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One More Night || Priv. Yûki.

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Mensaje por Chrystal L. Blume el Dom Mayo 31, 2020 10:43 am

Había una sensación distinta en el aire y era algo que no le gustaba. Quizás fuera el mal humor que tenía encima desde temprano y que ya le había hecho discutir con un par de empleados de su bar, por razones que otras veces claramente no hubiera discutido. Bueno, al fin de cuentas, más allá de su brujería, no dejaba de ser una persona con sentimientos y, por ende, cambios de humor ¿Verdad? No quería ser redundante y pensar que aquello se debía a su periodo, pero quizás realmente este se encontraba cerca y las hormonas que acarreaba el mismo se estaban encargando de cambiar su humor, lamentablemente para mal. Prefería cuando simplemente se ponía más cachonda que de costumbre, pero bueno, no podía elegir, por desgracia. De todas formas, tampoco tenía ganas de quedarse en su casa. Tenía que trabajar, aunque su presencia en el bar a aquellas horas de la noche solo fuera para que le vieran los clientes y posibles nuevos contratos. Además de asegurarse de estar allí para resolver cualquier inconveniente que pudiera presentarse repentinamente.  Y bueno, no es que ella fuera alguien que temiera ensuciarse las manos o algo del estilo, así que tampoco era raro verla trabajando tras la barra si alguno de sus empleados necesitaba ir al baño o así. No era el caso en ese momento, pues se encontraba sentada en una de las mesas más apartadas, aquellas que solo estaban reservadas para ella y sus visitantes cercanos, allí en la planta alta del lugar, con una vista de todo el establecimiento. — Hay algo que no me gusta… — Murmuró en voz alta, bebiendo aquel néctar dulce y asomándose por la baranda, inspeccionando el lugar con ojo clínico. Si bien era normal ver manos metidas en pantalones, le gustaba asegurarse que todo lo que viera fuera consensual, no iba a ser la primera vez que tenía que tirar a la calle a algún cliente por no entender un “no” de alguna persona o, peor, uno de sus empleados. Al fin de cuenta, por algo estos eran tan leales a ella y le apreciaban. No conocía las mecánicas de otros bares como el de ella (en realidad sí), pero allí las cosas se manejaban de esa forma, lo cual lograba una comodidad en todos lo que trabajaban y, por ello, estaba orgullosa. La comodidad de sus empleados, era su prioridad.

— ¿Chrystal, quiere otra bebida? — Preguntó una de las camareras que llegaba hasta ella, con una sonrisa dulce y algo tímida en sus labios. Vestida con un short de cuero y un corset que le sentaban de maravilla. Definitivamente había sido una idea fantástica hacer aquella noche una temática de cuero. La cantidad de cuerpos hermosos decorados con tiras de este que había apreciado le había hecho al menos no estar con una cara larga, relamiéndose cada tanto. — Cariño, ya te dije que no es necesario que me trates con tanta formalidad. Y no, gracias. Voy a ir a dar una vuelta, esto de estar aquí arriba me aburre. ¿Viste a mi Yûki? — Habló tranquilamente, acercándose a ella para entregarle el recipiente de donde bebía, ahora ya vacío y dejarle una caricia en su mejilla, sonriendo satisfecha al ver el sonrojo en la contraria. ¿Un flechazo? Genial, adoraba que se flecharan por ella, no iba a negarlo. Sin embargo, también notó el leve fastidio en sus ojos (y también con su empatía) cuando mencionó al hada. Todos allí eran completamente conscientes del gran favoritismo que ella tenía por el muchacho. Y algunos casos, como aparentemente la muchacha frente a ella, no eran muy felices al respecto. ¿Pero que podía hacer? Incluso ella sabía que Yûki era y sería su favorito. Y no tenía por qué cambiarlo. Al fin de cuentas, lo había acogido (a la fuerza, eso sí) por una razón. Le encantaba su muchacho. Esperó por unos momentos la respuesta ajena, estando lista incluso para una mentira por parte de la otra, quien quizás se influenciara de sus celos, más simplemente recibió una negación junto a un puchero.  Le daba algo de ternura, debía admitir. Por ello mismo su sonrisa creció, mientras se acercaba a ella para tomarle del mentón, recorriendo otra vez con la mirada el cuerpo contrario y notando el creciente sonrojo en este. — El cuero te sienta espectacular, Linda — Le alagó, amagando besarle y luego alejándose, dejándola con las ganas, pues gozaba mucho en el tentar y no culminar.

Se paseó entre la gente, recibiendo algunas miradas algo cargadas y regocijándose con estas. Su ropa había sido especialmente elegida para aquel evento. Aquel traje de cuero con adornos dorados y rojos, más la fusta que llevaba… Si bien el escote era nulo, algo raro en ella, le gustaba y, al parecer, estaba cumpliendo su función. Al fin de cuentas, su lugar de trabajo era también donde mejor la pasaba, bailando con hombres y mujeres, recibiendo halagos, caricias e incluso regalos. Aunque ya había dejado de trabajar con el sexo y sus clientes frecuentes habían pasado a empleados que aun ejercían esa función también, cada tanto se llevaba a su zona vip alguna golosina para disfrutar. De todas formas, en ese momento no estaba buscando a alguien con quien jugar, sino que estaba buscando a su juguete personal. Yûki, por su parte, no estaba siendo fácil de encontrar y eso le molestaba un poco, haciendo que su humor empeorara levemente. Quería verle con su traje, aquel que había elegido especialmente para él y que el muy maldito no le había enseñado previamente, queriendo guardar la sorpresa o algo así. Lo dejó, porque la realidad es que seguramente se hubieran quedado en la casa de haberlo visto con antelación.

— Chrystal, llegó Gustav. Dice que quiere hablar contigo de algo importante y te está esperando — Dijo uno de sus empleados en cuanto se cruzó con ella, tomándole de la mano y apartándola un poco lejos de allí. Chrystal, por su parte suspiró frustrada. Sabía que Gustav en realidad tenía pocas intenciones de hablar y prefería usar la lengua para otra cosa. Y si bien habían pasado buenos momentos, se había aburrido ya del asunto. Sus conquistas casuales, por más dinero que estuvieran dispuestos a pagar, eran eso, casuales.  — Dile que estoy muy ocupada en este momento, que si quiere me espere. Que por las molestias le voy a invitar un trago. Eso sí, que se lo lleve Vanessa. Ella es muy de su estilo y seguro que se olvida de lo tan importante que tiene que hablar conmigo en cuanto la vea. Ah y dile a Vanessa que no se contenga con el precio, tiene mucho dinero. Que trate de sacarle lo máximo que pueda, es bastante jugoso. — Bromeo, recibiendo una sonrisa divertida del contrario y una escaneada de arriba hacia abajo. Le miró coqueta, sabiendo que solo estaba, de todas formas, apreciando su ropa. Zack, quien se encontraba frente a ella, era rotundamente gay. Hasta la médula y no había forma de que le deseara. Simplemente estaba admirando su traje. — ¡Oh! Y otra cosa. ¿Viste a Yûki? Lo estoy buscando — Le preguntó, sabiendo que él no le mentiría de saber dónde estaba.

La sonrisa que sostenía en sus labios, ahora que caminaba nuevamente en una dirección fija, era casi triunfal. Zack le había dicho el último lugar donde se había encontrado al hada y Chrystal se había sentido casi tonta de no haberse imaginado. No era de extrañar que Yûki se encontrara en el sótano. Donde los clientes más frecuentes y vips deberían de estar disfrutando una sesión de bondage sobre el escenario, si todo estaba siguiendo el cronograma. Lamentablemente, Gustav también se encontraba en esa zona, lo que le desanimaba levemente.  Aunque bueno, la suerte parecía estar de su lado, pues no tardó mucho más que unos minutos desde que bajó a aquel lugar en apreciar la silueta de quien buscaba, vestida en aquel traje que le tentaba a pecar.  Pero, por supuesto, ella no era la única que pensaba de aquella manera. Necesito acercarse solo unos pasos más hacia su objetivo para darse cuenta de que no se encontraba solo, frente a él, otra mujer le hablaba y acariciaba su pecho con un dedo. Era normal, Yûki era uno de los que brindaba servicios en ese lugar y Chrystal estaba acostumbrada a eso, sin embargo, por alguna razón que no entendía, sintió como su sangre comenzaba a hervir dentro de su cuerpo y una creciente necesidad de arrancarle la cabeza a esa perra que estaba tocando a SU niño. ¿Qué le estaba pasando? No lo sabía. Pero sin poder controlarse del todo, comenzó a caminar hacia ellos nuevamente, eso sí, con un semblante mucho más feroz en su rostro, empujando sin mirar a la gente que se le cruzaba.  — Lo siento, propiedad privada, cariño. — Dijo fríamente al llegar al lado del hada, pasando un brazo por su cintura y pegándolo a su lado, mientras que con su mano restante sostenía la de la otra fémina, alejándola del cuerpo que ahora reclamaba como suyo abiertamente.





El traje de Chrys:
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One More Night || Priv. Yûki. Empty Re: One More Night || Priv. Yûki.

Mensaje por Yûki Fujimoto el Miér Jun 03, 2020 2:56 pm

Llevaba, según podía recordar, un año trabajando para ella. Quizá un poco menos, pues tenía perfectamente memorizada la fecha en la que se cruzó con ella por primera vez, y sabía que todavía quedaban unos días para el… Aniversario de tal evento. E innegable era que desde que aquella bruja (sin ánimo de ofender, pero Chrystal no dejaba de ser una hechicera como aquellas que adornaban las fábulas que de pequeño escuchó en su Bélgica natal) le había tomado bajo su protección, su vida y condiciones laborales, al menos, habían aumentado. Se sentía cómodo, tanto con ella, como en su hogar, como en el trabajo. Más o menos, la relación con todos sus compañeros era cordial, pues cómo no querer a aquella hada tan alegre y que parecía poder sacar una sonrisa hasta en el momento más incómodo. Era un trabajador competente, también, tanto en la barra como en las partes más sucias de la jornada.

Y cómo no, ese carácter fingidamente inocente y a su vez pícaro era del agrado de la clientela, lo que acababa haciendo que acabaran en los bolsillos de Yûki generosas propinas que luego daba al bote común en el que estas acababan y a fin de mes distribuían, por lo que contar con el hada era un buen apoyo para el resto de compañeros. Se había labrado una reputación, y sinceramente disfrutaba de estar en ese lugar. Incluso tenían lugar lo que a su parecer eran divertidos eventos para un fetichista en el que vestirse de una forma concreta, como aquel día, en el que la pelirrosa había decidido que quería calentar las almas (y lo que no son las almas) de sus clientes con cuero. No negaría lo muy atractiva que le parecía la idea, y cómo había decidido con especial emoción él mismo su vestuario. Optó por algo sencillo, a diferencia de algunos de sus compañeros. Pantalones, negros, ajustados a su piel como un guante a la mano, junto a una cazadora que dejaba al descubierto parte de su cintura y que al estar abierta, también su atlético torso quedaba parcialmente visible, solo cubierto por una curiosa combinación de tiras de cuero que se entrelazaban en forma de  rombo en el centro, extendiéndose y llegando entre otras partes a su espalda, o a sus muñecas. Era complejo de explicar, pero la intención era tan sencilla como que engañara un poco a la imaginación, haciendo así parecer que de verdad el joven estaba atado, vulnerable. Y por cómo había recibido halagos y caricias de los clientes, sabía que su elección fue la correcta.

Siempre le había gustado bailar, en especial en aquel ambiente oscuro y discreto, en el que no podía llamar demasiado la atención y así poder dedicarse a hacerlo para deleite exclusivo de quienes estuvieran cerca, no de nadie más. Prefería eso a estar en lo alto, incluso cuando en esa posición su cuerpo estaba totalmente expuesto a los clientes a diferencia de sus compañeras y compañeros que hacían lo propio en aquellas barras horizontales de más arriba. En aquel sótano, nunca había demasiada gente, y quienes podían acceder eran de fiar por completo. No tenía que preocuparse por roces que no estaban consensuados ni porque en caso de querer seguir en algún lugar más íntimo intentaran más de para lo que habían pagado. Y es por ello quizá que era un poco más pícaro, más receptivo y dedicando más tiempo del que quizá debía a cada cliente tras servirle su copa o mimándolos con cariño extra, si es que los conocía de antes.

Quizá hay a quienes les parece que un ser vivo inteligente, o un hombre que se preciaba si preferían el término, no debe degradarse de esa forma, pero justamente por ser un hombre valoraba lo mucho que había ganado en aquel lugar, las amistades que había forjado y el amor, si es que así se podía llamar, que su secuestradora le había brindado, llegando hasta a vivir junto a ella. E incluso, para su desgracia, sintiendo algo más allá del odio o el repelús que esta le merecía durante sus primeros meses allí dentro. Pero justamente por ser inteligente se volvió más y más dócil, aceptando aquellos mimos y por qué negarlo, encariñándose con el tiempo por su “propietaria”. Justo en ella estaba pensando mientras servía aquella ronda de whisky a un grupo de hombres relativamente mayores, posiblemente empresarios o aquella clase de político con la que era mejor no meterse de ninguna forma, solo obedecer y cumplir con sus deseos para que brindaran una propina generosa.

Servil, se dirigió a ese grupo, dedicándoles una pícara sonrisa mientras servía lo que habían pedido, consciente de cómo se deleitaban ante las vistas que ahora tenían delante. Y él, por supuesto, se limitó a acercarse un poco más de la cuenta al que le quedó más cerca, dedicándole una mirada cálida y una sonrisa juguetona al resto, y notando como otro de ellos acababa por pellizcar su trasero, dejando su mano ahí y sin aparente intención de que quisiera alejarla hasta que alguien le hiciera alejarse. Colocaron en el borde del pantalón (como ya se esperaba que hicieran) el dinero correspondiente a la copa antes de dejarlo alejarse. No le extrañaba, tras un día duro de trabajo, su cintura acababa con billetes suficientes como para poner celoso a más de uno. A los clientes les agradaba poder dejar el dinero ahí y aprovechar para acariciar, y a él solo le interesaba poder seguir fardando de su “productividad” al resto de sus compañeros.

Él siguió paseándose unas horas más por ahí, cambiando de actividad según le apeteciera o viera que fuera más necesario. Se sentía cómodo, quizá un poco molesto por la presión que ejercía aquella totalmente ajustada prenda inferior sobre su piel, pero nada que no pudiera soportar, estaba acostumbrando. Guardó todo el dinero en una pequeña cartera de cuero (que se veía más que de sobra marcada en el pantalón, y podrías también saber si llevaba alguna moneda suelta. Ese grado de compacto hablamos) antes de dirigirse a una clienta aparentemente de buen porte, y a la que había visto más de una vez intentar acercarse a él de forma ligeramente torpe. ¿Sería nueva frecuentando aquellos antros? Le daría una buena primera impresión. Quizá la volvía alguien recurrente, y tampoco es que fuera demasiado desagradable. Un poco mayor, quizá, como casi todos los clientes VIPs, pero no desagradable.

Primero, la llevó a un lugar ligeramente más apartado, llevando las manos de la fémina hacia sus pectorales y dejándola explorar, con una sonrisa tan pícara y una apariencia tan complacida que parecía que de verdad se había acercado a ella por interés propio y no lo que de verdad estaba pasando ahí: profesionalidad.

Y pensaba llevarlo un poco más allá, hasta que algo aparentemente le detuvo. Unas manos y un tono de voz que conocía mucho, y con los que sabía que era mejor no discutir. Aquel tono tan celoso pero a la vez sensual, tan maternal y a su vez jovial, solo podía pertenecer a aquella maga que era su ama. Simplemente intentó mantener la misma sonrisa, alejándose cuando ella lo dijo e intentando que se dirigieran a un lugar más apartado juntos, en el que poder preguntar a qué se debía aquella curiosa introducción. Que sí, que normalmente, en el trabajo le dedicaba cierto cariño o servicios extra que quizá no eran necesarios, porque la lujuria podía con él y ella le conocía demasiado en la cama como para no hacerle estremecerse solo con insinuarse. Pero aquello… Era extraño, demasiado abrupto.

-¿Qué pasa, Chrystal? ¿Te encuentras bien? -preguntó, inocente, con el tono más amable y juguetón que pudo- ¿Quieres que te de un servicio a ti mejor? Solo tienes que pedirlo, mami.

Me olvidé ponerlo. Outfit de Yûki <3:
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Mensaje por Chrystal L. Blume el Miér Jul 08, 2020 11:41 am

Cuando la extraña se alejó, por razones obvias, Chrystal dio media vuelta, aún sosteniendo al hada por la cintura y comenzó a caminar hacia un lugar más apartado, pareciendo que ambos tenían el mismo pensamiento, pues el chico caminaba a su mismo ritmo, sin dudar. ¿Por qué había reaccionado de esa forma? No lo sabía. Ni siquiera era alguien extremadamente impulsiva. Y era muy consciente del trabajo del contrario y de lo que este consistía, pero aún así, algo se había activado dentro de ella. ¿Celos? No quería creerlo. No tenía razones para sentir celos de cualquiera que estuviera cerca de su Yûki, pues sabía que al finalizar el día él estaría en su cama. A no ser que bueno, estuviera trabajando en otra. Pero tenía la seguridad de que siempre volvería a ella, porque le pertenecía. Y ni siquiera lo ponía en duda. Entonces, la cuestión seguía allí. ¿Por qué había reaccionado de aquella forma? Sinceramente, desconocía completamente la respuesta. Aunque, dado el caso y la situación, tampoco tenía mucho sentido buscarla, por lo menos no en ese momento.

Una sonrisa pequeña se formó en sus labios, coqueta e incluso algo lasciva, al escuchar las palabras contrarias dirigidas a ella. — Te estuve buscando por todos lados — Dijo en un pequeño suspiro, mientras su mano acariciaba la tersa piel de la cintura contraria, pasando incluso a veces sus uñas por allí y disfrutando, mientras se acercaba aun mas al otro, arrinconandolo contra una pared y hablando cerca de su rostro, pegándose a él, casi como si quisiera esconderlo del resto de la gente allí presente. — Si, te quiero todo para mi esta noche. ¿Cómo se te ocurre privarme de estas vistas? — Bromeo, pasando ahora al cuello contrario, hundiendo por unos segundos su nariz allí y aspirando el aroma tan característico del hada que estaba entre sus brazos. Dejando un leve beso allí luego, que era un aviso de lo que le gustaría hacer. Amaba cada parte del contrario, por algo no lo había dejado ir en ningún momento, reclamándolo como suyo desde un principio. Era casi una adicción lo que tenía a su cuerpo y se lo demostraba cada vez que tenía la oportunidad. Quizás Chrystal no era la persona más romántica sobre la tierra, ni era extremadamente buena con las palabras o no demostraba sentimientos como el resto de las personas, porque puede que incluso no tuviera los mismos sentimientos que el resto de las personas solían tener. Pero no se podía decir que no dejaba en claro con sus acciones cuánto apreciaba a alguien. Todos allí sabían que Yûki era su favorito y el primero para ella. Incluso él mismo. Se había asegurado de hacérselo notar siempre. Dándole un trato especial que no se molestaba en disimular en ningún momento.

Se separó solo un poco del otro, manteniendo aún sus manos sobre él, eso si y continuando acariciando aquella suave piel. — ¿Acaso estabas escondiéndote de mí? Niño malo. Sabes que siempre terminaras entre mis brazos, para que prolongarlo — Habló coqueta, con una sonrisa que, distinta a otras veces, mostraba su lado más “Salvaje” por decirlo de alguna forma. Pues las vistas frente a sus ojos no hacían más que encender su deseo. ¿Y para qué contenerse? Aunque definitivamente no pasaran desapercibidos para cualquiera que los viera, no por andar tan pegados, sino por quienes eran y cómo lucían. Al menos el largo cabello rosado de Chrystal no era algo muy común de ver. Pero, nuevamente, eso no le importaba. Si alguien quería ver cómo se comía a su niño, no iba a detenerlo. En ese momento toda su atención estaba puesta en el muchacho frente a sus ojos.

Nuevamente se acercó al contrario, aunque esta vez sus labios se encontraron directamente con los contrarios, comenzando un beso algo lento, reclamando el interior de la boca ajena con su lengua. No había parte del muchacho que ya no hubiera sido reclamada como suya, pero ella se encargaba, personalmente, de recordárselo cada vez que podía. Además, adoraba besar a ese hombre entre sus brazos, no iba a negarlo y mucho menos ocultarlo. Sus manos, que se encontraban aún en su cintura, bajaron sin temor hasta depositarse en el trasero que lamentablemente aún estaba cubierto y qué, sin embargo, se marcaba espectacularmente por esos perfectos pantalones que casi eran una segunda piel. Apretó sus manos allí, dando un masaje algo rudo, pero sin serlo demasiado. Cómo sabía que al otro le gustaba. Mientras que una de sus piernas se colaba entre las contrarias, comenzando a moverla, presionando su muslo en aquella zona que, sabía, no tardaría mucho más en comenzar a endurecerse.

— Vamos, lindo. Te quiero arriba — Dijo, en cuanto notó la zona mas dura, con una voz algo dulce, pero que anunciaba lo que sucedería en cuanto subieran las escaleras hacia la zona que solo estaba dedicada a ella y sus más cercanos. No es que le molestara que le vieran con su niño, ya lo había dicho. Pero la realidad es que arriba tendrían muchas más comodidades que con una simple pared y gente pasando a su alrededor. Y ella quería tener las luces suficientes para apreciar aquel cuerpo, aunque prácticamente se lo conociera de memoria. Sin esperar mucho más, se separó de él, comenzando a caminar, aunque sosteniendo aún su cintura. No le interesaba eso de que caminara detrás de ella o algo por el estilo. No lo necesitaba para aumentar su ego. Las relaciones de poder no es que le excitaran. Si bien solía ser ella la que dominaba todas las situaciones, era más por su forma de ser que por una necesidad de demostrar algo. Aunque bueno, debía admitir que le encantaba ver al contrario debajo suyo, enrojecido y con ojos húmedos. Además de algunas marcas por su cuerpo que ella misma se había encargado de dejar.

De solo pensar en aquello, su boca se humedecio, deseando hacer sus fantasías realidad y apretando con algo más de fuerza la cintura que envolvía mientras caminaba. Sin embargo, su andar y sus fantasías se vieron interrumpidos ante la presencia de alguien, en realidad, bastante indeseado. No pudo evitar suspirar un poco molesta al detenerse, sin soltar, eso si, al hada de su agarre y, de todas formas, sonriendo. ¿Hipócrita? Si, había que serlo para mantener a los clientes. Sobre todo cuando estos dejaban tanto dinero como aquel frente a sus ojos. — Gustav. Que gusto encontrarme contigo. Espero que te estés divirtiendo y pasándola bien. Aunque dudo que alguien no lo haga con tanto cuero y piel en los alrededores — Bromeo, con una sonrisa coqueta y un tono de voz algo dulce. Aunque en ese momento lo que menos sentía era coquetería y dulzura por el ser frente a ella, quien no hacía más que retrasar las cosas. Por otro lado y, al contrario, sabía que la mirada de lujuria y deseo que el hombre le estaba dirigiendo, casi escaneandola, era realmente genuina.




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