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A chance encounter. | Flashback {Zaheera}

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Mensaje por Invitado el Vie Ene 10, 2020 6:53 am

Esa noche estaba de cacería, una como las pocas. Su objetivo era una fémina con dotes de brujería a la cual se le había encargado atrapar debido a su abandono de ZomalPets: era una desertora, sencillamente. Sin embargo esto no era aceptado, ni mucho menos tolerado, por lo que se los contrataba a ellos para realizar el trabajo más difícil: buscar, atrapar y entregar a las mascotas que se encontraban fuera de la institución, y carecían de amo, con el objetivo de poder venderlas a alguien en un futuro que no fuera realmente muy lejano.

La máscara, así como el resto de su traje, no eran sino una mera creación con sombras u oscuridad empleadas para mantener un poco bajo perfil lo que era su verdadera identidad. Sin embargo esto no afectaba el aroma por lo que un buen sentido del olfato era capaz de distinguir su presencia tanto con o sin aquella indumentaria tan particular.

La búsqueda no había tardado tanto, desde días atrás había estado recolectando información y por ende tenía ciertos conocimientos respecto a su objetivo: su rutina día a día, para comenzar, y además lo que hacía cada un período de tiempo relativamente estable. Básicamente cada mañana de su persona yacía grabado en la memoria del italiano como si se tratase de un libro escrito que no podía dejar atrás.

¿Ya te has cansado de huir? — la voz del azabache se deslizaba de manera suave, casi cual serpiente arrastrándose por el suelo de manera lenta sin deseos de perder de vista a su objetivo. En esa ocasión, la presa del masculino no era sino una bruja relativamente joven que no superaba en realidad los veinte años de edad. Para él, aquello era algo bastante particular porque se había estancado, hacía ya varias décadas atrás, en los diecinueve.

Antes de poder darse cuenta una especie de llamarada comenzaba a envolver la ubicación de la quimera, quien rápidamente optó por protegerse de aquellos látigos ardientes empleando lo que era una esfera ‘viva’ de mismísima oscuridad. Simulando chispazos, el golpe de aquellas brillantes cuerdas sobre las defensas del hombre, ocasionaban que se le dificultase lo suyo poder apreciar la ubicación de su contraparte ocasionando así que simplemente optara por cerrar los ojos. No quería lastimarse la vista, o mejor dicho no quería en realidad recibir algún tipo de agravio que ocasionara algún fallo perjudicial que tardase en regenerar.

No era realmente preocupante el hecho de tener que defenderse ni nada por el estilo, pero la peligrosidad de aquél individuo resultaba bastante hostil incluso para quienes rodeaba. A pesar de que la calle se encontraba realmente abandonada, o más bien vacía, nada jactaba que en algún momento alguien pudiera llegar a aparecer por una de las dos esquinas. Debía de atrapar a aquella chica antes de que la situación se volviese un tanto más preocupante, más peligrosa para ser exactos.

Sus ojos se tornaron completamente rojos como respuesta a sus deseos, permitiendo a sus impulsos dominar durante algunos momentos su propio cuerpo y mejorando así su condición. Los caninos comenzaron a crecer de manera notoria, alcanzando hasta casi tres centímetros en relación al tamaño original. Si bien de sus cuerdas vocales lo que parecía escaparse no era sino un ligero gruñido, la presencia vampírica dominaba en casi su totalidad al individuo quien ahora solo se fiaba de sus oídos para dar con quien en esos momentos era su actual objetivo.

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Mensaje por Zaheera el Dom Ene 12, 2020 12:15 pm

¿Qué hacía caminando sola por la calle a esas horas de la noche como si nada?  Es decir, nada en ella parecía apuntar a que fuese el tipo de persona que se dedica a salir a esas horas; se veía pequeña y frágil; totalmente fuera de lugar. Y es que no era para menos; aparentaba ser aún una niña, o quizás, como mucho, una joven sus primeros años de adolescencia, lo cual tenía bastante sentido porque, si bien aquella isla estaba plagada de criaturas centenarias que se conservan increíblemente jóvenes, ese no era el caso de Zaheera; ella, en principio, era joven de verdad.

Sea como fuere, el hecho es que andaba sola, de noche, sin rumbo, y sin un lugar al que volver o en el que refugiarse, no obstante, esto tampoco parecía perturbarla. Ni el no tener un techo, ni las miradas ajenas sobre ella. Todo le daba exactamente igual y eso era precisamente lo que transmitía su rostro. Cansancio, frialdad, indiferencia, hartazgo. Desde luego, nada que alguien de su edad debiera sentir o experimentar. No a tal grado, al menos.

¿En qué momento le había parecido buena idea deshacerse de aquel que la había comprado y sacado del mercado negro varios meses atrás? ¿Qué le quedaba ahora? Era bien cierto que sus condiciones con el susodicho no eran precisamente las mejores, sin embargo, ¿desde cuándo le importaba eso? No, no lo hacía; a estas alturas le daba bastante igual lo que hicieran o no con ella. Entonces… ¿por qué? Bueno, a pesar de su actitud generalmente apática, a veces se dejaba llevar e, inevitablemente, terminaba estallando, con lo que ello suponía.

En fin, el caso es que llegó, de alguna manera, a una de las zonas residenciales. No había hecho aquello aposta y mucho menos se había parado a pensarlo de alguna forma pero, ya que estaba allí, tal vez sería buena idea colarse en alguna de las casas para descansar y comer algo. No necesariamente en ese momento, claro; la noche era su hábitat natural, al fin y al cabo. Pero en cuanto empezase a amanecer no le vendría nada mal retirarse un rato. No debería ser una tarea complicada, o eso pensaba antes de girar la esquina y toparse con una escena que probablemente nunca habría anticipado: una especie de pelea –cacería más bien, aunque eso ella no tenía forma de saberlo-.

Bajo otras circunstancias hubiese mantenido su rostro con aquella expresión pesada y de pocos amigos pero aquella situación la pilló completamente desprevenida. Detuvo sus pasos y paró en seco, observando lo que tenía delante. Y claro está, su presencia no pasó desapercibida; la otra muchacha no tardó apenas en apuntar hacia ella y envolverla en una de las llamaradas que parecía controlar. ¿Se molestó Zaheera en tratar de esquivarlo? En absoluto. ¿Para qué? No tenía una razón realmente para luchar por su vida.

Dolía, picaba, ardía.

¿El fuego? Oh no, para nada. Más bien la luz que este emitía; el fuego por sí mismo no podía herirla. No tenía una razón para vivir, era cierto, no obstante, por puro instinto e inconscientemente, activó uno de sus poderes, volviendo su cuerpo intangible.
– ¿Por qué? – murmuró casi para sí, incapaz de comprender qué era lo que la había movido a no dejar que todo terminase para ella en ese instante.
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Mensaje por Invitado el Lun Ene 13, 2020 1:43 am

No fue sino hasta ese momento que se percató de la presencia de una figura femenina en plena acción. No se trataba de la misma a la que estaba persiguiendo sino a una tercera persona, o segunda en caso de no contar su propia presencia, que había hecho aparición de un momento a otro y se encontraba sin previo aviso dentro de lo que parecían ser las llamas de su presa. Para su sorpresa, aquella brillante combustión provocada por la de cabellera clara no ocasionaba ningún daño a la nueva figura femenina pero esto, independiente de cualquier cosa que se pudiera llegar a decir, no ocasionaba sino un deje de ineficacia en relación al trabajo de Ambrose así como del resto de individuos que se habían juntado para darle cacería a la dragona: estaban permitiendo que un civil resultara involucrado y esto no era tolerado, al menos no dentro de su propio código de cazador.

Esta fue razón suficiente, que se atreviera a meter el código de por medio, para que los ojos del de cabellera azabache comenzaran a destellar entre su típico grisáceo y un dorado relativamente bastante más peculiar. Eran claros, brillosos, casi tanto como el fuego mismo cuando la correcta combinación de gases y la temperatura del ambiente lo proponen. Bajo la máscara, el hombre no parecía sino completamente concentrado en su objetivo pero esto se encontraba bastante más alejado de la realidad: en esos momentos, ahora, estaba pensando en cómo podría actuar para poder sacar del medio a la figura femenina que parecía encontrarse en aquél lugar.

El lugar equivocado en el momento equivocado.

La frase se aplicaba perfectamente a la situación en la que se encontraba la chica, porque en realidad a esas altas horas de la noche nadie debería de estar fuera de su residencia exceptuando algunos casos muy puntuales, pero en esos momentos no estaba con el tiempo para poder comenzar a preguntar. Tal vez solo un — ¿Qué haces aquí? — se escapase de sus propios labios al momento de inmiscuirse entre las llamas cubierto de aquella ennegrecida neblina. Una vez dentro pudo percatarse de la situación y de la razón de porqué el fuego como tal no estaba ocasionando ningún tipo de daño a la chica: se había vuelto intangible, tanto como él mismo al momento de moverse para poder cambiar su posición.

Su propio cuerpo comenzó a emanar oscuridad desde la base de éste, desde las plantas de sus pies para ser más exactos, así como también desde otras posiciones como lo eran la parte baja de su chaqueta así como las mangas de la misma. Formando lo que era una especie de protección alrededor de ambos no tardó en hacer ascender aquello como si de una muralla se tratase para poder, finalmente y mediante un movimiento de sus extremidades, ahogar las llamas. Quitarles el oxígeno no era tan difícil como parecía, al menos no cuando era la propia oscuridad la cual se aseguraba de ofrecer aquellos recursos suficientes.

Joker, ya estoy aquí. Trataré de inmovilizarla. — una voz masculina apareció desde uno de los edificios y se abalanzó sobre la dragona como si no tuviera ningún tipo de interés en perdonar absolutamente nada. Él mismo se encontraba en aquella situación, con semejantes pensamientos, pero su personalidad le obligaba a mantener las distancias ya que desconocía, en cierta manera, cuáles podrían ser las otras habilidades no naturales de la criatura.

Las burbujas, así como su nombre lo indicaba, se encargaron de formar una especie de cortina que reventaba de manera ‘inocente’ desde todas las direcciones de la chica, algo que en realidad ofrecía la posibilidad al aludido para poder convocar y manipular de manera más específica aquellas sombras de las que había alardeado inconscientemente en la situación anterior. Aquellas como si de olas se tratasen no tardaron en dirigirse con fuerza hacia la posición de su objetivo, envolviendo en un torbellino de oscuridad a aquella figura hasta finalmente dejarla inmovilizada. No tardaría en caer inconsciente, aprovechando aquello mismo de manera similar a como había apagado el fuego, provocando así la escasez de oxígeno alrededor de su cuerpo para así ocasionar una especie de síncope neurocardiogénica.

Solo disminuí su frecuencia cardíaca y su presión arterial, generando que fuese poco oxígeno a su cerebro. — alertó a su ‘acompañante’ aunque no se trataba en realidad de un compañero sino más bien del que debía de encargarse originalmente de aquella cacería. No es que fuera en realidad de muchas palabras y aquellas habían sido las suficientes como para volver a dirigirle cualquier otro comentario, incluso luego de recibir el agradecimiento por formar parte de aquello. Había sido solicitado algunos días antes, algo que implicaba la actual ineficacia que había demostrado el otro en relación al cumplimiento de su labor, o incumplimiento dependiendo de cómo se tuviese en cuenta el sentido de las palabras.

¿Y tú? — observó Ambrose, una vez el otro se hubiera retirado con el objetivo en brazos.

Sin embargo la situación no había cambiado en nada, no tenía otra cosa que hacer en esos momentos y si la chica así lo ameritaba estaba dispuesto a actuar como el cazador que era sin necesidad siquiera de ser requerido. Pero no podía adelantar cualquier suposición sin realmente conocer, ¿o sí? Después de todo lo acontecido la chica podía haberse encontrado en el lugar equivocado, en el momento equivocado, y con las personas equivocadas.

Poco a poco parecía que el ambiente volvía a su estado original. Las sombras que habían restado del combate anterior se habían devuelto tan rápido como habían salido a su lugar de origen, perdiéndose entre las prendas del masculino quien también parecía conseguir un poco más de calma. Sus ojos regresaron al tono grisáceo claro que acostumbraban relativamente brillantes pero solamente como consecuencia del golpe que recibían de la luz que estaba reflejando la luna en aquella noche estrellada.
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Mensaje por Zaheera el Jue Ene 16, 2020 5:57 am

Envuelta entre las llamas, de poco o nada más allá de sí misma o su propia situación podía percatarse. Sabía que había un par de individuos por la zona, frente a ella, en algún lugar al otro lado del fuego, –los había visto al girar la esquina, antes de meterse donde no le llamaban-, no obstante, desconocía completamente cuál sería la situación de ambos, qué estarían haciendo en ese instante o si solo eran dos realmente. Es decir, su visión no era precisamente la mejor, eso era un hecho, y tampoco contaba con ningún otro medio por el cual poder localizar a otros sujetos, así que bien podía haber pasado por alto la presencia de alguien más; quién sabe.

De cualquier manera, eso daba exactamente igual; a Zaheera no podía importarle menos ante cuánta gente se encontrase o qué estuviese sucediendo si aquello no la involucraba directamente. Apenas se preocupaba por sí misma, ¿por qué iba a hacerlo por un par de extraños? Solo tenía que salir de allí en cuanto las llamaradas se apagasen y ya; listo, podría escabullirse entre la oscuridad de la noche y seguir con total normalidad con lo que quiera que hubiese estado haciendo o tramando antes de meterse de lleno en lo que parecía ser una pelea o una cacería en toda regla. ¿Que por qué no lo hacía ya mismo si el fuego propiamente dicho no la afectaba? Muy simple: que el fuego no quemara su piel, no quería decir que la luz que este emitía no fuese a tener repercusiones en la joven sombra.

Sí, así era. Picaba, dolía. No tenía ningún tipo de daño ni herida a nivel superficial; es más, cualquiera que la viese sin conocerla de nada podría hasta pensar que se encontraba bien, pero nada más lejos de la realidad. Aquella sensación de ardor y debilidad que experimentaba a causa de la condenada luz, por decirlo de alguna manera, nacía de dentro, casi desde sus mismísimas entrañas. Su efecto no podía verse a simple vista, sin embargo, en ese momento Zaheera apenas podía mantenerse en pie, resistiendo mientras permanecía intangible. Podía activar sus poderes pero que nadie fuera a pedirle que se moviese de ahí porque, sencillamente, no le sería posible.

De pronto, pudo contemplar a aquella figura masculina que había divisado antes a su lado. ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué había ido a por ella? ¿No tenía que encargarse de quien originaba aquellas llamas que ahora los envolvían a ambos? ¿Desde cuándo alguien se preocupaba por lo que pudiera sucederle a ella? Todas estas preguntas y más comenzaron a rondar por su cabeza como un torbellino. Tan perdida estaba en sus pensamientos, que ni siquiera se dio cuenta de la pregunta que el otro le había lanzado. Nada personal; tan solo era una niña confundida.

Eso sí, nada cambiaría su plan de mezclarse entre las sombras y abandonar el lugar en cuanto le fuera posible. O de eso estaba convencida hasta que vio el uso que el contrario le daba a la oscuridad. ¿Acaso era como ella? ¿Algo como eso era posible con un poder como el suyo? Sus ojos carmesí se abrieron ligeramente más de lo que acostumbraban, en una leve pero clara muestra de sorpresa. Entonces, una vez las llamaradas se extinguieron, y a diferencia de lo que había planeado en un principio, se quedó allí, observando… No, más bien admirando aquella forma de emplear un poder que se le hacía tan parecido al suyo, sin siquiera prestarle atención a la tercera figura que los acompañaba.

En algún punto –probablemente tras la desaparición del fuego-, sin ser muy consciente de ello, terminó cayendo de rodillas al suelo, pasando sus uñas sobre su propia piel y rascando con fuerza, tratando de aliviar la sensación y el malestar que le había provocado la maldita luz, y, evidentemente, sin tener en cuenta que este gesto podría ocasionarle más mal que bien si se excedía. Aunque, a decir verdad, tampoco es como si eso se le importase. Tanto era así, que ni siquiera dudó en remangarse la ropa que llevaba a pesar del frío de la noche, dejando ver algunas marcas que adornaban su frágil cuerpo, como moratones y pequeñas heridas a medio sanar. Porque sí, la situación que había vivido con el que hasta hacía poco había sido su amo, no era de las mejores y ella, físicamente, era considerablemente débil. El pensamiento más lógico al darse cuenta de esto seguramente sería que se trataba de una chiquilla que se había escapado de casa por malos tratos o algo similar y, si bien no era mentira del todo, tampoco es que fuera totalmente verdad.


– ¿Yo? – preguntó, mirando hacia arriba para contemplar un rostro que no era capaz de distinguir, sin entender muy bien y con cierto tono apático, a pesar de la sorpresa y la admiración que había demostrado apenas minutos atrás. – Enséñame. – Volvió a hablar exactamente con el mismo tono falto de vitalidad y de interés, en evidente disonancia con la expresividad de su rostro y, en particular, de sus ojos, los cuales casi parecían brillar a la luz de la luna. – Enséñame a hacer eso. – insistió, en referencia a lo que había presenciado y que tanto la había cautivado, todavía estando de rodillas y arañando su piel de manera constante. ¿Extraño hacerle semejante petición a un completo desconocido? Sí, sin duda; pero, en fin, Zaheera también era una joven extraña.
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Mensaje por Invitado el Jue Ene 16, 2020 7:39 am

Me la llevaré, ¿tú qué harás? — el otro se aseguró de amarrar tanto las muñecas como el cuello de la fémina que ahora se encontraba inconsciente, ocupando un collar de hierro especial así como unas esposas del mismo material que impedirían, mediante una absorción especial, la utilización de cualquier tipo de habilidad que tuviera. Algunos instantes de silencio se hicieron presentes tras aquellas palabras, permitiendo así nada más observar cómo su aparente compañero de trabajo – aunque en realidad solo era un cazador al que estaba ofreciendo su ayuda dada la imposibilidad, al menos así dicho, de poder atrapar a la chica por sí mismo –.

Tengo algo que hacer. —dijo de manera inconsciente, apenas girando su rostro en dirección hacia su espalda, apenas por encima de su propio hombro, percatándose de que ahora la chica parecía caer de rodillas. En cierto sentido no podía evitar preocuparse por aquello, especialmente por temor a que hubiera sido su propio poder el que hubiera ocasionado algún tipo de efecto secundario en la contraria. — ¿Será que escapó de la tienda? — aquella era una conjetura que él mismo había sacado sin siquiera darse cuenta, tal vez por esa misma razón es que tuviera un cierto interés en interrogarla antes de tomar una decisión. Lastimosamente su acompañante en ese momento no parecía pensar igual que él y fue por eso mismo que, casi de manera inmediata, tomó otro juego de esposas con la intención de dirigirse hacia la posición de la chica.

Yo me hago cargo. — advirtió sin mucha suerte, notando que el otro poco interés había tenido en aceptar su petición en esos momentos. Fue apenas estar a dos pasos de la chica que el masculino hizo cambiar sus ojos de un tono a otro, olvidando el gris brillante y volviéndolos una vez más tan dorados como antes. — ¡Déjala! — su tono de voz fue peculiar, algo elevado pero ronco, como si se tratase de un aviso autoritario. Tras finalizar la última sílaba el mismo color de sus orbes volvió al original siendo algo casi inmediato, y de la misma manera los movimientos del otro se detuvieron en seco para poder voltear en dirección a quien había dado aquella orden.

TSK. El chasquido de la lengua del otro se hizo claramente presente, fuerte y con la intención de dar a entender que aquello sí había surtido efecto aunque no tanto como el deseado. Volviendo hacia atrás, no tardó en tomar el cuerpo de la chica que yacía inconsciente y lo cargó sobre su hombro para poder echar a andar.

¿Estará bien? — la mirada de Joker se mantuvo en todo momento puesto sobre la figura femenina tras haber concluido con aquél peculiar encuentro. Durante un momento se mantuvo de pie y no tardó en inclinarse con cuidado a su lado para poder observar en mayor detalle la condición física de la otra persona, recorriendo principalmente las zonas que se comenzaba a rascar y percatándose de que éstas se encontraban de por sí, ya sin necesidad de alguna reacción, bastante heridas. — ¿Fue ahora? — cuestionó sin apartar la mirada, dirigiendo aquella principalmente a los cortes a medio sanar. Era bastante consciente de que no se eran actuales y que eso implicaba otro tipo de situación previa a la vivida recientemente, pero por su parte tampoco podía conjeturar absolutamente nada sin siquiera conocerla, ¿o sí?

¿Enseñar? — ¿Qué? — claro que le tomaron por sorpresa aquellas palabras y sin embargo le resultaron poco válidas ya que apenas y estaban intercambiando su primera conversación. ¿Qué era lo que quería aprender? ¿El dominio de las sombras? Lo cierto es que esto solo implicaba dos posibilidades: tener afinidad para con las mismas o ser una como tal, y al parecer ella no se encontraba en el primer grupo. Eso le hacía entender la razón de que, en todo momento y estando en contacto con las llamas, aquellas no le hicieran tanto daño como el realmente era posible.

¿Por qué lo haría? — no es que realmente tuviera intención de enseñar a alguien que apenas conocía, pero tampoco podía dejar que alguien fuese herido de manera tan abrupta, especialmente luego de lo que había visto. Si ofrecía una razón más que suficiente, apta y quizá algo honorable, era posible que su persona tomase la decisión de ofrecer aquel tipo de ayuda que estaba siendo solicitada, pero nadie estaba completamente seguro de que aceptara... ni siquiera él.

¿Acaso has escapado? — sugirió entrecerrando un poco la mirada, realizando casi la msima pregunta que su compañero algunos momentos atrás pero, en este caso, directamente a la fuente de la información buscando, claro, la respuesta sincera. Con calma las sombras que conformaban su chaqueta comenzaron a desaparecer exclusivamente una camisa blanca en la zona baja, con los dos primeros botones sin abotonar. Casi de un momento a otro, y siguiendo con aquella especie de neblina ennegrecida, fue su máscara la que abandonó su rostro dejando a la vista las facciones delicadas de su persona. El italiano no tardó, debido a cierta necesidad, en colocarse las gafas con la intención de mantener el grado de buena visión. Estas eran circulares, ni tan grandes ni tan pequeñas, pero con un marco algo particular y descrito como si se tratase de un hipster
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Mensaje por Zaheera el Dom Ene 19, 2020 1:04 pm

Todavía en el suelo y sin cesar con los arañazos sobre su propia y frágil piel, pudo escuchar una tercera voz de la que antes ni se había inmutado; al parecer había otra persona más acompañándolos en la escena. Bueno, tampoco podía decirse que le importase demasiado en ese momento –ni en ningún otro, a decir verdad-; tenía cosas mejores a las que prestar atención y en las que centrarse como, por ejemplo, y entre otras, el ardor y la debilidad que recorría su cuerpo después de haber experimentado la luz de aquellas llamaradas tan de cerca. Por ello, sí, escuchaba perfectamente a los dos hombres conversar entre ellos pero, manteniéndose con la cabeza completamente en otro sitio, ensimismada con sus pensamientos, no se fijaba en lo que pudieran estar diciéndose.

Por supuesto, tampoco se dio cuenta –o, al menos, no en un inicio- de que aquella figura desconocida hasta entonces había tomado otro par de esposas con la intención de ponérselas a ella. Es más, no fue hasta que no le tuvo prácticamente en frente que se percató de lo que pretendía. Al comprenderlo, alzó la vista al extraño, clavando su mirada carmesí en la ajena, casi sin parpadear y dejando a un lado la expresión neutral de su rostro para cambiarla por una de evidente hostilidad. Sería apenas una niña y tampoco se encontraría en las mejores condiciones, sin embargo, no dejaría que nadie la tocase así como así. No si podía impedirlo.

Sin pensarlo apenas, y actuando más por instinto que de forma racional, hizo que la sombra de aquel que quería apresarla se agitase ligeramente. En otras circunstancias se habría vuelto a hacer intangible y poco se habría podido hacer para ponerle las esposas, no obstante, estando casi tirada en el suelo, si dejaba su tangibilidad, terminaría atravesándolo y hundiéndose en él sin remedio.

No, no estaba dispuesta a permitir el contacto. Y si para ello tenía que atravesar al hombre con su propia sombra, no dudaría en hacerlo.

Estaba más que dispuesta y preparada para ello; tomar una vida le era totalmente indiferente y, de hecho, no sería ni la primera ni la última vez que lo haría. Sin embargo, nada de eso sucedió; si iba a asesinar a alguien, desde luego, no sería ese día. Sin entender muy bien el cómo ni el por qué, y para su sorpresa, después de que el otro alzara la voz, el segundo cazador se detuvo. Zaheera podía ser muchas cosas, pero no era agresiva sin motivo y, si él había cesado con sus intenciones de capturarla, ella haría lo propio con las de matarle. Eso sí, extrañada, esta vez buscó con la mirada a quien antes había extinguido las llamas que la rodearon, hasta dar con él.


– ¿El qué? – preguntó, sin entusiasmo y con un tono bastante plano mientras sus uñas seguían rascando su piel, principalmente de brazos y piernas, antes de llevar una de sus manos al cuello, para arañar también esa zona. Aunque a diferencia de las otras, ahí no había rastro alguno de magulladuras o heridas. – Lo que se ve no. – Terminó contestando a la cuestión que le había lanzado, si bien de forma un tanto extraña. Se estaba refiriendo a los moratones y marcas que, evidentemente, no eran nuevos ni recientes; lo que generaba que se rascase de esa manera –lo que “no se veía”-, no obstante, sí que había sido ocasionado por la luz del fuego.

¿Qué había esperado? ¿Que fuese a aceptar así de la nada? Es decir, no eran más que dos desconocidos que habían coincidido, tal vez por casualidad o tal vez caprichos del destino, en un mismo lugar en y un mismo momento. Por no saber, no sabían ni sus respectivos nombres. Quizás había sido un poco estúpido hacer aquella petición, ahora que lo pensaba un poco.

En realidad, no tenía nada que decirle; nada con lo que convencerle de que le enseñase cómo había hecho lo que había presenciado minutos atrás. Sencillamente, no había ninguna razón para que fuese su maestro. Había razones para que ella quisiera ser tomada como alumna o algo similar, sí, pero dudaba que hubiese alguna que hiciera al contrario querer encargarse de ella, o si quiera preocuparse lo más mínimo. Así lo sentía, al menos.
– No quiero que vuelvan a tocarme. – explicó, casi a modo de sollozo, con voz algo temblorosa, y rasgando su piel con algo más de fuerza de la que había empleado hasta ahora, más afectada de lo que le gustaría admitir por algunos recuerdos que comenzaban a abrirse paso en su cabeza.

– ¿De casa? …Sí. – confesó, más o menos sincera. Sí, más o menos. Porque mentira del todo no era, sin embargo, no dio ningún detalle ni hizo referencia alguna a qué la había llevado exactamente a encontrarse en esa situación y, obviamente, mucho menos comentó que, técnicamente, en ese preciso instante, era poco más una mascota sin amo, con lo que esto conllevaba.
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Mensaje por Invitado el Lun Ene 20, 2020 1:34 am

No es que se pudiera mostrar sorprendido por lo que sucedió a continuación, más bien algunos momentos atrás antes de que su aparente acompañante se acercara para esposar a la fémina también. El dominio de las sombras, la resonancia de la misma y la aparente vida propia que la misma pudo haber adquirido por aquellos instantes fueron algo que no hizo más que, sino, alertar a Ambrose de lo que pudiera llegar a ocurrir. Sus sentidos de vampiro se lo decían: la chica no era para nada lo que su apariencia indicaba, no era tan frágil ni tan débil, quizás más lo último que lo primero por lo que se podía realmente apreciar en lo que era su anatomía.

Los moratones, aquellas heridas a medio curar, incluso lo que ahora quedaba como un brote debido a las rascaduras que se había realizado, y las cuales aún continuaban, hicieron que su mirada no tardase en escudriñarse para poder percibir algún otro detalle que las palabras no fueran capaces de ofrecer.

¿Qué eres? — inquirió rápidamente, casi algunos instantes más tarde. El silencio se había vuelto una parte importante de su persona y se había tomado, al menos unos momentos, para poder continuar la plática… o más bien, iniciarla una vez más. No es que pudiera realmente distinguir lo que sucedía ni nada por el estilo, no conocía a su interlocutora de absolutamente nada, pero ahora se encontraban prácticamente solos en aquella avenida residencial y, sin duda alguna, podría entonces ofrecer alguna que otra respuesta sin que aquel hostil individuo que lo había acompañado hasta ahora, quien ya se había retirado a la tienda a llevar al objetivo nocturno, los interrumpiera.

¿Dominas las sombras? —no pudo evitar percatarse de aquél movimiento que realizó la sombra de su acompañante, percibiendo las ligeras fluctuaciones así como el abandono del mundo bidimensional al tridimensional por un ligero plazo de tiempo mínimo. — ¿Eres híbrida o pura? — observó, alzando lo que era su extremidad derecha. Primero la hizo intangible por unos ligeros instantes y, a continuación, cuando volviese a ser tan física como su propia presencia simplemente la dejó emanar una nube ennegrecida. Con calma aquella tomó la forma de una cúpula, dejando una pequeña abertura como si se tratase de una ventana para enseñar el hueco de su interior, para advertir que no se trataba en realidad de nada sólido sino más bien una bola de oxígeno envuelta de aquél elemento como tal.

Era consciente de que, y dada aquella habilidad que los volvía peculiares, los sombra no eran realmente muy fáciles de encontrar. Sin embargo allí parecía tener una, o al menos aquella era su sugerencia. — Yo también lo fui, hace mucho. — se atrevió a añadir. Si quería respuestas, era obvio que debía de ofrecer algún tipo de información, ¿no? ¿Y por qué no algo de su pasado? Algo que, en teoría, no fuese realmente de suma importancia para su presente. — Y me convirtieron en un vampiro. — añadió, casi al final. Si bien hasta el momento sus ojos habían actuado de un dorado relativamente particular, en esos momentos y con aquellas palabras sus orbes adquirieron de manera automática una tonalidad carmesí, una intensa tonalidad que efectivamente daba a conocer su actual condición.

Desconocía en realidad cuál era la razón de que aún pudiera emplear aquellas habilidades que los hacían tan únicos, irónicamente el estar frente a una sombra – o eso era lo que aún sostenía –, provocaba claramente que comenzara a dudar de su propia presencia y existencia. ¿Y si en realidad no se había convertido totalmente? ¿Eso no lo volvía... algo más?

No pienses en eso. — su mente era la única racional, valga la redundancia y la innecesaria explicación. Era la única que aparentemente buscaba no brindarle importancia suficiente o, mejor dicho, la que buscaba no objetar ni contradecir en realidad algo que en efectivas circunstancias pudieran producir algún tipo de dificultad al estatus que estaba recibiendo en esos momentos como residente de la isla.

¿’Vuelvan’? — cuestiona con serenidad mientras dejaba que su mirada se encargase de recorrer aquellos moratones y otros golpes, algunos hematomas que claramente no tenían nada de recientes sino que se acercaban en algunos al menos a dos o tres días anteriores.

¿Hay algo más? — no es que no confiara realmente en las palabras de la chica, tampoco podía simplemente comenzar a indagar respecto a su vida personal, pero lastimosamente tampoco era alguien que tuviera la sencilla inocencia de creer en todas las palabras que las personas le dijeran. Era un individuo cuyo trabajo se trataba de investigar y de dar caza a quien estuviera alejado de su residencia, aquellas mascotas que hubieran quedado desamparadas o que simplemente hubieran optado por abandonar a quienes los habían comprado en algún momento.

Puedo enseñarte. — le ofreció la mano, aquella misma que había empleado como ejemplo para su desarrollo y explicación. No estaba seguro de que la chica aceptase, especialmente luego de lo que había dicho, pero tampoco estaba tan convencido ni seguro de qué era realmente lo que aquellas palabras significaban. Si bien su traje era básicamente una creación de oscuridad, la chaqueta que estaba ostentando en esos momentos no era sino tan sólida, y real, como el resto de sus ropas. Y cabe destacar que por más que sus creaciones sean de oscuridad, de sombras vivas o símiles, en realidad se tratan de artilugios lo suficientemente sólidos como para incluso recibir algún tipo de daño en lugar de su portador.

Ven conmigo. — dijo sin más, apenas esbozando una ligera sonrisa. Era algo cálida y amable, algo que en pocas ocasiones se había llegado a observar. Su persona no parecía en realidad dispuesta a tomar conciencia de lo que ocurría, estaba dejándose llevar por el hecho de que su corazón era más bueno que su mente, y que este tampoco estaba interesado en dificultades de algún tipo... algo que no sabía que podía llegar a buscarse si descubría la verdad de la situación, de ella y de sí mismo.
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A chance encounter. | Flashback {Zaheera} Empty Re: A chance encounter. | Flashback {Zaheera}

Mensaje por Zaheera el Vie Ene 24, 2020 9:19 am

¿Qué eres?... Esa pregunta resonó en su cabeza con fuerza, por algún motivo que desconocía. De hecho, al escuchar ese par de palabras formuladas a modo de interrogación, detuvo momentáneamente los arañazos sobre su blanquecina piel, ya bastante magullada de por sí y adornada con un sinfín de marcas, como si realmente estuviese contemplado qué contestar. ¿Qué demonios hacía dudando? ¿Por qué simplemente no lo decía y ya? ¿Qué tenía que pensar al respecto? Es decir, no es como si no tuviese clara a qué raza pertenecía; entonces... ¿por qué? ¿Cuál era el problema? Le había visto usando sombras también; él debía ser algo parecido, ¿no?

– Dominar... Es una palabra muy grande. – musitó al final, agachando la cabeza. Seguía hablando seria y su expresión era tan fría como el mismo hielo, sin embargo, por muy leve que fuera, casi parecía haber pronunciado aquello con frustración. ¿Dominar? No, ni de lejos. ¿Controlar? Puede que en cierta medida sí, pero nada extraordinario; quizás incluso llamar a aquello "control" le quedase grande. Digamos que se manejaba con ellas, con las sombras, con la oscuridad. Podía guiarlas, transformarlas, darles cuerpo, quitárselo, fundirse con ellas... Hasta cierto punto, eran como una extensión más de sí misma, no obstante, de ningún modo era capaz de emplearlas como le había visto hacer a aquel desconocido. Tal vez porque apenas era una niña, o tal vez porque nunca había tenido realmente la oportunidad de aprender a desenvolverse con ellas con la soltura que debería, el caso es que su dominio distaba mucho del ajeno.

Zaheera las usaba más por impulso, dejándose llevar por los sentimientos y las emociones, sin tener en cuenta a la razón o a detenerse a pensar en lo que hacía; él, por lo que había comprobado, era todo lo contrario. De igual manera, los métodos de la pequeña y las formas que le daba a la penumbra eran más bien toscas y rudimentarias; en definitiva, simples. Y, por otra parte, tampoco podía crearlas como tal; tan solo se aprovechaba de la oscuridad ya existente a su alrededor. ¿Por qué? Ni ella misma lo sabía, a decir verdad. Es más, ya no solo no comprendía cómo el otro hacía lo que hacía, sino que no tenía ni la menor idea de prácticamente nada. Aunque por eso le había pedido que le enseñase, ¿cierto?

Un par de amargas carcajadas escaparon de su boca acompañadas por una sonrisa medio torcida al oír aquella palabra. "Pura". Era consciente de a cuál se refería, sin embargo, la palabra "pureza" en sí tenía muchos significados y no podía evitar recordarlos y darles vueltas también. Pureza, además de la exención de mezcla con alguna otra cosa, era también libertad, justicia, inocencia, virginidad... Era muchas cosas que no tenía y, por eso mismo, una palabra que odiaba con toda su alma, si es que tenía una en primer lugar.
– No soy híbrida. – respondió, al mismo tiempo que la sonrisa que había esbozado instantes atrás se esfumaba poco a poco y desaparecía de su rostro con lentitud, dejando paso a la apatía con la que se había presentado.

Alzó la cabeza ante aquella especie de confesión, buscándole con la mirada, sin terminar de comprenderlo.
– ¿Convirtieron? – preguntó, con aquel tono plano y falto de vitalidad que parecía caracterizarla, aunque abriendo los ojos por la sorpresa, casi incrédula durante unos cuantos segundos. Pero… ¿quién era ella para juzgar, a fin de cuentas? – Me da igual lo que seas; no me importa. Enséñame. – insistió de la misma manera que lo había hecho anteriormente. No, la raza a la que perteneciera, ahora o en el pasado, le era indiferente; nunca se había fijado en esas cosas y, ciertamente, nunca prestaría demasiada atención a un asunto tan banal como la especie –si bien sí terminaría diferenciando a unas personas de otras en base a otros estándares, no obstante, todavía era demasiado joven como para esto; ese momento ya llegaría más adelante-.

– No quiero que nadie me toque. Nunca. – Tragó saliva tras pronunciar aquello, cerrando los ojos con fuerza apenas un par de segundos, tratando de reprimir algunos recuerdos desagradables. Aquella fue la última vez que pasó sus uñas sobre su piel, de nuevo, con firmeza y dejando una evidente rojez tras de sí debido a todo lo que se le pasaba por la cabeza y a las emociones que aquello despertaba en ella. Quizás volvería a rascarse aquí y allá a partir de ese momento, pero no sería nada exagerado y, desde luego, de forma mucho más suave y sutil. – No soy fuerte; duele. – añadió, con un hilo de voz al final, y desviando la mirada. Bueno, saltaba a la vista que no era la más resistente; tampoco había dicho nada nuevo o, al menos, y a pesar de lo que le había costado pronunciarlo, así lo sentía.

¿Algo más? Oh, sí. Claro que había más; había muchísimo más. Sin embargo, tampoco estaba dispuesta a contarlo todo y menos a un completo desconocido. No le importaba demasiado lo que pudiera pasar con ella, o eso aseguraba, aunque de poder, prefería evitar tener que pasar por algún mal trago.
 – No tengo a dónde ir ahora. – afirmó. Y, de nuevo, sí, era cierto; no mentía. Pero tampoco dio ningún detalle al respecto, manteniéndose lo más ambigua que le fue posible. Era sincera… pero no del todo.

– ¿Por qué? – Fue lo único que dijo al oír que aceptaría y ver cómo le tendía la mano. Solo había sido una petición estúpida e impulsiva de una cría a la que había conocido de casualidad y a de la que apenas sabía nada, ¿por qué había dicho que sí? E incluso de no ser así, por mucha información que tuviese, ¿qué había visto en ella? ¿Desde cuándo a alguien le preocupaba? Se quedó contemplando la mano ajena, recelosa, dubitativa. Parte de ella quería tomarla y seguirle, independientemente de a dónde fueran; solo quería tener a alguien en quien poder apoyarse. No obstante, por otra parte, y como ya había expresado, no quería tener contacto físico con nadie; jamás. Ya había confiado en otros antes y no le había ido de demasiado bien, ¿por qué iba a ser diferente esta vez?

Fue entonces cuando vio su sonrisa; cálida, amable. No sabía muy bien por qué, pero algo en su interior la hizo moverse en ese momento. Tal vez fuese una chispa de esperanza, tal vez el simple hecho de encontrarse frente a alguien que era –o había sido- alguna vez como ella. ¿Estrechó la mano que le tendía? Obviamente no. En su lugar, agarró levemente la chaqueta que el otro llevaba. Permaneció seria y en silencio, limitándose a poco más que a levantarse del suelo y asentir a las palabras contrarias para, sin más, ir tras él.
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Mensaje por Invitado el Sáb Ene 25, 2020 1:50 am

Criaturas extrañas las sombras. — comentó al escucharla decir aquello. No era realmente común toparse con una pura, con una cuya sangre no se encontrase contaminada ni alterada de una u otra manera, como lo estaba la propia. Sin embargo esto no los hacía, en realidad, diferentes porque si bien él ahora se había convertido en un vampiro aún ostentaba las cualidades, las habilidades y el dominio de la oscuridad, que había aprendido con el paso de los años estando vivo, relativamente hablando.

¿Por qué? Aquella era realmente una pregunta bastante interesante, una ante la cual en esos momentos tuvo que meditar durante una serie de segundos. Sus ojos, apenas perceptible, pestañearon con cuidado y ligereza antes de volver la vista en su dirección. Ahora la chica estaba cerca, bastante más cerca que antes, por lo que sencillamente solo tuvo que estirar un poco su extremidad para poder reducir las distancias entre aquella y la ennegrecida cabellera de quien ahora le estaba acompañando. Dubitativo, mirando en todo momento a la chica con la intención de esperar algún tipo de reacción, terminó por abandonar sus posibles deseos de apoyarla sobre aquella zona para finalmente dejarla a un lado de su cuerpo.

Era consciente de que, por una u otra razón, aquella no quería ser tocada y por eso mismo había optado por evitar su mano. ¿Entonces cuál era la razón de atreverse a invadir su espacio personal de aquella manera? Tal vez, y solo quizás, fuera el tiempo quien ofreciera aquél acercamiento para con la chica, a la espera de ser capaz de borrar aquellos aparentes sufrimientos que en realidad tampoco parecían ser cosa de un pasado muy distante.

Para que no vuelvan a hacerte daño. — observó, en respuesta a su pregunta. Sí, era consciente de que necesitaba una razón para acobijar a una desconocida en esos instantes, especialmente dada la situación en la que se encontraban: había estado de cacería hasta segundos atrás, minutos quizás, y por esa misma razón no podría decirse si fuera o no en verdad el mejor momento. Pero él era así, por algo era denominado por muchos como Trickster, el embaucador. Su comportamiento estaba muy lejos del ordinario, incluso hasta desobedeciendo las reglas que había estado haciendo cumplir.

Tienes futuro. Potencial. — sus palabras eran un tanto serenas, tranquilas. Su voz apenas y resonaba en el ambiente mediante un hilo apenas audible. — Y tus ojos son parecidos a los míos. — y no se refería ni al color ni nada por el estilo, sino más bien a lo que alguna vez habían sido: ojos apagados, sin deseos de vivir ni de pertenecer a ningún lugar. Esos mismos ojos que, una vez expulsado de la manada a la que le había fallado, tan solo buscaban una razón para vivir o, más bien, para evitar dejar de hacerlo.

Si no tienes a dónde ir, entonces... — ya lo había supuesto, tampoco era algo realmente extraño: ella era una pet. Si se trataba de una a la que habían abandonado, o quien había optado por abandonar a su amo, no era realmente de su incumbencia aunque debería de cuestionarlo gracias a su posición como cazador. Sin embargo, y era por ésta misma razón que al preguntar debería de actuar como uno, viéndose obligado a llevarla de nuevo a la tienda a la que perteneciera... en éste caso Zomal, el Mercado Negro. Era esta la razón más que suficiente, quizá la causa en realidad, de que prefiriera no continuar con la frase y optara por simplemente cambiar drásticamente el tema de conversación.

No tardó en ponerse en marcha, esperando que la chica le siguiera el ritmo a pesar de que sus pasos no eran realmente rápidos ni tampoco eran largas zancadas. Se trataba de un paso lo suficientemente lento como para poder brindar comodidad a la chica, sin posibilidad de aumentar las distancias entre ambos a causa del agarre que la otra poseía sobre su propia chaqueta.

¿Tienes hambre? — preguntó de manera casual al percibir, o más bien, conocer, la existencia de una cafetería que trabajaba tanto día como noche se encontraba. No era la próxima esquina, ni la siguiente, quizá lo era la tercera o cuarta cuadra desde la posición actual, que era casi llegando al primer cruce. — Hay un local abierto el día completo a un par de cuadras. — no es que tampoco fuera a insistir demasiado en el tema, pero por su parte sí tenía un ligero interés en alimentarse debido a la utilización constante de sus propias habilidades, las cuales le aumentaban algo más el gasto calórico así como también energético del cuerpo masculino.

Tampoco es que en realidad estuviese esperando que aceptase tan rápido, pero tampoco podía permitir que fuese rechazado debido a la condición en la que claramente la fémina parecía encontrarse: si no tenía dónde ir, si es que en realidad tampoco se encontraba en la mejor condición, al final tampoco podía simplemente perderse aquella oportunidad, ¿o sí? Fue su gesto el que simplemente indicó, mediante un leve movimiento con su cabeza, el que claro que la guiaba hasta el interior de aquel lugar. No es que hubieran llegado a la entrada, ni mucho menos, pero era una manera de expresar sus intenciones y un poco de la buena voluntad de su persona para con ella.

Yo invito. — se apresuró a añadir, esperando que con aquellas palabras al final no tuviese posibilidad de rechazar la oferta.

Nuevamente sus labios dibujaban una apacible sonrisa, esas de las que pocas veces se le solían ver al masculino, al menos que fueran tan reales. Acostumbraba a sonreír, sí, y lo hacía de manera tranquila pero con un toque de desgana. Sin embargo en esa ocasión no lo hacía porque sintiera la obligación, sino más bien porque se encontraba con alguien que alguna vez, quizá en sus tiempos más antiguos, podría parecerse a sí mismo más de lo que en realidad tuviera el valor de llegar a admitir.
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Mensaje por Zaheera el Mar Ene 28, 2020 9:05 am

Sabía que ella misma era extraña, sin embargo, ¿todas las sombras lo eran? ¿A qué se refería el otro con que las sombras eran criaturas extrañas? No lo preguntó pero un sinfín de dudas comenzaron a recorrer su mente; a fin de cuentas, nunca antes había estado frente a otro de su misma raza –al menos, que ella supiera, claro– por lo que no tenía forma alguna de aclararlas. ¿Era extraña como individuo, o era extraña debido a su especie? ¿O quizás una mezcla de ambas cosas? Quién sabe. Nunca halló una respuesta a esta cuestión, aunque tampoco es como si hubiese pasado la vida en busca de una. No, para nada; todo lo contrario, de hecho. En algún momento después de aquel encuentro, sencillamente, y al igual que muchas otras cosas, dejó de importarle. Pero esa ya es otra historia.

Ensimismada con estos pensamientos rondando libremente por su cabeza, al principio, no pareció reparar en las supuestas intenciones de aquel desconocido que había decidido tomarla como alumna. No obstante, cuando lo hizo, sin dudarlo ni un instante y por puro instinto, clavó su mirada en la contraria. A diferencia de la vez anterior, cuando aquel otro hombre que ya no los acompañaba en la escena había tratado de tocarla, ahora sus ojos y su expresión en general no transmitían hostilidad ni agresividad de ningún tipo; su rostro, sorprendentemente, se mantuvo neutral hasta el extremo, como si en vez de una persona, Zaheera fuese poco más que una muñeca vacía y carente de vida. Era evidente que no tenía intenciones de atacarle –seamos sinceros, incluso si las tuviese, habiéndose visto el abismo que había entre el control sobre las sombras que tenía el uno frente a la otra... poco había que ella pudiera hacer–, no; en su lugar, se limitó a hacer intangible la parte superior de su cuerpo.

Sí, había sido ella la que había insistido en que le enseñase a dominar aquel poder que ambos parecían compartir y él había aceptado, sin embargo, no por ello dejaría que la tocase así como así. Odiaba mantener contacto físico con otros, independientemente de quién se tratase. Y no, no era que sintiese un sencillo rechazo y ya; su caso iba mucho más allá de eso: el tacto se le hacía repulsivo; le daba asco y se lo daría siempre. No era nada personal, eso cabe destacarlo; ella era así con todo el mundo y tenía motivos de sobra para exhibir dicho comportamiento, no obstante, y si bien llegaría a hablar del tema en algún momento futuro, nunca llegaría a admitir la verdadera razón que se escondía tras esa conducta.

Fue solo cuando el contrario desistió de querer tocarla que volvió a adoptar una expresión, en teoría, más humana, más... viva. Era tan solo una pequeña mueca de sorpresa mientras mantenía la vista fija en él pero, a pesar de lo poca cosa que pudiera parecer en el exterior, la sombra estaba realmente abrumada. No la había tocado y eso no pasaba todos los días. Cuando alguien quería tocarla no se detenía a medio camino; empleaba los medios que hicieran falta hasta conseguirlo y, como prueba fehaciente, los moratones y demás marcas que adornaban su frágil cuerpo.


– ¿Lo tengo? ¿Tengo... futuro? – Al pronunciar esa última palabra, agarró con algo más de fuerza la chaqueta ajena; nada exagerado, por supuesto, pero lo suficiente como para que llegara a notarse. Tampoco podía decirse que hubiese entendido a qué se refería con aquello sobre sus ojos, ¿pero cómo culparla? Aún era demasiado joven y, además, contaba con todos aquellos problemas de visión; era lógico que se sintiese perdida. Él... decía que eran bonitos, a pesar de todo. – Hablaba de aquel al que todavía consideraba un padre para ella, aunque no lo clarificó en ese entonces.

– ¿Vas a abandonarme también? – Se apresuró a preguntar tras escuchar aquella frase a medias. Era bien cierto que ni sabía cómo el otro planeaba terminarla, sin embargo, y para su desgracia, era a lo que más estaba acostumbrada y, por ende, lo primero que se le había ocurrido; el abandono. – Está bien si vas a hacerlo. Solo... quiero saberlo. – añadió, con un tono tan inexpresivo como sincero. Que sí, en esa ocasión, que se encontrase sola y sin un lugar al que volver había sido culpa suya al cien por cien, por "librarse" de su último amo. ¿Pero y la situación que había vivido con el susodicho? ¿Eso no contaba? Las magulladuras que recorrían su piel no habían aparecido ahí precisamente por gracia divina. Es más, si no se hubiese remangado la ropa para rascarse, probablemente nadie se hubiera dado cuenta de su existencia. Estaban ocultas y no en lugares visibles como la cara o las manos por algo; no habían sido accidentales.

Quedó en silencio unos segundos mientras caminaba a su lado, sin soltarle, como si se estuviese planteando qué contestación dar. ¿Tenía hambre? Tal vez... Al final, asintió con la cabeza sin decir absolutamente nada. O, al menos, no hasta que escuchó que la invitaría.
– ¿Invitar? – cuestionó con la vista fija en él, sin terminar de comprender la situación. No estaba acostumbrada a que le ofrecieran ayuda –o cualquier cosa en realidad–, y mucho menos que lo hicieran de forma gratuita, por decirlo de algún modo. – ¿No quieres nada de mí? ¿No vas a usarme? – De nuevo, no dio muchos detalles con respecto a qué quería decir con esas palabras exactamente, no obstante, nada más estas salieron de sus labios, agachó la cabeza sin una expresión clara en su rostro, y bajó las mangas de su ropa, ocultando así su piel una vez más –todo ello sin soltarle, claro–.

No tenía ni la menor idea de cómo responder ante tanta amabilidad; hacía demasiado tiempo que no experimentaba algo similar y, bueno, sobra decir que la última vez no tuvo un desenlace muy agradable. Para ella, por supuesto. Quizás para la otra parte aquello fuese lo mejor que podía haber sucedido. Pero sea como fuere, ya daba igual; nunca volvería a aquella época, tan feliz y tan lejana; era algo que tenía asumido.
– Zaheera. – se presentó, de la nada y aún cabizbaja, aunque sin separarse de él ni un centímetro y siguiéndole el paso. – ¿Y tú? – Si iban a ser maestro y alumna, ¿qué menos que saber sus respectivos nombres, no?
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Mensaje por Invitado el Mar Ene 28, 2020 9:39 am

¿Él? Eso daba a entender muchas interpretaciones, en realidad. ¿De quién podría tratarse? Claramente de alguien del sexo masculino, ¿quizás su amo? ¿Quizás alguien de su familia? ¿O incluso alguien con quien se había relacionado y encariñado de una manera más particular? Las interrogantes eran varias, a pesar de ser limitadas y en un rumbo bastante fijo. No preguntó, pero sus ojos se envolvieron en interés y hasta cierto misterio por saber algo más acerca de esa persona. De él.

Zaheera. — Es un nombre tan peculiar como tú. Y es bonito. — ¿qué otra cosa podía decir? La actitud de la chica respecto a la propia, el cómo actuaba y la manera en la que se desenvolvía no ofrecían sino intenciones buenas de su parte. Incluso hasta le era preocupante el hecho de que la chica tuviese tanto temor a las cosas, tales como el contacto físico previo o el hecho de que temiera ser abandonada como lo sugirió en alguna de las otras ocasiones. ¿Por qué? ¿Por qué sería que todo aquello causaba un deje de nostalgia y atracción por parte de Ambrose? Era correcto decir que siempre había estado dispuesto a ayudar a quienes en realidad lo necesitaban como si fuese una parte de su personalidad que jamás, y aunque pudiese tampoco lo haría, pudiese abandonar.

Me llamo Ambrose. Ambrose Amadeus. — se presentó al final, ofreciéndole una sonrisa de lado, apenas curvando sus labios para no dejarla en realidad mucha vista de ella. Si bien era una expresión un tanto amigable, y hasta ‘tierna’ por decirlo de alguna manera, no se trataba de un gesto que fuese realmente algo a lo que se pudiese acostumbrar. —

Con sus dos extremidades no tardó en abrir las puertas del local para que ambos pudieran pasar. No quería en realidad incomodarla ni incordiarla, por lo que el hacer que se separase de su chaqueta tampoco era algo que en realidad tuviese algún tipo de importancia: si estaba cómoda y segura allí, al menos de momento podría permanecer allí. La situación podría cambiar cuando tuvieran que sentarse, pero incluso en este caso él buscaría una mesa para varias personas con las que tuvieran dos sillas pegadas, claramente ofreciendo la posibilidad de mantener aquella situación, esa seguridad que parecía ofrecerle alguien como él.

¿Qué desean? — la voz de la fémina que se encargaba de atender en esos momentos claramente no había sino ocasionado que la mirada de Ambrose se volviese en su dirección. Casi sin realmente prestar atención, tan solo mirando pero sin observar absolutamente nada, sus ojos parecían perderse en la profundidad de algo más que los irises de quien ahora estaba formando parte de la comunicación.

Un café amargo para mí. — mencionó sin realmente darle mucha importancia, percatándose de que la otra ahora se encargaba de dirigir hacia la pequeña libreta las anotaciones pertinentes. Quizá estaba incluso escribiendo más de lo que debía, tal vez pedidos que eran anteriores o detalles de los mismos, pero eso en realidad a él tampoco le ocasionaba mucha importancia. — Con algún acompañamiento... picante. — pidió con tranquilidad, demostrando la calma de la cual era poseedor. No le causaba temor el ser mal visto por aquella combinación, después de todo era algo que en realidad le gustaba a él y, por ende, era lo más importante, ¿no? — Y ella... lo que desee. — agregó al final, con un deje en sus palabras y arrastrando un poco el final de éstas para regresar, en dirección a la chica de cabellera ennegrecida, sus grisáceos ojos.

En lo que decide, iré a entregar la cuenta a la mesa de allí, ¿sí? — demostraba carisma hasta cuando hablaba y eso indicaba que era alguien con buenas aptitudes para atender a los clientes. Sin embargo el hecho de que los abandonase así, sin más, no era algo que dejase bien visto al local, al menos no completamente. Por otro lado, el hecho de que ofreciera más tiempo a la chica para elegir, tan solo habiéndola visto unos momentos, daba a entender que era bastante rápida para comprender las situaciones y las incertidumbres de las personas o, al menos, cuando éstas poseen un poco de indecisión respecto a las cosas en general.

Bip, bip. Su teléfono fue el que interrumpió en esos momentos con una notificación de voz. El hecho de que el número sí estuviese registrado, o al menos así lo advertía la barra superior de su dispositivo, solo indicaba que era de alguien perteneciente a sus contactos y fue por ésta razón que simplemente no tardó en desplegar el menú correspondiente.

Señor Deligiannis, la entrega de la prófuga fue realizada exitosamente. Le agradecemos su colaboración y esperamos, en un futuro no muy lejano, siga participando de manera activa en las búsquedas provenientes. Lamentamos las molestias y solicitamos la entrega el informe correspondiente en un plazo máximo de veinticuatro horas.

Tsk. Un suave chasquido de su lengua se hizo presente, quizás aquella fue una de las veces, pocas en realidad, que demostraba algún tipo de inquietud y molestia respecto a alguno de los mensajes de aquella organización. Si bien la voz femenina de su teléfono era melodiosa y suave, educada incluso, era consciente de que no se trataba sino más bien de una orden. Era la forma más adecuada de mantener, de una u otra manera, a los cazadores bajo control y sin brindarles permiso alguno para que tuviesen la posibilidad de actuar por cuenta propia directamente para los amos, debiendo de tener claro el hecho de que si ese era el caso pues los beneficios, y las ganancias que podrían llegar a conseguir, caerían a pique gracias a las miles de solicitudes que llegaban a la misma institución.

Dieciocho horas. Ese fue el único texto que escribió el masculino antes de darle a enviar. Si bien era consciente de que estaba jugando bastante con el tiempo que se le ofrecía, en esos momentos tenía otras preocupaciones que atender: la chica que tenía de acompañante en esos momentos, por ejemplo. Averiguar quién era, qué hacía allí y todo ese tipo de cosas que efectivamente realizaba alguien como él antes de tomar una decisión que podría cambiar el transcurso de su vida, y de la otra claramente. Pero en esos momentos aquello estaba también, en cierto sentido, en segundo plano: se había ofrecido a ayudarla y a enseñarle por lo que en ese instante no estaba actuando como cazador, sino como... ¿profesor? No podría acostumbrarse a ser llamado así, ni mucho menos, porque no estaba capacitado para ofrecer los servicios de alguien con esa titulación.

Por cierto: no lo haré. — no se trataba de una respuesta aleatoria, en realidad, sino más bien de una a la pregunta que había hecho anteriormente la fémina. Ya en el lugar, a expensas de cualquier cosa que pudiese suceder, y con la espera de su petición a la fémina que ahora mismo se había retirado para atender una mesa por si la chica de cabellera negra se encontraba indecisa, fue él quien regresó el tema algunos momentos atrás. — Y si algo nos llega a separar: siempre estaré ahí... y te encontraré. — no lo decía bajo ningún tipo de precepto romántico, ni mucho menos, sino más bien basándose en las palabras más adecuadas para indicar que podía confiar en él aunque fuese un poco.

Estaba seguro de que la chica había pasado por malos momentos pero los desconocía completamente, y sin embargo aquellas frases daban a entender que el abandono era algo a lo que tenía tanto temor, que era claramente algo a lo que en realidad ya se había enfrentado. Y eso era imperdonable.
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Mensaje por Zaheera el Jue Ene 30, 2020 2:00 pm

Así que… era peculiar y bonito, eh. Aquella conversación le sonaba, se le hacía familiar; ya la había vivido antes, más o menos. Evidentemente no con aquel cazador ni en aquel lugar, pero la recordaba como si hubiese sucedido justo el día anterior. En realidad, aquello había acontecido mucho tiempo atrás, varios años ya en el pasado, poco después de que “despertase”. No sabía cómo explicar mejor aquello –nunca lo había hecho y quizás tampoco llegase a hacerlo–; fue una sensación extraña. Antes de eso no recordaba absolutamente nada, todo cuanto quedaba era oscuridad y vacío y, un día, sencillamente, abrió los ojos y se encontró con el mundo frente a ella. ¿Cuáles eran sus verdaderos orígenes? Ni ella misma los sabía. O bien tenía una amnesia tan exagerada como severa, o bien no pertenecía a ningún sitio.

Él me lo dio. Yo no tenía ningún nombre. – confesó, volviendo a mencionar a esa misteriosa figura masculina de su pasado; de nuevo, sin aclarar quién era. No por nada en particular, solo… digamos que ya no tenía caso llamarle “papá” como alguna vez había hecho. Es decir, no era su padre realmente, no había nada que los uniera de ninguna forma a nivel biológico; él era –o había sido, porque en ese entonces hacía años que no tenía noticias sobre él y, en principio, cualquier cosa podía haber sucedido desde la última vez que se vieron– un humano común y corriente y ella una extraña sombra salida de ninguna parte.

A día de hoy, incluso en la actualidad, le seguía considerando un padre, no obstante, ¿qué sentido tenía llamarle si ya sabía a ciencia cierta que jamás volvería a por ella? Durante algún tiempo estuvo firmemente convencida de que lo haría, de que no la había abandonado y de que todo aquello no era más que un error o una broma pesada que, por supuesto, y dada la estrecha relación que creía haber mantenido con el hombre en cuestión, perdonaría al instante una vez la volviese a sostener entre sus brazos. Ese momento, sin embargo, nunca llegó. Nadie acudió en su ayuda, ningún héroe acudió a su rescate y, en un punto en concreto –que tampoco se pondría a explicar sin venir a cuento a un completo desconocido–, simple y llanamente, terminó por perder toda esperanza. Tal vez esa fuese la razón para la actitud  y desconfianza que exhibía aun cuando el cazador había aceptado instruirla y hasta se había ofrecido a darle algo que llevarse a la boca sin pedir nada a cambio. Estaba rota, por decirlo de algún modo.


– Ambrose… – murmuró, casi para sí misma, tratando de retener aquel nombre en su memoria. Hacía mucho que no se tomaba la molestia de acordarse de los nombres de aquellos a quienes conocía; ¿para qué hacerlo si, a fin de cuentas, solo eran acercamientos momentáneos y, una vez hubiesen obtenido lo que querían de ella, se irían sin miramientos? Esta era la primera vez en quién sabe cuánto tiempo que eso había cambiado.

Debido a sus problemas de visión sería incapaz de reconocer su rostro si se diera el caso de que volviesen a encontrarse, y tampoco podría distinguir los colores de su piel, su cabello o sus ojos por ejemplo, pues, para Zaheera, el mundo no era más que una escala de grises; no obstante, se aseguraría de recordar su figura, su voz, la mano que le había tendido –por mucho que no la hubiese aceptado directamente– y, ¿cómo no?, su nombre. Fue al notar la sonrisa ajena que su expresión se relajó un poco. Seguía seria, claro, pero al menos ya no transmitía esa frialdad y esa apatía que la habían caracterizado; si acaso, ahora se mostraba algo más cercana y ligeramente más segura al tenerle a su lado.

Al adentrarse en el local y escuchar aquella voz femenina dirigirse a ellos, sin embargo, su ceño se frunció de nuevo muy levemente mientras el agarre a la chaqueta del contrario incrementó en fuerza. ¿Por qué? Bueno, la tranquilidad que le transmitía él no se la transmitía ella, nada más. Sabía que era poco más que una camarera y que solo cumplía con su trabajo, por supuesto; era consciente de que ella no le haría nada pero… No podía evitar comportarse de ese modo.

Le miró de reojo tras aquel mensaje. No con desconfianza, no con temor a que la dejara ni con rencor ante la posibilidad de que, dado su puesto, la traicionase llevándola de vuelta al mercado negro y que toda la historia volviera a repetirse; ni siquiera con duda o incertidumbre. No, nada de eso; le miró con una extraña y pasmosa neutralidad, al menos durante unos segundos hasta que se sentaron en alguna de las mesas con las que contaba el local, el uno al lado de la otra, claramente.
– ¿De verdad puedo elegir lo que quiera? – Aquellas fueron las únicas palabras que salieron de entre sus labios, convencida de que, tarde o temprano, volvería a ser llevaba a Zomalpets para ser vendida como lo que era, pura mercancía sin valor, un mísero producto de usar y tirar. O eso le decía la experiencia.

Él nunca volvió. Nunca lo hará. – contestó, desviando la mirada hacia ningún lugar en concreto y con la voz apagada, como si el abandono fuese algo que ya daba por hecho. Solo una de las personas de su pasado había regresado brevemente y… Bueno, los detalles eran un tanto escabrosos, tampoco vamos a indagar mucho en eso ahora; Zaheera no estaba preparada para hablar mucho sobre aquel tema en concreto. Más adelante tal vez, no obstante, en ese momento desde luego no, así que dejémoslo en que la cosa tampoco terminó demasiado bien. – Es lo que pasa siempre. No me importa pero… quiero saberlo si se va a repetir. Eso es todo. – El contrario había logrado prender algo similar a una chispa de esperanza en su interior –leve, frágil y tenue, sí, sin embargo, ya era más de lo que había tenido antes de que sus caminos se cruzasen, por azar o por destino–; no quería ilusionarse en vano. No estaba dispuesta a soñar de nuevo si luego esos sueños iban a ser destrozados, como ya venía siendo costumbre. Poco sabía ella que ese sería precisamente el caso y que aquello le serviría como el último empujoncito para convertirse en la Zaheera que todos conocemos.

Así, terminó por dirigir su vista carmesí hacia una de las otras mesas, más específicamente hacia lo que estaban consumiendo los otros clientes. Ella también quería de eso y, si realmente podía elegir… Dio un pequeño tirón a la chaqueta de Ambrose para que centrara su atención en ella y, después, señaló inocentemente aquello que se le había encaprichado: una taza de chocolate caliente y un crepe salado. Una combinación extraña, sí, pero no más que la que había escogido el otro… ¿O sí?
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Mensaje por Invitado el Vie Ene 31, 2020 1:59 am

Casi sin prestar tanta atención, ya habiéndose ensimismado durante unos ligeros momentos en lo que había ocurrido en su teléfono móvil, el de cabellera azabache tan solo se mostraba desconectado del mundo. No fue sino el sentir de aquellos suaves, aunque notorios, jalones de su chaqueta los que finalmente lo regresaron una vez más a lo que era el mundo real, en el que estaba compartiendo una mesa con aquella muchacha de cabellera ennegrecida que había conocido momentos atrás.

¿Eso mismo? — sus ojos no tardaron en seguir el camino que la contraria había indicado con su mano, algo que a decir verdad se dirigía a la mesa que se encontraba a pocos metros de la propia. Lo que no pudo evitar era el hecho de pensar que en realidad la otra no era realmente conocedora, en cierto sentido, de muchas cosas que allí mismo se servían y por ende estaba dispuesta a probar, y a experimentar, quizá todo cuanto le resultase un poco interesante. ¿Y quién no lo hubiera hecho, en realidad? En algún momento de indecisión llegamos al mismo destino, incluso cuando tan solo queremos algo y no sabemos en realidad qué es lo que nuestro propio cuerpo busca para la verdadera satisfacción.

La combinación no es que le llamase tanto la atención, al menos no por el hecho de que uno de los componentes era excesivamente dulce y el otro, por el contrario, resultaba algo más amargo y salado que el primero. Lo cierto es que tampoco podía decir mucho al respecto de su propio pedido, aunque podía argumentar que a diferencia del otro, pues el propio carecía de ningún componente que fuese en realidad poseedor de altos niveles de azúcar. Esto dejaba por sentado que consistirían en sabores tanto amargos como picantes, salados, peculiarmente fuertes en algún extraño sentido de la palabra.

Está bien. — mencionó al final, manteniendo a pesar de todo aquella expresión de poco interés. No es que no le interesara en realidad lo que quisiera, sino más bien buscaba tampoco actuar algo confundido o con intenciones de menospreciar su pedido, después de todo él mismo le había ofrecido que pidiera lo que en realidad quisiera.

¿La jovencita ya decidió? — la fémina no tardó en acercarse a ellos cuando Ambrose hubiese alzado su mano izquierda, aquella que en realidad se encontraba algo más libre como consecuencia de la posición que había tomado la chica en la silla a su lado. Casi sin efectuar movimientos que fuesen considerados exagerados, asintió con su rostro de manera sutil. — Que sea para ella una taza de chocolate caliente y... — casi sin darse cuenta volvió a mirar a la chica que se encontraba a su lado. En cierto modo la estaba interrogando para confirmar el pedido mientras lo efectuaba, algo que al final solo terminó por ser cancelado para continuar con su orden. — ... y una crepe salada. — al final la petición fue exactamente tal cual había visto en la mesa cercana.

Tradicional, ¿verdad? — inquirió la contraria antes de retirase. Lo cierto es que en lugar de mirar a la chica para cuestionar aquello, Ambrose finalmente tomó la iniciativa de asentir con tranquilidad pudiendo una vez más obtener la privacidad de poder platicar con la contraria sin la necesidad de sentirse, en cierto sentido, observado por la figura de cualquiera de los trabajadores del local... o al menos así era como se había sentido ante la ligera ausencia de la camarera.

Sus palabras, una vez más sobre el abandono y la soledad, ocasionaron que los ojos del masculino se entrecerraran con cierta inseguridad. — Nadie lo sabe. — y sin poder evitarlo fueron sus ojos los que se dirigieron en dirección a la contraria, observándola. Durante unos instantes no sabía en realidad qué más agregar, al menos no hasta que hubo de recordar sus previas palabras al respecto: — Pero sí puedo decirte que te buscaré pase lo que pase. — casi sin realmente proponérselo, fue su mano derecha la que con lentitud comenzó a moverse. No estaba seguro de que fuera en realidad una buena idea pero frente a las reacciones que había tenido anteriormente, especialmente con la extraña camarera que los había atendido, no tenía nada que perder, ¿o sí? Aquella extremidad se encargó de apoyarse sobre sus cabellos sin realmente mostrar ningún signo de hostilidad sino, más bien, todo lo contrario. Desliándose suavemente, aquello se convirtió en una especie de acción para despeinarla y ofrecer una caricia, una muestra de seguridad.

¿Está bien? — inquirió al final, tras unos pocos segundos. Sus palabras apenas se arrastraban pero intentaba no hacerlas sonar demasiado despreocupadas debido a la situación en la que se encontraban, queriendo ofrecer una pizca de seguridad y confianza a la chica como consecuencia de todo lo acontecido recientemente e, incluso, debido a la manera tan peculiar que tenía de actuar ante los actos de aquellas personas que le rodeaban.

{ . . . }


Los minutos pasaron con más rapidez de la que hubiera imaginado siendo el pedido el que hubiera alcanzado la mesa al cabo de al menos unos diez aproximadamente. Ambrose supuso que en realidad la mayoría de las cosas estaban hechas y que, claramente, tan solo eran las bebidas las que en realidad requirieron el tiempo suficiente... eso y el pedido de la fémina, en realidad, porque al menos los líquidos podían hacerse en menos de cinco minutos como tal.

Su pedido, señor... y el de la jovencita. — al dirigirse hacia ella, la camarera no pudo evitar esbozar una sonrisa un tanto más amplia, como si estuviese intentando ganarse la confianza que durante los momentos atrás la pequeña sombra había demostrado que no le iba a ofrecer sin más. — ¿Desean algo más? — inquirió cuando hubiera finalmente acomodado todo delante de sus respectivos clientes.

La salsa picante de su persona era roja, completamente, con una tonalidad un tanto intensa que dejaba en claro una cosa: sí estaba picante y tan solo saltaba a la vista. En cambio el café, a pesar de estar humeante, tampoco es algo que le preocupase mucho en realidad puesto lo bebería con el paso del tiempo y este, tarde o temprano, le reduciría la temperatura de manera suficiente. — Todo está bien... por ahora. — respondió sin más el azabache, permitiendo así que la otra finalmente abandonara el espacio de ambos una vez más, dejándolos solos no sin antes despedirse con un: — ¡Disfruten de su pedido!
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Mensaje por Zaheera el Lun Feb 03, 2020 1:08 pm

La sombra asintió a su primera pregunta sin dejar de señalar aquello que quería hasta que no obtuvo la confirmación de que iba a obtenerlo. ¿Hacía cuánto tiempo que no probaba nada de eso? Más del que le gustaría, eso seguro. No tenía muy claro cuándo había sido la última vez que había tenido algún capricho así o en qué momento había comido algo que le apeteciese; es decir, claro que había comido todo este tiempo pero nada extraordinario ni por placer, tan solo para poder mantenerse con vida. Hacía demasiado que no disfrutaba realmente de los sabores, como si le fuesen indiferentes a más no poder. No obstante, ahora parecía tener la oportunidad de elegir, ¿por qué no aprovechar?

Esbozó una pequeñísima sonrisa durante unos instantes al saber que tendría aquello que había pedido. Desde la distancia sería imperceptible pero, con tan poco espacio libre entre ambos –debido a cómo estaban sentados con tal de que ella fuera capaz de mantener el agarre a la chaqueta ajena–, seguro que, nada más mirarla y sin fijarse demasiado, el otro podría darse cuenta de aquella leve mueca.

Sin embargo, cuando la camarera volvió a acercarse a ellos, sencillamente desapareció; ni rastro de aquella sonrisa, como si nunca hubiese estado ahí. ¿Por qué? No sabría muy bien cómo explicarlo, aunque seguramente fuese por desconfianza. Sabía que aquella mujer solo estaba haciendo su trabajo, que no tenía nada en su contra y que, evidentemente, no le haría daño de ningún tipo pero, a pesar de todo, a pesar de ser plenamente consciente de ello, no podía evitar desconfiar o mostrarse insegura con cualquiera que se le acercase. Podría decirse que el caso de Ambrose era algo así como una excepción a esto, no obstante, recordemos que ni siquiera se había atrevido a tomarle la mano cuando este se la tendió.


– ¿Tradicional? – le preguntó una vez que la fémina se había alejado para dejarlos a ambos, de nuevo, a solas. – Yo lo quiero como ese. – Señaló la misma mesa que antes y el pedido que tenían sobre ella los clientes que la ocupaban tranquilamente, evidenciando que no tenía demasiada idea de qué había pedido exactamente o de cómo se preparaba. Porque sí, tradicional era tal cual aquel del que se había encaprichado, pero eso ella no lo sabía. Hasta cierto punto, desconocía bastantes cosas que alguien de su edad ya debería controlar a la perfección, tal vez debido a la poca –o casi mejor dicho, nula– libertad y educación que había recibido a lo largo de su corta vida.

– ¿Por qué ibas a buscarme? No soy nadie. – respondió, agachando ligeramente la cabeza y sin una expresión clara en el rostro. No estaba triste, no estaba apenada; ni siquiera molesta. No, nada de eso; en realidad le daba bastante igual. Todavía no había definido la extraña ideología que más tarde adoptaría y que la caracterizaría más que nada, sin embargo, ya se podían vislumbrar pequeñas pinceladas de esta aquí y allá. Que no se considerara nadie, entre otras cosas, era una de ellas. – Ni si quiera él vino a buscarme. – añadió al final. No es como si pudiera evitar compararle con aquel al que había considerado –y todavía consideraba, muy a su pesar– un padre; después de todo, los dos habían sido de las pocas personas que la habían tratado bien y que se habían preocupado por ella. Aunque, bueno, uno de ellos ya la había abandonado en el pasado; quién sabe si el otro no haría lo mismo también.

Ahora bien, cuando el contrarió posó su mano sobre su cabeza, Zaheera quedó completamente quieta durante unos segundos que casi le parecieron eternos, paralizada. No importaba si aquel era un gesto bienintencionado o hasta tierno; seguía siendo contacto físico. Sin moverse ni un ápice de su asiento –al menos por ahora–, el corazón de la joven sombra comenzó a palpitar con fuerza y su respiración empezó a agitarse de igual manera.
– No me toques. – murmuró apresuradamente, sin parpadear y tan pálida como si hubiese visto un fantasma frente a ella. Y, por supuesto, deshaciendo el agarre al instante. – ¡No me toques! – repitió, en esta ocasión alzando la voz probablemente más de lo que debería y levantándose de golpe, tirando la silla a su paso.

Ya lo había dicho antes: no quería que nadie más la tocase nunca. Daban igual las intenciones; el tacto de otros sobre ella era algo que, sencillamente, aborrecía con toda su alma; le resultaba repulsivo, casi hasta doloroso. Dio un par de pasos atrás, abrazándose a sí misma, temblorosa y mirándole con ojos llorosos mientras fruncía el ceño; un sinfín de recuerdos a cada cual más desagradable recorrían su mente sin descanso, uno de detrás de otro. Y es que no siempre le tuvo tanta aversión al contacto físico; alguna vez, mucho tiempo atrás, incluso fue una niña cariñosa, no obstante, digamos que hubo un punto de inflexión su vida y todo cambió a partir de entonces. Ahora el más simple de los roces la hacía revolverse por dentro; y no solo a ella.

A estas alturas no era ningún secreto que no terminaba de dominar del todo su poder y que, aquellas ocasiones en las que lo usaba, era movida por instinto o por emociones fuertes. Pues bien, este era uno de esos casos: sin saber muy bien qué hacía realmente, todas y cada una de las sombras a su alrededor comenzaron a agitarse y revolverse. Más aún cuando, en un intento inútil de detener aquellas memorias, llevó ambas manos a sus oídos, tapándolos, y, de la nada, unas pocas lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.

Después de todo, solo era una niña asustada.

Asustada no de hacerle daño a alguien –eso no podía importarle menos–,  sino de las experiencias que había vivido y que la habían llevado a aquella situación.



Off: sorry not sorry, no pude resistirme a montar drama (?)
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Mensaje por Invitado el Mar Feb 04, 2020 1:57 am

Se llama así porque la composición de la masa no lleva agregado alguno. — no tardó en explicar en realidad la razón de aquello. Lo cierto era que tampoco es que fuera algo del otro mundo y la respuesta no era sino un tanto perezosa, pero en realidad tampoco tenía otra posibilidad para poder aclarar la duda de la chica. El hecho de que mostrase tanta insistencia en querer exactamente lo mismo que la otra mesa daba a entender algunas cosas: en primer lugar, ella realmente carecía de ciertos conocimientos, como si se tratase de una pequeña niña casi vacía; en otra instancia, el hecho de simplemente mostrar curiosidad le ofrecía una edad, quizás no física pero sí mental, realmente algo más baja de lo que en realidad podría apreciarse físicamente y esto, en cierta medida, mostraba un poco de peculiaridad en el masculino.

{ . . . }

Casi sin tener ningún tipo de respuesta fue la reacción de aquella joven la que finalmente ocasionó que la mirada del masculino se volviera en su dirección. Su primer frase le hizo casi de un momento a otro entre cerrar la mirada con cierta incredulidad pero el siguiente grito, un tanto enfurecido y hasta entristecido, le ocasionó una peculiar sensación de vacío en lo que era la zona abdominal. Jamás hubiera imaginado que la joven llegaría a ponerse de aquella manera, que actuaría tal y como lo hizo a continuación, y mucho menos que las sombras de cada uno de los presentes alrededor de la mesa en la que se encontraban – incluso en las de todo el local, al menos en el piso que ellos habitaban –, comenzaran a enloquecer de aquella manera tan particular.

Muchos de los clientes se alertaron y se incorporaron a media altura sin realmente poder moverse mucho. Las sombras no se movían y, por ende, los dueños de las mismas no podían abandonar la posición base de las mismas, donde estas y sus cuerpos físicos parecían unirse para hacer un todo de cada uno de ellos. Ambrose era consciente de que si aquello seguía así no tardaría en que alguien, incluso ella misma, pudiera resultar herido como consecuencia del descontrol.

Escucha mi voz, Zaheera. — intentaba de una u otra manera hacer entrar en razón a la joven. Lo cierto era que en parte comprendía que sus emociones se encargaran de manipular sus habilidades y sus poderes sobrenaturales, porque incluso él había tenido aquellos problemas cuando aún era un niño. Eso le permitía al menos comprender en qué estado mental se encontraba la chica, o al menos qué tipo de dominio poseía sobre aquellos y la manera más adecuada con la cual podría llegar a tratarla.

No dejes que tus emociones controlen tu poder. — el masculino no tardó en solicitar aquello con la espera de que bajo algún tipo de conciencia por parte de la chica, esta fuera capaz de simplemente escucharle y aceptar el hecho de lo que estaba sucediendo. Si bien no podía evitarlo completamente, al menos trataría de apaciguar un poco la condición en la que ahora la menor parecía estar sumiéndose: en un completo estado de shock que tan solo empeoraría con el paso de los segundos y minutos.

Con el objetivo de mantener un poco a raya la situación, los brazos del masculino finalmente se extendieron de manera lenta hasta alcanzar una posición paralela al suelo. Casi de manera inmediata una especie de nubosidad, una masa de oscuridad que rápidamente se encargaría de envolver el ambiente a fin de ocasionar una separación un tanto amplia en relación a su persona y a la fémina de los que eran claramente el resto de los individuos. Era una especie de muralla que alcanzaba el metro con setenta centímetros, un poco por debajo de la estatura de su propio creador, para poder observar más o menos lo que acontecía alrededor y poder visualizar, además, el comportamiento de las sombras con el objetivo de saber si aquello en realidad estaba funcionando.

Pero no era así, al menos no de momento. Las sombras aún estaban enloquecidas y hasta parecían querer abandonar el mismísimo suelo para poder no solo atacar a sus dueños, sino abalanzarse sobre todo cuanto estuviera vivo en la habitación.

ZAHEERA. — su voz en ésta ocasión se hizo algo más intensa. No levantó la voz, en realidad, pero sí se hizo escuchar y resonar por todo el ambiente que envolvía aquella situación. Algunos individuos miraron al masculino casi de manera inofensiva, habiendo perdido totalmente la hostilidad y los malos tratos que en algún momento tuvieron que surcar su cabeza como consecuencia de lo que estaba sucediendo. Su Voz Alfa era sin duda una manera más que adecuada para llamar la atención de la chica, para que escuchara sus palabras y para que también tuviera el valor suficiente como para entender qué era lo que estaba sucediendo, lo que estaba haciendo.

¿Por qué no nos calmamos? — la llamativa manera de dirigirse a ella previamente no había sido sino una manera más autoritaria de hacer resonar su tonalidad en el ambiente, buscando claro simplemente apaciguar aquellas reacciones de la fémina en relación a lo acontecido. En este caso, ahora el masculino procuraría buscar la manera más adecuada para poder llevar a cabo un baje a tierra de las emociones contrarias queriendo, después de todo, permitir que el ambiente en el negocio regresara lo más a la normalidad que pudiera en verdad. — ¿Qué piensas? — inquirió con tranquilidad, dando algunos pasos hacia ella pero manteniendo de igual manera una ligera distancia, quizás unos pares de pasos: no quería invadir nuevamente su espacio personal, no después de lo que había acontecido.

Sus ojos se volvieron completamente dorados, destellando con algo de brillo, como consecuencia de la salida a brote de aquella esencia de Sombra que poseía escondido en lo más profundo de su propia persona. Quería intentar empatizar con ella de alguna manera, quizás fuera su esencia la que en realidad tuviera la posibilidad de hacerlo después de todo. Alzó su propia prenda superior, la parte inferior de la misma, como si de ésta manera estuviera ofreciendo una vez más la tela de la chaqueta para que ella tuviera la libertad de sujetarla tal y como lo había hecho anteriormente.

No volveré a tocarte, ¿está bien? — mencionó con una tonalidad totalmente diferente. Si bien su Voz Alfa era autoritaria, no era en realidad que gritase sino que impusiese su voz para hacerse notar. En cambio ahora tan solo mostraba aquella parte de su personalidad más apacible, la que sencillamente se llevaba demasiado bien con los niños más jóvenes, algo que había adquirido con el paso del tiempo en aquél trabajo tan cruel que tendía a realizar. — Nadie te hará daño, te lo prometo. — no es que tuviera el control de las personas a su alrededor ni mucho menos, pero sí podía protegerla de todo aquello a lo que estuviera a su alcance, por eso mismo podía simplemente atestiguar sus propias palabras, asegurándolas incluso si esto era realmente necesario.
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Mensaje por Zaheera el Vie Feb 07, 2020 7:54 am

Estaba completamente sumida en sus pensamientos y en aquel mar de recuerdos que habían despertado en el interior de su mente a causa de aquel simple toque, inocente y lleno de buenas intenciones, pero toque al fin y al cabo. No, en ese momento no era realmente consciente de lo que hacía y mucho menos tenía algún tipo de control sobre las sombras y la oscuridad que, en teoría, dominaba. Es decir, sí, era ella quien las estaba manipulando, claro, nadie ponía eso en duda, sin embargo, no era capaz de hacer que esta misma penumbra la obedeciera. Por no poder, ni siquiera era capaz de dar una orden como tal y que la oscuridad se comportase acorde a sus deseos, aunque… ¿realmente tenía alguno? ¿Había alguna orden que quisiera dar? A decir verdad, no. Solo era su instinto y las emociones que sentía en su interior las que se manifestaban y hablaban de aquella forma.

Poco o nada le importaba si los clientes que ocupaban aquel local al que el otro la había llevado se habían visto alterados, interrumpidos en sus respectivas rutinas o lo que quiera que estuvieran haciendo, o tan siquiera si la miraban o pensaban cualquier sobre ella. Todo eso daba absolutamente igual. Poco peso tenía ya de por sí la opinión de otros cuando se mantenía tranquila; menos lo tenía estando en ese estado.

¿Escuchaba al contrario tratar de dirigirse y razonar con ella? Lo hacía, por supuesto. Sabía que le estaba hablando y distinguía perfectamente sus palabras; el mensaje le llegaba. Quizás algo difuso y lejano, como si le estuviese hablando desde más distancia de la que en verdad había entre ambos, pero sí, le oía. Que fuese a actuar en consecuencia con ello… Eso ya era otra historia. En primer lugar, su cabeza estaba perdida en todos aquellos recuerdos que la acechaban y, en segundo lugar, incluso de haber querido detener las sombras y devolverlas a su estado normal, ¿habría sido capaz? Las veces que lo había logrado –porque tampoco había hecho demasiado uso de su poder a lo largo de su vida, todo hay que decirlo– se debía al fin de la emoción que lo había suscitado todo, a una nueva completamente diferente de aquella, o a ser neutralizada de algún modo.

Desde luego, su dominio de la oscuridad distaba mucho de ser el que debería. Entendía aquello de que no debía dejarse llevar por sus propias emociones y que debía imponer su voluntad a estas, no obstante, era bastante más fácil decirlo que hacerlo. Y no solo eso, de nuevo, ¿había algo para lo que quisiera emplear dichas sombras? ¿Quería siquiera que parasen de retorcerse y revolverse? A fin de cuentas, le era completamente indiferente que alguien resultara herido o no; poco valor tenía la vida en general a sus ojos. No, Zaheera no era una chica agresiva –al menos, no normalmente–, pero no sería la primera ni la última vez que hería a alguien más, o que alguien más la hería a ella.

Tampoco le prestó demasiada atención al muro que el contrario había creado para separarles del resto; tenía cosas que requerían su atención por encima de eso como, por ejemplo, intentar calmarse en la medida de lo posible y buscar alguna manera de acallar sus recuerdos. Porque podría darle igual destrozar aquel lugar o a quienes se encontrasen dentro, pero por nada del mundo quería revivir aquello que se suponía que ya había dejado atrás. “Se suponía”, sí; porque estaba claro que, si tanto la había marcado, sus vivencias seguían más presentes de lo que estaba dispuesta a admitir.

Cuando la escuchó llamarla por su nombre, sin embargo, algo cambió. No sabría decir muy bien el cómo ni el porqué pero, inmediatamente, alzó la vista buscando la mirada ajena y las lágrimas que caían por sus mejillas cesaron al instante. Eso sí que lo escuchó alto y claro, no en la distancia como las palabras anteriores. ¿Por qué? No lo entendía, no obstante, aquello había servido para devolverla a la realidad y sacarla de su ensimismamiento y, por consiguiente, para que la oscuridad que controlaba quedase completamente quieta también. No había vuelto al plano que le correspondía, cierto; todavía conservaba cierta densidad corpórea pero, al menos, ya no se encontraban inquietas, erráticas o enloquecidas. Ahora la quietud dominaba sobre ellas.


– No quise romperlos. – soltó de golpe como respuesta a cuáles eran sus pensamientos. Quizás se viera como algo inconexo y sin mucha relación con lo que estaba aconteciendo y, aunque en parte no podía negar que fuera así, sí que tenía algo más de sentido tomando como base los recuerdos que habían inundado su mente hasta hacía unos pocos segundos atrás. Hablaba de “romper” –tal vez no de la forma más afortunada–, como si se tratase de cosas u objetos cuando, en realidad, se refería a personas.

Y es que nunca fue su intención convertirse en una asesina pero por casualidades de la vida, había terminado como una. Le era indiferente, sí, no obstante, tampoco iba por ahí queriendo acabar con nadie; solo quería estar tranquila. Le daba igual “romper” a alguien o no hacerlo, sin embargo, “romper” no era lo que buscaba y mucho menos lo que pretendía. Pero lo hecho, hecho estaba, ¿no? No podía volver atrás, e incluso si pudiera, nada ni nadie podría asegurar que no fuese a repetir sus acciones.

Sea como fuere, en silencio y tan solo asintiendo, tomó la chaqueta ajena una vez más, agarrándola con cierta fuerza en un intento por terminar de calmarse y dejar que todo volviera a la normalidad.
– ¿Lo prometes? – cuestionó con cierta inseguridad. Quería confiar en su palabra, en él, pero no sabía si estaba preparada para hacer algo que requiriera tanto compromiso por ambas partes como aquello. Algo más serena, recogió la silla que había tirado sin querer al levantarse antes con tanta brusquedad, buscando sentarse sobre ella una vez más y que el otro volviese a situarse a su lado, como si nada de aquello hubiese pasado.


Ya sentada, y habiendo pasado un par de minutos desde este… llamémoslo incidente, esperó pacientemente en su asiento y sin armar ningún escándalo más a ver si les traían aquello que el contrario muy amablemente había pedido para ellos o si, por el contrario y por su culpa, los echaban de allí. Y no, la sombra no se disculpó en absoluto –es más, no dijo nada–; tan solo se limitó a permanecer sentada con los pies sobre la silla que ocupaba, escondiendo su rostro tras sus rodillas y rodeándolas con una mano mientras, con la otra, mantenía el agarre a la chaqueta de Ambrose.
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A chance encounter. | Flashback {Zaheera} Empty Re: A chance encounter. | Flashback {Zaheera}

Mensaje por Invitado el Vie Feb 07, 2020 8:56 am

El ambiente con el paso de los segundos comenzaba a tornarse un tanto más cotidiano. La pesadez de éste, tras aquél comienzo de incidente que había ocurrido con una situación quizás un tanto trivial, ahora desaparecía casi con la misma velocidad con la que el momento había aparecido. Los ojos del masculino no tardaron en clavarse con serenidad en los de la muchacha, queriendo transmitir aquella sensación en la contraria con el único objetivo de simplemente poder ofrecer aquella seguridad de la que en realidad también había hablado.

Lo prometo. — volvió a repetir sus palabras de manera directa. Sensatez era la definición más acertada de su tono de voz al pronunciar aquello y la mirada decidida de su persona no era sino la referencia, quizá y hasta se podría decir la garantía, más adecuada y confiable. Si bien no era una persona en realidad muy expresiva en lo que refería a sus facciones, y hasta incluso cuando se trataba de reacciones u otras emociones, sí era capaz de ofrecer todo aquello, y hasta más, con un simple tono de voz. Después de todo era un lobo, o al menos parte de uno, y esto era lo que en su sangre corría casi de manera innata.

La idea de convivir en manada los volvía fuertes, y a pesar de ser ciertamente independientes no estaban hechos para cazar en solitario. ¿Tal vez por eso parte de su persona se vio en la necesidad de ayudarla? Aunque no era la palabra más adecuada, tan solo tuvo aquella sensación, esa forma de actuar. Por culpa de su cacería, de la del otro individuo para ser más exactos, se había visto envuelta en un combate del cual no tenía ni el mínimo signo de importancia en su vida, y a pesar de haberse encontrado allí tampoco mostró desagrado ni repercusiones contra los agresores – más bien los cazadores – que le habían dado fin momentos atrás.

No has roto nada... ni a nadie. — frunció el ceño durante una milésima de segundo y volvió la vista en dirección hacia las personas que se encontraban alrededor. Ahora que el ambiente se había calmado, y que una vez la chica se hubiera vuelto a acercar a su persona, fue capaz de deshacer la división de oscuridad que los envolvía. Las distancias entre los otros individuos seguía siendo la misma y con el paso de los segundos aquellos, casi como si no hubiera sucedido nada, comenzaban a tomar asiento una vez más. Lastimosamente muchas miradas, independiente de la tranquilidad actual, no se apartaban de la fémina y de su acompañante, mostrando más importancia en la primera aunque sintiéndose relativamente seguros por la presencia del segundo.

Me disculpo con todos por el mal momento que han debido de pasar. — algunos apenas parecían en realidad haber entrado en el estado de tranquilidad cuando las palabras del masculino invadieron el ambiente en general. Lo cierto era que en realidad sus disculpas no iban sino a aquellos grupos más cercanos y que en realidad se habían visto verdaderamente afectados por la situación siendo ésta, tal vez, los pares de grupos que habían tenido que levantarse por el miedo ocasionado que les ofrecieron sus propias sombras.

{ . . . }

¿Señor...? — la empleada del local pareció acercarse al momento de lo sucedido, mostrándose claramente un tanto temerosa por la cercanía para con la chica en cuestión. Por su parte, y ya habiendo tomado asiento junto a ella de la misma manera en que se encontraban momentos atrás, tan solo terminó por aceptar su llamado de atención. — ¿Aún querrá los platos? — claro que los quería y no tardó en asentir sin la necesidad de volver al vista hacia la chica que lo acompañaba. Sabía que, y por la forma en la que había regresado a su lugar, era muy obvia la respuesta.

Y pagaré las cuentas de aquellas mesas. — hizo un pequeño ademán con el rostro señalando a las mesas que más había afectado la situación, aquellas que efectivamente durante varios segundos se los habían quedado mirando como consecuencia de la tranquilidad con la que habían regresado a su posición original. — Por las molestias. — dijo sin más, notando el asentimiento de la muchacha antes de volver a retirarse. Esta vez al parecer se iría con el objetivo de volver, quizás minutos más, con todo lo pedido o eso era lo que él en realidad esperaba. El uso de sus habilidades le despertaba el apetito y a pesar de que no había hecho gran cosa en ésta última situación, la persecución de la noche que le habían dado a la chica dominante de fuego sí que lo había hecho gastar bastante energía.

El hecho de que existiera tanta diferencia en el manejo de las habilidades de uno y del otro era claramente por la educación que habían recibido respecto a sus propias cualidades. Por su parte, Ambrose había sido entrenado para dominar una manada y hacerse cargo de la misma, de mantener a raya los incidentes y de ofrecer las soluciones más prácticas a los suyos. Por parte de su madre, quizás el dominar cada segmento de la propia oscuridad como si fuese una extensión de su propio cuerpo, y el hecho de combinar ambos solo daba como consecuencia a un híbrido peligroso, capaz de imponerse a simples lobos como lo habían sido su manada anterior, la misma que lo había abandonado cuando casi moría en una sangrienta batalla.

Te ayudaré a controlarlo, ¿está bien? — no podía dejarla a su suerte. Lo que no sabía era que su lado alfa era el que tomaba parte de la decisión, como si estuviese intentando reclutar nuevamente a miembros para su propia ‘familia’, porque en efecto de eso se trata una manada como tal. Sin embargo era consciente de que sus poderes, los de la fémina, no estaban sino rasgando apenas la superficie y que con el suficiente tiempo, así como también con la educación adecuada, podría hacer tanto como él – incluso más, dado que sangre era más pura que su persona –.

{ . . . }

La empleada del local no tardó en llegar más de cinco minutos con los platos de comida, y las bebidas además, que cada uno de ellos había pedido. Tras dejarlo sobre la mesa, frente por frente a cada uno respectivamente, no tardó en llevar las manos a la altura de su falda para ofrecer una peculiar y cuidadosa reverencia. — Espero que todo sea de su agrado. — y tras ello no hizo sino más que retirarse para poder dejar solo a los dos individuos con la intención de que, de esa manera, poco a poco comenzara a regresar a la normalidad.

Que aproveche. — dijo la quimera sin dar opción alguna de que se pudiera decir algo más. Algunos de sus bocadillos fueron tomados con cuidado, más bien uno de éstos, y no tardó en ser llevado hasta su boca para poder saborearlo.
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Mensaje por Zaheera el Mar Feb 11, 2020 7:05 pm

Desvió la mirada hacia Ambrose, clavando su mirada rojiza en la contraria sin una expresión clara. Vale, lo había prometido pero… ¿y ahora qué? ¿Realmente podía confiar en él con tanta facilidad? ¿Eso era todo? ¿Nada más? ¿Tan… sencillo? Es decir, ¿por qué iba a protegerla en realidad? Apenas se conocían y, a pesar de lo amable que se había mostrado hasta entonces, ella tan solo se había dejado llevar por sus emociones y había armado un escándalo sin venir a cuento. No, Zaheera no era nadie importante ni nadie especial, y eso lo sabía muy bien. En ese caso… ¿por qué prometería el otro que cuidaría de ella? ¿Qué motivo había detrás de ese gesto? Porque… alguno tenía que haber… ¿No?

Parte de ella quería… No, mejor dicho, deseaba, ansiaba, necesitaba creer que sería así; que cumpliría esa promesa que acababa de hacerle, que no la dejaría, que la protegería, que no iba a abandonarla también como muchos otros habían hecho ya en el pasado. Pero esa era la cuestión: la sombra ya había experimentado la traición y el abandono. Y, si bien ahora parecía ser algo que ya diera por hecho y que, por ende, no le importase tanto –básicamente por haberse acostumbrado a ello–, no resultaba una experiencia agradable. A la vista estaba que, lo que una vez fue una niña alegre y cariñosa, ahora era poco más que una chica desconfiada e inestable. Y, aunque todavía era pronto para decirlo, el futuro solo la retorcería más.


– Ahora no. Pero antes sí. – respondió con un tono sorprendentemente neutral teniendo en cuenta la escena que había montado instantes atrás. No aclaró exactamente a qué se refería con “antes”, no obstante, resultaba evidente no era una joven tan inocente como su rostro podría hacerla parecer. No tenía ningún problema para hablar sobre ello pero quizás ponerse a narrar con detalles cuántas vidas había quitado, cómo y bajo qué circunstancias, después de aterrorizar a los clientes de aquel local no sería lo más apropiado. No nos confundamos tampoco: a ella no podía importarle menos la imagen que fuera a transmitir, sin embargo, dándole un pequeño voto de confianza al contrario, decidió guardar silencio. Estaba bien si a ella la veían como a un monstruo pero aquel hombre solo se había portado bien con ella –y cabe destacar que sin pedir nada a cambio–; no quería que pensaran algo malo de él solo por mantenerse a su lado.

– Me da igual romper a alguien. – confesó, aún mirándole a los ojos. – Pero no es lo que pretendo… – añadió al final, agachando la cabeza y perdiendo la vista en el suelo. Quería que eso quedara claro: no tenía remordimiento alguno, no se arrepentía de las cosas que había hecho, no obstante, ella no era esa clase de persona que iba buscando problemas. Tal vez era algo que no necesitaba ni decir, pero casi lo sentía como un deber. Por si acaso. Porque si iba a confiar en él, ¿qué menos que saber con quién estaba tratando?

Después de soltar aquello, tan solo se mantuvo en silencio, escuchando al contrario disculparse cuando él no había hecho nada; todo lo contrario, de hecho. Si acaso, la había parado y había evitado que aquello se descontrolase todavía más. Quién sabe lo que podría haber pasado de no haber podido hacerla entrar en razón de alguna forma. Eso sí, ella no se disculpó con nadie; no lo sentía lo más mínimo y tampoco lo sentiría de haber llegado a mayores. Podía ser muchas cosas pero, por lo pronto y en aquel momento, aún no se había convertido en ninguna mentirosa; si no lo sentía, no se disculparía; fin de la historia.


– ¿Por qué eres tan amable? – preguntó de golpe tras oír que la ayudaría a controlar mejor aquel poder que, en principio, compartían, después de haberse quedado callada aun cuando el otro había insistido en pagar las cuentas de unos desconocidos. No, no lo entendía. Para nada. Quizás por lo poco común que le había sido encontrarse con personas así; después de todo, la gente que había conocido siempre buscaba algo a cambio, fuera lo que fuese –dinero, favores, poder… lo que sea–. – ¿No vas a pedir nada por eso? ¿Por qué te has disculpado con ellos? – cuestionó, alzando levemente la cabeza y dirigiendo la vista a él, como interrogándolo con la mirada y visiblemente confundida por sus actos. Al fin y al cabo, a sus ojos, aquello no tenía ningún sentido.

La sombra se mantuvo tranquila sentada de aquella peculiar manera sobre la silla sin hacer ningún movimiento ni comentario destacable… hasta que vio su pedido llegar a la mesa que ambos ocupaban. En ese preciso instante, bajó las piernas del asiento y se acercó a la mesa todo lo que pudo, contemplando aquellos platos que, ahora y por primera vez en mucho tiempo, eran suyos. Se veían tan bien… Y olían aún mejor.

Dejando a un lado las extrañas combinaciones que ambos habían escogido, aquello no era nada fuera de lo normal, sin embargo, para Zaheera… Era como si nunca hubiese visto nada igual, como si lo que tenía delante, más que unas bebidas y unos platillos sencillos, fuese una especie de tesoro o algo similar. Estaba emocionada, mucho; más de lo que habría imaginado nunca que podría estarlo. Sus rojizos orbes brillaban cautivados e ilusionados a más no poder; un gran cambio teniendo en cuenta la apatía general y la desconfianza con la que se expresaba –por no hablar de ese momento de turbación que había experimentado y que había desencadenado en aquel incidente, claro–. Se comportaba como una niña pequeña, como siempre debió haber sido. Era feliz, simplemente eso.

Un pequeño momento y un pequeño gesto sin importancia aparente significaban todo un mundo para la joven que, ahora, hasta mostraba una sonrisa sincera y las mejillas ligeramente sonrojadas; cosa rara de ver en ella.
– ¡¿Puedo?! – Quiso saber, al ver a Ambrose llevarse sus respectivos bocadillos a la boca. Sí, tal vez se dejó llevar y alzó la voz algo más de lo debido pero, a diferencia de la vez anterior, se mostraba alegre e infantil, casi pareciendo estar pidiéndole permiso a un padre o a un hermano mayor a quien, ¿por qué no decirlo también? Miraba con un poquito de admiración.
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Mensaje por Invitado el Mar Feb 11, 2020 8:50 pm

Es mi forma de ser. — ¿acaso podía decir otra cosa? En realidad no es como si fuese así con todo el mundo en general sino más bien tan solo con las personas jóvenes, con los niños más que nada. Aquellos eran su debilidad y dejaba de lado su propia personalidad para poder darles lo más que pudiera, queriendo tan solo conocer su sonrisa o algo que fuese capaz de simularla. — Me gustan los niños... — medita ante sus propias palabras, organizando quizás un poco mejor el sentido de la frase o quizás más bien la forma en la que era enunciada la misma. — ... quizás deba decir que me siento a gusto tratando con ellos. — al final era una forma más sutil de que se llevaba bien con ellos, pero sin querer ofender a la contraria por haber brindado aquél tipo de relación entre ella y alguien de una edad mucho más joven que la que en verdad podría poseer.

La expresión de la muchacha no hizo sino que su cuerpo sufriese algún tipo de escalofrío un tanto placentero. ¿Cómo era posible que una chica pudiese ser tan adorable? Especialmente cuando, algunos momentos atrás, fue la propia presión ambiental la que estaba cambiando como consecuencia de una ligera alteración de su humor. Era bastante increíble, después de todo, el hecho de que alguien tan joven – o al menos así lo aparentaba por su actitud –, tuviese en el interior de su cuerpo tanta capacidad para manipular las sombras así como la oscuridad y era por eso mismo que él se veía bastante reflejado en ella, en su comportamiento.

Claro que puedes. — dijo al final, haciendo caso omiso a sus propios pensamientos para poder responder a la contraria. El hecho de ver aquellas reacciones, esos ojos que denotaban entre la belleza de ver algo nuevo, la deslumbrante idea de encontrarse con lo grande que era el mundo e incluso la sorpresa que significaba recibir aquello para sí misma... era la suma perfecta de lo que podía decirse una sorpresa ideal. Por una simple razón sentía cierto apego para con los niños pequeños y aquella era la expresión más adecuada para dar a entender sus propias razones de ofrecerles ayuda cuando lo necesitaban sin pedir nada a cambio. Era un embaucador, sí, pero eso no le hacía ser una mala persona y mucho menos cuando se trataba de jóvenes que efectivamente lo parecían necesitar.

¿Por qué? — bueno, la pregunta en realidad no era realmente mala sino más bien bastante particular y comprensible, al menos si se ponía en los pies de alguien que al parecer no tenía muestra alguna de misericordia. Por algunos momentos fue capaz de mentalizar la mejor manera de responder a la contraria de una forma en que tuviera lógica, o al menos fuera suficiente para que la chica comprendiera un poco más la situación en la que estaba metiéndose... o simplemente porque simplemente entendiera la posición de él frente al momento vivido. — Lo hice porque ellos pasaron un mal momento y eso no se debe hacer. — comenta con tranquilidad observando a la mayoría de los presentes, deslizando a través de las mesas su mirada casi de manera inconsciente a medida que hablaba.

Salen a comer para pasar un momento tranquilo y fuimos un poco groseros, ¿no te parece? — no es que entendiera su postura, ni siquiera entendía el hecho de que no se hubiese disculpado dado lo que había sucedido pero tampoco podía imponerle a hacer cosas que no quisiera realizar. Después de todo cada quien con su educación, y por su parte debían de responsabilizarse por lo sucedido: y por su parte se sentía bastante responsable de lo que había ocurrido porque era quien había tenido el atrevimiento de tocar a la fémina, siendo aquello el detonante suficiente como para que la menor terminase explotando. — O quizás no. — pensó aquello al momento de diagnosticar mentalmente la reacción de la otra, aunque sin siquiera intentar regañarla debido a que tampoco comprendía su situación, el trasfondo de su condición, como para poder darse la vaga idea de su forma de ser.

Los picantes que le habían traído no eran realmente algo que le desagradase totalmente, sino más bien todo lo contrario. Poseían un sabor bastante particular, llamativo y hasta atractivo, los cuales seguramente ofrecían la combinación más adecuada para con la bebida que había sido seleccionada por su persona. El hecho de que el café fuese totalmente amargo le daba la posibilidad de disfrutar de un sabor contrastado para con el tentempié. Por su parte, la combinación ofrecía una especie de sabor refrescante en su boca cuando ingería a continuación aquél líquido amargo, casi como si fuese el mismo efecto que la menta cuando inhalabas con profundidad.

¿Quieres? — preguntó a la chica, sujetando con su extremidad el plato que traía aquellos bocadillos y alzándolo lo suficiente como para acercarlo hasta ella. No iba a sujetarlo con su propia mano porque lo consideraba un poco desubicado, al menos por alguna razón extraña. Nunca le había gustado que tocasen su comida, absolutamente nadie, y por ende no era de los que hicieran efectivamente lo mismo: le habían enseñado que no se debía hacer aquello que uno no le gustaba que le hicieran, después de todo. — Tal vez pique al principio, pero si bebes algo sentirás como se refresca tu garganta. — o al menos parte de ésta, quizás y hasta el resto de su faringe así como también su esófago, era algo raro sí pero ciertamente bastante disfrutable, al menos para él.

¿Qué tal está lo tuyo, Zaheera? — en realidad sabía bien cómo era el sabor de aquello que había pedido la chica pero debido a que se trataba de una experiencia completamente nueva para ella, efectivamente quería conocer realmente sus impresiones. Desde su primera idea, hasta el sabor que invadía su boca, todo cuanto fuera posible de lo que pudiera explicarle. — ¿Te gusta? — y es que tal vez el hecho de saborear algo quizás nuevo para ella no significaba, en realidad, ciertamente que vaya a disfrutarlo, ¿no? Después de todo no a todos les agradaba lo mismo ni mucho menos, y por más que fuese algo ‘sencillo’ tampoco era fiable que fuera algo que realmente le llamase totalmente la atención.

Tal vez la chica no se diese cuenta, o quizás sí, pero tampoco era algo que fuera capaz de revertir de manera alguna. Las miradas de algunos clientes, quizá los más cercanos a su mesa, se volvieron en varias ocasiones desde que la chica había elevado la voz para poder observar cómo se desenlazaba aquella tan rara reunión, buscando tal vez una excusa suficiente como para abandonar el local o, más bien, queriendo hacer que los quitasen a ellos pero por su parte esto no sería algo que fuese capaz de ocurrir dado que tenía toda la intención de mantenerse allí, disfrutar de su comida y ofrecer un buen ambiente a la chica como se lo había prometido.
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Mensaje por Zaheera el Lun Feb 17, 2020 4:58 pm

Sus carmines ojos se iluminaron todavía más al escuchar que, en efecto, tenía todo el permiso del mundo para disfrutar de aquello que la camarera les había servido apenas unos instantes atrás. Asintió con energía y dirigió la mirada hacia la comida y la bebida que ahora le pertenecían. Porque sí, eran suyas. Por primera vez en quién sabe cuánto tiempo, podía decir que algo era suyo y que, además, ella misma lo había elegido. Sí, está bien, quizás su elección fue un poco al azar –porque si los ocupantes de la otra mesa hubieran tomado cualquier otra cosa, siendo sinceros, lo más probable es que Zaheera los hubiese copiado también independientemente de lo que estuvieran consumiendo–, pero la decisión había sido suya al fin y al cabo.

Valiéndose de los cubiertos, comenzó a partir el crepe poco a poco para llevárselo a la boca; y cabe destacar que se manejaba bastante bien con aquellos utensilios a pesar de lo que uno podría haber esperado por la aparente falta de conocimiento que había mostrado tener en algunos ámbitos. Eso sí, mientras tanto, no le quitaba la vista de encima al otro. Intentaba que fuera algo disimulado, sin embargo, no nos engañemos, de disimulo aquello tenía poco. Es más, si acaso, solo conseguía el efecto contrario; que fuese evidente.

¿Que por qué? Bueno, al principio solo le había visto como a un cazador cualquiera y después como a alguien a quien poder copiar la técnica y el uso de sus poderes –porque, al menos a simple vista, los de ambos se veían prácticamente idénticos. Con la diferencia de que uno sabía cómo manejaros y la otra no, por supuesto–. No obstante, ahora realmente comenzaba a creer que el contrario era una buena persona.

No es que antes pensara lo opuesto, pero que desconfiaba estaba claro. Aunque no nos confundamos, ahora no tenía una fe ciega en él ni muchísimo menos; sencillamente, comenzaba a comprenderlo. Es decir, se había comprometido a enseñarle a controlar las sombras, a cuidar de ella, a buscarla en caso de que pudiesen llegar a separarse en algún punto y, además, la estaba invitando a comer, la había detenido al momento del incidente y, por si fuera poco, también se había disculpado con el resto de clientes por las molestias que ella había causado. Y todo eso sin pedir absolutamente nada a cambio.

Sería leve y tenue, sí, pero casi podía decirse que, en cierto modo, había conseguido despertar la chispa de una esperanza que la joven creía ya perdida. Tenía futuro; él lo había dicho. Y quizás fuese cierto. Tal vez pudiese llegar a ser como él en algún momento.


– Tú no hiciste nada; fui yo. – No tendría ni la menor intención de disculparse con los presentes por la tensión que había generado minutos atrás, no obstante, era plenamente consciente de lo que había hecho y de que ella había sido la única culpable. Ciertamente, todo había sucedido a raíz de que el otro la tocara, sin embargo, también era capaz de comprender que no era como el resto y que no lo había hecho con mala intención. Remordimientos no, pero conciencia sí que tenía. – ¿Debería sentirme mal por ellos? No me siento mal. – confesó, completamente tranquila y en paz con las acciones que había llevado acabo y que, de no haber sido detenida, a saber cómo habrían terminado. – Yo también he pasado malos momentos y nadie nunca se ha disculpado conmigo.

Todavía con aquel brillo que delataba la emoción y la ilusión que le generaba un gesto tan simple como que la invitase a comer algo, volvió a asentir ante el ofrecimiento ajeno. Tomó uno de los bocadillos y se lo llevó a la boca inmediatamente mientras movía las piernas de forma alegre e infantil. Movimiento que, dicho sea de paso, poco duró. Su rostro al completo no tardó prácticamente nada en ponerse rojo; por no poder, ni siquiera tuvo tiempo de alcanzar algo que beber como el mayor le había indicado.

Picaba bastante más de lo que hubiera podido imaginar –o quizás sus papilas gustativas fuesen más sensibles que las contrarias; quién sabe–. Comenzó a toser casi al mismo tiempo en el que sus mejillas se coloraron, sin embargo, pronto aquello dejó paso a una pequeña, sutil e inocente  pero divertida risa. Había sido todo un descubrimiento; nunca había probado algo así. O, al menos, no que ella recordase. Porque no olvidemos que no tenía información ni memoria alguna anterior a los nueve años.


– Está bueno; me gusta. – comentó sonriente, con la boca llena y de manera apenas entendible después de probar su parte del pedido. No sabía qué más decir al respecto; no por falta de conocimiento o de vocabulario, sino porque no estaba acostumbrada a que le pidiesen opinión y, por ello, no tenía muy claro sobre qué aspectos debería hablar.

Tragó rápidamente y se dispuso a devorar el plato a una velocidad asombrosa, como si hiciera días que no probaba bocado. Al terminar, se relamió los labios y fijó su atención en la taza de chocolate caliente que tomó con ambas manos para acercarla a su rostro y dar un pequeño sorbo. El contraste entre una cosa y la otra era de lo más curioso aunque, eso sí, debía admitir que prefería el primero al segundo.
– Esto no está mal… Pero me gusta más lo otro… – reflexionó en voz alta, dando otro trago. No, no le disgustaba; para nada. Solo prefería lo salado a lo dulce; eso era todo.

Dejó la taza sobre la mesa una vez más, todavía sin soltarla debido al agradable calor que sentía al tenerla entre las manos y se dispuso a hablar de nuevo, añadiendo algo más de información a la poca que había ofrecido:
– Me recuerda un poco a la comida que hacía papá. No sabía cocinar pero lo intentaba. Sabía como esto pero… peor; porque esto está bueno y eso no lo estaba tanto. – Sonrió vagamente y con ciertos aires de tristeza, perdiendo la vista en el contenido que quedaba en el interior de la taza al momento de desvelar quién era la misteriosa figura masculina a la que anteriormente se había referido sencillamente como “él”.
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Mensaje por Invitado el Mar Feb 18, 2020 2:39 am

A veces no se trata de disculparse por sentirte mal como consecuencia de lo ocasionado. — intentaba llegar a una explicación acorde, con la suficiente razón como para que ella entendiera y no se encerrase en lo que parecía ser, aquél, su aparente pensamiento respecto a lo ocurrido. — ¿Cómo decirlo? — casi de manera inconsciente llevó uno de sus bocadillos hasta sus propios labios para poder así ganar algo de tiempo, o al menos intentarlo con aquella comida que había pedido para poder disfrutar de una aparente cena con la muchacha. — Sino de buscar la manera de hacer sentir bien a los demás para que no perjudiquen el ambiente en el que queremos estar. — ¿tal vez aquella era una manera de decirlo? Lo cierto es que sí quería estar allí con la chica, porque en realidad era el lugar al que la había invitado después de todo. Si tuviese la intención de simplemente abandonar el lugar tampoco se hubiera molestado en ofrecer sus palabras, ya que de aquella manera se hubiese obtenido la excusa perfecta para poder retirarse sin siquiera disfrutar de alguno de los platos que hubieran pedido como consecuencia.

Todos hemos llegado a pasar malos momentos. — aunque no era quién para poder hablar por lo sucedido en la vida de aquella muchacha, el hecho de que su persona estuviese diciendo aquello solo permitía así que se liberase una especie de aura tensa alrededor de Ambrose, al menos por una milésima de segundo. Esperaba que la chica no notase aquello, siendo más que nada apenas una especie de liberación de tensión como si de un ligero suspiro fuese emitido por sus propios labios, desapareciendo casi al mismísimo instante que hubiera tomado algún espacio alrededor del de cabellera azabache.

En su memoria aún residían los momentos cuando era tan solo un híbrido, siendo aquella una época donde la situación para su persona no era sino una constante de caída y golpes contra el suelo aprendiendo a dominar aquella posición suya: la de un verdadero líder, un alfa en toda las letras. — Pero a veces no es cosa de qué tan mal lo hemos pasado, sino de cómo nos levantamos para seguir adelante. — su reflexión no fue algo que en realidad no hubiera hecho por su propia cuenta en algún momento, muy a pesar de las dificultades que tuvo que pasar. Los arduos entrenamientos, incluso las variopintas peleas y combates que había tenido por adquirir aquél título, todo se había hecho con el único fin de fortalecer a la persona que había en su interior y que con el paso del tiempo, quizás más lento de lo que esperaba, adquiriese el conocimiento que ahora era capaz de transmitirle.

Era imposible saber en realidad cómo lo había pasado ella, quizás y hasta en algún momento incluso peor de lo que él mismo. Sin embargo tampoco iba a preguntarle al respecto, básicamente porque se sentía muy incapaz de hacerlo, de querer recordarle su vida pasada, cuando un simple contacto la había vuelto prácticamente descontrolada.

Me alegra saber eso, Zaheera. — sus labios esbozaron una suave y sutil sonrisa al escuchar las palabras. Le resultó prácticamente imposible no demostrar un poco de ternura en su expresión casi indiferente, dejando en claro una cosa: sí era capaz de sentir después de todo y lo estaba demostrando para con la chica. La ternura que irradiaba en esos momentos casi parecía opacar en su totalidad, o al menos a ojos de la quimera, aquella situación en la que la chica se había vuelto prácticamente una sombra asesina con la capacidad de controlar al completo las sombras de los clientes cercanos a su posición. No es que esto en realidad fuese algo a lo que le temiese, ni mucho menos, porque en realidad dada la condición de su trabajo debía de hacer frente a individuos muy poco comunes, incluso más extraños que él y sus cualidades: después de todo una sombra no era para nada extraña, al menos no para él que en realidad llevaba la sangre de una por sus venas.

Así que, ¿prefieres las cosas saladas? — era un buen dato a tener en cuenta después de todo, porque al menos ahora sabría cómo deleitar el paladar de la muchacha en cuestión. Era consciente de que al ver cómo la chica terminaba su platillo, la mesera se volvería a acercar ya que éste era su funcionamiento, con la intención de objetar respecto a algún otro plato que deseasen probar. Fue por ésta razón que los ojos del masculino comenzaron a recorrer, quizás con algo de diligencia y sumo disimulo, las diferentes propagandas que había alrededor con el mero objetivo de descubrir algún postre que fuera capaz de satisfacer el paladar de la muchacha.

¿Un cheesecake entonces, señor? — rectificó la fémina una vez Ambrose hubiera ofrecido el pedido. — Así es, y un lemon pie para mí. — mencionó dando como añadido el postre que él mismo iría a probar. No es que fuera a elegir solo él, pero quería primeramente ofrecer a la chica algo que posiblemente fuera a disfrutar antes de intentar hacerla escoger algo que tal vez no fuese a ser de su verdadero agrado. — ¿Y nos podría dejar una carta? Quizás ella desee algo más. — y dicho aquello la muchacha asintió, dejando en claro que la traería al momento de entregar los postres previamente mencionados, siendo algo que no tardaría más que unos escasos minutos si es qué.

Así que su padre era aquella persona que había mencionado en algunas pocas ocasiones previas. Los ojos de Ambrose mostraron una especie de empatía poco particular: entendía bien el significado de la desaparición de un padre, quizás y hasta el abandono del mismo porque eso había sucedido con él. Siendo dado por muerto por sus compañeros y su propia familia, incluso su propio padre, al final solo fue dejado como consecuencia de su ascendencia lupina en un desamparado espacio con la intención de recibir a la tan afamada muerte. SI no fuera por ella, por aquella mujer a la que pudo llamar su primer amor, ahora mismo no estaría allí y sin duda alguna le debía más que su propia vida, porque esa oportunidad que ahora tenía no podía pagarla jamás.

Tal vez dejando de lado un poco esa situación, puedo decir que esa agradable saber que estás disfrutando de mi invitación. — aunque lo cierto era que ella misma había hecho el pedido, quizás y copiando a una mesa cercana, sí, pero claramente teniendo su propia decisión al respecto. — Ahora pedí un postre algo salado que tal vez te guste, luego me dices, ¿sí? — su tono de voz era suave y hasta tranquilo, un tanto delicado y casi como demostrando comprensión respecto al pasado vivido, a la tristeza reflejada no solo en sus ojos sino también en su propia tonalidad.

Pero antes de que pudiera continuar, de que fuera capaz de objetar algo más, la mesera se acercó a ellos con dos platitos. Dejando uno frente a cada uno de ellos, lo siguiente que hizo fue enseñar a Ambrose la carta que le había pedido para dar un paso hacia atrás. — Que disfruten. — dijo sin más, abandonando una vez más la escena para dejar una vez más en casi total privacidad, y no completa porque aún habían unos pocos clientes en los alrededores de su mesa, a aquel dúo de sombras. No tardó en dejar la carta sobre la mesa, a la altura de la chica casi por frente a su posición pero detrás del nuevo platillo que le había hecho traer.

Antes de probar el propio, tomó el cubierto que le correspondía y trozó una porción suficiente como para cubrir el platinado utensilio. El mismo no fue llevado a su boca sino a la de la muchacha, ofreciendo de ésta manera en primera instancia que probase algo diferente a lo que comería a continuación, queriendo que sus pupilas tuvieran la posibilidad de disfrutar de aquella combinación de sabores que iba a experimentar el masculino algunos instantes más tarde. — ¿Qué me dices? — mencionó, haciendo una doble referencia en esos momentos. En primer lugar, buscaba que la chica aceptase dado que aún no había tocado el utensilio con su propia boca, era un ofrecimiento completamente limpio para ella. Y en segundo lugar, claramente, quería saber qué tal estaría para su paladar aquella selección de sabores que, a decir verdad, al masculino le causaba un cierto agrado poco común.
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Mensaje por Zaheera el Vie Feb 21, 2020 2:58 pm

¿De qué estaba hablando? No es que no entendiera sus palabras, porque evidentemente sí que lo hacía, sin embargo, el mensaje que el otro trataba de transmitirle no tenía el menor de los sentidos para la mente de la joven sombra. ¿Disculparse no era algo que se hacía cuando se reconocía que se había tenido un mal comportamiento y uno se arrepentía de ello? ¿Cuál era el punto de disculparse si no era de forma genuina y auténtica? ¿Eso no sería una mentira? Demasiadas preguntas rondaban la mente de la pequeña Zaheera como consecuencia de lo que intentaba inculcarla aquel que había prometido enseñarle a dominar su poder.

– ¿Por qué debería querer que se sientan bien? A mí me da igual cómo se sientan y a ellos también les da igual cómo se sienta yo. – afirmó segura de sí misma poco antes de tomar de nuevo la taza y alzarla para llevársela a la boca con la intención de dar un nuevo sorbo a su contenido, por mucho que su sabor no fuese su favorito. No es que le desagradase el chocolate ni los dulces en general, pero aparentemente prefería lo salado un millón de veces. Aun así, ya que Ambrose se había tomado la molestia de invitarla y, teniendo en cuenta lo bien que la estaba tratando a pesar de todo, tampoco podía simplemente dejar la taza llena. No, para la extraña y curiosa moral que poseía Zaheera aquello no sería lo correcto; se la terminaría y le daría las gracias por ello. Por todo.

– Tampoco me importa el ambiente. Si me miran bien o mal… Me da igual. Pueden pensar lo que quieran. – añadió, dejando la taza sobre la mesa una vez más. En efecto, el resto de clientes podían tener la opinión que fuera sobre sí misma o sobre lo que había hecho unos minutos atrás –o hasta de lo que podía haber ocurrido de no haber sido detenida a tiempo–; nada de eso le afectaba. Eran... libres, en cierto modo. Así lo veía desde aquella perspectiva incompleta e infantil que todavía tenía y que, sin saberlo en ese momento, en el futuro desarrollaría y se convertiría en el motor de su vida. Ese mismo motor que pudo haber sido el contrario, pero bueno, no todas las historias pueden tener finales felices.

Sea como fuere, desvió la mirada hacia el resto de personas que se encontraban en el local al mismo tiempo que pronunciaba lo anterior, centrándose en cada uno de sus rostros, tratando de descifrar qué expresión tendrían. Aunque cabe destacar que aquello no era una tarea sencilla; la menor tenía unos cuantos problemas de visión que le dificultaban el reconocimiento de algo tan sencillo como una cara. Es más, nunca había visto su propio rostro.
– No puedo verles, así que es fácil que me de igual. – confesó sin aclarar muy bien a qué se refería con eso de no “poder verles”. Instantes después, giró muy levemente su cabeza hacia el contrario, examinándole con la mirada; seria, sí, pero bastante cómoda con su compañía. – ¿Cómo eres? – soltó de repente, moviendo una de sus manos frente a su rostro inocentemente y con curiosidad por escuchar la respuesta.

– ¿Seguir adelante? – apartó la vista de él, dirigiéndola ahora al poco chocolate que le quedaba, contemplando su propio reflejo –o intentándolo, porque solo veía un rostro vacío–. – ¿De verdad puedo hacerlo? Antes… Antes has dicho que tengo futuro. – Esbozó una pequeña sonrisa, tranquila pero feliz. – ¿Es cierto? – Dadas sus experiencias, no podía evitar albergar ciertas dudas al respecto, no obstante, parte de ella quería creer que así era; que también podía llegar a ser alguien como él. Con la timidez de un infante, llevó la mano a uno de sus negros mechones, apartando un poco su cabello y dejándolo tras su oreja, asintiendo con energía a su pregunta. Las prefería, claro que sí. – Me gusta el sabor; está rico. – admitió, relamiéndose solo de recordar lo que acababa de comer.

Mentiría si dijera que no le sorprendió que fuese a pedir algo más, pero tampoco dijo nada al respecto. Lo que sí hizo, sin embargo, fue fruncir un poco el ceño a la camarera; por desconfianza más que nada. Aunque, siendo sinceros, deberían ser los otros quienes desconfiaran de la pequeña sombra –si es que no lo hacían ya, claro– por el espectáculo que había montado antes a raíz de unas pocas y bienintencionadas caricias.


– ¿Por qué pides algo más para mí? No tienes por qué hacerlo… N-No es que no me guste pero… Es… raro. – No tenía ni la menor idea de cómo describir aquella sensación, no obstante, no estaba para nada acostumbrada a recibir un trato tan bueno y amigable e, hiciera lo que hiciera, era un hecho que saltaba a la vista; estaba sobrecogida por la amabilidad ajena. Aunque no rechazaría ni se negaría a ese postre que había pedido para ella; todo lo contrario, lo aceptaría con mucho gusto.

Cuando aquel par de platos estaban ya sobre la mesa, los ojos de Zaheera volvieron a iluminarse llenos de emoción. Todavía no habría probado bocado y ya estaba emocionada solo con tenerlos delante; pero es que se veían bien, olían bien y… uno era suyo. ¿Cómo no iba a hacerle ilusión? Ahora bien, lo más sorprendente para ella fue que el otro le ofreciese del suyo antes siquiera de habérselo llevado él mismo a la boca. Tanto fue así, que se quedó un par de segundos mirando el cubierto, como procesando la situación antes de actuar.
– Eres muy amable. – Fue lo único que alcanzó a decir, lentamente y sin una expresión clara en el rostro, limitándose tan solo a mirarle a los ojos. – Papá también lo era y me vendió. Tú no vas a hacerlo, ¿verdad? Te quedarás conmigo y me enseñarás y… y no dejarás que me vuelvan a hacer daño, como dijiste, ¿verdad? – Volvió a agarrar su chaqueta con fuerza. ¿Verdad? – preguntó, con un hilo de voz y los ojos vidriosos.

Ahora que tenía esa chispa de esperanza, por pequeña que fuera, no podía dejarla ir; se aferraría a ella como a un clavo ardiendo. Porque, a fin de cuentas, era lo único que le quedaba para, como Ambrose había dicho, levantarse y seguir adelante.
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Mensaje por Invitado el Sáb Feb 22, 2020 9:20 am

¿Cómo soy? — a decir verdad aquellas palabras le tomaron por sorpresa ya que era la primera vez que alguien le hacía aquél tipo de pregunta. ¿En qué sentido? — ¿A qué te refieres? — ¿en lo que refería a personalidad? Ni siquiera él mismo podría identificarse de esta manera, después de todo era bastante difícil que alguien pueda autoanalizarse sin la necesidad de ser capaz de tomar una postura lo suficientemente neutral como para no exagerar, ya sea en puntos positivos como negativos, a decir verdad. ¿Físicamente, entonces? Más bien su rostro podría ser pero es que... ¿acaso no le estaba mirando? Sus ojos se cruzaron con los de ella enseñando una expresión, si bien algo confundido por lo que sucedía en esos momentos, bastante serena como si estuviese esperando a recibir algún tipo de respuesta acorde a la pregunta que él mismo había realizado. En caso de obtener alguna respuesta que incluso pudiese ser particularmente difícil de descifrar, claramente volvería a preguntar hasta dar con las palabras adecuadas, o quizás con la explicación que fuera más certera respecto a lo que quería realmente decir con aquello.

No sabía cómo tomar el hecho de que la chica estuviese tan dudosa respecto a lo que le había dicho previamente, haciendo especial énfasis en el hecho de que las preguntas se volvían un tanto diferentes. — Debió de ser duro. — musitó sin siquiera pensar en lo que decía, siquiera en intentar no decirlo en voz alta mientras sus ojos se encargaban de observar con calma lo que era el actuar contrario, desde el sorbo al chocolate como el hecho de que intentara prestar atención alrededor. Claramente no había tenido una infancia muy sencilla si prestaba tanta atención a su alrededor, mostrando en realidad cuán alerta debía de estar en un lugar donde se encontrase con más personas. — Claro que lo tienes, pequeña. — y es que no podía negarle aquello a la chica luego de haber visto la esperanza que iluminaba sus ojos, mucho menos cuando encontró aquella tierna expresión que claramente solo pedía una cosa: sinceridad. — Solo te ha faltado alguien que pueda enseñarte a controlar todo lo que tienes dentro, nada más. — y él era consciente de aquello debido a que ya había pasado por aquella faceta de descontrol, una en la cual causó tantos desastres que incluso se le consideró una causa perdida por parte de toda la manada. Al menos así fue hasta que despertó el gen que lo volvía un alfa, siendo capaz de imponerse éste por encima de cualquier otro de su clase.

No me atrevería a hacerlo... — ni siquiera se le podría pasar por la cabeza el hecho de vender a una niña tan pequeña, en realidad. ¿Qué clase de hombre habría sido su padre si le faltó el corazón como para causar aquél tipo de dolor a una muchacha tan joven como aquella? Eso era algo que jamás podría perdonar, algo que sin duda alguna era un tanto inconcebible y que no podría permitirse le volviera a suceder a la chica.

Sabía que lo que estaba haciendo era un tanto ilegal, que toda mascota que no fuese a voluntad con su amo y escapase, claramente debía de ser devuelta a la tienda independientemente de a cuál correspondiese, pero no era algo que él pudiera hacerle a aquella chica. ¿Y la razón? Ni siquiera él mismo la comprendía. Tal vez era esa misma afinidad para con los niños pequeños, tal vez los jóvenes que mostraban un cierto rechazo por la sociedad tal y como lo hizo él en su juventud, o más bien criaturas que fueran abandonadas y desechadas... él sabía de eso, era un desecho dejado para morir por culpa de la ley más importante de las manadas de lobos: aquél que no pueda seguir, sea herido o incompetente, terminaba siendo abandonado. A pesar de haber sido alfa, o más bien de serlo en aquella manada, el hecho de entrar en el primer grupo luego de una guerra en la que se sacrificó a sí mismo para proteger a los suyos, fueron aquellos quienes lo rechazaron y lo dejaron a su suerte, al borde de la muerte.

Haré todo en cuanto a mis posibilidades para que no ocurra. — sin poder evitarlo, el agarre de su chaqueta le hizo alzar con cuidado su mano para poder apreciar la forma en que la chica parecía apretarse para poder encontrar quizás un poco de seguridad. — Pero de lo que sí estoy seguro es que jamás te utilizaría para ganar dinero, Zaheera. — su tonalidad al pronunciar aquellas palabras no es que fueran autoritarias, pero sí bastante serias. Su intención era tan solo mostrarle a la chica que no debía de sentir tanta duda ni temor, que aquello que hubiera sufrido en el pasado era algo que al menos con él no iba a volver a sentir. — Mientras yo esté, nadie te herirá, jamás. — al final no pudo simplemente distanciarse de manera idónea de la chica, no podía abandonarla y dejarla allí a su suerte.

En tanto, mientras hablaba con la chica su propio postre estaba siendo deleitado por las papilas del masculino, quien realmente tampoco se sentía muy agraciado por aquello. Si bien el postre era bastante agradable en sabor, la vívida situación femenina había amargado un poco el sabor que el masculino había encargado en su postre. Siendo consciente de que la muchacha igual y podría llegar a tardar con su alimento, el platillo que indicaba el final de aquella cena que le había prometido para ser más exactos, no pudo evitar volver en su dirección la mirada para buscar aquellos ojos que tanto llegaban a causar un deje de interés al tiempo que hasta preocupación por su condición. Una condición que al parecer no había sido revelada, pero con lo poco que había obtenido era más que suficiente.

Si no tienes a nadie, y no quieres regresar, puedes venir conmigo. — ¿qué era lo que hacía? Estaba tomando una mascota ilegalmente, en efecto, y eso era bastante contraproducente para su propia persona en caso de que alguien llegase a descubrirlo pero, ¿quién podría enterarse? ¿Quién llegaría a saber qué hubiera pasado con la fémina? ¿Su compañero? No, él jamás se atrevería a delatarlo, además pudo haberla llevado después de un tiempo por algunos temas de los que tenía que zanjar antes de finalizar su propio turno. — ¿Qué dices? — y es que si no se lo preguntaba tampoco lo podría saber, ¿no es así? Una cosa era ofrecerle la opción, otra completamente era preguntarle si le apetecía como había hecho en esa última pregunta.

La quimera, desconocía el futuro, incluso desconocía su propia ascendencia, y por ende no sabía que aquella decisión sería la que cambiara por completo el mundo de la pequeña sombra que había encontrado de, aparentemente, casualidad.
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Mensaje por Zaheera el Mar Feb 25, 2020 6:19 pm

Asintió con energía a su pregunta, aunque sin variar demasiado la expresión de seriedad en su rostro. En efecto, eso era lo que quería saber. Cómo era, nada más y nada menos. Era un interrogante sencillo, ¿cómo no lo había entendido? Sí, tal y como la había planteado era una cuestión de lo más ambigua y abierta, sin embargo, en la mente de la sombra solo cabía una posibilidad. Podría haberse referido a su personalidad, a su forma de ser, pero no, nada de eso; algo así no necesitaba preguntarlo. Por lo que había podido comprobar, tenía claro que era una persona muy amable, así que no, sobre su personalidad no tenía ninguna duda; no era eso lo que quería conocer.

– Me refiero a cómo eres. – repitió, con aparente neutralidad pero de manera bastante ingenua en el fondo. – No te veo. – Movió de nuevo la mano frente a su rostro, tratando de imaginar como buenamente podía qué aspecto tendría el otro. Aunque, claro, no habiendo visto nunca un rostro completo y con la incapacidad de percibir colores de ningún tipo, su imaginación estaba bastante limitada, todo hay que decirlo. – A ellos tampoco. Y a mí tampoco. – comenzó a explicar, desviando la mirada y paseándola por el resto del local, observando en un rápido y superficial vistazo a los demás clientes.  – Sé que están aquí pero no sé cómo son. Sus caras… No están.

¿Alguien se esperaba que lo aclarara todo? Lamentablemente, algo como eso no era posible –o al menos no ahora que no era más que una niña–. Por el momento, era consciente de que había algo en su interior que no funcionaba como debería y que “normalmente” las cosas no era tal y como ella las percibía; no obstante, no tenía ni la menor idea de cómo era esta supuesta y misteriosa “normalidad” que todos poseían y que a ella, por el motivo que fuera, se le escapaba.

¿Eran sus ojos el problema? ¿Era algo más complejo y afectaba directamente a la corteza cerebral? Un poco de todo, aunque Zaheera no lo tenía del todo claro. Era un tema complicado y eso lo entendía, sin embargo, si se le preguntase, lo más probable es que no supiese qué contestar o por dónde empezar. ¿Pero cómo culparla? Era muy joven aún.


– ¿Tú crees? – preguntó, aún con ciertas dudas en su interior. ¿Cómo podía estar tan seguro de que eso hubiera sido lo único que le había faltado? Quizás se estaba aventurando demasiado. ¿Si hubiese podido controlar su poder desde el principio, no habría “roto” a nadie? Es decir, por lo pronto, y si bien tampoco es que fuera una mala chica como tal, no había demostrado mucha capacidad para empatizar con los clientes que les acompañaban. No se había disculpado con ellos, no le importaba lo que pensasen de ella, no sentía lo que había hecho y hasta había admitido que, si Ambrose no la hubiese detenido a tiempo, le habría dado exactamente igual el resultado que hubiera podido tener su incidente. En resumidas cuentas: no era su intención, pero tampoco le importaba herir a alguien. ¿De poder controlar la oscuridad como debería… habría sido distinto?

Todavía con los ojos vidriosos y manteniendo el agarre a la chaqueta ajena, la sombra esbozó una pequeña sonrisa al escuchar que no dejaría que algo así volviese a suceder. Tal vez no era lo más sensato o lo más lógico puesto que apenas acababan de conocerse, pero había decidido, finalmente, confiar en él. No le quedaba nada, así que tampoco tenía nada que perder –salvo quizás la poca estabilidad mental que la mantenía con los pies en la tierra y que hacía que, a pesar de todo y de su limitada empatía, no fuese una mala niña–.
– ¿No vas a usarme? – ¿Había dicho que no iba a usarla? ¿Jamás? Le miró con una sorpresa inmensurable, como si nunca antes hubiese escuchado nada similar mientras un par de lágrimas empezaban a caer por sus mejillas. ¿Acaso se podía ser tan amable? ¿No era un sueño? ¿Estaba sucediendo de verdad?

Siendo honestos, no le sorprendería si todo aquello no fuese más que un producto inconsciente de su imaginación y fuese a despertar en cualquier momento sin que su situación inicial hubiese cambiado lo más mínimo.

Alzó uno de sus brazos y trató de secar las lágrimas con la manga de aquella prenda que vestía y bajo la que se ocultaban aquel sinfín de moratones y heridas que el contrario ya había podido ver antes. Miró entonces al plato que había pedido para ella, tratando de asimilarlo todo.
– Gracias. – murmuró, con cierta timidez y las mejillas ligeramente sonrojadas antes de llevarse el primer pedazo a la boca. Era demasiado bueno.

– No tengo a donde volver. – Guardó silencio un par de segundos, dudando sobre cómo continuar con aquella frase. – Rompí al último. – concluyó al final, sin dar muestra alguna de arrepentimiento. Merecía saberlo, ¿no? Ya no solo por cómo la estaba tratando sino porque, por si eso fuera poco, ahora también se ofrecía a llevarla con él. ¿Qué debía hacer? Posó su mirada rojiza en la ajena solo para apartarla instantes después y volver a repetir el proceso un par de veces más, entre dubitativa y tímida, planteándose qué sería lo mejor. ¿Qué había hecho ella para merecer tanta amabilidad de golpe cuando nunca la había tenido en primer lugar? – A-Aun así... ¿p-puedo? – Agachó un poco la cabeza al preguntarlo, sin embargo, sonrió, feliz y tiñendo muy levemente sus mejillas de una tonalidad rosada. Si era un sueño, definitivamente no quería despertar.
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Mensaje por Invitado el Miér Feb 26, 2020 3:41 am

¿Qué no veía? Aquellas palabras sí tomaron por sorpresa al masculino quien al final solo se inclinó un poco hacia delante. No quería molestarla ni invadir su espacio personal, en realidad, tan solo se mantuvo unos pocos centímetros más debajo de su línea acostumbrada. — No sé si sea tan hábil para explicar. — musitó con tranquilidad mientras apoyaba uno de sus codos sobre la mesa para descansar en su palma lo que sería su mejilla, dejando allí su rostro y pudiendo observar a la contraria disfrutar de aquél postre sin problema alguno. — Tengo el cabello entre lacio y alborotado, más bien desaliñado sería la palabra adecuada. — dijo sin más, al momento de ladear un poco su expresión. Emitió un débil suspiro como consecuencia de aquella explicación, en realidad se le daba fatal desarrollar su propia complexión.

Ojos grises, con un aire casi que oriental. Sin embargo mi familia es italiana, pero al parecer genéticamente tengo algún pariente cercano que sea japonés. — ente cerró un poco sus ojos con la intención de especular algo respecto al resto de su complexión. Quizás hubiera seguido si no fuera porque tuvo una idea, algo quizás no tan prioritaria ni utilitaria, pero al fin una idea. — ¿No preferirías... bueno, tocarme el rostro? — había visto que muchas personas ciegas hacer aquello por lo que su sugerencia no es que fuera sin ningún tipo de consideración. Era el hecho de que en la mayoría de los casos la posibilidad de mantener contacto con lo que se quiere imaginar resulta bastante más sencillo a la hora de procesar la información, y darle una forma más específica, que el hecho de escuchar las palabras de alguien que no sabes si realmente está mintiendo o no, ¿no es así?

El que la chica no tuviera a dónde regresar solucionaba bastante las cosas, ¿no es así? Los ojos del masculino se movieron en dirección hacia la chica que parecía estar observándolos desde la distancia para hacerle un gesto con la mano derecha, pidiendo claramente la cuenta que debía de pagar en consecuencia no solo de lo que habían comido sino también en relación a la petición de aquél mismo para responsabilizarse debido al ligero desacato que la fémina había tenido algunos momentos atrás. — ¿Por qué iría a usar a una niña tan adorable? — musitó mostrando una ligera expresión de, quizás, hasta discordia por las palabras utilizadas por aquella. ¿A qué se refería con usarla? ¿Acaso ya la habían usado? ¿De qué manera? Lo cierto es que cada segundo que pasaba las preguntas se intensificaban y por más que respondiera una, casi al mismo tiempo aparecían otras dos o incluso más.

Aquí tiene señor, y he añadido lo que me pidió también. — la mujer no tardó más de unos cinco minutos en aparecer con el ticket que había solicitado y al ver la suma le pareció quizás un tanto exagerada, pero era adecuado decir que no se trataba de una simple mesa sino que, en realidad, estaba pagando el valor de al menos otras tres o cuatro más. — Vamos a esperar a que ella termine, ¿le parece? — no iba a pagar en efectivo en realidad, y tan solo bastó con dejar sobre la cuenta su tarjeta de débito para poder recibir una reacción afirmativa por parte de la mesera. — Gracias. — dijo sin más, tras colocar el número que correspondía al bloqueo personal de su tarjeta, con la cual solo él era capaz de utilizarla. A veces pagar con aquella resultaba más cómodo que con dinero, prácticamente porque podía obtener ciertos beneficios que de otra manera no sería en realidad muy posible el día de hoy, ya que al parecer todos estaban muy metidos con el tema del plástico y sus descuentos a la hora de utilizarlos.

Iba a esperar, tal y como dijo, a que la muchacha terminase su postre. Incluso él mismo optaría por terminarlo antes de incorporarse y es que no se iba a marchar, así como así, del restaurant al que habían accedido hasta no sentirse en realidad algo más satisfecho que antes. — ¿Te parece que nos retiremos? — musitó al momento en que ella hubiera acabado su platito. No le hubiera importado sujetar su mano en ese momento pero en realidad tampoco es que quisiera una escena como la que había sucedido anteriormente. Fue por ésta razón que una especie de neblina negra se hizo presente sobre la complexión de su brazo derecho y fue algo así como una mano ennegrecida, creada a base de la oscuridad, la que se extendió lentamente para poder ofrecerla a la muchacha. — En teoría no sería contacto físico, ¿verdad? — no pudo evitarlo pero sus labios dibujaron una apacible sonrisa, al punto de considerar que aquella acción propia, la tomada por la quimera, hubiera sido la mejor manera de hacer frente a las situaciones que se habían vivido antes. ¿Por qué no llegó a pensar en ello antes? Bueno, lo cierto es que tampoco hubiera creído que la chica reaccionaría de la manera en que lo había hecho, y sin embargo ahora que era consciente de las posibilidades, ¿cuál era el problema por querer evitarlas, de igual manera?

Su objetivo fue nuevamente abandonar aquél restaurant, más que nada el ambiente en el que se habían dispuesto a comer. No era un lugar desagradable ni mucho menos pero tampoco podría decirse que se trataba de la gran clase alta a la que tal vez en algún momento sí hubiere ido, pero no estaba en realidad tan lejos de lo que era en verdad.

El abandonar el local le ayudó a recuperar el ambiente tan fresco y tranquilo que parecía haberse llevado la noche con las situaciones vividas en el interior del edificio. No hubiera esperado a que la chica le siguiese todo el rato, aunque quizás y sí lo hizo con la esperanza de encontrar aquello que al parecer había ocasionado que sus lágrimas abandonasen la comodidad de sus ojos y se desparramaran por sus respectivas mejillas. — ¿Hay algo que quieras hacer ahora, Zaheera? — no era común que tomase aquél tipo de preguntas con seriedad, porque la mayoría de aquellas criaturas a las que tenía que llevar a algún lugar no era sino a la zona del marcado con el objetivo de volver a encarcelarlos pero aquella vez era diferente, bastante. Entonces, ¿por qué no al menos complacer a la chica que estaba siendo su compañía nocturna desde hacía quizás unas pocas horas atrás.
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