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Café azucarado y...¿Un Leisser? [Priv. Baltazar]

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Café azucarado y...¿Un Leisser? [Priv. Baltazar] Empty Café azucarado y...¿Un Leisser? [Priv. Baltazar]

Mensaje por Riven Leisser el Vie Jun 26, 2020 9:32 pm

Café azucarado
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Ahí estaba, delante de aquella puerta, y en teoría ahora solo debía tocar el timbre, saludar y pasar una agradable visita a mi...¿Jefe? Ah...No, espera, no se trata de eso es decir...en fin empecemos por, eso, el principio, pues todas las historias empiezan por un principio y me niego a dejar que...eso, sigas pensando eso, que no, no es eso.

La última vez que estuve aquí, es decir, en esta casa fue hace semanas, tuve un desliz, si me gusta ese palabra un desliz gatuno, nada grave, ya estaba solucionado, pase unas horas con Baltazar y cuando supe manejarme mejor volví a casa, me tomé unos días y practique lo suficiente estas extrañas transformaciones, ya estaba todo arreglado, después de eso solo volví a la normalidad, o al menos a la normalidad que se puede regresar cuando trabajar en esta isla como policía, (que visto lo visto es algo absurdo, pues el día que no te cruzas con un demonio horrible, te cruzas con una especie de mafioso de dos metros con aspecto de chacal).

Está de más explicar que después de ese incidente, especialmente del motivo que me hizo convertirme en gato la primera vez, había intentado evitar a mi superior, no de manera descarada, ya saben lo típico de girar en el pasillo para no cruzarme con él directamente, fingir que se me habían quitado las ganas de tomar café cuando coincidía el descanso de ambos...todo un plan meticuloso y discreto para evitarle. No tenía nada en contra del ángel, por favor no piensen eso, más bien todo lo contrario, cuando me cruzaba con el en el pasillo las paredes parecían estrecharse, me sudaban las manos, mi mente se quedaba en blanco y casi sentía la necesidad de salir corriendo. Y hacia todo ello menos lo último, jamás correría por el pasillo si no fuese por una emergencia, saludaba y sonreía amablemente mientras parecía que mi corazón se paraba al cruzar mi mirada con esos iris celeste que...para ser sinceros parecían de otro mundo y...vamos lo normal, es decir. Es un ángel. Eso es lo normal ¿No?

Bien, pues estos esfuerzos eran lo más torpe que he llegado a hacer en mi vida, especialmente los últimos días, quizá era cosa mía o puede que mi propio corazón me estuviera jugando una mala pasada mostrandome simplemente lo que quería ver, pero era como si aquellos orbes celestiales me mirasen de otra manera. Vaya bobadas, solo era mi superior y...creo que ya había quedado claro que su afecto hacia mi era meramente fraternal, o como lo que haría un superior con sus mejores subordinados, y claro que así debía seguir. Aquella vez que su presencia parecía motivo suficiente para sonreir, esa calma y la extraña facilidad con la que pude hablar con él, jamás en mi vida me pasó con alguien más, ni la amiga más íntima de mi adolescencia me había hecho sentir esa calma y esa confianza, recordemos que no solo se había ganado mi aprecio, respeto y confianza, también había sido sacar aquella lágrimas que durante cinco largos años habían estado esperando el momento en el que las dejara brotar

¿Y a dónde lleva todo esto? Justo a donde estaba, delante de la puerta al jardín tras el que estaba aquella inmensa mansión, la que me impresionó mucho más antes de que mi propio padre me dejara a mi cuidado un hogar innecesariamente grande. Estab aquí porque había recibido una propia invitación del señor Farnese para ir a tomar el café a su hogar, justo cuando casi empezaba cesar mis esfuerzos por evitarle...No, para los que piensen que debería rechazar su oferta ni hablar, jamás haría algo tan grosero...por otro lado...solo de pensar en volverme a quedar a solas con él y que el tema de conversación no sea el trabajo sentía una especie de nervio y alegría al mismo tiempo con una pizca de ganas de abrazarle o salir corriendo. Este tipo de sentimientos nunca han sido la especialidad de un Leisser.

No sabía cómo ir, uniforme de trabajo, hasta ahora siempre nos habíamos visto así, puede que hasta ir con otra cosa le pareciera raro...pero ir a una cita con la ropa de trabajo sería extraño...¿Acabo de decir cita? ¡NO ES ESO!
Incluso poniendonos en lo peor podría hasta ser un toque de atención...puede que hubiera hecho algo mal...algo mal...no, no debía pensar en eso, de ser algo incorrecto que hubiera hecho no me invitaría a ir a su casa, más bien me habría pedido que fuera a su despacho para recibir el sermón pertinente. No, no era para nada malo, descartado el uniforme, creo que llegar a esa parte del armario era raro, nada de ropa de deporte, nada de ropa de trabajo...solo ropa normal. No espereis algo especialmente llamativo, a pesar de las sugerencias de Alessandro mi ropa casual no era especialmente exuberante, al menos comparada con el habitual traje de policía. Una blusa que dejaba los hombros descubiertos, con evidentemente una camiseta de tirantes blanca debajo, unos vaqueros especialmente genéricos y como muestra de mi obsesión botas, siempre botas.

Y sin darle más vueltas a nada que pudiera darle más vueltas después de darle vueltas a todo. Pulse el timbre.
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Última edición por Riven Leisser el Dom Jun 28, 2020 2:52 pm, editado 2 veces
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Mensaje por Baltazar Farnese el Sáb Jun 27, 2020 8:07 pm

Digamos que cierta relación acabó por desmoronarse. ¿Qué se podía pedir? Una chica rebelde, joven, con ganas de devorar el mundo, y un varón que prefería disfrutar del silencio y el pasar inexorable del tiempo. Una anarquista con un policía, cantante con almirante. Estaba claro que al final algo acabaría distanciándolos, y así fue. Haría ya unas semanas desde que la muchacha había abandonado su hogar, y si bien quedaron en buenos términos y el recuerdo que suponía él que tenían el uno del otro debía ser bonito, al final el río siguió su cauce con el mismo caudal que siempre hacía.

Una cosa llevó a la otra, y tras distanciarse un poco por necesidad de encontrar un poco de paz interior, decidió experimentar un poco más. Ya se había pasado quinientos años de luto por la muerte de una mujer, y sabía ahora que aquello fue lo peor que pudo hacer. Se volvió demasiado introvertido, y tardó demasiado en volver a poder amar. Quiso adelantar un poco las cosas, tomárselo con humor e intentar probar nuevas rutinas y demás. Al final, quizá por retomar un hábito que siempre le había agradado, invitó a Riven a su casa. A tomar un café, como siempre, pero quizá ya era hora de que alguien más entrara en ese lugar sin ser una mascota, ¿no? Con tal de verle y hablar un rato para desfogarse el uno con el otro.

Había decidido cambiarse la ropa, vaqueros ajustados, un cinturón negro para sostenerlos y una camiseta blanca de manga corta, igual demasiado pegada a su pecho para la ocasión, pero era totalmente indiferente, a su parecer. No se había dado tan siquiera cuenta de que además se había dejado las botas de trabajo, así que posiblemente, las coincidencias en el vestuario con Riven serían algo de lo que podrían hablar.

Había preparado ya la cafetera. Café molido, por supuesto, comprado en una cafetería que se había ganado su confianza. Buena calidad, y como ya se conocía los gustos de la contraria, supuso que no necesitaría ofrecerle ni azúcar ni leche, pero él lo mantendría en la bandeja de plata en la que pensaba servirlo todo cuando conviniese.

Utilizaría una antigua cafetería moka (esas viejas que parecían una especie de cilindro) que le había acompañado desde sus viajes por las Indias Occidentales para recibirla. Era sencilla, práctica, se notaba que era curiosamente vieja pero bien conservada, y más importante, era un símbolo del aprecio que tenía por la joven, pues no la había usado en años, ni tan siquiera en las más especiales ocasiones.

Pasó un rato preparando una pequeña zona en la que descansar, en el jardín, sobre un mantel y con una pequeña mesita para colocar las cosas y la bandeja. Había seleccionado ese punto de sus jardines por la hermosa vista que daba hacia el mar. Ese vasto lugar que hasta hacía pocos años fue su hogar, allá, donde había dedicado su juventud a someterlo para una bandera, y su madurez, y parte de su actual vejez, hasta que se le destinó ahí. Quería compartir aunque fuera el recuerdo de aquella época de juventud y jovialidad con ella, que era, en efecto, la nueva luz en el departamento de policía como una de las más jóvenes hembras que se habían inscrito en el cuerpo. Y él, por esa fuerza de voluntad, por supuesto, la apreciaba con tal cariño que disfrutaba de su compañía más que del contacto con cualquier otra persona.

Si quedaba con ella tras el trabajo, es porque disfrutaba de aquellas charlas. Si sonreía al verla, se debía a la energía que parecía transmitir Riven. Si le gustaba acariciarla, no era por suavidad, era porque sabía que ella lo necesitaba. Era una flor totalmente cerrada, de impresionante belleza exterior (eso era obvio), y un alma que quizá brillara todavía más, pero que ella misma se negaba a permitir aflorar o germinar.

Sin embargo, desde que la había conocido, había podido ser testigo de un despertar espiritual y racial en ella. La marca del kossei se había marcado en ella, y así se demostró que esa debilidad que temía poseer no era tan cierta como ella misma creía. Y también, tras verla llorar, se percató de la humanidad que poseía aquella mujer. Era un equilibrio. Deseo de fuerza, con inexperiencia. Voluntad, ansias, junto a ser un completo lienzo en blanco.

Al final, alguien llamó a la puerta, a lo que posiblemente le hubiera abierto cualquiera de sus pets que intentaban hacer en parte de criados, y más que seguro, aquella mascota le diría que Baltazar la esperaba en el jardín que se encontraba tras la mansión.

Sentado en posición de seiza, él aguardaba, mirando hacia las olas, y girando la cabeza al escuchar los pasos de la mujer.

-Oh, Riven.
-se levantaría poco a poco, dirigiéndose a ella para realizar uno de los actos más españoles que pueden tener lugar, y al que quizá una rusa que creció en Gran Bretaña no estaba acostumbrada: acercarse a ella, darle dos besos, uno en cada mejilla, y luego un cálido abrazo- ¿Qué tal estás? Te veo… Bien -en ese momento se dio cuenta de las coincidencias en la ropa, lo que produjo que en sus labios se dibujara una pequeña sonrisa. Lo único que los diferenciaba es que la suya tenía un poco de manga, lo que no dejaba de ser gracioso- Buena elección, tienes buen estilo. ¿Quieres que nos sentemos ya? ¿Prefieres que cambiemos de lugar?
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Mensaje por Riven Leisser el Dom Jun 28, 2020 7:57 pm

Café azucarado
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¿Qué esperaba exactamente al llamar? No recuerdo pensar en nada en especifico, eso si, lo que tenía claro es que no esperaba que aquello, bueno llamemosla aquella mujer me recibiera. No dije “esto” de forma despectiva, sentidos animales...Y vergüenza debería de darme, usar aquello cuando iba a visitar a alguien como el jefe de la policía. Por otro lado la precaución y aquella paranoia que parecía arrastrar  junto con mi apellido esa necesidad de ser cautelosa. No, no necesitaba más que mi parte humana. Nada más.

Me reservaré para mi y aquella mujer androide el breve intercambio de palabras que tuvimos, y no se trata por algún tipo de pereza por explicarlo, no se trata de eso, es más por reservar una conversación entre mujeres o mujer y androide para eso, nosotras. Y por si alguien curioso lee esto no debe preocuparse, es muy probable que haga alguna mención a ello más adelante.
Me despedí de aquella mujer dirigiéndome al jardín donde dijo que me esperaba. Y ella, creo que se marchó a hacerle trenzas a una chica.

Era la primera vez que estaba en aquella casa. No exactamente, había estado allí, había observado el mar desde uno de esos ventanales cuando estaba sobre unas pequeñas y mulliditas patas felinas. Pero siendo sincera eran recuerdos algo difusos, y por si eso fuera poco mi percepción del espacio y de los colores, no eran los mismos. Podría resumir aquella experiencia como si de un sueño borroso se tratase, un lugar en el que ahora estaba, sobre mis piernas, con mis ojos. Ojos que buscaron la figura del mayor al llegar a aquel jardín, un lugar que sin duda, y estando como humana y al otro lado del ventanal era totalmente diferente al vago recuerdo tenía, el mar más cerca, su color vivo, brillante, su movimiento que dejaba un agradable sonido al que pocos segundos después me acostumbraría olvidándome de ello para dejarlo en segundo plano, lo verdaderamente relevante, el protagonista de aquel hermoso paisaje que tenía el privilegió de visitar era el propio Baltazar.

De manera innata, al contemplar su rostro mis labios se curvaron sutilmente formando una sonrisa suave, lo que solía marcar la principal diferencia entre mi expresión habitual y estar en compañía de alguien a quién consideraba agradable. Y que no quepa duda de que este era este caso, pese a que a la cantidad de sentimientos confusos que podría generarme, que disfrutaba de su compañía era un hecho. Y dicho lo bueno, lo “malo”, que tampoco es que fuera algo malo. Como ya había mencionado aquello no era lo normal, es decir, coincidir con el ángel en el trabajo era inevitable, tomar el café con el tras el trabajo algo reiterado, sin embargo, una invitación a su vivienda era algo fuera de lo normal, y como algo nuevo me inquietaba, pues no descartaba la posibilidad de que se tratara algo malo.

No, nada de eso, su saludo, tan raro como cercano parecía el preámbulo para un encuentro, que, tuviera más o menos relación con nuestra propia relación laboral. Correspondí a aquella extraña forma de iniciar un encuentro, o más que corresponder de alguna forma le deje depositar aquel par de besos en mis mejillas correspondiendo solo a la parte del abrazo, que esa si la conocía por así decirlo.-Buenas, estoy bien. Quizá algo cansada por tener la cabeza siempre en el trabajo. Pero bien. -

Tan observadora que era para algunas cosas, a veces llevaba a notar una manchita insignificante, un objeto desplazado apenas unos centimetros de su lugar, sin embargo, ante él, ni si quiera me había percatado de la coincidencia, nuestros atuendos era por así decirlo iguales, y no me había fijado. No me había fijado porque como comprendereis era complicado, imposible fijarse en algo que no fuera su rostro sonriente o sus ojos, solo cuando hizo mención de ello baje la mirada fijándome en su ropa, y puede, quizá me fije en algo más que la ropa y los zapatos.-Ah...Gracias, lo mismo digo. No me podría haber imaginado que fuera del trabajo íbamos a coincidir con tanto detalle. Es decir...hasta llevamos botas de trabajo. Y Este lugar es perfecto-Respondí retirando uno de los mechones de mi flequillo para recolocarlo con algo de cuidado tras mi oreja antes de sentarme de la misma manera que estaba Baltazar antes de levantarse, era de posturas más cómodas, pero digamos que por ahora y hasta que tanteara más como actuaba Baltazar en un lugar más privado como podía ser su hogar, y aun algo preocupada por lo evidente. Por mucho aprecio que le tuviese, no dejaba de ser el jefe de la policía.-Y...¿Como te encuentras?  ¿Esta todo bien? No quiero decir que no tengas buen aspecto, pareces mejor que las ultimas semanas. Solo me...Bueno, me sorprende que nos veamos aquí y no en una cafetería como habitualmente. Muchas gracias por la invitación, tienes una casa un más agradable de lo que recordaba.-

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Mensaje por Baltazar Farnese el Lun Jun 29, 2020 5:08 pm

Y ahí estaban los dos, en aquel idílico lugar, a solas, tras una larga jornada de trabajo, por lo que el sol, como era natural, ahora comenzaba a querer ocultarse tras las olas, brindando al cielo de un tono anaranjado, tenue, tímido, que se mezclaba con otros tantos colores para formar una hermosa y variopinta cúpula. El mar, calmado, acariciaba como siempre hacía las arenas cercanas, haciendo esto suficiente música como para deleitar a Baltazar. Si el cielo tenía alguna forma, sería algo similar a aquello.

Notó cómo la contraria parecía extrañada (no podía ser de otra forma, la frialdad de un Leisser criado en un país ya de por sí frío como la pérfida Albión y la calidez mediterránea de quien nació en Italia, se crió en Italia y trabajó y maduró en España) con la forma de saludo. Pero más le valía comenzar a adaptarse si aquellas quedadas se repetían en el tiempo (que iba a pasar si por parte de Baltazar dependía), por supuesto.

Tras dedicarle una de esas sonrisas que por sí solas constituyen mejor respuesta a nada que cualquier otra palabra, sus ojos se cerraron por unos segundos, mostrando amabilidad mientras con la mano la invitaba a tomar asiento en el suelo. Y no esperaba que se fuera a poner en posición de seiza. Ya que el narrador está acostumbrado a ella, le advertirá a la señorita que si bien parece una forma de sentarse fácil de sostener, es a partir de los cinco minutos en los que tus pies empiezan a querer moverse y te van a mover por la fuerza si es necesario, y más o menos a los diez que tienes la necesidad imperiosa de comenzar a dar saltitos si no sabías la forma correcta de sentarte, cómo debían colocarse los pies, la forma de las rodillas, etcétera, que como todo, tiene un truco difícil de explicar por escrito, pero que existe.

Y es un truco que tomó Baltazar para sentarse en el otro lado de la mesa, mirándola con la misma educación y firmeza que siempre hacía. Sus ojos, aquellos dos claros fragmentos de cielo, se mostraban ahora sosegados y brillantes, al igual que todo su rostro, y que todo en él, que desprendía desde el primer momento una tenue aura de calma, propagándose por el ambiente como muestra de su satisfacción con la situación. ¿Cómo no sentirse en su particular fragmento de cielo en tal momento? Una buena compañía, un escenario que parecía sacado del más cuidado cuadro, y un sonido ambiental que les regalaba la naturaleza y brillaba por su suavidad continua pero imparable, al igual que una técnica bien ejecutada haría.

-Bien, Riven, dentro de lo posible
-se ahorraría comentarios sobre su ruptura, de momento, tampoco lo veía tan relevante, aunque era por esa misma ruptura que la había invitado a su casa (no, no malpensemos, lo último que quería era retozar con aquella pobre albina que más de una vez le había dejado entrever su torpeza en más de un ámbito relacionado a los ajustes de la cama)- me encuentro bien. Pero sí, veo que debemos tener un armario relativamente similar. Si fuéramos de la misma altura seguro que podríamos compartir ropa y todo -soltó una leve risita mientras decía aquello, llevando sus manos hacia la cafetera y preparándose para servirlo, como siempre hacía para sus invitados- Supongo que querrás el café solo, pero ya sabes que soy más de echarle azúcar y leche. -comentó con calma, pues a pesar de que los argumentos que la otra esgrimía a diestra y siniestra sobre la apreciación del café como algo amargo y que el buen paladar debía disfrutar de su sabor, él, a su edad, que para que lo entendamos, serían los cincuenta y cinco años humanos, no estaba para tantas tonterías. El café era amargo, pero contenía una valiosa “droga” que les servía para estar despiertos, y si no te gusta el amargo, como era su caso, era lógico que quisieras atenuar este efecto sin perder el de tu preciada cafeína- En fin, como gustes tú personalmente. -dejó caer con lentitud el líquido en el interior de las tazas. A medida que este caía, como lo haría una pequeña y pacífica cascada, él se quedó absorto en sus pensamientos, hasta que vio la taza de Riven llenarse. Y luego, hizo lo propio en la suya, lo suficiente para poder echar un poco de leche y acaramelar así el color, para luego echar el azúcar y arrebañar con la cucharilla en formas circulares para ayudar a su disolución- ¿Has… Podido progresar en tus estudios de la nueva capacidad que brotó de tu ser? Espero que sí. Estoy convencido de que podrás conseguir muy bellos resultados cuando aprendas a manejarlo en su totalidad. Fue curioso que tu primera transformación fuera en un gato… ¿Sabes lo muy similar que eres con esa clase de animal en más de un aspecto? Igual de adorable, también, si me lo permites.
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Café azucarado y...¿Un Leisser? [Priv. Baltazar] Empty Re: Café azucarado y...¿Un Leisser? [Priv. Baltazar]

Mensaje por Riven Leisser el Mar Jun 30, 2020 4:04 pm

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Demasiadas cosas que me hacían sentirme algo fuera de lugar, no nada incómodo, más bien al contrario, nadie dijo que sentirse en un ambiente diferente al que habitualmente estas hecho sea necesariamente por algo negativo, y este era el caso contrario, podría considerarse un lugar y una compañía que me hacían sentir bien, cómoda, pero al mismo tiempo algo desorientada. Estas en e propio hogar del ángel y en aquel paisaje era algo que no podría haber encontrado ni en el más dulce de mi sueños.

Como hasta parecía ser hasta una norma no tarde en sentir aquella embriagadora calma que su compañía solía traer consigo, algo que sumado a sus palabras era más que suficiente para conservar la sonrisa en el rostro de esta Leisser. Como siempre con su agradable timbre de voz, claro que para cualquiera que se preocupase por él, ese añadido a su propio estado “dentro de lo posible” haría pensar al respecto, pero ignorando realmente lo que limitaba todo lo bien que podría estar quite importancia a ese detalle pues si algo le afligía o le impedía encontrarse “bien” a secas o “muy bien” no dependía de mi saberlo, dependería de lo que considerase necesario decirme o simplemente a si le apetecía. Y aunque sentí el impulso por preguntar sobre el motivo de esas palabras “dentro de lo posible” las deje pasar sin ser incisiva en ese detalle.

-Estoy segura de que si, al menos en lo que a ropa casual se refiere. En lo que seguro que me ganas en la variedad de atuendos. Acostumbrada a mi antiguo y pequeño apartamento aun mantengo más de la mitad de mi nuevo armario- Quizá una afirmación algo precipitada, pero teniendo en cuenta los años que llevaba el consigo y donde vivía no me parecía ninguna locura pensar que tendría a su disposición más ropa que yo misma, y no porque ahora mismo no pudiera, el motivo no era más que mi propio desinterés por la moda o la ropa.

-Como siempre, café solo. Ya sabes mi opinión al respecto, nada más estimulante que el sabor amargo del café. Claro que entiendo que no es algo del gusto de todos- Eran el tipo de costumbre que no parecía cambiar, y podría pensarse que esto también era algún tipo de marca de mi apellido pero por raro que parezca no era el caso, el otro Leisser al que tanto se le veía tomar el café no compartía esa obsesión por no manchar el sabor del café con azúcar. Y quizá tratándose de esta persona mencionada con la que compartiera mesa habría arrugado la nariz mostrando una clara mueca de disgusto, pero quien estaba conmigo no era aquel bombero al que tanto repudiaba, era a quien cariñosamente tenía en mi agenda como “Mi Jefecito ♥”. Así que si alguien pretende acusarme de usar una doble vara de medir en lo que a mi trato y actitud respecta, permisiva con uno y estricta con otro, aun tratándose de un detalle tan insignificante como echar azúcar al café puede ahorrarse la saliva, pues no es hipocresía no soportar a alguien por casi todo, que que alguien que te agrade haga algo poco significativo que tu no harías.

Mantuve la mirada en el propio café mientras lo vertía en ambas tazas, mientras prestaba especial atención a sus palabras. Me hacían sentir cierta presión, estaba en un ambiente de ensueño, con la relajante presencia de Baltazar y era incapaz de no presionarme a mi misma con algo como aquello.-Es...complicado. Apenas hago uso de ello al menos en el trabajo si no es algo muy fácil, por mi cuenta es...-Hice una pequeña pausa suspirando profundamente, dejando de mirar el contenido de la taza para cruzar miradas.-Es aterrador, aun no comprendo donde esta el límite-Y si por algún momento había dejado que la presión y algo de inseguridad me abordase, si en algún momento había dejado de sonreír lo ultimo de aquellas palabras que había recibido me devolvieron a la calma, consiguiendo incluso una sonrisa más curvada.-De pequeña tenía un gato. Pasaba tanto tiempo cuidando de ese animal que igual hasta llegue a tomar algunas de su actitudes, menos la de dormir más de doce horas al día.-Tras esas palabras tomé la tacita, y soplando con suavidad hasta tres veces tome un primer sorbito.-Después de gato fui capaz de tomar la forma de un tigre, e incluso la de algo que no era un animal normal, o al menos. Aunque otros animales me toman por una torpe cachorra creo que me desenvuelvo mucho mejor, incluso me resulta menos extenuante mantener la conciencia. Ah, y también puedo tomar solo lo que me interese de un animal, hasta tomé la manía de no encender las luces por la noche, lo que es un problema cuando no vives sola.-

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Café azucarado y...¿Un Leisser? [Priv. Baltazar] Empty Re: Café azucarado y...¿Un Leisser? [Priv. Baltazar]

Mensaje por Baltazar Farnese el Miér Jul 01, 2020 5:53 pm

…Pero bueno, parecía que la muchacha podía mantener la posición de seiza sin mucho problema, por el momento, lo cual era de su agrado. Ya se arrepentiría en el momento de levantarse y ver que sus pies decidían desobedecer y convertirse en algo tan estable como un castillo de naipes, pero mientras tanto, ¿por qué no despreocuparse y disfrutar del sabor de su café? Tenían todo lo que necesitaban para estar en perfecta calma, y si alguien pensaba que necesitaba cualquier otro elemento para poder relajarse, es que era ingenuo. El mar, ella, y un café, junto a su cada vez más presente aura, que seguía expandiéndose e intensificando sus efectos para deleite de todos los ahí presentes, y quizá, hasta de los animales cercanos, que ahora se posaban por las cercanías quizá para disfrutar del placer que podía llegar a provocar el aura del ángel.

Los pájaros atenuaban y armonizaban entre sí su cantar, los animalillos salvajes dejaban las trifulcas para simplemente descansar y los insectos se mantenían en la hierba, que era donde debían estar para que aquello no se convirtiera en una escena demasiado típica del verano en la que uno acababa devorado por los mosquitos.

-Eso ya son avances
-dijo, en referencia a los progresos que la otra iba explicando que estaba logrando en sus estudios- Muy positivos, si me lo permites. Es obvio que yo a veces uso las alas para ir más rápido o evitar una calle conglomerada, es lo habitual. No por usar la magia o las habilidades que Dios te ha brindado de forma cómoda para ti misma eres menos apta para ellos.

Tomó con cuidado la taza, que por suerte, también parecía haberse visto influenciada por el aura del ángel, o al menos, eso pensaría quien viera lo relativamente templada que estaba en comparación al líquido que se encontraba en su interior. Con una suavidad típica de él, dio el primer trago, antes de seguir hablando. Y no habló hasta que pudo deleitarse de la imagen ajena un poco más.

Por un corto tiempo, volvió a posar sus ojos en ella. En su pecho, en su cuello, en su postura, y más importante, en la propia mirada que esta poseyera. Mucho más se podía saber de alguien por la forma con la que te mira que por sus palabras. Los ojos de ambos volvieron a cruzarse, otra vez, y como no podía ser de otra forma, los suyos parecían emanar una calma todavía mayor a la que el ambiente que les rodeaba les estaba regalando, en primicia y exclusiva para ambos.

-...Hace poco corté con mi novia, como bien sabrás. Aunque poco es un término un poco difuso
-y es que cualquiera que viera cómo habían desaparecido las fotos de su despacho y la habitual forma dicharachera que poseía para hablar de sus relaciones sociales se hubiera percatado del asunto, por no decir que era un secreto a voces dentro del cuerpo policial, que a veces parecía más eficaz en analizar estos rumores que en hacer su trabajo en sí- ...Es triste, la verdad. Por eso te he invitado a venir -suspiró, pues aquellas palabras, aquella simple confesión, era más difícil de decir y pensar de lo que uno podría imaginarse, en especial si la tenía que decir un ángel tan dependiente de las emociones y la calma como lo era este- Me sentía solo. ¿Curioso? Vivo repleto de pets y me siento solo. -y sin embargo, así era. Volvió a dejar la taza sobre la mesa, todavía a medio beber, porque no le había dado ni tiempo ni ganas de seguir. El café era lo de menos, en especial cuando el paisaje les acariciaba con su ocráceo color previo al anochecer y la naturaleza seguía haciendo de sinfonía que decoraba su siempre cariñoso y cercano diálogo- Y por supuesto, prefería hablar contigo que con prácticamente nadie. Tal es mi afecto por ti, querida sucesora mía. ¿Y tú? ¿Algún escarceo sentimental del que contarme algo? Sigo sin creerme que con tu belleza, carácter y trabajo no hayas encontrado a nadie que esté interesado en salir contigo. Yo personalmente lo haría -le guiñó el ojo tras aquella frase, por terminar de desestabilizarla de forma inconsciente como sabía que iba a hacer con aquellas frases. Y no, no hay correlación. Realmente, Baltazar no se da cuenta de cuando tienen lugar estos pequeños deslices malinterpretables- Pero venga, cuenta sin miedo. No hay nadie que pueda delatarte a posterior.
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Mensaje por Riven Leisser el Jue Jul 02, 2020 10:27 am

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Calmada y totalmente sumida en el propio tiempo que estaba compartiendo con la persona con la que más disposición tenía a compartir mi tiempo, y es que si había algo que pudiera hacerme sentir cierta incomodidad durante los primero minutos, y durante un rato sería algo que quedaría en segundo plano, ese tipo de molestias de las que ni si quiera eres consciente por muy molesto que pueda llegar a ser.

-Si lo son, creo...¿De verdad crees que esto es obra de Dios?-Con la mirada fija en mi propia mano con la que hacia una pequeña muestra de lo fascinante y antinatural de mi propio kossei. Mientras le hacía aquella pregunta una pequeña porción de la piel de dorso de mi mano pasó a cubrirse con pelaje blanco, las hebras de ese pelaje de juntaron formando pequeñas plumas, de un momentos a otros se endurecieron como si comenzaran a formar pequeñas escamas y...después de ello solo quedaba pasar por la resbaladiza piel de un anfibio y volver a la normalidad, algo fácil y que me hubiera gustado completar de manera rápida y sencilla como una demostración de mi propio trabajo, pero siendo consciente de mis propias limitaciones, todo aquello que tuviera escamas que no fuera un ave, tan solo pretender cubrir un trocito de mi piel con las escamas de un reptil me hacia sentir una especie de incomodidad, quizá miedo. No llegaron a nada más, mi piel volvió a la normalidad, no iba a arriesgarme a terminar convertida en algo desagradable solo por querer mostrar un control que no tenía.

Aunque no compartiera las creencias del mayor, lo que no era ningún secreto. Siempre había respetado y mostrado curiosidad por su forma de entender el mundo, si después de sus años de vida seguía con aquella creencias sería por un motivo, o eso quería pensar, me negaba a dar por hecho que Baltazar simplemente hablaba de Dios por haberse acostumbrado a la importancia de esta figura la sociedad durante prácticamente toda su vida.

Embriagada por todo lo que implicaba su presencia podía percibirse mi sentimiento de felicidad, se podría decir que este momento es de esos en los que uno ni tan si quiera se acuerda de mirar el reloj, de esos en los que se dice que el aire a tu alrededor vibra de alegría, y en este caso no solo aire, todo a nuestro alrededor parecía envuelto en una serenidad idílica. Era imposible no preguntarse si esa armonía era fruto de una conveniente casualidad, si fue por haberse reunido en el momento perfecto o si esa presencia llena de calma que parecía llevar Baltazar consigo era capaz de tener un efecto ta elocuente.

Alcé la tacita de café para tomar otro sorbito, después de volver a soplar sobre el líquido al menos un par de veces, y sería algo innecesario pues probablemente ese café ya estaba lo suficientemente tibio como para no quemarme de tomar directamente. Mientras tanto prestaba total atención a sus palabras, comenzando por mi sonrisa parecía borrarse por la confirmación de lo que ya algunos cuchicheaban en los descansos o a veces incluso en algún susurro durante la jornada al ver pasar al superior.-Lamento mucho que terminara así-El tono de mis palabras era calmado, incluso más suave de lo que se podría esperar de alguien cuya lengua materna era el ruso.

Y puesto que hasta ese momento no me lo había confirmado no había dado por hecho aquello de lo que se hablaba, aunque era inevitable ceder un poco a la curiosidad humana y escuchar algún que otro rumor no era hasta ahora, que el mismo me lo había contado que di por ciertas aquellas palabras, aunque si que se podía intuir que últimamente nuestro jefe de policía había sufrido algún cambio en su vida. Escuchar aquella noticia que aquellos que conocen mis confusos sentimientos parecería algo positivo para mi me borró la sonrisa, apreciaba y valoraba que me hubiera confesado sus sentimientos al respecto, tristeza soledad...¿Cómo no iba a sentirme de la misma forma al ver a alguien cercano al que tanto aprecio tenía padecer estos sentimientos tan desoladores? De estar en otra postura no habría dudado en abrazarle y darle tanto consuelo y alivio emocional como el mismo me lo había otorgado en mis momentos de flaqueza.-Ya lo sabes, pero lo reitero. Puedes contar conmigo para lo que necesites, incluso si lo que necesitas es tan solo tener una pequeña charla, si eso alivia tu soledad y te hace sentir mejor pídemelo.-Y es que si alguien puede saber sobre que es la soledad son quienes han crecido con el impacto de Internet, claro que en el caso de Baltazar su soledad no era por algún tipo de aislamiento social, era por la perdida de una relación importante, pero sin importar el motivo tenía claro que hasta que se sintiera mejor por aquella perdida era una prioridad casi a la misma altura que mi trabajo.

La conversación tras aquella revelación había tomado un camino más liviano, incluso una conversación totalmente normal entre dos amigos. Por mi parte que tomaba el contenido de la taza mientras escuchaba aquellas palabras casi termine por tragar rápidamente lo poco que me quedara dejando la taza sobre la mesa con una expresión llena de sorpresa. Impacto, asombro y cierta vergüenza que no tardo por apoderarse de mis mejillas esparciendo sobre ellas una tono rosado.--Ah...bueno. No exactamente-Por mucho que intentara ocultarlo frente a él era imposible, era como si su presencia hiciera de mi un libro abierto.

Justo en ese momento me percaté o mejor dicho, empezaron a ser un problema las secuelas de la postura que tan valerosamente había tomado, que ahora era sustituida por una más “normal” que pretendía acabar con esa extraña y desagradable sensación en mis piernas, el momento perfecto para sentarse con las piernas cruzadas, cuando llegas a un punto de confusión emocional. Era complicado pensar con claridad y además, creo que me.

Había guiñado el ojo.

-Sabes que trabajo, y siempre trabajo y no me fijo en nadie de esa manera. No porque no tome aprecio a compañeros o personas con las que me relaciono solo me centro en otras cosas. Nunca en mis sentimientos, me cuesta prestar atención a mi emociones.-Empecé dándole algo de vueltas al asunto como una forma de intentar evitar lo que iba a decir o quizá como una introducción con la que distraerme para pensar mejor el resto de mis palabras, aunque estaba claro que era inevitable, me había peguntado y todas aquellas palabras que me había guardado e intentado enterrar iban a salir.-Al final nadie, nadie suele mantener una amistad conmigo tachándome de insensible o egoísta. Y no me importa, creo que no me importaba...-Hice una breve pausa suspirando profundamente desviando la mirada mientras con una de mis manos rizaba uno de los mechones de mi flequillo.-Yo solo siento las emociones mejor cuando estoy contigo, no me da miedo. Puedo hacerlo incluso puedo sentir que echo de menos a mi...-Padre, pero no pude terminar la frase, no era ningún secreto que entre sus brazos había llegado a llorar por mi desastrosa relación con mi progenitor claro que de ahí a admitir eso con palabras era otra cosa. Dejé ese mechón de pelo tras mi oreja y volví a dirigir mi mirada a sus celestes.-No solo eso, todo. Cuando te miro. Cuando te miro siento que estoy a salvo y que te quiero.-Quizá ese era el momento de callarse pero no paré y seguí con algunas palabras que podrían servir tanto como preámbulo a una aceptación más dolorosa de un rechazo o puede que solo una invitación a hacer esto mencionado si así debía ser. Proseguí haciendo esfuerzo por mantener la mirada aunque no solo el sonrojo se mantenía en mi rostro con ello parecía a punto de quebrarme, jamás en mi vida había hablado de algún tipo de sentimiento cara a cara y ton tanta sinceridad, y menos de uno como el que intentaba exponer.-Me has gustado desde hace tiempo. Y siempre pensé que no era necesario decirlo, que no traería nada bueno a nadie. Entiendo que...que no sea reciproco si que me gustaría conocerte mejor y si...si tan solo tomar café conmigo te hacer pasar un buen rato, hace que te sientas mejor, con eso ya me sentiré feliz-



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Mensaje por Baltazar Farnese el Jue Jul 02, 2020 7:53 pm

-Por supuesto, así creo que tu kossei es obra de Dios, tal y como lo es mi existencia y la del universo en general. ¿Qué sino podría justificar que un cuerpo débil y enclenque como el humano posea tales capacidades? Aun cuando los animales gregarios aprecian a sus parejas y compañeros, somos los humanos los únicos que pueden hacer algo más allá del aprecio. “Amar”, entendido como la voluntad del querer. ¿Acaso un animal tiene otra voluntad que sobrevivir? Escasamente se podría decir lo contrario, simplemente huyen de lo horrendo y buscan lo bello. Nosotros, más allá de eso, a pesar de imitarles, somos capaces de saber lo que es “el querer”, tenemos la voluntad de alcanzar la meta y no la necesidad. -culpa de Riven por comenzar a hablar de la existencia de Dios a un ferviente creyente, ahora os tendréis que comer la chapa filosófica antes de ver lo que pensó Baltazar sobre las últimas palabras de su subordinada- Es por ello que progresamos y no nos quedamos en las ramas, pues técnicamente, nos bastaría con poder dormir, reproducirnos y comer. Pero “queremos” más. Intentar justificar con cualquier ciencia o rama de la sociología este principio, la innegable voluntad humana, sin requerir antes a presuposiciones, sería imposible. Y es la necesidad de tener una base argumentativa ya establecida, un “esto es así porque siempre ha sido así” que la respuesta supuestamente irracional, la respuesta del “demiurgo inteligente”, se torna más factible. ¿Qué otra cosa podría justificar que la evolución humana les llevara a tomar tales poderes? ¿Qué sino podría justificar la vida de los ángeles, encarnación con su pureza externa e interna de la existencia infinita de la luz?

Siguió bebiendo, una vez terminó de explicar por qué más o menos podía creer él entre otros tantos miles de argumentos por qué existía un benefactor primigenio, o más que benefactor, un simple artesano que dio con sus manos vida a la creación, sin llegar a explayarse en los detalles o tener que explicar que quizá el sabor de lo que estaban tomando no era sino un engaño del propio dios creador, del que en realidad nada se podía saber, ni tan siquiera su naturaleza. No le gustaba demasiado la filosofía cartesiana, por cierto, aunque solía utilizarla para argumentar determinados puntos de su forma de ver el mundo.

Sin embargo, nada importaría cuando la otra pareció querer tomar su propio turno de palabra. Quizá debería haber esperado el típico comentario que se decía en esos casos, aquel típico “lo siento” tan vacío como protocolario. Pero lo que hizo que sus manos temblaran sobre la taza fue lo que precedió a ese siempre presente tipo de disculpa involuntaria que parecía brotar de las gargantas de forma automática una vez se hablaba del final de cualquier relación amorosa.

Alzó la mirada poco a poco, hacia el cielo, para luego hacerlo a los lados, asegurándose así de que no hubiera ningún tipo de persona observando la escena, intentando quitarse la teoría de que aquello fuera una broma del departamento, una broma, que por cierto, sería especialmente cruel. Luego la volvió a mirar a ella, a los ojos, intentando con ello penetrarla por completo. Una sola mirada del ángel podía servir para vislumbrar cualquier tipo de intención oculta, pero no la encontró. Lo que vio fue una sinceridad tan clara como las plumas de sus alas (que Dios sabrá cuánto tiempo llevaba sin tan siquiera hacer visibles) y tan bella como las palabras que constituían halagos sinceros por parte de sus antiguos maestros.

Suspiró, antes de volver a beber de la taza, terminando ahora con el líquido que restaba con la intención de poder proceder a lo que quizá no fuera correcto, pero él veía acertado para la situación. Primero, sacó de su bolsillo un pañuelo de tela blanca, que usó para limpiarse los labios (porque en efecto, Baltazar era esa clase de hombre para el que la servilleta era un invento demasiado moderno e inútil. No le preguntéis, simplemente, al igual que todo hombre que ha vivido siempre con una cosa en concreto, le costaba desprenderse de ella).

Luego, se levantó poco a poco, como si la posición no le hubiera molestado lo más mínimo, y usó su fuerza para levantar la baja mesa y con delicadeza apartarla a un lado, quedando ahora ambos sin nada que los apartara. Luego, volvió a tomar su posición de seiza, con las manos entrelazadas a la altura de su estómago en la forma del mudra del vacío, su posición para meditar preferida. Cerró los ojos, al menos por unos segundos, reflexivo. Fueron esa clase de momentos en los que el silencio invade pero quizá no es incómodo, solo una espera, como si el otro necesitara un tiempo antes de responder pero sabías que lo iba a hacer.

-Soy un hombre de armas, Riven. He surcado todos los océanos con la pesada carga del almirantazgo, he dirigido a mis hombres a muertes más que seguras contra las ametralladoras enemigas, he alzado muros de picas contra desvalidos indígenas en nombre de un imperio ya extinto. He ordenado la ejecución de adolescentes por el hecho de ser hombres que podrían alzar las armas en nuestra contra. He matado a tanta gente con mis propias manos que sería incapaz de hacer una lista, y lo he hecho con el frío acero, sin darles oportunidad a tan siquiera defenderse por temor a que pudieran derrotarme si el desenvaine se convertía en lance. He usado metralletas contra quienes se defendían con palos y lanzas en nombre de una Italia cegada por el fascismo, he bombardeado islas repletas de vida civil en el Pacífico dominado por el antiguo imperio de los Diez Mil años mientras hordas de soldados se lanzaban contra mis embarcaciones al grito de “Tenno Heika Banzai”, cegados por el amor a su líder, solo para conocer a su creador con yo mover la mano y decretar la orden de fuego.
-su cuerpo se mantuvo completamente inmóvil, sus ojos se mantuvieron mirándola, y sus labios, quizá por penitencia, habían dejado de moverse. Ahora se comunicaba con ella por el pensamiento, como hacía cuando no quería que nadie más le escuchara- He tenido que rendir plazas en las que había civiles todavía vivos, sitiar ciudades hasta que la gente se matara de hambre. He visto a mis camaradas ser atravesados y reducidos a polvo por una lluvia de balas, y aun así, aunque mi cuerpo sea blanco, mi cabello rubio y mis alas tan blancas como el trono de Dios, al igual que Cristo llevó como sentencia su propia cruz por las calles repletas del pueblo del que era parte, he tenido que cargar con el propio peso de mi cruz personal. Una cruz de sangre que mancha mis manos, azota mi espalda e inunda mis pensamientos cada día, en cada minuto de silencio. El silencio para mí viene acompañado de gritos, Riven, de las almas que tuve que segar en nombre de la paz. -extendió sus manos ligeramente, para que fueran visibles, y se viera que a pesar de su esfuerzo por mantenerlas limpias y siempre acicaladas, cientos de cortes decoraban los dedos, cientos de cicatrices de cortes y desenvaines mal hechos- ...Aun en el caso de que tú y yo estuviéramos juntos, que esta noche te llevara a mi cama y nos fundiéramos en algo más que un abrazo… ¿Serías capaz de soportarme por años, hasta tu muerte, viendo como yo decaigo más y más por la vejez pero aun así me mantengo joven y las arrugas florecen en tu piel? ¿Serías capaz de mantenerte conmigo aun cuando por las noches las pesadillas me invadiesen y llorase por la que fue mi esposa? ¿Serías capaz de amar a un hombre que es rey sin trono, emperador sin tierras, anciano de cuerpo y más todavía de alma? ¿Un hombre que tiene un pie en el pasado y otro en el inexorable pasar del tiempo? ¿Serías capaz de obedecerme como una subordinada en la oficina y serme fiel como mujer a pesar de tu edad? El mundo está lleno de peces jóvenes, Riven, y tú te fijas precisamente en el que menos te va a poder brindar. Sí, tengo dinero, tengo poder, pero de nada sirve si el tedio te invade porque las mañanas del domingo las dedico a rezar y las tardes a descansar incapaz de alzarme por el cansancio, que las tardes hace clases a sus alumnos y que gasta su fortuna en llenarse la casa de almas a las que salvar. -suspiró. Y luego, como si nada, se levantó poco a poco, dirigiéndose hacia ella para acabar justo frente a su cuerpo, con una mano en el hombro ajeno y la otra atrapándola por la cintura para acercarla- ¿Serías capaz de hacer frente a todo eso, Riven, si te digo que…? -tragó saliva, otra vez- ¿No puedo decir que no es recíproco?
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Mensaje por Riven Leisser el Sáb Jul 04, 2020 1:30 pm

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Cualquier que conociera un poco al ángel sabría que más o menos la respuesta a la cuestión que había formulado iría encaminada por ahí, y cuando hice la pregunta era totalmente consciente de ello, aun así queria escucharlo, escuchar que aquello que me pasaba, eso que tanto temía no era obra de algo “malo” algo horrible que simplemente había hecho de mi un monstruo. Podía tomar la forma de un animal horrible, o hacer una mezcla de especies tan esperpéntica como mi propia creatividad quisiera, por contraste también lo contrario, algo hermoso que hasta podía relacionarse con otras especies y no a la humana. Y con ello empezar a asumir que no era humana, ya no lo era.

-Pienso en ello pero no creo puede dar ni ahora ni en el futura uno respuesta. No creo que como humana o...bueno lo que sea ahora pueda entender. Aun así resulta reconfortante que haya personas que no vean algo extraño como si de algo negativo se tratara. No quiero ser un monstruo- Nada me quitaría de la cabeza esa inseguridad por terminar de una manera u otra siendo como mi padre y es que era consciente de la propia falta de control que tenía aun habiendo dedicado mucho tiempo, y seguir dedicándolo, a mantener la consciencia independientemente de la transformación que intentara. Y probablemente aquel tema saliera más veces para que algunos sufran la chapa mientras yo reflexiono sobre mis propias creencias y los dogmas en los que creía Baltazar.

Había sido capaz de soltar aquello que tanto tiempo me había reservado, y aunque daba miedo e incluso temía que tras esa posibilidad del rechazo la confianza entre ambos se viera afectada haber confesado aquel sentimiento dejaba una sensación de alivio, como si por fin hubiera soltado una carga pesada. Y solo tras haber terminado  con esa torpe declaración de sentimientos pude tomar aire profundamente y dejarlo salir lentamente. Mis mejillas mantenían  aun ese sutil rubos, sin embargo y aunque tendría motivos para ello mi pulso parecía estar estable. Durante ese momento de silencio tan solo mantenía mis ojos sobre la figura del contrario mientras todos los sonidos de nuestro alrededor quedaban en un segundo plano. Solo escuchaba los latidos de mi corazón.

La primeras palabras que salieron de sus labios, aquel recordatorio de lo que había sido, lo que podría considerarse la cara más cruel de Baltazar sobrecogería a cualquiera. Y por mucho que aquello de lo que hablaba, aquellas acciones que pese a no ser un secreto para nadie que supiera sobre el e investigará superficialmente sobre su nombre. Y aquello no solo daba que pensar, incluso daba cierto miedo, aun sabiéndolo recordar que ese semblante que con tan solo recordarlos parecía llenaba mi corazón de una efervescente calma, había sido para otros alguien muy diferente al que yo conocía, no un ángel lleno de calma con quien poder expresar mis sentimientos sin miedo si no como un ángel segador de almas. Asustaba.
Sin embargo y pese a lo helada y trágica que pudiera sonar aquella realidad, y pese a que muchos hasta pensarían que al igual que condenaba a mi progenitor a mi odio el caso de Baltazar podría ser mínima mente similar no era el caso. Seamos coherentes, no es comparable cometer atrocidades  por unas creencias y siguiendo el propio sentido del deber que por cierta cantidad de dinero, un dinero que aun siendo el pago de una acción deplorable era también un efectivo innecesario para la propia supervivencia. Espero se entienda que aunque escuchara una terrible y cruel realidad que atormentaba a Baltazar, no sentía más que cierta tristeza al intentar ponerme en su lugar en un intento de comprender que suponía realmente aquella carga, algo que no era capaz ni de imaginar ni aun que intentará contar aquellas cicatrices de sus manos.

Mientras sus palabras proseguían, aun cuando estas dejaron de ser un sonido convirtiéndose en pensamientos que parecía escuchar, como aquella vez que siendo una gata era capaz de escuchar sus palabras sin que moviera sus labios preste atención volviendo mi mirada de sus manos a sus celestes, casi impaciente y nerviosa por seguir escuchando sus “palabras”.
Como había hecho mención mi corazón parecía estar calmado, incluso al escuchar aquellas preguntas que hacían uso del condicional cuestionando si aquello era posible mantenía cierta calma, esta solo desapareció en un progresivo aumento de pulso cuando se acercó, cuando sentía sus manos, su rostro tan cerca, aquel ultimo “serías” no solo encendió más mis mejillas, me hizo desviar la mirada con cierto pudor.

-No...no es eso. No se trata de si sería o no capaz de todo eso. Lo que pasa...lo que quiero...-tome aire con cierta torpeza para ello casi como si algo tan sencillo como respirar se hubiera vuelto una tarea difícil y volví a buscar su mirada, pues aunque me resultara difícil y vergonzoso solo en ese azul que tanto me gustaba encontraba la forma de expresar lo que sentía sin miedo o ganas de evadir lo que pensaba o sentía.-Quiero soportarte tantos años como mi cuerpo me lo permita, si el pasar de los años no castiga tu aspecto y destroza el mio, no me importa. Y no sería capaz o no, quiero que cuando sufras en pesadillas por ella, por quien fue tu esposa, espero, quiero que me dejes abrazarte y consolarte hasta que el dolor cese. No quiero ese nombre seguido de prestigiosos e importantes apellidos, ni reinos, ni tierras, ni dinero, ni poder. Tampoco quiero ni busco en ti al más jovial y festero. Quiero que compartas tu tiempo conmigo, seguir trabajando bajo tus ordenes en el trabajo y fuera del horario laboral ser compañera, y no solo compañera de café, quiero ser tu compañera de vida. Y Si te gusta rezar los domingos por la mañana, aprenderé y rezaré contigo. Si das clases o te cansas, quiero ayudarte. Y si quieres gastar dinero en llenar la casa de pets que salvar de ese horror que no podemos limpiar de la isla, las cuidaré contigo.-Temerosa y casi como si me fuera a explotar el corazón alce la mano con cuidado pasando mi mano por su mejilla recogiendo aquel característico flequillo que siempre aprecia empeñado en molestar a cualquiera que quisiera mirar sus dos ojos al completo recolocando este tras su oreja.-Ah...bueno supongo que con decir que...que si sería capaz era suficiente ¿No?-

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Mensaje por Baltazar Farnese el Lun Jul 06, 2020 12:12 pm

Una molesta sensación recorrió su cuerpo una vez terminó de hablar, algo que quizá podría catalogarse como culpa, pero sin llegar a ello. Todo lo que hizo fue en nombre de la causa que él veía justa, desertó cuando fue necesario y vio que las ideas de una nación no eran las suyas, y se alió siempre con el bando que veía más afín a las ideas de la tradición occidental. No es que sintiera lástima por la mayoría de sus enemigos, ni se arrepentía de haber decidido aquella vida. Y sin embargo, recordarlo todavía le producía aquella opresiva sensación en su garganta, esa presión que se acumulaba en la nuez y le impedía hablar como le gustaría y con la fluidez que le era habitual. Por si fuera poco, su propia aura cambiaba, mostrando a todo el que estuviera cerca de él tan dolorosa sensación, como muestra del lamento del ángel.

Ella parecía incrementar todavía más esa sensación ahora que en su sinceridad seguía confesándole que quizá tal y como algunos le habían dicho, lo que esa muchacha sentía hacia él no solo era respeto ni aprecio. Y por qué no confesar que entre aquella máscara de aparente calma y su interna lucha entre añoranza del pasado y penitencia, ahora afloraba poco a poco aquella tierna sensación que era la inocente ternura hacia las palabras ajenas. No le malinterpretemos, no era la ternura que podría sentir por un niño, era esa sensación que tenía cualquiera que se sintiera halagado sin llegar a la timidez.

Las palabras de Riven eran curiosas, sin duda alguna. A pesar de haberle recordado, si es que ella no lo había mirado por cuenta propia en cualquier página web que tratase del respecto y que según tenía entendido abundaban en su nombre por toda la red (aunque él solo tuviera el Tuister este por cuestiones laborales y se dedicaba a escribir el típico mensaje genérico hablando de los avances en seguridad de la ciudad, que solían estar bien contados por su escasez), que en sus manos descansaba la sangre de tanta gente que cualquier gran dictador de la historia habría matado a menos que él directamente, seguía convencida de sus palabras. No podía dudar de que aquello fuera falso, pues más que de sobra sabía las intenciones ajenas con una superficial mirada del alma ajena. El tiempo, como era habitual para él, ahora pasaba con una lentitud que le permitía reflexionar y pensar en qué podía hacer que fuera educado para la ocasión. Como se movieran sus labios en los próximos momentos podría determinar el futuro de toda su relación con ella, un sí o un no podían condicionar más cosas de las que el uno o el otro podían esperar o deducir.

Y ya que la cuestión estaba en mover los labios, no necesariamente para hablar, pues decidió tomar la senda que su cálida sangre mediterránea le sugería hacer por impulso. Ya había mostrado que estaba anclado al pasado en pensamiento, ¿por qué no también mostrarle que sus formas eran más tradicionales de lo que uno pensaría al ver su habitualmente serena faz y carencia prácticamente completa de impulsos frente a los placeres de la carne?

Aprovechando la cercanía y la posición de sus piernas, movió la rodilla, desplazándose así todavía un poco más a la vera de ella. Y aun sentado, extendió su mano poco a poco hacia ella, en apariencia dirigiéndose hacia la mano ajena, pero desviando su dirección rápidamente para acabar en la cintura. Y luego, la otra mano, un poco más arriba, también en la espalda. Lo que vino a continuación acaeció tan rápido como se esperaría, pero tan silencioso como había permanecido tras su pregunta, aunque esperó con cortesía a que la otra terminase de hablar antes de sonreír y usar la propia incercia de los cuerpos de ambos y su posición para hacerla caer ligeramente sobre él, lo suficiente para poder posar sus labios en los de ella, y, de nuevo en un movimiento quizá demasiado inesperado para alguien que hasta en eso estaba intacta (cosa que Baltazar no sabía, porque no había tenido ocasión de conocer de la castidad casi suprema de la joven), la besó con pasión, pero cierta gentileza, no tanto buscando alargar o volver ese beso más violento como simplemente disfrutar un poco del contacto ajeno. Aunque pronto podría descubrir, también, que la torpeza ajena a la hora de corresponder se debía a algo en concreto, por lo que redujo un poco su ritmo para dejar que se reincorporase, sin dejar de sostener la batuta ni de buscar el contacto ajeno en un solo momento.

El beso se alargó por unos segundos más, unos segundos que recobraron la habitual lentitud con la que se dirigía a todo. Y cuando se apartó, nada más que una sonrisa adornaba sus labios, ahora con tal brillo y alegría que la pena que pudo sentir segundos atrás se debía haber desvanecido del mapa.

-¿Te basta esto como muestra de cuán grande es mi confianza en esa promesa que acabas de jurar frente a mí? -
Preguntó con gentileza, aun con sus manos puestas en el cuerpo ajeno de la misma forma que antes, sosteniéndola hasta que ella decidiera sentarse en la posición que estuviera antes- …Esta noche, Riven, quiero que la pases conmigo. Y si de verdad existe la llama del amor entre nosotros, quiero que lo descubramos entre los muros de esta misma casa.
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Mensaje por Riven Leisser el Lun Jul 06, 2020 11:00 pm

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Dentro de esa limitación que tenía para entender a mi padre o mejor dicho por su extraña manía, quizá necesidad de ser especialmente reservado con sus sentimientos, con lo que le afligía y con la verdadera fuerza que movía sus viles actos. (¿A quien me recuerda ese comportamiento?). Jamás había tan si quiera pensado que se tratara de lo mismo por lo que yo sabía uno era un criminal sin remordimiento que recordaba a sus victimas como logros personales y el otro, a quien tenía delante vivía atormentado por crímenes llevados a cabo con la intención de hacer un bien mayor. Y ni si llegase el momento en el que alguien pretendiera difamar a Baltazar por ese pasado sin hacer uso del propio contexto harían que dudará lo más mínimo de él. Si de algo no tenía dudas era de que era más que una buena persona.

Por falta de experiencia o quizá por simple ingenuidad en todo lo que tuviera alguna relación con todo lo relacionado con muestras de afecto más hallá de un abrazo o un besito en la frente. Me mantenía expectante como si lo único que pudiera responder a mis palabras fuera con lo mismo, más palabras. Esperaba palabras, sin embargo, cuando su misma mano se poso en mi cintura. Esperaba palabras pero cuando la ultima de las propias salio de entre mis labios su respuesta no fue con lo que esperaba, claro que se podría decir que hasta lo dejaba más claro que de haber usado la más claras y concisas de las palabras.
No era lo normal para una persona que ya había pasado los veinte años, pero la realidad seguía siendo la misma, jamás había recibido beso alguno que fuera más allá de un castizo beso superficial que se limitara a un fugaz contacto entre los labios. En esta ocasión, que sin duda la merecía el acto conocido como “beso” iba más allá, y con motivo supongo creo, si alguien me hubiera insistido para describir una escena en la que me sentiría cómoda recibiendo mi primer beso no habría sido capaz de describir ni tan si quiera algo que fuera ni la mitad de apropiado. (Eso teniendo en cuenta el lugar y la escena, el quién era algo a la que mi imaginación no habría llegado nunca).

Cuando recibes tu primer beso no piensas que es el primero, de alguna manera y pensándolo que quizá ocurra pero al mismo tiempo sin esperarlo ocurre. Y haciendo lo que una sabe que se hace pero sin saberlo y tomas aire antes de que sus labios lleguen a rozar los tuyos. Y haciendo lo que una sabe que se hace y cierras los ojos. Y se supone que no sabes besar porque no has besado nunca pero no piensas en que no sabes, piensas en esa suave caricia de sus labios al justarse con los tuyos. Y no solo haces cosas que no sabes, también haces grandes descubrimientos. Como que su boca sabe a café, ese café con lo que hasta ahora pensabas que era un dulzor empalagoso y desagradable que no servia para más que enturbiar el verdadero sabor del café. Acabo de descubrir que el sabor del café azucarado en los labios de Baltazar me gusta más que el más puro y amargo entre las variedades de esa bebida.
Y mientras probaba por primera vez sus labios, cálidos, dulces y con sabor a café esas suaves hebras rubias que con frecuencia adornaban su rostro como un indomable flequillo acariciaban mi cara...Intento fijarme en más detalles, quiero que todo pase tan despacio que sea capaz de grabar a fuego cada detalle en mi memoria, y tan solo con un instante, casi sin darme cuenta de ello estoy correspondiendo a su beso, con timidez, torpeza, sin saber como seguir sus movimientos haciendo del enlace entre nuestros labios un recuerdo agradable pero sin saber como.

No lo olvidaría.

Finalizado el beso casi como si su sonrisa fuera contagiosa mis labios también se curvaron, manteniendo aun, ese tono rosado sobre mis mejillas que con el paso del los próximos minutos iría desvaneciéndose lentamente. Escuchando sus palabras y habiendo tomado aire profundamente un par de veces me senté de nuevo, esta vez a su lado. Y aunque mantuviera la mirada con una sonrisa que jamás había esbozado antes, esa sonrisa que caracteriza a las jóvenes enamoradas cuando su amor es correspondido.-Con alguna que otra palabra habría sido suficiente. Claro que, me ha quedado mucho más claro.-Comenté sorprendentemente tranquila tras lo que acababa de acontecer.-¿Estas seguro de eso? No es que no quiera. Solo que...bueno...o hice nada de...Ah...Ya sabes quiero decir que.-Con cierta pudor en decir aquello, volviendo a hacer uno de esos tick nerviosos, juguetear con uno de los mechones de mi flequillo para terminar recolocando..lo en su lugar para dejar de darle vueltas. Y casi como consecuencia de ello busque su mano solo para tomarla y sentir con ello menos vergüenza.(Que si bien podría sonar algo contradictorio para mi tomar su mano sonaba como algo reconfortante).-Soy virgen. Y si hoy en día no es algo muy relevante, en nada. Solo quiero decir con eso que no tengo mucha experiencia en ese tipo de cosas de pa...parejas o novios o lo que sea. Bueno ni en eso ni en nada, tampoco me había besado así con nadie y...So-solo que sepas eso.-¿Darle la mano era lo único que iba a hacer? Oh, claro que no tras decir eso también me alce un poquito para dejarle un fugaz besito en la mejilla.-No sé pero con algo de tiempo seguro que aprendo todo lo que necesite saber para tener esa llama del amor que dijiste al menos tres veces en semana-Y para quitar algo de tensión al asunte solté un pequeño comentario con tono algo bromista, todo ello sin dejar de sonreír y evidentemente mirarle a los ojos con alegría y puede que un poquito de vergüenza.

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Mensaje por Baltazar Farnese el Miér Jul 08, 2020 2:44 pm

Siguió acariciándola aun cuando se separó un poco de ella. Si bien una de sus manos siguió tomándola por la cintura, la otra ahora se encontraba en la cabeza ajena, acariciando el suave cabello de Riven con la calma que merecía la situación. Le agradaba el toque aguerrido que solía concederle esa forma de llevar su pelo, sin embargo, ahora que la veía como la mujer a la que acababa de besar y no la joven que lloraba con él por las crueles desdichas… Pensó que quizá le quedaba mejor el pelo un poco más largo. Que parece una tontería, pero eso significaba que comenzaba a verla con otros ojos.

También se comenzaba a fijar ahora en la posición que tenía la otra, en cómo balbuceaba o el brillo de sus ojos, en la forma hasta con la que respiraba. Casi por incercia, acabó deslizando sus manos poco a poco por el cuerpo ajeno, hasta tomarla de tal forma que pudiera colocarla sobre sus piernas, todavía más pegado a ella de lo que ya estuvieran. No había sido su intención al invitarla nada de todo aquello, pero ahí estaban el uno y el otro, prácticamente abrazados y en una posición mucho más confidente de la que jamás pensó que tendría con Riven. Y si ella sonreía por la escena, él lo hacía porque parecía ser que le había malinterpretado por completo. Una leve risa se escapó de sus labios al escucharla hablar sobre su total falta de experiencia, de la que ya podía imaginarse algo desde hacía bastante tiempo.

No iba a negar que la belleza ajena superaba con creces incluso la de las aguas que acariciaban la costa de aquella isla, por supuesto, pero definitivamente no era su intención de buenas a primeras acostarse con ella simplemente por el hecho de haberla invitado a quedarse a dormir con él. No pondría en duda lo muy malinterpretable que era hablar de llamas y compartir espacio por una noche, sí, pero la intención del ángel era tan pura como pura y sincera era la sonrisa que ahora dejaba al descubierto sus impolutos dientes blancos, esas perlas que ni el café ni nada parecían poder oscurecer y evitar que brillasen.

-Cuando hablaba de tenerte a mi lado esta noche no me refería a desflorarte, Riven.
-le aclaró lo más enfático que pudo, pues a diferencia de otros, Baltazar prefería la sinceridad y la más directa sinceridad- Pero me alegra que quieras que tenga yo el privilegio, por lo que intentaré que sea digno de recordarse -aunque ahí si que quiso bromear, por supuesto- ...Me refería a que… Quiero ver con mis propios ojos cuán grande es nuestra atracción. -tan sincero como pudo, intentó enfatizar en lo muy crucial que era para él asegurarse de que quien quisiera ser su pareja y él compartieran ciertos rasgos en común, ahora que había visto que el flechazo a primera vista solía extinguirse tan pronto como venía. Y lo que menos quería era comenzar una relación con alguien que no dejaba de ser su subordinada solo para acabar de malas a la primera de turno y que el ambiente laboral se resquebrajara. Por eso quería asegurarse antes de nada de cuán compatibles eran ambos- Y asegurarme que algo puede salir de esto más allá de unas cuantas noches. La estabilidad es importante a mi edad, amor mío.
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Mensaje por Riven Leisser el Miér Jul 08, 2020 10:49 pm

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De una manera parecía pero completamente diferente volvía a estar en aquella posición. Sus manos me llevaron de nuevo a estar sobre sus piernas. De nuevo estaba sobre sus piernas y como aquella primera vez, era inevitable sentir como aquel recuerdo se hacía presente en mi mente. Aquella vez que entré para disculparme y termine embriagada por la calma que parecía desprender el ángel, tal fue su efecto que exprese mis propia inquietudes. Expresar los sentimientos, algo que con el paso de los años había terminado por ser algo casi desconocido, de alguna manera había sido capaz de sincerarme con el ángel y de ahí a empezar a sentir algo más que respeto y admiración no hizo falta mucho. Y teniendo en cuenta las fuerza con la que los jóvenes vivimos las emociones ¿Cómo no terminar cediendo a aquel sentimiento?

Había sobre-interpretado sus palabras, no por ello recuperé algún tipo de rubor, mi respuesta fue reír al escuchar su aclaración.-Vaya. Disculpa. Aunque diría que tengo las misma experiencia en eso. Nada.-Manteniendo la mirada en su deslumbrante sonrisa. Llevarse bien con unos y con otros con compañeros familia, pet, amigos y conocidos. Algo como novios o pareja sentimental era algo nuevo, lo más cercano que podría decir que había vivido similar a aquel enamoramiento quizá podrían ser aquellas cartas que recibía durante mis años de estudiante. (La mayoría chicas, un detalle curioso, pero irrelevante.

Intenté tomármelo con normalidad, pero si había dicho esas palabras, y sería algo a lo que me iba a tener que acostumbrar, la primera vez me resultaban unas palabras más que extrañas “amor mio” casi me hizo sentir que era un personaje metido en una de esas historias que con tanto empeño solía evitar.-Lo comprendo. Claro que tampoco es como si fuera un secreto que a veces puedo tener algo de temperamento. Cuando no sabía exactamente como expresar lo que sentía. Ahora no soy ninguna experta, pero tienes mi palabra en que seré sincera, como ya dije me gustaría estar a tu lado como algo más que una compañera de trabajo.-Respondí sin ni siquiera pensar demasiado en la posibilidad de que las cosas no salieran como quería, y no porque no fuera realista, más bien porque sentía que aun en el caso de que mi convivencia con Baltazar fuera un desastre seguiría velando por el desde otra posición aunque no fuera la de pareja.

Creo que no era esto lo que esperabas cuando me invitaste a tomar café. ¿Me precipite? Llevaba tiempo guardándome lo que sentía y...cuando preguntaste no pude evitar soltar todo.-Como buenamente pude y con cierta torpeza en lo que a mi propia forma de entender mis sentimientos, y ese tipo de sentimientos en general, hablamos de mi, el tipo de mujer que arruga la nariz cuando ve una película romántica sin entender que es eso tan importante que hace a los personajes actuar de una manera ilógica (algo que curiosamente podría decir que comprendía un poco mejor).

Dejando de mirar sus ojos, su sonrisa o su firme torso, dirigí mi mirada al mar con un interés especial en esta ocasión, como la mirada de un felino cuando descubre esa brillante luz roja de un puntero láser en la pared.-Ya que tienes tu propio trocito de playa. Me gustaría, si no te importa claro. Caminar descalza en la orilla.-Una petición bastante ridícula probablemente o mi yo de unos meses antes la vería como algo bastante innecesario. Y quizá sorprenda que alguien que vive en una isla por más de un año no haya caminado descalza por la playa y así era. ¿Por qué iba a haberlo hecho? Aun cuando había estado cerca de la playa no había sido más que para trabajo y aquella vez que casi...bueno, digamos que más trabajo. Estando en su casa y con Baltazar no tenía ni que preocuparme de que algún conocido aficionado a los chascarrillos me pudiera ver y molestarme durante un par de semanas o hasta que se le olvidara, eso o que un padre que ya no parecía estar en la isla, uno del que jamás había conseguido aprobación alguna y al que despreciaba al mismo tiempo tuviera más certezas de mi debilidad o mi deseo por hacer actividades cotidianas que no estuvieran relacionadas con el entreno-
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Mensaje por Baltazar Farnese el Jue Jul 09, 2020 12:10 pm

Qué más quedaba por decir, qué otra cosa necesitaba él en aquel momento que aclarar o enfatizar. ¿No era el amor que les unía en aquellos momentos suficiente como para que nada más hubiera que decirse? Quizá esa sonrisa en su rostro se debía a que el aprecio que siempre había sentido por ella ahora se acrecentaba en forma de poder disfrutar del tacto ajeno de otra forma. Y sí, ahora podía darse cuenta de que lo que tenía delante no era ninguna cría, sino una mujer bien formada que estaba ofreciéndole de forma incondicional su cuerpo, y más importante, su alma.

Pero sus manos estaban ahora en el primer lugar, y decidió explorar un poco, lo más visible al menos. Su mano pasó por el brazo ajeno, acariciando la tersa y musculada piel de Riven, y luego fue hacia la mano, entrelazándose con la de ella, y sosteniéndola por unos segundos.

Y luego usó su otra mano para tomarla por la frente y hacer que apoyara su cabeza sobre su propio hombro, de tal forma que el cuello ajeno quedara suficientemente expuesto para dejar ahí sus labios y besar aquel cuello con la suavidad que a sus ojos merecía la contraria recibir mientras hablaba, quizá con la intención de hacerla hasta desconcentrarse de mientras, aunque siendo Baltazar, posiblemente ni se daría cuenta de lo muy cercano y atractivo que podía ser este tipo de movimiento. Sensual, firme, como si quisiera acercarla todavía más a él, mantenerla pegada y sin intención aparente de dejarla salir mientras sus manos seguían explorando, cambiando de posición poco a poco según a él le interesaba. Ahora, una de ellas la tomaba por el vientre, y la otra la sostenía por el cuello y lo acariciaba por el lado en el que no estaba dejando sus besos.

La escuchaba, en efecto, atento como siempre hacía, pero también se fijaba ahora en ella como nunca se había atrevido a hacer, con temor de que se le pudiese malinterpretar. Aunque ahora no había nada que malinterpretar, porque por si alguien lo dudaba, lo que estaba haciendo era tocar a la contraria por el hecho de tocarla, por el placer involuntario que esto le producía y por la curiosidad que tenía en aprender del cuerpo ajeno, ver qué puntos eran más placenteros para ella y cuáles le agradaban más.

-No te precipitaste. Llevamos años conociéndonos, y debías saber que no hubiera podido repudiarte porque sintieras algo más por mí de lo que yo creía que hacías. -se levantó poco a poco, llevando sus manos a las botas para comenzar a quitárselas. Si la otra quería pasear por el litoral, así sería. Si ella quería mojarse los pies en el agua, ahí estaría él para acompañarla. Y si simplemente quería jugar a su lado con las olas, ahí estaría también- ¿Quieres hacer eso? Pues vayamos ahora mismo. Esto es como tu hogar. -y también el fruto de todos sus ahorros, que cualquiera pensaría que aquella vivienda era barata precisamente, pero no, haber comprado una parte de la playa, por muy pequeña que fuera, era algo que le había costado más que las gigantescas mansiones de los Farnesio en Italia- Y siempre serás bienvenida, para lo que quieras.

Y cuando se quitó por completo los zapatos, tendió su mano de nuevo, para que ella la usara para reincorporarse o como punto de apoyo, aunque conociéndola preferiría levantarse por sí misma. Pero ahí estaría para ofrecérselo. Le quitaría esa testaruda forma de ser poco a poco si de verdad aquello iba a progresar como ella quería, eso lo tenía claro. Y claro iba a quedarle a ella también mientras paseasen, pues no pensaba permitirle otra cosa que ir tomándole de la mano, posición que veía relativamente cómoda para poder caminar junto a ella.

-Hay… Tanto que me gustaría decirte, Riven, que soy incapaz de estructurarlo tan siquiera. Yo… Creo que tendré que explicar de alguna forma al resto del departamento que no por ser pareja voy a ser más magnánimo contigo. Y… Creo que tendríamos que comprar una cafetera nueva para los dos.
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Mensaje por Riven Leisser el Lun Jul 13, 2020 1:45 pm

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Debería considerarlo normal, bueno, era normal. Agradable pero desconocida la sensación de sus gestos de afecto me hacian mantener esa sonrisa que parecía haber descubierto. Un Leisser puede sonreir, ser feliz e incluso olvidar su deber cuando se trata de descansar y pasar un día agradable con una de esas personas a las que aprecia, y si alguien se había ganado mi aprecio era Baltazar.

Una suave caricia , entrelazar nuestros dedos. Sin duda un par de cosas que jamás me imaginaría que podría vivir por mi misma. Aquello solo era una muestra de qué el ángel me gustaba tanto como pensaba, calmada pero al mismo tiempo inquieta. Y es que sentir sus labios posarse sobre mi cuello mientras hablaba era algo que haria volver a encender sutilmente lo colores de cualquiera, haciendo que incluso mis ojos ce cerraran en lo que parecía un parpadeo que se había alargado de más. Continuaba mis palabras si, pero mientras tanto experimentando por primera vez, unas caricias y un tacto que tanto como relajaban despertaban cierta sensación que consideraba nueva, como un cosquilleo que incitaba a mantenerme tan pegada a el como pudiera. Y puede que de tener algo más de experiencia en el asunto o de comprender algo más esas caricias y mimos hubieran sido lo suficiente para incluso precipitarme sobre el con alguna que otra intención más allá de caricias.


Viendo que parecía conforme con mi idea de aprovechar aquel lujo que tenía en su propio hogar de la misma manera que el, aunque aun sin levantarme me retiré el calzado, calcetines y casualmente y por si acaso dejando el movil en la mesa, nadie se acercaría a la orilla del mar con el movil en el bolsillo.-Puede que no “repudiar” pero si que tenía cierto temor a que hubiera cierta incomodidad o algo entre nosotros.-Hice como ultimo comentario sobre el tema terminando de prepararme  haciendo un par de dobleces en mi pantalon para evitar que se mojará.--Puede parecer una locura. Pero aunque si he tenido que ir a la playa en más de una ocasión nunca me he metido en el agua del mar.-otra de las tantas cosas que deberian de ser normales y que no había hecho, aunque en este caso la única vez que termine sumergida en el agua de mar no solo me sumergí si no que me ahogue, momento en el que de no ser por ese kosei que desconocía probablemente habría muerto.-Ah...gracias. Lo mismo si en algún momento quieres visitarme. Al menos ahora  vivo en una casa y no en aquel pequeño departamento que apenas podía permitirme cuando llegue-No por meritor propios exactamente pero si algo positivo había dejado la extraña desaparición de mi padre era una casa que era incapaz de llenar y un jardín lleno de rosas.

A punte de levantarme mire su mano, la que tendía esperandoq ue aceptará su ayuda para ello, y cualquiera que me conociera sabría que no necesitaba ayuda para levantarme y que lo normal es que ni tan si quiera la aceptará, sin embargo y tanto por corresponder a su gesto tome su mano, y aunque apenas hice uso del agarre para levantarme le había aceptado la ayuda, lo que sin duda es un gran logro. Tras ello y sin soltar su mano para caminar juntos hasta la orilla mantuve la sonrisa, o al menos hasta estar a un paso de que el agua alcanzará mis pies, fue en ese momento en el que me detuve e hice esfuerzo por pensar tan solo en sus palabras intentando evitar que cierto recuerdo se hiciera presente y llegará a hacer algo más que borrar mi sonrisa durante unos segundos.-Creo que me ocurre igual, pero no hay prisa, tan solo dime lo que más te apetezca en cada momento. Tendremos mucho tiempo para gastar juntos ¿No?-En esta ocasión mi mirada no estaba en él mientras hablaba, había descendido hasta mirar como el agua se deslizaba por encima de la arena quedando a escasos centimetros de mi, y aun así ahí clavada me había quedado, sin avanzar aun.-Sabes que yo misma no estaría cómoda con algo asi, y aunque no tuve unos primeros meses fáciles como humana en el cuerpo, la gran mayoría tambien saben que no soy de quienes buscan un atajo para nada. Es más, todo lo contrario, tengo un motivo más para esforzarme en ser más competente en el trabajo-Y junto con esas palabras terminé por avanzar metiendo los  pies en el agua y con ello devolviendo mi mirada a donde debía estar, contemplando los ojos celestes del ángel, mis labios volviendo a sonreir y sin ese extraño temor que parecía haberme hecho detenerme durante unos segundos.-¿Quieres una nueva?  A mi no me importa el tipo de cafetera. Cafetera italiana, express, de capsulas...Si quieres mi opinión no importa la cafetera, lo importante es la compañía y que el café sea amargo y  oscuro, aunque quizá alguna vez pruebe a echarle algo de azucar.-

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Mensaje por Baltazar Farnese el Mar Jul 14, 2020 8:00 pm

Y ahí estaba ella, ahora con su mano entrelazada a la de él, y Baltazar sonriendo satisfecho con que se hubiera dejado ayudar. Bien sabía que tan grande era su gesto de cortesía como el de Riven, que sufría de no gustar ser apoyada o ayudada por ningún tipo de persona ajena a sí misma. Y eso mismo la había mantenido tan aislada constantemente, pero lo iba a hacer terminar en cuanto pudiese.

Primero, la llevaría por aquella hermosa costa. La llevó hasta el mismo lugar en el que el agua acariciaba la arena, soltando una pequeña sonrisilla al notar las olas acariciar sus pies poco a poco. Quizá debería haber subido un poco su pantalón, pero la calma con la que se movía el mar le permitía saber que estarían bien. Estaba el agua tan plácida como a él le gustaba que estuviera, como si aquel momento no pudiera ser más perfecto.

Ya que estaba, deslizó poco a poco su mano por el brazo de ella, acariciándola mientras tanto para alcanzar el hombro y rodearla por ahí, y luego bajar poco a poco hacia la cintura ajena y dejar la mano posada con suavidad en esta, sin lujuria, solo un gesto un poco más galán de lo que habitualmente brindaba a cualquier mujer.

Al igual que siempre, sin embargo, su atención estaba totalmente enfocada en escucharla, y buscar una respuesta que fuera tan conciliadora y relajante como le fuera posible. Con la mano que no estaba sujetando a la joven, se llevó el pelo hacia atrás, recogiéndose los típicos mechones que siempre le caían cuando no se hacía la coleta con la que solía trabajar o hacer deporte.

Y tras unos segundos, comenzó a pasear poco a poco, siempre intentando mantenerla a su lado, sin hablar hasta que viera el momento oportuno, cuando ella dejase de hacerlo y pudiera empezar él, con la misma sonrisa que siempre.

Y aun cuando él fuera el hombre más sosegado que se pudiera encontrar en la isla, aun cuando la paz le invadía y por ello su aura se expandía por todo el lugar, imponiéndose sobre cualquier nerviosismo que se pudiera tener, una fugaz idea se dibujó en su mente poco a poco, a medida que la otra seguía diciendo que nunca había estado en el agua de Sunflower, lo cual veía un dato totalmente inconcebible teniendo en cuenta que hasta él mismo, los días en los que conseguía quitarse de encima el trabajo acumulado y llegar a casa suficientemente temprano, se lanzaba al agua y se quedaba ahí, dejándose llevar por el mar unos minutos antes de tener que volver al mundo real en el que la corriente no era algo por lo que dejarse llevar sino contra lo que luchar por alguna razón.

Pero primero tenían que acercarse un poco más al agua. Él seguía tan calmado que no parecía que fuera a hacer nada, sería imposible para cualquiera por mucho que le conociera pensar que si estaba cambiando de lado y dejándola colocarse más cerca del agua era porque tenía pensado… Diremos que darse un chapuzón, tras asegurarse llevando su mano al bolsillo de que no llevaba el móvil por un casual.

Y tras unos segundos más, la giró, y la rodeó con los brazos. De tal forma que ella estuviera de espaldas al agua, y que no tuviera forma de saber lo que pasaría a continuación. El abrazo era fuerte, firme, como el anterior, pero quizá un poco más cálido y menos… Pasional, diremos. Sus manos no se habían bajado a ningún lado ni habían aprovechado para catar mercancía, diremos.

Porque lo que iban a catar ambos más bien era el agua del mar. Primero, la levantó un poco, para luego pegar un pequeño sprint en dirección al agua y tirarse, girando para llevarse él el impacto contra el agua pero aun así arrastrándola con él a ese chapuzón tras el cual, cuando ambos sacaran la cabeza del agua, la besaría inmediatamente después.

Sin mediar palabra, sin decir lo más mínimo ni justificarse. Simplemente volvería a buscar los labios de Riven y los besaría sin más, sin darle oportunidad a hablar a ella. El agua permanecía templada, ni muy fría ni muy caliente, y ahora su ropa había quedado pegada al cuerpo, como el cabello, que ya ni intentaría recoger en vista de cómo se había alborotado.
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Mensaje por Riven Leisser el Miér Jul 15, 2020 9:19 pm

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Yo misma había elegido en parte aquello, sin embargo, tardaría mucho tiempo en acostumbrarme a tomar la mano de alguien sin temor a ser tachada de débil por ello, tardaría mucho tiempo en entender que dos manos pueden entrelazarse de tal forma que no solo sientes seguridad, también calma. Claro que en el caso de Baltazar, gran parte del tiempo esa calma estaba siempre presencia, a veces más a veces menos, pero de alguna manera casi siempre parecía imponerse como si le acompañará de alguna manera, algo que uno no puede explicar de una manera clara. Pero el siempre lleva la calma consigo.

Sentir de nuevo su mano pasar sobre mi brazo para terminar en la cintura no hizo más que incitarme a apegarme más a el, solo tomé algo más de distancia para caminar a su lado. Aunque es posible caminar muy pegados es algo que suele terminar con algún que otro “fail” y no era lo que buscaba. Como casi siempre había intentado ser mi sinceridad me hizo por revelar aquello tan extraño. Vivía en una isla y no me había bañado en la playa. Y claro que no lo había hecho, tras aquella experiencia en el puerto jamás había pensado que volver a sumergirme en aquella inmensa masa de agua salada me podría resultar agradable.

En ese momento parecía que todo buscaba acariciar mis sentidos, el agua sobre mis pies, la brisa mi corta melena y Baltazar mi piel. Tan  fría y sería siempre y en este encuentro del que temía que sería quizá algún tipo de mala noticia terminaría por ser probablemente uno de los días grabados a fuego en mi mente, un momento que jamás podría olvidar ni en los días más trágicos, el día en el que no solo me sincere con un sentimiento tan complicado como ese, también el día que sentí que tenía un verdadero lugar en el mundo, un lugar que no era tan solo pelear a la espera de mejorar algo el mundo o simplemente perecer en ese intento.

Podría haber imaginado algo, haberlo visto venir. No imposible, lo ultimo que esperaría de él era un acto tan espontaneo. Y pese a que lo conocía de cierta manera estaba por ver una faceta diferente, y es que pese a advertir de cierto hastío y de su vida tranquila tal. Lo que parecía otro abrazo normal ante el que nadie sospecharía ningún arrebato simplemente correspondí al abrazo. El abrazo pasaría por ser un buen chapuzón en el agua del mar.

Recordaba el agua del mar mucho más fría, es más la recordaba como un frio punzante, como un agua poco amable que causaba un gran escozor.(Algo que en esta ocasión y sin tener ninguna herida abierta no podía ocurrir). Un agua que no parecía ser la misma que en mi primer contacto con ella. Primero una cara llena de sorpresa y habría escapado algún tipo de carcajada pero solo esboce una sutil sonrisa antes de que nuestros labios volvieran a unirse. Lo que antes fue un dulce beso son sabor a café ahora tenía un aroma salado, un beso que dentro de mi propia torpeza e inexperiencia para ello alargaría tanto como pudiese. No solo alargar el beso, también apegar mi cuerpo tanto como pudiera al suyo propio, y solo pegarme a el que no mirar porque de mirar con detenimiento lo que el agua revelaba al humedecer algunas prendas de ropa el rosa volvería a dominar sobre mis mejillas. Pero por el momento cuando se separarán nuestros labios solo habría una amplia sonrisa.
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Mensaje por Baltazar Farnese el Sáb Jul 18, 2020 7:30 pm

¿Por qué lo había hecho? Era un impulso, como cualquier otro que podía haber tenido. Sencillamente, le apetecía jugar con ella. Y qué mejor forma de jugar que luego tener que necesitar ayuda para quitarse la ropa porque estaba tan pegada por culpa del agua, sumado a que ya de por sí eran pantalones ajustados, porque al señor le había apetecido verla mojada.

Aunque merecía la pena por poder volver a tenerla entre sus brazos de aquella forma, con los labios de nuevo entrelazándose y siguiendo conociéndose como nunca pensó que llegaría a hacer con ella. Si le llegasen a decir el día antes que estaría besando a su subordinada, a aquella joven muchacha que unas semanas atrás veía como una alumna más, una pupila con algo más de motivación que el resto, pero nada más.

Ahora su mano estaba en la cintura ajena, sus labios se unían con lentitud, y seguían simplemente así, jugando, dejando que sus propios instintos le hicieran mover la lengua sin mucho recato. Incluso su mano había bajado un poco más para ir tanteando el terreno. Más que nada porque la cercanía algo estaba aliviando el frío del agua, que tampoco era demasiado elevado. Una situación algo cálida, sin duda. Pero no estaban ahí para eso. Solo para pasar el rato hasta que llegara la hora adecuada aprovechándose de la poca experiencia que tenía Riven en todo lo relacionado a divertirse fuera del trabajo.

Así que en efecto, se iban a quedar un rato más en el agua, siempre y cuando ella estuviera a gusto, por supuesto. Ya que las olas eran bajas, y que el mar estaba en calma, haciendo su espalda de rompeolas, si es que a esas pequeñas elevaciones de agua se les podía llamar así tan siquiera, por lo que ella estaba sentada sobre él, de tal forma que no es que ella estuviera demasiado expuesta a nada que fuera molesto más allá de la mano de Baltazar, que ahora parecía un poco más cómoda en el glúteo ajeno que antes y todo. No diremos que fuera molesto, pero caramba, ojos tenía, y si en algo coincidían todos los cuchicheos que había escuchado sobre Riven, era en que aquella parte de su cuerpo en concreto era objeto de deseo.

Y ahora estaba entre sus manos. En el agua, juntos, de una forma curiosamente romántica y empalagosa. ¿Y por qué cambiar de posición cuando podían disfrutar de la compañía que se ofrecían a solas?

Fue que poco a poco retiró sus labios, porque quería hablar, y quitarse el pelo que había acabado desperdigado por todo su rostro, fruto de los violentos movimientos con los que se había arrojado al agua. Eso fue lo primero que hizo, volviendo a recogerse el pelo, que ahora había quedado pegado por el agua y completamente mojado.

-Riven. Si por un casual… Llegase de verdad a haber algo entre nosotros.
-y no dudaba que así sería si las promesas que hacía poco rato le había dicho la joven eran reales- Quiero que me jures otra cosa. Que… Cuando yo me jubile -cosa para la que quedaba poco, pues su cuerpo estaba al borde de llegar a lo que él consideraba el punto de no retorno- Volveremos a hacer esto cada día. -y es que le había gustado la sensación de estar con ella en la playa. Y no le importaría haber seguido con ese beso por otras tantas horas- Sin que nadie nos mire. Solos tú y yo.
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Mensaje por Riven Leisser el Lun Jul 27, 2020 7:56 pm

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Tal y como había dicho no había tenido la suerte de disfrutar del mar, de alguna de las playas de la propia isla, y esto había sido así desde el momento en el que llegue a Sunflower. Pues como imaginaran viviendo en el interior del inmenso territorio que es actualmente Rusia no había tenido ni tan si quiera la oportunidad de ver el mar. Salvo la excepción que seria ver aquella inmensa masa de agua en fotografiás pinturas y puede que algún vídeo.

Ahora ahí estaba zambullida en el agua marina entre los brazos de quien había sido mi superior. Y seguía siéndolo, sin embargo, aquel momento era en parte el resultado de mi arrebato de sinceridad,  unas palabras que tras meses habían tomado forma. Primero admiración, después cariño y cuando quise darme cuenta la única linea que me separaba de estar enamorada y no estarlo era tan solo un paso, admitirlo.(Algo que no había sido precisamente fácil pese a lo que para otros pueda parecer).

Era tan extraño como impresionante, el movimiento del agua aun con la firmeza de Baltazar daba miedo. Que diera miedo no significaba que lo tuviera, puede que de estar sola no habría sido capaz de disfrutar ni un solo segundo del baño, pero en este caso y con la compañía que tenía. Una compañía a la que no podía quitarle los ojos de encima.
Su mano termino en uno de los lugares que nadie se había atrevido tocar. Si exacto alguien había llevado su mano a ahí, siempre pensé que el día que alguien se atreviera a tocarme el culo se llevaría mínimo un buen puñetazo, pero no era el caso, por supuesto. Para empezar de sentirme incomoda lo diría y no, no era precisamente “incomodidad” lo que sentí en ese momento, por mi podía dejar su mano ahí tanto rato como se le antojase.

Quizá era por mirarle tanto rato, puede que por el beso o quizá por la cercanía. A cada segundo que pasaba más y más cerca queria estar de él. Esa sensación tenía otro nombre, pero en ese momento en mis acciones se tradujo con una bajada de mi mirada. Si podría ver el agua pero no era eso lo que buscaba concretamente mirar era más bien el curioso efecto que suele tener la ropa mojada, y no era la propia la que miraba.

Al escuchar el sonido de su voz volví a mirarle a los ojos al instante, nerviosa pero atenta a lo que fuera a decir, sin tardar apenas en responder, con un discreto nervio, estaba tan cerca, me hacía sentir tan nerviosa pero al mismo tiempo era la sensación más cercana y agradable que recordaba haber tenido con alguien.-Estés jubilado o no tienes mi palabra de que te acompañaré hasta aquí siempre que quiera y me lo pidas.-Y no me arrepentiría de ello, aun si me lo pedía cuando estuviera agotada por un mal día, lo haría encantada. Un día malo, un día bueno, no importaba, disfrutaría del tesoro que era la compañía de Baltazar y lo cuidaría tanto como me fuera posible.

Muy bonitas mis palabras pero había algo más en los que estaba pensando. Inexperiencia más que timidez. ¿Quizá podría hacer lo mismo? Si por un momento pensé en bajar la mano y...no, no, no era lo mismo ¿Me estaba sujetando solo no? ¿Podría hacerlo o sería raro? Mientras pensaba en ello mencionar que el rubor se hizo presente mientras que entre mis dudas no fui capaz de más que de deslizar una de mis manos (pues la otra se mantenía sobre su hombro para mantenerme pegadita al ángel) por sus espalda, sobre aquella tela húmeda que se había pegado a la piel ajena, mientras con aquella sutil caricia intentaba imaginar como sería recorrer su espalda con mis manos sin ninguna tela que se interpusiera.




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Mensaje por Baltazar Farnese el Miér Jul 29, 2020 5:36 pm

Las promesas repletas de inocencia y un amor curiosamente… Lo llamaremos “tierno”, “rosado”, que le dedicaba la joven, eran suficientes como para hacer que hasta un leve rubor floreciese en su rostro, todavía demasiado tenue como para que fuera notable, pero ahí estaba, tal y como ella debería estar para esas alturas, algo avergonzado.

No por pudor, porque de eso no tenía ni un poco cuando lo que hacía era correspondido, por como podría deducirse ya que su mano se encontraba perfectamente situada en la nalga de Riven para alcanzar todo lo que pudiera de aquel perfecto y musculado glúteo, en un acto de curiosa lujuria que parecía ser correspondido por cómo las manos ajenas acariciaban su espalda. Dedujo él que la timidez del momento le hacía a Riven no bajar más, pero no la iba a forzar. Ya acabaría ella por armarse de valor y explorar un poco más, tal y como hacía él.

Pero mientras tanto, y ya que el agua comenzaba a volverse algo menos cómoda (o igual es que el contraste entre su calor y la templada mar era demasiado para él y prefería volver a tierra firme para seguir con aquel juego una vez se secasen), decidió levantarla poco a poco, cargándola entre sus brazos como si fuera una pequeña princesita.

- Vámonos a dentro, Riven. Empieza a refrescar un poco.

Y así hizo, saliendo poco a poco de aquellas relajadas aguas mientras la miraba, tan tímida, tan curiosamente tímida cuando la había visto mantenerse firme en situaciones de máxima tensión que ponían los pelos de punta a muchos otros oficiales. Tan dulce y gentil cuando sabía de sobra que nadie había podido coquetear con ella tan siquiera sin salir escaldado.

Ahora se dirigían los dos al interior de la mansión que alguna vez había visitado la joven, una mansión que ahora se sentía en parte más vacía, sin toda aquella ropa femenina que antaño poseyó por su compañera, sustituyéndolo por una pulcra limpieza que hacía que todo brillase. Pero no se iban a detener en el salón, al que se entraba con una puerta de cristal y hacía conexión directa con la terraza. Fue un poco más adelante, hacia el baño, un lugar que definitivamente sabía que su nueva invitada no había visitado de ninguna forma.

El baño. Ese lugar donde por alguna razón siempre surgía la magia, y que obviamente tendrían que visitar teniendo en cuenta que ambos debían de quitarse de encima la sal que pudieran tener por haber estado en el mar de Sunflower y así poder secarse en condiciones. Cambiarse de ropa también sería una opción, y quizá debería pensar de llevarse algo en ese momento para no acabar teniendo que ir con cautela hacia su cuarto medio desnudo para coger lo que fuera que se pudieran poner uno y otro.

Pero no, la emoción de tener un cuerpo femenino de tal belleza entre sus brazos quizá le estaba cegando un poco de más, por cómo fue ahí directamente, para dejarla tocar el suelo poco a poco. Un dato importante es que ambos estaban descalzos. Ya iría él luego a por los zapatos. Y se habían dejado los teléfonos, cosa que sería perfecta. No quería que nadie interrumpiese aquel momento.

Y cuando la tuvo en el suelo, llevó sus manos poco a poco a la cintura de ella, al punto donde terminaba la camiseta, para comenzar a levantarla poco a poco.

-No podemos permitir que te enfríes, ¿no? Tendrás que secarte si quieres estar cómoda para lo que puede llegar a pasar… Hoy.
-y tras decir eso, comenzó a subir sus manos, haciendo que el musculado cuerpo de Riven quedase todavía más al descubierto, en exclusiva para él- No quiero tener que estar preocupándome por los estornudos esta noche. -comentó, con humor, deteniéndose en el punto en el que vio que un poco del pecho ajeno comenzaba a ser visible- ...¿Quieres que siga?
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Mensaje por Riven Leisser el Jue Jul 30, 2020 4:16 pm

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En una situación como aquella incluso si me hubiera propuesto echarle azúcar a mi café habría contemplado la posibilidad. Puede que el ambiente, o puede que solo la efusión de aquel sentimiento que tanto me había esforzado por contener, como si más que un sentimiento amable y cariñoso fuera algo negativo, algo que debía guardarme por el bien de todos. Ahora tan avergonzada como nerviosa era como si eso que tanto me había esforzado por mantener a ralla explotara en forma de un primer amor sincero y que pese a la ceguera que suele causar yo misma calificaría como empalagoso. Podría decirse que era un nuevo descubrimiento, si había algo que me gustaba dulce.

-Como mi primer baño en la playa estoy satisfecha.-Respondí a su imperativo sobre terminar con el disfrute del agua del mar. Refrescar, no enfriase, estornudos, lo pensé en ese momento y con sus palabras más adelante. Pero primero fui cargada como una princesita, sobre eso, debo dejar claro que me resultaba tremendamente vergonzoso, sin embargo mi sonrisa no se borraba. Vergonzoso pero agradable, vaya si era agradable, no solo no tenía que molestarme en dar ni un pasito, también podía observar el rostro del ángel, seguir sintiendo sus manos sosteniéndome. Había mucho que mirar, incluso esa ropa totalme pegada a su cuerpo, podría haber aprovechado para echar más que una miradita a ciertas partes. No lo hice. Sus iris, hace un momento con la luz exterior tan claros y brillantes ahora tomaban una tonalidad más oscura. ¿Cómo iba a dejar de mirarlos? Eran lo suficientemente hermosos como para que no intentara mirar otra parte de su cuerpo y para que una joven del siglo XXI no se acordará de que dejaba su móvil por ahí abandonado.

Resultaba especialmente tierna su preocupación por mi salud. Puede que haya animales que aguantan temperaturas muy bajas, claro que como humana no recurría a ese tipo de prestigios constantemente. Si, podría resfriarme, no sería el caso. Eso no le quitaba lo tierno a su preocupación.
Y la mia, si mi preocupación era otra, ya en el suelo el mismo se dispuso a quitarme la prenda superior. Podría afirmar que me resultaba especialmente vergonzoso, pero siendo algo observadores el sujetador deportivo que se ocultaba tras la prenda no había sido el más discreto bajo la prenda húmeda.

Hubiera intentado decir algo simplemente no pude, mi atención estaba completamente en sus manos que se deslizaban elevando la camiseta.-Claro y te ayudo.-Tras mis palabras levante los brazos terminando de quitarme la prenda.-To también, tampoco quiero que te...ah...-Añadiendo aquellas palabras me giré muy decidida a hacer lo mismo y quitarle la camiseta pero digamos que al girarme mis ojos se abrieron como platos un “poquito” sorprendida por “algo”. Tome aire profundamente y acerqué mis manos temerosas al borde de la tela-Decía que...tampoco quiero que te enfríes-Y sin apartar la mirada (pese a que lo que podría ver encendería más mis mejillas) empecé a levantarla da la misma manera que el había hecho.




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Mensaje por Baltazar Farnese el Sáb Ago 01, 2020 7:09 pm

Sea pues, no iba a hacer él nada para cambiar aquella situación. No se le ocurría forma alguna de mejorar aquella situación, no teniendo su mente totalmente ocupada en intentar procesar cómo había llegado hasta esa situación. Quizá él no lo supiera todavía, pero el narrador le irá adelantando que posiblemente esa misma noche, le arrebataría la virginidad a otra mujer más de su curiosamente considerablemente largo historial. Xayah, Agatha, y algún par más. La cuestión es que Baltazar, por mucho que tú creas que aquellos actos con los que ahora la quitas la camiseta solo son un poco picantes pero no escalarán a más… Bueno. Lo sentimos, galán, pero tienes facilidad para hacer sucumbir, visto lo visto, y por cómo ella te había permitido seguir el juego tan directamente, posees además especial buena suerte.

Cuando terminó de retirar la camiseta de la joven, posó sus manos sobre el abdomen ajeno, un poco por debajo del punto en el que terminaba su pecho, y ascendiendo poco a poco las yemas de sus dedos hacia el top deportivo (que curiosamente, se imaginaba que llevaría Riven y no solo por verla transparentarse bajo el agua), introduciéndolos poco a poco por debajo de la tela para comenzar a retirarlo.

La escuchaba hablar, sí, pero parecía más ocupado con aquello que por darle una respuesta. Su respiración parecía haberse acompasado con el agitado ritmo que su corazón llevaba, y por una vez, para bien. Vio que ella se había girado, y tenía intención de imitarle. Pero estaba demasiado ocupado con sus manos levantando poco a poco la tela como para dejarla. Usó su diestra para volverla a girar, para que se mirase a sí misma al espejo.

-No me voy a resfriar. Estoy acostumbrado
-aseguró, mientras seguía levantando poco a poco la tela para terminar por quitarla. Dejando al descubierto que… Riven solía desaprovecharse a sí misma bastante. Hasta su labio inferior cayó, haciendo con ello una especie de “o” con la boca que mostraba perfectamente lo muy impresionado que se quedó al verla al natural- ...No me esperaba esto. -quiso decir algo, pero todo lo que se le ocurría era demasiado… Virulento, para su gusto- ...Son bastante grandes -comentó, para luego dejar escapar una breve risilla, una de esas que muestran la comodidad con la situación en la que se encontraba- Me gustan. -y eso era algo que podría deducir Riven sobre los gustos del ángel mirando cuáles habían sido sus exparejas más recientes, por cierto, y en qué destacaban entre todo lo visual- ...Riven.

Parecía costarle hablar, aun cuando sus movimientos eran firmes y no daban ápice de mostrar la menor inseguridad. Se movía con cierta firmeza, intentando marcar con sus movimientos a la contraria y restrigiéndole parcialmente el movimiento a ella según lo que le interesaba hacer. Intentaba mostrarse dominante, pero no invasivo, moviendo de forma casi inconsciente la rodilla hacia las piernas de ella para hacerse paso poco a poco, y dejarla todavía más expuesta. Sus manos, a su vez, bajaron hacia ahí, posándose en el cinturón que llevase la joven o en el propio botón.

Por si alguien lo dudaba, había sido suficientemente delicado como para dejar la ropa bien puesta, dentro de lo mínimo posible, a un lado de la pica del baño. Y quería seguir quitando, por supuesto.

-¿Nos bañamos juntos, Riven?
-preguntó, acercando sus labios hacia el cuello ajeno, para dejar ahí un pequeño beso a un lado- Solo si quieres, claro. Aunque supongo que ni tan siquiera hace falta preguntar.
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Mensaje por Riven Leisser el Mar Ago 04, 2020 7:09 pm

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¿Cuantas personas habrían querido terminar en una situación parecida conmigo? Sería cumplicado y un poco pretencioso hacer una lista. Era virgen pero no tonta y una puede notar en la forma de actuar y en la mirada de otros cuando parecen tener intenciones más allá de una amistad, y podía confirma que incluso algún compañero de trabajo había intentado algún tipo de coqueteo conmigo, y ya puestos a hacer mención comentar que el ultimo que lo intentó (sin éxito) parecía tan cegado con sus propios intereses románticos o no tan románticos que hasta parecía olvidar la diferencia de rango entre ambos.

Pero en este momento no tenía la mente en aquel lejano y desagradable reencuentro, estaba más pendiente de quien me acompañaba en aquel baño, la persona que me había despojado de mi prenda  superior y que sin darme la oportunidad de imitarle me volvió a girar sin detenerse. Ese alguien a quien pase a mirar haciendo uso de lo que reflejaba el espejo. Mirarse en el espejo puede ser algo de lo más ordinario y cotidiano, sin embargo mirarse en el espejo junto con alguien y en una situación tan concreta era realmente extraño casi parecía que esa mujer del espejo no era yo. Si era yo. Pero digamos que esa expresión que dibujaba en mis rostro al tacto de las manos contrarias sobre mi pecho no era precisamente algo que hubiera visto antes, siendo más concretos ni si quiera era algo que hubiera sentido con anterioridad.

Nada terminó ahí, pocos segundos después no solo me había quitado la camiseta, también el sostén, algo a lo que por supuesto había colaborado haciéndole más fácil quitármelo. Si antes no me reconocía por mi expresión ahora menos aun con aquella parte totalmente expuesta, incluso pasó por mi cabeza la idea de cubrirme con mis manos, pues no es raro que una sienta cierto pudor, al menos las primeras veces que se encuentra en una situación así, y si algo hizo que no hiciera lo dicho fueron sus palabras.-Ah...gracias, supongo.-¿Qué más podría decir totalmente avergonzada y sorprendida, claro que si no pasará media vida usando sujetador deportivo incluso cuando no iba a trabajar puede que saber que bajo ese sujetador ocultaba unos atributos totalmente desarrollados no hubiera sorprendido tanto. Aunque igual lo prefería así.

Llegados a ese punto no tarde en cerrar los ojos, incapaz de calmarme, todo lo contrario. Manteniendo el sonrojo, acelerando mi respiración y totalmente presa de las manos contrarias e incluso haciendo que mis piernas cedieran dejando pasó a la rodilla ajena. En una situación normal al escuchar su pregunta no solo habría asentido puede que yo misma me hubiera acercado para abrir la llave del agua, claro que ahora, entre sus manos no iba a moverme o hacer por alejarme ni un centímetro.
Tras la pregunta mencionada volví a abrir los ojos, sin dudar ni un momento en la respuesta.-Si, si que quiero. Pero solo con con la condición de que me bese otra vez-¿Y que otra cosa iba a pedir? Consciente de lo que me ocurría pero tan perdida en como calmar exactamente aquel sentimiento efervescente que no paraba de aumentar a cada roce de sus manos.



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Mensaje por Baltazar Farnese el Miér Ago 05, 2020 5:28 pm

El olor ajeno era suave. A pesar de la salina evidente por haberse adentrado de aquella forma en el agua, percibía la esencia que la propia Riven emanaba siempre consigo. Ese olor suave y delicado que la joven parecía intentar disimular con un aspecto aguerrido y un carácter demasiado rudo. Como si la feminidad fuera negativa, como si no quisiera que se le acercaran como ahora él hacía, recorriendo con sus labios el cuello ajeno con suavidad.

Con la nariz cercana, casi pegada, con los dedos atrapándola por la mejilla y moviéndole el rostro a un lado mientras la otra comenzaba a deshacerse del cinturón como buenamente podía. Dejaría que le ayudara con eso. No iban a necesitar pantalones para lo que iba a venir tras eso, por cierto, pero ya lo hablarían cuando estuvieran en la bañera.

-Quítate eso.
-dijo, para luego volver con ese juego de pequeños besos y quizá alguna que otra succión, porque por alguna razón lo de marcar el territorio de algunos, entre los que él se incluía- Todo.

Y aunque le encantaría hacerlo él, seguía con las manos ocupadas, ahora llevando una a la cintura ajena y luego trepando poco a poco hasta el que ahora resultaba ser prominente busto ajeno. Toca con las yemas, explora, pero no llega a apretar más de la cuenta. Es ese tipo de caricia que suele poner la piel de gallina y estremecer a cualquiera, por muy insensible que se crea. Y ya que la albina no parecía a su gusto suficientemente excitada, quizá con aquello la terminara de rematar. Pero lo necesario para aguantar sin hacer nada, al menos de momento.

Sus labios siguen dando besos, hasta que ella estuviera totalmente desnuda. Solo entonces, posaría sus manos en los hombros ajenos, y levantaría su atención del cuello ajeno.

-Eres preciosa, Riven. Nunca lo olvides. Eres bella como la visión de un alba en Nápoles. Con los viñedos alrededor y el cantar de los grillos como melodía. Te llevaré algún día para que lo veas. Pero, hasta entonces… -ahora con su recién desenvuelto bombón, señaló hacia la bañera, para acabar por moverla poco a poco hacia allá. Su intención es que se fuera acomodando, pues a él le quedaba mucho que quitarse todavía. En cuanto la otra se alejara un poco, empezaría por la camiseta, dejando así su curiosamente esculpidos músculos al descubierto. No eran exagerados, ni inhumanos. Una cosa bastante adquirible, similar a la constitución de un bailarín, pero algo más trabajada y dura en todos lados. Abdominales marcados, pectorales relativamente prominentes, pero sin excederse. Todo dentro de una especie de “convergencia” y perfecto encuadre- La señorita tiene algunas cosas que ver.

Si es que no se había visto ya con lo marcado que había quedado todo fruto del agua todo lo que se tenía que ver. Pero aun así, se quitó personalmente el cinturón, para luego dejarlo a un lado. Curioso que estuviera dejando toda la ropa relativamente bien colocada a un lado, pero las manías no se le iban a quitar ni cuando tenía a semejante mujer en la bañera.

-¿Es la oficial suficientemente valiente como para retirarle el pantalón a su superior o voy a tener que hacerlo personalmente?
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