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Mensaje por Shu Toirumi el Sáb Abr 11, 2020 8:33 pm

No, no había pasado suficiente tiempo. De hecho, mil años tampoco bastarían para que "superara de una vez el asunto" así que, ni aunque su madre se lo pidiera, no podía dejar pasar las cosas así como así. De hecho, comenzaba a pensar que era inhumano que su progenitora se lo dijera de aquel modo. Pero no la culpaba; sabía que ella también lo había pasado mal las primeras semanas pero ahora, meses después, ella había acabado por ganar un nuevo miembro en su familia y él... el seguía completamente perdido.

-He dicho que no- habló tan claro como su lengua enredada por el licor se lo permitía, dando otro sorbo directo de la botella que aún mantenía en su mano, oyendo a medias el resto del sermón de su madre al otro lado de la linea telefónica respecto a "dejar ir las cosas que no podemos cambiar", "moverse con la corriente" y "avanzar en las adversidades" frases que, en su opinión, estaban completamente fuera de contexto a la situación. Dio un trago aun más largo que el anterior e interrumpió a la fémina sin tacto alguno -Entiende que no... ño shoy un niño ¿Shabes?- hipó antes de proseguir -Deja de hacer como que quieres aiudarme... no quierro verla. Ni a ella ni a ti...- gruñó, estando por beber un poco más hasta que notó que el envase en sus manos estaba vacío. Tras un silencio largo al otro lado de la linea, la voz de Beatrix por fin regresó, tan firme como cuando de niño le ordenaba cumplir con sus deberes -No es una pregunta, Shu. Pasarás la tarde con Momo en el parque privado de la familia para que ella busque huevos de pascua. Ya va para allá en la limusina con un par de maids. Llegará en 10 minutos a los mucho, así que prepárate. Pasarán por ti- y luego... el silencio. La llamada había terminado.

El rubio vampiro dejó caer el teléfono con violencia sobre su base y se marchó de la pequeña sala de estar del segundo piso, donde se encontraba. Odiaba que lo forzaran a hacer cosas que no quería y más si esas cosas tenían que ver con cuidar a una niña de 4 años. Se sentó dentro de una habitación vacía y, como era su triste costumbre, comenzó a llorar, recostado en el marco de la puerta. No podía, aún no... Ver a la pequeña pelirrosada más que animarlo o entusiasmarlo con su ternura, como su madre afirmaba que debía suceder, acababa por destruir su cordura y su tranquilidad. Era un martirio tener que actuar como hermano de aquella con quien, apenas hacía unos meses, se había casado. Pero si las palabras de su madre (amenazas más bien) eran ciertas, entonces sería mejor que dejara aquellas lamentables condiciones pues, por muy poco que fuera su ánimo, si la mujer ya había decidido que la pequeña sucubo pasaría la tarde con él, ocultarse no serviría de mucho.

Arrastrando los pies, el Toirumi fue al baño a lavarse la cara o más bien, a mojarse la barba para retirar de ahí las migajas de lo que había desayunado. No se molestó en peinarse, tampoco en darse un baño. Para el varón, cambiarse de camisa era más que suficiente para salir al exterior a aquel evento que en realidad, no le emocionaba en lo absoluto; de hecho, ni siquiera llevaba zapatos, iba con sandalias. La tarde nublada haría que no necesitara protegerse la piel demasiado. Bajó las escaleras y cruzó la puerta principal justo en el momento en que  la limusina atravesaba las rejas exteriores y rodeaba la gran fuente del frente de la mansión. No dijo nada, se limitó a entrar al auto y a sentarse con la vista clavada en sus rodillas y luego en la ventana -Buenas tardes, amo...- una maid lo saludó desde el asiento del copiloto sin obtener respuesta alguna del rubio, que seguía ensimismado, mirando a la ventana e hipando un poco aún -Etto... ¿N.. no planea saludar a la señorita Momo?- la joven preguntó con nerviosismo, volviendo la cabeza para alternar unas miradas entre el vampiro y la pequeña dentro del vehículo. Shu permaneció callado unos minutos más hasta que, cuando el silencio en el auto parecía no romperse, murmuró -Hola-. Definitivamente, aquella tarde sería eterna.


Última edición por Shu Toirumi el Sáb Jun 06, 2020 5:03 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Momo Toirumi el Dom Abr 12, 2020 7:08 pm

La palabra emoción, era algo muy vago para expresar lo que Momo sentía en aquellos momentos, porque no solamente conocería personalmente a su hermano mayor, aquel del que su madre le había estado comentando con tanto orgullo durante semanas, sino que también tenia una misión que cumplir, y aquella era reunir todos los huevos de pascua que cupieran en su pequeña cesta, ya que como una buena Toirumi, su deber era ser lo mejor de lo mejor... o al menos eso decía la rubia mayor. Y aun cuando a ojos de cualquier otro ser, una recolección de huevos era algo bastante... ¿Como decirlo...? Normal, para Momo aquello marcaba un evento único en su vida, porque tal como su madre le había comentado, no seria ella quien la llevaría a la recolección, sino su hermano mayor, y ello solo le hacia desear conocer a ese misterioso hombre de cabellos rubios lo mas pronto posible, necesitaba saber mas de él, poder descubrir si todo aquello visto en sus series televisivas era verdad, develar si es que acaso el mayor juraría protegerla como un buen hermano hace, o seria de esos que optaban por molestarte pero sacaban a relucir su lado amoroso en cuanto te veían en peligro.

Ella no lo sabia, y la realidad seguramente le demostraría que a veces tus mas grandes anhelos podrían desmoronarse como pequeños bloques de Lego, pero a pesar de todo, su corazón resonaba con fuerza cada que los minutos transcurrían dentro de la limusina donde ahora se transportaba, porque aquello significaba que pronto llegarían donde el varón, sin embargo, cuando finalmente estuvieron en su destino, la persona que ella vio subir al vehículo era un sujeto bastante peculiar. Cabello rubio enmarañado, barba, ropas que no combinaban para nada y un aroma bastante chistoso a su parecer... pero ¿Quien se supone que era ese hombre, y porque había subido a la limusina en lugar de su hermano? Simplemente no lo comprendía, pero sus dudas se vieron resueltas en cuanto una de las maid lo llamo amo.

- Ho...hola... - murmuro ligeramente cohibida al no tener la mas remota idea de como comportarse con aquel hombre. El no la estaba mirando tan siquiera, sus prendas lucían desarregladas a diferencia de las propias haciéndole preguntarse si eso era normal, o quizás el también había pasado mucho tiempo arreglándose pero ella no comprendía ese tipo de moda. Sin embargo mientras mas lo veía, mas le recordaba a los cuentos sobre aquel hombre de redonda barriga y gran barba que se dedicaba a darle regalos a los niños buenos, incluso si lo analizaba bien estaba segura de que tenia un aspecto similar, solo que mas esbelto.

Internamente la menor se preguntaba si es que había alguna familiaridad entre Santa y su supuesto hermano, aunque, mientras mas lo analizaba mas lógica tenia, porque según su madre no podía ver a Shu cada que deseara, pero de todos modos el estaba pendiente de ella, su barba larga y espesa eran su firma, y sus ojos cansados podrían deberse a los desvelos por estar confeccionando juguetes para todos los niños del mundo. Si, su hermano era el mismísimo San Nicolas, o al menos su hijo, entonces su madre ¿Era la señora Santa? Debería preguntarle al regresar.

- Etto... señor hermano Santa -musito colocando con cuidado su mano sobre la mano contraria, debiendo para ello estirarse lo necesario con tal de no desabrochar el cinturón de seguridad que la mantenía firme en su lugar - Ma...madre dijo que... hoy podríamos pasar el día juntos... y que buscaríamos huevos del conejo pascuoso - busco conversar con el mayor, de verdad quería conocer mas de su hermano, pero el lucia un tanto distante haciéndole creer que no quería estar con ella o bien le estaba quitando valioso tiempo en su labor de confeccionar juguetes - Aam... yo... yo... - sus ojos iba de lado a lado, su mano temblaba con sutileza sobre la masculina, solo... no tenia idea como comportarse, en especial cuando se había acostumbrado al amable trato de su madre con ella, al igual que los empleados de la mansión, todos la trataban tan bien y con tanto cuidado, que la distancia formada por el rubio vampiro le era un muro invisible, completamente infranqueable, con el cual nunca antes se había topado. Trataba de recordar todas aquellas series sobre hermanos que vio, y los libros que con mucho esfuerzo estuvo leyendo para prepararse sin embargo la situación solo se adaptaba a una historia, donde el protagonista era un niño adoptado y su hermano, hijo legitimo de la pareja adoptante, lo despreciaba por pensar que le robaría su lugar y todo el amor de sus padres... entonces, de ser así ¿Santa le odiaba?

Los ojos de Momo no demoraron en volverse acuosos de tan solo imaginar aquello... Santa.... el mismísimo hombre de rojo, sonrisa alegre, risa contagiosa, y quien regala juguetes sin esperar nada a cambio, o tal vez un vaso de leche tibia con galletas, le odiaba... ¿Como podría vivir con semejante cruz sobre su espalda a tan corta edad? Estaba destrozada de solo imaginárselo, los demás niños seguro la dejarían de lado para no ser odiados también... ¿Acaso su madre la regresaría del lugar del cual la consiguió, porque su querido primogénito y legitimo hijo, con el cual si compartía lazos sanguíneos, le odiaba? Ella no deseaba eso, quería quedarse al lado de Beatrix, quería que siguieran contándole cuentos antes de dormir y diciéndole lo apreciada que era, pero para ello debía de convencer al señor Santa... pero ¿Como? ¿Como haría algo así? Ella no lo sabia, sin embargo el paso inicial para resolver un problema, era identificar el motivo del mismo y por ello, necesitaba preguntar.

- Señor... hermano Santa... ¿Tu... odias a Momo? -la pregunta fue tímida pero directa, al grado de que el silencio parecía haber reinado en el vehículo, ni siquiera las maids querían emitir una palabra en esos momentos - Madre dijo que yo era... aposion... y... aun así... eramos hermanos... pero... hermano Santa parece no querer mirarme... ¿Es porque... Momo no es... una niña linda? ¿O... Momo se porto mal? Porque... no recuerdo mucho antes de la aposion... pe...pero... quiero ser una buena niña y... llevarme bien con hermano Santa... ¿Eso... se puede? -sus ojos se habían centrado en la faz contraria, no quería temblar pero era inevitable cuando el miedo a lo desconocido te invadía hasta la raíz del cabello, ademas para una pequeña niña donde el pasado era un abismo negro, si su futuro se quebraba ¿Que podía significar, ademas de la tristeza absoluta?
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Mensaje por Shu Toirumi el Sáb Jun 06, 2020 6:23 pm


Seguramente en todo el  mundo nadie podría mirar con tanto desprecio a una persona como lo hacían en ese momento el chófer de la limusina y las maids con el rubio vampiro. Ninguno de ellos podía dar crédito a su frialdad hacia la pequeña Toirumi que irradiaba ternura y encanto con su trajecito hecho acorde a la festividad; todos ellos la habían llenado de halados y mimos tan pronto la vieron y no era posible que su propio "hermano" no lo hiciera. Shu ni siquiera la miraba, no pretendía hacerlo. El vampiro era perfectamente consciente de que tan pronto sus ojos se cruzaran con los de Momo, la bomba de sentimientos en el interior de su pecho podría romperse y no quería sufrir más de lo que ya lo hacía. Mentalmente, solo se preguntaba una y otra vez por qué no había traído consigo un poco de licor o qué maniobra realizaría para escapar de la búsqueda de huevos más adelante, cuando la niña se encontrara entretenida. estar ahí era una mala idea. Era la tortura más cruel que su madre pudo haberle impuesto.

El trascurrir de los segundos era eterno y solo salió de sus pensamientos cuando la pequeña mano de la pelirrosada se posó sobre la suya, reaccionando en un microsegundo y retirándola. No fue brusco, después de todo no quería asustar a la menor, simplemente la apartó y la colocó a unos centímetros de donde estaba horizontalmente, ganándose aún más odio de una de las maids que viajaba con ellos en la parte de atrás. Si alguien le hubiera preguntado a Shu, seguramente se habría enterado de que las fracturas en su corazón eran cada vez más dolorosas: se había imaginado a una pequeña pelirrosada rozando su mano y llamándolo "papá" mientras Momo  le acomodaba la diadema o algo por el estilo, sonriendo todos como una familia. No se imaginó nunca que esa niña pelirrosada sería su esposa en lugar de su hija y que la familia que soñó no sería propia, sino una donde ellos eran hermanos. Sus ojos se cristalizaron, pero aún sin mirar a la menor respondió todas sus palabras con solo una frase -Yo no soy Santa-. Frío como el hielo y ardiendo en un infierno; vaya ironía.

El silencio en el auto se hizo absoluto por unos segundos mientras los cuatro empleados que viajaban en él pasaban saliva por dichas palabras; el conductor y dos de las maids detestando al maleducado de su amo, mientras que, una tercera, reflexionaba la situación en silencio. Era la única que había servido a la familia desde años atrás, antes del incidente de Momo e incluso antes de que ella llegara a la mansión como pet... era la única que estaba del todo entendida de la situación y la comprendía. De hecho, esa zorrita había sido una de las amigas de la Momo adolescente que había conquistado el corazón del amo cuando ambas trabajaban para él. No justificaba la actitud distante del vampiro pero, no podía juzgarlo; después de todo, ella había sentido una tristeza similar al perder a su amiga y había recurrido a la lider Toirumi para que le permitiera ser su niñera luego del accidente de rejuvenecimiento. La joven suspiró, observando con nostalgia primero al vampiro y luego a la menor, en cuyo rostro las lágrimas amenazaban con derramarse; vaya que la pequeña era valiente para soportar esa frialdad a tan corta edad -Momo-chan- la llamó en voz baja, inclinándose hacia ella para hablar cerca de su oído -Al amo... digo... a su hermano no le gustará que se sepa su secreto de que es Santa- susurró, usando la creencia de la menor para intentar remediar su tristeza -Él lo seguirá negando... usted fue demasiado lista y lo descubrió pero no debe mencionarlo más porque entonces tendrá que dejar de ser Santa. Se supone que ningún niño debe saber su secreto. Seguro que el piensa que usted es muy linda pero no le responde porque está preocupado pensando que hará si otros niños se enteran de quién es él-.

Shu no era sordo... si bien, había evitado mirar al resto de los ocupantes del vehículo, aquella boba explicación de la maid a Momo la había escuchado perfectamente, haciéndolo soltar una carcajada extraña, impregnada en tristeza antes que en felicidad como sería lo normal -Si, claro... mantengamos los secretos. Los Toirumi somos buenos con eso...- murmuró, más para si mismo que para los demás y, por primera vez, miró de reojo a la pequeña pelirrosada. Aquello lo hirió. La ultima vez que la había visto en ese cuerpo, la joven aun conservaba su mente intacta y le había dicho que todo se arreglaría tarde o temprano "Creo que no se arregló nada... ¿verdad, cielo?"  se preguntó mentalmente mientras seguía escaneando con la mirada a la niña sentada junto a él - No te odio...- dijo por fin, devolviendo la vista a la ventana para cortar el contacto visual -Pero no me gusta hablar... así que cuando lleguemos al parque solo busca tus huevos ¿Si?-.


Los minutos de camino trascurrieron hasta aquella propiedad privada extensa, llena de caminos bordeados con arbustos y flores y con árboles frondosos que se mecían con la brisa. Tan pronto la limusina se detuvo, el vampiro bajó al exterior y sacó un cigarrillo de su bolsillo mientras caminaba a un árbol cercano -Se los encargo- dijo a las maids conforme se sentaba. Esperaba que Momo no demorara en hacer aquella tonta búsqueda de huevos; mientras más pronto terminara, más pronto podría volver a casa por unos tragos.


Última edición por Shu Toirumi el Mar Jun 16, 2020 12:45 am, editado 1 vez
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Mensaje por Momo Toirumi el Mar Jun 16, 2020 12:39 am

¿Que es exactamente lo que debía pensar o sentir en aquellos momentos? Porque si bien, la dulce maid que solía cuidarla con tanta dedicación había afirmado cada una de sus sospechas, consiguiendo que incluso su hermano aceptara el ser Santa y por sobre todo, el no odiarla, había algo que aun producía inquietud en su ser... y eso era la horrible sensación en su estomago, aquella donde casi podría jurar que insectos ponzoñosos habían construido su nido en ella, buscando lastimarla a como diera lugar, pero eso era imposible ¿Verdad?

Tratando de poner su mente en blanco, tan solo asintió fingiendo comprender las palabras que a sus oídos parecían lejanos suspiros, y todo porque no podía centrarse de manera correcta cuando las miradas de las personas en aquel carro parecían taladrar su pequeña espalda. Tenia miedo, desesperación, desasosiego... simplemente era un popurri de sentimientos nada gratos en una pequeña niña, pero no debía llorar, sea como fuera no debía hacerlo si quería ganarse algo del afecto de aquel rubio con aroma bastante peculiar.

- Si... - fue lo único que logro decir durante el resto del viaje, bajando de manera rápida en cuanto vio la oportunidad, tan solo debía alejarse un poco de aquella inquietud que su hermano planto en ella sin siquiera saberlo. Necesitaba espacio, quería una tranquilidad impropia para alguien de su edad, al grado que muchos dirían que a veces Momo tenia un alma vieja en el cuerpo de una niña, cosa que quizás Shu sabría si le dedicara el tiempo suficiente, pero tal parecía que aquello quedaría relegado en una lejana fantasía.

Paso tras paso, los sonidos de las voces murmurando su nombre se alejaban, arbusto tras arbusto, la tranquilidad llegaba a ella, pero, si tan siquiera hubiera estado mas centrada en su alrededor que en contener sus lagrimas, se hubiera dado cuenta lo lejos que se estaba dirigiendo, que su nombre llamado por los empleados no era un simple juego, sino que realmente la desesperación empezaba a surgir al no poder dar con ella, y por azares de su menudo ser, las rejas que resguardaban aquel bello e inmenso jardín fueron fácilmente atravesadas por ella sin darse cuenta de lo que hacia, en especial cuando al abandonar la seguridad de la propiedad Toirumi, acabo por toparse en un verdadero parque.

- ¿Donde están los huevos? Ven... ven huevito, ven con Momo -el sonido de sus pequeños zapatos en el verde césped era lo único que podía escuchar, la tranquilidad era tanta que Momo solo creyó que los mayordomos y maids se encontraban ocultos para darle privacidad mientras buscaba, algo normal durante sus juegos, sin embargo era normal el que todos se apuraran a socorrerla si se tropezaba o el peligro le asediaba, por ello continuo caminando, hasta acabar topándose con un par de piernas cubiertas por un opaco pantalón de vestir, seguido de un torso de camisa blanca y chaleco negro a juego, aquel con quien se había topado era un hombre que portaba ropas similares a las de sus mayordomos, solo que ese cabello negro en conjunto con aquellos ojos azules, dudaba haberlos visto anteriormente, pero al mismo tiempo le daban un dejo de nostalgia - Esto... aun no encuentro ningún huevo... pero si saliste es que...Momo debe volver a casa ya ¿Verdad? -mostró su cesta completamente vacía al joven de desconocido nombre, confiada en que si estaba dentro de la propiedad Toirumi, donde aun creía encontrarse, es que tan solo se trataba de otro empleado - ¿No... podemos... estar aquí un poco mas... por favor? Se...seguro que a Shu-nii no le molestara... so...solo un poco mas

La sorpresa en el par de ojos azules cambio rápidamente a un dejo de maldad y melancolía, conforme se inclinaba a la altura de la menor, posando una mano en su rosado cabello, acariciándola con suavidad a medida que pensaba las palabras adecuadas para que la sucubo no escapara de sus garras... al menos no, por segunda vez.

- Lo lamento señorita Momo... pero ya es tarde y el amo Shu se fue por su cuenta, dijo que estaba muy cansado y me pidió llevarla a casa - la sonrisa del joven pelisocuro, contrastaba a la perfección con el gesto defraudado de la menor, cuyas lagrimas no demoraron en caer de manera silenciosa, siendo sutilmente limpiadas por el varón de claros ojos - No debería llorar, una dama no llora bajo ninguna circunstancia, sobre todo cuando son producto de alguien que no sabe valorarla - de manera grácil, el joven saco un pañuelo tan blanco como la nieve del interior del bolsillo de su chaleco, tendiendo el mismo a la fémina quien no demoro en sujetarlo - Pero ¿Que tal si le invito un helado a la señorita? Aun tenemos algo de tiempo antes de que nos extrañen en la mansión, podemos pasar por un uno, si promete no llorar mas
- Pe...pero... si demoramos mucho... madre se enfadara contigo... e...etto... no recuerdo... tu nombre... lo... lo lamento -sus ojos se centraron en la faz ajena, sintiéndose elevada por el varón quien no demoro en cargarla fácilmente, para empezar a caminar con la menor
- No se preocupe señorita, soy nuevo en el trabajo, es normal que no me recuerde - la enorme sonrisa del joven, contagio a la pequeña niña quien no demoro en imitarlo, recargando su cabeza en el hombro masculino conforme este empezaba su camino - Me llamo Edgar, pero usted puede decirme como desee señorita, y respecto al helado, créame, tenemos todo el tiempo del mundo
- Esta bien Edgar... entonces vamos por helado -no negaría que los pasos iniciales del varón parecían algo presurosos, pero no le dio importancia, después de todo era comprensible el apurarse cuando una jefa como lo era Beatrix Toirumi se encontraba contando los minutos y segundos, hasta su retorno.

Y mientras aquel escenario se desencadenaba, en el interior de la propiedad Toirumi, los empleados a quienes les había sido confiado el cuidado de la menor, se debatían por quien seria la pobre victima encargada de confesarle al dormido rubio lo que parecía mas que obvio a esa altura... Momo había desaparecido.

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Mensaje por Shu Toirumi el Miér Jun 17, 2020 12:11 am

De verdad deseaba haber llevado una botella consigo en ese mismo momento; de hecho, habría usado el móvil para solicitar que le llevaran una, pero estaba seguro que tan pronto el pedido llegara, alguno de los sirvientes lo retiraría de sus manos y seguramente volcaría la bebida en algún arbusto. Casi podía escuchar en su mente a su madre dando órdenes para impedir que cualquier bebida alcohólica estuviera en sus manos mientras permaneciera cerca de Momo. Era un verdadero fastidio, pero al menos nadie podría impedirle fumar ¿O si? acababa de encender aquel vicio que en realidad no le gustaba pero le ayudaba a calmarse cuando notó la mirada recriminadora de los empleados -Tsk...- se levantó y se colocó en la postura más firme que podía mantener entre toda su pereza, su desánimo y los efectos de su previa tarde de bebida -Escuchen bien...- miró fijo a cada uno de los empleados presentes, con cierta furia por la manera en que lo observaban -Me importa un carajo estar aquí y ninguno de ustedes tiene derecho a juzgar eso ¿Entendido? Soy el jefe, quien paga sus salarios. Puede que mi madre sea quien los contrató y quien administra el dinero, pero el líder de esta familia soy yo y no toleraré sus murmullos ni miradas de desdén hacia lo que yo decida hacer ¿Queda claro? - ni siquiera espero una respuesta, volvió a sentarse a la sombra del árbol dando una larga calada al cigarrillo entre sus dedos -Vigilen a la niña, de eso se trata su trabajo hoy. No me molesten hasta que sea hora de irnos-.

No, no era nada usual en él hablarle de ese modo a los empleados pero ¿que podía hacer? nada justificaba su modo de actuar, pero esperaba al menos algo de entendimiento humanitario respecto a como debía sentirse en ese momento... cosa que ni siquiera tendría porque su madre se había encargado de cambiar a mucha de la servidumbre. Suspiró, sacó sus auriculares, fieles compañeros en cualquier ocasión y se los colocó con volumen alto, ignorando todo a su alrededor por los próximos dos cigarrillos y luego decidiendo tomar una siesta. Definitivamente quería ir a casa ¿Quien habría pensado que Shu podría temerle al daño que podría causar en su corazón una niña de cuatro años?

Por sí mismo no podría adivinar cuanto tiempo había dormido, ni siquiera lo percibió como un descanso efímero o largo, pero el cielo algo más oscuro le decía que una tormenta estaba próxima y en cualquier momento habrían de suspender la búsqueda de huevos... o al menos eso esperaba oír de la maid que ahora le sacudía con una expresión de preocupación en el rostro. "Ni que estuviera en coma" pensó, aunque tenía más que claro que sí que era difícil despertarlo en ocasiones -¿Que sucede? Solo ha pasado una hora ¿Acaso ya encontró todos los huevos?- preguntó mirando la hora en su teléfono, creyendo que aquella interrupción en su sueño solo podía significar que ya se iban. Y esperaba que así fuera, no podría soportar más de aquel martir... -N...no encontramos a la señorita Momo, amo- la voz temblorosa de la joven frente a él y las lágrimas que asomaban en sus ojos fueron como una bofetada que lo despertó del todo y lo dejó caer en la realidad -...¿Que?- cuestionó, creyendo que habría escuchado mal -L...la señorita Momo...- murmuró la chica de nuevo -Se... se alejó buscando los huevos. Ya intentamos encontrarla pero no parece estar en ningún lado...-

Tenía que ser una broma ¿Habían perdido a una niña en una propiedad privada? No... no podía ser así. Si ellos creyeran que Momo andaba cerca, no lo habrían despertado; nadie se atrevería a jugar con algo así ¿Qué se supone que debía hacer él? No quería verla... estar lejos de ella era lo mejor, eso estaba claro pero ¿y si algo malo le sucedía por su culpa? ¿Habría sido por como se había portado en el coche? Incluso la Momo adulta solía alejarse de todos cuando se encontraba frustrada ¿La mini Momo haría lo mismo? Se puso de pie, quitándose los auriculares y simplemente dejándolos en el suelo -Ustedes dos...- señaló al chofer y a una maid -Revisen los caminos que van a las fuentes... y ustedes- señaló a las otras dos maids -Busquen en los senderos que van hacia el estanque y hacia los invernaderos- la búsqueda había cambiado de sentido, al parecer ahora estaba obligado a participar en ella antes de que la pelirrosada se topara con algún peligro -Yo buscaré entre la parte que de árboles del fondo de la propiedad y la que se aproxima al bosque- tenía un mal sabor de boca, si comenzaba a llover sería difícil encontrar a la niña, aún más de lo que ya lo era en ese momento; la humedad dificultaba encontrar su aroma -Si alguno la encuentra solo notifíquenlo por un mensaje- señaló y, de inmediato, cada quien comenzó a seguir la ruta de búsqueda.

Shu nunca pensó que pudiera sentirse peor de lo que se había sentido rato antes, era cierto que prefería estar apartado de Momo pero... no podría soportar la idea de verla herida. Su corazón le gritaba que debía apresurarse e incluso su cuerpo se movía por su propia cuenta, a una velocidad impropia en el vampiro, revisando tras árboles, entre arbustos y de vez en cuando mirando entre las ramas ¿hasta donde podría haber llegado Momo en su recolección de huevos? Cada minuto que pasaba sin encontrarla y sin recibir el mensaje de que alguien más lo hubiera hecho le agrandaba la angustia ¿Por qué no había aparecido aún? Antes de que se diera cuenta, había llegado a la reja que cercaba aquel parque privado, algo dañada en algunas zonas, pero ya se preocuparía después por eso; encontrar a la pelirrosada era la prioridad y...  sus ojos se detuvieron en un moño rosado del otro lado de la cerca, justo al lado de un agujero medianamente grande. Momo había salido de la propiedad.

En un ágil salto, el vampiro cruzó la reja y siguió el rastro de daño en algunos arbustos, suponiendo que la menor habría pasado por ahí antes. Un trueno le alertó en que debía darse prisa -Momo... más vale que estés bien- susurró para sí mismo, intentando ver si localizaba pisadas o algo por el estilo. En determinado punto se olvidó de la distancia que él mismo había puesto entre la infante y él, necesitaba encontrarla -¡MOMO! ¿ME ESCUCHAS? ¡MOMO!- gritos... aquello era algo opuesto a su naturaleza, pero era lo único que podía hacer al respecto. Volar no serviría, los  frondosos árboles no le permitirían verla desde arriba, tenía que seguir a pie.

Tras un rato más de búsqueda, creyendo que lo mejor sería llamar a la policía para que ayudaran en la búsqueda de la menor, un olor familiar legó a su nariz; de hecho... eran dos olores familiares. Definitivamente uno de ellos era de la pequeña pelirrosada pero ¿Y el otro? no lograba recordarlo pero ¿porque le hacía sentir molesto ese aroma? tenía que seguirlo,antes de que el cielo oscureciera más por la próxima lluvia. Trotó en la dirección que su nariz le indicaba hasta que visualizó a una alta figura que en sus brazos llevaba al bulto rosado, el rubio creyó en un primer momento que el chofer la había encontrado antes que él pero pronto su rostro se llenó de ira cuando descubrió que estaba equivocado. Detuvo sus pasos en seco ¿Acaso ese era...? No podía creerlo... Ya había arruinado su vida y ahora pretendía seguir con aquello. Voló en dirección a las dos figuras, intentando no hacer ruido, hasta colocarse de lleno frente al grifo, obstruyéndole el paso -Suéltala...- contenía la furia, pero sus ojos parecían delatarlo del todo. Aquel suave azul había sido suplido por un rojo intenso -No tienes derecho siquiera a respirar el mismo aire que ella o que yo...- el pelinegro levantó un dedo, sonriendo de lado -Cielos, "amo"- aquella palabra la usó con clara ironía -Cuide lo que dice en frente de la señorita... ¿Por qué no podría yo respirar el mismo aire que ustedes?- claro, Edgar lo sabía, sabía que nadie se atrevería a hablar frente a Momo sobre el incidente que obviamente él había causado pero que carecía de pruebas para inculparlo -Aunque claro.. si usted huele de esta manera siempre creo que si me pensaría eso de no respirar... una afeitada de vez en cuando tampoco está mal, Shu- El vampiro temblaba de ira -Eh dicho que la sueltes. Ahora mismo...- sus ojos pasaron a encontrarse con los de Momo, el enojo en ese momento le impedía sentir dolor de ver sus orbes violetas, tan enormes y brillantes como siempre -Momo...- calmó su voz en lo más posible -No sé que te haya dicho este  hombre... pero no es una buena persona y no debes ir con él-

Estaba atascado. Sabía que debía recuperar a la niña tan pronto como fuera posible pero no podía simplemente arriesgarse a quitársela a Edgar de los brazos. Solo verlo frente a él con aquella sonrisa ladeada le daba asco, sabía que era astuto... como hiciera un movimiento brusco, comenzaría a escapar y llevaría a Momo consigo. Podría lastimarla. Si lo atacaba a distancia podría herirla y si a Edgar le daba por volar, podría amenazarlo con soltarla desde lo alto si lo seguía. Necesitaba la confianza de Momo en ese momento para que ella se apartara por su cuenta; vaya que había sido una idiotez haberse portado como antes cuando ahora necesitaba que ella creyera en él. Bravo Shu... tenía que poner las cosas difíciles siempre.

Una punzada atravesó su pecho, no tenía tiempo que perder pero lo que se le ocurrió para decir acabaría por quebrarlo de un modo más cruel y lo sabía -Momo...- dirigió sus palabras a la niña una vez más -Soy... soy tu hermano... confía en mí ... ¿si?-
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Mensaje por Momo Toirumi el Miér Jun 24, 2020 8:46 pm

Estaba cómoda en los brazos de Edgar, no podía negarlo, después de todo, tras considerar el día tan "especial" que había estado teniendo hasta esos momentos, era evidente que buscaría conseguir una mota de afecto de quien fuese, y en este caso venia de la peor persona posible, pero eso, la menor no lo sabia.

Paso tras paso, los ojos de Momo comenzaron a cerrarse, la calidez del torso contrario era similar a la que solía sentir cada que estaba entre las mantas de su cuarto, pero la manera tan drástica en que el suave tacto de Edgar cambiaba a una sujeción tan firme que llego a sentirse aprisionada, consiguió que sus violetas ojos se abriera de sorpresa, apreciando a Shu parado justamente frente a ellos, completamente agitado, con una cara de enfado incomprensible. ¿Que es lo que ahora le sucedía a su hermano? ¿No se suponía que se había ido por su cuenta, para así no estar a su lado? Entonces... ¿Porque se lo veía furico? ¿Había hecho algo para enfadarlo nuevamente?

Quería llorar, murmurar lo que fuera con tal de quitar esa aterradora mirada en el rubio, pero las palabras no salían, solo se quedaban enterradas en lo mas profundo de su garganta, sin embargo, contrario a su pensar, su ira no había sido dirigida a ella, sino al varón que la cargaba, y eso se demostró en cuanto su querido hermano comenzó una curiosa e inentendible, al menos para ella, charla con aquel hombre a quien parecía conocer, y detestar como a nadie.

- ¿Hermano... porque... yo no... -la pregunta quedo en el aire, no entendía porque no podía estar al lado de Edgar ¿En serio aquel sujeto tan amable era peligroso? Ademas, su madre lo había contratado, entonces lo mas probable era que Shu lo estuviera confundiendo con alguien mas - Yo... hermano... Edgar no es malo, solo me llevaba por un helado y luego regresaremos con madre... no te enfades con él por no llevarme de inmediato
- Así es amo - la sonrisa de Edgar se ensancho, adoraba la inocencia de aquella niña, la cual no tenia la menor idea del peligro en que se veía envuelta - Solo planeaba llevar a la señorita por un helado, porque así lograría borrar aquellas lagrimas con una sonrisa... es decir ¿Que hombre tan desalmado hace llorar a una niña que se comporta tan bien como ella? -amaba jugar con Shu, pero los pasos de otras personas acercándose le alertaron, consiguiendo que chasqueara la lengua conforme depositaba a la menor en el suelo, pasando los dedos de su diestra por entre los rosados y revueltos cabellos de Momo, adecentandola un poco - Creo que nuestro helado deberá esperar un poco mas Momo, pero prometo que volveré a jugar contigo en otro momento ¿De acuerdo?
- ¿A... jugar? Pero... pensé que iríamos por el helado y luego a casa juntos - no comprendía absolutamente nada, primero su hermano decía que aquel sujeto era peligroso, y ahora se despedía de ella cuando claramente había dicho que trabajaba para su madre, sin embargo, cualquier pregunta que pudiera hacer se vio acallada por los labios del pelinegro en su frente, quien al momento se dio a la fuga, perdiéndose entre las diversas plantas de aquel parque, en el momento exacto en que el resto de aquellos con quienes había ido a recoger huevos, llegaban a donde se encontraban - Yo... no comprendo... pensé que todos se habían ido -parpadeando confundida, el abrazo de aquella maid de rasgos zorrunos no se hizo esperar, se le notaba preocupada, demasiado a decir verdad, confundiendo a la sucubo - He...hermano... Momo... ¿Acaso Momo hizo algo malo? -sus violáceos ojos se giraron a la faz del vampiro, necesitaba alguien que le explicara lo que había ocurrido... o quizás, solo quizás, era mejor no preguntar, porque algo le decía que estaba en serios problemas.
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Mensaje por Shu Toirumi el Mar Jun 30, 2020 10:17 pm

La cabeza le dolía debido a su inminente resaca y a la furia que el pelinegro conseguía despertar en él ¿Cómo carajo había dado con ellos? ¿Como supo que estaban ahí? Suponía que debía tener algún contacto trabajando en la mansión principal de los Toirumi, pero decidió que no era momento para preocuparse por eso; ya luego se ocuparía de investigar, por ahora, lo importante era hacer que soltara a Momo y desapareciera de su vista de una buena vez antes de que su enfado se volviera violento.

Creyó que el grifo estaría retándolo un rato más, endulzando el oído a Momo para darle aún más confianza hasta que decidiera ignorarlo a él por completo, pero no fue así. Edgar pareció ser consciente de que ser rodeado por más empleados lo podría poner en una situación difícil y, por fin, la pelirrosada quedó libre de su agarre -No le prometas eso...- miró con desprecio al contrario cuando habló de después volver a jugar -No permitiré que vuelvas a acercarte a ell...- sus palabras se cortaron al ver el beso del varón en la frente de Momo, cerrando los puños con furia y dispuesto a perseguirlo de no ser porque cayó en consciencia de que no podía dejar a la menor sola de nuevo.

No sabía que hacer, decirle a los empleados la manera en que había encontrado a Momo con aquel indeseable podría suponer que su madre se enterara en algún momento... Pero no decirlo tampoco sonaba como una buena opción -Momo...- llamó a la niña, esperando a que aquella maid se apartara de ella para arrodillarse y tomarla por los hombros, dudando de cada palabra que estaba por decir -Ese hombre era malo...- se volvió a los empleados con una mirada que dejaba en claro que ya después hablaría con ellos de lo acontecido. Volvió su vista a la pelirrosada, pasando saliva -Nosotros jamás nos fuimos... estábamos buscandote... Edgar te engañó para que fueras con él, el no trabaja para madre- explicó, intentando tener tacto para no asustarla y suspirando antes de proseguir -N..no vuelvas a ir con extraños así... no todos son buenos y algunos pueden mentirte como él- no tenía idea de qué más podía hacer. Regañar a Momo por su imprudencia era algo que definitivamente no iba con él; se había asustado, si, de hecho había estado aterrorizado ante la idea de perderla y más en las garras de aquel chef, pero no se atrevía a expresar eso, así como tampoco se atrevía a abrazar a la menor para tranquilizarla... para tranqulizarse a sí mismo. En su lugar, se levantó, mirando a los empleados y luego a la niña una vez más -Tu... escoge si quieres buscar algunos huevos o quieres ir a casa ahora. Solo que esta vez te acompañaremos- indicó -Aunque.... creo que esto es tuyo- entregó el moño a una de las maids, pidiendo que se lo colocara de nuevo para entretener a la niña y, mientras tanto, hablar con las demás maids y el chófer respecto a lo acontecido.

No les pidió que ocultaran a la madre lo que había sucedido con Edgar, despues de todo, tendría que investigar si alguien le conocía o tenía relación alguna con él, pero si pidió que ocultaran el hecho de que no se había enterado de su desaparición hasta que las mismas maids fueron a buscarle. Era extraño pero... a pesar de que quería con todas sus fuerzas alejarse de aquella miniatura de su esposa, una parte de el deseaba seguirla viendo... y protegerla. Más ahora que sabía que el grifo no se había dado por vencido.

Estaba por preguntar a Momo qué había decidido hacer cuando una de las maids, interviniendo entre él y la menor, se acercó con un huevo rosado y lleno de brillos en mano, llamando la atención de la sucubo justo después de haber colocado el huevo en manos del rubio -Señorita Momo~ antes de que se alejara su hermano estuvo buscando huevos para usted- miró de reojo al vampiro, indicando con la mirada que no la contradijera, cosa que Shu obedeció más por impulso que por razonamiento -Mire que lindo es este que le ha conseguido. Amo, ahora que la encontramos puede dárselo-. El Toirumi se quedó estático ¿Que clase de plan macabro había ideado esa maid para intentar reconciliarlo? Sin embargo, las emociones estaban a flor de piel, tanto las suyas como las de la menor y no deseando mortificarla de nuevo, se agachó tendiendole el huevo rosado -Solo no vuelvas a escapar...-.

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