni muy lento. Con movimientos firmes y seguros, eso sí. Quería devolverle el favor de antes, aunque no fuese del mismo modo porque, bueno, la posición no jugaba a su favor. Ya se lo haría al final, cuando deslizase la lengua por toda su hombría para no desperdiciar ni un poco de todo ese amor que tenga que darle. Dicho de manera bonita, claro. Por otro lado, se encontraba la zurda con esa tarea de dilatarle con, al menos, tres dedos. Hasta que no llegase a eso no pasaría a mayores. Por mucho que el otro estuviese suplicando, rogando o exigiendo por más. De hecho, al escuchar su voz mostró una ladina sonrisa que delataba cierta maldad. Ah... Cuánto le gustaría cumplir con su deseo y hacerlo ya... En serio, no había nada que quisiese más.

¿Tan desesperado estás ya? —dijo con cierta malicia, como si él estuviese en perfectas condiciones o algo. Y mientras que hablaba, ese segundo dedos se fue hundiendo en su interior poco a poco, acompasando el ritmo que llevaba el índice y buscando adentrarse por completo, aunque sin prisa, intentando que resultase lo menos molesto posible—. Si quieres acabar en el hospital me ahorro todo esto. ¿Es lo que quieres? —preguntó, casi como si intentase recordarle lo obvio. Puede que no fuera su primera vez, cierto, pero eso no significaba que fuese a ser agradable si avanzaban demasiado rápido. Debía saberlo, pero tal vez las feromonas le estaban nublando el raciocinio. Podía pasar, al fin y al cabo, llevaba a sus víctimas a un estado de excitación bastante desesperante.

¿Es necesario decir que no le importaba la respuesta que le diese? No iba a hacerle ningún daño, así que solo le quedaba esperar y punto. En fin, que él prosiguió con esos movimientos de entrada y salida, acoplando por completo ese segundo dedo. Ambos comenzaron a introducirse en su totalidad, creando algunos círculos, figuras sin sentido o un efecto de ola que parecía acariciarlo por el interior. Y era bien conocedor de que por esa zona había cierto punto en concreto que, de alcanzarlo, el otro gemiría de placer. La cuestión era... ¿Lograría llegar hasta él? Bueno, eso es lo que pensaba averiguar para que se relajase un poco el contrario, y sobre todo, que ocupase su mente en otra cosa que no fuese, en resumen, sufrir un desgarro porque es lo que conseguiría de darle lo que pedía. Y así fue como giró sus dedos en su interior, con ellos apuntando hacia el abdomen. Los sacó con cuidado, y al introducirlos de nuevo, fue con un lento ritmo recorriendo esas musculosas paredes hasta que... ¡Bingo! Ahí lo tenía. —¿Sabes lo que es esto, Ahn? —cuestionó, acariciando esa zona en concreto que, era nada más y nada menos, que el famoso punto P o, para los amigos, la próstata.
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