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Mensaje por Invitado el Vie Abr 24, 2020 1:13 pm

La zorrita abrió la puerta sigilosamente, asomándose apenas lo suficiente para cerciorarse de no haber moros en la costa. Había pasado fuera más tiempo del otorgado, y de buenas a primeras se había llevado un geo-localizador descompuesto o de lo contrario se hubiera metido en problemas con los guardias. Aunque realmente dudaba de que estos fueran a molestarse mucho pues siempre eran tan buenos con ella -y ella sabía muy bien por qué.
Igual, no estaba de más ser precavida.

Al estar segura de no percibir aroma de éstos, o los trabajadores, en aquel cuarto empujó la puerta un poco más hasta colarse de vuelta en Zomalpets. Afortunadamente aquella puerta era la que daba al callejón de la basura, y era mucho menos resguardada que la principal -especialmente a aquellas horas de la mañana. Roxy no estaba segura de jamás haber visto tanta seguridad en una puerta como la que había a la entrada de Zomalpets.

Una vez adentro, cerró la puerta tras de ella con cuidado de evitar que hiciera ruido alguno, y cuando se hubo asegurado de estar “a salvo” se recargo sobre ésta soltando un suspiro.

Vaya noche…

Tan solo recordar la hacía sonrojarse.

Pero no era momento para distraerse. Ahora venía lo más difícil: regresar a la sección de mascotas sin levantar sospechas de su paradero. Considerando la hora (debían ser alrededor de las 5 o 6 de la mañana si la luz del sol a su llegada no mentía) era muy posible la mayor parte del personal estuviera camino al trabajo o preparando el desayuno -por ponerle un nombre amable a aquel engrudo de espeluznante textura.

No llevaba mucho tiempo en aquel lugar, apenas un par de días, pero se le figuró que la mejor ruta de regreso a su dormitorio sería evitando el comedor. Lo que significaba debía cruzar por el espacio verde. La ventaja era que, si accidentalmente se encontraba con alguien, siempre podía pretender haber madrugado para ejercitarse; la desventaja era que, la ropa que traía expresaba todo lo contrario. Bueno, tal vez nadie lo notaría.

Se quitó los zapatos para ser aún más sigilosa, y cargándolos en la mano recorrió el camino desde la puerta de servicio hacia el espacio verde colándose -por segunda vez en una mañana- por la puerta de los trabajadores. Comenzaba a notar que tenía talento para esto, pensó sonriendo mientras trotaba hacia la puerta que usaban las mascotas -aquella que daba justo a su dormitorio.

Pero paró en seco al llegar al centro: frente a ella un desconocido de cabello claro. ¿Guardia? ¿Trabajador? ¿Pet? Era difícil saber en aquel lugar donde a veces los trabajores se disfrazaban de mascotas para espiarlos o torturarlos -o cuando menos eso había escuchado de otras mascotas.

Se quedó quieta sin saber si había notado su presencia. ¿Huir o afrontar las consecuencias? ¿Cuál era el plan de nuevo?

Tomó aire buscando calmar sus nervios.

- ¡Ahh! -fingió estirarse retomando su camino a los dormitorios, aún si esto la acercaba más al joven de cabello claro- Me cayó bien la caminata matutina… -expresó en voz alta queriendo dar la ilusión de que venía de haber estado en el otro extremo del jardín y no de afuera del local.

Con suerte, el sujeto no era muy observador, y no notaría su cabello despeinado, el alcohol en su aliento y su apariencia fiestera.
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Mensaje por Alessandro Farnese el Vie Abr 24, 2020 3:00 pm


Estar encerrado en aquel lugar podía ser un infierno, de eso no tenía duda. Podía ser algo que le hiciera tener ganas de vomitar en más de un sentido y que le había llevado a degradarse con tal de sobrevivir de una forma que si no fuera por su estoica formación previa, le habría hecho desear morir. Pero ahí se mantuvo, fuerte como lo haría una gigantesca piedra antes de ser erosionada lo suficiente para que el río la arrastre. Y todavía tenían mucho que erosionar si querían hacerle ceder. Algunos podrían haber hecho lo típico y esconderse en sus habitaciones para llorar. Él no. Nada más ganar un poco de confianza, comenzó a ganarse la confianza de los guardias y demás personal, con tal de amistarse con ellos o brindarles de favores de más de un tipo (su atractivo físico le había servido para ello) a cambio de ciertos privilegios. Era por eso que ya habiéndose pasado un año cautivo, era de la confianza de muchos de ellos, pues pensaban que era difícil que tuviera intención de escapar.

Y por eso mismo, por las noches, podía dedicarse a entrenar. Normalmente, bajo la mirada atenta de alguno que quería ver cómo por el sudor su ropa acababa pegándose contra su pecho y dejando su musculado vientre y pectorales muy al descubierto. Pero él era más resistente que ellos pacientes, y tal vez por eso, había conseguido mantenerse en pie y todavía en entrenamiento mientras el alba comenzaba a acariciar el cielo, practicando desde hacía un par de horas su técnica de Bo (un palo alargado y de puntas romas que servía exclusivamente como sustituto de la naginata y que por su contundencia era inútil contra armaduras, por lo que su uso se reservaba a la pelea callejera o al cuerpo a cuerpo más “inesperado”). Le gustaría disponer del keikogi reglamentario y su hakama, pero no lo hacía, así que en suplencia, utilizaba una ajustada camiseta blanca de manga corta y unas mallas blancas que además de pegarse a sus atléticas piernas permitiendo así al pervertido entrever toda la mercancía que Alessandro había llevado consigo desde Italia entre las piernas, eran muy elásticas y permitían así que sus piernas se abrieran todo lo que necesitaba en sus individuales entrenamientos. Lo complementaba con cinturón de cuero alrededor de la cadera, que a pesar de no tener función para sujetar el pantalón de ninguna forma, sí lo podía utilizar para llevar armas en caso de que le apeteciera practicar iaido.

Todo en él había quedado casi transparentado por las seis horas de entrenamiento consecutivo que llegaba. Su frente chorreaba pequeñas perlas de sudor y su corazón latía a todo rendimiento, haciéndole así jadear de una forma un poco más irregular de lo que debería. Pero aun así, él se mantenía en su práctica, firme, y no iba a detenerse hasta que el sol, que todavía parecía desperezarse en el cielo, terminara de hacer presencia y tomara su puesto como rey del firmamento. Así le había enseñado su familia que se hacía, y por respeto a las tradiciones, así iba a hacer.

Hasta el bo brillaba ligeramente fruto de la gran cantidad de tiempo que había estado siendo sostenido de diversas formas. Ahora, practicaba los golpes al estómago, que se realizan tomándolo como si fuera una especie de palo de billar a la altura de la cadera para luego extender la pierna y acompañarla con un movimiento con el brazo que lo sujetara por detrás que hacía que saliera ligeramente disparado, acabando así acertando en el cuerpo imaginario del aire, que parecía ser el único voluntario a esa hora para acompañarle.

Y así hubiera seguido durante mucho, mucho más tiempo, hasta que algo perturbó su práctica. Un desagradable olor junto a un sonido que solo podía producir… Un tercero, que estaba claro que no era un trabajador por lo torpe que sonaba. Se detuvo para mirar en dirección de donde venían aquellos sonidos, encontrándose así a una… Mujer que además de atractiva, parecía repleta de algo que faltaba en ese lugar. Energía positiva. Le gustaría haber dicho algo al respecto, pero para ese momento, los jadeos de cansancio eran lo único que salían de su boca.

-...Qué haces aquí. Apofis o Akali te van a matar si te encuentran. ¡Ven, rápido! Tienes que esconderte antes de que te encuentren.
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Mensaje por Invitado el Vie Abr 24, 2020 5:49 pm

- ¿Eh? -

Lo miro triplemente confundida.

En primera, porque esos jadeos no sonaban… bueno, no sonaban como los jadeos típicos de alguien que ha estado trotando o haciendo cardio; sino más intensos, como de un ejercicio que ocupaba mucha concentración y esfuerzo. Y la realidad era que la zorrita solo conocía un ejercicio así de intenso (y venía de practicarlo, así que sabía lo que estaba escuchando) aunque a juzgar por el lugar, y la carencia de un compañero, no comprendía como el joven podía haber alcanzado ese nivel de agitación.

Segundo, porque visto más de cerca, el joven llevaba ropa bastante ajustada marcando su muscular cuerpo que, siendo sincera, la zorrita consideraba no estaba nada mal para alguien cuya vida -como la de ella- transcurría en aquella prisión -suponía, por sus palabras, que era un pet como ella. // Debe ser nuevo, a lo mejor antes de aquí trabajaba como modelo // se imaginó. De otro modo la única forma en que se imaginaba alguien pudiera mantener un cuerpo así de moldeado sería siguiendo un muy riguroso entrenamiento…

// O, vaya, eso explicaría el jadeo… // realizó riendo para sus adentros.

Y tercero, le confundía la prisa en sus palabras por esconderla pues no comprendía porqué era necesario apresurarse. Tampoco sabía bien quienes eran esos nombres que había mencionado, aunque el primero // ¿Apofis? // le sonaba familiar… puede que lo hubiera escuchado de boca de alguno de sus amigos guardias.

Se quedó dudando un poco más de lo conveniente, hasta que sus orejas captaron otros pasos a una distancia prudente de ellos pero suficientemente cerca como para preocuparse. ¿Un guardia? Tal vez a eso se había referido el chico jadeante con la camisa ajustada. Tal vez estaba familiarizado con las rutinas de los guardias; o sabía que la estaban buscando.

De cualquier modo debía actuar en ese instante si pensaba evitarlos.

Buscó a su alrededor donde esconderse. Se decidió por un frondoso arbusto con hojas amplias que pudieran cubrirla y unas extrañas moras rojas en forma de cono a manera de florecillas -las cuales esperaba pudieran ayudar en el camuflaje de su llamativo cabello.

Se quedó en silencio aguantando la respiración para pasar aún más desapercibida, mientras sus orejas se mantenían prestas a los pasos que se acercaban al joven jadeante de camisa ajustada. Apenas alcanzaba a ver sus piernas desde donde estaba escondida, pero no las del extraño acercándose.

De pronto, comenzó a sentir una comezón en sus nodillos, que pronto se esparció hacia sus muñecas y de ahí a sus brazos. La comezón era fuerte pero no quería arriesgar el moverse y ser vista, por lo que no tuvo opción sino morder su pulgar para soportar la irritación.

// Por favor… vete rápido… ¡shoo! ¡shoo! // suplicó cuando al fin los pasos se detuvieron frente al joven jadean de camisa ajustada.
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Mensaje por Alessandro Farnese el Sáb Abr 25, 2020 5:07 am

No pudo hacer otra cosa que maldecir por unos pocos segundos, murmurando algo sobre su maldita suerte en italiano antes de dejar el alargado palo en el suelo, quitándose los guantes de cuero que cubrían así las palmas de las manos evitando que se lesionaran o endurecieran (de más) y dejándolos a un lado, junto a su recién desprendida arma para luego dedicarse a mirar de lado a lado. ¿Qué podía hacer? Era obvio que dejarla por ahí claramente volviendo de no quería saber él dónde, le jugaría a la fémina una muy cruenta mala pasada; llevaba más tiempo ahí del necesario para conocer cómo se tomaban los propietarios del lugar cualquier clase de fuga, por mucho que luego se volviera a la celda, y también, si algo sabía, eran los pocos que volvían vivos tras esa clase de castigos o con la misma personalidad que antes, porque incluso cuando aquellos con los que se había relacionado eran fuertes o hasta preparados para situaciones así, no quería saber qué se hacía con ellos, que al volver a las salas comunes, solo mostraban una sombra de lo que fueron horas atrás.

No deseaba tal destino a nadie, menos a una muchacha que ahora que se podía centrar más en mirarla una vez sus jadeos se atenuaron ligeramente, veía repleta de esa ingenuidad que podía tener alguien que no era sido consciente de su situación. Tal y como iba despeinada y por algún que otro factor que alguien tan educado como Alessandro se reservaría de comentar ni echarle en cara, no le hacía falta demasiado detalle mayor al que ya tenía para saber de dónde venía y hasta podía tener una ligera idea de qué había estado haciendo aquella noche.

Algo podría tener a su alcance para disimular la presencia de aquella mujer con la suya. Quizá, con un poco de suerte, podía fingir que había estado practicando con ella… Pero no quería tentar a la suerte, porque sabía que si algo no escaseaba en aquel lugar (a diferencia de la intimidad o el pudor, que brillaban por su ausencia), era el malicioso maquiavelismo de los celadores. Y (vaya suerte la suya), parecía que ante aquella misma maldad innata iba a tener que responder, porque antes de haber podido acercarse hacia la contraria tan siquiera, pudo percibir cómo algo se acercaba. El sonido de pasos, de una puerta abriéndose… Volvió a maldecir en italiano, mientras giraba la cabeza poco a poco para ver quién había tenido la gigantesca suerte de entrar en escena justo cuando menos se le necesitaba.

Por cuán rápido se movía la fémina que desde hacía unos segundos había sido foco y objeto de su empática preocupación, podía deducir que había conseguido esconderse a tiempo, así pues, lo importante para él era deshacerse de tan intrusivo ser. Alessandro pudo ver que, apoyado sobre una columna y con el uniforme reglamentario del lugar, había un hombre alto, de unos dos metros, rapado con una barba dejada y sin afeitar desde hacía un par de días. La inmensidad de su cuerpo, acompañada de una sonrisa estúpida que parecía mostrar el interés con el que el otro le miraba, hacían que por dentro, hasta el propio Farnese sintiera cierta intimidación. Enorme, con un rostro que mostraba su total estupidez y que por algunas marcas típicas, como unos colmillos más alargados que los que tendría un carnívoro u omnívoro corriente, deducía él que se trataba de un vampiro.

Tragó saliva. El medio-ángel correspondió al evidente deseo del otro con una indiferencia absoluta, un rostro marcial que se correspondía más al que tendría en una práctica con su maestro que a una situación corriente. Los dos años en la Academia de policía le habían servido para aprender a intimidar hasta a titanes como aquel con solo mantenerse un poco más firme de lo que se esperaban que haría un veinteañero.

Se acercó a él, guardando cierta distancia, la suficiente para que aquella dura y gigantesca mano (que ya veía Alessandro que podría abarcar fácilmente toda su cintura sin demasiadas complicaciones) no le pudiera tocar por mucho que se extendiera el brazo para ello. Tampoco parecía que aquel hombre tuviera claro dónde se encontraban los azulados orbes que tendría que mirar, porque la posición de su cabeza daba directamente hacia los abdominales del joven.

Tendría que cuestionarse muy severamente si en aquel lugar una condición para ingresar como trabajador era tener interés en ambos sexos por igual, porque en aquel largo año que llevaba ahí, no se había encontrado a alguien dentro del grupo de cuidadores que no lo hiciera.

Fueron unos incómodos minutos en los que estuvo hablando intentando convencerle de que se fuera sin que se viera demasiado el por qué lo hacía. Y al final le convenció. Aunque ese “cuando termines de entrenar ven a la cocina”… En fin.

Ahora lo que tenía que hacer es sacar de ese arbusto a la pobre. Más que nada, porque conociendo el sádico arquitecto del lugar, posiblemente aquello o era tóxico, o como mínimo dañaba en caso de ser tocado. Metió velozmente su mano para agarrarla de donde pudo y darle un pequeño empujón rápido con tal de sacarla de ahí. Su fuerza (bastante mayor a lo que uno podría incluso imaginar teniendo en cuenta su trabajado cuerpo) le sirvió para levantarla con la misma facilidad con la que podría levantar una bolsita de té.

-Espero que no te hayas hecho daño
. -dijo, llevando servicialmente su otra mano al pecho para luego proceder a hacer una pequeña reverencia inclinando su espalda ligeramente, tal y como se le había enseñado toda su vida que se debía saludar. Cortés y escueto hasta que el otro se expresara- Soy Alessandro, Alessandro Farnese. Y tú… Deberías andar con más cuidado.
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Mensaje por Invitado el Dom Abr 26, 2020 4:05 pm

La comezón era intolerable. Apenas escuchó los pesados pasos desaparecer, Roxy comenzó a rascarse brazos y cuello son deceleración -eran estas, pues, las zonas donde el kimono que vestía no le cubría. ¿Qué diablos era esa planta? Roxy no recordaba jamás haber visto algo tan bonito causar tan odiosa irritación.

Se sintió levantar del cuello de su atuendo por una, un gesto que le recordó a cuando era cachorra y su madre solía levantarla para moverla de lugar. Cerciorándose de que se encontraba a la merced del chico -quien no parecía querer hacerle daño- y no de algún guardia, sonrió aliviada. Estiro sus piernas para tocar el suelo y poder librarse del agarre del rubio.

Sujetando sus zapatos con una mano, mientras continuaba rascando sus antebrazos y cuello, Roxy le sonrió al chico que -sospechaba- había contribuido en gran parte a que no hubiese sido atrapada mientras se colaba de regreso a su dormitorio. Sacó la punta de su lengua con su característica sonrisa despreocupada y dulce, como la de alguien que no sabe medir la consecuencia de sus actos; y que piensa que diversión es sinónimo de peligro.

- Roxy -respondió- Un gusto, un placer y… ¿¡Que diablos había en ese matorral!? -

Grita exasperada por la irritación finalmente optando por desatar las mangas de su kimono y desprenderse del cuello del mismo. Al hacerlo puede apreciarse aquellas zonas enrojecidas a causa de la irritación ocasionada por la planta.

- Ugh… Si… No esperaba quedarme tan tarde pero...eh… me entretuve~ -hace un gesto con su mano como de no querer darle mucha importancia- Pero gracias, ¿Alessan…dro Far..nese?-intentó pronunciar imitando la forma en que rodó su lengua al pronunciar las “erres”. Intenta un par de veces hasta sentir que puede hacerlo sin distorsionar su bello nombre- Arigatou, Fernese-san -dice correspondiendo a su reverencia con una propia, inclinándose ligeramente mientras posa ambas manos sobre su regazo.
Una vez dejadas de lado las formalidades, su curiosidad regresa y pregunta por aquello que la desconcertó desde un inicio.

- Eh… Si no es mucha mi indiscreción -por supuesto que la era, solo estaba siendo amable- ¿Qué haces aquí tan temprano? ¿Por qué estás todo sudado? ¿Te escuché jadear? Y ¿Para qué es el palo? -termina señalando al Bo que el bello Alessandro sujetaba en mano.
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Mensaje por Alessandro Farnese el Lun Abr 27, 2020 2:39 pm

Sujetarla desde el cuello se le hacía verdaderamente inusual. Pero visto lo visto, y por lo enrojecida que tenía la piel que quedaba visible, era lo mejor que podría haber hecho. Tras dejarla en el suelo con delicadeza y caballerosidad, se apartó un poco, mirando los movimientos de la contraria y cómo esta volvía a recolocarse los zapatos. Era bella, no le cabía duda, y muy servilmente, como se le había enseñado, permanecía con las manos a la espalda, a la espera que esta se volviera a dirigir a él. Y sabía que la posición más educada para sus ojos sería no mirar a nada en concreto, pero la delicada silueta ajena se ganaba su atención. La elección de colores en el kimono era exquisita, y se podía permitir fantasear con encontrarse él con su keikogi negro para poder invitarla a una charla al más puro estilo oriental.

Roxanne era pues, el nombre de la fémina. Elegante, pero bastante más occidental de lo que se esperaba de alguien ataviada con aquellas prendas, aunque, a sabiendas de que posiblemente hubiera ido a alguna clase de fiesta o reunión en la que se apreciara la sensualidad y misterio que podían brindar aquellas formas de vestir, no debería serle un detalle tan llamativo. Fuera como fuera, y por mucho que se fijara, la cortesía debía ir por delante de todo.

Alzó la cabeza una vez ella consiguió pronunciar, de forma algo forzada y curiosamente torpe, su nombre. Lo tomó como una autorización para poder dirigirse a ella. Ahora que no había nadie en las cercanías, y ya que aquella hembra había sido de su agrado y había ganado un especial cariño por parte de Alessandro, podía ser más cortés y recrearse más en la forma con la que se dirigía a ella.

Y sí, parecía que él había sido del interés ajeno. Lo comprendía, no era habitual encontrar a alguien en aquel lugar tan al borde del cansancio más absoluto, y si bien su respiración ahora se mantenía a un ritmo más estable, de su frente seguían cayendo aquellas pequeñas perlas de sudor, y por supuesto, todo en él se mantenía húmedo de una forma que sí, en efecto, era llamativa.

Pero primero, miró al arma que llevaba en una mano, extrañado porque se dirigieran a ella como un “palo” cuando era más o menos unos veinte centímetros más baja que él, y estuviera perfectamente moldeada para parecer lo más curva en las puntas y lisa en todo lo demás posible. Recuerda el híbrido cómo consiguió que le cedieran algo que en manos de un profesional (como él era) podía ser un arma muy peligrosa. Un ataque de Bo bien dado podía romper un hueso sin mucho esfuerzo. Así que… Digamos que tuvo que fingir ser mucho más manso de lo que en realidad era. Tras unos segundos pensativo, volvió a fijarse en ella, sonriente.

-Esto es un Bo. Se utiliza para combatir. -añadió, orgulloso de poseerlo, mientras lo dejaba descansar en su mano izquierda, apoyado contra el suelo por un lado. Podría intentar esforzarse y demostrarle a la contraria cómo se usaba. Quizá hasta impresionaba a aquella fémina, pero no sentía fuerza alguna por ningún poro de su cuerpo para ese instante- Y… Estaba practicando. Entrenando, más en concreto. Llevo desde… Las ocho de la tarde de ayer, creo. No sé qué hora es, pero supongo que de madrugada. Voy a tener que echarme una siesta para recargar energías. -bromeó, pero posiblemente lo hiciera. Su cama, por muy dura que fuera, le parecía un paraíso en aquel preciso instante, en el que poder reposar por unas horas para volver luego a su enérgica forma de vida- Disculpa también los jadeos. Son fruto de la extenuación. De todas formas, Roxanne… y ya que yo he ayudado un poco en que no fueras interceptada, podría echarme la siesta contigo y fingir así que nos hemos quedado dormidos practicando, quizá. El vestido que llevas es adecuado para observar artes marciales, así que quizá cuela y todo. Además, está claro que de donde sea que vengas, tú tampoco has dormido demasiado. ¿Por qué no le cuentas a tu salvador de dónde vienes y a cambio yo te sigo encubriendo? Lo veo un precio justo.
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Mensaje por Invitado el Mar Abr 28, 2020 7:58 pm

Desprenderse de parte de su atuendo pareció ser la solución a la irritación. Era probable que lo que sea que lo hubo ocasionado había manchado la tela más no su piel. Roxy se sintió aliviada y su atención regresó a su salvador, a Alessandro, con su cuerpo escultural y aquel sudor que lo hacía destellar -por momentos- bajo la luz. O quizá solo estaba todavía un poco intoxicada, Roxy no recordaba cuantas botellas de sake habían sido al final.

Lo cierto era que se sentía cansa. No tan cansada como para irse a dormir sin un buen baño primero, pero lo suficiente para querer sentarse; reposar un poco, escuchar a Alessandro. Buscó un lugar cómodo con suficiente paso cubriendo para evitar la rigidez del suelo. Al encontrarlo, mientras el hombre hablaba, se sentó sobre abrazando sus rodillas y apoyando su barbilla sobre brazos mientras le escuchaba. Se le figuró orgulloso, quizá también un tanto emocionado, mientras le explicaba y Roxy se contagió del interés por aquella arma de combate que ahora identificaría como Bo.

La realidad es que era fácil hacerlo, perderse en la voz de Alessandro, elegante y con un timbre de enigmática formalidad. Incluso su forma de comportarse resultaba de curiosidad. A Roxy se le figuraba el joven había salido directo de una pintura de su feudal Japón, o de algún dorama romántico -seguramente el protagonista, un maestro del kendo, o algo así. Encima ara atractivo, de ojos claros y honestos, lástima no exactamente de su tipo.
De cualquier modo, le agradaba sentir ese cachito de nostalgia tan cerca, aunque fuese imaginario, le hacía sentirse cómoda -viéndolo como un amigo, y no algo más.

Así que estaba entrenando ¿Desde las ocho de ayer? Esas eran casi el mismo número de horas que Roxy llevaba fuera, tal vez un poco menos pues recordaba haber visto el reloj -algún reloj- marcando las nueve poco después de abandonar Zomalpets. Claro que, ella había estado bebiendo, riendo y bailando; no jugando con aquel Bo practicando alguna arte marcial de antaño -aunque lo que había estado haciendo también tenía sus años en existencia. Ahora comprendía de dónde provenía tanta transpiración y no pudo evitar darse un pequeño cómico golpe en la frente con su dedo índice.

// Zorrita, mal pensada // Se regañó juguetonamente antes de reacomodarse sentándose sobre sus rodillas para ofrecerle al joven su regazo, palmeándolo con suavidad a manera de invitación mientras le sonreía.

- Roxy, porfavor, Roxanne es demasiado formal, Fernese-san -esta vez la “erre” fue más fluida, aún un poco tosca, pero con la práctica pronto la dominaría- Si está cansado, puede reposar en mis piernas, me han dicho son tan cómodas como una almohada -bromeó con una sonrisa, aunque era verdad que se lo habían dicho cuando menos en una ocasión- Así, estando cerca, no tendría que hablar muy alto evitándonos atraer la atención -ofreció a manera de convencimiento- ¿Mi vestido? -bajo la mirada para verse notando lo desarreglado que se encontraba, arrugado y mal abrochado; sonrojó apenada- Ah… es una pena lo que le ha ocurrido, lo sé, pero me agrada demasiado como para no usarlo… eso de arrumbar los atuendos en el armario esperando una “ocasión especial” no se me da. ¡Todos los días son dignos de celebración! ¿No lo cree, Fernese-san? Pero insisto, por favor, sé que en apariencia no me veo muy galante -dijo con humildad- y es probable que perciba en mí el aroma a alcohol… sake para ser más precisos, ¿le gusta el sake, Fernese-san? Si no lo ha probado me encantaría invitarle un poco en un futuro, conozco un lugar donde el ambiente es grato y el los tragos baratos-rió divertida con su propia broma- Si no le gusta el alcohol, o no lo toma, podemos ordenar té frio o té caliente… a decir verdad creo que ese podría preparárselo yo misma, traje algunas hierbas de casa conmigo, pero no esta mañana… en otra ocasión si, con gusto, Fernese-san -apoyó la palma de su mano sobre el suelo para inclinarse hacia él esperando a que se decidiera por tomar o rechazar su oferta- Y respecto a su oferta, acepto su intercambio, Fernese-san, tan pronto se encuentre cómodo le narro mi aventura de esta noche; es un relató cómico, algo pícaro, pero muy divertido de escuchar. -
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Mensaje por Alessandro Farnese el Jue Abr 30, 2020 1:33 pm

Aprovechando que visto lo visto aquella charla iba a tener lugar de una forma bastante más sosegada de la tensión inicial, procedió a sentarse poco a poco, sobre sus propias rodillas, en la posición de seiza, como haría la otra a continuación. La calma que expresaba parecía contrastar y dar un pequeño brillo a aquel patio de negras y altas paredes, dando un pequeño foco de “luz” en comparación a la oscuridad y deprimente ambiente que les rodeaba. La cargada atmósfera, casi opresiva incluso cuando aquel lugar era supuestamente el que más al aire libre estaba dentro de todas las habitaciones y estancias reservadas para los que habitaban dentro del mercado, era asfixiante (más cuando él había llegado a un punto de cansancio bastante importante tras tantas horas de entrenamiento, cuando su respiración salía entrecortada e irregular). Prácticamente podías entrever los turbios sucesos que podrían haber tenido lugar ahí solo con mirar aquellas paredes, repletas de arañazos y hasta pequeños agujeros que solo podrían ser causados por la reconocible forma de una bala. Si uno se fijaba bien, o era curioso por naturaleza, no necesitaría mucho tiempo para percatarse de los circuitos cableados que intentaban disimularse en la pared y que parecían conectar con una especie de alambrada que había sobre las paredes.

Y sin embargo, él seguía en completa calma, con un rostro que parecía no expresar demasiado, indiferente, pero sin embargo amable y educado ante Roxanne, esperando a que esta siguiera hablado con una pequeña sonrisa en su rostro, intentando añadir un poco más de ánimo a la conversación e intentando así evadirse también a sí mismo de todo lo que les rodeaba, de un ambiente que parecía mezclar perfectamente lo opresivo y asfixiante (hasta claustrofóbico incluso cuando estaban en el aire libre), una atmósfera que a pesar de estar ahí, era incapaz de evitar que dos personas charlaran, acostumbradas como estaban ya a la misma.

Cuando la contraria dio luz verde a su propuesta, una propuesta que no había tenido intención ni de lejos de recibir respuesta positiva, y que era más bien una broma. Pero en fin, algo más cómodo que esas casi pétreas almohadas sin duda alguna iba a ser, y seguramente antes de caer dormido podrían tener un tema de conversación interesante. Así pues, en vista de que la contraria también se había puesto en la misma posición que él, fingió por unos segundos un dulce bostezo antes de tumbarse, y apoyando así su larga cabellera en las piernas ajenas de la forma que él menos incómoda creía que sería, con los ojos apuntando hacia los de ella para cruzar así miradas, y seguir ofreciéndole la misma atención que desde las primeras palabras que se habían dedicado había estado teniendo hacia ella.

Si algo le impresionaba, era el optimismo con el que la otra parecía afrontar su situación. Quizá no era consciente del todo del peso que tenía en realidad aquel pequeño chip que el principal celador, aquel tétrico y alto demonio que alguna vez había llegado a ver (y del que decir su nombre servía para aterrar a más de una mascota del lugar). Ese chip que en realidad los esclavizaba más que cualquier cadena, porque significaba que al final iban a ser vendidos, quisieran o no. Pero él no iba a ser quien fuera a dar mal ambiente alguno. Para eso estaba todo lo demás en esa especie de prisión, todos sus otros moradores, trabajadores y estructuras.

-He probado el sabor de eso a lo que llamáis alcohol, pero nunca ha sido de mi agrado
-admitió, cálido. No es que le agradara la idea de escaparse de ahí, pero si Roxanne lo había logrado, tan difícil no debería ser- Nubla los sentidos. Prefiero en ese aspecto el agua sin más. Puedes llamarme aburrido si así lo deseas, y sinceramente, lo soy. No creo haber salido de fiesta en… ¿Tres años, quizá? Y llevo aquí uno encerrado, así que también es verdad que quizá necesitaría hacerlo. -suspira, entristecido. Si pudiera volver atrás en el tiempo, quizá cambiaría más de una cosa, y la primera sería darle un fuerte abrazo a su querido tío- ¡Venga, está bien! Cuéntame cosas del mundo exterior, que estoy seguro que ha cambiado bastante en el tiempo que llevo aquí.
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Mensaje por Invitado el Miér Mayo 06, 2020 12:22 am

Relajó su pose al escucharlo aceptar su invitación, de manera que sus piernas quedaran un poco estiradas hacia el lado contrario a donde el rubio se recostó. Le acaricio el cabello rubio en un gesto maternal, como una hermana cuidando del pariente menor, sintiéndolo húmedo por el sudor del ejercicio.

- ¿Nunca? Oh, bueno... Tal vez es que no ha encontrado su bebida aun; Si sabe lo que dicen ¿no? El licor elije al macho… hembra, imagino, si se trata de una mujer… Ya vera, cuando salgamos de fiesta -es que la zorrita ya lo daba por hecho- yo misma lo presentaré a un mundo de posibilidades, seré algo así como su mentor, ¿le parece? -

Le ofreció una sonrisa cándida desde aquella posición antes de perderse mirando hacia un costado pensando qué historia “exactamente” contarle. Tenía muchas y de muchos tipos, pero el rubio no parecía estar tan interesado en pormenores como su vida privada o su último amante. No, el rubio era serio, complicado, de esos clientes que la zorrita gustaba de escuchar por que le enseñaban cosas; pero siempre batallaba para hacer entrar en ambiente. Debía hilar con cuidado sus palabras.

Se le ocurrió que el joven nunca le especificó por una historia, tan solo había pedido le contase sobre donde venía: lo que bien podía significar de dónde venía su nombre, su acento, su vestimenta, su cabello despeinado, o simplemente, qué había estado haciendo horas atrás. Y, bueno, si a esto último era a lo que el joven se refería -horas atrás- Roxy había estado recreando su propia escena de película en un bar, una que, en su opinión, había resultado bastante buena.

Así pues, se dispuso a narrar su relato buscando prolongarlo en tono y forma para ajustarlo a los aproximadamente quince a veinte minutos que pretendía ofrecerle al joven de descanso -sin realmente preocuparle si éste prestaba atención o no, tal era su labor de entretenimiento.

- Todo comenzó… bueno, para ser honesta, no recuerdo cómo todo comenzó. Me acuerdo del último bar, así que ahí comenzaré mi historia ¿Le parece, Farnese-san? Entonces… Todo comenzó cuando me encontraba explicando que la única forma de conseguir paz mundial era a través de la empatía, cuando se me acerco un viejo conocido... le digo viejo porque ya nos habíamos encontrado antes en otro bar, lo que formalmente nos convierte en amigos cuando menos por esa noche, algo similar a lo que somos usted y yo... -

- En fin, Mr. Avery, ese es el nombre de mi amigo, se acercó a la mesa en que me encontraba explicándoles a un carismático grupo de individuos que, bueno, no eran de Sunflower y tampoco hablaban el idioma inglés o japonés... pero nos comunicábamos a través de la empatía, ¿sabe? Me entendía por el tono de mi voz, los sentimientos que mostraba... Seguro usted sabe que todo eso dice mucho más que las palabras, ¿no? Si, seguro que si lo sabe. Mr. Avery, sin embargo, no lo creyó; esto es, no me creyó cuando se lo dije. Y fíjese que no solo me tachó de mentirosa, no, no, no... -

- También implicó que la única razón por la que aquel carismático grupo 'pretendía' escucharme era porque les estaba invitando vino, ¡vino! Cómo si la gente fuese tan interesada, que lo es, en general, pero no la gente que quiere aprender sobre empatía... Ellos no. Luego el asunto escaló y Mr. Avery, queriendo probarme equivocada, se mofó del carismático grupo insultándolos a la par que sonreía y les servía vino, ¡vino! Y no me va a creer, Farnese-san, que el grupo de carismáticos hombres no se daba cuenta ¡nada! Le sonreían de regreso cada que les llamaba gusanos. Le juró que no entendía como se los había engañado... -

- Mr. Avery estaba como hiena burlándose de mi frustración, nada clásico un buen amigo, e iba justo a cobrarse cuentas cuando... bueno, aquí tal vez se necesario hacer un paréntesis para señalar que la razón por la que nos encontramos de nuevo fue, muy probablemente, porque le debía una cuenta abierta que dejé a su nombre... no piense mal de mí, Farnese-san, le aseguro no fue mi culpa... pero, si, llegó a cobrarse, y estaba por hacerlo cuando para mi buenísima fortuna llegó una chica a sacarlo a bailar. Si eso no es buena suerte no sé qué lo sea. -

- La chica era linda y atrevida, pero Mr. Avery la rechazó... No, no solo la rechazó ¡se molestó con su invitación! Y no, bueno, que yo ahí tenía que interceder por la pobre linda chica, ¿usted no hubiese hecho lo mismo, Farnese-san? Por lo que no me contuve y le dije a la cara que estaba siendo rudo, porque lo estaba siendo, rudo. Mr. Avery se defendió argumentando que, de dónde provenía, el hombre era quien invitaba a la chica a bailar; y me dio tanta tristeza, Farnese-san, que el pobre hombre venía de la Edad de Piedra. Tanto así que tuve que explicarle que hoy en día esas reglas ya no existen, que se baila con libertad en el siglo actual, y la danza no es nada más que una forma de expresión, ¡de liberación!, y que no se requiere ser formal sobre ésta. Y mire que justo en ese instante me atrapó la inspiración, la música me llamó a seguirla y, bueno, creo que eso explica el desastre que es mi vestido... También el cabello, imagino. Me dejé llevar por la música, que era una tonada bastante cómica, un tanto oscura, curiosa de la forma más simpática; y cuando menos lo imaginé ya me había dado la madrugada. Así que me escabullí de la mirada de Mr.Avery y me vine deprisa de regreso. Entonces fue que me encontré con usted, Farnese-san. -

Bostezó al terminar su relato, el sueño al fin colgándosele en las pestañadas.

- Ah, Farnese-san, me apena tener que cortar esta bellísima velada, pero el mundo de los sueños me está llamando y odió la descortesía de no contestar. Queda nuestra promesa de ir a beber; agua para usted, sake para mí. Y si se anima, le abro un mundo de posibilidades. Buenas noches, Farnese-san, tan pronto me lo permita me marcho, pero por si se me olvida se las deseo de una buena vez. -

Y dicho lo anterior se esperó a que el joven terminara de incorporarse antes de hacer lo mismo, sacudirse el vestido, e irse directo a la cama. Ya mañana tendría tiempo para la ducha.
Invitado
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Mensaje por Alessandro Farnese el Vie Mayo 22, 2020 3:09 pm

Y por mucho que aquellas historias le parecieran venir de una época lejana en el tiempo, el joven la escuchó con inmenso grado de atención. Las historias de aquella misteriosa mujer le hacían irse a lugares lejanos, en su fantasía, ahora estaba en aquel local, aunque solo fuera para recordar cuando él se fugaba de su mansión para poder coquetear con alguna mujer que le resultara atractiva, u hombre, aunque eso lo hizo una vez se hizo un poco mayor, empezando por curiosidad y acabando por gusto propio. Eh, eh, alto, no hablaremos del desarrollo de Alessandro en lo que a sexualidad se refiere aquí. Solo que escuchaba con mucha atención, con los ojos parcialmente cerrados y una sonrisa de cabo a rabo, con las manos sobre su propio vientre a la espera que ella terminara de contar su historia. Podríamos dedicarnos a explicar qué sentía Alessandro por cada cosa, o los incisos y comentarios que este hiciera, pero en pos de buscar la mayor brevedad, lo omitiremos y simplemente diremos que a pesar de todos los peros de la historia, le parecía mejor cuento que muchas leyendas o rumores del mercado. Más entretenido, sin duda, y más agradable para escuchar al amparo de aquella hermosa hembra que había acabado por rescatar de vete a saber qué desgracia o tortura que quisieran aplicarle aquellos gigantescos y pervertidos hombres. Sabía lo incómodo que podía ser que te miraran si tenían un motivo para “castigarte”, cómo esas manos podían llegar a tocar algo que fácilmente en un contexto normal no te importaría que tocaran de tal forma que te estremeces y apartas intimidado. Pero ahora no estaba pensando en eso. Roxy era, curiosamente, una especie de oasis en el que poder relajarse y simplemente escuchar. Quizá, le pediría volver a verse si se encontraban en otro lugar, como a la hora de comer si es que ambos estaban despiertos para ese momento.

Cuando esta decidió terminar la jornada, se estiró ligeramente, mientras se levantaba con suavidad para acabar sentado al lado de ella, aprovechando para deleitarla un poco del espectáculo que podía brindar su cuerpo con ese simple movimiento, que permitiría a Roxanne ver con todo lujo de detalle esos esculpidos abdominales y pectorales, todo aquel juvenil, delgado, pero ante todo, fuerte cuerpo, cuya ajustada ropa dejaba ver a tal punto… Que digamos que si te fijabas suficientemente podrías deducir cuántas monedas llevaba en el bolsillo. Un pequeño regalo para terminar de despedirse y que recordara positivamente su charla juntos como un pequeño caramelo también visual. Le apenaba terminar de esa forma aquella conversación, pero algo le decía que era mejor así. Que algo les llegaría a… Molestar si seguían juntos. Que quizá era mejor dejar que se enfriaran las cosas y así, cuando ella llegara a ser libre, tal vez, cuando quien fuera que acabara por controlarla se alejara de su vida y pudiera tener alas de nuevo totalmente erguidas para volar, se encontraran de nuevo. Pero no se iba a ir sin marcar un poco, por supuesto. Él siempre quería dejar la mejor impresión posible, a cualquier persona, con indiferencia de lo que quisieran los otros que sucediera o no.

-Sea pues, señorita. Nos vemos -y cuando la otra se levantó, él hizo lo propio, aprovechando para meterle un pequeño pellizquito en el glúteo, cariñoso, amistoso incluso, tampoco sin una intención lujuriosa tras él- Duerme bien, anda. A ver si hay suerte y mañana podemos encontrarnos de nuevo. Quizá puedo enseñarte a jugar un poco con el bo, ¿no crees? Tienes cuerpo para dedicarte a ello. Pareces fuerte, con un poco de entrenamiento, podrías dedicarte a las artes marciales. Pero… Sí. Buenas noches, cachorrita.
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