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Mensaje por Invitado el Miér Mayo 06, 2020 5:31 am

Roxy abandonó aquella taberna tambaleándose, carcajeándose, sintiéndose igualmente divertida que mareada. Había abandonado a sus acompañantes en algún punto, más no recordaba cuando, donde o por qué. El pensamiento en su mente mucho menos complejo: // Tengo hambre // y // Quiero salmón // predominando por sus demás necesidades.

Cómo no se sabía de a bien los rumbos de aquella ciudad -que de poco le hubiese servido saberlos en el estado de embriaguez que le azotaba- se guio por su olfato para encontrar comida. No, no solo comida. Deliciosa comida. Con los brazos estirados para hacer balance, y también sujetarse en la medida en que fuese necesario, Roxy se alejó de la zona de bares y tabernas persiguiendo un delicioso aroma a pescado asado al carbón.

Lo siguió escabulléndose entre callejones y callejuelas, doblando esquinas, en algún momento se encontró deambulando por un tejado; internándose cada vez más a fondo en el laberinto que era aquella inmensa ciudad. Llegó hasta las puertas de una cocina económica nocturna -el letrero en la puerta llamándole “Midnight Supper” o algo semejante- de índole japonesa, como su patria, lo que explicaría por qué aquel aroma se le había impregnado en los pulmones y el antojo pudo más que la razón. Entró.

Adentro, solo. Bueno, casi. Solo dos personas en el pequeño espacio: uno, el chef al centro de un cuadrado cerrado a manera de barra que desembocaba por detrás a la cocina; y otro, en el extremo derecho de la barra frente a una enorme pintura de imitación. Le saludó el primero cuando cruzó la puerta, y Roxy correspondió con una sonrisa amplia.

- ¡Konnichiwa, mister! Algo huele deliciosamente exquisito en este lugar ¿sabe?... y he venido desde muy MUY lejos… posiblemente desde el otro lado de la ciudad, ¿eh? Y mire que el vestido que traigo no es para andar así como así a estas horas de la noche…. ¿o ya me dieron la madrugada?... ¿qué hora son a todo esto?... En fin… vengo para probarlo... El delicioso aroma a salmón… así que, si me hace el amable favor, dulce, honesto señor, mister, de servirme un poco… Me sentaré de aquel lado a esperar -

Su tono alegre y arrastrado combinaba con el rubor en su rostro. En efecto, la zorrita estaba ebria, tan ebria que el pobre cocinero no pudo sino soltar un desaprobatorio suspiro y negar levemente antes de sumergirse en su cocina. Sintiéndose sola, y siendo alguien acostumbrada a comer en compañía, Roxy decidió sentarse junto al extraño dejando entre los dos un asiento vacío para no incomodarle.

Le saludó con un gesto de su mano al tomar asiento.

- Hihi… OMG, todo aquí huele delicioso, ¿verdad? Me encantaría haber conocido este lugar antes… ojala sirvieran comida así casa… bueno, osea, la casa donde estoy ahora…obvio que en mi casa-casa si teníamos comida así… pero hogareña, asi, ¿sabe? Japonesa pero hogareña… ¡Ah! Es que seguro no sabe, no le dije, vengo de Japón… Kyoto para ser exactos… aunque no he vivido solo en Japon… Oh, ¡ya recordé que iba a preguntarle! ¿Viene usted muy seguido aquí? ¿Qué ordena? ¿Cuál es la especialidad? Ah… ya hace hambre… Me pregunto si me dejarán pedir algo de tomar… -
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[Privado] Someone In The Crowd♪ | Priv. Remus D. Sutton  Empty Re: [Privado] Someone In The Crowd♪ | Priv. Remus D. Sutton

Mensaje por Remus D. Sutton el Dom Mayo 10, 2020 4:15 am

¿Cómo había terminado ahí? Bueno, no es que hubiera sido su elección habitual– la mayoría de las veces, prefería comer en casa. Este no había sido uno de sus mejores días, sin embargo.

Demasiada gente haciendo preguntas, demasiadas veces que tuvo que explicar por qué no respondía, esa clase de cosas que lo dejaban sin energía (especialmente para eso de “hablar”, ugh). Así que había aprovechado una tarea pendiente que tenía, que era subir material a su sitio web (¡Todo fotógrafo independiente tiene que hacer esas cosas!) y decidió recorrer la ciudad, ya atardeciendo, en una sesión de fotos bastante improvisada. Sesión que se extendió a la noche, y que le llevó hasta ya entrada la madrugada, a cambio de conseguir lo que para él eran las tomas perfectas.

Todo eso no era… Tan extraño para él, si tenía que ser honesto. Más de una vez le habían pasado cosas similares –aún si, allí, procuraba no quedarse hasta tan tarde, por no conocer tan bien el lugar–, solo que aquí había una diferencia clave: no se había llevado nada para comer, ni tampoco tenía ganas de volver a esas horas solo para ponerse a cocinar. Así que terminó por pasar un buen rato más buscando algún sitio que siguiera abierto, y que tuviera buena pinta. Al final, fue allí, aún cuando poco sabía sobre cocina japonesa o nada de eso, más allá del par de tutoriales que habrá visto alguna vez; más bien, había basado su elección en que parecía un sitio agradable. Y en que no había gente, claro. Porque, sí, a pesar de lo extraño que puede parecer decir algo así de un ser creado en base a sombras, eso de estar afuera tan tarde allí lo ponía algo nervioso. ¿Estar nervioso y cansado y tener que hacer el intento de hablar porque la barra está llena de gente? No le parecía una muy buena combinación.

Tuvo la suerte suficiente con que el chef, que era el único atendiendo en ese momento, fuera alguien comprensivo. No sabía lenguaje de señas (lo que era algo triste, porque se veía como alguien agradable, y quizás podía haberle hecho alguna que otra pregunta sobre la comida y esas cosas), pero “apuntar al ítem del menú y sonreír” es un gesto casi universal. Había pedido lo que se le hizo más familiar, que para él no era mucho más que pescado asado, y por suerte no tuvo que esperar demasiado. Claro que para el momento en que se disponía a solo comer e irse pronto, una… distracción, se hizo presente –y esa fue la descripción mas amable que se le ocurrió.

No le tomó más que escuchar su saludo (y la ensalada de palabras que le siguió) para darse cuenta de que, como debería esperar de casi cualquiera llegando a un sitio así a esa hora, la chica estaba más que un poco pasada de copas. No es como que tal cosa le resultara extraña (que había tenido un cuarto compartido durante su tiempo en la universidad. Vio lo suficiente), pero si que era gracioso. Incluso tuvo que evitarse soltar una risa ante su actitud, cubriéndose la boca con una mano, más por pena por reírse del chef (que casi se vio como si pudiera ayuda) que porque creyera que la chica fuera a ofenderse.

No pensaba que fuera a pasar de eso. Su “interacción” con la otra persona, quería decir; no pensaba que fuera a ir más allá de casi reírse de ella. Así que poco necesario es aclarar que se sorprendió cuando ella fue a hablarle, mirándola fijo por unos momentos, parpadeando un par de veces para asegurarse de que, sí, estaba ahí y hablándole a él (aún si el sitio estaba totalmente vacío aparte de las tres personas ya mencionadas, contándolo). No le molestaba, no solo porque acabara de salir de un “descanso” de todo eso de comunicarse con gente y tal, sino también porque, aún estando en ese estado, la chica parecía bastante agradable; sin embargo, sí que conocía la sensación que le daban las situaciones en las que no podía decir palabra alguna, y “chica ebria hablando mucho más de lo que esperaba”, aún si no era la peor de todas, definitivamente contaba como una. Así que aprovechó lo mucho que, aparentemente, tenía que decir ella, para buscar algo en su mochila (que ahora se encontraba enganchada solo a uno de sus hombros, y apoyada apenas en el borde del asiento).

No traía muchas cosas, así que ambos objetos fueron fáciles de hallar. Su prioridad fueron las tarjetas, que encontró con rapidez, guardadas en un bonito estuche de cuero; sintético, si, pero bonito de igual forma, y sí, solo dedicado a guardar lo más parecido a tarjetas de presentación que tenía. O, más bien, lo más parecido además de las tarjetas de presentación que si tenía, pero que llevaba guardadas en un bolsillo de la mochila sin más. Prioridades y eso. En fin, apenas las encontró, separó una y la apoyó sobre la mesa, deslizandola con cuidado en dirección a la joven a su lado, con una sonrisa lo más amable que podía.

Nota del user~:
Las tarjetas son del estilo de estas de aquí, con información básica sobre el mutismo selectivo: en resumen, el hecho de que no es que no hable porque no entienda el idioma ni ninguna de esas cosas, sino que no puede hacerlo por ansiedad (y que entre menos presión le pongan para hablar, mejor para que pueda hacerlo luego). También incluye una aclaración con las formas de comunicarse de Remus (lenguaje de señas, o por escrito).

Acompañó eso con una seña simple para “perdón”, articulando la palabra con los labios al mismo tiempo, esperando que ella lo entendiera. En lo que esperaba que leyera lo que decía allí, sacó lo otro que había agarrado. A primera vista, parecía una libreta común y corriente, con un marcador enganchado en la parte del anillado– Sí, marcador. Apenas la abrió, era obvio por qué era así, pues la única “hoja” dentro era en realidad una especie de pizarra blanca miniatura, pensada más bien para personas en oficinas y tal, pero que para él estaba muchos niveles por encima de la libreta convencional que solía usar (y la consideraba su posesión más novedosa y genial. La presumiría por todos lados si no fueran a verlo como algo extraño). Escribió un “No vengo mucho por aquí… Eres de Japón? Suena interesante :)” –si, cara sonriente incluida– antes de mostrarsela a la otra.
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[Privado] Someone In The Crowd♪ | Priv. Remus D. Sutton  Empty Re: [Privado] Someone In The Crowd♪ | Priv. Remus D. Sutton

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 18, 2020 12:30 am

Le sorprendieron las tarjetas que el joven dejó frente a ella. Las tomó con cuidado para acercarlas a su rostro y leerlas con mayor facilidad. No es que estuviera ciega, pero en su estado de alcoholismo de lejos se le figuraban como pequeñas hormigas danzando al son de una melodía desconocida. Leyó varias veces para asegurarse de haber entendido el significado antes de regresarlas con una amplia sonrisa.

- Ah~ No se preocupe usted que mire, yo tengo voz de sobra para hablar por los demos y se me figura incluso podría hacerlo al mismo tiempo, aunque es claro que aquello no sería del todo apropiado… Mire que yo nunca soy de esas que meten palabras en boca ajena, a menos, claro, que a si se me pida, lo cual, confieso, es raro; pero usted me entiende, ¿no? Lo que quiero decir, eso es… -

Su tono era alegre, despreocupado, sin una pizca de alteración tras descubrir la condición del joven. Y es que la zorrita no tendría por qué encontrarlo extraño en realidad. La lista de clientes en su vida era vasta y variada; por decir que no era el primer sujeto con que convive cuyas palabras se veían limitadas. Ella seguiría siendo ella mientras la vida le diera para ello y mientras su compañero de ocasión se lo permitiera -como, advirtió, era el caso esa noche.

Observando aquella disculpa silenciosa, Roxanne negó con toda franqueza agitando sus manos para acompañar su gesto; hablando porque el alcohol le impedía callar.

- No, no, nada de pedir perdón; mire que no es para nada, nadísima, culpa suya. Al contrario, la que lo pide soy yo por no saberse callar ni en un panteón - y soltó una risa entretenida por su propia broma.

Fue entonces que notó aquella libreta e intrigada ladeo su rostro moviendo su cola emocionada. Le parecía divertido, quizá un tanto lindo, mantener una conversación de aquella forma. O tal vez era el alcohol que todo lo endulzaba; miro alrededor preguntándose qué clase de bebidas ofrecían en aquel lugar esperando cuando menos vendieran sake -aunque fuera barato es lo mínimo que puede esperarse en un restaurante japonés // ¿cierto? //.

El intenso olor del marcador regresó su atención al joven y las palabras que escribía. Bajando la mirada de nuevo a la libreta apreció no se trataba de una libreta común, más bien parecía un pintarrón lo cual -supuso la zorrita- resultaba mucho más conveniente que estar gastando hoja tras hoja. Aún más, dictaba un aire futurista al joven casi transformándolo en una especie de artista cibernético o un viajero del futuro perdido temporalmente en aquella isla… Roxanne sacudió su cabeza un poco, el alcohol inventando historias en su mente como siempre.

A su lado, el joven parecía haber terminado de escribir sobre aquella pinta-breta (nombre con el que la zorrita decidió bautizar a aquel objeto) y le mostraba su corta respuesta al mar de palabras que ella había esparcido sobre sus oídos. Roxanne leyó en voz baja sonriendo con aquella cara sonriente al final.

Pretendió responderle brevemente, acortando sus palabras para evitar continuar intimidando al opuesto pero -como era de esperarse de alguien cuyas mejillas coloridas evidenciaban su nivel de toxicidad- las palabras le fluyeron de los labios con la vehemencia de un manantial.

- Si, soy de Japón, aunque en estos momentos no soy de ningún lado en realidad… Bueno, vivo en Zomalpest, ¿conoce el lugar? No está tan mal, ha decir verdad, aunque todo a quien se lo digo termina por invitarme una bebida...Eh, que no debe ser el caso con usted, no se apure; aunque si lo hace, no me niego… Mire que en mi okiya se solía decir que a bebida regalada no se le mira el hielo, ¿qué piensa usted? Que por cierto no se me pase decirle que me encanta su pinta-breta - señaló el objeto en manos del joven para dar claridad en cuanto a qué se refería - Super ecológico, en especial en estos tiempos en que al mundo parece no importarle que la naturaleza se nos está muriendo. Con todo eso de la contaminación y luego la matanza desmesurada de animales por sus bienes y pieles: rinocerontes, elefantes, tigres, zorros... ¡Ah! No me he presentado. Soy Roxanne, Roxy para los amigos, en este caso usted, si gusta puede llamarme Roxy. Mucho gusto… ¿Cuál es su nombre? -

Era realmente sorprendente la manera en que la zorrita podía hablar sin perder el aliento -aunque lo mismo no podía decirse del hilo- y sin saturar a su escucha. Las palabras frescas en sus labios, suficientemente simples para revolotear en el aire sin cargar el ambiente de formalidades aun si su manera de dirigirse al opuesto era de respeto. Una virtud que contrastaba en gran medida con su porte casual, sus cabello ligeramente despeinado, y esa sonrisa que más tenía de honesta que de elegante.

El cocinero regresó cargando consigo un tentempié no solicitado.Se trataba de dos platillos suficientemente abundantes para compartirse entre dos personas: el primero, una versión occidentalizada de Yakitori con una salsa dulce-picante; el segundo, ocho bolitas pequeñas que Roxanne identificó rápidamente como Takoyakis. Sin duda una cortés indirecta para la zorrita por haber bebido tanto; y probablemente una disculpa al joven por no poder ‘ayudarle’ a escapar de la verborrea de aquella parlanchina mujer. Y murmurando algo a las líneas de “corre por la casa” regresó a la cocina devolviendose tan solo un segundo más para dejarle un vaso de agua helada a la fémina.

- ¡Mister! Oishi~ Que delicioso se ve todo esto. Arigatou~ - exclamó la zorrita tan pronto percibió el aroma de la comida frente a ella; más al notar el vaso con agua sus mejillas se hincharon en berrinche - ku… Mister, ¿por qué agua? ¿No tendrá por ahí sake? Me conformó con beeru~ Onegai.. - se quejó haciendo pucheros, buscando hacer sonar su voz lo más convenenciera - Please~ Mister, mire que en el lugar donde yo vivo es horrible, horrible… -

Pero el cocinero se mantuvo firme, casi que ignorando a la pequeña hasta que ésta acabó por darse por vencida regresando a su asiento con un suspiro y el semblante claro de quien ha fracasado. Afortunadamente, el descontento le duró poco. Su atención de regreso al joven mientras tomaba un takoyaki con un picadientes y se lo mostraba orgullosa de su herencia nipones.

- ¿Ha probado los Takoyakis? En casa los comíamos cuando menos una vez al mes, a veces más si nos invitaba algún cliente; con mayor frecuencia si era temporadas de festivales. Pruebe, pruebe, porfavor… Y si es su primera vez por favor dígame como lo siente, ¿le gusta? ¿le apetece más? Yo insisto que van mejor con una cerveza… - comió aquel bocadillo dejando escapar un sonido de deleite ante el bocado, e incorporándose de nuevo buscó atraer la atención del cocinero - ¡Mister! Dos cervezas, por favooooor - imploró.
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