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¿Serás capaz de recordarme? [Priv. A. Amadeus]

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¿Serás capaz de recordarme? [Priv. A. Amadeus] Empty ¿Serás capaz de recordarme? [Priv. A. Amadeus]

Mensaje por Invitado el Vie Ene 17, 2020 4:47 pm

¿Por qué un museo? No había una razón concreta por la que me encontrase allí. Solo quería despejar mi mente un poco, y como ya era costumbre en mí, buscaba un lugar silencioso y que al mismo tiempo me sirviese para lograr nuevas perspectivas. ¿Pero sobre qué buscaba una nueva perspectiva en realidad? Era difícil de explicar; solo... Solo quería conocer la isla, tal vez, y acostumbrarme a todo lo nuevo que me rodeaba. El arte siempre me había transmitido esa sensación de tranquilidad, de paz mental y, ocasionalmente, también lograba ayudarme cuando me atascaba frente a un problema. Aunque hoy no era ese último caso. Estar dentro del departamento de policía terminaba por nublar mis sentidos; los mismos olores, los mismos sonidos de siempre, la misma gente... No estaba segura de si eso era lo que quería para el resto de mis días. Adoré estar con mi maestro e investigar, pero yo no era un animal capaz de estar encerrado por mucho tiempo.

Una escapada no me haría mal, eso es lo que pensé cuando decidí quitarme el uniforme y vestir como una ciudadana cualquiera. Me excusé frente a mis compañeros diciendo que iría a investigar un supuesto caso de vandalismo juvenil; simples palabras, pero de no hacer eso no hubiese podido salir tan fácilmente. Y de ser sincera, el tema de los adolescentes es algo que ya estaba investigando para dar con ellos. Conocía sus rostros, apenas eran tres jóvenes que su delito más grave era ser carteristas, pero no podía dejarlos libres sin un castigo merecido o, de lo contrario, podrían pensar que el mundo les pertenecía.

Me quedé pensativa frente a aquella pintura de oscuras tonalidades. Un cuadro simple pintado por Goya, una obra titulada Perro semihundido o simplemente El Perro. Mis orejas estaban erectas apuntando en su dirección, ignorando todo lo que me rodeaba y centrándome únicamente en el animal allí plasmado. Estaba solo. Y eso me hizo recordar cuando yo me quedé sola, pero al mismo tiempo, me hizo pensar en lo insignificante que podría llegar a ser yo misma para el mundo que me rodea. A pesar de un poder tan brillante como el que tenía, no lo utilizaba para cambiar el curso de la historia. Eso era terrorífico solo de pensarlo, porque sí, sería muy sencillo para mí viajar al pasado y evitar catástrofes como las masacres por parte de dictadores; sin embargo me limitaba a dejar que el curso siguiese su camino sin entrometerme. ¿Pero eso significaba que no me beneficiase? Mentira. Salvaba mi propio pellejo gracias a mi don; hipócrita, ¿verdad? O tal vez solo egoísta.

Salí de mis pensamientos y una de mis orejas rotó hacia mi flanco derecho. Una extraña sensación se apoderó de mí. Era como si unos ojos me observasen, aún así, nadie me conocía en la isla, ¿cierto? No es como si tuviese algo que temer, y aunque mi vida corriese un mínimo de peligro, simplemente lo solucionaría a mi modo. Pero mi olfato detectó un sutil aroma familiar. Hacía tiempo que no olía algo similar, obligándome a girar sobre mis talones para buscar al dueño de esa fragancia lupina.


El cuadro que observa Zoe.
Ropa de Zoe.
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Mensaje por Invitado el Vie Ene 17, 2020 5:54 pm

Sé que no deberíamos estar aquí. — no es que realmente hablase solo ni mucho menos, lo hacía con alguien... o quizás algo. La pequeña sombra felina que acostumbraba a acompañarlo en el día a día no había tenido aquella excepción a pesar de haber tomado la genial idea – o no tanto, en realidad –, de haber abandonado la tienda de Zomal con la intención de simplemente tomar un pequeño descanso de aquél lúgubre lugar. — O simplemente no deberíamos estar en otro lugar que allí dentro. Pero esa niña es sofocante. — añadió algunos momentos después, tras una pequeña pausa. El silencio se había vuelto parte de su rutina hasta el punto en que, ciertamente, se volvía un ambiente algo incómodo para su propia persona.

Una dragona peculiar, bastante joven, había hecho aparición en su vida recientemente como consecuencia de aquél mismo felino. Esa era una de las razones, principalmente, por la que había optado por abandonar aquel establecimiento al menos por un par de horas. Si bien era consciente de que aquello generaría problemas en caso de ser descubierto, ¿quién dijo que lo sería? Después de todo se trataba de él, alguien que se recluía constantemente y poco abandonaba su habitación salvo para escasas situaciones.

{ . . . }

El museo había sido su objetivo aquél día, específicamente las obras de Francisco de Goya. Si bien las pinturas elaboradas por aquél hombre eran en toda su expresión, y no por exagerar, obras maestras dentro de su época también se debía recatar que, entre ellas, las Pinturas Negras no se quedaban fuera del estereotipo de aquél hombre. — ¿Habrá alguna? — y es que a pesar de todo, las creaciones de aquél hombre ofrecían una especie de relajación bastante particular. Tal vez fuese su trazado, quizá la variable interpretación que sus pinturas podían llegar a ofrecer, pero sin importar qué era un momento de serenidad seguramente para todo aquél que amase el arte, en toda su expresión.

El sueño de la razón produce monstruos. — era una pintura de otras ochenta, pero no era realmente de las que buscaba en ese momento. La sátira a la que pertenecía, dentro de todo, tampoco ocasionaba interés en el italiano a pesar de que sus inicios habían sido cercanos al país de origen. Su objeto de estudio, más bien de desestrés, eran las Pinturas Negras. Para su buena fortuna, o tal vez no, fueron uno de sus siguientes siete encuentros los que dieron con algo por lo que estaba allí: El Perro, esta era una de las obras que aquél había tenido bajo su propia posesión siendo aquella, en particular, con la que recibía a sus visitas más personales.

El bosquejo original tenía una roca y unos tipos raros de aves. Jamás se supo cuáles, en realidad. — ¿a quién realmente le explicaba aquello? Siquiera él mismo lo sabía, tal vez a Morgana quien apenas dejaba ver su cabeza desde el interior de la mochila que cargaba sobre uno de sus hombros. Como consecuencia de sus propias palabras, e incluso tal vez por la existencia de aquel animal en su equipaje, algunas miradas con cierta curiosidad se volvían en su dirección. ¿Cómo es que lo sabía? Sencillo: sus sentidos de lobo lo advertían; en segundo lugar era su su capacidad vampírica la que le enviaba aquellas ondas de reflexión que le daban a entender estaba siendo observado; y por último, los movimientos de las sombras como consecuencia de lo que generaba la luz, casi como si estas cobrasen vida y le susurrasen que estaba siendo objetivo de algunas pocas miradas.

Casi sin darse cuenta, y con la intención de acercarse un poco más a la pintura en cuestión, el masculino no tardó en toparse frente por frente con una chica de cabellera grisácea, ¿o quizá algo azulada? A decir verdad aquello fue un tanto preocupante para su persona debido a la incapacidad de comprender en verdad su color. Tal vez fuera por la posición y el choque de la luz, en esos momentos parecía destellar con el segundo a pesar de brillar como el primero. Sin embargo aquello no era el quid de la cuestión, sino más bien: ¿cómo es que no se había dado cuenta de su presencia?

Como era de esperarse, un choque repentino se hizo presente ocasionando que su persona casi terminase dando un paso hacia atrás. — ¿Se encuentra bien? — aunque portaba gafas, siendo transparentes estas permitían observar la expresión indiferente y los ojos grisáceos del de cabello azabache. De manera casi inconsciente llevó hasta sus hebras la extremidad derecha dejando que su mano, o más bien sus dedos, se entrelazaran con aquellas para buscar despeinarlas como consecuencia de un pequeño lapso de incomodidad.

Lo lamento. — mencionó al final, tras unos pocos segundos de silencio. Estaba en una situación un tanto vergonzosa ya que, después de todo, ni con todos sus sentidos había sido capaz de evitar algo como aquello y tampoco quería aparentar ser algún tipo de acosador, ni mucho menos.
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Mensaje por Invitado el Miér Ene 22, 2020 7:28 pm

Mis sentidos eran algo a envidiar; gracias a ellos me salvé de muchos problemas en el pasado, y ahora, me servían para apreciar cosas que el resto de humanos eran incapaces de notar. Y entre esos detalles, una voz masculina que me hizo rotar una de mis orejas un momento, atendiendo a una explicación sobre un cuadro, y más concretamente, el que yo me dedicaba a presenciar en silencio. ¿Irónico, no creéis? Pero mis sentidos no me advertían del peligro, ni siquiera detectaba que estuviese cerca como para considerarlo mi espacio personal. No. Estaba aún a varios metros de distancia, y no fue hasta que le tuve prácticamente encima que averigüé algo más sobre el desconocido. Fuera quien fuese, era el dueño de aquel aroma a cánido.

Di un sutil traspié por el choque, nada grave ya que ni siquiera caí al suelo. No fue algo exagerado, pero su pregunta en realidad era de lo más normal del mundo. Iba a responder, pero antes me fijé en su apariencia general y sobre todo en su expresión. ¿Realmente se arrepentía de lo sucedido o lo dijo de manera mecánica, carente de sentimiento de culpa? Eso me hizo dudar un poco y mantenerme en silencio un par de segundos, y aunque no fueron muchos, pudo resultar bastante asfixiante la ausencia de sonido que creé. —Estoy bien, no ha sido grave —terminé por decir.

¿Quién era y por qué desprendía aquel extraño aroma? Teniéndolo tan cerca, sin que se notase un mínimo de descaro por mi parte, con cada respiración analizaba cada partícula que llegaba a mis fosas nasales; me mantuve con un rostro algo neutral, pero en mi mente quería gritar y lanzarme a su yugular de un modo u otro. No había visto muchos lobos en la isla, por no decir que solo logré detectar la fragancia de uno y resultó ser un licántropo con un carácter... Bueno, difícil de llevar, y eso que solo me dediqué a observar desde la distancia; no quiero imaginar qué hubiese sido de mi hermoso pelaje si me hubiera acercado a él. ¡Zoe, maldita sea, céntrate! Su aroma no era de un lobo puro, ese olor era lejano de igual modo que sucedía conmigo. Cualquier animal que me oliese diría que soy un híbrido de cánido y humano, y en realidad no distarían mucho de la verdad. Claro que no podía preguntar a un desconocido por qué olía de ese modo o me tomarían por loca.

¿Le gusta el arte? —decidí cuestionar—. He escuchado su comentario acerca del cuadro —añadí con una muy sutil sonrisa. Debía aparentar normalidad y amabilidad, como siempre hacía; ya era un disfraz que acostumbraba a vestir con mucha frecuencia—. ¿Cree que Francisco de Goya lo dejó sin acabar por algún motivo? —desvié mis ojos nuevamente al cuadro. Seguía pensado que el perro se veía de lo más solitario en un lienzo tan grande.
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Mensaje por Invitado el Jue Ene 23, 2020 3:05 am

No soy fanático. — admitió para sí mismo, sin muchos preámbulos, esperando que aquellas palabras fueran suficientes como para que el tema en cuestión tuviese un cierto final. Sin embargo estaba allí, ¿no? Así que tampoco podía realmente negar la posibilidad de que tuviese algún tipo de importancia en su vida. — Solo un ligero interés. — confesó, segundos más tarde, habiendo esperado un lapso de tiempo en silencio mientras era su propio cerebro el que procesaba poco a poco toda la información que podría llegar a revelar con cada una de sus palabras.

Si nos basamos en las recopilaciones que se han realizado respecto al cuadro como tal, es una de varias teorías que en realidad son no concluyentes. — no era alguien de muchas palabras pero en escasas situaciones, cuando ésta lo ameritaba, optaba por aplicar un diálogo realmente elocuente y, hasta cierto punto, algo profundo.

Lo cierto era que, y a pesar de que no era fanático como tal ni del arte ni del artista en particular, sí era conocedor de varias cosas que a muchos le parecerían un tanto triviales o, en realidad, poco útiles dada su actual posición. — Es relajante. — terminó por admitir. Sí, no podía negar que le gustaba, pero no como tal el arte sino más bien el algo que tenían aquél tipo de pinturas que ocasionaba, en todo su esplendor, que cada músculo de su propio cuerpo fuese capaz de relajarse.

¿Escuchó...? — claramente no se había percatado de las orejas de la chica, o más bien poca atención había prestado en realidad a las mismas. Estaba tan acostumbrado a toparse con seres cuyos rasgos animales se encontraban visibles que en realidad tampoco era, y especialmente para alguien de ZomalPets, difícil de ver de manera cotidiana. — ¿Un canino? No. — y es que su capacidad para olfatear, procedente de su parte lupina, se encontraba irónicamente potenciada con la capacidad de diferenciar los aromas que su lado vampírico le ofrecía. Esta fue la razón por la cual llegó a una simple conclusión: — Híbrida.

Pero no quería ser realmente alguien grosero ni mucho menos. No estaba en sus cualidades, en realidad, y por eso mismo no tardó en volver la vista en dirección hacia el cuadro en cuestión. — El Romanticismo fue una época particular y Goya, con sus pinturas negras, fue alguien que rompió los esquemas. — aunque fuera solo para poder decorar su propia casa, porque al final aquél había sido su objetivo original para la creación de aquél catálogo de tan particulares obras.

Ambrose. — musitó sin quitar la vista de lo que era el cuadro como tal. A pesar de todo, sus sentidos se encontraban enfocados en otra cosa: en averiguar qué era ella en realidad, o más bien... averiguar qué más había detrás de ese aroma a canino que claramente desprendía. — Es un gusto. — no es que necesitase algo más para presentarse, ¿o sí? Bueno, siendo él como era claro que aquello había sido más que suficiente, incluso para con un desconocido... o mejor dicho, especialmente para con uno.
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Mensaje por Invitado el Miér Ene 29, 2020 7:43 pm

Es agradable coincidir con alguien que, al menos, tiene interés en algo como es una pintura semejante. De hecho, la colección entera de pinturas negras resulta de lo más interesante; inquietante en ocasiones si me paro frente a una y miro por mucho tiempo —expliqué aunque seguramente al contrario no le importase absolutamente nada, pero bueno, ¿por qué no intentar entablar una conversación con alguien que, si bien no se mostraba de lo más expresivo, al menos era educado? No siempre tenía la oportunidad o posibilidad de pasearme libremente y, mejor aún, debía aprovechar mi anonimato en la isla porque era muy consciente que no dudaría mucho. ¿O acaso creéis que una policía pasa desapercibida?

Decidió continuar con su visita para ver el siguiente cuadro, del mismo autor y de la misma serie; esta vez se trataba de "Saturno devorando a su hijo". Qué fuese relajante para el contrario me hizo pensar si se refería al ambiente general -por el silencio- o al cuadro. No, a mí no me parecía relajante. Por desgracia me hacía pensar demasiado y eso era de todo menos relajante. Roté una de mis orejas al escuchar su nombre, permaneciendo aún así por unos segundos sin moverme para observar aquella nueva obra. ¿Qué me provocaba esta vez? —Un placer, Ambrose —dije—. Mi nombre es Zoe —añadí pensando brevemente en la explicación anterior sobre Goya y el Romanticismo. Eso me hizo soltar una muy leve risa—. Para no ser un fanático está muy informado de todo un poco. ¿Acaso estoy frente a una persona extremadamente culta y voy a quedar de inculta por venir solo a desconectar? —cuestioné con un tono tranquilo y juguetón de cierto modo. No es como si realmente me importase quedar de inculta, es decir, sabía lo que debía saber; por suerte o por desgracia, de arte apenas tenía conocimientos a pesar de que adoraba visitar las galerías y museos.

¿Qué hay de este cuadro? —cuestioné con curiosidad, aunque más bien preguntaba por sus propios pensamientos y no por información que pudiese encontrar yo por mi cuenta—. Si fuese más joven tal vez me daría escalofríos al ver una escena sanguinaria —tampoco es que fuese yo una momia milenaria, ni alcanzaba los cien años de edad, pero siendo una cachorra seguro que esa pintura me hubiese hecho temblar. Y no quiero ni imaginar si viviese una escena semejante; ver a alguien comiéndose a un niño... Mi yo del pasado se hubiese desmayado seguro, en cambio, a día de hoy ya no hay nada que pueda inmutarme al parecer. ¿Una muerte? Las he visto a diario, inclusive, las he provocado.


Saturno devorando a su hijo
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Mensaje por Invitado el Jue Ene 30, 2020 2:20 pm

El placer... es mío... — la mirada del chico se encargó de volver lentamente en dirección a la fémina cuando aquella se hubiera presentado, ocasionando que como consecuencia de esto sus orbes grisáceos se perdieran durante algunos instantes en aquella peculiar condición de heterocromina que poseía. ¿Cómo no se había dado cuenta hasta ahora, sino? Aunque lo cierto era que en realidad tampoco había prestado demasiada atención a la chica como tal, básicamente porque había estado algo más distraído en lo que ocurría a su alrededor: no debía de estar allí y por ende, en parte, estaba un tanto alerta por si alguien llegaba a descubrirlo o simplemente la otra figura comenzaba a actuar extraño.

La historia es cruel. Cronos para los griegos y Saturno para los romanos. — comentó el masculino sin realmente apartar la mirada de aquella pintura en particular. Sentía el movimiento que ocasionaba la pequeña criatura de sombras que se encontraba escondida en su mochila pero no le ofrecía la importancia suficiente, al menos no de momento. — En teoría, el mito decía que Saturno debía de comerse a sus hijos para que éstos no lo destronaran. Luego se supo que Júpiter, tras haber sido criado a escondidas, logró hacerlo. — aquello era algo de información extra, quizás poco importante pero tampoco era en realidad algo que tuviera mucha relación para con el cuadro en cuestión, ¿o sí? Sin embargo, nunca estaba demás ofrecer un poco de conocimiento a quien en esos momentos le brindaba compañía, especialmente tras haber recibido por parte de su interlocutora algún comentario de su propia persona al respecto.

Ambrose no era fanático de la pintura, pero había tenido ciertos conocimientos al respecto de aquél artista en particular e, incluso, con cierto apego a las pinturas que en su momento habían sido consideradas de lo más bajo. — Todas las pinturas de esa colección son, de una u otra manera, la mejor forma en la que el artista tuvo la posibilidad de expresar aquello que lo envolvía. La situación social, económica y hasta personal en relación al todo. — debido a su condición como Quimera, quizá más específicamente gracias a la parte que le ofrecía ser un vampiro, Ambrose había tenido el tiempo suficiente como para poder indagar y conocer respecto a una gran gama de cosas que iban fuera del sentido común. Llegar a lo trivial podría ser exagerado, aunque para alguien que no mostraba tanto interés en las pinturas, el hecho de conocer aquello ya daba a entender que no era tan joven como en realidad podría llegar a aparentar.

¿Extremadamente culto? — No. — observó sin realmente ofrecer mucha más respuesta acorde a la pregunta. — Puedo decir que se ha topado con alguien que ha tenido tiempo para perderlo en algo como lo es el arte. — omitiría cualquier comentario respecto a lo que correspondía la segunda parte de la pregunta y dejaría, aunque con cierta ambigüedad en realidad, el hecho de que era más veterano de lo que podía verse a los ojos. Incluso ni él mismo era capaz de conocer, de investigar, incluso de comprender cosas que para el resto de las personas en efecto no serían sino extremadamente triviales. Salvo, claro, para aquellos que tuvieran un interés particular o un fanatismo demasiado grande.

Podríamos decir que... yo también quiero desconectar. — añadió al final, antes de volver la vista en una dirección algo diferente. Por lo que podía ver, en realidad no estaba tampoco la colección completa de las pinturas negras que habían hecho mover los cimientos del mundo en la década del veinte, pero tampoco podía culpar a nadie por ello y es que la chica lo había dicho: eran pinturas que podrían llegar a ocasionar efectos negativos en las personas, especialmente en las más jóvenes, y aquel tipo de lugares eran bastante utilizados como objetivo de excursión de los institutos académicos.
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Mensaje por Invitado el Dom Feb 02, 2020 3:32 pm

Sonaba algo forzado, aún así, no es como si fuese a decir algo al respecto. Seguro que se trataba de mera educación, y aunque en realidad le importase muy poco mi presencia, la educación era algo que sí agradecía; claro que si de un momento a otro decidía marcharse no le detendría. No era nadie para hacerlo, ni una conocida, o no aún. —Matar a sus propios hijos solo para mantener el trono... —murmuré, aclarando mis dudas. En efecto, algo había escuchado sobre ese mito, pero me seguía pareciendo de lo más cruel—. No me considero en la cima de nada, aunque si llegase a estar en lo más alto de algo, aceptaría que me han superado por mucho que me disgustase —hablé con calma, y aunque mis oídos captaban hasta el más sutil de los sonidos -no solo del joven-, mis ojos seguían centrados en el cuadro—. Un trágico final para una trágica historia, aunque creo que es el final justo que se merecía —concluí añadiendo aquello último, dejando muy en clara mi posición hacia las justicias. Un asesino que acaba siendo asesinado no es algo bonito, sin embargo, es una ironía de lo más interesante.

Si hacía algo de memoria, creía recordar que Francisco de Goya vivió cerca del año 1800; bueno, más o menos porque en esa época ya estaba algo avanzado en edad. Tampoco es como si supiese una fecha exacta de su nacimiento o de su muerte, pero sí que sabía que por desgracia vivió la Revolución Francesa y la posterior guerra de Independencia Española. Artista de los reyes españoles, y sin embargo, me interesaban más sus pinturas negras y no los retratos. Esa parte más oscura era la que me hacía pensar o desconectar.

¿Tiempo? —fue lo primero que salió de entre mis labios, de seguido, una sutil risa que se escapó sin mi permiso—. El tiempo es relativo —y nunca mejor dicho para mí, ¿verdad? Sin embargo, mis ojos rotaron en su dirección para poder verlo con mayor detenimiento—. Te ves joven —dije de primeras—, pero soy consciente que no eres un humano común y corriente —solté sin rodeos. ¿Se asustaría? Lo dudaba, tal vez solo se sorprendería, pero aún así, no tenía aspecto de ser tan distraído como para pasar por alto las orejas lupinas que se mostraban en mi cabeza. Eso ya era una pista más que suficiente para saber que estaba frente a alguien de sentidos desarrollados, lo que implicaba, conocer perfectamente quién era humano y quién no. Mentiría en realidad si dijese que conocía sus razas; solo olí el aroma de un cánido pero nada más. El resto era un misterio.

¿Me dejarías desconectar contigo al menos por hoy? —cuestioné con calma, preguntándome si acaso había sido muy directa o se podía malinterpretar de algún modo mi frase—. Me resultas de lo más interesante, no lo voy a negar; a demás, eres buena compañía si quiero saber más sobre un cuadro al parecer —lo último fue más bien un comentario con cierto tono de broma, aunque había bastante verdad en mis palabras. Se veía como alguien listo, pero lo más importante, quería saber más de él y de ese animal que ocultaba en su interior.
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Mensaje por Invitado el Lun Feb 03, 2020 4:44 pm

Para ser más exactos, jamás lo fui. — al menos no catalogándose como humano propiamente dicho. Era una criatura sobrenatural desde su nacimiento, comenzando como un híbrido de lobo y sombra, una combinación ciertamente tanto peculiar como extremadamente misteriosa. Durante su vida, y hasta el momento, jamás había visto a alguien como él y eso le causaba cierto grado de curiosidad: ¿sería en realidad el único que habría nacido bajo aquellas condiciones tan peculiares? ¿O es que el mundo como tal prefería simplemente ocultar su origen por el temor de lo que pudiera realmente llegarles a suceder si se percataban de aquello?

Bueno, ante la última cuestión solo podía decir que era bastante consciente de que las personas tendían a mostrarse bastante hostiles respecto a lo desconocido, o simplemente carecían de algún grado de empatía para lo que en realidad no pudieran llegar a entender. Eso fue lo que pasó para con él, después de todo. A pesar de haber nacido como un híbrido, con el paso de los años y dadas ciertas circunstancias su cuerpo tuvo que adaptarse a los cambios que éste recibió al momento de ser abrazado, o mordido – como se quisiese realmente decir, en realidad –, por una criatura de la noche haciéndolo lo que era actualmente.

Y claramente tú tampoco — no es que no se hubiera dado cuenta de ello pero tampoco quería sonar en verdad tan descortés. — Lo que puedo decir con seguridad es que compartimos genes. — se atrevió a mencionar dando a entender que sí había visto sus orejas, aquellas que claramente dejaban en claro su ADN como cánido, o más bien, como una criatura que compartía sus genes con la mencionada raza. Era consciente de que su olfato no le engañaría, pero tampoco es que estuviera dispuesto a emplear sus sentidos de aquella manera: si ella no lo decía, tampoco es que tuviera interés en investigarla ni mucho menos, recién se habían conocido y apenas llevaban platicando por, ¿algunos minutos? Quizás una hora, a lo sumo dos – pero era un plazo bastante dudable –.

Sus hombros finalmente se alzaron ante aquella pregunta, demostrando no desinterés sino en realidad poca importancia respecto a lo que parecería ser su nueva compañía durante aquella peculiar tarde. No le desagradaba, al menos después de todo no se trataba de una persona realmente inquietante o que causase algún tipo de problema para con él, no era lo que había demostrado hasta el momento. — No encuentro en realidad algún problema con eso, salvo que por alguna extraña razón termine ocasionando algún tipo de dificultad relacionada con la ley. — y no es que estuviera en realidad en contra de la policía ni mucho menos, era alguien que en realidad la respetaba y mucho pero tampoco podía decirse que fuera cien por ciento legal, ni mucho menos fiel en su totalidad a ella.

Se encontraba allí y por ende estaba incumpliendo ya las normas, era ésta la razón quizás de que en realidad tampoco estuviera siendo muy respetuoso para con la misma a pesar de que, en cierto sentido, aquello no era del todo algo que tuviese que ser aceptado o simplemente Ambrose fuese realista respecto a cada situación a la que hacía frente, ocupando en todo momento la lógica y la razón para ello.

Trataría de no ofrecer importancia a estas, al menos en ese momento debido a que ahora parecía ser necesitado por la chica. Si bien antes no tenía una razón, ahora sí y por muy trivial que llegase a ser la causa, en realidad sentirse aunque sea mínimamente necesitado solo ocasionaría un ligero nivel de preocupación que le obligaría al masculino no solo a prestar demasiada atención sino también a mostrar una faceta de su persona que en pocas ocasiones hubiera llegado a demostrar: aquella más culta, sofisticada, más... nerd.
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Mensaje por Invitado el Miér Feb 05, 2020 5:27 pm

Una de mis cejas se alzó al escucharlo, aunque no por ello sorprendida en realidad. Es decir, fuera lo que fuese era más que obvio que no se trataba de un humano. A diferencia de mí que mi progenitor sí que era un humano, pero para nada común; un clase x para ser exactos, pero genéticamente hablando era tan típico como cualquier otro hombre que pisase la Tierra y perteneciese a su misma raza. —Oh, es una sorpresa que te hayas dado cuenta —obviamente fue un comentario de lo más burlón. ¿Quién en su sano juicio podría tacharme de humana? ¿Mis orejas y cola no eran lo suficiente llamativas para descartar esa loca idea?—. Y sí, soy consciente de ello; aunque debo admitir que tienes un olor peculiar —dije directa, sin rodeos ni maquillando la realidad—. Hueles a lobo, pero es una esencia algo sutil —añadí.

Mis ojos se apartaron del cuadro tras decir aquello, observando al joven junto a ella con detenimiento. ¿Qué ocultaría en realidad? Eso me provocaba curiosidad de algún modo. No estaba acostumbrada a ver muchos lobos en la isla, y por lo que tengo entendido, aquí eran tratados como mascotas así que coincidir con alguno se volvía una tarea aún más compleja, sumándole a ello mi trabajo, claro. Fruncí el ceño con ligereza al escuchar lo siguiente, afilando mi mirada y decidiendo mejor dirigirla al cuadro para que no se notase tanto ese cambio en mi actitud. —¿Eres un criminal buscado y has venido a esconderte aquí? —cuestioné, más como una broma que como una realidad; o eso dejó ver mi tono, pues en realidad era una pregunta muy sincera. Aunque no llevase el uniforme puesto, seguía siendo policía; y aunque no trabajase en el departamento indicado, podía arrestar a quien fuese en contra de la ley si lo veía conveniente.

Caminé hasta la siguiente sala, dejando atrás las pinturas de oscuras tonalidades para pasar a algo totalmente opuesto: paisajes de lo más pintorescos. Esta vez paré frente a uno donde se podía ver una coqueta casa rural, dos mujeres que parecían recoger flores y, en general, la pintura desprendía cierta tranquilidad al observarla. —Y dime, Ambrose, ¿prefieres que sigamos hablando de cuadros o que entablemos una conversación más interesante? —no lo miré, pero tampoco lo vi necesario. Seguro que era inteligente y sería capaz de deducir por dónde quería encaminar la conversación, aún así, tomé nuevamente la palabra para ser más clara—. ¿Qué ocultas bajo la piel? —pregunté directamente por su raza—. Si te interesa mi persona, solo debes preguntar —y en principio no mentiría ya que no veo motivos en hacerlo. No es como si oliese a peligro; ese sexto sentido que siempre me sacaba de los peores apuros parecía estar desactivado, así pues, no veía problemas en intentar dialogar sin mentiras.


Cuadro de Ernest Walbourn
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Mensaje por Invitado el Miér Feb 05, 2020 6:35 pm

Las palabras de la fémina no ocasionaron en realidad nada más que indiferencia por parte del masculino de cabellera azabache. El hecho de que aludiera a su olor solo permitía que entendiera tan solo algunas posibilidades: o el olfato de la contraria no era sino menos poderoso que el de un lobo real – aunque él tampoco se trataba de un cánido al cien por ciento, siquiera en un cincuenta a esas alturas –; o simplemente la combinación de aromas que envolvían al masculino efectivamente ocasionaban un trastorno y cualquier tipo de distorsión en lo que fuera la capacidad olfativa del resto de las criaturas. Fuere cual fuere la razón, tampoco es que tuviera muchas otras opciones que realizar sino decirle por su propia cuenta de qué se trataba.

Sin embargo... ¿sería aquella una buena causa? ¿No ocasionaría en realidad totalmente lo opuesto a lo deseado revelar su ‘secreto’?

¿Criminal? — No estoy completamente seguro de que mi condición sea la de un criminal. — y es que en realidad tampoco se trataba de alguien que realizara absolutamente nada contra la ley, ¿o sí? Tal vez, en algún momento, sí hubiese sido catalogado como una persona de dicha peligrosidad y fuese considerado como un individuo bastante peligroso debido a sus dotes, sus habilidades. El trabajo que alguna vez realizó, a decir verdad, no era bien visto por las personas de ley, ¿entonces ella estaba tan solo preocupada o buscaba una excusa para actuar de otra manera?

¿Quién era ella? ¿Qué era?

Tal vez alguna vez, sí. — pero no es como si fuese a decir aquellas palabras. No era tan tonto, no era para nada uno.

Tan solo soy alguien que ha tomado el derecho de abandonar su habitación para poder conocer el mundo, o tal vez... — ¿eran aquellas las palabras más adecuadas para decir? No podía en realidad confesar haber abandonado la Tienda de Mascotas, el Mercado Negro para ser más exactos, porque de una u otra forma podría ser devuelto a aquél lugar en caso de que se supiera que no poseía el permiso adecuado para ello. — ... para recordar cómo era. — terminó por aclarar, volviendo la vista en dirección a la chica y persiguiendo sus pasos casi de manera instintiva. No es que estuviera siguiéndola, pero tampoco es que fuera a su misma altura: tan solo estaba caminando a pocos centímetros por detrás dado que no conocía el destino de aquella en esos momentos.

¿Qué se trae en mente? — era consciente de que el rumbo de la conversación no iba sino hacia algo más personal, más bien buscando información de su propia persona. Conocía parte de su nacimiento, al menos el origen de sus padres, ¿no era sino necesario que él ofreciera lo mismo como pago por haber obtenido aquella información?

Nací como lobo y sombra, por eso es difícil desentrañar mi olor. El ambiente, la oscuridad misma esconde mi esencia. — y aquello no era todo, el ambiente y la ausencia de luz funcionaban como una cortina para permitir que nadie que él quisiera fuera capaz de verle, de notarle mejor dicho, y sin embargo allí estaba. No se ocultaba, no escondía nada, era inconscientemente que su aroma se camuflaba y se perdía entre el tumulto de personas, entre las sombras de éstos y como consecuencia de las diferentes iluminaciones que había en cada una de las habitaciones. — Pero no soy un híbrido simplemente. — y procuró tampoco hablar demás en esos momentos, objetando a los pensamientos de la chica como si estuviese tan solo ofreciendo el mismo nivel de información que recibía. Después de todo, ¿quién entregaba datos de su persona a alguien que no conocía? Si no fuera por lo que había obtenido, en realidad tampoco es que hubiera dado absolutamente nada.

¿Existe algún problema con que sea criminal? — y no es que tuviera nada que ocultar, bueno... al menos no frente a lo que se podía llegar a considerar como criminal en realidad. Sin embargo le interesaba conocer aquella parte de su pensamiento, quizá hasta algo relacionado con su propia vida, porque si iba a revelarse entonces se jactaría de su propia seguridad: siempre había sido así, después de todo.

Suelen decir que este tipo de pinturas hablan mucho, pero a mí no me transmite absolutamente nada. — confesó sin mostrar misericordia en sus propias palabras. Algunas miradas se volvieron en su dirección – o eso pudo notar –, quizás críticos que se resignaban o molestaban por sus comentarios, pero no era algo que realmente tuviera importancia en su persona ya que, y ante todo, le importaba tan solo lo que él pensaba. — ¿Y usted qué piensa? — inquirió sin volver la vista a la chica sino, más bien, que la mantuvo en el lienzo recorriendo lentamente cada rincón del mismo.

¿Qué quieres saber de mí? — entendía aquellas palabras. Sus preguntas, la dirección que quería que tomase la conversación. Todo estaba hecho para que él hablase y se expresase pero no era alguien de fácil entrada, y mucho menos ante quien no conocía. Su lado lobo le impedía ser confiado de las personas y aquella vida que había vivido, y la casi muerte que experimentó, le hicieron una persona extremadamente precavida. — Nadie ofrece sin recibir algo a cambio. — al final tuvo que decirlo, después de todo era la mejor manera de ofrecer un trato equitativo.

Soy una quimera, la tercera incógnita de la ecuación es la conversión de un vampiro. — obviamente no tenía la obligación de revelar aquello pero tampoco es que estuviera muy bien ocultarlo. Si la chica agudizaba el olfato, o al menos prestaba algún tipo de atención a sus sentidos, podría notar que si bien la sangre fluía por su organismo pues era su corazón el que en realidad parecía no latir a pesar de todo – aunque en realidad sí que lo hacía, pero a una frecuencia bastante más baja que la de un lobo ordinario, incluso que la de un humano –.
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Mensaje por Invitado el Mar Feb 11, 2020 5:40 pm

Aquella sala era completamente diferente a la anterior; hasta podía notarse en el ambiente. No es como si en realidad me importarse la gente que nos rodeaba; para qué mentir, me interesaba más mi nuevo acompañante por las peculiaridad que podía notar en él, pero más aún por las que no. No era curiosa por naturaleza hasta extremos que asustasen, era más bien discreta; aunque en esos momentos la curiosidad y la obtención de datos estaban muy equilibrados en la balanza de mi mente. Por suerte, el contrario parecía estar dispuesto a hablar con total claridad y sin tapujos, algo sorprendente y que debía agradecer. ¿Pero estaría siendo sincero o solo mentiría? Esa cuestión ya era más compleja de averiguar, pues por muy fino que fuesen mis sentidos, su actitud no cambiaba en lo absoluto: no olía nerviosismo ni dudas, nada que me indicase que estaba mintiendo en realidad.

Sus palabras me hacían dudar y sospechar mínimamente de él. Escucharlo hablar de abandonar su habitación para ver el mundo, o recordarlo como luego pareció rectificar, me hizo pensar en la remota idea de que fuese un preso y que hubiese escapado. ¿De la cárcel? ¿O acaso se había escapado de un manicomio? Pero entonces otra loca idea llegó a mi mente: ese mercado negro del que había escuchado hablar de manera muy superficial, pero por desgracia no sabía mucho por lo que esas "mascotas" no sabía cómo se podían llegar a ver. Yo creía que un perrito, un pez o un camaleón eran mascotas, pero alguien me dijo que ese mercado negro era muy diferente a todo lo que pudiese imaginar. Mejor sería mantenerme bien alerta por si algo extraño sucedía. —Tengo muchas cosas en mente, pero ninguna supone ningún problema para ti, espero; solo quiero charlar tal y como estamos haciendo ahora.

Mis sentidos se centraron en él a pesar de que mis orbes parecían observar con ensimismamiento el cuadro, y aunque era toda una obra de arte que debería ser admirada para calmar mi mente, ahora no podía hacerlo. Era demasiada la curiosidad que sentía por el contrario, ya fuese buena o mala. Claro que, pudiendo evitar mi sorpresa, dejé que una de mis orejas me delatase; esta giró en dirección al joven cuando escuché sobre su hibridaje. —Así que sombra... —pensé, pero la sorpresa llegó después cuando mencionó que no era un simple híbrido, sino una químera—. ¿Lobo, sombra y vampiro? —una de mis cejas se arqueó a pesar de no mencionar palabra alguna. Era de lo más peculiar, sin lugar a dudas. No parecía estar mintiendo, nuevamente, por lo que ahora sería mi turno de brindar la información que se le antojase saber dentro de, claro, unas limitaciones como por ejemplo mi trabajo. De eso no hablaría tan abiertamente por obvio motivos.

Existe el problema de que no tolero la criminalidad —admití sin rodeos a una de sus preguntas, caminando con lentitud para ver los siguientes cuadros, o mejor dicho, para no acaparar constantemente el mismo espacio y que el resto de personas pudiesen disfrutar de su visita sin que fuésemos una molestia. Bastante había llamado ya la atención con ese comentario negativo hacia las pinturas; no es como si me importase en realidad, pero ni quería ser el centro de atención y menos por algo semejante—. A diferencia de las pinturas negras estas resultan más agradables a la vista —mencioné tranquilamente—. Resultan mucho más relajantes —añadí, porque al menos a mi memoria no llegaban recuerdos negativos mirando un verde paisaje con coloridas flores.

¿Sabes? Has dado mucha información personal sin tener el más mínimo seguro de que yo fuese a hablar —esta vez sí que lo observé, y de manera bastante analítica a decir verdad—. Es muy honesto por tu parte, pero también resulta peligroso —comenté, aunque por su modo de hablar en algunos aspectos de la conversación, creo que no era un niño descuidado y sabía lo que hacía—. ¿Qué quieres saber de mí exactamente? Como puedes observar sí, soy una loba como tú —le señalé con el índice de la diestra, pero rápido lo agité de un lado a otro para negar—, pero ni soy químera ni tengo más relación genética contigo. Mi padre era un humano —sonreí de manera ladina bien orgullosa de mi progenitor—. ¿Hay algo concreto que quieras saber? —ladeé la cabeza ligeramente, dándole la espalda para centrarme en ningún punto concreto—. ¿Eres una mascota como sospecho y te has escapado? —cuestioné aún con mi posición, algo más seria. ¿Debería hacer algo para devolverle a un lugar, del que lo poco que sé, no es nada bueno?
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Mensaje por Invitado el Mar Feb 11, 2020 7:13 pm

No tengo nada que ocultar, aunque sí es riesgoso dar información sin recibir a cambio nada. — y eso era algo que ella parecía entender bien dado que sus palabras, tanto previas como siguientes, no fueron sino algo que dejaba en claro una cosa: la chica era astuta y sabía bien de lo que se trataba todo aquello. Después de todo, la información siempre tenía un precio, ¿o no? — Dicen que todo tiene un precio y es verdad. — al final nada era gratuito en la vida, incluso los actos de buena fe terminaban, por una razón u otra, siendo cobrados con el paso del tiempo. Tal vez no lo hacía la misma persona, pero el mundo era redondo y todo lo que se daba al final regresaba, así como también todo lo que uno recibía al final también tenía que entregarlo.

En realidad el término Trickster, o Joker, era bastante acertado para su propia persona. Después de todo, y a pesar de demostrar tales intenciones en sus palabras así como acciones, también estaba consiguiendo de manera quizás y hasta provechosa, el obtener algún tipo de información por parte de la contraria que seguramente bajo otras circunstancias no fuera realmente capaz. El hecho de la deuda, la existencia de tal definición así como también la de cargo de conciencia, ofrecía claramente el beneficioso estado de ser él quien en realidad tuviese la opción de comprobar cualquier tipo de información que considerase pertinente, omitiendo el hecho de que en realidad la contraparte le estaba brindando detalles de su pasado así como su genética: eso, en parte, no era algo que él hubiere preguntado, ¿verdad?

Escapar... — las palabras de la chica retumbaron en la mente de Ambrose quien, a decir verdad, no estaba realmente seguro de si era la palabra más adecuada como para poder comprobar su propia situación. Una parte de su persona estaba de acuerdo con aquello mientras que otra, en realidad, tan solo se oponía por la mera necesidad de no mostrar un comportamiento rebelde. Lo irónico de todo esto era que, en realidad, eso era exactamente: una persona con ciertos problemas para con la autoridad o, más bien, para con aquellas figuras que querían imponerse sobre él. Era un alfa, era la parte más alta de la cadena jerárquica de los lobos, ¿entonces por qué razón debería de someterse a las órdenes de los demás? Tal vez por esto, y quizás algunas otras cosas más que transcurrían en el interior de aquél lugar, era que el masculino tan solo emitió un peculiar y poco audible suspiro con la intención de prolongar así su respuesta.

Podría decirse que ejercí cierto uso respecto a mis derechos de abandonar el Mercado para poder despejar un poco la mente. — aunque lo cierto era que el permiso necesario no lo tenía de manera oficial, pero esto no era mentir sino más bien omitir información, quizá y hasta algo importante, que jamás le ofrecería. Tampoco es que en realidad la necesitase, ¿o sí? Después de todo su persona era alguien completamente desconocido para la otra y viceversa.

¿Eso me hace un criminal? — su pregunta en realidad no fue sino un tanto sincera. Aunque sus palabras parecían sonar igual de indiferentes e inexpresivas que de costumbre, las intenciones de Ambrose no eran sino obtener una respuesta lo suficientemente apta como para saciar la duda y escoger cuál bando habría ganado de su propia idea: la que decía que estaba haciendo lo correcto o la que no. Ella demostraba ser alguien justa, aunque esto no era sino tal vez una simple fachada, pero el conocer al menos algún punto de su personalidad nunca estaba de más, ¿o sí?

En lo que refería al tema de las pinturas, su persona no estaba totalmente de acuerdo pero para su buena suerte la falta de expresión en su rostro, y en general de su persona para con el mundo, resultaba bastante favorable. — No me disgustan las pinturas más tradicionales, pero encuentro excesivamente cliché el hecho de que todos optaran por similitudes y dejan de lado la imaginación. — aunque si bien era cierto que se trataban más de retratos que de pinturas, teniéndose en cuenta que el primero era tan solo una representación idéntica de la realidad mientras que la segunda era claramente una vaga idea de lo que veía el propio artista a la hora de desarrollar, y utilizar en realidad, sus propias habilidades.

El continuar por la sala y observar otro tipo de pinturas, ahora dejaba en claro un poco más el estilo de arte que aquel hombre parecía tener. Dejando un tanto a las figuras humanas, pero sin abandonar el paisaje campestre así como tampoco el cielo en tonalidades extremadamente claras, la pintura que hizo aparición delante de sus ojos, y posiblemente de los de su acompañante, no era ni más ni menos que un río siendo atravesado – o tal vez solamente habitado a la altura de la orilla –, por animales cuadrúpedos. — ¿Vacas? — no es que dudase de sus ojos pero en realidad la definición más exacta era que desconocía la forma particular con la cual las había dibujado el artista. Por su parte, sin embargo, era consciente de que todas las obras poseían una etiqueta que las representaba y esa no era la excepción.

No es que no quiera saber nada. — aclaró aquello apenas volviendo en dirección a su acompañante aquellos ojos tan propios, grisáceos pero ciertamente brillosos. — Pero en estos momentos prefiero guardarme esa posible ventaja y disfrutar del museo, si es que le paceré. — era una persona curiosa y eso no lo podía negar, pero el hecho de ser capaz de llevar por el camino que quisiese la conversación, incluso el ritmo de la misma y hasta poder realizar las preguntas más acertadas, era algo que lo caracterizaba y le ofrecía el apodo que había recibido quizás ya varios años atrás.

Highland cattle wandering de Ernest Wallbourn
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Mensaje por Invitado el Miér Feb 19, 2020 4:29 pm

¿Y cuál es el precio que debo pagar por toda esa información que me has brindado? —cuestioné con cierta curiosidad—. Excepto perversiones fetichistas o ilegalidades, puedo pagarte de algún modo si llegamos a un buen acuerdo, claro —dije, aunque si llegase a pedir información confidencial tal vez no podría saldar esa deuda tan fácilmente como creía. Cada vez que hablaba el contrario me sentía golpeada por sentimientos muy contradictorios. No se veía como una mala persona, y durante el encuentro, aunque precavido, se había mostrado como un sujeto de lo más interesante e inteligente—. Si es lo que quieres guarda esa supuesta ventaja que tienes, pero recuerda; no tienes la certeza de que vaya a decirte nada —hice una sutil pausa—, pero sí, disfrutemos del museo por ahora.

Mi atención estaba algo dividida entre los cuadros, el joven que me acompañaba y el ambiente general. No soy de las que se fía de la gente de buenas a primeras, eso es obvio, pero tampoco me veía capaz de relajarme por algún motivo. Era como una molesta mosca rondando mis orejas que no me dejaba solo disfrutar de la visita al museo. —Ir en contra de la ley me parece un crimen, por ello me parecerías un criminal —hablé con seriedad antes de añadir—. Sin embargo, que un grupo organizado se dedique a cazar y a someter personas para su compra-venta me parece que no tiene perdón alguno. Que un esclavo busque su libertad y la consiga sin dañar a nadie, aunque pueda ser considerado un delito, no lo será para mí. Es posible que ahora se llamen mascotas, pero capturarlas en contra de su voluntad para venderlos al mejor postor no son más que actos del medievo... —a pesar de la seguridad de mis palabras, mis orejas terminaron por mostrarse bajas, apenada por la situación en la que debían vivir esos pobres desgraciados que carecían de libertad.

Incluso después de todo, volví a plasmar una sutil sonrisa en mi rostro para no verme ni preocupada ni decaída. Algún día sería capaz de acabar con todo ese tráfico, pero sabía perfectamente que ese día aún no había llegado y quedaba muy lejos de mis manos; sola no lo conseguiría. —Bueno, son paisajes realistas, ¿no? Creo que hay salas donde los cuadros expuestos son más artísticos, modernos, abstractos... Ya sabes —no supe con cuál palabra quedarme para definirlo, así que opté por esas tres a pesar del repertorio que podría haber soltado—. Pero debo admitir que en este cuadro -frente al que habíamos parado, con unas montañas de fondo, un río y algunos animales en primer plano- esas vacas silvestres o lo que sean se ven bastante jugosas —quise bromear, aunque solo en parte porque mi lado lupino, de no ser porque no podía adoptar una forma cuadrúpeda, seguro que hubiese disfrutado en darles caza para, posteriormente, darme un grandioso festín.

Pero no todo iba a ser tan sencillo. Algo me había estado molestando desde hacía un rato. La sensación de estar siendo observada, de que alguien nos estaba siguiendo. Mis erguidas orejas giraron en varias direcciones con la esperanza de encontrar ese algo que me molestaba; mi olfato, también en funcionamiento, captaba mil olores diferentes y en cambio había uno en particular que me hizo arrugar la nariz. Olía como a humedad, a sótano cerrado sin ventilación. Era peculiar cuanto menos. —Hmm...—una especie de sexto sentido fue la que encontró esa molestia al final. De manera muy descarada observé a un hombre que vestía en su mayoría de negro y tonalidades oscuras. Cuando nuestras miradas coincidieron, apenas un segundo, el desconocido no dudó en evadir mis ojos con cierto nerviosismo.

Sin un ápice de duda, como si mi instinto me guiase, tomé la mano del joven con confianza, lo acerqué a mí, y alzando mis talones para ganar algo de altura quedando sobre la punta de mis pies, rodeé su cuello con mis brazos para poder acercarme a su oído. —Quiero que seas sincero, por favor —hice una pequeña pausa, hablando con un bajo tono para que nadie más me pudiese escuchar—. ¿Eres una de esas mascotas del mercado negro y te has escapado? —pregunté directa, manteniendo mi posición y fingiendo ser cercanos; muy cercanos para haberme pegado de ese modo a él—. No estoy segura, pero ese hombre a mis espaldas que está como a diez metros de distancia parece estar buscando algo o a alguien —expliqué, y dada la posición, podría mirar sin llamar la atención lo más mínimo. ¿Por qué actuaba así? Seguro que era cosa de mi instinto y solo dejaba que me controlase. Un lobo no nacía para estar encerrado ni ser la mascota de nadie; un lobo era un animal libre, y aunque la químera no pasaba de ser un simple conocido con el que recién había coincidido, no podía quedarme de brazos cruzados si realmente iban a por él.
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Mensaje por Invitado el Miér Feb 19, 2020 5:39 pm

No es que pudiera realmente decir mucho al respecto de la criminalidad, ni de los criminales como tal. Según ella, en algún momento entonces había sido un criminal muy peligroso entonces, dado que había trabajado como cazador para la misma tienda de mascotas a la que ahora pertenecía, pero su pertenencia era totalmente diferente en esos momentos: pasó de ser un mercader a ser mera mercancía. ¿Entonces eso expiaría sus crímenes? Quizás era una forma de verlo, pero tampoco es que tuviera mucho interés en revelar absolutamente ninguno de los detalles de su pasado, al menos no en esos mismos momentos. La chica apenas y era alguien a quien conoció en ese mismo lugar, ¿por qué revelar tanta información? Ya había sido bastante, al menos desde su perspectiva, el hecho de darse a conocer con nombre y naturaleza, incluso añadiendo las razas para poder aclarar las dudas que habían invadido a la loba algunos momentos atrás.

Para ser sinceros... sí se veían jugosas. — admitió aunque incapaz de realmente entender la broma femenina. Sus instintos explotaban si los tomaba desde ese punto de vista, quizás por consecuencia de ser también parte vampiro y no exclusivamente lobo como la chica. Esa raza en particular potenciaba sus capacidades, pero no solamente éstas sino también hacía lo suyo con el resto de los sentidos y sentimientos, siendo la peligrosidad lo más difícil de controlar en cuanto se dejaba llevar por sus meros instintos. A decir verdad, las veces que había perdido el control dejándose llevar por éstos, muchos lo consideraban como una criatura que había involucionado hasta los orígenes de su propia naturaleza, y esto no era algo que pudiera negarse ni mucho menos: se volvía alguien muy salvaje, incapaz de simplemente diferenciar lo bueno de lo malo, ni a los amigos de los enemigos. Todo se volvía carne que rasgar y devorar, y sangre que poder saborear.

¿Qué?

La cercanía inesperada del cuerpo femenino para con el propio fue lo suficiente como para que los ojos de su persona, aquellas orbes grisáceas, se volvieran en dirección a la anatomía contraria. Dada la posición de ésta, aquellos apenas podían ver la zona posterior ajena, clavándose durante algunos momentos en su hombro y luego recorriendo su espalda. Bajaron quizás algunos pocos centímetros más, pero casi de manera inevitable sus mejillas se tintaron de un suave carmesí que claramente era consecuencia no solo del calor corporal que había invadido su propio espacio personal sino también por lo que ahora podía ver de ella, incluso sentir contra su la zona delantera de su propia anatomía. — ¿Q-qué...? — sin embargo el silencio se hizo presente al momento de escuchar aquella petición. Sinceridad en realidad no era algo que fuera muy propenso a decir, al menos no cuando la situación en cuestión era algo que terminara perjudicándolo de una u otra manera.

Bueno, lo del mercado fue algo que le dije... — y es que en cierto sentido sí lo había dicho, al menos de una manera un tanto más formal. Sin embargo el hecho de que se hubiera escapado era claramente algo que tampoco podría tomarse así, ¿o sí? De un momento a otro fue el felino en el interior de su mochila el cual emitió un suave sonido de advertencia, casi como si estuviese mostrando su necesidad de ofrecer tan solo la verdad a la chica. — ... aunque quizás sí me escapé. — y es que más que algún tipo de derecho que hubiera ejercido, tenía que ser sincero consigo mismo: jamás le habían dado el permiso de abandonar la tienda debido a lo problemático que había llegado a ser, incluso convirtiendo aquello en el castigo suficiente – y según ellos hasta necesario – por haber engañado al sistema de Amos y Mascotas haciéndose pasar tan solo por un Vampiro cuando en realidad en su genética, tras una serie de análisis exhaustivos y profundos, se lo veía claramente como una Quimera que le ofrecía el segundo rango, y no el primero como la raza exclusiva anteriormente mencionada.

¿Quién es? — no podía en realidad pronunciar aquellas palabras pero tan solo pensarlas era suficiente como para que el felino de su mochila, más bien la entidad hecha a base de oscuridad, asomara su pequeña cabeza por la abertura y se mostrase por vez primera. Sacando una de sus patitas, más bien utilizándola para abrir un poco más el cierre que mantenía preso el resto de su cuerpo, al final fue el felino el cual se disolvió de manera casi completa desde el interior de su objeto. Podía notar la presencia de aquella pequeña felina suya en varios puntos de la sala, casi como si estuviese más que nada analizando la situación, fundiéndose en las sombras que generaba cada uno de los invitados y moviéndose a través de éstas como también lo hacía aquél que era su creador.

¿Cómo no se había percatado de aquél individuo? ¿Quizás era por la tranquilidad del ambiente? ¿O simplemente existía otra razón para haber pasado desapercibido de los radares que el masculino generalmente era capaz de mantener alerta en todo momento?

Casi sin darse cuenta su mano izquierda, la más cercana a la anatomía femenina, terminó rodeando la cintura de la chica hasta apoyarse sobre lo que era su zona lumbar. Ejerciendo un cierto grado de presión en aquella zona, inevitablemente sus colmillos comenzaron a mostrarse más visibles pero manteniéndose aún en el interior de su cavidad bucal. No fue sino al hablar que se hicieron presentes, no eran tan solo los de un lobo ordinario, eran quizás y hasta un tanto más grandes que de costumbre: la potenciación de un vampiro para con un lobo alfa claramente era notoria en su persona, aunque la jerarquía del canino no fue algo que hubiera revelado en algún momento a la fémina en cuestión. — Creo que no será un paseo tan tranquilo como esperaba. — sin embargo sus labios no eran sino un tanto particulares, esbozando claramente una sonrisa un tanto gustosa, quizás y hasta satisfecha. ¿Hacía cuánto tiempo que no tenía algo de acción, después de todo? Al menos acción de la que sí se pudiera defender, y no aquellas en las que tan solo era torturado por los cuidadores del mercado?

Fue casi destellante, los ojos del masculino cambiaron de color tres veces de un momento a otro. En primer lugar se tornaron completamente rojizos casi como si fuese el propio fuego del infierno el que se reflejase ardiendo a través de sus irises. Acto seguido, un fuerte ámbar, un amarillo tan atractivo como llamativo que ocasionaba una cierta imposibilidad de dejar de verlos casi hipnótico fue el color que se apoderó de sus orbes. Sin embargo volvieron a su opaco y atenuante grisáceo, casi como si estuviese tan solo analizando la situación, presenciando en realidad qué tan peligroso podría llegar a ser aquél encuentro.

Son más de uno. — en esos momentos aquella situación tan inesperada que incluía la cercanía femenina contra su anatomía fue opacada por el regreso de la sombra al interior de su mochila. Aunque no veía con claridad cuántos más, el animal como tal sí fue capaz de percibir algunos cambios ambientales en sus sentidos cuando estuvo dispersándose por la sala. — Dos... ¿tres? — no es que dudase de sus palabras, ni de lo que el felino había sido capaz de sentir, pero sí era consciente de una cosa: aquello parecía bastante más difícil de lo que en realidad pudiera imaginarse la chica. No se trataba de un individuo, sino de varios, y eso solo significaba una cosa: no estaban detrás de alguien, sino que detrás de la quimera. En general no se enviaban a más de uno o dos cazadores por escape, sin embargo su condición y el odio generado era muy diferente, por lo que no sería sorpresivo que en realidad hubiesen más allí, o en camino.
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Mensaje por Invitado el Miér Feb 19, 2020 8:45 pm

Si algo había averiguado era que la expresividad quedaba lejos de ser uno de los puntos fuertes del joven, pero eso no importaba demasiado en realidad. Para mí los olores y sonidos también eran muy importantes. Un lobo alzando la cola puede significar muchas cosas, pero si gruñe o desprende esa sensación de dominancia solo significa que es mejor no incordiarlo. A eso me refería yo. Aunque no sentía nada por el estilo, al contrario; se mostraba bastante relajado a decir verdad, por lo que leerlo también era una tarea algo compleja.

Sin embargo, al invadir su espacio personal sí que pude notar un cambio en su actitud. ¿Estaba nervioso? Lo miré por el rabillo del ojo con cierta curiosidad, pensando que tal vez solo serían imaginaciones mías; o no, porque manejar a los hombres con esas actuaciones era bastante sencillo. Mis años de experiencia en la recolección de información eran una clara prueba de ello. Aunque ahora no buscaba sacar información a nadie, al revés, solo quería informar de algo que me alteraba en cierta medida.

Fruncí el ceño con ligereza cuando me pareció escuchar algo a sus espaldas. Ahí no había nada, solo llevaba una mochila, pero juraría que escuché algo. Afilé mis ojos con molestia ya que mis sentidos casi nunca me fallaban, ¿acaso en ese momento solo me lo había imaginado? Y cuando pensé que me estaba volviendo loca, vi algo negro abriendo la cremallera de la mochila. Mis ojos se abrieron como platos al ser consciente de que algo había salido de ahí. Incrédula, iba a preguntar al contrario si sabía algo, mas decidí mantenerme en silencio estudiándolo. —Así que te has escapado... —murmuré, más para mí misma que para él en realidad. ¿Y ahora qué debía hacer? Había cometido una ilegalidad al escaparse de un lugar, pero claro; ¿no había puesto de ejemplo antes que si un esclavo obtenía libertad sin dañar a nadie no lo vería como un delito? Cerré los ojos pensativa, consciente de que debía ayudarlo si ese hombre iba detrás suya. Era un lobo, no merecía estar encerrado por nada del mundo.

El pelaje de mi cola se erizó con ligereza al sentir su mano descender por mi espalda. Me separé un poco de él para poder observarle con atención, notando un nuevo cambio en su actitud que me hizo cuestionarme varias cosas. —¿Más de uno? —pregunté. Mi primera reacción iba a ser girar en busca de los otros, pero eso llamaría mucho la atención por lo que me mantuve en mi posición. Llevé una de las manos a su hombro, bajando la otra hasta su pecho mientras pensaba fría y analíticamente la situación. Podría parar el tiempo para buscar a los sospechosos, pero rápido descarté esa idea porque no podría diferenciarlos tan fácilmente del resto de ciudadanos. Tal vez, si viajase en el tiempo sería capaz de ver a los que siguieron a la químera... No, tampoco era factible. La gente entraba y salía sin un orden concreto. No podía depender de mi poder para esto.

¿Van a por ti? —cuestioné, apoyando mi cabeza en su pecho; nada personal, solo aproveché para echar un rápido vistazo a todo lo que alcanzaba mi campo de visión—. ¿Tienes algún plan? —dije manteniéndome contra él, como si buscase su protección o algo. Debía esforzarme y obligar a mi cerebro a trabajar con velocidad si quería sacarle de aquello. El hombre que estaba en esa sala, al que había captado con anterioridad, se movió en nuestra dirección fingiendo que solo veía las pinturas. Mi mandíbula se tensó un poco por ello, incluso pude escuchar un muy bajo gruñido resonar bajo mi pecho. Para mi desgracia ya no podía verlo, aún así era consciente de que se estaba moviendo. ¿Era el momento para actuar? Volví a separarme de él unos centímetros, rotando mi oreja derecha hacia ese mismo flanco para detectar movimiento en esa parte de la sala. No es como si estuviésemos solos en realidad, pero los movimientos extraños no pasaban desapercibidos y ese cambio de dirección tomado por aquel nuevo hombre era, cuanto menos, sospechoso—. Nos están rodeando —si es que no lo habían hecho ya, lo que me hacía pensar... ¿Estaría pasando el día con un auténtico criminal y ayudarle era la peor decisión que podría tomar?
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Mensaje por Invitado el Jue Feb 20, 2020 2:09 am

Es lo que parece. — las palabras de la quimera no eran sino las más sutiles y necesarias, sin buscar en realidad pronunciar palabras extra en cada frase que estaba realizando, y que necesitaría emplear a partir de ese momento. La razón era más que sencilla: no quería perder tanto tiempo en platicar sino más bien en dejar que su cerebro, y el alto IQ que según decían los test realizados poseía, fuera el que le otorgase la manera más apta para poder escapar de aquella situación o, en su defecto, de hacerle frente de la manera más práctica y sencilla posible. Bueno, de esto en realidad no tendría nada porque no parecían ser tan solo un par de personas sino, y por el movimiento que habían causado sus propias sombras, que se trataba de un grupo un poco mayor.

Las acciones de la chica, cada uno de sus movimientos para contra el cuerpo de su persona, no ocasionaron sino que un cierto descuido de su parte se hiciera presente a tal punto de que por un efímero instante, quizás una milésima de segundo o apenas un poco más, perdiera por completo la posición de aquél que al parecer se encontraba más cerca de la pareja canina. — Quizás dos, tres... no. — tuvo que rectificar sus palabras como consecuencia de algunos llamativos en las sombras de los habitantes de aquél lugar. Requería cierto grado de concentración para poder manipular tal magnitud y por ende su silencio se hizo un tanto más prolongado en aquella instancia.

Si bien la manipulación de la oscuridad era un arte que cualquier sombra podía realizar, el entrenamiento del azabache no era en lo más mínimo tan común como los realizaban los originales de su raza. Debido a la hibridez con la que había nacido, y tal vez gracias a la conversión en quimera años más tarde, sus dotes para emplear y reubicar las sombras del entorno se había vuelto incluso más avanzado que los nacidos exclusivamente bajo la oscuridad de una sombra como tal. En algunos casos se consideraba que la conversión y la hibridez perjudicaban y hasta debilitaban, algunas capacidades pero su caso era totalmente el opuesto: como lobo había aprendido a controlar hasta el más mínimo centímetro de sus poderes; y como consecuencia exclusiva de ser un vampiro, ahora podía contar con la potenciación que la realeza de la oscuridad le ofrecía, volviéndolo una criatura de temer.

No hizo más que mover su mano hasta la zona lumbar de la fémina, teniendo que bajarla un poco más desde su posición original para llegar a dicho lugar. Sin mostrar ningún otro tipo de intención en lo que podría respectar, el masculino se aseguró de mantener la cercanía para con la anatomía femenina y así comenzar a andar en dirección hacia la sala contigua a la que se ubicaban. En aquella, por lo que pudo apreciar, las pinturas se mostraban un tanto más abstractas siendo principalmente Willem de Kooning, con su Mujer I, y Vassily Kandinsk, con su Amarillo, rojo y azul, los mayores exponentes que parecían verse en la mismísima entrada.

Sin embargo no se detuvo a apreciar aquellas pinturas, ni las siguientes que seguían en la lista, sino que prosiguió con lentitud hasta inmiscuirse junto a la fémina por lo que al parecer era una especie de escaleras un tanto desaliñadas en la propia esquina de la sala. Lo cierto era que la habitación superior se mostraba clausurada pero sin la necesidad de ningún tipo de guardia o aviso. — Tal vez podamos ganar algo de tiempo arriba. — musitó de manera cuidadosa al momento de dirigir su mirada en dirección hacia la posición femenina. Sus labios de una manera un tanto suave se habían acercado hasta una de las orejas femeninas para poder susurrar sus palabras, como si se tratase de un secreto.

Eran pocas las cosas que en esos momentos surcaban la cabeza de Ambrose, pero al parecer ofrecerle protección a la chica era una de aquellas, ¿y cuál era realmente la razón? Lo cierto era que a pesar de su actual posición como mascota seguía siendo un alfa en toda la expresión de la palabra, especialmente porque su propia sangre se había encadenado a la sombra de su madre y tan solo se había visto intensificada con la sangre vampírica. Curioso, ¿verdad? Cómo es que a pesar de que la disolución y la capacidad de disolverse de la sangre, tan solo potenciaba la una con la otra. El hecho de que la otra quisiera saber respecto a un plan le daba a entender que estaba, quizás y se equivocaba, un tanto preocupada y sin ideas. ¿Estaría con miedo? No podía realmente mostrarse ni molesto ni en desacuerdo con la fémina, al final, porque de una u otra manera él mismo podría estar en su posición si la condición de su propia persona no fuere la que era en realidad.

Sus oídos quizás no estuvieren ajustados a la frecuencia adecuada, pero pudo diferenciar los gruñidos de la chica que lo acompañaba y quizás otros más que parecían provenir de los individuos que estaban detrás suyo. Esto tan solo obligó a que sus labios, y a pesar de la situación en la que parecía encontrarse, esbozaran una especie de pequeña sonrisa apacible. — ¿Lobos para buscarme? — era consciente de que la chica quizás no entendiera el significado de sus propias palabras pero él sí que las comprendía, e incluso utilizó una tonalidad un poco más notoria como consecuencia de querer que quien parecía estar más cerca de su posición escuchara sus palabras. Sabía que el otro era un vampiro, porque en realidad lo conocía, y era bastante consciente de que podría ser capaz de utilizar aquellos sentidos tan desarrollados para poder escuchar las palabras de su presa.

No lo hagas, Amadeus... — lastimosamente había alcanzado a la pareja y eso no era algo, en realidad, que no lo hubiera planeado. — ... podemos llevarte sin problema. No queremos lastimarnos, ni nosotros a ti, ¿verdad? — pero era demasiado tarde para aquello, al menos desde la perspectiva del chico. Sus ojos se habían tornado completamente ámbar y emitían un fuerte destello que podía atravesar la oscuridad de aquél espacio. Primero miró a la loba que tenía entre brazos, notando como sus pupilas comenzaban a estirarse de manera lenta casi como si se tratasen de un felino. — Vas a marearte un poco. — comentó con un sencillo susurro antes de presionar un tanto más el cuerpo de la chica, ahora reduciendo totalmente la distancia entre ambos para poder sentir cada curvatura de su detallada figura sobre sí mismo.

El callejón, Matt. — dijo de manera autoritaria, quizás empleando un tono de voz un tanto más fuerte que de costumbre y antes de que el aludido fuera capaz de realizar algún movimiento extra fue la propia sombra del lugar la que envolvió completamente el cuerpo de aquellos dos.

Un viaje como aquél, para quien lo realizaba por vez primera, podría llegar a causar mareos o dolores fuertes de cabeza como consecuencia de la especie de turbulencia que ocasionaba el deslizarse casi como si de una pequeña partícula se tratase. Lo que aquello implicaba era el disolver tanto su cuerpo como el de quien le acompañaba en una especie de nube negra que se esparcía, se disolvía con el propio ambiente, para poder deslizarse por cada rincón de la misma oscuridad hasta llegar a su destino. En dicho lugar la figura tanto masculina como femenina, y hasta la felina que había reaparecido en la mochila de su creador, comenzaban a hacer su acto de presencia con cierto grado de lentitud.

Lo cierto era que las palabras de su persona no habían viajado tan lento como hubiera esperado por el espacio de aquella habitación y antes de que hubieran llegado a su destino ya se encontraban, al menos, tres de los individuos que parecían estar más cerca de la salida que se le había indicado al vampiro. — Los betas no deberían meterse en éstos asuntos. — en éste caso no utilizó ningún tipo de dirección para su voz. Buscando tan solo atacar a cualquiera que no formara parte de la jerarquía alfa, el masculino impuso su voluntad mientras el vampiro, y un par más de criaturas ajenas a la canina, comenzaba a hacer aparición por diferentes de sus ángulos.
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Mensaje por Invitado el Jue Feb 20, 2020 1:14 pm

Aunque intentaba mantener una calma total, la verdad es que estaba un tanto nerviosa por la situación, aunque gracias a mis dotes en el arte de la actuación no es como si alguien pudiese notarlo en realidad; puede que la químera debido a la cercanía, pero el resto de personas jamás creerían que cierto nerviosismo comenzaba a invadirme con fuerza y persistencia. Pero no, no era la situación que estábamos viviendo. En mis años como "policía" había estado en escenarios mucho peores y no por ello perdía la calam. Era muy confiada en ese sentido, sabía que mi cuerpo nunca me fallaría y menos aún mi instinto de supervivencia. ¿Entonces? Pues bien, aunque fuese mi día libre seguía perteneciendo a la policía. Solo de imaginar las consecuencias que podría acarrear un mal acto me hacía dudar un poco. En primer lugar no debería ni haberme involucrado en todo aquello, y en segundo lugar, si todo se nos iba de las manos, tendrías que tomar la decisión de actuar y poner en juego mi trabajo o simplemente no hacer nada y dejar a su suerte al joven. ¿Y sabéis qué? Que lo segundo no era ni una opción para mí. Entré al cuerpo por méritos propios, y si me echaban por ayudar a un ciudadano -mascota en realidad- es que no merecían más de mis servicios en esa estación de policía.

Seguí de cerca al joven; no es como si pudiese hacer lo contrario dada la cercanía. Con la heterocromía de mis iris pude lanzar una rápida ojeada a los cuadros de aquella nueva sala. Quedaban lejos de ser mi prioridad, claro, pero ese vistazo me sirvió también para poder confirmar que al menos dos hombres nos seguían. Ya no había duda alguna. Estaban yendo a por él y, aunque no sabía cómo funcionaba el mercado ni cómo capturaban a las pets, me fue fácil llegar a la conclusión de que Ambrose debía ser alguien a tener en cuenta; no diría peligroso con seguridad, pero en conclusión, una presa difícil de cazar. Por acto reflejo mi oreja se agitó al escuchar su voz tan cerca, asintiendo de manera leve y rezando para que ninguna cámara de seguridad estuviese captando aquello. Genial, si me veían entrar a una sala que supuestamente era de acceso privado, estaba perdiendo muchos puntos frente a mis compañeros y superiores del cuerpo policial.

Vernos aparentemoente rodeados por uno de esos hombres me hizo fruncir el ceño. Mi acompañante parecía tener un plan por lo que no podía actuar sin pensar. Si hubiese estado sola todo sería muy diferente. Centré mi atención en el contrario, percibiendo con total claridad ese cambio en sus ojos. ¿Qué demonios? Cuando mencionó algo de marearme no supe ni cómo reaccionar, es decir, ¿qué se supone que iba a hacer? — E-Espera... —dije a duras penas, pensando en lo peor que pudiese imaginar. En serio, pensé por un segundo que iba a matar a ese desconocido, en cambio me equivoqué. Dolor, lo que se dice dolor al llegar a ese callejón, no sentí. Sin embargo mi vista se nubló por un breve perioso de tiempo, un fugaz segundo en el que sí me sentí mareada. Mi cabeza tardó un poco en recomponerse, aferrándome al joven para no perder el equilibrio por ello. Dudaba que aquel gesto pudiese llegar a incomodarle de algún modo, pero sería muy patético caer al suelo por un simple mareo. Cuando volví a escuchar la voz de la químera mi cuerpo se tensó. Por acto reflejo mis orejas se mostraron gachas y me estremecí en mi sitio sin un motivo aparente. No sabía el por qué de aquello ya que, muy a mi pesar y la genética de la que gozaba, nunca fui un animal de manada por lo que todo eso estaba algo lejos de mi alcance. Pero no era estúpida. Fui muy consciente de que esa voz no era normal y que de un modo u otro mi cuerpo reaccionaba frente a ese estímulo tan nuevo para mí.

¿Beta? —pensé para mis adentros, aún abrazada al contrario y con esa extraña sensación de sumisión en mi cuerpo. Deslicé mis ojos hacia los hombres que estaban frente a nosotros, a algunos metros de distancia. No parecían muy por la labor de dejar marchar al joven, ni por las buenas ni por las malas. ¿Ese es el tipo de gente a la que quiero encerrar entre rejas? No es como si lo viese una terea sencilla, pero debía cambiar por completo mi forma de pensar: ya no estaba sola. Tenía que aprender a trabajar en equipo por lo que no podía hacer lo que más me apeteciese aunque, con mis métodos, sería sencillo que pagasen por sus delitos. Cuando al fin me vi capacitada para alzar de nuevo las orejas, presté una mayor atención a mi entorno. Era un callejón, y como ratones, volvíamos a estar rodeados. ¿Pero cómo llegamos allí? Ah... Esas sombras... Claro, dijo que era un lobo-sombra-vampiro. ¿Podría abrir portales o algo por el estilo usando la oscuridad? Eso era curioso y, desde luego, lo recordaría por si fuese información necesaria para el futuro.
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Mensaje por Invitado el Jue Feb 20, 2020 3:53 pm

Ambrose, no queremos llevar a más ésta situación. Solo debes volver con nosotros y no habrá repercusión alguna. — la voz del que aparentemente tenía mayor relación con la quimera era quien se atrevía a dirigir sus palabras en dirección al mismo. Esto no producía en lo más mínimo algún cambio en su persona desde su propia perspectiva, incluso sin abandonar aquella idea de que tan solo estaba allí por el hecho de querer despejar la cabeza de lo que implicaba el agobio generado por el encierro del mercado. A pesar de que la distancia para con la muchacha, una que al parecer ninguna de las dos figuras tenía intención de aumentar en relación al otro, el masculino era consciente de que algunos de los individuos de aquél nuevo escenario en el que se encontraban parecían estar completamente eufóricos por querer establecer algún tipo de enfrentamiento en su contra.

El tal Trickster no parece tan peligroso, señor Matt. — uno de los vampiros más jóvenes del grupo, o al menos en apariencia física, alardeando de aquella manera solo conseguía que los sentidos del aludido, y de quien parecía estar acompañando al que había hablado, se intensificaran un poco más como consecuencia. La mano de aquél hombre se alzó con lentitud para evitar que los demás tuvieran algún tipo de intención en avanzar hacia los cuerpos que se encontraban prácticamente rodeados, algo que al parecer estaba funcionando al menos de momento puesto ninguno quiso atreverse a pasar por encima de la autoridad del otro. — No subestimes alguien por su apariencia, muchacho. — y él era bastante consciente de aquello, a tal punto que incluso podía notar un deje de nerviosismo a través de sus propios ojos. Hacía bien en temerle a la quimera, porque en esos momentos tan solo estaba dejándose dominar por la genética de sombra y realmente emplear el cien por ciento de su potencial de aquella raza era algo que muy pocas veces podría llegar a verse.

Lastimosamente los lobos no estaban ahí para seguir las órdenes del vampiro, y con la ausencia de un alfa que los dominase claramente no tardaron en lanzarse en dirección hacia la pareja que aún seguía abrazándose mutuamente. Casi de un momento a otro aquellas criaturas no tardaron en ser golpeadas por un especie de escudo negro que se materializó en forma de una mancha, impidiendo el acercamiento a más de unos veinte centímetros de distancia de lo que eran sus propios cuerpos. Para evitar el temor o el alejamiento femenino, más que nada debido al radio que había utilizado para la activación de su habilidad, la presión que ejercería en su zona lumbar se vería un tanto más amplificada para así pegar tanto como pudiera ambos cuerpos. — Creí haber dicho que los betas no deben meterse en éstos asuntos. — sus ojos aún se mantenían completamente amarillos aunque en ésta ocasión, y casi con un toque de peligrosidad, se vieron ligeramente opacados gracias al permiso que había otorgado a su gen lupino para imponer, una vez más, lo que era su voluntad.

Que los lobos se retiren: sin un dominante que los mantenga unidos no podrán hacerle frente a él... — no es que se mostrase preocupado por el hecho de que sus aliados estuviesen siendo apaleados sin siquiera la necesidad de mover un solo dedo, sino más bien le preocupaba el hecho de que fuese aquél quien pareciera no estar mostrando piedad a pesar de saber qué era lo que le esperaba una vez regresara a la celda que le correspondía en el mercado negro. — ... es un alfa. — el vampiro habló con cierta preocupación tras ver a los tres lobos salir disparados desde aquella posición en diferentes direcciones. — Es bueno saber que no lo has olvidado. — los labios de Ambrose se jactaron de su propia condición con una pequeña sonrisa en sus labios, escuchándose en aquella ocasión su voz más suave y tranquila, demostrando que no requería de aquello para poder derrotar a los intentos de lobo que habían mandado detrás de él.

Los ojos de dos de ellos se mostraban entre molestos y confundidos, en cambio el tercero parecía realmente asustado siendo el que demostraba ser más joven que los demás. Claramente nunca se había topado con un alfa hasta ahora, o quizás nunca había tenido que hacerle frente en un combate de vida o muerte – porque, a pesar de que fuere necesaria la captura, en realidad estaban autorizados a utilizar fuerza letal y dejarlo en el peor estado posible si esto se requería –.

Ustedes no se metan. — ordenó el vampiro a los lupinos los cuales, y muy a regañadientes, no tuvieron más opción que retroceder para evitar nuevamente ser agredidos por la quimera. En cambio ésta no se preocupó en demasía de aquello, ya que independiente de cuántos fueran, aquél trío no ofrecería ninguna diferencia en relación al resultado de lo que pudiese ser el encuentro, en caso de que claramente hubiese alguno como tal. Por su parte estaba tratando de evitarlo y la solución parecía ser una sola: huir de allí tal y como lo habían hecho del museo, pero... ¿Sería suficiente?

No quería involucrarte en esto, Zoe. — las palabras de Ambrose fueron un tanto suaves, casi en un delicado susurro que ofrecería directamente a la oreja de la muchacha. Era una manera de disculparse, quizás y hasta siendo consciente de cuán orgulloso era su propio ser, las palabras del masculino en realidad se mostraban con cierto grado de sinceridad. — Así que si quieres puedes alejarte. — a pesar de su ofrecimiento, la mano que sostenía el cuerpo de la chica contra su cuerpo no se movió en lo más mínimo. Esperaba a que ella hiciera algún tipo de movimiento, quizás el amago de intentar distanciarse para alejarse, porque era consciente de que si llegaba a soltarla en algún momento aquellos individuos no tardarían en ir a por ella también como si se tratasen de aves de rapiña buscando lo que podía ser cualquier cosa que pudieran tomar como para obligar al individuo a mostrar una actitud más dócil que la que había desarrollado hasta ese momento.

De una manera u otra, el ambiente se había vuelto un tanto más tenso que de costumbre, y sin embargo el masculino tampoco es como si estuviere dispuesto a dejar que lo atrapasen así como así. Las sombras a su alrededor, si bien no perdían la postura ni la composición, comenzaron a emitir ciertas vibraciones como consecuencia del creciente desarrollo de su propia habilidad, casi como si estuviese aumentando con cada segundo un determinado grado de poder para poder utilizarlo en el momento más indicado. Los ojos del masculino se mantenían cuales ámbar destellando en plena oscuridad, sufriendo un ligero cambio de color intermitente, pigmentándose en ciertas zonas de carmesí pero sin durar más de unos pocos segundos así y regresando al color anterior. Su respiración se podía escuchar tan calma que en realidad poco se podría decir de su persona, siendo primero una inhalación profunda con algo de lentitud y exhalando con incluso menos intensidad el contenido de sus pulmones. Estaba dispuesto a pelear si los otros lo querían: él no estaba buscando problemas, tan solo quería terminar aquél sencillo paseo por el museo junto a la loba, pero si los otros se lo impedían con hostilidad tampoco es que pudieran quejarse si la quimera reaccionaba de la misma manera, ¿o sí?
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Mensaje por Invitado el Vie Feb 21, 2020 8:06 pm

¿Beta? ¿Alfa? ¿Qué significaba todo aquello? Hasta donde yo sabía eso no eran más que simples rangos jerárquicos de una manada, ¿así que por qué esos lobos del mercado retrocedían de ese modo? Está bien, admito que cuando Ambrose habló de ese modo yo también me revolví un poco en su sitio, pero de ahí a obedecer... ¿Acaso eran perros fingiendo ser lobos y tenían miedo en realidad? Mi olfato me decía que se trataba de lobos, pero su comportamiento me hacía dudar de aquello. No, seguro que algo se me estaba escapando de las manos, algo que no lograba comprender por completo en esos momentos. —Creo que ya estoy involucrada, así que va siendo hora de actuar —lo miré con cierto brillo en mis ojos, recuperando toda mi confianza y llegando a una conclusión clara: iba a ayudar a la quimera y mostrándome tal y como soy. ¿Una sumisa? No, esa no era yo; solo me había mareado un poco con ese viaje sombrío. Me aparté de él retrocediendo un paso. Necesitaba que no me tocase o de lo contrario no podría actuar. Mis ojos se separaron de él, y cuando estaba a un metro de distancia, antes de que nadie pudiese reaccionar, hice que el tiempo dejase de correr.

«Aproveché que era la única ahora mismo en la faz de la Tierra capaz de moverme, y con un paso ligero, me fui del callejón en dirección a la estación de policía. Era mi día libre por lo que no llevaba nada encima; ni mi placa, pistola o esposas. Nada. ¿Y pensabais que tenía prisa alguna? Ninguna en realidad. Mi poder para controlar el espacio-tiempo me permitía maravillas como la que solo yo estaba viviendo. Podía pasearme tranquilamente sin que nadie me molestase, eso sí, debía ser cuidadosa de no entrar en contacto con alguien o de lo contrario todo volvería a transcurrir con normalidad.

Una vez en la comisaría, la elegancia para esquivar a la gente se tuvo que intensificar. Me dirigí a mi lugar de trabajo, a las taquillas donde guardamos los uniformes más concretamente. Del interior saqué mi placa policial y mi pistola, porque mi mente ya había ideado un plan que pondría en marcha muy pronto. Guardé el arma en mi zona lumbar, sujeta gracias al cinturón. La placa, sin embargo, solo la metí en el bolsillo de mi chaqueta.

Salí de la comisaria y me encaminé de nuevo al callejón, aprovechando mi ventaja casi digna de un dios para hacer un rápido conteo de los hombres que nos rodeaban. ¿Por qué tantos en realidad? Y si sabían que Ambrose era un alfa, ¿para qué traer a lobos? En fin... Me posicioné de nuevo a un metro de distancia de la joven quimera, soltando un sonoro gruñido para desquitarme un poco por todo lo vivido y haciendo que el tiempo volviese a correr con su curso natural.»


Chicos, se acabó la fiesta —sonreír con cierta maldad, sacando la pistola y apuntando con ella al cabecilla del grupo, ese vampiro que se hacía llamar... ¿Matt? Bueno, no lo sabía pero tampoco me importaba demasiado. Mostré mi placa policial pero ahorrándome dar mi nombre—. El único motivo por el cual estaba con este muchacho era por vosotros, para atraparos y encerraros donde debéis estar; una lástima que solo os espere la cárcel —cargué el arma sin dejar de apuntar, sin un solo ápice de dudas en mis palabras y, ante todo, sin mostrar debilidad alguna—. Si de mí dependiese os llenaba de agujeros, pero eso sería un delito muy grande y no me rebajaré a gente como vosotros —mi sonrisa se ensanchó con cierta soberbia—. Ahora os daré dos opciones: os vais por las buenas y dejáis que termine de ver el museo con él, o podéis elegir la segunda opción, y es que pierda mi puesto de trabajo pero me lleve conmigo vuestras miserables vidas —era una clara amenaza, pero ya no me importaba nada. Podía decir mil cosas que luego no haría y eso no era un delito; solo quería ganar tiempo, y en el mejor de los casos, que realmente se fuesen sin molestarme más de lo que ya lo habían hecho.

Solo esperaba que el joven situado a mi costado comprendiese que todo aquello no era más que un farol, que en ningún momento me había acercado a él con semejantes intenciones... ¿Lo entendería o simplemente me odiaría? En ningún momento dije que fuese policía, así que oculté información de bastante importancia, mas no podía ir gritándolo a los cuatro vientos por mi seguridad.
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Mensaje por Invitado el Sáb Feb 22, 2020 2:10 pm

¿Siendo usado? Esas fueron las primeras palabras que se encargaron de invadir la mente de Ambrose al escuchar lo que la contraria estaba diciendo al grupo de individuos haciendo que una especie de vacío terminase por irrumpir en su propio estómago. ¿Entonces todo lo dicho anteriormente no era, sino, una mera ilusión respecto a lo que parecía estar dispuesto a suceder en realidad. Lo cierto es que le costaba creer aquellas palabras, más que nada como consecuencia de que él hubiera sido lo suficientemente tonto como para no entender en primera instancia cuál era su verdadera naturaleza, incluso la peligrosidad que presentaba no solo para la tienda misma sino para los habitantes en general de aquella isla. No por algo la quimera, y gracias a su condición, estaba siendo perseguido por un gran número de cazadores a los cuales, y según recordaba, se les pagaba previamente como consecuencia del tipo de trabajo a realizar. Cuando se trataba de uno un tanto peligroso, quizás y como lo era aquél, el porcentaje inicial tendía a ser de al menos un setenta por ciento del total a pagar como adelanto.

Un momento. Sí, fue quizás tras escuchar el diálogo que mantenía la loba con los delincuentes el que le hizo percatarse de algo más: ¿cómo era posible que estuviera detrás de ellos sí, en esos momentos, parecía estarles ofreciendo una escapatoria en caso de dejar que ambos terminasen el paseo? No era para nada lógico el hecho de que la chica estuviese dispuesta a ofrecerles el escape si en realidad solo había estado desde un principio tras ellos, siendo en realidad aquello todo lo parecido a un mero engaño para poder escapar un poco de una situación que igual podría volverse totalmente violenta en cualquier momento.

Ahora la pregunta que mantenía el masculino en su mente era respecto al arma, y tras haber solucionado la situación anterior, más bien haberse quitado el peso de encima de estar siendo meramente utilizado por ella. ¿De dónde es que la había sacado? ¿La había tenido siempre consigo? Pero aquello no resultaba realmente muy creíble, después de todo, dado que en realidad la quimera la había estado abrazando durante un período de tiempo quizás y hasta suficiente. ¿Entonces no se había percatado de la existencia de aquél revólver tan característico de la policía? Bueno, que revelase tal información no era en realidad muy sorprendente, pero tampoco es que tuviera muchas posibilidades si estaba utilizando una Glock 17 como lo hacían en general las fuerzas de la ley en aquella isla.

De un momento a otro el vampiro no tardó en reír casi con cierta incredulidad frente a la pistola, algo que indicaba la seguridad con la que se comportaba haciendo que los sentidos de la quimera incluso se agudizaran un tanto más en consecuencia. — Jovencita, ¿crees que un arma como esa podría hacerme daño? — y la respuesta podría llegar a ser clara, al menos para él. Pero era bastante peculiar que se lo dijera de aquella manera, ¿acaso no estaban hechas, aquellas armas de la ley, con las aleaciones adecuadas para poder dañar a cualquier criatura sobrenatural independiente de su raza? Esa era una de las posibilidades que cruzaban la cabeza de Ambrose en aquellos momentos pero fue el movimiento de uno de las sombras, el último en retroceder, que le hizo volver en su dirección la mirada. No necesitó más que una observación, un cruce de miradas, para imponerse sin necesidad de utilizar su voz. No podría afectarlo directamente gracias a que no se trataba de un lobo, pero tampoco podría permitir que actuaran con total tranquilidad estando él allí, y mucho menos en compañía de alguien que se había vuelto involucrada por su culpa.

Ambrose. Si vienes por las buenas evitarás una semana allí, y sabes bien que no es el mejor lugar para estar, ¿no? — claro que lo sabía. Había pasado más tiempo en la sala de tortura que en su propia celda luego de que la mitad de los guardias y cazadores se enterasen de la información que les había ocultado. No fue sino tras sentir el movimiento de la sombra del vampiro que éste también se movió ocupando la velocidad característica de la raza para poder seguirle el ritmo. Su objetivo no era él sino más bien la chica, queriendo sujetarle el cuello pero viéndose detenido por la quimera a una distancia producente, quizás hasta un metro de ésta. Estaba de espaldas a él, observándola a ella pero sin poder atreverse a decirle absolutamente nada. ¿Qué podría decirle, después de todo? ¿Qué huyera? Sabía que no lo haría, esa era la imagen que había estado dando hasta el momento, incluso más ahora con el arma en sus manos. ¿Qué le ayudara? No podía hacerlo, ya bastante que se había atrevido a arriesgar su trabajo por él, a quien apenas había conocido ese mismo día, incluso... apenas unas horas atrás.

Aléjate. — bramó la quimera al momento de dar un suave salto, girando completamente en pleno aire y torciendo la muñeca del vampiro hasta finalmente cambiar posiciones: cuando sus pies tocaron el suelo fueron los de la otra criatura los que se despegaron viéndose obligado a no recibir una fractura en su extremidad, girando casi cual trompo en pleno aire antes de ser lanzado en dirección hacia uno de los extremos de aquél poco transitado callejón. Al menos era así en términos generales, porque lo cierto era que se podían notar otras presencias en los alrededores, algunas sombras, otros vampiros, pero mayoritariamente eran lobos, ¿acaso la lección jamás iba a ser aprendida? Sin un alfa los lobos solamente son bestias salvajes sin conocimiento del mundo que necesitan de su guía para poder sobrevivir, al menos ese era el verdadero mundo salvaje de un lupino.

Solo lo haces más difícil, Ambrose. — bramó otro de los individuos al ver que quien parecía estar dirigiendo la misión se incorporaba lentamente y se jactaba de la fuerza recibida en su muñeca, aunque restándole claramente algo de importancia. — ¿Qué es lo que quieres? — inquirió el último, observando primero a la chica y luego a su objetivo, quien ahora desprendía una especie de aura ennegrecida que cubría cuidadosamente su cuerpo cual llamarada negra, sin escaparse más de dos o tres centímetros del contorno de su anatomía. — ¿Qué importa lo que quiere, Matt? Solo ataquemos todos. — bramó el anterior hombre mientras daba un paso hacia delante. El hecho de que los ojos de la quimera ahora se tornasen multicolor, cambiando entre dorado y rojizo, manteniendo la pupila en forma vertical: estaba bastante inquieto, pero a pesar de todo seguía controlándose.

Quiero terminar de desconectarme con Zoe. — sus palabras sonaron quizás un tanto ilógicas, al menos para aquellos. Sin embargo ese no era sino un mensaje para la chica en cuestión, que podría o no tomarlo de la manera en que mejor lo quisiera. Tras decir aquellas palabras se movió cuidadosamente hacia delante para acercarse una vez más a la loba, teniendo una distancia de al menos unos cuarenta centímetros de ella pero estando por delante más que nada: no es que ella necesitase protección, pero había hecho demasiado por él sin siquiera conocerle, y ahora era su turno de devolver el favor, ¿no? No permitiría que nadie le pusiera un dedo encima.
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Mensaje por Invitado el Dom Feb 23, 2020 6:20 pm

Si esos tipejos pensaban que había nacido ayer lo llevaban más que claro. No me daba miedo ninguno pararme frente a delincuentes de su nivel: no eran más que pobres desgraciados que tarde o temprano sería capturados. Ya improvisaría algo sobre el día de hoy. Sí, fingiría que no pude hacer nada frente a ellos puesto que era mi día libre e iba desarmada. Solo necesitaría una de mis mejores actuaciones para que nadie en la estación de policía dudase de mis palabras. —Gracias por llamarme joven, delincuente, ¿pero cree usted que en el cuerpo de policía somos tan estúpidos como para ir armados con utensilios comunes? Deja que le informe, que si esa es la idea que tiene de nosotros, le va a costar muy caro el error —sentencié. La verdad es que ganas de disparar no me faltaban, y menos aún para demostrarle cuanto dolor podía llegar a hacer las balas de plata o aquellas bendecidas por un ángel.

Fruncí el ceño y no pude evitar un sutil gruñido al ver al contrario interponerse entre mi enemigo y yo, y de no ser porque mi vista ya estaba más que acostumbrada a los movimientos rápidos, posiblemente la quimera se hubiese llevado un balazo; alejé el dedo del gatillo los milímetros necesarios para que eso no sucediese, alzando mi cola con cierta molestia. —Ya les he dado una oportunidad, así que si no abandonan el lugar los coseré a balazos —solté sin pensar demasiado en las consecuencias. Por mucho que viajase a un futuro cercano para saber qué sería de mí si decidía disparar, en cualquier momento ese futuro podría alterarse y modificarse. Los viajes de ese tipo no eran de mis favoritos como os podéis imaginar.

Iba a apartar a Ambrose en un mal gesto y hacer lo que debía haber hecho desde el principio; detener a esas sanguijuelas ahora que podía. Sin embargo, una fugaz y cuánto menos estúpida idea pasó por mi mente y me hizo bajar el arma analizando con rapidez las ventajas, desventajas y consecuencias de lo que iba a decir. —¿Y si le saco yo del mercado negro? Se supone que es simple mercancía, como un par de zapatos —hablé dirigiéndome a su supuesto líder—. No podréis volver a ponerle un solo dedo encima cuando sea de mi propiedad, ¿verdad? —mis ojos se mostraron con un brillo lleno de seguridad. Genial, a saber cuántos de mis compañeros se burlarían de mí o me mirarían con desprecio por comprar un pet ilegal en el mercado negro que se supone debemos desmantelar. Cada vez que hacía algo pensaba en que iba de mal en peor. ¿Pero qué más podía hacer? Prefería las risas de mis compañeros que perder el trabajo.
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Mensaje por Invitado el Mar Feb 25, 2020 12:32 am

¿Acaso había escuchado bien? Aquella mujer había dicho, más bien preguntado, si la compra de la quimera ayudaría a que en ese mismo instante la posibilidad de ser llevado fuera reducida a cero. Lo cierto es que la idea era un tanto sorpresiva y se podía notar en los ojos del aludido, los cuales se abrieron caso de par en par tras procesar durante algunos instantes cada una de las palabras que había empleado para formular aquella pregunta. — ¿Que clase de tonto compraría a es basura traidora y mentirosa? — y estaba claro que para ellos aquella idea jamás iba a desaparecer, especialmente para el vampiro quien había sido con quién más había compartido aquellas cacerías que tan particulares se habían vuelto en los últimos años.

Tienen razón. — Aambrose habló en ese momento para poder dirigir sus palabras en dirección a la chica. Aunque su tono de voz era relativamente bajo, era consciente de que aquellas criaturas sobrenaturales podían escucharle decir tales palabras. También era capaz de entender el significado de sus palabras, aunque no las competía del todo debido a que lo poco que le había estado informando a la chica era tan solo lo que consideraba su propia verdad, su versión de las cosas. Ciertas o no, la quimera solo mostraba sus colmillos hacia aquel grupo de individuos los cuales ahora se volvían a reagrupar para posicionarse frente por frente, casi como un muro impenetrable, en la camino de aquellos dos.

Aunque quieras comprar a esa porquería, debes de seguir las nóminas del mercado, muchacha. — las palabras de aquel fueron sueltas casi como si estuviera escupiendo la información con algo de desagrado. Lo otro que simplemente demostraba con desaprobación era el hecho de hablar relacionando sus propias palabras para con la quimera, demostrando una vez más que todo lo que implicaba al masculino tan solo era inferior en más de un aspecto. — Y para eso tenemos que llevarlo del trasero a su celda, castigarlo por haberse escapado... — con esas palabras no dudó en lamerse sus propios labios casi como si fuera capaz de disfrutar de aquello desde ese instante, con la simple idea surcando su propia mente. Pensamientos, quizás, que de una u otra forma, eran capaces de complacer a todos los presentes del bando contrario.

Si lo desea comprar podemos llegar a un acuerdo que involucre no... torturarlo tan pronto. — Matt siempre llevaba consigo, a pesar de todo, un plan de respaldo para poder encontrar el beneficio de aquella quimera. A pesar de las actitudes de cada uno, era aquel el único que en más de una ocasión le había ofrecido algún tipo de ayuda desde varios puntos de vista. Sin embargo a ojos de otros tampoco podía dejarse llevar por lo que podría decirse era amistad, entonces sus ojos se tornaron completamente rojos para enseñar con hostilidad sus grandes colmillos. — Aunque si no cumples... bueno, tú estarás bien pero él... — hizo un gesto con su rostro para aludir a Ambrose, quien rápidamente volvió por sobre su hombro sus ojos, buscando la expresión de la mujer. — ... lo pagará mucho más caro. — la sentencia de su antiguo camarada advertía que le daba la posibilidad de salvarse o recibir un castigo efectivamente tres o cuatro veces peor, cosa que asistiría a cualquiera... menos a el, Ambrose poco se vería intimidado por eso.

No tiene porqué hacerlo, Zoe. — no es que no quisiera ser liberado de aquel lugar pero tampoco podía permitirse ser comprado como un capricho momentáneo. — Siendo oficial de policía... no debería molestarse en alguien como yo. — y las risas de aquellos individuos se hicieron presentes. No por lo que decía a la chica sino por como lo decía, ¿alguien? no, mas bien algo era lo que los otros creían que debía de decir. Si estaban o no en lo correcto podría ser algo que efectivamente cualquiera de los presentes, excepto Ambrose por su estatus actual, podrían llegar a discutir.
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Mensaje por Invitado el Mar Feb 25, 2020 1:13 pm

Yo no llamaría basura a quien un futuro os puede encerrar entre rejas —advertí, aunque todo aquello me seguía pareciendo una locura; es decir, iba a comprar una vida humana a la cuál habían capturado en contra de su voluntad: no sabía nada de él, de su pasado, no sabía qué clase de persona era, no sabía ni cómo sería el futuro al decidir adquirirlo de un modo tan impulsivo. No importa lo mucho que lo pensase, es más, cuanto más lo pensaba más locura me parecía todo aquello. Pero ya estaba decidido, no podía dejar que le castigasen de a saber qué modos harían. Desde luego las palabras de los cazadores no eran de lo más amable, y mi olfato me decía que ese olfato olía a tortura de las muy dolorosas. No es como si yo supiese algo del dolor, pero la gente siempre reaccionaba de manera muy negativa frente a él por lo que desde muy pequeña deduje que no era algo agradable, aunque yo careciese de la capacidad de sentirlo—. Y por cierto, su nombre es Ambrose; basura lo sois vosotros por hacer lo que hacéis —y en eso no iba a cambiar de opinión.

Sinceramente, tendría tiempo de sobra para conocerlo si realemnte se convertía en mi propiedad; bueno, aunque no me gustaba para nada ese término y obviamente no le trataría como a una mascota. Solo me limitaría a sacarle del mercado y darle la protección que le brindará mi rango de ama, pero nada más. Sería libre de hacer lo que quisiera siempre que no interfiriese en mis asuntos o en mi trabajo, eso no se lo permitiría. ¡No desvaríes Zoe! Aún tienes que sacarlo de ahí sin un rasguño. —¿Trato de qué tipo? Si la mercancía está en mal estado baja el precio, es así de simple. ¿Acaso no os han enseñado las bases y solo os dedicáis a seguir órdenes de los de arriba? —arqueé una ceja antes de mostrar una apacible sonrisa que ocultaba cualquier pensamiento y sentimiento negativo que tenía hacia ellos—. Sed buenos chicos y llevadme al mercado para que pueda efectuar la compra, y a cambio de un viaje tranquilo, me olvidaré de vosotros hasta que nos volvamos a encontrar —dije guardando mi arma en la zona lumbar nuevamente, sujetándola con el cinturón de la mejor manera posible tras ponerle el seguro.

Y tú —miré a la quimera tomándome la libertad de agarrar una de sus manos— no vuelvas a menospreciarte frente a mí, ¿entendido? —hablé con cierta autoridad. Me molestaba que la gente se tachase de cosas que no eran, o que se dejasen influenciar para llegar a pensar en ello. ¿Qué pasado ocultaba? No lo sabía, pero algo tenía claro; había demostrado más valor que todos los cazadores, porque quién en su sano juicio se hubiese arriesgado de ese modo para defender a un desconocido. Tal vez fuésemos un par de estúpidos, pero si salíamos ilesos de aquello, me sentiría una estúpida afortunada.
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Mensaje por Invitado el Mar Feb 25, 2020 3:43 pm

Era la primera vez que alguien se atrevía a hablarle de ese tono al lobo y varios de los que estaban allí presentes observaban con cierta atención qué era lo que podría acontecer de aquello. Después de todo la chica no emitía ni un ápice de sangre alfa, ni tampoco era poseedora de la voz característica de los mismos, y sin embargo allí estaba ordenando, por decirlo de alguna manera, a quien claramente sí era el descendiente directo de uno. — ... lo tendré en cuenta. — bueno, no es como si hubiera cedido ante las palabras contrarias, y eso era algo que debía de destacarse. Nadie iba a doblegar su voluntad, al menos no con simples palabras: él era el que doblegaba y ni siquiera otro alfa podría imponerse a su persona. Lástima que no podía ver su propia cara al decir aquello, porque los lobos rieron por lo bajo en consecuencia y mencionaron algo como Menudo alfa casi en un tono burlón dirigiéndose al masculino. En realidad tampoco le importaba mucho, porque era consciente de que el acceder a la petición ajena no había sido sino una manera de disculparse por haber cometido aquello, algo que en realidad tampoco era muy poco común en él.

Basura por hacer lo que hacemos, ¿eh? — Matt igualmente guardó silencio tras repetir aquellas palabras que habían sido pronunciadas por la fémina. Lo cierto es que él había formado parte de aquél grupo durante un largo período de tiempo bajo el pseudónimo de Joker, el comodín y el embaucador, la carta más peligrosa y la que se considera como la carta del triunfo en los juegos como Old Maid. Intentaba no recordar aquella parte de su pasado, donde claramente la peligrosidad de su persona era incluso aún más elevada que ahora ya que actuaba sin realmente mostrar mucho interés en absolutamente nada, ni nadie. Si debía de pelear lo hacía y si debía de gastar sus recursos por atrapar a alguien, siempre había sido capaz de hacerlo siendo el antiguo cazador de Zomalpets con mayor porcentaje de éxitos a lo largo de su carrera, obteniendo un mérito de récord aunque tan solo como consecuencia de que no rindió por más de unos pocos años en el cargo.

¿Qué podría decir la muchacha si llegase a enterarse de que esa era la verdad detrás de la mascota que estaba comprando? ¿Acaso se reverterían las ideas femeninas al escuchar de él mismo semejante declaración?

Espera a salir de la tienda, Ambrose. — lo cierto era que el masculino podía leer la mente, o al menos de aquellas personas con las que había permanecido durante un período de tiempo y por ende existía, o existió, alguna vez algún tipo de vínculo como lo podrían se podría decirse símil a una amistad pero aquello había quedado tan en el pasado. — Lo primero que haremos será entrar en la tienda con él y avisarle a la jefa, usted podrá luego entrar y solicitar su compra en el momento que selo indiquemos. — Matt nuevamente había ya ideado el plan más convencional pero pacífico, quizás y hasta más rápidamente que lo que pudiera incluso idea alguna de las otras bombas en particular viéndose propenso a desequilibrar sus propios poderes con el objetivo de obtener incluso un poco más de libertad frente al grupo de individuos.

Dicho de aquella manera, Ambrose al final terminó ingresando junto al grupo de cazadores, siendo rodeado por éstos pero sin recibir el agarre de ninguno de los mismos. Ser amenazados por la ley había funcionado de sobremanera, aunque también estaba el hecho de que la mayoría de aquellos eran lobos y no se atrevían a poner un dedo encima de quien claramente era jerárquicamente superior. Por otra parte estaba el vampiro, quien a pesar de todo había estado intentando ofrecer los mejores tratos con la quimera aunque siendo protegido por sus costumbres un tanto bordes, y sin embargo quien sí estaba deseoso de emplear métodos anti-criminales era la sombra, quien en realidad tampoco podía hacer nada ya que estaba como secundario, y subordinado, del vampiro por lo que acotar sus órdenes era la tarea más importante.

Jefa, le trajimos a la quimera y también a una poli que se la quiere llevar, la dejaremos aquí atrás para que realice el papeleo. — y sin realmente avanzar mucho la puerta fue tan solo abierta para que el de cabellera azabache ingresara y esperara. Por su parte los cazadores finalmente optaron por abandonar el lugar y no fue sino hasta que tan solo Matt y la oficial quedaran solos, que éste se acercó a la fémina. — Gracias, y asegúrese de que enderece el camino. Tiene potencial pero no tiene a nadie que lo mantenga en tierra. — tras decir aquello solo optó por abandonar el mercado, esfumándose tras cerrar la puerta a sus espaldas.
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Mensaje por Anivia el Mar Feb 25, 2020 5:40 pm

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