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Mensaje por Riven Leisser el Lun Jun 22, 2020 8:13 am

La Noche. Silencio. Solo... Corre.
La Noche. Silencio. Solo...Corre.|Alternative Universe| Privao con el cerdo de Apofis K4OxZLTTodo lo ocurrido en esta tema es un universo alternativo y no tendrá repercusión en el personaje ni el resto de tramas.
Riven Leisse & Apofis Misr
Muchas ya deben de saber lo que ocurre cuando apenas despues de tomar algo de cenar comienzas con algo relacionado con el trabajo, bueno no tiene que ser algo de trabajo, puede ser algo relacionado con el dibujo quiza algo que leas, algo que estés escribiendo o...hasta un videojuegos. Claro que, estaría de más aclarar que este ultimo no era mi caso, y no por tener algún tipo de problemas con ellos, pero digamos que no son lo que mejor se me da. Bien pues en mi caso, esa noche solo había estado algo sumida en algunas de las notas de mi padre, leyendo lo poco que podía descifrando otro poco, era un detalle que después de desaparecer sin más me hubiera dejado algo que pudiera considerarse un poco útil para mi trabajo, notas de a saber que cosas con las que se había encontrado mi padre, sin embargo no estaban escritas con algún código. Y entiendo que lo hiciera, pero ya podría haber dejado alguna pista más que solo eso.

¿Qué hora era ya? No lo sé, eso no era importante, lo importante era que ya había conseguido algo, ese pequeño titulo para cada una de las hojas...¡Ya sabía lo que ponía ahí! Claro que...para el resto del texto no servía, bueno era algo, no desesperé Riven, claro que leyendo aquellos nombres, pensaría que era algún tipo de broma o hasta que me había equivocado. Bueno vayamos a lo que nos interesa, o al menos a lo que más me podía interesar al leer aquellos nombres, muchos eran conocidos...algún compañero de trabajo Alik...si recordaba a ese general, ya habían pasado meses pero recuerdo que se intereso en uno de...llamemoslo “incidentes” uno de los incidentes que tuve, que más...¿Una cantante? Si, si ya se que aun conservo uno de sus posters en mi armario, pero nada significante, todos tenemos una adolescencia complicada. La mayoría de los nombres no me sonaban. Ya, ya se que mi padre estaba loco pero si no se llevo consigo todo aquello sería por algo, que digo yo que su tuvo tiempo de despedirse de mi en persona tuvo tiempo para recoger sus cosas, eso lo dejó a propósito. Lo admito si había un nombre más que reconocí Apofis Misr un señor algo extraño que había visto en el trabajo, no porque fuera poli claro que no, aunque era algo extraño no era más que alguien dedicado a los libros, si no recuerdo mal trabajaba en la universidad, claro que no había tratado con el directamente ¿Por qué mi padre tenía ese nombre también ahí escrito?

Ahora que tenía una parte estaba más motivada para seguir hasta tal punto de ni si quiera sentía sueño, no nada de sue...

Un fuerte sonido que casi se extendía por la enorme casa en la que ahora vivía interrumpió mis pobre pensamientos, era ese reloj, un enorme reloj que había en la biblioteca personal de mi padre, si un reloj de cuerda, puede que sea bonito y quede bien, pero créanme, no es divertido acordarse de darle cuerda a esas cosas, no es algo muy complicado pero es fácil olvidarse de hacerlo. Y a mi no se me había olvidado darle cuerda y con la llegada de las doce de la noche sonó repetidas veces. Y con ese sonido y sabiendo lo que significaba decidí hacer lo que un Leisser debía hacer, ser responsable y dormir.
Sin prisa me estirasé sobre la silla del escritorio, recogí todos aquellos apuntes, apague la luz y me dirigí a mi dormitorio, antes que en tres pasos ya estaba en la cama y ahora hasta tenía que subir escaleras, aunque ya hubieran pasado semanas, acostumbrarse a aquella nueva vivienda estaba convirtiendo en un suplicio. Y sin más me metí en la cama, cerré los ojos y...

No.

No podía dormir, di una vuelta, dos...¿Por qué no podía dormir? Me sentía...inquiera ¿Quizá por aquellos nombres que había leído? No, aquello no significaba nada, no era motivo para no poder dormir. Tras unos largos quince minutos desistí, salí de la cama de nuevo y puse sobre mi delicado pijama de... no les hablé de mi pijamas, si lo sé no soy una fanática de la moda ni de la ropa pero aquel pijama era cómodo y bonito, estaba compuesto por dos piezas, unos shorts rosita pastel con un adorable estampado de gatitos y una camiseta de tirantes con un bonito dibujo grabado del mismo gatitos de los estampados con un poquito de brilli brilli y una frase demasiado “ñoña” para decirla, lo dejaré a su imaginación del lector.
Iba a bajar a la cocina, claro que antes tenía la cocina a 5 pasos, ahora tenía que bajar unas enormes escaleras y para un trayecto tan largo me puse una bonita bata para evitar morir de frio por el trayecto, unas pantuflas de gatitos y...por si acaso eche el móvil al bolsillo, nadie me iba a llamar a esa hora pero...nunca se sabe.

Detalles....ah si, como algunas quizá ya sepan no necesité encender la luz, tan solo desearlo y mis ojos se adaptaban a la oscuridad mostrando con ello una pupila rasgada similar a la de un felino. Los gatos no ven tan bien como nosotros cosas como ciertos colores pero en la oscuridad me ahorraban encender las luces. Si no viviera sola quizá daba un poco de mal rollo cruzarse conmigo por la casa sin que encendiera las luces, claro que vivía sola así que...¿Importaba?
En la cocina me prepare...si...justo eso, algo que podría llamarse una sopa de hojas en este caso una tila, era de noche, estaba sola en casa, nadie sabría que esta Leisser toma el tipo de sopa de hojas que uno usa para calmarse y ayudarse a dormir. Y con mi tacita llena de esa infusión calentita salí al jardín, ahora que tenía jardín que mejor que utilizarlo.
El jardín era como el resto de la casa, innecesariamente grande, con cosas que jamás usaría, quizá si tuviera visita podría llegar a tener algún uso todo aquello, una piscina que jamás iba a usar, y una cantidad innecesaria de setos y flores que solo terminaban siendo un gasto en un jardinero...por otro lado...aquello tan caro de mantener puede considerarse uno de los lujos más agradables cuando eres capaz de hacer que tu olfato sea lo suficientemente fino como para notar ese dulce olor a todas horas.

Mientras tomaba mi cálida infusión lleve mi mano derecha al bolsillo sacando aquel dispositivo que cualquier joven que se precie lleva en el bolsillo, mi móvil. No voy a pararme a describir algo tan persona, bueno, puede que tuviera una imagen de fondo de pantalla con alguien rubio y ojos azules y puede que fuera mi compañero de trabajo y puede también quizá es probable que en esa foto mi rostro tuviera una de esas sonrisas que solo llego a esbozar un par de veces al año. Y hablaría un poco más sobre esa fotografía pero esta noche el viento era especialmente desagradable, me gusta la brisa, no soy de esas que tienen el pelo tan largo que al mínimo viento ya parece que comen cabello pero si que era desagradable, una brisa no muy fuerte pero constante, algo que sin duda podría describirse como molesta. Y puede que algo más...¿Por qué me sentía tan incomoda? Incluso llegue a escuchar algún ruido, lo normal cuando tienes jardín y hay viendo, un murciélago, algún animal o simplemente el ruido de las hojas o las ramas al moverse con el viento...pero por algún motivo...me sentía incómoda algo no estaba bien.

No estoy loca, esto no es nuevo, hace casi un mes, desde que desapareció mi padre deje de sentirme observada, algo que llevaba aguantando muchos años, mi padre y sus trabajadores “raritos” y pensé que por fin podría hacer vida normal sin pensar siempre que me estaban observando. ¿Eso pensaba? Pues no, se supone que ya no me vigilaba nadie y sin embargo llevaba días sintiéndome incluso más incómoda que antes, quizá era eso lo que había terminado llevándome a aquella paranoia y pensar que el ruido de unas hojas era ¿Algo?
En busca de pensar en otra cosa mientras disfrutaba de mi tila nocturna en el jardín releí algunos mensajes, y no, no pienso decir que mensajes releía, solo dejénme con mis cosas y nada de preguntar ni mirar mi móvil.
Media Noche — Alternative Universe — Despejado

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La Noche. Silencio. Solo...Corre.|Alternative Universe| Privao con el cerdo de Apofis Empty Re: La Noche. Silencio. Solo...Corre.|Alternative Universe| Privao con el cerdo de Apofis

Mensaje por Apofis Misr el Lun Jun 22, 2020 1:11 pm



Las puertas del infierno no siempre se mantienen cerradas. Hay veces en las que sencillamente, aguardan a que alguien cometa un error. Ocasiones en las que por culpa del azar, solo porque una ficha se ha movido un poco de más, en las que no solo se abren, sino que parecen expandirse e invadir toda la Tierra. No necesitaban una justificación para ello, no necesitaban un por qué en concreto para arrastrar a alguien a los más horripilantes círculos del averno.

A veces, los emisarios del erebo se paseaban en el mundo de los vivos con total impunidad, haciendo gala de su poder y crueldad. Las campanas de la iglesia siempre sonaban a cada tanto, marcando el inicio de un nuevo cuarto de hora. El viento siempre sopla amable cuando la naturaleza  así lo quiere, y los animales pueden hacer de músicos en las oscuras noches con sus diversos cantares. Todo en el mundo parece obedecer el armonioso orden celestial, todo en el mundo parece intentar llegar a un punto de equilibrio. O así es, al menos, hasta que ellos llegan.

Son uno con la oscuridad, siempre lo han sido.

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier hogar y dedícate a mirar el espejo del baño de la casa. Cuando llegues al punto en concreto, acerca tu frente hacia él y míralo con detenimiento, firme. Apaga las luces, y cuando lo hayas hecho, recita un mismo nombre, una vez, y otra. “Daruma-san Ga-koronda, Verónica, Verónica, Baby Blue, Baby Blue”. Incluso siendo tú el más racional de los hombres, notarás que la puerta parece cerrarse tras de ti aunque ya lo estuviera. Aun cuando fueras el más valiente, notarás que ya no estás tan solo en tu hogar. El sonido de tu corazón te parecerá el de pasos, el agua al gotear te recordará a cualquier mal recuerdo. Los susurros de tus vecinos, o los sonidos que estos pudieran producir, ahora te serán mucho más claros.

No falla. Siempre notarás que estás acompañado. Entre tantos juegos, existe uno que parecía haberse olvidado, un nombre que tras la muerte de su hogar, se desvaneció. Ese nombre, era el de la Serpiente, el del Apocalipsis, el Cataclismo y el Eclipse. Apep.  

Un silencio incómodo brota cuando pronuncias ese nombre en voz alta. Querrás reírte, porque no sabrás qué demonios significa. Quizá deba echarte una mano y decirte su traducción al griego. Apophis.

Apofis.

Él no necesitaba espejos para aparecer, y al igual que el propio infierno, no hay puerta alguna que pueda detener su lenta pero imparable marcha. Con él, puedes saber muy fácilmente que está cerca. Porque escucharás campanas, y los pájaros cesarán su piar. Las cigarras volarán despavoridas, los grillos saltarán inquietos y las ratas saldrán disparadas de sus escondrijos, en dirección a donde no pueden ser vistas. Las cucarachas comienzan a agonizar poco a poco, y todo se torna muy, muy negro.

Él brotará de cualquier pared si se ha convocado su ira. No puedes detenerlo, y posiblemente, no lo veas venir. Esa vez, el demonio lo hizo en el propio cuarto de la joven. El completo silencio, sumado a su maestría para camuflarse, le permitió no ser visto en primera instancia, mientras la otra comenzaba a moverse por la casa. Pero él estuvo ahí en todo momento, en una esquina. Sus ojos no brillaron, su cuerpo era uno con la oscuridad hasta que ella salió por la puerta. Y fue entonces que todo comenzó.

El suelo se volvería completamente negro. En él comenzarían a aparecer horribles señales que advertían de su llegada a Riven. Letras, arañazos que antes no estaban y ahora adornarían el parqué,   mensajes en las paredes que carecían por completo de sentido. Y las campañas seguían tañendo, desde la aparente distancia, sutiles, pero presentes. Tenues, pero vivas.

Una larga sotana negra sería lo que llevaba el demonio para la ocasión, con una capucha que caía poco a poco sobre su espalda y se extendía hasta poco más que debajo de los hombros. Su rostro estaba limpio, totalmente pálido. No necesitaba máscaras para mostrar una palidez indescifrable, tal que córnea y piel no parecían ser distintas. Las venas se marcaban en su rostro, carmesíes y brillantes. Usando su magia, se había desfigurado por completo, haciendo que sus manos aparentaran ser escamosas y de áureo color mientras su rostro permanecía como hemos dicho. En una mano llevaba una larga guadaña, descansando, con su filo apuntando hacia el suelo y arrastrándose a medida que caminaba, dejando su larga marca por el suelo.

¿Dónde iba la bestia, qué iba a hacer? Solo miraba. Sin emitir el menor sonido, sin importar que la otra pudiera escuchar lo más mínimo, no sería visible, pues tan pronto como intentara mirar a la dirección en la que él se paseaba, desaparecería con la oscuridad y volvería a materializarse un poco más lejos. Pero lo peor estaba por llegar.

Clang, tañó la campana, esa campana que en realidad era su cola. Tañó cuando la otra salió al jardín, cuando la puerta se cerrase y le dejara a él en casa. ¿Que no la cerró ella con sus manos? “El viento” lo haría, pero el viento era su oscura magia.

De su sotana permanecían colgadas una serie de cadenas negras, que nacían de sus omoplatos y caían hacia el suelo, formando una capa de tiniebla al tocarlo y dejando tras sus pasos aparecer también un humillo negro.

Apofis no entendía de piedad, no entendía nada que no fuera el beneficio propio. Pero no parecía que tan siquiera fuera un humano en ese momento. Solo una bestia que estaba empezando a esperar para su caza. Tras la pantalla de aquel ominoso aparato (el móvil), Riven podría ver que el jardín estaba deshumanizándose poco a poco. Los animales estarían huyendo, tal y como he dicho. El sonido de los insectos comenzaría a desaparecer. Una alfombra de artrópodos muertos comenzaría a aflorar en el suelo que no cubría el césped, animales que simplemente salían de sus escondrijos para decidir morir en el sitio. No era algo perceptible, a no ser que te fijaras. De los bordes del césped, estarían brotando esas criaturas, todas sin moverse lo más mínimo.

Y la campana seguía tañendo, con cada vez más fuerza.

Una fría brisa acariciaría en ese momento a la joven, una brisa negra como la propia noche, que rozaría sus labios, su cabello, sus mejillas, nublando la vista que pudiera tener la mujer por unos segundos como si se tratara de niebla. Y si por unos segundos hubiera alzado la cabeza de esa pantalla, quizá por curiosidad, ella hubiera visto una firme silueta justo delante, a unos cinco metros de distancia, que aparecería con la niebla y desaparecería cuando esta dejara de cubrirle el rostro, a los pocos segundos. La silueta de alguien alto, totalmente delgado, de manos largas y que tras de sí sostenía una vara larga. La silueta alzaría poco a poco su dedo, dejando la larga manga de la sotana caer mientras aparecía su largo índice, que antes había estado cubierto con la tela, apuntándola, tembloroso como el de un esqueleto que intenta erguirse en pie por el efecto de hilos.

Pero la silueta había desaparecido. Y también lo hizo el sonido de la campana, dejando en su lugar el más frío silencio. Esa clase de silencio que solo empeora las cosas, que preferirías no tener. Ese silencio que parece haber siempre en el momento previo a lo peor.

Si Riven, en ese momento, hubiera hecho lo único racional, que era buscar un refugio seguro en su hogar… Hubiera hecho lo correcto. Porque esa silueta hubiera vuelto a aparecer, a la otra punta del jardín, lo suficientemente lejos para que solo pareciera un punto en la oscuridad, pero también lo suficientemente cerca para que se viera que se estaba acercando.

Cerrar la puerta tras de sí hubiera sido la mejor opción.

Luego girarse poco a poco y encender la luz hubiera sido algo muy coherente.

Quizá ir a la cocina, armarse con un cuchillo, pareciera un acto muy racional. Pero si hiciera eso, vería que los cuchillos habían caído sobre el suelo, clavándose cinco de ellos en una punta, y uniéndolos un hilo rojo, que los entrelazaba para formar entre ellos el pentáculo de cinco puntas.

En medio del pentáculo, había una fotografía, Riven hubiera encontrado, de querer mirar, seis ya usadas, junto a un dado rojo que marcaba el mismo número, y una pistola completamente destrozada.

¿Y si ella hubiera decidido ir mejor al comedor, sintiéndose más cómoda en un lugar grande? Pues lo que hubiera encontrado sería un gigantesco mensaje en la pared. “Cocina”.

¿Y si hubiera ido al baño? En ese caso, si quizá su vejiga no lo estaba aguantando todo demasiado bien, hubiera abierto la tapa del baño y encontraría que el agua ya no era cristalina. Era como la misma sangre que decoraba ese espejo, ese espejo en el que había un mensaje en rojo. “Cocina”.

Si Riven supiera de magia, si Riven supiera de brujería, sabría que algo más debía estar pasando. Quizá deduciría que era la presencia de un ente hostil lo que estaba jugándole una mala pasada. Y si ella supiera de brujería, se hubiera armado de sal y hubiera hecho un círculo alrededor de sí misma. Pero como deduciremos que Riven no sabe de esoterismo, Apofis le había hecho el favor.

Justo delante del pentáculo, había un círculo hecho de sal, que supuestamente espantaba los malos espíritus. Y en medio de este, una vela y un mechero, supuestamente para encenderlos. Junto a un dado negro. El círculo estaba colocado de tal forma que se podía ver el dado rojo de en medio del pentáculo a la perfección.

Y un mensaje en una nota de papel que debía ser bastante claro.

“Solo la sincera luz de una vela roja, y el manto de la sal, te permitirá salir viva esta noche. Adéntrate en el círculo, o atente a las consecuencias. Tira el dado, una vez tras otra. Y yo tiraré mi dado. Tú no me verás en ningún momento. Si sacas una mayor puntuación que yo en algún momento, el juego se interrumpirá y podrás salir de aquí. En caso de que no lo tires por más de veinte segundos, el juego se interrumpirá y habré ganado. Si el dado sale del círculo, el juego se interrumpirá y habré ganado”.

La tinta era roja, y el papel apestaba a una fragancia extraña, una fragancia oriental, invasiva y que a cualquiera que no estuviera acostumbrado le resultaría pestilente. Había otra cara en el papel.

“Huir o pedir ayuda supondrá mi victoria.”

Una rápida respuesta. No podría.

Porque una vez pusiera un solo pie dentro del círculo, la sal se volvería roja, y las luces se apagarían súbitamente en caso de que hubiera decidido encenderlas. La campana tañería como advertencia.

Solo el silencio acompañaría a Riven en esa sesión.
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La Noche. Silencio. Solo...Corre.|Alternative Universe| Privao con el cerdo de Apofis Empty Re: La Noche. Silencio. Solo...Corre.|Alternative Universe| Privao con el cerdo de Apofis

Mensaje por Riven Leisser el Mar Jun 23, 2020 2:18 pm

La Noche. Silencio. Solo... Corre.
La Noche. Silencio. Solo...Corre.|Alternative Universe| Privao con el cerdo de Apofis K4OxZLTTodo lo ocurrido en esta tema es un universo alternativo y no tendrá repercusión en el personaje ni el resto de tramas.
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¿Cuantas veces me había girado para comprobar mis espaldas? No las había contado pero creo que esta era ya como la tecera ¿La cuarta quizá? Cuando escuche cerrarse la puerta al jardín tras mi espaldas de nuevo gire ligeramente mi cabeza, tan solo un pequeño vistazo que tras un par de segundos terminaría con un suspiro y una sutil sonrisa en mi rostro con la que simplemente me reía de mi propia paranoia, y por esa extraña sensación de sentirme “observada” era ridículo era imposible que hubiera alguien a parte de mi misma en mi hogar. Y volviendo a darle por completo la espalda a la puerta volví a las dos actividades nocturnas a las que me dedicaba en compañía de la brisa, tomar aquella tila y revisar mi teléfono móvil.

Habría seguido hasta terminar de beber el contenido de la taza, vamos, lo que haría cualquiera, claro que escuchar por segunda vez  aquel extraño sonido si empezaba a molestarme, no solo por desconocer el origen también por la repetición del mismo ¿Qué clase de loco hace sonar algo como una campana a aquellas horas de la noche? Lo primero que pensé pues...sería un vecino, si ese sonido parecía venir de mi propia casa pero cuando algo no tiene sentido para ti...ni si quiera eres capaz de ver lo más evidente, y de más cosas no me di cuenta, lo sé, soy una persona observadora, pero entenderéis que en la seguridad de mi hogar y a esas horas en las que el sueño empezaba a imponerse no era la persona más perspicaz. Incluso vi algo ¿Qué era eso? Nada claramente no era nada parpadeé para que mis ojos se acomodaran a la oscuridad fuera de la luz del aparato pero no vi nada, solo un jardín vació y como siempre, era incapaz de ver algo que no fuera a lo que estaba acostumbrada.

Separe mis labios para bostezar, estaba algo inquieta, eso no era nada nuevo y  la seguridad que me daban mis sentidos animales serian en este caso algo que jugaría en mi contra. Sin mostrar mucho más que cierta incomodidad deje mi dispositivo en el bolsillo de mi bata y me dirigí a la cocina cerrando tras de mi la puerta al jardín que concretamente hoy no parecía el más amable, ni unos grillos cantando, ni un par de luciérnagas por ahí, había días donde mis visitas nocturnas por el jardín eran más agradables. Esta vez al volver a la cocina para dejas la taza tampoco me molesté en encender la luz. ¿Para qué si no era necesario? Bueno pues si que lo fue, o mejor dicho pensé que lo era al ver algo extraño en el suelo de mi cocina, digamos que ese fue el momento en el queme cambio la cara, me cambio la cara y se me calló la taza al suelo y con el sonido de la cerámica romperse el miedo empezó a dejar de ser algo de lo que me reía pensando que era mi propia imaginación a ser algo real. Casi como algo automático encendí la luz., como ya había aclarado veía con suficiente nitidez en la oscuridad como para no necesitar hacerlo, sin embargo, y esto es una realidad la gran mayoría se siente más seguro cuando las luces están encendidas.

¿Tenía miedo? Bueno pues como humana (o casi como una) claro que lo tenía, pero pese a lo extraño de la situación y valorando la situación aun no tenía motivos para sucumbir al miedo ni tan si quiera para entrar en pánico. Claro que esto ultimo no era algo que un Leisser que se precie haga jamás. Tomé aire y tras ello me incliné para recoger antes que nada lo trozos de la taza rota que había terminados esparcidos por el suelo, los trozos más grandes dejándolos sobre la encimera. Y tras ello me dispuse a actuar como aquello, lo que fuera que había estado jugando con mis utensilios de cocina quería, leí  esa nota con especial atención, la leí una vez, la leí dos veces, e incluso uno tercera antes de dejarla en mi bolsillo e intercambiarla por mi teléfono móvil.
Con mi habitual rostro serio y aparentando una calma que no sentía hice uso de nuevo de este útil dispositivo para hacer una llamada, a alguien importante para mi, no era un familiar pero lo definiremos como a la primera persona a la que pensé en llamar, consciente de las normas escritas en la nota espere paciente mientras sonaban esos pitidos de llamada pero al otro lado del teléfono nadie tomo la llamada. ¿Qué esperabas? La gente normal suele silenciar sus dispositivos durante la noche, tendría que conformarme con dejar uno de esos incómodos mensajes en el buzón de voz.- Ah...hola, creo que no es urgente pero algo o...bueno, alguien se metió en mi casa y...creo que solo quiere jugar pero esto no me gusta, es algo perturbador. Sabía que no ibas a contestar, pero me hubiera gustado escuchar tu voz. Bueno ya sabes a partir de las doce uno solo dice tonterías, nos vemos mañana.- Y aun era tan optimista como para pensar que al día siguiente nos veríamos y me reiría de esto.

Y una tercera vez volví a dejar mi teléfono móvil en mi bolsillo, sin saberlo aquel pequeño aparato podría haber sido la clave para evadir esa amenaza, solo un par de toques en esa pantalla y podría hacer que el sistema anti incendios se activara que todos los grifos de la casa de abrieran, claro que, sin tener acceso a esa información y sin ser consciente tan si quiera del tipo de amenaza a la que estaba expuesta no tenía ni motivación ni la información necesaria para hacer aquello. Solo sabía que algo especialmente desagradable que se había metido en mi casa evadiendo mis sentidos quería jugar a los dados nada más ¿Realmente debía tener miedo?

Entre en el circulo y me senté cruzando las piernas.-Si solo buscabas una compañera de juegos pudiste pedirlo amablemente.-Argumente imaginando que fuese lo que fuere me estaba escuchando ¿Un monstruo? ¿Un fantasma? No podía saberlo, lo que si podía comprobar es que la luz que recién había encendido volvió a apagarse al entrar en aquel circulo de sal.-No me dejas más alternativas que jugar, esta bien juguemos. Pero en igualdad de condiciones, si tu me ves yo te veo.-Mientras hacia ese intento amable y exageradamente comprensivo (y no porque me sintiera mínimamente  cómoda, mi corazón parecería el de un roedor aterrado)-Y supongo que también comprenderás, que dado que me impones el juego, el premio para el ganador no será más que la satisfacción por la victoria-proseguí con mis palabras haciendo un gran esfuerzo por que mi tono de voz sonará sereno y tranquilo mientras prendía el mechero y lo acercaba a la vela, en ese momento fue cuando la llama del mechero iluminaba en la densa oscuridad de la cocina me daría cuenta de que tanto esfuerzo por que mi palabras fueran férreas y llenas de seguridad mi mano temblaba como la de una pequeña niña asustada.
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La Noche. Silencio. Solo...Corre.|Alternative Universe| Privao con el cerdo de Apofis Empty Re: La Noche. Silencio. Solo...Corre.|Alternative Universe| Privao con el cerdo de Apofis

Mensaje por Apofis Misr el Mar Jun 23, 2020 8:59 pm

La campana tañó dos veces, como una advertencia al escuchar aquella voz arriesgarse tanto como estaba haciendo. Apofis, si bien un buen jugador, que amaba rozar el límite de lo permitido en el juego, no era un hombre al que se le pudiera provocar. Riven estaba jugando con fuego, un fuego que no necesitaba aparecer para estar más presente de lo que ella podía creer.

Era fuego lo que además de la vela, estaba palpitando en el interior de Apofis. Desde allá donde estaba, las venas de su rostro se movían con virulencia, visibles por la palidez con la que había teñido su piel para la ocasión. Y parecía que la misma calidez, la vertiente pura y buena de la llama, brotaba en Riven mientras seguía hablando. Pobre, pobre mujer. No habría piedad para ella, ni lugar para despedidas. Fuera quien fuera el hombre o mujer al que se dirigían esas palabras, debería saber que acababa de perder su oportunidad.

Ella le convocó con esas últimas palabras, con esa petición de estar frente a ella. ¿Por qué una humana querría estar frente al demonio, por qué querría hacer frente al injusto juicio de la muerte mirándola directamente a los ojos, acariciando con el aliento la fría hoja de la guadaña tan cerca? Él estaba cerca, lo suficiente para escucharla, también para cumplir con su petición si de verdad esta era sincera. Pero antes, tenía que terminar con un par de preparativos más.

¿De dónde había sacado Apofis tanta sangre, cómo había podido pintar con sangre toda aquella mansión? Pues del cuello de más de un animal que había atrapado por el camino, animales cuyo cadáver cargaba él ahora en un saco que sostenía en su espalda y con la mano que no sujetaba la guadaña.

El saco, repentinamente, caería a la espalda de Riven. Y él habría desaparecido antes de que ella tuviera ocasión de girar el rostro tan siquiera. Por efecto de la gravedad, posiblemente, acabaría abriéndose parcialmente, permitiendo que el aroma a muerte invadiera la sala más de lo que ya estaba haciendo. Y la campana tañó, retumbando y permitiendo su eco expandirse por todo el hogar. Pero Riven podría notar que ese último tañido había nacido demasiado cerca de su cuerpo.

Quizá tendríamos que saber para este punto por qué el demonio estaba ahí, por qué demonios pensaba acabar con la vida tal y como aquella pobre y en un futuro desflorada hembra conocía. La respuesta era simple, tan sencilla y rudimentaria que hay a quienes les parecería desproporcionado, pero la lógica moral era algo que no figuraba entre las capacidades del demonio. Estaba ahí por venganza, para hacer daño a ese maldito que había inseminado a quien fuera la madre de la albina, y que hasta hacía poco, era un cazador al servicio del mercado.

Un hombre valiente, al que se le respetaba, del que no tuvo quejas ni críticas hasta que simplemente desapareció. De la noche a la mañana, sin avisar, uno de sus queridos hijos desapareció, una de las semillas que hasta ese momento le había servido para seguir en su búsqueda de la riqueza, ahora había desaparecido sin que él supiera por qué. Él, desde su escritorio y portátil, podía presumir de saberlo todo, al menos lo relacionado a su negocio. Pero aquello escapaba de su comprensión. Solo el cruel destino sabría por qué lo hizo. En cambio, solo él podría sentenciarle con el castigo que se viera conveniente. Diremos que Akali, su camarada de negocios, estaba lavándose las manos en el asunto y dejándole libertad para jugar como le apeteciera.

Él, por supuesto, estaba ahí para ejecutar. No era un juicio, no iba a haber posibilidad de lanzar alegato alguno. Su túnica era la del verdugo, no la del juez. Y su rostro era el de la muerte, no el de la justicia.

Repentinamente, una oleada de oscuridad estalló en la sala, una oleada que cegaría hasta al más nocturno animal. Pero esa ola duró menos de unos segundos, tras los cuales, ella podría ver que una mano recogía el dado que se encontraba en el interior del pentáculo.

Una figura alta, que se erguía en pie, habría aparecido frente a ella. Teniendo en cuenta que Riven permanecía sentada de aquella forma, el gigantesco cuerpo de Apofis (que superaba el metro noventa), debía imponer más si cabía.

La fina guadaña seguía en su mano, y en ella se sostenía mientras escuchaba a la otra terminar con aquellas vacías palabras. Arrogancia que arrebataría, pues aquellos comentarios eran los que intentaba una mosca lanzar contra la tarántula que la acababa de arrojar contra la más firme red.

Se sentó poco a poco, en el centro del pentáculo, apartando el arma (totalmente descargada e inútil, pues las balas estaban totalmente vaciadas y de ellas solo quedaba la carcasa) para poder tomar asiento. Dejó la guadaña tras de sí, y luego, con delicadeza, apartó la capucha de su cabeza, para dejarla al descubierto.

Sus ojos parecían ser el único faro en la oscuridad que les envolvía, a parte de la vela, por supuesto, que iluminaba lo suficiente para que se viera el dado que quedaba entre sus piernas y el de Riven.

-...La victoria es la vida. La derrota es la muerte.
-apuntó, mientras tomaba su propio dado y lo lanzaba, empezando, como siempre, con la única tirada que podía lanzar él. Un seis. Luego, sacó de algún lado de la sotana un dado corriente, y lo lanzó. Otro seis. Simplemente para demostrar a Riven que el dado que estaba usando no estaba trucado- ¿Estás preparada, Leisser? -aquella palabra sirvió como muestra con la que dejar al descubierto lo mucho que la había estado vigilando- Un juego con la muerte, que Dios te envía.

No había expresión alguna en su rostro, ni parecía que en ninguna parte de su cuerpo hubiera movimiento, aparte de su mano, que tomó el dado y lo guardó de donde fuera que hubiera salido para luego recuperar el que prefería usar para jugar.

-Que el juego comience, Riven. Que tu alma, repleta de inocencia, choque con la mía, llena de odio. Que tus manos, vacías, tengan el honor de recibir la caricia de las mías
. -apuntó con su largo y cadavérico dedo al dado (por supuesto, fruto de la magia)- Desde lo alto de mi trono, he podido verte, una vez tras otra. Pero nada sé de ti, no. Solo Dios lo sabe. Y no es mi deber saber nada de ti. Solo debo conocer lo que tus tiradas muestren.
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Mensaje por Riven Leisser el Mar Jun 23, 2020 11:33 pm

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Puede que de saber que era exactamente lo que me había estado acechando  entre las sombras hubiera preferido no verlo, por otro lado, como era común entre lo humanos, donde evidentemente pe incluía me guiaba especialmente por el sentido de la vista, y eso que tenía el poder como para guiarme por otros sentidos, como por ejemplo el olfato, el que ya me advertía de una confusa mezcla de olores de diferentes animales.

Me sobresalte apartando aquel saco de muerte casi al instante, sobresaltandome por aquello de una manera que quizá no era la que uno esperaría. ¿Qué me ocurría exactamente? Empecemos recordando que hacia uso de sentidos animales, podía solo tomar una característica de un animal a propio gusto, y aunque me había esforzado y dedicado muchas horas en no terminar convertida en un gato de manera involuntaria, por otro lado si hablamos de animales matados recientemente, si hablamos de un olor tan fuerte a mi lado...no es como si no fuera capaz de controlarme, solo que tendremos que añadir algo más a la lista de elementos que me generarían incomodidad.(Claro que tras ver la figura del intruso que se había colado en mi hogar ese olor a sangre dejaría de ser tan relevante).
Espera, sobre esto hay algo más que merece ser mencionado, claro que no me di cuente en ese momento, pero dos orejas puntiagudas coronaron mi cabeza, similares a las de a las de un felino. (Lince).

¿Pero porqué? Era inevitable preguntárselo, y aunque no sabía ni si quiera que lo que había decidido atormentarme era un demonio ya imaginaba o podía especular con diferentes motivos. Y solo había dos cosas que pudieran atraer a algo tan aparentemente retorcido, mi trabajo o...mi padre. No sería la primera vez que por algo relacionado con mi propio oficio como policía me enfrentara a la más oscura y escalofriante de las criaturas, sin embargo, nunca habían venido a buscarme directamente. Y mi padre...estaba claro, mi progenitor era alguien problemático, alguien que se movía en un mundo totalmente apuesto al mio, y sin saber mucho detalle, si que sabía que mientras estaba en la isla siempre tenía a alguno de sus subordinados custodiandome como si de una cría fuera. De ser este segundo caso y no el primero...sería la primera vez en muchos años que estaba acuerdo con algunas de las decisiones de mi padre.

De un momento a otro deje de ver, como si existiera algo en el propio aire negro, como si la oscuridad tuviera forma y me impidiera ver, aun teniendo aquellas pupilas felinas. Cuando por fin pude volver a distinguir los objetos que tenía a mi alrededor había algo más, algo enorme, parpadeé alzando la mirada contemplando aquella enorme figura cuya presencia ya parecía ser suficiente como para arrebatar el aliento. Y de alguna manera seguía esforzándome por mantener un rostro que al menos intentara aparentar cierta calma. Aterrada y sin embargo no era capaz de apartar la mirada...¿Acaso ese temor era preferible al desconocimiento? En la mayoría de los casos diría que es mejor saber a que te enfrentas...en este caso no lo tenía tan claro, ni mi imaginación en un día muy creativo podría imaginarse algo que se aproximase a lo que tenía frente a mis ojos.

Tras unos segundos en los que no había sido capaz de tomar aire esboce una sonrisa amable, siento si no era la más sincera pero el intento estaba ahí, pues lo que veía y lo que escuchaba no era especialmente agradable, es más es lo segundo más aterrador que había visto en mi vida, algo que sin duda estaba al nivel del propio terror que tenía hacia mi padre.

Tome el dado al escuchar su interrogante, la respuesta era NO. ¿Pero lo dije? Tampoco. No iba a admitir el evidente terror que me invadía, demasiadas preguntas, demasiadas cosas que replicar. ¿Pero cómo iba a llevarle la contraría a aquello que tenía delante? Ya había decidido que le seguiría el juego por amabilidad y bueno algo de sentido común, pero aquello que decía que tenía que perder sonaba como lo más absurdo y retorcido.-¿Y qué dios iba a desear mi muerte? Joven, disciplinada y entregada a una noble vocación. He escuchado historias y cuentos de dioses crueles. ¿Cual de todos esos dioses le envía?-No, no tenía ganas de hablar, pero mientras lo hacia me mantenía ocupada, lo suficiente como para no pensar en la propia realidad y mirando aquellos dados que había tirado negué casi al instante. ¿Dos seis seguidos? Daba miedo si, pero con las normas que había dado era casi imposible que si accediese a jugar pidiera... una vela se consume lentamente y con sacar una vez un número más alto quedaba libre y me dejaría en paz ¿No? Pobre de mi que pensaba que aquello era un juego de azar y no una sentencia.

Tomando aquel dado con más fuerza de la necesaria como un intento de que mi mano no temblara al dejar caer  el pequeño objeto cúbico. ¿Qué número? Ni si quiera lo mire, daba igual el que hubiera salido, fuera cual fuese no serviría para acabar con esa angustia sensación, como si estuviera encerrada.-Para no saber nada de mi...sabe mi nombre,  mi apellido, e incluso donde vivo.- Añadí sin dejar que el silencio hiciera de aquel momento algo mucho más sobrecogedor.

¿Soy yo o empieza a hacer frio?
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Mensaje por Apofis Misr el Miér Jun 24, 2020 10:59 pm

Él se mantenía en silencio, impasible, creciendo y regocijándose en el miedo ajeno, disfrutando de esa primitiva reacción. ¿Qué otro sustento necesitaba un devorador cuando su corderito permanecía aterrado? Solo el miedo, solo el hecho de verla aguardar ante sus fauces por un ineludible destino, era suficiente para hacer que todo en su cuerpo se colmara de placer. Recordaría aquella noche como el amparo que necesitó para poder llevar a cabo su venganza, el punto y final a todo un relato que había estado orquestando para poder apoderarse de aquel cuerpo. Porque sí, a su parecer, aquello era un cuerpo. ¿Qué importaba el alma o las acciones cuando lo único que quedaría de ti tras la muerte sería el cuerpo, y eso cuando no se deshiciera en un túmulo de ceniza?

Dados y rostro. Dados y cuello. Dados y pecho. Dados y abdomen. Sus ojos iban moviéndose de lado a lado de esta forma, intermitentes, haciendo escrutinio de toda información que podía obtener de la contraria. Para empezar, ese pijama rosa, podía expresar cierto aprecio hacia lo femenino, sí, pero le extrañaba lo mucho que parecía chocar ese mismo color con lo que el resto de ella emanaba.  Esa piel, tostada (justo como a él le agradaban las mujeres, como las encontraba en su natal tierra), permitía entrever un trabajo físico ininterrumpido, tal y como lo hacían también los músculos y la dureza del rostro, que a diferencia del de las habituales señoritas que poblaban la isla, se mostraba un poco más rudo y firme. Aun cuando la había podido espiar con ropa de trabajo y ver que ir vestida como la sociedad esperaba de una dama era algo que no solía verse en ella, sí que había visto desde el primer momento una capa femenina en tan aguerrido cuerpo. Una mujer que parecía negarse a aceptar su propia debilidad a toda costa.

Ella había tirado el dado rápido, aunque no necesitó más que un segundo para ver que aquello no era un seis, por lo que él seguía tirando y ganando. También escuchó que ella preguntaba algo, vio cómo intentaba edulcorar sus palabras para que no sonara el miedo. Él sabía lo que todo aquello significaba, veía que tras esa máscara de valor, existía una niña cuya infancia fue extinta por el paso del tiempo, como todas las infancias hacían, pero que se negaba a crecer. Esa misma niña que hacía a cualquiera que la tuviera en su interior tener miedo al ir solo por un callejón, a querer acariciar a cualquier animal. Ese niño que todos nos negamos a ejecutar completamente, y que era una condena a su parecer para cualquier humano, porque lo volvía débil. Le hacía acordarse de que quizá había un monstruo en la cama, volviendo así a todo humano irracional ante la oscuridad, más abiertos a ser engullidos ante la invasión inefable de esta.

-Dios solo hay uno, y se manifiesta en millones de formas. Tal es su maldad, que engaña al humano haciéndole creer que pueden enclaustrarlo en una forma o idea. Pero no, nadie sabe nada de Dios, ni tan siquiera yo. Es una fuerza que vino antes del tiempo y del espacio, antes de que el caos fuera caos y que las ideas se formaran. Pero Dios no conoce de bondad o amor, al igual que tampoco conoce de actos crueles, pues para él, no lo son. -dictaminó, tajante, mientras tomaba su propio dado y comenzaba a mover su mano poco a poco, para dar al dado de una energía que no necesitaba. Solo con abrir la mano, el dado caería en el seis, y de eso era consciente. Pero le agradaba hacer creer a Riven que quizá lo que hacía lo estaba logrando con un juego de mano, no por su condición de afortunado demonio- Sin embargo, yo estoy aquí para cumplir con mi cometido, y es llevarte al infierno conmigo.

Su mano se abrió, dejando que el dado saliera disparado y acabara cayendo peligrosamente cerca del círculo de sal, casi rozando la misma, y mostrando, como no podía ser de otra forma, un nuevo seis. No le impresionó, por supuesto. ¿Pero sabéis la posibilidad que tiene un ser de lanzar tres seises seguidos? Una de cada 216 veces ocurre. Para ese entonces, cualquiera sabría que por muy poco trucados que estuvieran los dados (que no lo estaban, porque ante todo, él cumplía con su palabra y las normas del juego), las posibilidades de ganar quedaban reducidas a prácticamente cero. Solo era cuestión de tiempo que la vela se apagara y la oscuridad volviera a dominar la sala. En ese momento, él se abalanzaría sobre ella como una pantera, y no le permitiría ni tan siquiera moverse antes de hacerle entender que todo esfuerzo sería inútil.

-¿Y eso es algo? ¿Qué se esconde tras tu nombre, tu cuerpo o tu lugar de residencia? Mucho, tanto que me aventuraría a decir que quizá ni tan siquiera tú te conozcas del todo. ¿Pero quién podría hacerlo a tan temprana edad? -recogió el dado una vez dejó suficiente tiempo a Riven como para que quedara en claro qué había salido de él, devolviéndolo a su mano y aguardando pacientemente a que en el lapso de tiempo que le había permitido, veinte segundos, repitiera la jugada y lanzara una tirada que ni en cien años podría superar a la suya- Eres una niña, Riven, una niña que nació con el apellido incorrecto en un mundo que quería devorarla. Pero no te preocupes, este juego pondrá fin a tus miserias. -miró la deliciosa y exquisita pieza que estaba sosteniendo en su mano, pues aunque no lo pareciera, aquel dado era una obra de arte. Los puntos que simbolizaban el número eran en realidad de tallados cuarzos, y la negra superficie, por lo transparente que era, podía deberse fácilmente a estar hecha en obsidiana. Los bordes habían sido tallados para no ser demasiado burdos, y parecía una pieza de joyería más que un complemento para un juego como aquel- Irás a un lugar mejor. Estarás sentada a mi lado en tu primera cena como cortesana del infierno. Caminarás en procesión con el resto de penitentes almas que han caído en mi jurisdicción, empero, lo harás tomando mi mano. Simplemente sigue dejando el dado caer, Riven. Que tu derrota venga encadenada a otra, y cuando la vela se extinga, hazte una con la oscuridad que invadirá tu pecho y alma. Hazte una conmigo…

Se acercó un poco más a ella. Su rostro se mantuvo peligrosamente cerca del círculo de sal, sin llegar a traspasarlo. Pero Riven podría notar ahora el totalmente gélido y carente de calor aliento del demonio, ese aliento que invadía los pulmones como el humo más violento haría pero que parecía vaciarlos hasta su total congelación.

-Sé mi víctima.
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Mensaje por Riven Leisser el Vie Jun 26, 2020 5:43 pm

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Suele haber muchos caminos para llegar de un lugar a otro, o en este caso para llegar desde una introducción donde una humana trabajaba hasta media noche hata que terminaba siendo presa de una de la criaturas más nauseabunda de la isla. Aun no tenía claro cuales eran las intenciones de este extraño ente que había invadido mi hogar, pero al menos, y viendo que el único arma que llevaba había sido abandonada y apartada a un lado...¿Verdad?

A mi o a los dados, resultaba especialmente escalofriante su mirada, incluso termino por ser la que marcaba mi propia respiración, cuando su mirada se posaba en mi misma sentía tal presión, tal angustia que tomar aire parecía imposible y cuando miraba los dados, mi diafragma parecía mostrar más disposición para permitirme respirar, lo suficiente al menos como para no sentir lo desagradables síntomas de la falta de oxigeno. Y solo en esos momentos en los que parecía no mirarme directamente me fijaba en los rasgos contrarios, no tenía ni la mitad de experiencia que mi padre, pero fijandome, recordando algunas palabras de mi propio progenitor quizá terminar podría  identificar al menos superficialmente lo que tenía delante. Ropa negra, una daña y una piel tan pálida que si no era la de alguien que padeciera un trastorno de pigmentación en su piel era la de un cadaver, algo carente de vida, pero si estuviera muerto...¿Que sentido tenían aquellos capilares sanguíneos que se hacían visibles bajo su piel?  

Observando su tercera tirada, otro seis, casi parecía que por un momento me olvidara de aquel, terror, había algo más fuerte que la propia sugestión y los elementos de terror que hacian de mi la más vulnerable de los mortales. El mismo que en parte era la escusa para aquel encuentro, mi padre. Siempre le había escuchado, y pese a que tras mis dieciseis años había hecho grandes esfuerzos por enterrar todo recuerdo o emoción relacionada con ese hombre, todo seguía ahí incluidas las historias  que parecía inventarse como meros cuentos o anécdotas que no eran más que conocimientos que darme  sin hacerme del todo consciente de ello, claro que, sin saber que tenía delante toda información era nula, y puede que si no interpretara los números de sus tiradas como “el número más alto” podría llegar a especular con la verdadera naturaleza del que estaba frente a mi, dadas las circunstancias solo podía descartar las opciones que seguro no era y  afirmar que sus comentarios sobre el infierno estaban relacionados con su verdadera naturaleza.

-Dice no saber nada de dios, pero si que afirma que tiene maldad, que no conoce el amor y que tampoco conoce actos crueles...¿Acaso es posible ser alguien o algo lleno de maldad sin cometer actos crueles?-Como haría cualquier humana intente razonar sus palabras, incapaz de ello si es que realmente tenían un sentido tras de si, y no es porque sea “rubia” como dicen algunos, es más porque un humano esta limitado a ser eso, un humano y eso tambien pone unos propios limites a su propio entendimiento. Mirando tras mis palabras la siguiente tirada, viendo de nuevo ese número, tirada contra la que ni si quiera tenía sentido tirar, y si lo hacía era simplemente por seguir las normas, un empate no servía u ese dado de seis caras no podía ofrecerme un valor más alto. Al ver el tercer seis no hizo más que dibujar una mueca de disgusto en mi rostro y aumentar gradualmente mi temor, esa sensación de estar acorralada, como si estuviera encerrada en una habitación cuya única salida estuviera cerrada con llave.

-Claro que me conozco, y aumento mis conocimientos sobre mi misma gradualmente. Introspección personal, meditación y propia aceptación de mis debilidades y mis virtudes. Y mi apellido no es incorrecto, es la carga que me ha traído hasta aquí. ¿Acaso es amigo de mi padre y le mandó para atormentarme en otros de sus intentos por convertirme en los mismo que es el?-pregunte llegando a fruncir el ceño, estaba aterrada, más que antes al escuchar que mi apellido tenía un papel en todo aquello y eso solo me irritaba, mezclando la propia ira contra mi progenitor con aquel terror que producia fuere lo que fuese esa criatura pálida. ¿Y que era? Pues aun tenía mis dudas, adivina no soy, pero escuchar una segunda mención de eso a lo que llaman infierno, vale, no tenía cuernos, ni cola, ni apareció entre llamas como uno esperaría por todos esos estigmas a esa raza, ningún cliché, pero si una presencia tan pesada y unas palabras que harían a cualquiera catalogarlo como demonio, incluida yo misma.. ¿Pero que significaba aquello? Sus palabras aterrarian a cualquiera, incluso llegue a sentir como si mi propia sangre se helase...¿Acaso esos capilares sanguíneos que tan a la vista estaban en su rostro no albergaban calor alguno?

Un segundo, dos, puede que tres. Me había quedado paralizada casi como si fuera incapaz de tirar el dado, solo esperaba y esperaba dejando pasar algunos segundos más antes de volver a tirar a escasos segundos de que se cumplieran los veinte establecidos.--Sacar el mismo número tres veces seguidas es muy improbable. Se reduce a tan solo 0'4% y algo me dice que tu siguiente número será otro seis. Y esto, sumado a tu seguridad en mi derrota cuando las normas de tu juego dejan claro que sus posibilidades de ganar son...casi inexistentes me lleva a desconfiar. Sol aceptaré mi derrota si es capaz de ganarme de nuevo una sola tirada con mis propios dados.-¿Y esa seguridad? No no la había seguía sintiendo miedo, casi como si estuviera al borde del precipicio y mi petición fuera la ultima carta que me quedara por jugar pues si seguía sagando ese número una y otra vez, jamás podría ganarle. Y con mis palabras me levante sin llegar a salir del circulo sin aprobación a mi exigencia. ¿Algo me impediría salir? No...pero algo me decía que ese circulo era por algo más que por darle másambiente a su aparentemente amañado juego de dados.



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Mensaje por Apofis Misr el Sáb Jun 27, 2020 12:23 pm

Nunca fallaba, pues como siempre, pudo verse triunfante otra vez, a pesar de las preguntas que la otra dedicaba sin a su parecer utilidad alguna. Sus dados eran como fieras armas, pues siempre acertaban al lugar, al igual que la buena flecha disparada por el buen arquero podía alcanzar el rostro del enemigo o el auriga dirigía a su caballo a la más cruenta batalla. Con la misma gracilidad, él ganaba siempre, una vez tras otra.

Es en esa racha de victorias que él seguía moviendo sus dedos con delicadeza, acariciando los bordes de estos. El tiempo pasaba, tan rápido como lo hacían sus movimientos, movimientos que por supuesto, estaban predestinados a la victoria.

-Porque la crueldad sí la podemos experimentar, pero la maldad no es necesariamente cruel. Digamos que el mero hecho de permitir el dolor vuelve a alguien malvado, ¿no? ¿Qué acto hay más maquiavélico que el hecho de haber creado la capacidad de sentir odio? Si Dios fuera luz y no oscuridad… O si fuera alguna de las dos cosas, en realidad, cuando no lo que es en realidad, la Totalidad… ¿Cómo podrías justificar que yo sienta lo que siento? -alzó la mano poco a poco, en dirección hacia la hoja que ahora reposaba en el suelo, y la alzó poco a poco para apuntar con ella al  pecho de Riven. El tenue resplendor de la vela se reflejaba en el acero de la hoja, y al igual lo hacía la oscuridad, en una perfecta y harmoniosa mezcla entre blanco y negro- Si dios poseyera bondad, ¿cómo podría yo tener la necesidad de hacerte mía?

Tras aquellas palabras, bajó el arma, devolviéndola a su lugar y haciendo que se volviera a camuflar tras de sí con el frío manto de tinieblas que seguía danzando con gracilidad por la sala, o más que gracilidad, porque eso se podría considerar movimiento cuando no lo había, sería más correcto referirnos a ello como una solemne procesión funeral. No era danza, era más bien… Inquietante quietud a pesar del movimiento. ¿Cómo describirlo? Al igual que Apofis, o más bien, aquello que intentaba imitar el demonio, era el hecho vital de la oscuridad. Se mueve, existe, pero en realidad su existencia representa el final de las cosas, su “no-existir”, y nada sería más cercano a la total comunión con la oscuridad que ser parte de esta.

Era por su necesidad de ser considerado el mal en persona, que tenía en momentos así reflexiones como aquella. Sin embargo, poco importaba. Ya dejaría la filosofía para sus expertos, ya dejaría esas reflexiones para quienes a ello se dedicaran, pues su deber en aquel momento no era sino el de someter a la muchacha. Aquel juego era lo de menos, en realidad. Pasara lo que pasara, el destino de Riven ya había sido decidido.

En especial ahora, el demonio, que hasta ese entonces había estado absorto en sus tiradas, se percató de cierto detalle. La ropa de la contraria, que hasta ese entonces le había parecido un sencillo pijama, ahora poseía un elemento que le hacía inquietarse e incomodarse a partes iguales. Ahora sería un buen momento para recordar cierto detalle que marcaba a Apofis, un pequeño punto al que quizá deberíamos referirnos en este mismo instante. No le gustaba el rosa, esa horrenda deformación del rojo que solo parecía querer mancillar con su existencia la belleza del pigmento sanguíneo. Su rostro se deformó ligeramente en ese momento, arqueando cejas y labio para mostrar su disconformidad ahora que se había percatado.

Pero más asqueado se quedó ante la proposición ajena. Ofendido, acercó su mano a la guadaña, mientras las venas de su rostro se iluminaban por unos breves segundos. ¿Acaso le estaba llamando a él tramposo? Porque es lo que aparentaba. Pero no, caballeros. Apofis siempre sacaba el mismo número, el seis, hiciera lo que hiciera. ¿Tenía que interpretar la declaración ajena como un acto de valentía, o como un intento de usar un dado trucado? Muchas posibilidades se le ocurrían, y ninguna sería agradable a su parecer.


Durante unos segundos, él cerró los ojos, llevándose la mano que no sostenía la guadaña a la barbilla, rascándosela, meditativo, y haciendo con este acto que una nueva ráfaga del viento frío que  las tinieblas llevaban consigo.

-Tus palabras son demasiado arrogantes, mortal. No debes tratar de hablar de probabilidad cuando estás frente a un demonio. No hay probabilidad alguna, solo azar supremo, y caos. Aun así, Riven, te recuerdo las normas. El dado debe seguir cayendo cada veinte segundos. -dijo, mientras lanza el suyo para lanzar un cuarto seis, reduciendo ahora a microscópicas las posibilidades de que tal milagro sucediera- Y tu dado no puede hacerlo tras las protecciones que te he brindado en forma de magia. En caso de que osaras pasar más de veinte segundos fuera del círculo, serás mía por completo, y una con la oscuridad. Sin embargo...

Solo para demostrar a qué se refería, él aparentemente se mantendría sentado en su sitio. Pero no iba a dejarle alcanzar sus dados sin volverle la fuga imposible antes. En sus manos, apareció una especie de collar, metálico, grande, sin embargo pequeño, y del que cualquier mascota del zomalpet podría hablarte sin problema y saber que era algo no deseable.

-En caso de ponerte esto, haré una excepción y podrás salir por un minuto al completo sin molestias. Es así de simple.

Tras decir aquello, lo dejó en el suelo, frente al círculo, para luego sonreír, dejando caer la guadaña con una malicia extremadamente alevosa, pues nada más esto sucedió, como es natural, un incómodo y fuerte sonido azotó la sala.

-Tienes sesenta segundos. Ve rápido si quieres no unirte tan pronto a mi harén de almas en pena tan pronto.
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Mensaje por Riven Leisser el Sáb Jun 27, 2020 2:16 pm

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Mis nervios parecían estar de punta, contemplar aquella hoja desde cerca era aun más desagradable que la propia presencia del demonio, una presencia helada que recordaba a un cadáver o a uno de los más tétricos de los monstruos, el “coco” el “hombre del saco” creo que quienes inventaban esas historias para hacer a los niños obedecer infundiéndoles miedo pensaba en una criatura como la que tenía delante, claro que en este caso portaba un arma innecesariamente imponente, como si de un icono reconocible que llevaba consigo, este que usaba como presagio de la muerte que traía consigo.

-¿Se consideraría omisión de socorro que un sordo no acuda para ayudar a alguien que grita “auxilio” a sus espaldas? Puede que ese dios es cruel pero no es malo, podrías considerar que igual que el sordo que no oye, ese dios tuyo no entiende de ni bien ni mal porque no lo siente.-Respondí sin saber de donde sacar el valor para que mis palabras no temblaran como al tener esa hoja cerca, no sabía que pensar para evitar que todo aquel miedo se manifestará en mi cuerpo como algo más que sudor helado o un pulso acelerado, titubeos, temblores, angustia gritos...probablemente todo llegaría si no salía de aquella situación.-A los humanos nos gusta tener posesiones. Quizá compartimos eso, igual que me gustaría tener un gato. A ti te gustaría tenerme a mi. -Y aun sin tener miedo la parte en la que ofreciera algún tipo de amistad sobraba, no solo por la propias infracciones que solamente al estar en mi casa hablamos también de esa confirmación, si era un demonio, no había amistad posible con un Leisser, y esas eran de las pocas cosas que si compartía y aceptaba de mi padre, y con motivos. ¿Acaso no visteis la cosa a la que alimentaba Alexander como un mero animal para “eliminar pruebas”. Un demonio no puede ser un amigo, claro que en este caso puede que esta vez, en este encuentro entre Leisser y demonio, se cambiaran las tornas. ¿Cómo iba a saber yo que aquel juego no era más que una retorcida distracción con la que matar en tiempo antes de que cumpliera sus palabras?

-Cero coma cero siete por ciento-musité aun más convencida de que aquella sucesión de tiradas en las que salia el número seis eran fruto de algo y no del azar.-Tu caos esta...mal planteado.-Y con esa respuesta dejé caer el cuarto dado evidentemente sin comprobar el número, de nuevo no importaba.--Si no lanzo el dado pierdo, si lo lanzo, pierdo. No es arrogancia si no voluntad, si tengo que perder perderé jugando y  no aceptando la derrota sin entender las verdaderas normas que rigen tu juego-¿Más arrogancia? Puede, mientras esa hoja y el enorme cuerpo contrario mantuvieran la distancia podía al menos respirar y no sentir que en cualquier momento rompería a llorar o temblaría como una niña sola y desvalida.

Mis ojos se clavaron en aquel objeto, lo conocía. ¿Y como no iba a saber lo que era y lo que hacia? Cualquiera que viviera en la isla al menos lo había visto una vez, quizá no todos sabían sus efectos, y en mi caso, alguien que había pasado la mayor parte de su vida sin ningún tipo de don o poder extraordinario, aquello no era algo tan horrible. Y menos si era yo la que decidía ponérmelo, vista de felino, olfato de can, unas orejas de gato. Y uno de los venenos más potentes existentes en mi piel, uno que por desgracia no serviría de tener que usarlo contra mi rival en aquel juego de dados, pero en ese momento me parecía buena idea. Y con esas características animales más las curiosas orejas de las que ni yo misma me había percatado puse aquel objeto sobre mi piel, y no, no lo puse sobre mi cuello, dentro de lo denigrante que era llevar algo como eso ya que tenía la opción de elegir lo ajuste en mi propio brazo como forma de aceptar aquella propuesta sin hacerlo verbalmente, y justo tras ponerme aquello comencé a contar los segundos mentalmente.

¿Y dónde estaban los dados? Pese a la presión y el poco tiempo del que disponía ya había pensado en el lugar donde los había guardado incluso antes de proponer usarlos, pensar el lugar no era necesario. En la biblioteca, justo en esa misma planta, y no en un lugar escondido, estaban en una pequeña bolsita en el segundo cajón del propio escritorio que en esa habitación había. Directa y con paso ligero llegue hasta lo que buscaba y sin dejar de contar regresé a la cocina, no sonreía ni daba por hecho que mi idea fuese a funcionar, hasta que no viera mi dado mostrar un número superior al suyo no podría volver a respirar con normalidad.
Y quienes aun no han entendido cual era mi plan solo esperen, pues ni aunque hiciera tirar al demonio con cien dados diferentes conseguiría un número que no fuera seis, sin embargo con una sola tirada más y sin dados trucados le iba a ganar.

Trece...doce....la cuenta de los sesenta segundos iba pasando en mi cabeza, de mayor a menor número, justa, pero a tiempo.
Entre de nuevo en el circulo y sin sentarme, tan solo inclinándome sutilmente deje caer uno de los dados que había en la bolsita, y pudo verse como el número que mostraba la cara visible paralela al suelo dejaba ver...

13

Tras la tirada deje la bolsita en el limite el circulo volcando esta hacia fuera, de ella solo salieron figuras iguales, de diferentes colores pero todas el mismo tamaño y la misma forma, la de una icosaedro regular, un poliedro que tiene veinte caras.-Solo una tirada con mis dados, la victoria es la vida y la derrota es la muerte.-repetí aquellas palabras que el mismo había mencionado esperando como si de una eternidad se tratase su tirada. ¿Esperaba ganar? Si y no, solo era una apuesta, que las tiradas del demonio dejaran de ser superiores a las mías o iguales con un dado cubico era imposible, ahora tenía una posibilidad, o sacaba un veinte, el número posible más alto o sacaba un quinto seis.

Y solo en el momento en el que la segunda de esas opciones se cumpliera una sonrisa llena de alivio se dibujaría en mi rostro.

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Mensaje por Apofis Misr el Dom Jun 28, 2020 12:14 pm

Y al fin, vio cómo la figura de la mujer se desvanecía entre las sombras, mientras se encaminaba en la búsqueda de aquel dado con el que supuestamente ella quería cambiar su destino. Sin embargo, ahora, que llevaba aquel dispositivo en el cuello, poco importaba. Al haberse colocado aquella horrible máquina, la guadaña ahora reposaba en su cuello a pesar de que no fuera consciente. No necesitaba colocar en el cuello el arma para tenerla totalmente sometida. Ahora, la oscuridad con la que se había fundido bastaba para acosarla. Sus manos, a pesar de descansar sobre sus rodillas como forma de descanso, en realidad, más allá de lo que los ojos o el tacto podían sentir, estaban oprimiendo el cuello de Riven.

Su cadera, a pesar de aparentemente estar en el suelo, ahora friccionaba con la de la dama. Sus dientes, a pesar de permanecer ocultos tras sus labios, en realidad, permanecían ahora clavados sobre la piel ajena. Él era uno con la oscuridad, se había unido a ella tan pronto como nació. Por mucho que fuera una figura retórica, en realidad, no lo era tanto. Podría usar su magia para estar sobre ella en cualquier momento, mas tenía orgullo, y honor. Y un deseo incesante de ver a la contraria fenecer ante sus tiradas quisiera ella o no.

Sin embargo, Apofis, como se puede ver, es un hombre anclado a las antiguas tradiciones. Desde la Roma Imperial, aquellos juegos de azar se habían hecho con seis caras, quizá por inercia, o con huesos que poseían seis puntas, etcétera. Él prefería tener más de una esposa, como “siempre” había sido, que estas convivieran en su harén. Le agradaba tener esclavos, pues a su parecer era natural. Someter a varones más débiles le parecía un ejercicio útil y didáctico, y así podríamos seguir con un largo etcétera. Si bien era doctor universitario y utilizaba la tecnología con una soltura apabullante, en muchos aspectos, era una verdadera reminiscencia del pasado. Qué iba a saber él de aquellas moderneces, qué iba a conocer él de aquellos curiosos dados que normalmente se utilizaban en juegos de cartas o rol.

Es por ello que él no creyó que hubiera amenaza, y esperó, sentado, sonriente. La miró con calma, una parsimonia absoluta, que parecía fundirse todavía más con aquella oscuridad que les rodeaba. ¿Qué importaba que la otra entrase en escena con una energía tan diferente, qué importaba que ella pareciera mezclar su miedo con una curiosa valentía y celeridad? Él iba a sacar un seis, siempre. Y cuando se disponía a retirar los dados que había estado utilizando hasta ese momento, vio lo que la contraria lanzó de su mano.

Las cuerdas con las que había formado su propio pentáculo comenzaron a vibrar.

Los cuchillos con los que había sostenido hasta ese momento aquella simple pero simbólica estrella, comenzaron a levitar. Pero esas cuerdas rojas, al caer al suelo, mantuvieron la silueta a la perfección. El rostro de Apofis se había quedado bajo, con los ojos clavados en ese número. Nada en él parecía tan siquiera moverse, gélido como estaba. Esa sería quizá la palabra correcta, gélido, como si hubiera quedado totalmente paralizado.

Un trece. Aquello era un dado de veinte caras. Alzó su cabeza poco a poco hacia ella, mirándola. Su pupila, para aquel entonces, habría quedado mermada a casi nada, como la de una serpiente tendría, y sus ojos, esos ojos que antes se habían mantenido confiados, ahora habían perdido todo su brillo. No había orgullo ahora, pero aun así, tomó su dado.

No podía salir otra cosa, ya lo hemos dicho. El oscuro demonio, dado su propio don, siempre tenía la misma suerte, siempre. Pero esa suerte estaba vinculada al número demoníaco, no a cualquier cosa. Y es por ello que, a medida que movió su mano, temblaba. La furia le invadía mientras lanzaba el dado, que debido a la fuerza con la que fue arrojado, azotó la sal con violencia, haciéndola levantarse y caer sobre la vela, que por supuesto, vio su luz palidecer por unos segundos.

Pero salió aquella infame cara del dado. Un seis. Su mano se quedó en el sitio, temblando por unos segundos mientras volvía a intentar mirarla. No había sonrisa, no había nada ya en su rostro que pudiera reflejar ninguna emoción. Y es por ello que cualquiera podría saber… Que el demonio estaba enfadado.

Se levantó, poco a poco. No recogió tan siquiera la guadaña. Pero alzó su mano, extendiendo su largo índice de nuevo hacia ella. Recordemos primero, que aquel dispositivo anulaba por completo el poder de cualquier criatura. Por si fuera poco, detrás de ella, tal y como hemos dicho, había dejado un saco con los animales que había usado para las pinturas con sangre que había por la casa.

Y él no respetaba el descanso de los muertos.

Diremos que había en ese saco unos tres animales. Una rata, un gato, y un perro más o menos grande, para ser exactos, un beagle de tamaño medio. Tres animales cuyos cadáveres fueron invadidos por la oscuridad, mientras Apofis seguía con su dedo alzado. Pero también se alzaron ellos.

Y se abalanzaron contra ella. Rata al cuello, perro a las manos, y gato también. Era algo por supuesto, inútil en gran parte, y cualquier humana podría al menos tras un zarandeo suficientemente fuerte mandar a cualquier animal de ese tamaño lejos (la única amenaza sería el beagle por su tamaño ligeramente superior y una constitución física creada para ser pesado y fuerte). Pero lo que no se podría evitar tan fácilmente sería lo que hizo Apofis.

¿Y esquivarlo? ¿Acaso no estaban esa tríada animal poniendo ya suficientemente difíciles las cosas? No seamos inocentes, estaba enfadado. Nadie en su vida le había ganado jamás. Y técnicamente, sobre el papel, ella lo había hecho. Pero poco importaba.

-...La victoria es la vida… La derrota es la muerte
-musitó, mientras comenzaba a tomar por el tobillo a la contraria, y a sabiendas que ese agarre era más fuerte que el de cualquier serpiente, miró a los animales, chasqueando los dedos para hacer que los tres cadáveres se desmoronaran y desvanecieran en una polvareda que rápidamente se mezcló con la oscuridad- ...Pero tú… Tú no vas a tener nada de eso. -su sonrisa volvió al rostro, y de sus labios, poco a poco, con una suavidad y lentitud que parecían mostrar cuán desquiciado el demonio había quedado, comenzaron a brotar sus colmillos- No me gusta el rosa. Tú… Con esa ropa, te has condenado. El rosa es horrible. ¿Cómo voy a permitir vivir a alguien que vista con ese color? Sí. ¡SÍ! -comenzó a reír, desesperado, con una vibración tal que hasta la sal se movía ligeramente, hasta el suelo temblaba por efecto de aquella macabra risa- Odio el rosa… Es por eso que… Tengo que llevarte conmigo… ¡SÍ!
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Mensaje por Riven Leisser el Lun Jun 29, 2020 2:41 pm

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No tenía certezas, no sabía que era aquello vinculado a la suerte del demonio, sin embargo, como mente optimista, o puede que tan solo en esa necesidad de aferrarse a algo, al más fino de los hilos donde tirar para escapar del agujero al que estaba por caer, en este caso un oscuro foso donde sería condenada a una vida como parte de la colección de Apofis, una muñeca más en la estantería, un objeto sin el aparente lujo de expresar su libertad tan solo espectante y esperando no ser la elegida cada día como compañera para sus juegos.

En ese momento, cuando mi dado marco aquel número, que ya por si solo era un mal presagio para todos aquellos más afines al mundo de la superstición solo quedaba esperar, esperar paciente hasta ver que tenía que decir su dado, o en este caso algo más que el dado. Pues antes de tener la certeza y el alivio de la victoria ya había ciertos indicios de que quizá había encontrado la única forma que había para superar el demonio. Aun asustada, manteniendo la compostura gracias a aquellas pistas que anunciaban mi posible victoria espere, aguarde hasta que lanzara el dado, incapaz de decir ni una sola palabra, ni si quiera recuerdo si llegue a respirar en el momento en el que arrojó aquel objeto contra el suelo, poco después volvió a salir el mismo número. Por primera vez desde que comenzó aquel juego de lanzamiento de dados no pensé en la probabilidad que tenía de sacar otra vez ese número, ni del porcentaje de sacar un seis en un dado de veinte, ya no importaba.

Había ganado.

Alivio, profundo, que me permitía volver a respirar, algo que no dudaría mucho, pues cuando sin pensar hice el amago de tenderle la mano, lo natural, felicitar a un rival tras cualquier tipo de competencia. En ese momento pude vislumbrar una expresión que no se parecía en nada a lo que había podido contemplar hasta ese momento. No, esa no era escusa para evadir normas de cortesía, me esforcé en sonreir amablemente y tender mi mano.
Antes de que el tiempo diera para que correspondiera al gesto mis felinos apendices, mis orejas se movieron al escuchar cierto sonido tras de mi, tres animales, los que estaban dentro de aquel saco, aquello animales que previamente había podido confirmar cuerpos sin vida ahora se abalanzaban sobre mi.

Casi de manera automática reaccione, la rata que pese a ser una buena mascota cuando hablamos de la rata doméstica, una rata salvaje sería sin duda el más peligroso de los tres, siendo también el más  pequeño el más fácil de mandar considerablemente lejos con tan solo un buen golpe...los otros dos y siendo sinceros, tratándose de los cadáveres enfurecidos de animales con los que había llegado a tener más trato no era tan sencillo como anteponer la propia supervivencia. Use mis manos para evitar las fauces del can permitiendo que el gato hiciera sus propios estragos sobre mi piel, mordiscos y  arañazos que pese al limitado tamaño de sus garras y colmillos no hizo falta muchos segundos para que de aquellas heridas empezara a brotar sangre.

De poder hacerlo, sin ninguna duda me habría defendido haciendo uso de mi kossei, un licantropo, quizá un dragón de tamaño medio, algo con fuerza y una piel lo suficiente dura como para no recibir heridas de aquellos muertos en vida, sin embargo dada mi situación especifica en ese momento no tenía a mi disposición ese recurso.
Imposible percatarse en una situación como aquella que había sido agarrada del tobillo, y tan solo fui consciente de ello cuando los dos animales que había sido un problema dejaron de moverse de nuevo. De un problema a otros, juego, animales y ahora el mismos parecía el problema, incluso parecía una broma cruel que me enfrentaba primero a un número, después a tres mamíferos y ahora a una critura que parecía venir de otro mundo.

Intentar librarme de su agarre, un quejido que exhalaba como un gemido adolorido por las heridas que en pocos minutos comenzarían a cerrarse tras una rojiza costra e infección de no ser limpiada. Pues como pequeña aclaricón para aquellos que lo desconozcan, cualquier herida por parte de los colmillos o garras de un animal tiende a infectarse siempre.

-Gané justamente.-Respondí insistiendo en aquello como si buscará que con recordar aquello realmente me dejará libre, y con libre entendamos, soltar mi tobillo, quitarme aquello que me impedia usar mi kossei y concretamente cesar esas amenazas contra mi vida. Y lo habría exigido de no poder ver aquellos filosos dientes que tenía ahora por colmillos, si los mordiscos del gato fueron dolorosos...lo ultimo que me apetecía es que aquellos que mostraba de forma amenazante también se clavaran en mi piel.-No avisaste de tu visita ¿Cómo iba a saber que no te gusta el rosa? Ni si quiera me has dicho tu nombre. Si no te gusta...puedo ir y cambiarmelo ¿Vale? Pre...prefieres...¿Verde? ¿Negro?- Y en ese momento mi valentía o la valentía que pretendía tener empezó a flaquear junto con un primer titubeo de mis palabras, la primera torsión de mi sonrisa que pretendia ser amaboey mis propias piernas parecían flaquear mientras no cesaba mi intento por liberar mi tobillo de sus manos. Y los ojos empezaban a arder. ¿Realmente no tenía escapatoria?
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Mensaje por Apofis Misr el Mar Jun 30, 2020 7:53 pm

Siguió arrastrando de ella sin piedad alguna, apretando su tobillo simplemente para escucharla gritar, para que la oscuridad pudiera regocijarse también del delicioso y agónico dolor de aquella que sería su concubina en unas horas. Aquella que tendría que acostumbrarse a las crueldades de la noche, a las crueldades que Apofis usara para jugar contra ella. De momento, lo único que hizo, ahora que la tenía inmovilizada, fue alzar poco a poco su mano, de la que comenzó a brotar una luz rojiza, violenta y fuerte, que tan pronto como invadió la sala volvió a desaparecer. A medida que esa luz lo envolvía todo, las heridas que hubiera recibido Riven desaparecerían. Ni infección, ni secuela. Solo desaparecerían, como si nunca hubieran sido dadas, pero el dolor se quedaría ahí por un largo tiempo.

El dolor la invadiría como si aquella herida estuviera totalmente infectada, y sin embargo, ella se encontraría perfecta. Por si fuera poco, sus dedos ahora seguían ejerciendo presión sobre el tobillo ajeno, de forma innecesaria, simplemente para hacerle daño. Podría romper ese hueso en cualquier momento, como podría notar Riven. Él lo sabía, si seguía presionando, aquel incómodo sonido se volvería tan agudo como molesto, y luego, el pie de Riven quedaría en una posición que mostraría dónde habían ido a parar los huesos. Pero no lo hizo, de momento. Su mano comenzó a ascender poco a poco, en dirección al muslo ajeno, como si quisiera deslizarse por ella para luego acabar tomándola por la ingle y levantarla de una forma poco convencional. Por supuesto, en cuanto la vio ligeramente reincorporada, posó sus manos como una especie de “sillón” bajo los glúteos ajenos (no malpensemos, que por una vez no lo hacía para tocarla de esa forma. De momento), moviendo sus manos para mantenerla pegada a él. ¿Quería Riven moverse de alguna forma? Posiblemente, en ese caso, una cuerda nacida de la oscuridad la reincorporaría en posición. Y la posición correcta en ese momento era pegada a él y con las manos rodeándole por los hombros. Por si no lo captara ella a la primera, un par de manos de oscuridad se generarían a su espalda, forzándola a colocarse en esa posición, también. Como el padre que lleva a su hija a la cama. O el marido que hace lo propio con su esposa, hacia el lecho.

Pero el lecho para ambos iba a ser muy diferente. A medida que caminaba, la luz de la vela iba apagándose poco a poco, permitiendo de nuevo a la oscuridad rodearlos sin ningún tipo de perturbación, otra vez, haciéndoles de manto para lo que estaba claro que iba a suceder. Poco a poco, la llevó al comedor, en completo silencio, sin respuesta alguna a las muchas tonterías que la otra había soltado por la boca.

Se sentía humillado, derrotado, y eso era impermisible. Nadie, en su larga vida, le había ganado a ese maldito juego, y no iba a permitir que aquella primera vez saliera rentable para ella. Lo primero que hizo, como no podía ser de otra forma, fue buscar el lugar adecuado dentro de la sala. Veamos… Si quería desnudar a una mujer, ¿dónde podía hacerlo? El sofá, por supuesto. Ese sería el lugar donde la flor de Riven comenzaría a mancillarse en rojo poco a poco.

En cuanto la dejó ahí, lo primero que hizo, de forma sistemática, fue agarrar bruscamente la camiseta de la fémina, para arrancarla sin esfuerzo alguno, como un humano puede desgarrar un papel, y dejando así a Riven con quizá muy poca ropa para estar frente al demonio. Pero no, por supuesto, de momento solo era un juego, una mera forma de mantenerla sugestionada. ¿Lo iba a hacer? ¿Quizá no? Todo dependía de cuán mal se portara Riven, y a sabiendas de que en estas situaciones los muy idiotas que vivían en esa isla solían provocar todavía más la ira del demonio, sabía que posiblemente tendría que acabar por castigarla en ese mismo lugar.

Oh, pero qué podría hacer ella para salvarse. ¿Patalear, golpearle? Poco importaba. En caso de que los puños de una humana chocaran contra la férrea y pétrea piel de Apofis, posiblemente, ese mismo puño acabaría convertido en un amasijo de huesos rotos y sangre fresca emanando de lugares en los que no estaba pensado que saliera ningún tipo de fluido en condiciones naturales.

-¿Quieres saber mi nombre, chiquilla, el nombre del hijo de la Parca, portador de su guadaña? Está bien. Aquí lo tienes
-acercó poco a poco su cuerpo hacia el ajeno, usando sus manos para mantener las piernas ajenas separadas y poder colocar así su propia rodilla, ahora que la había dejado en el sofá, mientras sus labios se acercaban poco a poco hacia el oído ajeno, acabando por posarse a poca distancia de este- Misr. Apofis Misr, estigma de la muerte. Tu nuevo amo. No te resistas… -acercó poco a poco sus labios ahora hacia el cuello ajeno, dejándolos pasearse por este un poco y rozar con ligereza- O será mucho peor para ti, pequeña. Mucho, mucho peor.
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Mensaje por Riven Leisser el Jue Jul 02, 2020 1:34 pm

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No era la primera vez que era presa del miedo y probablemente no sería la ultima. Pero si que era la primera vez donde no tenía un plan, o puede que alguna que otra idea pasara por mi cabeza, pero ninguna de esas alocadas ideas parecía tener la más mínima probabilidad de éxito, incluso la idea de huir quedaba descartada. Yo misma me había condenado al aceptar aquel trato, había sacrificado mi única posibilidad de huir en forma de un veloz y escurridizo animal. De haber podido dar un consejo a mi yo unos minutos antes habría sido que olvidará la idea de seguir las normas del demonio, eso no me libraría del su tormento.

¿Aquello era una broma de mal gusto? No podía saber que tan retorcida era la mente que se ocultaba tras aquellos ojos carmines, pese a que el dolor prevalecía de alguna manera había cerrado mis heridas, aunque me molestase podía descartar algo de la lista de suplicas que tendría que hacer, por ahora no debería pedir que me dejara tratar mis heridas, o al menos esas. El dolor, molesto, pero nada que no pudiera soportar, y prefería el dolor de esas heridas a todo lo que me pudiera ocurrir despues.

El tacto de su mano era irritante, molesto, frio. Su agarre fuerte y doloroso, tan doloroso que de nuevo arranco de mi garganta un quejido, y no quedaba solo ahí, cerrar los ojos con fuerza y apretar los dientes parecía lo único que me ayudaba soportar la tortura. Aquel agarre termino por ascender terminando por tomarme en brazos, pegada a el. No. No quería. No podía soltarme. Necesitaba dejar de sentir su cuerpo pegado al mio, estaba frio, era grande y fuerte, no me gustaba, me daba miedo. Pero algo que escapaba a mi comprensión me impedía moverme, aunque mi resistencia no fue demasiada, mi tobillo ya había podido sufrir la presión de la fuerza ajena con tan solo una mano, aun sin usar ningún tipo de magia. Intentar usar contra esa cosa sería como enfrentar a una hormiga contra un león.

Por un momento hasta llegue a pensar que me dejaría, dijo que me llevaría con él y me había soltado en el propio sofá de mi casa. ¿Quizá solo era na broma y me dejaría allí? Jaja. No. Tan pronto como de arranco la pieza superior de mi pijama entendí que no era su intención irse tras darme un par de sustos. Y como haría cualquiera en mi lugar cubrí con mis manos mi busto, que sin ser el más interesante no dejaba de ser una parte del cuerpo que ninguna mujer querría mostrar a su nuevo torturador.
Escuchar de nuevo sus palabras solo me hizo temblar de nuevo, haciendo apenas algún tipo de resistencia a la fuerza de sus manos, dando a entender que no quería separar mis piernas pero asumiendo mi propia incapacidad para detenerlo.

Cerré los ojos con fuerza, intentaba casi ni respirar, tomando solo el aire imprescindible, como si buscara empequeñecer mi presencia. Tenía miedo, ni si quiera sabía si callarme sería algo positivo o solo terminaría por cabrearlo más. Si es que con aquella derrota no lo había enfurecido lo suficiente.-Se-señor, señor Misr. Hice...hice todo lo que me dijo, ha-haré todo lo que me diga. Lo que quiera pero no me haga más daño- musité con voz temblorosa totalmente presa de todas aquellas sugestiones que una detrás de otra había ido haciendo mella en mi mente. Y es que en condiciones normales una presión en el tobillo y el ataque de animales quizá no habrían sido suficientes, pero tras tantos minutos forzando a mi propia valentía a prevalecer no hacía falta más para quebrar una mente joven independientemente del renombre que lleve su apellido.

Por muchas vueltas que intentara darle a las palabras llenas de pistas a indicios de lo que buscaba hacer realmente conmigo no encontraba nada, no había ventanas ni esperanza alguna a la que aferrarse. ¿Quizá aquel mensaje que mande? Eso no serviría de nada. ¿Quizá pedir ayuda? Ridiculo, tan pronto como intentara marcar algún número en el móvil de mi bolsillo lo destrozaría antes de ser capaz ni de marcar un segundo número. Puede que lo único que pudiese hacer era seguir obedeciendo, aunque siendo realistas, había sido el seguir de sus indicaciones lo que me había llevado a sus zarpas sin posibilidad de escapar. Y mientras estaba presa y asumiendo mi propia incapacidad para defenderme casi de una manera sistemática mis uñas hacían presión sobre la piel mi brazo, junto donde había puesto aquel artilugio que me reducía a una humana con orejas de gato, presionando y arañando como segunda muestra de frustración. ¿Y la primera? Había cerrado los ojos con fuerza, pero eso no impidió que las lagrimas comenzarán a escapar entre mis parpados.


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Mensaje por Apofis Misr el Dom Jul 05, 2020 5:31 pm

Entre sus manos ahora pendía el alma ajena, y eso lo sabía a la perfección. Ahora que el temor la paralizaba por completo, como otras tantas veces le había pasado con todas sus víctimas, la contraria se había vuelto un bello caramelo que podía destrozar en una míriada de fragmentos que luego ingerir. ¿Pero para qué romperla si podía disfrutar de ella en perfecto estado? Mientras esta se abrazaba su pecho aterrada, él la miraba, deleitándose con las tímidas formas de aquella fémina. Aquella clara debilidad que ahora el collar le había impuesto, tal y como hacía con toda criatura que pasaba por sus manos, exponiéndolas a los cruentos tratos que el demonio pudiera brindarle. Porque estaba claro que si para algo estaba ahí, era para someterla, volver su vida un infierno como retribución por la deserción de su padre. Ahora, aunque sus manos no estuvieran sobre ella con intención violenta, la poseía con mucha más brutalidad que antes. Por mucho que sus labios se deslizaran suavemente, en realidad eran los dientes lo que más allá de los ojos ajenos estaban preparándose para poder morderla. Y cualquiera que le conociera sabría que con un solo mordisco, podría hacer mucho más que arrodillarla.

Las palabras de Riven, aquel temor irracional, le bastaron lo suficiente como para relamerse y quedarse completamente satisfecho por aquel momento. No necesitaba violarla si con aquellos actos la veía tan aterrada, ni tan siquiera tocarla de más para poder disfrutar como a él le agradaba. De momento, solo con aquellas palabras, Riven había alargado su esperanza de vida un poco. Por mucho que despreciase a los débiles, cuando estos eran sus juguetes, le rentaba mantenerlos vivos, pero no siempre necesariamente conscientes. Para vestirlos, por ejemplo, prefería que no pudieran resistirse, lo mismo para desplazarlos o “guardarlos” en sus respectivas habitaciones.

Tras unos segundos en los que simplemente se dedicó a mirar las felinas orejas que había mantenido la joven, en toda aquella pausada e inquietante calma, brotó una chispa. La violencia se apoderó de la escena en un efímero movimiento del demonio, en el que sus dientes se clavaron por completo en el cuello ajeno. El veneno la inocularía poco a poco, y ella podría notar como todo se comenzaba a enturmecer y paralizar paulatinamente, a medida que él seguía corrompiendo esa sangre con su propia verdosa esencia.

¿Sería la humana consciente del dolor? Sí. ¿Sus ojos permanecerían abiertos? Por completo. ¿Podría intentar tener la voluntad de querer moverse? Faltaría menos. ¿Pero podría ahora su cuerpo hacer otra cosa que quedarse completamente rígido, como una estatua, en una posición tan cómoda como una especie de cada vez más recta mujer, mientras sus manos bajaban poco a poco y sus pies se juntaban? No, no podría hacer nada para evitarlo. Acabaría el veneno por imponerse. Y él mientras tanto se alejaría poco a poco, comenzando a caminar por los largos pasillos de la mansión mientras la dejaba en el sofá, ahora que sabía que de ahí no se alejaría lo más mínimo.

Chasqueó los dedos para crear una especie de bolsa negra. Y tras eso, fue primero hacia el cuarto de ella, para abrir todos los armarios y comenzar a meter arbitrariamente la ropa que más atractiva le parecía para su nuevo juguete. Principalmente vaqueros ajustados y shorts, nada de faldas porque había visto lo fáciles que son esas de romperse en sus juegos. Zapatos, también, por supuesto, por obvias razones, y los diversos fármacos o pastillas que pudiera encontrar por ahí, y es que dudaba que aquella mujer no tomase anticonceptivos o similares.

Ah, y tomó con especial malicia una pequeña foto que vio en una mesita. Un hermoso y atractivo rubio abrazándola en un gesto bastante amistoso, de esos forzados pero no necesariamente incómodos, de esos que eran graciosos de grabar, ese típico beso en la mejilla extremadamente fuerte, por ejemplo. Se la quedaría por obvios intereses en ello. Ya indagaría cuando tuviera el móvil ajeno quién era aquel sujeto.

Con todo eso, pensó él, podían irse. Nada más necesitaba en esa casa, incluso podría hacerla arder si no fuera porque pensaba ponerla a la venta en cuanto se cansara con ella, vendiéndola como una felino aprovechándose de las orejas ferales que permanecían sobre el rostro ajeno. Volvió al poco tiempo con la bolsa cargada a un lado de su espalda, como si fuera una mochila, mirándola sonriente en su inmovilidad, que posiblemente durase un par de horas más antes de comenzar a recuperar la movilidad de sus dedos.

-Muy bien, cachorra. -dijo mientras se acercaba a ella, chasqueando los dedos y haciendo aparecer una larga tela en sus manos. Se sentó a un lado de ella, levantándola con lentitud para usar esa misma tela para rodear brazos y pecho ajeno, cubriéndolo como si fuera una especie de momia, para evitar todavía más la movilidad ajena mientras se la llevase. Esa tela, si bien poco dura y muy poco restrictiva, bastaría para darle esa sensación de opresión que le agradaba otorgar a sus víctimas- Ya está todo preparado.

Tras aquellas palabras, con lentitud, su mano se posó en la cintura ajena, para luego levantarla como si fuera una especie de tabla, bajo el hombro, para luego comenzar a caminar hacia la puerta del hogar, esa puerta que representaría un punto y a parte en la vida de la fémina.

-Has jugado bien, Riven. Es ahora cuando recibirás tu premio. Te dejaré vivir, pero… Con ciertas condiciones.

Y ya en este punto, cuando la otra volviera a ser consciente, o capaz de moverse, se despertaría en el suntuoso harén de su hogar, en los delicados cojines que le harían de cama, con un traje posiblemente bello pero no por eso menos humillante, uno de esos trajes que le recordaban a cierta mujer que se había ganado su aprecio y su odio. Unos pantalones de licra o un material similar muy ajustado, un cinturón blanco… Y algo que a Riven le recordaría que se asemejaba al traje de cierta cantante de la isla cuyo nombre era Akali. El collar seguiría en el cuello ajeno, y más importante, se encontraría completamente sola. Sin explicaciones, sin nada, solo los elegantes muebles arábicos y la compleja arquitectura del hogar, que si bien era hermosa y elegante, estaba pensada para que nadie pudiera escapar de otro lugar que no fuera la puerta.

Y estaría sola un rato más, hasta que aquella puerta se abriera y por ella entrase su nuevo protector, por así decirlo. Apofis, ahora con su ropa habitual de trabajo, un traje negro elegante con una corbata roja, y el rostro ya recuperado a la normalidad.

-Buenos días, Riven. Bienvenida a tu nuevo hogar.
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Mensaje por Riven Leisser el Lun Jul 06, 2020 12:17 am

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A cada segundo que pasaba sucumbía más al terror, había hecho todo lo que había dicho, había ganado pese a que las posibilidades de ganar eran nulas y aun así no había escapado. Estaba claro que la única  forma de escapar de aquello, la única forma de haber escapado probablemente hubiera sido no tener el apellido Leisser, o haber sido la mitad de competente que era mi padre en en enfrentarme a “cosas” como esas, ese no era mi caso. ¿Cómo iba a saber yo algo de demonios?
Claro que después de eso probablemente si veía un demonio que quisiera jugar a los dados me convertiría en un jaguar y me marcharía. Una buena idea, pero jugar al rato y al ratón había dejado de ser una opción hace mucho rato.

Intentas mantener los ojos cerrados y húmedos, incapaz de ver con nitidez hasta fue algo que podría considerar positivo. Como cuando van a sacarte sangre y prefieres no mirar como clavan la aguja lo mismo al sentir sus dientes penetrando mi piel, con el añadido de un desagradable dolor que hasta me hizo intentar apartarlo, con una fuerza irrisoria, lo único a lo que parecía responder mi cuerpo era a llorar y temblar mientras pudiese, pues pocos segundos después no sería capaz de moverme.-No...- y no salio nada más pues si el terror era un problema. ¿Algo más? Bueno, la parálisis termino por hacer mella en mi propia respiración y con ello incluso si había llegado a escuchar sus palabras sería algo que recordaría de una manera tan difusa que ni si quiera sería capaz de recordar el significado de aquello que dijo el demonio antes de arrancarme de mi hogar y mi vida.

Cuando desperté ya podía moverme, y hasta por un momento dude de que aquel recuerdo fuera real,  estaba claro que aquello no había sido más que una pesadilla, y por un momento lo pensé, pero seguía llevando aquella cosa en el brazo y con tan solo pasar los dedos por mi cuello dos pequeñas cicatrices cuyo aspecto no podía saber había quedado sobre mi piel.
Me sentía terriblemente mal, y es que no solo me dolía la cabeza y estaba algo desorientada, aquella ropa era de lo más incomodo que había llevado en mucho tiempo, esos pantalones casi parecían más una segunda piel que unos pantalones.

Tomándome unos minutos algo confusos en los que tuve que intentar asumir de cierta forma lo ocurrido y que no estaba en casa me levante. ¿Y que es lo primero que haría? Lo evidente, buscar mi móvil sin éxito, era evidente que no lo tendría, si ni mantenía mi pijama mantener el móvil era algo poco probable, pero había que intentarlo. En ese momento sentía un enorme arrepentimiento por no haber dicho algo más en aquel mensaje. No era momento para pensar en eso, buscar el interruptor de la luz, intentar localizar donde estaba mirando por la ventana (de haberla) y nada. Nada. ¿Qué más podía hacer? Quizá  hacer algún que otro inútil intento por quitarme ese artilugio que no me permitía hacer nada fuera de lo que podría hacer un humano.

Rebusqué y di vueltas por la habitación durante unos minutos en un desesperado intento por encontrar “algo” que me pudiera ayudar ¿Pero que iba a encontrar? Nada. Al escuchar tan si quiera pasos acercándose a la puerta me alejé lo máximo de ella casi pegada a la pared, como haría un animalillo asustado cuando abren su jaula, alejarse tanto tanto de la apertura como podía, en este caso la puerta.

Esperaba algo aterrador, y por algo aterrador hablábamos de lo ultimo que había visto ante de perder el conocimiento, sin embargo quien estaba frente a mi y hablaba ahora. Aunque alto e imponente parecía humano y tan humano como que ahora reconocía esa cara.
Intenté decir algunas palabras, pero aunque mis labios se separaban no salía nada, sorpresa, miedo y confusión.-Apofis Misr. Te conocía. Pero...no, tu....- hice por tomar aire profundamente sin apartar la mirada, aunque tenía miedo nada comparado con lo sufrido anteriormente. Aunque la comodidad de mi casa podría darme más seguridad que un lugar desconocido, había que admitir que ese tipo de decoración resultaría curiosa y bonita para casi cualquiera, con ello incluyendo que ese aspecto, ese traje era bastante más familiar que la apariencia de monstruo de la que había hecho uso para secuestrarme, si es que realmente  eran lo mismo. Lo eran ¿Verdad?

-Te vi en el trabajo, y tu nombre. Estabas en la libreta de mi padre.-añadir aquello solo daba aun más confusión a todo el tema.-Da igual, no importa. No quiero. No quiero ningún nuevo hogar, quiero volver a mi casa y...mañana tengo que trabajar.-Y por algún motivo hasta pensaba que seguir diciendo las palabras más lógicas fueran a servir para algo.  


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Mensaje por Apofis Misr el Lun Jul 13, 2020 7:42 pm

La miró. Su cachorra era hermosa, sin duda. ¿Cómo podía haber concebido un hombre que precisamente por guapo a su parecer no destacaba una joya de tal grado? Quizá era por la ropa, que le favorecía definitivamente más que aquel pijama de horripilante y execrable color. También es que recordar a su pequeña “pupila” le parecía atractivo, como no podía ser de otra forma. Aquella ropa estaba hecha para quedar bien, no tenía duda alguna. Se relamió el demonio al verla despertar de forma tan tímida, recobrar la consciencia simplemente para balbucear algo que no tenía sentido a su parecer. Más bien, creía, o al menos supuso el demonio que así era, que Riven necesitaba recapitular para poder llegar a una conclusión sobre dónde se encontraba y cómo había acabado ahí.

Por lo que estaba dejando entrever, no se acordaba de quién era completamente su victimario, y parecía ser incapaz de ver que ese rostro que ahora se presentaba sin capucha y con las venas en su estado corriente, era el de un asesino. Quizá ese aspecto profesional y tranquilo con el que se había presentado, junto al uniforme, la estaban confundiendo. Y podría aprovecharse mucho de aquello. En su rostro, un brillo pícaro apareció, y una sonrisa se escapó de sus labios ahora que comenzaba a maquinar cómo jugar con la mente de la muchacha.

-Riven. Calma -y su voz, tan sosegada sonaba, que cualquiera la confundiría con la de un hombre que de verdad estaba intentando tranquilizar a aquella joven que se había despertado en su hogar. Incluso se acercó poco a poco, sí, con lentitud, con las manos levantadas para que viera que no tenía intención alguna de hacer nada que fuese lo más mínimo violento- Soy yo. Apofis. Nos conocemos, he estado en algún seminario policial como profesor. -y así, podría relajarla, hacer que su relato fuera convincente, reiterando en lo que ella había dicho y sin especificar de más. Apofis era un cazador, sabía cómo engañar a las presas, y cómo usar sus propias suposiciones en su contra- ...Hay gente que conspira en tu contra, Riven. Es por eso que te he traído aquí. Calma. Sé que puede ser raro, pero estás donde debes estar.

Estaba improvisando, en efecto, pero Apofis era el rey de la improvisación, y del teatro, con mucha más maestría que cualquiera de sus homólogos de la facultad de arte, como bien había demostrado vez tras otras al ser capaz de hacer parecer que hasta estaba sintiendo algo por el prójimo que no fuera un deseo de devorarlo incontenible. Era una serpiente, y ella su cena, pero a diferencia de muchas otras serpientes, prefería alimentarse de la desesperación que de la carne. Del miedo, todo lo previo antes de colocar las garras sobre la piel. Y aunque esa noche anterior ya hubiera podido ver un poco del pastel que se iba a devorar, todavía le quedaba mucho que seguir tocando, y descubriendo. Las pequeñas paredes mentales que sostenían la cordura de Riven todavía se erguían demasiado altas, demasiado fuertes.

Todavía no la había visto desmoronarse tal y como se merecía aquella hembra. Todavía no la había visto sufrir, y lo estaba deseando, como siempre hacía cuando una víctima llegaba a sus manos. Y aunque aquel juego pudiera retrasar mucho las cosas, sabía que una vez terminase con ella, el resultado sería mucho más satisfactorio, cuando pudiera usar la cruel puñalada de la traición cuando ella hubiera pensado que estaba protegida y segura.

-No tengo intención de hacer nada
-poco a poco, se seguía acercando a ella, mirando ahora toda la sala para asegurarse que no hubiera alterado nada en ella. No querría que una vez volviera a dejar a sus otras niñas ahí se encontraran un desastre, porque eso sería una desgracia- Solo protegerte. Hasta que se calmen un poco los humos. Esta noche… Debes haber recibido una visita ciertamente desagradable, ¿verdad? -mentía y mentía, y seguía mintiendo, como el monstruo que era. Para que la niñita saliera del escondrijo, para que el alma inocente y que a veces necesita apoyo que todos tenemos en nuestro interior saliera a la luz desde esa mujer que incluso se le había mantenido estoica al punto de intentar hacerle trampa para ganarle en su propio juego- Estás a salvo. Disculpa que… Haya vestido tu cuerpo estando tú dormida. Pero tu pijama no estaba en buen estado. ¿Quieres que te prepare un té? Seguro que quieres relajarte un poco.
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La Noche. Silencio. Solo...Corre.|Alternative Universe| Privao con el cerdo de Apofis Empty Re: La Noche. Silencio. Solo...Corre.|Alternative Universe| Privao con el cerdo de Apofis

Mensaje por Riven Leisser el Lun Jul 13, 2020 11:31 pm

La Noche. Silencio. Solo... Corre.
La Noche. Silencio. Solo...Corre.|Alternative Universe| Privao con el cerdo de Apofis K4OxZLTTodo lo ocurrido en esta tema es un universo alternativo y no tendrá repercusión en el personaje ni el resto de tramas.
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¿Cómo iba a imaginar que eran la misma persona? Si cualquiera pensaría que no era tan difícil, pero era todo demasiado diferente, lo que tenía ahora delante, aunque tuviera la misma altura, un color de ojos parecidos, cabello parecido pero a la vez era tan diferente, su piel era como la de cualquier humano, su roma como la de cualquier humano y su forma de hablar en esta ocasión como la de cualquier humano, y quizá también la diferencia de la habitación, la diferencia entre mi casa a oscuras comparado con aquella variopinta estancia.

Su respuesta, esa palabra “calma” sin duda era más conciliadora que las anteriores, no había manera de que viera un lugar desconocido como mi hogar, claro que escuchando sus argumentos. Esa amalgama de mentiras, medias verdades y palabras, dichas para hacerme pensar que realmente no estaba siendo retenida y que no estaba frente a mi propio captor me tan dulces y más agradables que la realidad me resultaron especialmente convincentes, muy convincentes cuando mi subconsciente prefería ese engaño a la realidad. Pero su actitud pacifica y sus palabras sosegadas no eran suficiente para hacerme calmarme tras despertarme con ropa ajena en un lugar desconocido frente a alguien a quien apenas conocía realmente.-¿Conspirando contra mi?-Casi frunciendo el ceño, como si por un momento sintiera que me ahogaba me mantuve inmóvil, en el sitio, como si moverme lo más mínimo me fuese a terminar por asfixiar como si por unos segundos me faltará el propio aire, incapaz de ver sus mentiras, incapaz de comprender por qué estaba allí o por qué un demonio había irrumpido en mi propia casa para hacerme victima de su retorcidos juegos y caprichos.-.-Nadie tiene motivos para conspirar nada contra mi. Incluso como oficial no me he llegado a meter en asuntos que me vinieran grandes. Y si se trata de algún otro criminal como mi padre que quiere hacerme victimas de algún tipo de represalias...se confunde de victima. Mi padre y yo no tenemos una relación precisamente afectuosa.-Por no decir que lo odiaba. ¿Y como llegar a una conclusión como aquella? No era muy difícil, y menos cuando pasas prácticamente siendo vigilada desde la discreción por un grupo de desconocidos y que poco después de que dejen de vigilarte y que tu padre desaparezca alguien irrumpe para llevarse tu vida. Quizá solo sugestiones por la insana obsesión por culpar a mi padre de la gran mayoría de males que me afligían.

Aun con la falsa sensación de seguridad que podía dar una firme pared, mantenía cierta sensación de ahogo, una leve angustia que no era más que la propia frustración que un Leisser padecía cuando una situación escapaba completamente de su control.-Donde debo estar es en el trabajo. No...no aquí-Con unos segundos más mi expresión volvió a pretender ocultar las emociones, sin embargo, mantenerme quieta, inmóvil no había ayudado en nada. Incluso teniendo un rostro sereno no era un secreto imposible de percibir mi inquietud, incluso por un momento de despiste una de mis manos termino cerca de mis labios casi a punto de hacer eso que tanto tienden a hacer las personas llenas de nervio, a punto de morderme la uña de mi pulgar retire la mano y tras un largo suspiro me retire de la ventana, pasando a caminar con paso tranquilo de un lado otro casi como un gato encerrado. Deteniéndome para volver a fijar mi mirada en él-Lo que me “visito” ayer decía llamarse como tu. ¿Es normal que algo que acecha en la noche de esa manera use tu nombre con tanta soberbia?-¿Lo había pillado? No para nada tras eso y casi como combate a mi propia inquietud escapó una pequeña carcajada.-No, esta claro que no sois la misma persona. No, no me gusta el té, ni creo que sea eso lo que necesito ahora preferiría...mi móvil, o bueno, uno, simplemente hacer una llamada a mi padre y... esto...-Intente sin nada de éxito quitarme aquel molesto “cachivache” que llevaba en el brazo, eso que me impedía usar mi kossei para revertir los rasgos animales que me había quedado.-No me gusta, no poder usar mi kossei es como si fuera andando con unos incómodos tacones.-Y parecía totalmente decidida a ello pero casi de un momento a otro cambie de opinión, como si todo eso no importara.-No, olvida eso. Mejor, me gustaría salir, necesito que me de el aire.-Y mientras decía eso ya había empezado a caminar hacia la puerta aunque eso implicara (ya que no había más remedio) pasar a su lado.        


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