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Ji Ahn Kyŏng

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Mensaje por Araxiel el Dom Mayo 31, 2020 2:54 pm

¿Lo más interesante que había hecho aquel día? Rescatar a una camada de cachorros de una alcantarilla. Ojo, que no es como si le desagradase, pero claro, la idea de apagar incendios es mil veces más llamativa que la de subir a un árbol para rescatar a un gato incapaz de bajar. En fin, que si hubiese visto a la persona responsable de abandonar de un modo tan cruel a los prácticamente recién nacidos... Le hubiese llevado al hospital con las muñecas rotas como mínimo, para que no volviese a hacer algo parecido; y que no se le ocurriese. Todo ello, claro, con una brillante sonrisa.

Sin nada más por hacer hasta el siguiente aviso, les dieron "tiempo libre", lo cuál significaba entrenar un poco para perder el tiempo. Y sí, perder el tiempo, porque a él le sobraba eso y no necesitaba ejercitarse para superar a los humanos. Por suerte no todos en el cuerpo lo eran, y había algunas razas interesantes, como ese licántropo con el que en ocasiones tenía algunos roces competitivos, todo dentro de lo sano y sin rozar lo desagradable. Fue con él que se dirigió al gimnasio, retándose, como no, para ver quién hacía más dominadas levantando setenta kilogramos de peso. —¿Solo setenta? —rió levemente el albino—. Acepto; y estaré esperando por ese delicioso café cuando pierdas.

Dicho y hecho. Ambos se prepararon bajo las barras metálica, colocándose los cinturones con las pesas circulares y mirándose de manera competitiva. Hicieron una cuenta regresiva, se colgaron de la barra y comenzaron a subir y baja, subir y bajar, subir y bajar. Tal vez llevarían unas veinte cuando el demonio soltó una pequeña carcajada al ver a su compañero flaquear por un momento, alentándole para que siguiese. —Ethan —la vista de ambos se centró en aquella nueva voz—. Han dicho que ayudes con el mantenimiento del camión —informó. El nombrado intercambió una rápida mirada con el de celestes ojos, soltando un gruñido y dejando el ejercicio—. Esto no va a quedar así Araxiel —dijo algo frustrado por la interrupción. ¿Él? Solo rió de nuevo en respuesta.

A pesar de haberse quedado allí solo decidió seguir a la suyo. Largos fueron los minutos que estuvo así, entre diez y quince, antes de notar cómo sus brazos comenzaba a perder la fuerza. Fue entonces que soltó la barra y se quitó el cinturón, abriendo y cerrando las manos algo doloridas por el esfuerzo -más que dolor, molestia-. Una de sus cejas se alzó, y con ello, lo hizo también su vista. —Buenas tardes, Ahn —habló con amabilidad, secándose el sudor de la frente con la toalla que llevaba al cuello. Recogió las pesas del suelo para colocarlas de nuevo en su respectivo lugar—. ¿Tampoco tienes nada que hacer? —cuestionó, al fin y al cabo, eran compañeros, ¿no? ¿Por qué no entablar conversación con él?
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Lun Jun 01, 2020 7:52 am

Normal; era un día asquerosamente normal. Sin ningún incidente mayor ni nada que mereciera la pena. Todo estaba tranquilo; demasiado para su gusto, la verdad. En otras palabras: se aburría; mucho. Los pocos casos en los que hubo que intervenir no requirieron de su ayuda; fueron algunos otros compañeros del cuerpo los que se encargaron y, por lo que había oído cuando estos regresaron, tampoco había sido nada del otro mundo. Suspiró. ¿Que no podía aparecer algún pirómano y quemar alguna nave industrial, el bosque o una casa, al menos? No era mucho pedir, ¿verdad? Ahn ni siquiera estaba presente; tampoco podía divertirse con él. Pues muy bien. ¿Qué le quedaba entonces? Honestamente, poca cosa.

Primero que todo, se dedicó a hacer la parte que le correspondía: revisión de equipo general junto a algún que otro compañero y, cuando terminaron –puesto que tampoco había mucha cosa fuera de lugar, salvo algún detalle con uno de los camiones del que otro se encargaría después– se quedó un rato charlando con aquellos que se habían quedado en la estación a la espera de que el resto regresara. Sí, con sus compañeros se mostraba como un tipo agradable y educado, y esa fachada, quisiera o no, había que mantenerla socializando con ellos. ¿Después de eso? Un poco de ejercicio a solas; porque tampoco estaba dispuesto a aguantarlos todo el día si no era necesario.

Y ahí estaba. Fue imposible no rodar los ojos hacia él por unos instantes cuando le vio entrar por la puerta del gimnasio. No vamos a mentir, le resultaba un tanto irritante haberse cruzado con el crío después de tanto tiempo; más aún que se hubiese acercado a Ahn y hasta hubiesen tomado un café juntos. Sin embargo, no; no dijo nada al respecto. ¿Por qué? No había tenido la oportunidad, eso es todo. Siempre había más gente alrededor y, en fin, que no iba a ponerse a hablar de su vida en público; odiaba eso de dar información sobre sí mismo tan gratuitamente. Y por otro lado, aunque podría preguntarle al padre de la criatura –que no por nada eran amigos, al fin y al cabo–, a saber dónde se encontraba ese ahora. Tampoco es que le importase lo que hiciera o no con su vida; ese perro era libre para hacer lo que quisiera, pero hubiera estado bien tener alguna respuesta, si es que sabía algo.

De cualquier manera, optó por ignorarlo y seguir centrado en sus ejercicios, corriendo sobre aquella cinta a buen ritmo… Hasta que le escuchó dirigirse a él. Echó un rápido vistazo alrededor, comprobando que aún quedaban un par de personas por allí.
– ¿Qué hay? – contestó con una amable y falsa sonrisa, a la espera de que los otros se fueran o se alejaran lo suficiente. – Está siendo un día tranquilo. Eres de los que ha salido antes, ¿no? ¿Mucho curro fuera? – Ya sabía que no, no obstante, con tal de hacer algo de tiempo para que esos extras abandonasen la sala y les dejasen solos, cualquier cosa servía.
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Mensaje por Araxiel el Mar Jun 02, 2020 10:42 am

Pocos minutos necesitó para dejar todo el material utilizado en su sitio, recorriendo el lugar con sus celestes ojos. Apenas había gente allí. Tal vez el resto estuviese con los camiones o haciendo prácticas en el exterior. A saber. Acababa de llegar como se suele decir, y sin ningún aviso por el momento, solo podía seguir por ahí pululando y entreteniéndose. Sí, entreteniéndose; los ejercicios humanos le sabían a poco en ocasiones.

Se acercó a su compañero de cabellos teñidos, sentándose en el banco más cercano para no tener la necesidad de alzar mucho la voz y terminar a gritos en aquella sala. Con la espalda erguida y bien recta, hizo algunos estiramientos para desentumecer sus cansados brazos. —Y tanto —asintió. Era obvio que no siempre podían tener días ajetreados, pero estar tan tranquilos llegaba a ser incluso un poco aburrido. Alzó una de sus cejas asintiendo por lo siguiente, observándole con una suave sonrisa mientras estiraba los brazos por encima de la cabeza—. Prácticamente nada. Solo rescatar unos cachorros de una alcantarilla —lo dijo con naturalidad, porque sí, para eso también podían llamar a los bomberos, no solo para apagar incendios.

¿Qué hay de ti? ¿Has estado aquí todo el día? —cuestionó con esa característica amabilidad suya, eso sí, terminando con sus estiramientos y notando sus brazos bastante mejor. No es como si en realidad necesitase de largos periodos de descanso para recuperarse; con poco le servía. Desvió la mirada a aquellos compañeros que salía y se despidió, igual que hicieron ellos, con la mano. Ahora ya estaban solos—. ¿Algún problema con los camiones? Parece que todos tienen más trabajo revisándolos que fuera de la estación —rió un poco con cierta diversión, aunque a decir verdad, prefería rescatar animales que revisar camiones.

Sacudió un poco sus cenizos cabellos usando la toalla, terminando por quitar el sudar de su frente y recuperar la normalidad de su cuerpo. Ah... La verdad que ahora sí que se le antojaba tomar ese café que se había ganado con ese licántropo compañero suyo. Y hablando de café, con Ahn también se tomó uno, ¿estaría dispuesto a repetir? Bueno, no preguntaría por el momento. No le parecía buena idea que el otro se ejercitase y hablase al mismo tiempo, al fin y al cabo, era un humano; no quería que se esforzará de más. Que a ver, a la legua se veía que tenía capacidad física para eso y más, pero bueno, simplemente decidió hacerlo en otro momento.
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Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Mar Jun 02, 2020 3:50 pm

Siguió corriendo sobre la cinta como si tal cosa, aparentando toda la normalidad del mundo mientras, aunque fuera de reojo, mantenía la vista fija sobre aquel crío. Sí, para él era un crío; daba igual la edad que tuviera ahora, todo lo que hubiera podido crecer o no, o siquiera que fuesen compañeros de trabajo. Como un mocoso le había conocido y como un mocoso seguiría viéndole; fin de la historia. ¿Y qué hizo al escucharle responder a las preguntas que le había lanzado con esa falsa amabilidad? Sonreírle del mismo modo, fingiendo ser alguien que no era. – Oh, así que unos cachorritos, eh. Algo me parecía haber oído, sí. Al menos no ha sido nada grave. Es bueno que esté todo tan tranquilo. – comentó con cierta alegría bastante bien actuada. No, no era bueno; era aburrido, irritante, molesto. Él quería problemas y no unos malditos gatos a los que sacar de una alcantarilla, no obstante, y puestos a suplantar una identidad, mejor decir algo más propio de su huésped.

– Sí, hoy me tocaba a mí revisar el equipo y eso. Después… no ha habido mucho más que hacer. – respondió, todavía con ese agradable y falso semblante pero sin despegar los ojos de aquellos compañeros que recogían sus cosas dispuestos a marcharse del gimnasio. Algo distraído por los movimientos de ese par de extras, tampoco dudó en despedirse con la mano cuando finalmente abandonaron aquella habitación y, al fin, los dejaron solos. Ahora sí, clavó la mirada oscura en la celeste del otro y, manteniendo su sonrisa afable, detuvo la máquina sobre la que se ejercitaba. – ¿Eres tonto? – cuestionó, bajando de la cinta y secándose un poco el sudor con una toalla. No sabía cuánto tiempo a solas tendría con el crío así que mejor aprovecharlo bien, que a saber cuándo se repetía un momento así. – ¿No crees que si tanto los andan revisando es por algo? Te recordaba como a un chico con más luces, ¿sabes?

Entonces, y solo entonces, fue que su expresión cambió. Sí, seguía sonriendo, sin embargo, esa sonrisa poco o nada tenía que ver con las que solía mostrar; no era una que el muchacho tímido que Ahn era fuese capaz de esbozar. Esta era más bien cínica, arrogante, soberbia, como si se creyese superior al otro. Que, bueno, más o menos así era; a sí mismo se veía como a una persona y a él… como poco más que un objeto, la verdad. No uno cualquiera, claro; uno que pertenecía a su amigo, pero un objeto al fin y al cabo. – ¿A quién le importan esos estúpidos camiones? ¿Qué haces aquí, niño? ¿Acaso se te ha perdido algo? – preguntó, directo y sin andarse con rodeos; dando algunos pasos hasta quedar frente al susodicho. – ¿Lo sabe él o voy a tener que darle la noticia yo? – añadió con bastante gracia, riendo levemente incluso. Y no, no dio ningún nombre en referencia a ese misterioso “él”, pero si era un poco espabilado debería pillar por dónde iban los tiros.
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Mensaje por Araxiel el Miér Jun 03, 2020 8:06 am

El albino no era la persona más inteligente del mundo, lo sabía y estaba muy lejos de serlo, pero en ocasiones podía ser bastante analítico con su entorno, como demostró en ese momento: si bien la charla con su compañero parecía de lo más normal, algo en su interior le advertía que no era así. Ahn -o quien para él seguía siendo Ahn- parecía de cierto modo interesado en aquellos otros hombres del gimnasio, como si esperase por algo. Claro que no iba a comentar nada, no había motivos para ello. Podría ser solo la curiosidad hacia el resto de la sala, solo eso. —Sí, es bueno —asintió levemente desviando por unos instantes la celeste mirada a ningún punto en concreto—. Aunque en ocasiones resulta un poco aburrido —añadió aquello como un pensamiento en voz alta. Que no, que ni de lejos quería que sucediese catástrofes como lo era un incendio, pero tampoco nos vamos a mentir; que lo más emocionante que ha hecho en una semana haya sido salvar unos cachorros y revisar el equipo... En fin, que no era lo que se imaginó cuando decidió ejercer la profesión.

Todo cambió cuando el resto de compañeros se marcharon, porque si bien no añadió mucho a lo primero, esa pregunta de dos palabras tan simples resultó ser de lo más ofensiva. Si se había mostrado relajado y algo distraído hasta el momento, fue cuando eso llegó a su canal auditivo que, en efecto, cambió. Su ceño se frunció con ligereza y sus ojos se clavaron en aquel cuerpo masculino, observando cómo cesaba con su ejercicio y bajaba de la cinta. No es como si su expresión en general cambiase mucho, se mantuvo tan impasible como le fue posible, aunque como era de esperar, no podía simplemente pasar por alto aquello sin decir nada. ¿Qué significaba eso de que lo recordaba con más luces? Y por si quedaban dudas, al ver esa nueva sonrisa en el rostro ajeno supo de inmediato que algo no iba bien. Era extraño. Ese sujeto se veía exactamente igual que Ahn, aquel con el que se tomó un café de la manera más casual, y sin embargo, sabía perfectamente que no podía ser la misma persona. El humano era tímido y lo recordaba avergonzado por todo, ¿pero ahora? ¿De dónde había sacado la confianza esa?

¿Quién eres? —preguntó de manera directa, total, estaban solos, ¿no? Nadie interrumpiría la conversación; tal vez eso fuese algo desventajoso también aunque en esos momentos el demonio no lo supiera. El resto de preguntas tampoco ayudaron demasiado y solo consiguieron crear más confusión. ¿Tendría un trastorno de personalidad o algo? Tampoco es como si supiese mucho del tema. Podría ser que solo fingía amabilidad pero, ¿por qué lo haría? No le encontraba ningún sentido. Se limitó a ponerse en pie para evitar esa descarada diferencia de altura que tanto le desagradó, seguramente, por la mueca que ahora adornaba en el rostro del coreano—. No sé de qué me hablas —y en parte no mentía, al menos, hasta ese "él". Su expresión se tornó ligeramente sombría, queriendo no pensar en esa respuesta que pasaba por su cabeza. Ya se había cruzado con una joven que tuvo la desgracia de conocer a semejante criatura. No podía ser. No otra vez. No quería creerlo.

Intentó por todos los medios posibles mantener esa neutralidad, pero como era obvio, por dentro le hervía la sangre al recordar cosas que no quería. Oh... Espera un momento... Si conocía a su padre y al parecer le conocía a él del pasado, eso significa... ¿Que era algún demonio? Pero eso era imposible, ¿cierto? Solo detectaba en él a un humano de lo más común, y de ser un demonio, lo hubiese sabido desde el segundo cero. —No sé de quién hablas —una mentira a medias, porque no podía asegurar nada tan pronto—, y como no entiendo a qué viene todo esto, por mí como si le dices a esa persona que estoy en la isla —buscó la manera de encaminar la conversación sin decir nada de manera directa. No se fiaba de ese que usurpaba una identidad que no era suya. Por el momento lo mejor sería mantenerse alerta.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Miér Jun 03, 2020 9:42 pm

Se mantuvo con la expresión amable y sosegada que solía portar cuando se rodeaba de todos aquellos imbéciles que tenía por compañeros. No, no les tenía mucho aprecio; por no decir que ninguno. Actuaba como si lo tuviese, claro; quería verse como uno más y que confiasen en él, no obstante, no, no podían importarle menos. Y el caso de Araxiel, si bien no era igual que el del resto por ciertos motivos, tampoco era muy diferente. Por sí mismo le importaba menos que nada; daba igual que se conociesen o no de antes, de no ser hijo de quien era –o propiedad, como lo entendía Hivvah–, no se molestaría ni en respetarle, ni en asegurarse de que se encontrara bien. A su manera, por supuesto. No haría de niñera ni muchísimo menos, sin embargo, como alguien se atreviese a ponerle la mano encima al crío, ya podía ir despidiéndose de su mísera y patética existencia. Es decir, si no se encargaba el padre de la criatura, lo haría él por su propia cuenta; y a saber cuál era peor de los dos, porque ninguno era del tipo que fuese a mostrar piedad.

– ¿Oh? Qué directo el mocoso, ¿no? – se burló de él abiertamente, dejando salir una leve carcajada tras esas palabras. Podría mentir y decirle que solo era Ahn pero, ¿para qué? ¿No estaba claro que no? El cambio de una “personalidad” a otra era demasiado evidente. El humano era tímido y se ponía nervioso por todo y nada a la vez. ¿Y él? Todo lo contrario; seguro de sí mismo, descarado. – ¿No te acuerdas de mí? Me dueles, niño, me dueles. – mintió. Si acaso, le resultaba divertido verle tan confuso. A ver cuánto tardaba en darse cuenta de su verdadera identidad. Ya debía haber notado cierta diferencia entre ese Ahn con el que se había tomado aquel café y el Ahn que veía en el trabajo, no obstante, nada que no tuviera una explicación relativamente sencilla. Era lógico que hubiese estado más ansioso a solas con él; al fin y al cabo, no le conocía de nada y, sin embargo, la estación de bomberos era un sitio al que debía estar acostumbrado y, por ende, donde poder sentirse cómodo con mayor facilidad.

– ¿No lo sabes? ¿Seguro? ¿Tan mal te han sentado los años? No me jodas; no han podido pasar tantos. Si eres un crío aún… – se mofó de nuevo. Obviamente lo sabía. Y si no lo sabía, al menos debía olerse quién era realmente ese “él”. La expresión que se apoderó de su rostro había sido cristalina; no hacía falta ser ningún genio para entenderla. Y, con esto, su ya de por sí amplia y cínica sonrisa, solo se agrandó. – Mira, me siento generoso. Déjame echarte un cable, ¿sí? – dijo, dando un par de pasos al frente para quedar cara a cara a una distancia bastante reducida y, así, poder tocarle directamente. Efectivamente, con el índice de su diestra; un pequeño toque directamente en el corazón. – Empieza por “Karan” y acaba por “tú padre”. – Una retorcida y quizás un tanto siniestra sonrisa se dibujó entonces en sus labios. Qué menos por su amigo. – ¿Sabe que estás aquí u os tengo que arreglar yo el reencuentro? Conozco un sitio apartado en el que podéis mataros si queréis. Tiene que ser bonito de ver, ¿no crees? – Y ahora sí, completamente tranquilo, alzó esa misma mano hasta alcanzar su mentón, tomándolo y obligándole a que le mirase momentáneamente solo para apartarse cuando ya hubiera hablado. – ¿Qué haces aquí? – inquirió.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Araxiel el Sáb Jun 06, 2020 12:54 pm

Sin tener demasiada información sobre el contrario veía bastante difícil averiguar de quién se trataba. Apenas tenía un par de datos: le conocía del pasado y, aunque quisera negarlo, conocía a su padre. Bien. Con ello viajó por sus pasadas memorias en busca de, lo que posiblemente fuese, un demonio. Que le reconociese era indicio de que tuvieron que coincidir en más de una ocasión, pues hacía más de cuatrocientos años que no pisaba el infierno. Su ceño se frunció de nuevo con ligereza, con ciertas dudas. —¿Caín? —pensó en esa primera opción, pero rápidamente la descartó. Ese demonio lo crió y, aunque no fuese amor como tal, un mínimo de aprecio sí que le tenía y, sobre todo, que le llamaba por su nombre y no "mocoso" o "niño". Si el ahora desconocido no era directo, ya se encargaría el albino de sacar información a su modo, con provocaciones si fuese necesario.

No actúes de ese modo frente a mí —hizo una pequeña pausa antes de mostrar una ladina sonrisa con cierta maldad—. ¿Doler? ¿Tan importante fui en tu vida para que mi desconocimiento te duela? —mantuvo la calma lo mejor que pudo, sin embargo, a nivel interno seguía buscando una respuesta a la inquisitiva que tanto le molestaba. ¿Quién era? Empezaba a molestarle y no lo iba a negar. Pero empezaba a obtener más información en forma de imágenes. Escucharle hablar de ese modo tan irritante le recordaba, sin lugar a dudas, a su propio padre. Esas expresiones, esa manera de hablar con un tono de superioridad, esa soberbia... Claro, ¿que cuántos demonios no eran así en realidad? Algo debía haber que delatase al contrario, algo que le diese una pista más clara; algo que estuviese pasando por alto y de lo que no se diese cuenta—. ¿Que no ha pasado tanto? Si ha pasado más de media vida —de la suya propia, obvio. Del otro no podía hablar por el momento.

Con el nuevo acercamiento se quedó inmóvil, tranquilo a pesar de que tal vez no debiera confiarse de ese modo frente a lo desconocido. Por apenas un segundo sus celestes ojos bajaron hasta ese dedo sobre su pecho, alzando de nuevo la mirada en busca de la oscura y notando su cuerpo tensarse frente a lo dicho. Así que estaba en lo cierto. Bueno, ahora que hablaban el mismo idioma, comenzó a reducir las posibilidades de aquella larguísima lista de posibles demonios. No eran muchos los que conocían de su existencia como hijo del caído, y descartando a Caín junto con el mismísimo Lucifer... Varios nombres llegaban a su mente, pero aún eran demasiados para poder lanzar uno al azar. Por el momento decidió dar algunas respuestas, eso sí, sin dejar de pensar. Pero que le tomase del mentón con esas confianzas le hizo retroceder el rostro para evitar ese contacto con un claro gesto de desagrado.

Dudo que lo sepa —respondió en primer lugar—. No he tenido el placer de reencontrarme con él aún, pero con los rumores que he escuchado, prefiero que siga siendo de ese modo —rumores no muy agradables, como es de esperar. Nada que tenga relación con su padre era agradable; solo eran cosas malas. Pero estaba empezando a atar cabos. La actitud que mostraba no resultaba sobreprotectora hacia el caído, pero sí algo posesivo, como si fuese una extraña amistad tóxica que el joven albino preferiría evitar... Espera... Sus pupilas disminuyeron su tamaño cuando un recuerdo llegó a él sin previo aviso. Una sucesión de imágenes pasadas donde, padre e hijo, estaban en plena matanza compartiendo diversión -en ese momento Araxiel era muy diferente, sí- con un amigo de su progenitor. Casi por instinto, como por impulsó, su pie derecho retrocedió, su mirada se afiló y decidió lanzar esa carta que había hallado—. No me digas que eres ese mismo gusano que aún recuerdo... ¿Hivvah? —soltó de manera directa. Si estaba equivocado en realidad sería un alivio; puede que incluso lo desease, pero de estar en lo cierto... Deseaba que no fuese así, que resultase ser una broma de mal gusto. Si su padre y ese demonio volvían a estar juntos su vida dejaría de ser tranquila, y por el modo de hablar del otro, era más que obvio, ¿no? Se habían vuelto a juntar. No lo quería, no quería volver a caer en eso de nuevo.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Sáb Jun 06, 2020 10:19 pm

Se rio. No pudo evitarlo. Podría no saber cuánto tiempo había pasado exactamente desde la última vez que coincidieron en algún lugar –porque a ciertas edades, el tiempo es algo que deja de importar; tanto, que Hivvah ni siquiera sabía cuántos años cargaba a sus espaldas–, sin embargo, seguía siendo un niño divertido. No exactamente igual que el que solía conocer, pero una cosa no quita la otra. – Eras tan importante para mí que no podrías importarme menos. – aseguró, alzando el mentón y mirándole por encima del hombro con una sonrisa ladina, tan amplia como soberbia. No, ni le importaba antes, ni le importaba ahora; todo el valor que tenía, a sus ojos, era ser hijo de quien era. Nada más.

– Y por cosas así digo que eres un crío. – afirmó, rodando los ojos y dejando aquella toalla con la que se había limpiado instantes atrás sobre sus propios hombros. Los hombros de Ahn, en realidad; no obstante, para él, Ahn era suyo también así que, si bien reconocía que no era el dueño original del cuerpo, sí que se consideraba a sí mismo el actual. Al menos parcialmente. – Más de media vida tuya no es nada. – se burló, dejando bastante claro que, entre ambos, había una diferencia más que suficiente como para llamarle “mocoso” y similares. Que, evidentemente, para su recipiente mortal la edad contraria era casi como una eternidad, pero ese muchacho ahora estaba durmiendo plácidamente; el humano no tenía ni voz ni voto.

Una nueva carcajada le abandonó al verle retroceder con ese semblante. Decir que le hacía gracia era quedarse corto.
– ¿Qué pasa? ¿No te gusta? – preguntó con tono jocoso, arqueando una ceja. – ¿No quieres que te toque? ¿Es eso? – continuó de igual manera; si acaso, ensanchando la sonrisa que en sus labios se dibujaba. – Estás de buen ver. – comentó entonces, coqueto en cierto modo, importándole bien poco que no quisiera establecer contacto físico y aventurándose a posar el índice de su diestra sobre los carnosos ajenos por apenas una fracción de segundo. Desde ahí, sin levantar la yema, fue descendiendo por su mentón y cuello, pasando directamente por la yugular e imaginando un sinfín de escenarios en los que… En fin, mejor no describir lo que se pasaba por esa retorcida mente al tocar una zona tan vital. – No creas que no te he mirado en los vestuarios o en las duchas. – explicó con una grandiosa sonrisa, alejándose un par de pasos. – Pero prefiero infinitamente a tu padre. – Y no tanto por el físico, porque había que reconocer que el chico había heredado buenos genes; más bien por los gustos que compartía con su progenitor y cómo ambos se entendían.

– ¿Rumores? ¿Mi perro es famoso? – Sí, usó esa forma posesiva para describir al caído con total descaro, confiado y seguro de lo que decía. Y más aún de ese apodo… ¿despectivo? ¿cariñoso? Lo que fuera, que le había puesto. Al fin y al cabo, sí, era su amigo y sí, él le había sacado del mercado así que, legalmente hablando –como si la legalidad le importase mucho–, era suyo. Por supuesto, no era ajeno a la fama del ángel; sabía perfectamente de quién se trataba y qué iba haciendo por ahí. Es decir, no vería a un cualquiera como una persona y mucho menos como a alguien cercano. Pero oh… Esa mirada que le acababa de dedicar y ese paso atrás… – Tan tierno… – volvió a burlarse, cambiando su sonrisa a una que delataba su enfermiza naturaleza.

Muy tentado estuvo a decirle que no, que se había equivocado, que su identidad era otra, o a sencillamente, decirle que, en ese preciso instante solo era “Ahn”, que ese era su nombre ahora y que así podía dirigirse a él. Sin embargo, no; nada de eso sucedió. Podría ser muchas cosas y, para bien o para mal, observador era una de ellas. Se había dado cuenta de esa reacción, claro está. No le alegraba tenerle cerca, era obvio. Obvio y exquisito a demasiados niveles.
– ¿Me has echado de menos, cachorrito? – Si Karan era un perro, su hijo era un cachorro. Punto.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Araxiel el Lun Jun 08, 2020 4:17 pm

Por la primera respuesta obtenida fue que pudo descartar fácilmente a su viejo... ¿Padrastro? No sabría cómo dirigirse a Caín, pero ese demonio le crió en sus primeros quince años de existencia, así que fue un pilar bastante importante en su vida, y aunque no podía decir lo mismo por parte de aquel que vivía en sus recuerdos, sabía que existía aprecio. Así que sí, fue sencillo averiguar que no se trataba de él. Y en realidad era una pena, pues le hubiese gustado reencontrarse con el demonio. Claro que, no respondió nada; sin saber su identidad primero no se jugaría el cuello diciendo cosas que no debía.

No me considero un crío, pero si tú eres un viejo, supongo que prefiero ser joven —joven en comparación a su padre, por ejemplo, porque para un simple mortal de jovial solo tenía la apariencia física y nada más. Demasiados años vividos, demasiadas experiencias, demasiados recuerdos... Demasiado de todo en general. Al menos ya tenía más información, ese era un buen punto. Se trataba de alguien mayor. ¿Miles de años? Posiblemente, si tan bien decía conocer a su progenitor, no le sorprendería que cargase con los mismos tres mil -más o menos, no exactos- de los que gozaba el ángel caído.

Obvio que no le gustaba que un desconocido le tocase con tanta confianza, y no tanto por el hecho de que fuese un desconocido, sino porque si era alguien del pasado y relacionado con Karan no podía salir nada bueno de ahí. —Exacto. No quiero que me toques —admitió sin rodeos innecesarios, hasta que llegó lo siguiente y una mueca de disgusto se pintó en su rostro—. ¿Qué? —con total desagrado negó con la cabeza, queriendo creer que no había escuchado. ¿Cómo que estaba de buen ver? Era demasiado repulsivo sin saber su identidad—. ¿Acaso tienes algún fetiche raro con los de pelo blanco y ojos azules o qué? —soltó sin cambiar su expresión, aunque bueno, su cabello era más bien rubio cenizo, pero se entendía, ¿no?—. Genial, en ese caso vete con él y olvídate de mi existencia —si tanto prefería a su padre, que fuese a buscarlo y a jugar con él, pero que no le molestase. Eso era todo lo que pedía.

Y sin embargo, a pesar de todos los sentimientos negativos hacia su propio padre, este no dejaba de ser eso mismo; el hombre que le dio la vida y, el que a su modo, le crió, educó... ¿Y quiso? Bueno, eso último era algo más cuestionable, porque desde que abandonó el infierno dudaba que en ese podrido corazón quedase algo de amor hacia su persona. —¿Quién mierdas te crees para hablar así de él? —el pie que había retrocedido con anterioridad, recuperó su posición e, incluso, sus manos se tornaron como puños por un segundo. ¿Qué clase de loco tenía el valor de llamarle así? No podía saberlo, y de ser consciente, aquel demonio debía estar muerto a manos del caído albino.

Ah... Claro... Ese loco. Tenía que ser justamente ese desquiciado el que se encontraba en el cuerpo de su compañero de trabajo. Pobre Ahn... Es lo primero que pensó al tener la afirmativa. —Ni un poco —aseguró—. ¿Por qué has tenido que ser tú entre todos los desgraciados que viven ahí abajo? —aunque pudiera mostrarse con un porte relajado, la verdad es que ahora estaba deseando romper algo para no hacerle daño al cuerpo humano, porque sí, quería desquitarse con Hivvah pero la lógica le decía que eso no iba a ser posible—. ¿Tan patético como siempre que sigues vagando de cuerpo en cuerpo? Eres de lo peor —dijo sin el más mínimo tacto. Estaban solos, se conocían y... ¿Para qué fingir ahora? Odiaba la idea de volver a cruzar caminos con ese demonio.

Pero algo llegó a su mente. —¿Vuelves a estar con mi padre? —y no en un ámbito romántico porque ninguno de los implicados sabía lo que era eso. Era una clara referencia a, simplemente, gastar su tiempo juntos como dos amigos perturbados que se dedicaban a hacer cosas no muy agradables. Porque sí, las recordaba perfectamente, y estaba seguro de que, si bajaba un poco la mirada a sus propias manos, vería las manchas de sangre que adornaban su pasado. Porque no siempre fue lo que era hoy en día, y para su poca suerte, estaba frente a alguien que conocía muy bien esa parte de su historia.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Mar Jun 09, 2020 4:00 pm

¿Viejo? ¿Eso era? Nunca lo había pensado, la verdad. Podría haber perdido la cuenta de los años que arrastraba, pero sabía perfectamente que era bastante más mayor que aquel crío que tenía frente a él y que, a su vez, también habían demonios –y seres en general– mucho más mayores. Que, evidentemente, la figura que tenía delante no era la de un niño, sin embargo, así era como le había conocido y así era como le seguía viendo. – Lo que te consideres o lo que prefieras me importa tanto como tú. – O sea, entre poco y nada. Sí, cierto, podría ser más permisivo con él, pasarle más cosas por alto y, en definitiva, no usarle directamente como un juguete más, no obstante, todo era debido a lo mismo: no a él, sino a su amigo. Porque sería una relación de amistad extraña y retorcida pero, a su manera, no dejaban de respetarse.

Y por más que insistiera en que no quería que le pusiera la mano encima, sobra decir que a Hivvah le dio exactamente igual, ¿verdad? Siguió con lo que hacía y punto. Por supuesto, disfrutando como nunca de esa mueca de disgusto y desagrado. Podría haber cambiado mucho desde la última vez que coincidieron, sin embargo, debía admitir que seguía siendo un mocoso que le divertía. No del mismo modo, pero resultaba igualmente entretenido.
– Tengo muchos fetiches, pero la apariencia de alguien no es uno de ellos. – Al fin y al cabo, para pasar un buen rato cualquiera le venía bien. – ¿Es que ahora no puedo apreciar algo bonito cuando lo tengo frente a mis ojos, o qué? – se quejó, más o menos; porque el tono que usó para ello fue más bien una especie de burla hacia ese comentario que el otro le había lanzado.

– ¿Irme con él? – Se rio; no pudo evitarlo. – ¡Por favor! Niño, que estamos en horario laboral. Por mucho que me apetezca echarle un polvo a tu padre ahora mismo, no puedo dejar el trabajo. Soy un honorable bombero. – se mofó abiertamente. Aunque en parte era verdad eso que decía. No tanto la última frase, puesto que solo fingía un carácter que no era el suyo mientras estuviera rodeado del resto de sus compañeros del cuerpo –uno más agradable, vaya–; más bien lo primero. Por mucho que quisiera, por mucho que aquel fuera su mayor deseo en el mundo –que no, no lo era– en ese preciso instante no podía largarse de allí. ¿Y olvidarse de él? No, ni hablar. No dejaría que nadie le pusiera ni un dedo encima a ese crío. Que no, no sería su niñera, pero pobre de quien intentase hacerle algo si llegaba a enterarse o a, sencillamente, ser testigo de ello.

Unas nuevas carcajadas volvieron a salir de entre sus labios; no obstante, esta vez fueron simpáticas, suaves y despreocupadas.
– Su amo. – respondió rápidamente con una grandiosa sonrisa. Y legalmente hablado, no mentía; sobre aquellos papeles eran amo y mascota. La relación que pudieran o no tener después… Eso era otro tema. – El amo del mejor perro habido y por haber. Eso soy. – No por nada eran amigos; si había que ensalzar y halagar al caído lo haría sin problemas. Un poco a su manera, pero hacerlo, lo hacía. – Casualidades de la vida. Yo llegué aquí antes que tú, mocoso. La pregunta no es por qué yo; es: ¿por qué tú? – Más concretamente, qué narices hacía allí. Por Hivvah, que fuera donde le diese la gana e hiciera con su vida lo que quisiera, pero tenía cierta curiosidad al respecto.

– Vas a hacer que me sonroje. – comentó con gracia. Sí, que le llamasen “de lo peor” era una alabanza en toda regla. – Este no es como el resto de cuerpos. Este me gusta. – respondió, tranquilamente, sin meterse demasiado en detalles y sin especificar qué quería decir con aquello o cual era el motivo que le llevaba a afirmar algo así de un recipiente mortal; por el momento, al menos. – ¿Tú que crees? – contestó lanzando un nuevo interrogante. Ya debía saberlo por la forma en la que habían estado conversando, ¿no? Eso sí, la sonrisa triunfal y el mentón alzado, con esos aires de superioridad y soberbia que no faltasen. – ¿Por qué? ¿Quieres que salgamos los tres a divertirnos como en los viejos tiempos? – inquirió, sabiendo perfectamente lo que decía y, honestamente, con el único propósito de molestarle un poco.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Araxiel el Jue Jun 11, 2020 9:45 am

¿Qué responder ante eso? Podría decir mil y una cosa, podría incluso llegar más allá de las simples palabras ya que se encontraban solos; pero no, no hizo nada. Solo se limitó a seguir con su rostro de pocos amigos con la expresión asqueada que, como un chiste de mal gusto, aquel privilegiado no lograba que quitase. Si tan solo hubiese sido cualquier otra persona... Obviamente que no iba a tener esa suerte. No tendría ni que haber dudado. ¿Y ahora iban a hablar de fetiches? Dios... Bueno no, que a ese no le conoce y solo de mencionarlo le da dolor de cabeza. Lucifer, que aquel encuentro terminase rápido y sin causar problemas, por favor. Solo pedía eso.

Podría decirse que incluso un escalofrío recorrió su cuerpo por aquellas palabras. Era extraño. Conocía perfectamente al demonio pero no sabía nada del humano, y por mucho que estuviese hablando con Hivvah, tenía la sensación de que no era él, de que seguía frente a Ahn. Decir que su mente estaba completamente confusa y enredada era quedarse cortos. Si no fuese porque ese demonio estaba en un cuerpo ajeno al suyo -que a saber lo que le habría pasado, pero no puede importarle menos-, tal vez, y solo tal vez buscaría salir de aquella situación de un modo menos... Pacífico. —¿Sabes apreciar algo? Me sorprende. Creía que solo te dedicabas a torturar y matar —prefirió ignorar la parte incómoda al ser llamado "bonito" por alguien como él. Que en realidad dudaba que aquello fuese verdad. Y tampoco nos engañemos, que de ser cierto, iba a ignorarlo de cualquier modo. Por favor, que era amigo de su padre y, sobre todo, alguien horrible al que prefería ni acercarse; o no de nuevo.

De haber sido otra la situación incluso se hubiese reído por ese comentario de lo más cómico, pero no. En esos momentos no estaba para reír. No es como si buscase huir desesperadamente; estaba más que capacitado para hacerle frente, sin embargo algo le estaba molestando. ¿Qué pasaba con el humano propietario del cuerpo? ¿Serían amigos? ¿Tendría problemas ahora con dos personas en un mismo cuerpo? —¿Desde cuándo te preocupa algo mundano como el trabajo? —cuestionó, porque no se iba a creer que lo hiciese por placer. Algo debía haber, pero claro, si se paraba a pensar unos instantes, no recordaba nada extraño en la estación de bomberos. Es decir, que por muy asqueroso que fuese durante el horario laboral se sabía comportar... ¿Pero por qué? ¿Qué sacaba él de eso cuando solo le divertía el caos?

Todo era demasiado confuso. Miles de preguntas llegaban a su mente y ninguna tenía una respuesta. Por otro lado, tampoco es como si fuese a preguntar de manera directa al contrario. Sabía perfectamente que no iba a obtener respuestas, seguramente, solo burlas como las que estaba dejando salir. Y por sorprendente que pudiese parecer, conociendo la relación de padre e hijo, no pudo dejar de sentir como su sangre hervía cuando escuchó de nuevo el modo en el que se dirigía al caído. ¿Perro? ¿Que era su amo? No, no podía ser. Conocía a su progenitor y eso era imposible. Jamás dejaría que nadie le tratase así a menos que fuese el mismísimo Lucifer... Porque le conocía, ¿cierto? Ya lo dudaba. Sus recuerdos se entremezclaban violentamente en su cabeza y no le dejaban pensar con claridad.

Clavó su celeste mirada en la contraria. —Casualidad —respondió del mismo modo, y es que no mentía; si estaba en la isla era por pura casualidad. Nunca planeó llegar allí, solo sucedió—. No veo motivos para responderte cuando ambos sabemos que no te importa; tú mismo lo has dicho antes —dejó muy claro su punto de vista. ¿Acaso no estaba en lo cierto? Si él no iba a conseguir información tampoco se la daría al otro, eso es todo. No le gustaba y no iba a fingir que era de otra manera—. Ahórrate esos comentarios o terminaré por vomitar —no entendió muy bien qué podía gustarle de Ahn, pero algo debía haber para mostrarse tan... ¿Feliz? Bueno, lo que fuese. Su ceño se frunció con ligereza antes de negar—. Lamento decepcionarte —habló como si realmente lo sintiese, cosa que no era cierta—, pero no tengo nada que ver con vosotros dos. Lo que hagáis es cosa vuestra y prefiero ni saberlo —porque no quiere volver a caer en ello.

Sabe, o al menos intuye, que si se cruza con esos dos nada bueno puede salir, y lo que es peor; podría volver a caer en ese pozo de oscuridad. No quiere hacerlo. No de nuevo. Ahora tenia una vida tranquila, pacífica y sin sangre. Se negaba a volver a "divertirse" con ellos.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Vie Jun 12, 2020 11:19 am

Una nueva risa salió de él con esas primeras palabras que le dirigió, enormemente divertido y disfrutando de lo lindo de aquel reencuentro. Que, bueno, en realidad ya se habían encontrado antes puesto que era Hivvah quien solía trabajar –a no ser que se tratase de alguna tarea sencilla y no le apeteciera hacerla, claro– y cuando el niño se reunió con Ahn para tomar aquel café, él estaba ahí, observando como siempre. Sí, ya se habían visto; que el otro no supiera de su presencia y que no hubiera podido acercarse hasta el momento era otro tema completamente diferente. – Torturar y matar siempre es entretenido. – admitió con total naturalidad, como quien habla del tiempo, vaya. Porque sí, que aquello le gustaba era un hecho que no había cambiado; daba igual el cuerpo que ocupase, él seguía siendo el mismo. Y, si bien con el cuerpo de Ahn el caso era algo distinto, eso no influía en sus gustos. – Pero también sé cuándo tengo algo bonito delante. – explicó esa soberbia que parecía no abandonarle nunca.

Ahora bien, ¿qué entendía Hivvah por “bonito”? Conociendo sus gustos cualquiera podría imaginarse que encontraba belleza en la más macabra de las escenas, en la sangre, en la carne desgarrada, en vísceras, en heridas recién abiertas, en el dolor, en el sufrimiento y… en un sinfín de cosas con las cuales mejor no extenderse demasiado, pero se entiende la idea, ¿verdad? Y sí, todo eso era correcto; lo encontraba agradable e incluso placentero. Sin embargo, sus gustos no se reducían únicamente a eso. Que sí, que disfrutaría del caos y la desgracia como un niño de una piruleta, pero no era tan simple como eso. No, no había mentido al decir que estaba de buen ver; realmente lo pensaba. Igual que pensaba que el padre de la criatura era tan bello como solo unos pocos lo eran. Claro que, el caído, a diferencia del demonio que tenía por hijo, además, había conseguido que le viese como a una persona y no una mera pertenencia de un tercero. Por supuesto que sabía que era el juguete del jefe, no obstante, curiosamente, eso no cambiaba nada; era capaz de reconocerle por sí mismo y no en tanto que otro. Con el crío… Eso no pasaba. Era la “cosa de Karan” y ya está.


– Desde que tengo algo que cuidar. – contestó con una amplia sonrisa, orgullosa, como venía siendo costumbre. Y sí, dijo “algo” y no “alguien”. Porque aquel humano era una cosa; suya, más concretamente. Y que, en fin, era una buena tapadera. Es decir, siendo un honorable y encantador bombero, si algo llegara a suceder, pocos sospecharían de él, ¿no? Extrañamente, este segundo motivo no tenía tanto peso como el primero; Ahn verdaderamente le gustaba y, como tal, no podía permitir que se echase a perder. El humano sufriría lo que él decidiese que debía sufrir y sería feliz en la medida que a él se le encaprichara que lo fuera. Fin. – ¿También quieres divertirte con él? – preguntó en referencia al dueño del cuerpo, ladeando muy levemente la cabeza con una inocencia que, se mirase por donde se mirase, no tenía. – Puedo prestarte a mi preciado juguete por un rato. – Se… ¿ofreció? Sin embargo, viniendo de quien venía, era evidente que la oferta tendría letra pequeña.

– No, no me importa. – Él en sí no le importaba; mucho menos qué le había llevado hasta la isla. – Pero tengo curiosidad. – confesó, con una tranquila sonrisa. Demasiado tranquila para ser quien era; una expresión tan pacífica que fácilmente podría venir del mismo Ahn. Hivvah no se arrastraría como el humano y menos aún se haría ver tan patético y miserable, pero que sabía hacerse pasar por el mortal era algo que quería que quedase claro. – Y si Karan te quiere vivo, – Porque consideraba que, de desearlo de otro modo, no estarían conversando. – eso significa que yo también. – Sí, acababa de admitir abiertamente que no le haría nada; hasta que le protegería si hacía falta. – Así que vamos a llevarnos bien, eh, cachorrito. – finalizó,  con un semblante suave, sereno y apacible. Y tras ello, unas simpáticas carcajadas se abandonaron. ¿Qué no tenía nada que ver con ellos dos? ¿Lo decía en serio? – Eso no es lo que yo recuerdo. No puedes negar que nos lo pasábamos en grande los tres. – Ahora sí, una sonrisa más retorcida y cruel hizo acto de presencia. A saber qué se le pasaba por la cabeza.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Araxiel el Dom Jun 14, 2020 10:12 am

Se mirase por dónde se mirase, aquel no estaba siendo un encuentro agradable. Que podría ser mil veces peor, también; pero nunca es plato de buen gusto reencontrarse con gente del pasado a la que te has esforzado por olvidar en mayor o menor medida. Y vaya, que el modo de haberse cruzado tampoco fue el mejor. Todos los pequeños detalles hacían una gran montaña de cosas desagradables. —No lo es siempre —en definitiva, esas cosas ya no son divertidas para él. ¿Que lo fueron? Pues en algún punto de su pasado sí, pero no quería volver a eso—. Supongo que gracias —hizo una pequeña pausa, pensando en cómo devolverle aquel... ¿Halago? Lo que fuese, porque tampoco se creía que alguien como el contrario fuese capaz de decir ese tipo de palabras con un mínimo de sentimientos, al menos, no hacia su persona—. Diría lo mismo, pero no nos engañemos: la cara bonita es la de Ahn, a ti ni te recuerdo, o mejor dicho, ¿acaso te vi en tu verdadero cuerpo? —lo dudaba mucho.

Decidió, que si bien tal vez era una locura, relajarse un poco. Ambos sabían que de querer Hivvah podría acabar con él... ¿O ya no sería capaz? Hablando del cuerpo humano, el albino era superior en varios aspectos sin importar su apariencia delgada, que si bien tenía músculos definidos y tonificados, el otro claramente tenía mucho más cuerpo. Solo había que ver esos hombros y esa espalda... Pero excluyendo eso, el de celeste mirada seguía siendo un demonio, le gustase o no, y contra un humano podía fácilmente. ¿El problema? Que no fue difícil deducir que ese joven de normal tenía poco. Si fuese alguien común Hivvah no se hubiese quedado con él y mucho menos mostraría esa especie de aprecio raro. No, en definitiva, algo había ahí y es lo que podría costarle la vida.

Pero volviendo al tema, si era cierto que el contrario ocultaba algo, ¿por qué no hacía nada? Es obvio que no tenían la mejor relación, y de haberla tenido, eso quedó en el pasado cuando hacía cosas... No muy buenas, digamos. ¿Pero ahora? No podían ser más diferentes. —¿Divertirme? —frunció el ceño con bastante confusión, aunque el gesto solo se endureció por lo siguiente. No le molestaría tanto de no ser por el modo en el que se había dirigido al pobre humano. Al parecer ni con los años había dejado de ser odioso—. De nuevo lamento decepcionarte —y de nuevo no era cierto, solo algo fingido—, pero yo veo a las personas por lo que son; personas. Que trates al chico como si fuese un simple juguete y me lo ofrezcas de ese modo es algo muy repulsivo; propio de ti, claro —aunque pudo soltar eso con bastante veneno, la verdad es que no pasó de ser un simple comentario, una realidad al fin y al cabo. Por mucho que el otro pudiese actuar dolido no se lo creería, las cosas eran así, y de eso estaba seguro. Ese demonio no veía a nadie, o casi nadie mejor dicho, como a personas.

Si tanta curiosidad tienes ya te he respondido. Solo fue una casualidad que llegase aquí y que decidiese quedarme —se sinceró. Tampoco es como si tuviese algo que ocultar. Llevaba cerca de medio año en la isla y, para la vida que había llevado antes de eso vagando de un país a otro, la verdad es que le resultaba bastante tiempo. Irónico, cuando en realidad el tiempo era tan relativo que diez años mundanos para él era como un suspiro en ocasiones—. E-Espera... ¿Qué? —con una mueca extraña terminó por dibujar una suave sonrisa en los labios, algo pesada, eso sí—. ¿Y dónde está el truco en todo esto? No me creo que quieras que nos llevemos bien sin obtener nada a cambio —porque que lo hiciese solo por ser hijo de quién era le sabía a muy poco. Deseaba en parte que fuese solo por eso, y al mismo tiempo, odiaba la idea de tener cerca al contrario por algo tan insignificante.

Chasqueó la lengua y apartó la mirada por esas últimas palabras, cabreado y no con él, sino consigo mismo. No iba a negar la realidad; lo disfrutó en su momento, cierto, pero ya no era así. Ahora era alguien completamente diferente, alguien que no quería problemas y que prefería vivir al margen de todo. —Hace mucho tiempo de eso —habló con cierta seriedad, observándole por el rabillo del ojo y odiando por completo esa sonrisa que estaba mostrando—. Pero qué importa. Si tanto quieres divertirte hazlo con mi padre. Seguro que os lo pasáis en grande vosotros dos solos —que se tomase el comentario del modo que quisiera, sin embargo, solo tenía clara una cosa; no quería ser partícipe de nada que los involucrase a ambos. Prefería estar lejos del demonio y de su progenitor.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Lun Jun 15, 2020 10:08 pm

Su expresión cambió al instante al escuchar esas primeras palabras, arqueando una de sus cejas. ¿Cómo que no siempre? En el tiempo que llevaban como compañeros había comprobado que no era el mismo crío que recordaba; el muchacho que guardaba en su memoria no actuaba de ese modo y... No, él tampoco se mostraba en el trabajo como el desquiciado que realmente era pero… – ¿Tan blando te has vuelto? Qué decepción. – comentó con absoluta neutralidad, frío y distante; algo más cercano a la indiferencia que sentía. Y si bien hablaba de decepción, tampoco puede decirse que la sintiera lo más mínimo; solo habían sido palabras vacías, cosas que se dicen. – Quién sabe. – contestó ahora, cambiando de nuevo su semblante a una sonrisa suave aunque llena de soberbia. ¿Le había visto? Sí, lo había hecho, sin embargo, si no lo recordaba o no creía haberlo hecho en primer lugar, no diría nada al respecto. Dejémoslo en que Hivvah no era muy aficionado a revelar información sobre sí mismo.

Y de nuevo, se rio. ¿Qué narices estaba diciendo? ¿Personas? No, no había ninguna persona allí más que él. Mejores o peores, más o menos interesantes, más sumisos o más rebeldes, todos eran objetos listos para ser usados en cualquier momento.
– No le trato como si lo fuera; lo es. Es un juguete. Un muy buen juguete, de hecho. Y es mío. – aclaró, haciendo especial hincapié en esa última palabra. ¿Posesivo? Sí. Y mucho, además. Podía prestárselo a un tercero o dejarle que se lo pasara bien por su cuenta durante un rato, pero todo comenzaba y todo terminaba dónde y cuándo él dijese; no había negociación posible. – Me halagas, niño. – respondió a esa supuesta repulsión que el otro decía sentir; con una amplia y grandiosa sonrisa, enormemente divertido. – No me caes bien, pero si cambias de opinión podría hacer una excepción contigo. Depende de mi humor. – agregó, despreocupado y encogiéndose de hombros, sin darle mucha importancia, ni a sus propias palabras, ni al demonio frente a él; y mucho menos al mortal que usaba como recipiente.

Ladeó la cabeza con fingida inocencia ante la reacción ajena. Eso sí, sin perder la sonrisa ni abandonar ese semblante de superioridad por un segundo. Sí, le había dicho de llevarse bien, no obstante, tampoco nos emocionemos; para Hivvah eso no tenía nada que ver con ser amigos o algo por el estilo; su definición era bien distinta.
– Mira, mocoso, seré claro: no me importas una mierda y no tendría ningún problema en hacerte un sinfín de cosas que dudo que quieras escuchar, – explicó tranquilamente, sin cambiar la expresión de su rostro ni un ápice a pesar de esos más que cuestionables deseos que admitía tener. – pero eres de mi amigo; y a mis amigos los respeto. No hagas esto más difícil, ¿sí? – Tan pronto dejaba caer que velaría por su seguridad y le protegería, como soltaba aquella… ¿amenaza? No, no le estaba amenazando de ningún modo, tan solo dándose a entender. Claro que, conociéndole, y por el modo en el que afirmaba aquello, tampoco sería descabellado pensar lo contrario.

– No te metas en mi camino, no me molestes innecesariamente, y todo irá bien entre nosotros. – añadió, por si todo lo anterior no había sido suficiente. Aquello de lo que hablaba era algo bastante sencillo; a fin de cuentas, él solo quería divertirse y ya está. ¿Qué significaba todo eso, entonces? Que no se metiese de por medio en sus aficiones y placeres a menos que quisiera unirse a ellas. Y por lo que había podido comprobar hasta la fecha, no parecía que ese fuese a ser el caso. – Usarte como excusa para pasar un buen rato tiene su gracia, pero no me hagas hacer de niñera a estas alturas; no tengo mucha paciencia. ¿De acuerdo? – preguntó, con tono suave, cercano, dulce incluso. Demasiado para la criatura sádica que ambos sabían que era. – Oh, no te preocupes por eso, cachorrito. Me lo paso en grande con tu padre. – dijo, pasando su lengua lentamente por sus labios, relamiéndose en gesto lascivo, con unas evidentes connotaciones sexuales y sin la menor de las vergüenzas. Sí, definitivamente se divertía mucho.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Araxiel el Miér Jun 17, 2020 9:12 am

Que no le importase el contrario no significaba que los comentarios no le molestasen, en mayor o menor medida. Quería simplemente ignorarlos, de verdad que lo intentaba, pero había en algunos puntos que se volvía una tarea casi imposible. Era irritante, y sin embargo, lo que más le molestaba es que en algún punto del pasado él también llegó a mostrarse así de arrogante, con esos aires de superioridad... No hasta el punto de esa garrapata que  era el demonio, pues nunca llegó al extremo de ver a las personas como simples cosas. Podía actuar como tal, pero no por ello lo sentía de ese modo. Él mata personas, no rompía cosas. —Será que con la edad me he ido relajando —o que decidió alejarse antes de que no hubiese vuelta atrás- Y aquella respuesta obtenida fue tan simple como podía esperarse. O, en serio, ¿es que os creéis que esperaba algo más? Ya se conocían al fin y al cabo, y con ello, aunque no fuese con exactitud, podía hacerse una idea muy acertada de la información que obtendría y de la que no.

Escuchar su risa era algo escalofriante, no por el acto en sí, sino porque recordaba que estaba hablando con un demente pero frente a sus ojos se encontraba un cuerpo humano bastante tierno que nunca reiría ni actuaría de ese modo, o al menos, así es como el albino consideraba a Ahn; como un muchacho nervioso, introvertido e incapaz de meterse en problemas. ¿Estaba en lo correcto? No podía asegurarlo, pero eso es lo que sintió al tomarse aquel mísero café con él. —Me asqueas mucho —soltó sin más, sincerándose sin pensar mucho en sus palabras. Que siempre se mostrase amable y correcto no significaba que el contrario no lograse sacar lo peor de él -o al menos en cierta medida-. De ser otro no hablaría así, eso desde luego. Y sabía que sus palabras eran todo un halago para el otro, pero le daba igual—. Mira, coincidimos en algo —sonrió con frialdad, porque obviamente, ni pretendía caerle bien y mucho menos el demonio sin cuerpo propio era del agrado del menor.

No dudó mucho en fruncir algo el ceño, y de seguido, soltar una pesada sonrisa. ¿Qué más se podía esperar de alguien como el contrario? Absolutamente nada. Tampoco pretendía jugar a las casitas con él, eso lo tenía muy claro pero, si llevándose bien o lo que quisiera esa criatura conseguía mantener su tranquilidad, se podía plantear hacerlo. —Oh, nada de eso —sonríe de manera tan vacía que resulta hasta escalofriante—. Ahora habla, no te contengas; dime todas esas cosas que me harías. Quién sabe, tal vez alguna me sorprenda —cosa que dudaba. Ha visto muchas cosas y, para qué mentir, ha hecho muchas cosas. Sabe cómo actuaban su padre y ese amigo suyo perfectamente. ¿Torturar? Bueno... Podría llegar a aguantar más de lo que muchos fuesen capaces de imaginar.

No planeo meterme en tu camino —sincero hasta la médula, eso sí, aunque no añade mucho más. Sus motivos tenía para decir aquello, y eran más que obvios, así que sobran las palabras—. ¿Niñera? Podría verte y tratarte de muchas cosas, pero de niñero precisamente no. Sé cuidarme solo, y si yo no me meto en tu vida, tampoco hagas lo contrario conmigo. Ya sabes, por el bien de todos —porque quería aferrarse a esa loca idea de que seguiría con vida solo por ser hijo de quien era, aunque no tuviesen la mejor relación del mundo. Solo esperaba que cuando su progenitor se enterase de todo, no cometiese ninguna locura. Claro que, si hasta la fecha el caído no había dado indicios de querer matarlo... ¿Significaba que podía, al menos, confiar en su propio padre? Tal vez sí que se estuviese volviendo loco al pensar en ello.

Algo llegó a su mente cuando quería abandonar aquel lugar. —Antes de irme quiero saber algo más —habló desviando la mirada, buscando las palabras indicadas para expresarse y que no le costase el cuello—. ¿Que hay de Ahn? ¿Vas a amenazarme si me acerco a él? —cuestionó. Otra locura más. Pudiendo solo ignorar al humano y no meterse en sus problemas, parecía querer lanzarse de cabeza a una piscina vacía de la cuál podría salir muy mal. Querer conocer al humano era una estupidez sabiendo con lo que convivía, y sin embargo, allí estaba él, preguntando por el límite que podía alcanzar sin cabrear a nadie. ¿El motivo? Lástima. Creía que el mortal era demasiado bueno para vivir con semejantes criaturas. También curiosidad. ¿Cómo le tratarían? Porque con la conversación había averiguado que Hivvah no era precisamente amable, pero... ¿Y Karan? ¿También le torturaría? Seguro que la garrapata no dejaba que nadie se acercase más de la cuenta, pero claro, el ángel caído era su amigo... Solo de pensar en lo que podían hacer esos dos sus músculos se tensaron.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Ji Ahn Kyŏng el Jue Jun 18, 2020 11:41 am

¿Era un chiste? Debía ser un chiste, sí. Sin poder evitarlo, alzó una de sus manos hasta su propia boca para taparla y contener esa risa que amenazaba con salir e inundar el gimnasio. Vale que ahora estuvieran solos, sin embargo, no por ello el resto de compañeros, si andaban lo suficientemente cerca, no iban a poder escuchar lo que allí estuviese sucediendo. No, no podía armar ningún escándalo le gustase o no, y esa risa que trataba de reprimir, aunque consiguió escapar a medias, lo era. Sí, a medias. Aunque sus carcajadas fueron evidentes, no lograron alcanzar ese volumen que hubieran tenido de no haber hecho nada por impedir su salida. – Si eso fuera cierto y la edad afectase en algo, tu padre y yo ahora seríamos santos. – soltó con gracia y soberbia a partes iguales en cuanto consiguió calmarse un poco. – Solo eres un crío. – añadió de igual manera. Hivvah todavía le consideraba poco más que un niño, ¿qué hacía hablando de edades y del paso del tiempo?

Y ahí estaba, una nueva risa salió de él; en esta ocasión, no obstante, una bastante más suave, sutil y relajada. ¿Iba a seguir halagándole mucho más? A su modo, se le hacía hasta entrañable y tierno. ¿Así cómo no iba a pensar que era un mocoso?
– ¿Es que quieres que me sonroje, chico? Si quieres ver esta cara colorada mejor inténtalo con Ahn. – se mofó, con una sonrisa amplia y victoriosa. No era imposible que el demonio lo hiciera, pero tampoco era lo más común o sencillo de conseguir; el humano, por otro lado… Tan opuestos eran, que ruborizarle a él de complicado tenía entre poco y nada. ¿Ante lo siguiente, esa provocación o lo que quiera que hubiese sido aquello? Arqueó una ceja, con cierto asombro y curiosidad, ensanchando aún más si cabe la curvatura de sus labios. – ¿Y arriesgarme a quedarme sin echarle un polvo a tu padre porque su cachorrito ha tenido pesadillas por mi culpa? No, gracias. – se burló muy abiertamente y sin miramientos. Podía verle como a un niño, como a alguien –mejor dicho “algo”, pero en fin– blando, sin embargo, era bien consciente de cómo había sido en el pasado; no, no se asustaría si se lo dijera. Pero, ah… no había podido resistirse a seguir molestándole.

– Sí, sí, tú cuídate solo todo lo que quieras, pero si alguien te toca un solo pelo, ya puedes ir despidiéndote de quien quiera que haya sido. – respondió con una brillante sonrisa, simpático incluso; como si aquello que acababa de decir que estaría dispuesto a hacer fuese una especie de favor o un regalo bienintencionado. ¿La excepción a ello? Su propio padre, por supuesto. Que el ángel hiciera y deshiciera a placer todo cuanto deseara con sus cosas; él no se metería en la vida de su amigo. ¿Pero el resto? Ni hablar. Si él iba a tenerle un mínimo de respeto al menor, los demás también. – Que esté en el cuerpo de un humano no quiere decir que sea inofensivo. – agregó al final, clavando su oscura mirada en la ajena, sin parpadear siquiera, y de nuevo, con un macabro semblante que Ahn jamás sería capaz de mostrar. O, al menos, no por sí mismo. Iba en serio, sí. Que se lo tomase como quisiera y que imaginara lo que le viniera en gana; no podría importarle menos.

Sin mucho más que añadir a la conversación y creyendo que las cosas ya habían quedado claras para ambas partes, giró con intenciones de dirigirse a aquella máquina que había estado usando un rato atrás.
– ¿Ah? – Continuó dándole la espalda, no obstante, volteó levemente la cabeza para observarle de reojo, neutral y sin una expresión definida por algunos segundos. – Si quieres divertirte con él, adelante. – comenzó, regresando poco a poco a esa más típica sonrisa cínica y arrogante. – Pero ten cuidado con lo que haces. Solo recuerda a quién le pertenece. – advirtió, afilando la mirada y con una cierta frialdad. Ya le había dicho que le gustaba, que era su preciado juguete y, a nada que al muchacho le funcionasen un par de neuronas, ya debía intuir cuáles podrían ser las consecuencias si alguien tenía la brillante idea de hacerle lo que no debía a su humano. Y si bien podía ser más permisivo con el otro por ser hijo de quien era, había una línea que nadie salvo el propio Hivvah podía cruzar: no romper al mortal.
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Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng] Empty Re: Oh, no. Not you again... [Priv. Ji Ahn Kyŏng]

Mensaje por Araxiel el Sáb Jun 20, 2020 9:06 am

Crío. Mocoso. Cachorrito. Niño. ¿Se había saltado alguno más? Tal vez, pero ya con eso tenía suficiente. —A los malos bichos como vosotros eso no os afecta —habló tan tranquilo, sin miedo aparente por la respuesta que pudiese obtener—. Y sí, ya te has repetido muchas veces. Sé que soy un crío, ¿algo más? —alzó una ceja antes de negar con la cabeza—. ¿Sabes qué? Aunque tengas algo más que decir no me importa, ya he tolerado demasiado en un solo día —podría haber sonado agresivo o hiriente, pero su tono siguió siendo el mismo relajado que había logrado mantener hasta el momento, con sus altibajos, claro; aguantar a ese demonio no era tarea sencilla, y menos cuando no sabes ni por dónde te va a responder.

Poco tardó en mostrar una cara de total repulsión al imaginar a Hivvah sonrojado. ¿En serio era necesaria esa imagen? No, no lo era y aún así lo visualizó en su mente. Un escalofrío erizó su piel por ello, pero no tanto por el cuerpo que ahora ocupaba, sino por el hecho de ver al demonio de sus recuerdos en esa situación. A ver, que Ahn está de buen ver, eso es más que obvio, y que no le importaría verlo todo colorado por la timidez; pero de ahí a que fuese cuando el otro tuviese el control había un gran abismo que no se veía capaz de cruzar. Imposible. Muchos recuerdos que no quería asociar al rostro humano. Y por mucho que le fuese a resultar difícil, debería aprender a diferenciar a uno de otro. Posiblemente Ahn no tenía la culpa de nada, pero eso ya lo averiguaría con el tiempo.

¿Pesadillas? —rió un poco restando importancia al asunto—. Vamos, Ahn —no mencionó su verdadero nombre por simple precaución, por si algún compañero llegase a entrar y los descubriese hablando. Esa metedura de pata seguro que le costaría muy cara, así que mejor ni arriesgar—, todos sabemos la relación que tenemos mi padre y yo. Mientras que no me pongas una mano encima seguro que disfruta viendo como me creas pesadillas —habló con cierta diversión en sus palabras, una pesada diversión cabe destacar. Por mucho que sus palabras fuesen ciertas -que no estaba del todo seguro pero se apostaba el cuello a que no iba muy desencaminado-, aún así dolían un poco. No importaba el tiempo que pasase, siempre tenía ese tipo de sentimientos contradictorios en referencia a su padre. Sabía que si le seguía el juego Karan podía ser alguien amable a su modo, pero después de alejarse de él del modo en que lo hizo... Ya no sabía ni qué pensar.

Y como esperaba, ese cuerpo que se había adjudicado no era tan normal como podía aparentar. ¿Qué tendría de especial? Eso por el momento no lo sabía, y en parte, tampoco estaba seguro de querer averiguarlo. Si fuese el tímido humano quien le diese la información no tendría quejas, pero viniendo del otro... En fin, que le veía muy capaz de demostrarle de manera práctica el por qué le gustaba tanto y, por obvios motivos, no se iba a arriesgar de ese modo. —Ah... ¿Gracias? —no supo muy bien cómo reaccionar a esa clara declaración de intenciones. Lo último que esperaba era protección por parte de él, pero vamos, que mejor si lo tenía de "aliado" y no de enemigo. No es como si fuese a verlo como un amigo, tampoco era eso, pero si podían tener una relación mínimamente cordial en la que sus vidas no estuviesen en juego, con eso le parecía suficiente.

Se quedó allí plantado a la espera de esa respuesta que tanto había deseado escuchar. Y fue otra sorpresa la que se llevó, desde luego. ¿Que sería cuidadoso a la hora de tratar con el humano? Desde luego. No estaba dispuesto a sufrir por alguien a quién apenas conocía de haber tomado un café, y sinceramente, con Hivvah cerca sufrir podía ser algo extremadamente sencillo. Prefería seguir con su vida tranquila, cierto, pero también quería brindar algo así como un apoyo al joven. Que no le diría nada con respecto a la relación que tienen los tres, no por el momento. Tenía cierto miedo de ser juzgado solo por ser hijo del caído y, bueno, si la garrapata hablaba de más y sacaba a relucir sus historias pasadas, seguro que terminaba por espantarlo. —Lo tendré en cuenta —fue lo último que dijo antes de alejarse en silencio, afilando su mirada celeste mirando al frente y saliendo del gimnasio—. No le pertenece a nadie.


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