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Mensaje por Demyan Lebedev el Lun Jun 01, 2020 2:13 am

[ Yachtze’el “Demyan” Lebedev ]
« And it's cold, a sign of the season »
Hombre
Angel caído
 
Amo
Edad desconocida
Pansexual/Indiferente
Legalmente, ruso
— Personalidad
And I float upon a shallow bay
Su primera apariencia es la de alguien no necesariamente frío, pero sí distante. Esas personas que por mucho que les hables, por mucha amabilidad que muestren y por mucho que las conozcas hace años, simplemente no podrías decir que conoces algo más que la superficie, o que seas cercano a él. Y, déjame decirte, es exactamente lo que aparenta.

Mantiene las distancias en todo sentido. Más que nada, y quizás lo más importante, emocional y sentimentalmente; no es que sea desagradable con los demás, al contrario, pero no es alguien de tener muchos amigos o personas cercanas a él. No suele contar mucho sobre sí mismo, ni parece tener un especial interés en formar vínculos con nadie más. Y, acompañando a esta distancia, también es alguien de guardar distancias reales– lo que es decir, no lo verás rodeado de gente, ni abrazando a nadie porque sí (o por algún motivo, su mayor muestra de aprecio seguro sean un par de palmaditas en la espalda, o en la cabeza si es alguien en serio especial).

Quizás también es en parte efecto de su inmortalidad, esa indiferencia, o distancia; la emocional, principalmente. Eso de haber pasado por tantos desastres, haber visto reinos alzarse y arder, haber visto a gente crecer y morir de la forma en que cualquiera ve las estaciones pasar, lo ha hecho bastante indiferente a casi todo; el mundo podría acabarse frente a sus ojos, y podría no reaccionar en absoluto si eso no le afecta personalmente. Útil en algunos casos, algo exasperante en otros, pero no es algo que pueda –o que le interese– corregir. Ve tu a ser testigo de la gran mayoría de grandes catástrofes de la humanidad y luego dime si no te parecería lo más sano el comportarse así.

Esto, de nuevo, no lo vuelve alguien desagradable necesariamente, aún si su presencia en sí puede resultar algo intimidante para ciertas personas. En general, busca agradar a la gente, o al menos, no resultar una molestia; no le interesan los conflictos que ve como innecesarios, y si es capaz de resolver las cosas por medio de la palabra, tomará ese camino. No se lo puede describir tampoco como “frío”, aunque no por ello necesariamente como “cálido”–es un punto medio perfecto en ese sentido, ni demasiado extrovertido, ni una máquina con vida; no sería extraño verlo perdido en sus pensamientos en soledad, pero tampoco reírse y hablar con toda la tranquilidad del mundo con gente que le agrada, aún si no sería capaz de bromear o reír a carcajadas con desconocidos como quizás harían otros. Podría decirse que preserva algo de la “presencia” típica de un ángel, esa que puede ser tanto incómoda (por venir de un ser de tal poder) como agradablemente reconfortante. Y, de pasar algo de tiempo con él, o de resultarle alguien agradable, vas a darte cuenta como de a poco pasa a ser mucho más de la segunda, llegando a mostrar incluso algo de calidez que podrías pensar viene de mucho tiempo atrás, o que tal vez se siente tan familiar que te cuesta creer que no sea en serio un pariente –uno lejano, tal vez, pero uno al fin.

Sin embargo, no por ello hay que asumir que es alguien que le tiene miedo al conflicto, o que no se lanza a la acción cuando es necesario. Si ha de pelear, entonces, lo hará, y puede ser tan despiadado como haga falta; eso de la “moral” y el “honor”, cuando se trata de una pelea, lo ha olvidado hace mucho, aún si preserva un par de normas que considera básicas (por ejemplo, no atacar a alguien que no quiere pelear a no ser que sea totalmente necesario). Invocar su ira es… Poco recomendable. El ángel que solía ser –ese al que se había destacado por la cantidad de demonios y bestias que consiguió derribar– se mezcla con el sobreviviente que es –ese que se abrió paso a través del mismo infierno– de la peor forma posible, y no será para nada agradable, no.

Pero, claro, a pesar de la distancia inicial, sigue siendo alguien capaz de sentir, y claramente (y a pesar de quiera evitarlo), capaz de formar vínculos. Así que, ¿Cómo es exactamente cuando le toma aprecio real a alguien? Protector sería decir poco. La devoción que podría sentir por proteger a su pueblo cuando era un ángel parece volver, ahora, enfocada a aquella persona (o personas) que haya tomado como seres queridos, y su actitud servicial también parece aparecerse de nuevo, aún si con cosas mucho menores, como quizás preparar las comidas o limpiar su habitación. No es que sea posesivo ni mucho menos, alguien que tanto tiempo anheló la libertad no sería capaz de ver el quitársela a alguien más como una muestra de afecto, pero sí que le gusta eso de ser quien más cuide de esa persona. Además de esto, a medida que considera a alguien de su agrado, aquella seriedad que puede mostrar a los demás parece deshacerse de a poco, siendo capaz de… No ser bromista, no –es terrible con eso, de verdad–, pero sí de permitirse algo de diversión.

En el caso de verlo especialmente afectado por algo, o simplemente mal… Bueno, realmente, no lo verías. Es de aquellas personas que, cuando se encuentran en un verdadero pozo emocional, se aíslan del resto tanto como pueden, tanto porque no quiere perjudicar su imagen mostrándose de esa forma, como por no querer preocupar al resto. Así que, apenas ve una nube negra formándose en su mente, es capaz de alejarse incluso de aquellos a quienes considera más cercanos, intentando aparentar la indiferencia que lo caracteriza cada vez que se encuentra con gente, y reservando lo demás para sí mismo.

Ideales, morales, esas cosas, suenan a algo importante que mencionar. No se puede decir que su sentido de la moral sea demasiado estricto –si le caes bien, hará alguna broma de que se lo cortaron junto a sus alas, y sí, será incómodo–, al menos no con cosas que no considere importantes. Eso de los robos y tal, por ejemplo, no le ve mucha importancia; no entiende demasiado los conceptos de “economía” o “dinero”, tal vez porque nació mucho antes de que se desarrollaran de la forma en que los conocemos ahora. Sin embargo, tiene un par de normas que considera absolutas. La primera, cuidar de los demás; a no ser que haya un buen motivo para no hacerlo, si puede ayudar a alguien que considere que necesita su ayuda, entonces intentará dársela. La segunda, libre albedrío, tan simple como eso: el suyo le costó bastante caro, ya, y perderlo no es algo que esté en sus planes, así que cualquier intento de quitárselo, de cualquier forma, no va a tener una respuesta amable; el ver que se lo han quitado a otros, por su lado, le parece el peor crimen posible. La libertad, aún si no es ya su principal prioridad, como pudo haber sido antes, es una de las cosas que considera de mayor importancia en la vida.
— Físico
I'm already incomplete
Lo primero que podrías notar del una-vez-ángel, quizás, es que como mínimo, es una figura imponente. Tanto por el lado de ser lo suficientemente alto para tener que mirar por encima a casi cualquiera (midiendo alrededor de 205cm de altura, sin contar el par de “alas” en su cabeza, claro, que aprovecha a la perfección, con una postura a la que nada hay que reclamarle), tanto como que, incluso por encima de la ropa, puede notarse que no es precisamente alguien débil físicamente. Sumándose a esto, se encuentra su cabello, el cual cae algo por debajo de sus hombros –de vez en cuando, dependiendo de si quiso cortárselo o no, incluso más que eso– y apenas se esfuerza en apartar de su rostro, de una tonalidad entre plateada y completamente blanca que, en lugar de enfatizar su edad (o al menos, la que podría aparentar), más bien le da un aire que solo puede describirse como ajeno. Ajeno, sí, y ese mismo efecto suele dar su expresión –que, si no tiene motivo para lo contrario, suele mantenerse entre la seriedad y la apatía–, y en general su rostro, de rasgos firmes que acentúan lo dicho anteriormente, y que solo se ven reforzados tanto por su piel pálida (aunque no lo suficiente como para pensar en alguna clase de albinismo) como por la barba, tan blanca como su cabello, que suele llevar sin demasiado cuidado –o, al menos, nada especial a comparación del cuidado que tiene con el resto de su apariencia, que es bastante más de lo que podría parecer.

Sus ojos son de una tonalidad dorada, variando su calidez según la luz a su alrededor, pudiendo pasar de un tono ámbar que recuerda al calor de una fogata, a un amarillo opaco que, por lógica, no debería verse tan frío. Son, quizás, uno de los rasgos menos naturales que tiene– quizás, solo porque hay algo más que los supera. Ese algo son las dos pequeñas “alas” que se encuentran en su cabeza, fundiéndose en su base con su cabello, yendo de un tono blanco casi puro, a un dorado que, ya en la punta de estas, se oscurece hasta un ocre. Estas no poseen una funcionalidad real, apenas pudiendo moverse siquiera, y manteniéndose ahí por un motivo, aparentemente, solo estético –un recuerdo de lo que fue su naturaleza, alguna vez.

La ropa que lleva suele ser de tonos oscuros, enfocada a ser práctica, aunque no por eso dejando de lado el cómo se vean –vestirá con tal de estar cómodo para la ocasión, sí, pero con lo que mejor se vea respetando ese criterio. Esto quiere decir que, si bien tiene algo de preferencia por mantenerse cubierto, no tiene problema alguno en no hacerlo si es que la temperatura o algún otro factor externo lo requiere. Y, de ser así, tan solo hace falta que descubra los brazos para notar la cantidad de cicatrices sobre ellos (suficientes para ser algo notorio), e imaginar todo el resto que debe tener. Las hay más recientes que otras, aún si la mayoría de las más graves se remontan a milenios atrás.

Lo que, claro, no sería fácil de imaginar, es posiblemente esa imagen que a casi nadie le muestra. Y es que, a lo largo de su espalda, se encuentran el par de cicatrices más profundas que podría tener alguien, si es que eso puede definirse como “par” únicamente. El único recuerdo de las alas que tuvo alguna vez, para ser exactos. Y, si es necesaria una mejor descripción de estas, basta con decir que dan la apariencia de que lo que sea que antes hubiera estado allí no solo hubiera sido arrancado con fuerza una vez… Más bien, como si cada vez que se le hubiera permitido curarse, esto se hubiera repetido, hasta que aquellas marcas fueron lo único que quedaba. A decir verdad, no sería algo muy distinto a lo que realmente ocurrió.

Alejándose de eso, y volviendo a su apariencia general, no sería extraño decir que, a primera vista, podría resultar algo intimidante, incluso. Si no se lo conoce, suele ser esa la impresión que deja; aunque de estar en su presencia algo más de tiempo, quizás lo siguiente que saldría a la luz es ese aura de alguien que lleva en aquel mundo mucho más tiempo de lo que podría imaginarse, algo que quizás no viene únicamente de como se ve, sino también de su manera de hablar o su comportamiento.
— Historia
Could we share a poisoned apple?
La vida de Demyan empezó como la de casi cualquier ángel. Quizás, como la de uno especialmente hecho para ser un servidor perfecto, uno que jamás miraría hacia el otro lado.

¿Cómo es, exactamente, que terminó como ahora?

Una serie de razones, seguramente. Caer no fue una sola decisión, sino un proceso que le llevó como mínimo un par de años (o, quizás, algunos siglos).

Tal vez la severidad con la que se llevaban las normas le pareció excesiva, o tal vez comenzó a tenerle empatía a aquellas criaturas a las que debería odiar. Tal vez simplemente perdió su fé. Tal vez, era un mal día de su Señor, y fue el quien tuvo que pagar por un capricho (tal vez fue ese mismo pensamiento).

Volvamos atrás, solo un poco.

Como ángel, no fue alguien que pasara desapercibido. No solo por la forma de seguir lo que le decían, o la de tomar decisiones con la cabeza fría que (casi siempre) llevaban a buenos resultados, sino que su habilidad en batalla era más que ejemplar. Como un soldado divino, era ideal. Simplemente ideal.

Como un enemigo, no, no lo sería. Eso fue lo que marcó uno de los momentos que más recuerda. Justo antes de caer (de que lo hicieran caer, por su rebelión), se lo castigó quitándole lo que se creía, se encargaría de disminuir el peligro que marcaría: sus alas. Dos cortes limpios, y ya no estaban, al menos, hasta que sanaran; les daría tiempo a estar listos si es que decidía volver.

¿Volver? No, incluso si hubiera querido, incluso si su rencor hubiera sido suficiente para intentar tal cosa, tal cosa le hubiera sido imposible.

Porque, si, quizás se había ganado cierta reputación como ángel, y eso, aún cuando solo causaba respeto o temor antes, ahora, desprovisto de algo tan esencial para su raza, tan solo le había puesto un blanco en la espalda.

Imagina eso por un momento. Un ángel conocido por la cantidad de criaturas oscuras que has destrozado con tus propias manos, ahora, indefenso, despojado de su mayor motivo de orgullo (como lo serían las alas para cualquier ángel), y con su pueblo dándole la espalda. E imagina que esa noticia te llega a ti, una de esas criaturas que antes debería haberle tenido como mínimo algo de rechazo (y su parte apropiada de temor, como debería ser). Tentador, ¿No?

Capturado y mantenido como prisionero por sabrá Dios cuanto tiempo, porque así como podrían haber sido un par de décadas, podrían haber sido unos cuantos milenios. No vas a conseguir que suelte palabra alguna sobre aquel tiempo, no, y únicamente por respeto a su privacidad, vamos a ahorrarnos cualquier descripción sobre aquello. Cualquier descripción, menos por un único detalle: si hay un motivo por el cual nunca recuperó sus alas, está oculto en aquel tiempo. No sigue como prisionero no porque le hayan mostrado ninguna clase de piedad –ni se te ocurra implicar eso–, sino porque, simplemente, un día, mostrando lo que quedaba del ángel que había sido antes, escapó. No sin dejar a su paso un muy bonito, muy agradable camino de destrucción como mensaje de despedida, claro.

Y es que eso era lo único que quedaba del ángel que había sido: nada de su santidad, o de su honor, simplemente su capacidad para deshacerse de cualquier cosa en su camino. Fue eso, exactamente eso, lo que hizo durante otro largo tiempo. Otro tiempo del cual habla poco y nada, pero que fue esencial para su supervivencia. No podría haber sido de otro modo; no estaría aquí si no fuera por sus acciones en ese momento, aún si estas fueron en su mayoría su forma de lidiar con la ira que le provocó lo anterior –o de sentir que estaba recuperando el control sobre su propia vida.

Vagó por el mundo humano durante un largo tiempo, nunca quedándose en un lugar en específico por demasiado, y nunca terminando de adoptar una identidad en específico. Apenas y usaba su propio nombre, si eso deja las cosas más claras. Si bien esto mantuvo su inmortalidad, y su existencia como no-humano, como un secreto, también evitó que tuviera alguna conexión con un sitio en específico. Una condena autoimpuesta, de recorrer todo el mundo sin un lugar al que pertenecer realmente. Una que le llevó suficiente tiempo como para ver crecer y caer incontables civilizaciones, y como para que lo único a lo que pudiera apegarse fuera al propio concepto de la humanidad, la forma en que esta crecía y se destruía y volvía a nacer una y otra vez, todo por su propia voluntad. Libres.

Libertad. Quizás eso también había venido del ángel que solía ser, o más bien, de aquel que cayó en búsqueda de ella: el deseo, tan simple, de ser libre. Y quizás era eso, o su versión de eso, lo que lo mantenía de esa forma, incapaz de atarse a un solo lugar (a una sola identidad) por más de un par de décadas.

Pero entonces, ¿Qué lo motivó a abandonar aquella forma de actuar? Esa misma humanidad a la cual le había tomado aprecio. Para ser exactos, uno de esos humanos. Un nuevo siglo había comenzado hace poco, por lo que entendía, y él recién llegaba a un nuevo país, quizás para quedarse unos 20, 30 años, cuando lo conoció. No era nadie especial, uno podría decir que todo lo contrario a eso, pero aún así, de alguna forma, consiguió ganarse su aprecio. Lo que tan solo sirvió para que, cuando ni siquiera había llegado a su tercera década de vida, enfermara de gravedad. De haber sido un poco más valiente, de no haber sido por su manía de no querer atarse a nada ni nadie, quizás Demyan se hubiera quedado allí, lo hubiera cuidado– quizás habría podido salvarlo. Nunca va a saber la respuesta a eso.

Demyan huyó apenas vio la tormenta acercarse. No muy lejos, no, se mantuvo como un espectador silencioso unos cuantos meses, hasta que la obra concluyó y las cortinas se cerraron sobre la vida de quien ojalá le hubiera importado más que aquella “libertad”. Como se dijo antes, no era nadie importante, nadie especial, nadie que fueran a recordar, y el resto de personas a su alrededor lo olvidaría muy pronto, pero él no.

No pudo seguir con esa forma de vida mucho más. Aquello no representaba libertad alguna ya, no era algo que pudiera aceptar como tal. Y, décadas más tarde (apenas suficiente para darse un tiempo de luto), decidió buscar un lugar donde plantar raíces. Cerca de un pueblo pequeño en Rusia, fingiendo ser alguien que acababa de mudarse allí por motivos que nunca dejó demasiado claros y por los que nadie preguntó demasiado. Estableció lo más parecido que tuvo a un hogar allí, y decidió pasar tanto como pudiera de su inmortalidad en ese sitio, y eventualmente, quizás décadas despues, le tomó mucho más aprecio del que hubiera pensado. Al pueblo, sí, y a alguien en particular.

Le encontró en una de las calles del pueblo, con pinta de haberse perdido, o de haber huido de algún sitio –algo que podría reconocer en cualquier persona–, y a tres pasos de la muerte, y no dudó antes de decidir que le cuidaría. Se trataba de una mujer de alguna de las tantas razas sobrenaturales que había conseguido ver en su recorrido por aquel mundo, a la que quiso como si fuera parte de su familia.

Ella nunca le contó demasiado, y Demyan no preguntó, tampoco; le era suficiente el poco de información que consiguió –un par de nombres, un lugar, murmullos entre pesadillas– para entender que, aún con cualquier diferencia entre ellos dos, su historia, quizás, no era tan distinta. Quizás fue por eso, por ver a su yo de antes, que cuando ella, necesitando un sitio donde quedarse luego de huir, le pidió su protección, aceptó sin más. Y eso debería haber sido todo, eso debería haber sido el final. Uno en el cual vivían una vida larga, como una familia, formada de la misma forma en que se puede unir una rama de un árbol a otro, o quizás, uno en el que esa mujer, una vez que ya estaba segura, podría conseguir su propio final feliz. No uno en el que ella se convertía en otra persona más en la que no podía salvar.

Ella no desapareció sin más. Quizás eso hubiera sido menos doloroso, más fácil de aceptar, más fácil de creer que fue un final feliz. Pero no, incluso llegó a ver desde la ventana de la cocina como se dirigía al bosque, en lo que él preparaba la cena. Y la siguió, por supuesto que la siguió, pero no por imaginar el peor final; fue simple curiosidad, quizás algo de preocupación por no saber lo que hacía. Y por eso, por haber sido curiosidad, mantuvo su distancia, toda la que pudo, porque lo último que quería era hacerla enojar por querer investigar algo que ella prefería mantener en privado. Algo más a la lista de motivos por los que arrepentirse.

Ella no desapareció sin más. La oyó gritar antes de que, quien sea que hubiera estado buscándola, quien sea de quien estuviera huyendo, la atrapara, pero no pudo llegar a tiempo para evitarlo. Lo único que le quedó fueron el par de frases de aquella persona que sentenció ese final, y la vista de rojo hirviente sobre blanco gélido. ¿Encontrarla? No. Eso también, quizás, hubiera sido mejor, tener alguien a quien enterrar, pero el destino no iba a darle siquiera eso.

No creería que fuera a recuperarse de eso. Tuvieron que pasar años antes de que siquiera pensara en que debería tomar una decisión al respecto. Investigó, todo lo que pudo, todo aquello que pudiera ser una pista sobre qué había pasado… Sobre por qué ese tuvo que ser el final de aquella mujer. No es que haya descubierto demasiado, tampoco– al menos no sobre ella. Pero fue siguiendo esa pista que descubrió más de una cosa que ojalá no le hubiera resultado tan similar al pasado del que intentaba alejarse desde hace milenios.

Quizás su búsqueda de justicia no era del todo por aquella mujer, quizás tampoco era del todo por él. Pero fue eso lo que lo llevó a tomar una decisión, al final.

Sunflower, allí iría. Y juraba por todos los ángeles a los que les había dado la espalda que, pasara lo que pasara, ya no era la libertad, ni un sitio al que pertenecer, lo que buscaba.

Ahora, lo único que quería, era justicia.
— Poderes
Just remember, I win
+Humo: Puede, de su propio cuerpo, generar humo indistinguible del normal que se produciría por ejemplo quemando plásticos, sin ninguna propiedad mágica o sobrenatural más allá del control que puede ejercer sobre él. Demyan es capaz de manipularlo y utilizarlo de distintas formas:
>>Entre los usos más simples, puede cubrir una zona con este, no solo con tal de dificultar la visibilidad, sino también, dependiendo de quién se encuentre allí, provocar la asfixia típica del humo.
>>Si no quiere tomar tanto tiempo en hacer esto, o si no resulta práctico, también puede crear pequeñas “nubes” de este humo y dirigirlas hacia su objetivo, aunque no es lo que se dice muy preciso con ellas.
>>Del mismo modo, puede “despejarlo” total o parcialmente, por ejemplo, para afectar o no a una persona, o personas, en específico.
>>Puede crear objetos sólidos a partir de este, que se mantendrán así mientras estén en contacto con él. Estos pueden tomar distintas formas, desde objetos u armas (simples, es decir, nada de mecanismos con muchas partes, por ejemplo) a “barreras” a modo de escudo. Suele usarlo con el fin de, en un apuro, conseguir un arma decente –el que además apenas la suelte pueda ser usada como distracción es un plus. El límite de tamaño está establecido según que cantidad del material tenga disponible, pero por norma general, los objetos como mucho llegarán a ser de su tamaño, y las barreras podrán llegar a unos 10 o 15 metros tanto de alto como de largo.
>>Lo que puede resultar de mayor utilidad, dependiendo de la situación, es que si este humo entra en contacto con cualquier otro generado de forma “normal” (es decir, quemando algo, aunque no necesariamente algún plástico, aplica a cualquier clase de humo), entonces podrá controlarlo de la misma forma.

xSantidad: si bien no representa un peligro tan grande como podría ser para demonios u otras criaturas similares, sí tiene sus efectos. Por ejemplo, de usarse algún objeto bendito para retenerlo de alguna forma, sería incapaz de oponer resistencia– incluso si todo lo que se ha hecho fue agarrarle las manos con un rosario, sencillamente no podría soltarse. Del mismo modo, sus poderes se ven disminuidos casi por completo en lugares considerados “sagrados”– iglesias y templos, por ejemplo. Las heridas provocadas por armas sagradas o ataques de luz, por su parte, si bien no son necesariamente letales, sí le son bastante mas difíciles de curar; de forma similar, el humo que es capaz de generar (y todo aquel "afectado" por este) se dispersa fácilmente con el uso de poderes de luz, por débiles que estos sean– las armas que pueda crear se deshacen con tocar escudos creados con este elemento, y sus barreras pueden ser atravesadas con facilidad por ataques u armas de esa clase.

Habilidades
-Físicamente, es por mucho superior a un humano– y a muchos seres de otras razas, en realidad. Buena parte de esto viene por “herencia” de su especie, pero también ha puesto bastante de su propio esfuerzo para mantenerse así. Esto puede aplicarse tanto a lo típico –fuerza, velocidad, esas cosas– como a su capacidad para resistir heridas o cansancio. No sería extraño que pudiera caminar incluso con una pierna rota. ¿Respecto a eso de la fuerza? Digamos que podría, sin querer, quebrarle algo a alguien de una palmadita. No es como que eso haya pasado antes, no...
-De forma similar al campo anterior, su capacidad para curarse de distintas heridas es increíblemente alta –siendo capaz de curar heridas medianamente graves en algunos minutos–, aunque dependiendo de la gravedad de estas si es que terminan por dejar cicatrices o no. Por norma general, no lo hacen, o no por demasiado tiempo.
-Desde su tiempo como ángel, fue bendecido con una habilidad para comprender lenguajes con facilidad, aún si nunca los ha aprendido. En resumen, que es capaz de entender cualquier lenguaje que escuche, por mucho que jamás lo haya aprendido, y comunicarse en este una vez que lo haya oído (o leído, aunque ahí le es algo más difícil). Si bien esto incluye modismos y similares, no incluye lenguajes “inventados” o ficticios (por ejemplo, cualquiera que haya sido creado para una obra de ficción), ni es muy útil para entender metáforas ni frases muy poéticas, por así decirlo –más o menos como un traductor de internet, entiende las palabras en sí, pero solo su significado literal.
-Tiene bastante experiencia en lo que respecta a peleas físicas– lo que es decir, que pasó una buena parte de su vida metido en estas. Varios milenios, como mínimo, dedicado casi exclusivamente a volverse un guerrero perfecto; al menos, así era como ángel. Y, durante su tiempo como prisionero (que, para confirmarlo, sí, se trataron de por lo menos un par de miles de años, también), digamos que aprendió bastante más sobre eso, aunque definitivamente no fue nada como las peleas más “elegantes” y “técnicas” que tenía mientras aún servía al cielo. Finalmente, si bien no tuvo nunca un interés especial por artes marciales humanas, sí que ha practicado un par de estas durante algún tiempo (no una extensión significativa para lo que fue su vida), así que podríamos agregar eso a la lista. Para resumir, que no solo es capaz de hacerle frente a casi cualquier persona, sino que su estilo de pelea puede ir desde aquel que podrías esperar de un ángel, cuyos movimientos son casi siguiendo un guión, a uno totalmente brutal que solo se basa en destruir lo que tenga frente a sí.
-Es inmune a la gran mayoría de toxinas, venenos, drogas, etcétera, que podrían afectar a un humano. Para bien o para mal, esto incluye los efectos del café y el alcohol –aunque este último puede llegar a hacerle efecto, si bien de forma leve, en cantidades suficientes.
— Extras
The natural life's a lie
Gustos y disgustos
+ El frío, y los climas fríos en sí. Quizás por eso eligió vivir en donde vivió por tanto tiempo.
+ Los perros. Le parecen adorables. Sí, así de simple es.
+ Los sitios altos. Asomarse desde terrazas, o incluso escalar lugares altos con tal de tener una buena vista. ¿Extraña las vistas desde el cielo? Puede ser.
+ En general cualquier cosa que entre en su definición de adorable, cuyos únicos criterios son “se ve como si no pudiera hacerme daño” y “se ve suave”. Así que cualquier animal peludito, por ejemplo.
+ Su nombre real, que lleva desde que fue bautizado con este como ángel, aunque su relación con este sea complicada. Le gusta en el sentido de que suena agradable, y su significado se le hace, como mínimo, correcto.

- Los ángeles. No es nada personal, pero… Sí, lo ponen un poco incómodo. Sobre todo los, ejem, estereotipos de ángeles puros y libres de cualquier trazo de pecado o tentación o esas cosas.
- Los demonios. No es incomodidad, es rechazo completo. Podría decirse que un poco de asco incluso. Claro que podría tener excepciones, supone, con alguno especialmente bueno, pero su reacción inmediata a encontrarse con uno no va a ser favorable.
- Que pregunten sobre sus alas. Propuesta: no lo hagas.
- Los ruidos fuertes y repentinos, le traen… Algún que otro mal recuerdo.
- Odia las tormentas por eso mismo.
- Su nombre de ángel, también– esa es la relación complicada. No lo odia ni nada así, pero le incomoda ser llamado por este; se siente demasiado… personal, o privado, o de un tiempo que ya terminó hace mucho. Por eso se esfuerza tanto en mantenerlo en secreto.

Extras
> Demyan Lebedev no es, como uno puede asumir, su nombre real. Legalmente, sí, es ese, pero no se trata de más que una identidad falsa que tomó con su “mudanza” a Rusia. De cualquier forma, se presenta a todo el mundo así, y evita utilizar su nombre real –el cual es el mismo que tenía cuando era un ángel, Yachtze’el.
> Como ángel, era, en apariencia, similar a la imagen típica de un serafín, con sus seis alas correspondientes– le fueron cortados dos de sus pares de alas (ambos en su espalda) al momento de ser expulsado del cielo, pero el tercer par, aquel ubicado en su cabeza, se mantuvo intacto.  En apariencia, los tres pares eran bastante similares, aunque de tamaños bastante distintos, claro.
> A pesar de técnicamente no necesitar estudiar lenguajes para entenderlos, si hay un par que se ha dedicado a estudiar algo más, entre ellos el inglés y el ruso.
> Sabía muy poca información personal de la mujer a la que cuidó durante algún tiempo, y que terminó por ser su motivación para ir a Sunflower. Recuerda solo su apariencia y que se llamaba Margaret, pero desconoce si tenía familia o dónde estuvo exactamente.
> Si no quedó claro hasta ahora, no está precisamente muy a favor del sistema de amos y pets de la isla. Le digan lo que le digan al respecto.
> Sabe mucho más de cultura popular de lo que uno pensaría, incluyendo “memes” y modismos actuales, pero le divierte fingir que no. Decir referencias incorrectas es casi uno de sus pasatiempos preferidos.
> Antes de viajar, trabajó en la biblioteca del pueblo cercano a donde vivía durante bastante tiempo, aunque dista de ser el rubro más interesante en el que se ha metido. Evitaremos los detalles, por ahora.
> No pensó en conseguirse un empleo en Sunflower; o más bien, lo pensó, pero lo vio innecesario para el momento de viajar. Tenía suficiente ahorrado (tanto de su trabajo, como de fuentes… Ligeramente menos legales) como para pagarse el viaje y algún sitio donde quedarse. Ya se buscaría algo luego. Por ahora, se encuentra desempleado, eso sí.
— Registro
 
Hellagur - Arknights
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I know you don't know the reason [Demyan ID] Empty Re: I know you don't know the reason [Demyan ID]

Mensaje por Akali Hōjō el Lun Jun 01, 2020 2:45 am

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