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Mensaje por Gema Vis Pacem el Vie Dic 27, 2019 12:55 pm

  Estaba sucediendo. No podía creerlo, pero realmente y, por fin, estaba sucediendo. Una última mirada por la ventana le corroboró que el avión en el que estaba viajando estaba bajando a tierra. Gema estaba llegando a su destino, estaba llegando a Sunflower, donde comenzaría a trabajar para Apofis. Su anterior profesor, su presente jefe y su actual enamoramiento. Los meses habían pasado extremadamente lentos y a la vez volando. Entre papeleos para la mudanza, conseguir un piso para vivir y los documentos necesarios para viajar por lo que parecía ser permanentemente allí. Las semanas habían pasado en un suspiro y Gema seguía sin poder caer de todo en la realidad. Aquel demonio que tanto le gustaba le había propuesto trabajar para él. Y con una frase que seguía retumbando en su cabeza y haciendo a su corazón saltarse un latido. “Creo que tengo sentimientos por ti” le había dicho. ¿Se lo había dicho? ¿En verdad no lo había soñado? A este punto, Gema realmente ya no estaba segura de que no hubiera empezado a alucinar con aquello. Ni siquiera lo había pensado cuando aceptó la propuesta de él. Mudarse a una ciudad que no conocía, sin ningún familiar o amigo, habiendo terminado hace apenas unos meses sus estudios. Si, sonaba como una locura. Pero Gema no estaba pensando claramente. Su mente estaba siguiendo puramente a su corazón. Y aun cuando quería negárselo, porque aquello era imposible, estaba mal… Tenía un capricho enorme por el hombre mayor. No quería decir que estaba enamorada. Se lo negaba a si misma con todas sus fuerzas. Estaba mal. Una estudiante no podía enamorarse de su profesor. Y para colmo, era un demonio. ¿Acaso no le habían enseñado toda su vida que ellos estaban volcados al pecado? ¿Cómo podía siquiera soñar con tener una relación con un demonio? Ay, si las hermanas que la criaron supieran lo que estaba haciendo… De solo pensarlo se le formaba un nudo en el pecho y no podía evitar rezar y pedir perdón. Porque la culpa la comía por dentro, pero estaba actuando por impulso. Como si no pudiera parar de caminar hacia su propio desastre. Lo sabía, muy en el fondo era consciente de aquello era probablemente una mala idea. Pero no quería escuchar a su razón. Por primera vez en su vida estaba siguiendo un deseo egoísta de su corazón… Y se sentía increíble.

Fue la azafata del vuelo quien la distrajo de sus pensamientos, anunciando el inminente aterrizaje. Ya no había vuelta atrás, no había momento para arrepentimientos y lugar para la culpa. Sintió como el avión se sacudía al tocar tierra y apretó el pañuelo con el que estuvo jugando todo el viaje. Un pañuelo de seda viejo al que sentía afecto. La había acompañado siempre, ni siquiera sabía quién se lo había regalado. Solo estaba allí en cada recuerdo que tenía de su pasado. Como si siempre hubiera estado a su lado. Qué tontería más grande.
Sentía su corazón acelerarse cada vez mas y un nudo en la garganta que incluso le dificultaba el respirar. Aún no podía creer que aquello estuviera sucediendo y los nervios parecían apoderarse de todo su cuerpo. Quizás por eso actuó en automático cuando le dieron el aviso de que era momento de pararse y bajar de allí. Tomó su bolso de mano, el cual no llevaba muchas más cosas que un cambio de ropa, un neceser con productos íntimos y de limpieza, algunas pastillas para los mareos que le habían recetado y unas gotas para sus ojos, pues solían secarse con facilidad. Caminó como ganado detrás de la gente que salía, recibiendo algunos empujones que dejo pasar sin darse cuenta, ignorando la realidad. Estaba demasiado perdida en sus pensamientos. ¿Era real? Era real. Su mente se estaba cuestionando y respondiendo constantemente, en un bucle que no la dejaba pensar en otras cosas.
Fue solo después de largos minutos, cuando por fin su maleta apareció y Gema la tomó, caminando con esta hacia la zona donde la gente se encontraba con sus seres queridos, que levantó su mirada, curiosa. ¿Era demasiado optimista el pensar que lo encontraría allí? Él le había dicho que la iba a ir a esperar. Pero quizás estaría ocupado con su trabajo ¿Verdad?
Acomodó con una de sus manos su falda, en búsqueda de eliminar cualquier suciedad o arruga que estuviera en esta. Normalmente hubiera vestido algo mas cómodo para viajar, por muy corto que el viaje hubiera sido. Pero con solo la idea de poder encontrarse con él, le había hecho ponerse una ropa mas arreglada. Quería verse bonita, no podía evitarlo. Por eso se había puesto una falda por encima de sus rodillas, roja y con picos, hasta la cintura. Junto con una polera mangas largas a cuadrillé y unos zapatos rojos, haciendo juego.

No quería ilusionarse pensando en ello, sin embargo, no podía evitar tener una pizca de esperanza en su interior. Quería verlo. ¿Pero qué haría en cuanto lo viera? Su corazón le decía que corriera hacia él y se arrojara a sus brazos. Sin embargo, Gema no haría eso. Su timidez se lo impedía por completo. Su mente había pasado de cuestionarse si aquello era real o no, a pensar que era lo que haría si el mayor estuviera allí esperando. Ilusionada, no pudo evitar recorrer con la vista a todas las personas que se encontraban allí. Sintiendo como su corazón daba un vuelco al verle. ¿Era él? ¿Realmente le había ido a recoger? Un gran sonrojo se apoderó de sus mejillas mientras caminaba sin dudar hacia él. Sentía sus piernas temblar y su respiración agitada. Si tratara de hablar en ese momento, las palabras le saldrían tan cortadas que cualquiera que la escuchara, creería que en realidad se trataba de una persona tartamuda. Su corazón parecía iba a salirse de su pecho en cualquier momento y sin embargo, no podía evitar sonreír tan amplio que sus mejillas estaban comenzando a dolerle. Allí estaba, finalmente.



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Mensaje por Apofis Misr el Vie Dic 27, 2019 2:41 pm

Sí. Al fin. Años y años le había costado… Pero ahí estaba. Una nueva víctima que añadir a su lista. Una víctima a la que había decidido torturar mucho más. Tanto que no había dudado en actuar para ella, en fingir que sentía lo más mínimo. Y todo de la forma más humana que pudo. Tan lento, tan progresivo, tan… Irracional y… Hasta romántico, que ella podría haber caído perfectamente. Y lo hizo. Primero, en clase, con alguna miradilla cuando le hacía alguna pregunta, como si se interesara por responderla. Luego, con el paso de los meses, comenzó a tratarla de forma más cariñosa, dejando de referirse a ella por el apellido y haciéndolo por el nombre. No tardó mucho en acercarse a ella cada vez que podía, mientras hacía que esa panda de inútiles intentara solucionar un problema terriblemente difícil (a propósito para tener un rato libre), y hablarle. Luego, tras el primer trimestre… Pasó a llamarla “cariño”, mientras al resto seguía dirigiéndoles el mismo tono reglamentario. Luego los coqueteos ligeros, las caricias en las mejillas de forma suave… Alguna que otra charla después de clase juntos que podía alargarse y hacer sospechar a más de un alumno…

Y luego, el día de la graduación, justo cuando todos los niños se iban a ir a hacer lo que sea que hicieran los universitarios al terminar sus estudios y entrar en un mercado laboral que los devoraría mentalmente, la detuvo unos segundos, llevándosela a un lugar ya muy intencionado. El aula vacía en la que tantas clases habían dado. Contándole que le habían ofrecido una larga investigación becada en la Universidad de una isla llamada Sunflower (que fue algo que complementó con su plan de forma brutalmente idónea). Que tendría muchísimo trabajo haciendo clases ya no solo como profesor de filosofía e historia, también de economía y biología. Cuatro asignaturas era una cosa bastante potente. Y que necesitaría a alguien… Que le ayudara en las gestiones. Que había pensado en una alumna de empresariales, para que viera cómo funciona la agenda de una persona más o menos importante. Y que… La había escogido a ella porque… Todavía se reía al recordar cuál fue el por qué: “…Creo que estoy sintiendo cosas por ti, Gema”.

Quedó genial. En el mejor momento y de la forma más adecuada. Todavía se jactaba de sus actos y de ver cómo prácticamente se deshizo. Si es que no la desfloró en ese mismo momento porque le hubiera quitado la magia a todo. No… Todo poco a poco, como hasta ese momento. Aunque es cierto que, para celebrar su éxito, esa noche había secuestrado a un chaval que veía con buen tamaño en el trasero para comérselo. Sabía ligeramente a italiano. Porque sí, él se sabía de memoria cómo sabían las personas de cada país. Y si así era su sabor… Cómo se divertiría con ella.

Pero ahora estaba ahí. Había llegado el gran día, tras haber dado a la joven todas las ventajas y facilidades que pudo. Buscarle un piso, ayudar con el papeleo, darla de alta en el sistema sanitario público británico… Y muy importante, mucho más que importante, buscar algunos regalos para cuando la viera por primera vez. Ah, y también compró ropa para sí mismo, que no fueran trajes ni sotanas. Alguna cosa casual para el día a día, cuando quedara con ella tras el trabajo.

Aunque para ir a recogerla… No podía hacer otra cosa que ir en traje negro, con una corbata convenientemente roja. Había perfilado sus ojos en tradicional kohl negro y verde oscuro, haciendo una raya pequeña y bastante fina. Siempre la llevaba. Desde que la conoció a ella, y antes. Era una de las pocas cosas que le quedaban de su tierra natal.

Oh, y se había duchado y aseado para no tener una sola mancha de sangre en todo su cuerpo (ni de tinte en el cabello, por ejemplo. Que siempre era convenientemente rojo. En fin. No quería hacer que la otra se asustara… Tan cerca como estaba de tenerla al fin como totalmente suya). Así pues, a la hora programada para la llegada, tras haber pedido un taxi que le estaba esperando ahí fuera, estaba en la entrada del aeropuerto, esperando que la otra llegara con la maletita y todo. Verla con esas piernecitas tan delicadas y ese cuerpecito tan frágil acercársele… Sería suficiente recompensa como para haber pedido el día libre. Así podría ayudarla a mudarse, además. Mover las cajas y demás.

Y enseñarle una nueva sorpresa: le había amueblado él personalmente toda la casa. Con muebles sencillos, totalmente blancos y que intentaban ser lo más luminosos y elegantes posibles, pero en fin, un buen regalo era. Y por supuesto, una caja de bombones de selecta pastelería estaría esperando a la niña en una cama enorme (y matrimonial) que también había comprado para el piso en el que ella viviría… Hasta que decidiera llevársela del todo a su lado. Que quedarían, según su escrito y preparado plan, dos o tres meses. No podían haber errores.

Pues todo estaba calculado. Y tal y como había calculado, la mujer llegó a él totalmente nerviosa. Vestida cual princesa… Y con una falda bastante reveladora en comparación a lo que llevaba normalmente en clase. Se relamió solo con ver eso, aprovechando que ella no le podría ver (pero él a ella sí, teniendo en cuenta el rebaño de individuos que por ahí transitaban y sus casi dos metros). Oh… ¿Tal vez lo había hecho ella a propósito para provocarle? Ojalá. Pero ya había visto que con ella nada y menos se podía.

Los segundos previos los pasó en total calma, hasta que la tuvo totalmente delante, acercándosele cual patito joven a su padre. Tímida, incapaz de nada. Y él, sonrió, triunfal. Porque eso estaba también calculado, y sabía lo que hacer. Se le acercó poco a poco, sonriente como si estuviera contento y emocionado. Y, en cuanto estuvo a la distancia adecuada, se le abalanzó con cariño, sin decir nada, abrazándola unos segundos. Tal vez se pasó y todo con las manos, pues una se le colocó inconscientemente en la cintura, mientras la soltaba una pequeña risita, calmada pero sin embargo, similar a la que una persona normal haría en una situación a ti.

-Te he echado de menos estos meses, amor mío –dijo, para luego rectificar y ladear la cabeza, como si se arrepintiera de eso. Oh. También estaba preparado para eso. Y eso estaba muy previsto ya para ese momento. Eran las palabras exactas que había estado pensando- …Quiero decir… Disculpa, Gema. Tal vez me he precipitado en todo –se apartó de ella poco a poco en ese momento, deshaciendo el abrazo y fingiendo timidez- …Tenemos un coche esperándonos. ¿Llevas maletas? Permite que las coja yo. Tu cuerpo no merece cargar con tanto peso, no hoy, al menos. Me he tomado el día libre… Para que lo pasemos juntos. Si es que te parece bien, por supuesto. Tengo algunos regalos para ti en casa. Y tenía pensado que fuéramos a comprarte lo que necesites.
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Mensaje por Gema Vis Pacem el Dom Dic 29, 2019 4:08 pm

  Todo había pasado en cámara lenta para ella. Desde el momento en el que sus ojos se encontraron a como lentamente el contrario se fue acercando, finalizando en un abrazo que deseaba con todas sus fuerzas, pero que realmente no se esperaba. No había podido ni reaccionar correctamente. Sentía su propio cuerpo temblar y, sin embargo, creía que ya no sentía este mismo. Era ilógico, pero tenía tal mezcla de emociones en su interior, que si alguien le hiciera un estudio médico en aquel momento, seguramente saltaría algún resultado extraño. Pues podía estar cualquier cosa, pero los nervios de ese momento hacían que lo que menos estuviera fuera sana. No entendía cómo es que aún no se había desmayado o algo por el estilo, sorprendentemente, sus piernas seguían con la fuerza suficiente para mantenerla en pie, aun cuando no podía entender cómo.

Apofis la estaba abrazando. Aquel hombre por quien se negaba a admitir el estar enamorada, la estrechaba entre sus brazos. ¿Era eso real? Lo era, pero no podía asumirlo. Tantos meses, años incluso teniendo ilusiones reprimidas para con él y finalmente había logrado un abrazo. Para otra persona sería una tontería seguramente, pero eso para Gema era mucho. Era tímida y vergonzosa, por lo que sus salidas no daban a contacto físico con frecuencia, mucho menos con el mayor, con quien respetaba aún más la distancia moralmente correcta que correspondía. Si cuando este le ponía una mano en el hombro sentía a su corazón pararse, no podía explicar lo que estaba sintiendo en este momento por culpa de tanto contacto físico. Aunque por supuesto, no podía mentir de tal forma y decir que aquello no le agradaba en algún punto. Por su parte, sentía estar en el cielo.

Sin embargo, nada la hubiera podido preparar para lo que había escuchado salir de los labios ajenos. ¿En verdad le había dicho de aquella forma? ¿Estaba comenzando a alucinar? Fue el mayor quien la sacó rápidamente de su duda al retractarse de sus palabras. Sin embargo, era demasiado tarde. Gema ya lo había escuchado y realmente podía comenzar a sentir como el pecho le dolía ante tan acelerado corazón. — E… Está bien… N-No te disculpes — dijo como pudo entre murmullos. No podían pedirle una voz más alta, aun si quisiera no podría lograrlo. Con suerte aquellas palabras habían logrado salir de forma levemente entendible. Tenía que calmarse. No podía actuar de aquella forma tan ridícula frente al contrario. Se concentró unos segundos en tratar de regular su respiración y calmar al corazón. Respirando profundamente, aunque de la manera más disimulada que pudo. Estaba actuando como una rara y lo sabía. Quería evitarlo, al menos todo lo que pudiera.

Aprovechó a respirar y calmar sus latidos, lo mejor que pudo, mientras escuchaba las palabras ajenas con una sonrisa tímida en sus labios y un gran sonrojo prácticamente imborrable en sus mejillas. — No deberías haberte molestado. Gracias — murmuró dulcemente, mientras bajaba por unos segundos su mirada y acomodaba tímidamente un largo mechón de cabello detrás de su oreja, quitándolo así de su cara para que no le molestara. Aunque en realidad fue un acto reflejo, para concentrarse en otra cosa que no fuera solo mirar al contrario con aquel traje que tan atractivo le lucía. — Esta maleta solamente. Y no creo que tenga que comprar muchas cosas… — La verdad era que había viajado bastante ligera. Teniendo en cuenta que la idea era quedarse a vivir, tener solo una maleta, grande, eso sí, y un bolso de manos, se consideraba un viaje ligero. Pero Gema no tenía muchas más cosas de valor tampoco. Consideraba que había viajado con lo necesario. Varios cambios de ropa, toallas, varios libros que eran de su colección y algunas fotos de sus amigas, para mantenerlas junto a ella en aquel nuevo lugar. — No es muy pesada, pero te agradecería. Pensé que no me iba a molestar, pero resultó que no tengo tanta fuerza como creía y me está doliendo un poco el brazo — rió levemente, mirando al contrario y luego a la maleta, que le llegaba por encima de su cintura, siendo esta bastante grande. — ¿Regalos? Oh Dios, no te tendrías que haber molestado. Muchas gracias — le miró con ojos llenos de dulzura, asintiendo. — Me gustaría ir a la casa a dejar esta maleta y darme un baño. El viaje no fue muy largo pero siento la necesidad de hacerlo. Luego podría cocinar algo, si gustas — Ofreció, buscando alguna forma de agradecerle al contrario por todo lo que estaba haciendo por ella en aquel momento. Si se había tomado la molestia de haber faltado a su trabajo para ir a esperarla, pensaba que al menos podría prepararle una comida deliciosa en forma de agradecimiento ¿Verdad?



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Mensaje por Apofis Misr el Lun Dic 30, 2019 1:43 pm

Y… Ahí la tenía, al fin. Tan tímida y poco receptiva al cariño como se esperaba. Era tímida, sí. Lo había sido desde que la conoció. Tenía entendido (porque estuvo bastante ocupado leyendo el expediente de la joven durante bastante tiempo), que era huérfana y se había criado en un convento italiano. Y eso era tan… Interesante, a su parecer… Le añadía tantísimo morbo al asunto… Poder arrebatar la inocencia a una monja tras corromperla poco a poco era algo que parecía hasta una peli erótica y todo. Porque sí, prácticamente, estaba frente a una monja. Una monja con ropita bastante cortita y que dejaba mucho al descubierto. Suficiente para dejar la imaginación del demonio trabajar a gusto.

Pero no quería arruinar la magia del momento con semejantes banalidades. Debía ser un momento mágico para ella, y si le daba un calentón, lo tendría verdaderamente crudo para mantener la compostura. De todas formas, en cuanto terminó de abrazarla, prestó toda la atención que disponía en las palabras que esta le concedía. No se había separado del todo de ella, de todas formas. Se había quedado a una corta distancia, tan poca que podía tocar prácticamente lo que quisiera de ella. Y si no fuera por la… Obvia diferencia de alturas, ambos estarían demasiado cerca en lo que a labios refiere. Intentando generar así un poco de tensión en ella, ver si ella decidía moverse hacia atrás o mantener la distancia, lo cual, teniendo en cuenta las formas de la fémina, sería verdaderamente… Curioso.

-¿Qué no debería haberme molestado, Gema?
–preguntó con humor, como si le hiciera gracia. Porque sí, era hasta graciosa la humildad que derrochaba esa mujer. Tan tierna, tan débil… Tan comestible. Le costaba contener ese deseo que tenía de corromperla ya- Venga ya, anda. Llevamos cuatro años conociéndonos. Sabes que me gusta preocuparme por ti. Y más que lo hubiera hecho en la universidad si no tuviera que dar clase a más personas. –añadió eso, con fingida (muy fingida y ya preparada) sinceridad. Porque siendo sinceros, si hubiera tenido más tiempo para estar con ella, posiblemente, la hubiera secuestrado ya hacía bastante tiempo. Bueno, “secuestrado” era relativo. Porque para él, eso era un secuestro… Pero muy bien preparado para que no lo pareciera. ¿Quién sospecharía de una pareja de enamorados que van a empezar una nueva vida en una isla repleta de oportunidades? Nadie sospecharía de que en realidad, él es un vil… Monstruo, por no decir más cosas- Y… Bueno. No podía evitar pensar en ti. Haberme quedado en la oficina hubiera sido… Raro, como mínimo. Saber que estás aquí... Tras tantos meses… Bueno, ya sabes. Te echaba un poco de menos.

¿Le había quedado bien? Sí, por supuesto. Había quedado que ni pintado. Perfectísimo, según el plan. Mostrarse cariñoso con ella era una parte imprescindible de su estrategia. Obviamente. Y ayudarla en todo. Tras dedicarle un pequeño guiño de complicidad, tomó la maleta, que si bien grande… Para él eso era como levantar un bolso de mano. No le costaba lo más mínimo llevar las cuatro cosas que llevaba su “chica”. Ahora que lo pensaba, eso de llamarla así se le volvía… Interesante. Lo haría más a menudo. Tal vez en voz alta y todo. Sería una buena forma de complementar el apodo que le había puesto en clase: “Hermosa”. De todas formas, no quería quedarse mucho más tiempo ahí. Los aeropuertos no le gustaban. Ver a tantas posibles víctimas irse de su radio de acción era… Triste cuanto menos.

-Vamos, hermosa. Que el taxista va acabar haciéndome pagar de más por la espera. Y no queremos eso. No es que no te quiera, pero caramba, cuanto menos pague por el trayecto mejor. –dijo casi como un murmuro, comenzando a caminar y haciendo ademán con la mano para que le siguiera. Con bastante buen humor, por cierto- Pero bueno. Algunas cosas te he de contar… Como que obviamente, viviremos separados. Yo vivo un par de calles más arriba, así que si algún día tienes algún problema… Llámame y estaré ahí en unos quince minutos como mucho. Y… Trabajamos juntos, así que a las… Siete de la mañana deberías estar en la universidad, que es donde tengo mi despacho privado. Podemos ir a comer juntos cada día y entre semana pasar un rato… Juntos, si así lo deseas. –sigue caminando, hacia afuera del aeropuerto, todavía hablando, pues era importante- Algún día deberemos viajar juntos por ahí, por supuesto, pero no te puedo prometer un trabajo demasiado emocionante… Ser doctor universitario es lo que tiene. –suspira, fingiendo pesadumbre al respecto. Aunque su trabajo era mucho más interesante de lo que verdaderamente decía… Mucho más- De todas formas, tienes regalos. Un par solo, no me he gastado mucho… Pero era una buena forma de empezar… Nuestra… ¿Relación? ¿Puedo llamarlo así o se te hace incómodo, hermosa?

Oh, de verdad, es que hasta él se creía que de verdad era así. Y tal vez el taxista también lo hiciera, que les estaba esperando. Tras cargar la maleta en el maletero del vehículo y abrir la puerta a la joven, invitándola a entrar ahí, Apofis se sentó en el lado trasero contrario al que ella tomara, para pasar el rato juntos, por supuesto. Cuanto más tiempo pegados, aunque fuera de esa forma, mejor. Al final iba a conseguir enamorarla del todo, si es que no lo estaba ya.

-¿Quieres algo antes de nada? Podemos ir a comprar lo que quieras… Aunque mi idea es enseñarte tu piso y demás, que la zona es bastante bonita y hay algún parque y demás que podemos visitar… Juntos.
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Mensaje por Gema Vis Pacem el Lun Feb 24, 2020 10:05 am

  No podía siquiera controlar aunque sea un poco el color de sus mejillas, estas incluso había comenzado a doler levemente a causa, no solo del sonrojo, sino de la sonrisa permanente que tenía. ¿Cómo podían culparla? Aquel hombre por el que tenía un crush había ido a recogerla y estaba actuando como un completo caballero, incluso con aquellas palabras tan dulces y preocupadas que salían de sus labios. No podía evitar derretirse cada vez un poco más. ¿Realmente se merecía aquello? Es decir, sabía que era buena y siempre había actuado correctamente. ¿Pero tal premio era para ella? Su modestia no le permitía aceptar del todo que sí, ella merecía algo bueno como aquello que le estaba sucediendo.
— Lo sé, sé que te gusta preocuparte por mí. Te agradezco eso. Pero tú también deberías saber que no me gusta causarte problemas… De todas formas, muchas gracias por esto, me llena de alegría tenerte aquí conmigo en el primer día en la ciudad. — Dijo sincera, mientras miraba por unos momentos hacia el suelo, algo avergonzada por admitir su felicidad ante la presencia del mayor.
El camino hasta el taxi lo hizo casi sin pensar, mirando tranquilamente por los alrededores, aun cuando todavía no hubiera mucho nuevo por apreciar. De todas formas, no había viajado muchas veces y aún los aeropuertos le parecían algo nuevos y muy amplios. Incluso le daban algo de miedo de perderse. Esa era una de las razones por la que estaba feliz del tener al mayor a su lado. Aunque bueno, tampoco es que le hubiera costado pedir indicaciones, pero tener a alguien que la guiara hacia la salida era, en realidad, algo que agradecía bastante. De todas formas, prestó completa atención a las palabras del contrario, asintiendo ante las instrucciones de cómo se manejarían de ahora en más. No le sorprendía que no vivieran juntos, aquello hubiera sido raro y hasta vergonzoso. Lo que si le alegró, fue el saber que no estarían tan distanciados en cuanto a sus hogares. Era bueno poder contar con la seguridad de que la única persona que conocía hasta ahora allí, vivía relativamente cerca de ella. — Eso me encantaría. Luego podrías explicarme que transporte me deja cerca de la universidad ¿Por favor? Me tomará un par de días, pero tranquilo que aprenderé a manejarme completamente bien — Aseguró con una sonrisa, aun cuando ni ella misma se encontraba del todo confiada, pero no iba a ser la primera vez que se encontraría en una nueva ciudad. Sabía que tarde o temprano iba a lograr manejarse completamente sola. Era un adulto y podía con ello. — No creo que no sea emocionante. Además, es un trabajo que siempre te mantiene aprendiendo cosas nuevas. Eso me encanta — Dice con una sonrisa, siguiendo a pasos rápidos al contrario, asintiendo para ella misma, completamente segura de sus palabras.  Aunque bueno, nuevamente no pudo evitar quedarse muda por unos segundos y sonrojarse ante las siguientes palabras del mayor. ¿Relación? Pues sí, se trataba de una relación. Pero… ¿Qué tipo de relación? Si le dieran a elegir a ella, claramente elegiría una romántica, pero de todas formas, no quería apresurarse a confirmar algo equivocado, por lo que simplemente asintió mientras su mirada se concentraba en el piso, tratando de no tropezar en el trayecto. Eso sería demasiado vergonzoso.

Sonrió en agradecimiento cuando finalmente llegaron al auto y la puerta fue abierta para su paso. Adoraba esas actitudes del mayor, las cuales hoy en día no solían darse de parte de los hombres a las mujeres. Tampoco lo veía mal, entendía que el mundo estaba avanzando hacia una igualdad entre ambos, sin embargo, no dejaba de sentirse bien cuando alguien actuaba así para con ella, fuera hombre o mujer. Mucho más, si aquella persona que lo hiciera era el mayor, quien la tenía tonta. — Creo que no tengo nada para comprar de momento… Es decir, nada que no pueda esperar. Una vez que esté acomodada en mi departamento ya si haré las compras de las cosas necesarias para el día a día. Pero ahora no necesito nada urgente. Así que tu plan me encanta — Contestó con dulzura, disfrutando de la cercanía de ambos, aun cuando esta la ponía levemente nerviosa. Por momentos miraba hacia el costado, con sus mejillas sonrojadas, encontrando la mirada del mayor y dándole una dulce sonrisa avergonzada en cuanto esto sucedía. ¿Qué más podía hacer? Se sentía como una tonta al no poder dejar de mirarlo.



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Mensaje por Apofis Misr el Miér Mar 04, 2020 3:00 pm

Si es que… Cómo no querer poseerla. Ella era tan débil, tan increíblemente dependiente de un brazo fuerte, que parecía estar exultante por ser poseída por alguien, que, por suerte para ella, iba a ser un buen catador de la belleza femenina como lo era él. ¿Y si la hubiera atrapado antes un ser cualquiera como lo eran la gran mayoría de hombres en aquella época? Oh… Tal vez se hubiera vuelto una fresca cualquiera o una mujer que no entendiera del por qué debían estar bajo los pies de alguien fuerte que las protegiera, lo cual hubiera sido muy triste. Una católica convencida como esa mujer siempre se podía convertir una buena esclava a la que usar para lo que fuera.

De momento, por supuesto, tenía que seguir jugando sus cartas con toda la precisión que pudiera. Gestos así sabía que eran letales con mujeres tan tímidas. Que las hacía sentirse cubiertas, y que muchas lo agradecían. A él, la sensación de poder también le resultaba, por supuesto, placentera. Era un dos por uno.

-¿Te he dicho ya que tu falda es preciosa, Gema? –comentaría la serpiente con tal de parecer lo más natural que pudiera, mientras se acomodaba en el cómodo asiento del vehículo y cerraba ligeramente los ojos- No te preocupes por el trabajo hoy. Tendrás una vida laboral importante antes de que esto te suponga un problema. Intenta atrasar esos pensamientos lo máximo posible. –y es que, a fin de cuentas, si todo salía bien, igual la conseguía en nada y menos convencer de que lo mejor era ser dependiente económicamente de él y que ella se encargara de las tareas del hogar, para que así no tuviera ni un solo pilar sobre el que asentarse si intentaba escaparse a posterior- Y tampoco es que a mí me apetezca hablar de eso contigo hoy, tras tanto tiempo sin verte. ¿Puedes comprender que prefiero que hoy gocemos de nuestra propia compañía sin más? Sé que estás nerviosa, pero… Todo llegará en su momento.

El conductor ya sabía dónde iban. Porque por supuesto, le había pagado por adelantado, y por lo que podía ver en el taxímetro, el muy capullo había estado dando vueltecitas a la rueda para aumentar los ceros en la cuenta. Al menos estaba claro que no estaban ante ningún tipo de idiota. En cuanto el vehículo se puso en marcha, el demonio suspiró, clavando su mirada en la ventana más cercana a él y las imágenes que comenzaron a sucederse rápidamente ante sus ojos. Sin embargo, su mano se dirigió poco a poco hacia la de ella, acariciándola con suavidad para luego estrecharla con firmeza, tomándola con toda la calidez que pudo. Porque por supuesto, sabía lo absolutamente letal que era ese gesto para ella. Y porque amaba cuando le correspondían a su muy fingida caballerosidad.

-Podemos cenar juntos esta noche, también. No creo que tengas nada preparado y no me apetece cocinar para mí solo –y eso lo dijo como si viviera él solo en su hogar. Ah, pobre Gema. Eso era un asunto que tal vez tendría que descubrir ella sola cuando se diera cuenta que no había sido la primera en caer en sus garras. Solo iba a ser a la que el sueño de amor le iba a durar más- En tu casa. Aunque sea pedir comida rápida… Estaría bien. Ya sé que yo soy un poco… Mayor para este tipo de proposiciones, y por si fuera poco, hace menos de un año era tu profesor… Pero, en fin. Supongo que es obvio que si te escogí a ti para acompañarme no fue solamente por tus capacidades, ¿no? Es porque… -cerró sus labios por unos segundos y, en un para nada ensayado y alevoso acto, llevó la mano de ella hacia su propia cabeza, que giraría de nuevo para que sus dos miradas chocaran por unos segundos del más total y absoluto silencio- Llevaba cientos de años sin sentir lo que he sentido al verte. Prácticamente había olvidado lo que se siente al tener esas mariposillas en el estómago y una risita tonta a la cual no puedas dar un por qué coherente -¡toma ya! Apofis, sin duda alguna, era un genio del teatro. ¿Cuándo le darían el Oscar? Lo estaba reclamando desde que aprendió a hablar- Solo si te parece bien, claro.
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Mensaje por Gema Vis Pacem el Sáb Abr 18, 2020 11:05 am

  Las palabras del contrario eran como arrullos en sus oídos. Y no es que fuera por el posible gran enamoramiento que tenía por él. Desde un principio, adoraba estar en sus clases precisamente por ello. Su voz se le hacía relajante, adoraba escucharlo hablar, prestar atención a sus explicaciones, ver sus labios moverse al son de las palabras. Fue tiempo después que comenzaba a tener la curiosidad de cómo estos se sentirían al presionarse sobre su propia piel. ¿Estaba mal? Había rezado noches enteras, buscando la respuesta en el señor. ¿Era culpable por sentir aquellos deseos? Finalmente había llegado a una respuesta. El amor no estaba mal, siempre y cuando no lastimara a otras personas ¿Verdad? Sin embargo, incluso hoy en día a veces sentía un pequeño sentimiento de culpa en su pecho. Algo que le decía que lo que sentía no era del todo correcto. Pero en cuanto se paraba frente al contrario, en cuanto lo veía directamente, todas las emociones negativas se borraban, como si se encontrara hechizada ante su presencia. ¿Debería pedirle perdón al Señor por sus deseos? No estaba segura.

— ¿Te gusta? Oh, me alegro. No pude evitar comprarla en cuanto la vi, se me hizo muy bonita a mí también — dijo con una sonrisa, mirando a su falda y acomodando esta sobre sus piernas, aunque no hubiera nada que estuviera fuera de su lugar, pero lo hacía más que nada como un auto reflejo.  — Está bien, lo siento. Es que me emociona el poder trabajar en ello. Pero intentaré contenerme — Bromeo, mostrando al otro una dulce sonrisa mientras le miraba por unos segundos, para finalmente volver a bajar la mirada, sintiéndose algo avergonzado aún. — S-Si… — Titubeo en un principio — A mí también me apetece más pasar tiempo contigo que otra cosa… Se siente lindo… — Murmuró, tímidamente sin levantar la mirada, como si el tejido de su ropa escondiera algún secreto que estuviera a punto de encontrar.

Asintió con la cabeza ante su proposición, según parecía, aquel día iban a pasarlo al completo juntos y no había nada que pudiera darle más gusto que aquello, incluso escapaba de sus más grandes anhelos, pues había deseado estar mucho tiempo juntos en cuanto llegara, pero se había dicho a si misma que bajara sus expectativas. El mayor era un hombre ocupado y ella simplemente era una… Asistente. Había algo dentro de ella que no le dejaba creer todos los indicios de posibles sentimientos que el contrario podría tener por ella. Por ello, en cuanto escuchó sus palabras y sintió sus dedos sujetándola para que le mirase, no pudo el evitar que su pulso se acelerara y sus mejillas se tiñeran de un color carmesí. ¿Era acaso aquello un sueño? No estaba segura, pues se parecía mucho a los tan recurrentes que tenía, donde el mayor le abrazaba y confesaba sus sentimientos hacia ella, donde podía sentir como eran el uno para el otro. ¿Podría estar más enamorada de lo que ahora estaba? Creía que no, pero cada vez que el contraría tenía alguna acción de ese estilo, se sentía caer un poco más por él. — Yo… Yo también… Siento l-lo mismo… — Sus palabras apenas fueron audibles entre tanto tartamudeo y con suerte habían tenido algo de sentido, pues la pobre muchacha ni siquiera podía procesar bien estas, sentía que su cuerpo iba a estallar en cualquier momento. Ni siquiera podía terminar de creer lo que había escuchado hace unos momentos. — Me parece muy bien, sí. Lo que tú desees hacer me gusta — murmuró, bajando la mirada aunque siguiera con la cabeza alzada, sin ser capaz de sostener esta en el contrario por más tiempo, porque realmente sentía que iba a perder los sentidos en cualquier momento. Todo lo que estaba sintiendo era demasiado para ella en ese momento. Necesitaba respirar y tranquilizarse, porque claramente eso no podía ser bueno.

— Podríamos… Claro, si tú quieres. Hacer algunas compras luego de llegar, en el medio del paseo y podría preparar algo para comer yo. No es necesario que pidamos comida rápida. Me encantaría cocinarte algo, como dije antes, como muestra de agradecimiento. Quizás no sea una experta cocinera, pero me defiendo bastante bien — dijo en un tono de voz bastante bajo, así como solía hablar de costumbre, pues era muy raro que sus palabras fueran de un volumen alto, al contrario, estas solían costar escucharse si no se le estaba prestando atención, pues su personalidad le impedía hablar por encima de los demás, no queriendo molestar. Así mismo, estas estaban cargadas de humildad, ya que en realidad, si era una muy buena cocinera, aunque jamás fuese a decir algo por el estilo.

Nuevamente volvió a mirar por la ventana por unos momentos, admirando el camino que estaban recorriendo y sonriendo. Claramente aquello era empezar casi desde cero. No podía imaginarse, sin embargo, un mejor escenario para hacerlo. Tener la compañía y tutela del mayor para guiarla y ayudarla en lo que necesitara, se sentía tan irreal y cálido. Quizás fuera por su buen comportamiento siempre… No lo sabía, ella creía que su comportamiento había sido bueno, sí, pero no se consideraba merecedora de ningún regalo, tal como sentía aquella situación que estaba viviendo. De repente, un pensamiento se cruzó por su cabeza, haciéndola sonreír un poco más. ¿Y si adoptara una mascota? Hacía tiempo que le hubiera gustado el tener una, pero antes toda su atención estaba centrada en sus estudios y no quería tener un animal a su cuidado sin que pudiera brindarle por completo la atención necesaria. Sin embargo, ahora que viviría completamente sola y solo tendría que trabajar, quizás si pudiera adoptar algún pequeño animal para que le hiciera compañía durante los fines de semanas o las noches. Estando acostumbrada a siempre compartir casa, tenía la sensación de que se le iba a hacer difícil vivir sola o no sentir ninguna otra presencia al dormir dentro de la morada. Realmente estaba tentada a hacerlo. Cuando ya estuviera instalada, definitivamente averiguaría de un centro de adopción cercano.


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Mensaje por Apofis Misr el Vie Mayo 01, 2020 2:41 pm

Escuchó Apofis el fuerte rugido de aquel motor, posiblemente ya veterano, como la gran mayoría del de aquella clase de vehículos, a medida que se sentaban. Inmediatamente, sonrió, al saber él mejor que nadie por qué había hecho eso el conductor cuando ni tan siquiera le había dicho la dirección. Un buen truco para que el taxímetro comenzara a aumentar su número y poder cobrarles de más. ¿Quizá pensara que estaba frente a alguna clase de millonario por el elegante atuendo que llevaba su cliente? Sí, quizá. Una mujer muy joven, un hombre cordial con ella y bastante paternal, bien vestido, hasta con guantes de cuero negro en las manos… Y al que le hacía muy poca gracia que jugaran contra él esa clase de trucos. Quizá esa misma noche, mientras cenaran, escucharían la noticia de que había tenido lugar un brutal asesinato a un taxista mientras salía de su vehículo, por parte de la mafia. Y luego ella comentaría que la ciudad parecía muy peligrosa, y él le diría que mientras estuviera vivo, nadie podría dañarla. Y se llevaría un besito en la mejilla de paso.

Pero todavía quedaba muchísimo para ello. El sol seguía ahí presente, y por la ventanilla podía avistar el luminoso y alegre día que les esperaba por delante. Posiblemente, sería el mismo tipo de días en los que el atardecer era fresco y rojizo, y que invitaba a dar un paseo aprovechando los últimos rayos del sol. Aquella ciudad, de gigantescos y relucientes edificios, como podría ver Gema desde su ventanilla, estaba repleta de lugares que visitar juntos. Pero todo a su debido tiempo.

Tras abrocharse el cinturón, porque por muy psicópata que fuera no quería dar mal ejemplo a su futura secretaria, se quedó en silencio por unos segundos. Dentro del coche, el ambiente era cómodo, ligeramente íntimo, suficiente como para que si a esa tímida mujer le ponía la mano encima, no se quejaría demasiado. Pero todo tenía que escalar de una forma aparentemente espontánea, así pues, debía empezar con mucha suavidad. Primero, entrelazando su mano con la de la híbrida que quedaba más cerca de su asiento, lentamente, para luego masajearla con la misma mano como podía, con pequeños movimientos circulares de sus yemas en el dorso, para luego dirigir su mirada hacia Gema. Unos ojos que a diferencia de cómo se mostraban con el resto de seres que se acercaban a él, parecía mostrar cierta humanidad. Tan relajado como estaba, su pupila había acabado redondeada, y el brillo asesino de sus ojos se había extinguido ligeramente, dejando un iris que si bien rojizo, no parecía expresar más que serenidad y paz, singularmente cómodo para ser él y estar en un incómodo (en comparación a sus elegantes butacas, en las que solía descansar cuando se encontraba trabajando) asiento de cuero. No le gustaban los coches, por cierto. Prefería desplazarse volviéndose a su forma real y arrastrándose a mayor velocidad de lo que aquellos trastos podían llegar. Pero sería elegante por ella una vez.

Los titubeos constantes de Gema, su forma entrecortada y tenue de hablar mostraba que en efecto, la seguía teniendo encandilada a pesar del tiempo que habían estado separados. Y visto lo visto, seguía manteniéndose también tan insegura de sí misma como antes, así que quizá se había reservado a él y todo con esas bobas creencias que aseguraban que con girar suficientes cuencas de un rosario todos tus problemas se solucionarían. Era tierno, sin duda alguna, pero también le estaba impacientando. Primero, con mucha calma, alzó la mano que tenía libre, para hacer un gesto con el que quería decir a la otra que quería silencio un segundo. Luego, dio la dirección del hogar en el que dormiría Gema. Y tras eso, hizo algo que sabía que sería mucho más efectivo para que la otra cerrara la boca un rato o al menos (o matarla del rubor, que también era una opción). La atrapó por el mentón con la misma mano para luego acercar sus labios poco a poco, dejándole un beso en la punta de la nariz que rápidamente deformaría en un beso propiamente dicho, uniendo sus labios con los de Gema y comenzando a buscar la lengua de esta. Sabía que ella era inexperta, cuando no completamente virgen incluso de eso, así pues, fue extremadamente lento, dándole su espacio para que ella pudiera probar lo que quisiera o tomara un poco de aire.

Pero el beso iba a seguir, mientras una de sus manos seguía entrelazada con la de ella y la otra la atrapaba por la cintura, descendiéndola ligeramente y posando sus dedos con suavidad un poco sobre la nalga de esa mujer. Sin llegar a pellizcar o tocar más que con su índice y corazón, pero un primer acercamiento era. Y vamos a ser sinceros, un beso sin mano ahí era algo incompleto a su parecer.

Acabó por apartarse, retirando sus manos y dedicándole una cálida sonrisa a Gema. ¿Sería su primer beso? Así lo ansiaba. Arrebatar aquellas experiencias a otras personas le resultaba todavía más excitante que el hecho de saber que la seguía teniendo totalmente engañada. El conductor parecía tan impactado que se olvidó de pisar el acelerador y comenzar a moverse. Posiblemente, eso lo abstendría de dedicarse a comentar la política de la ciudad como solían hacerlo.

-...Disculpa. -se apartó poco a poco, volviendo a su sitio y dando así prácticamente autorización al conductor para proceder, porque hasta ese momento, se había mantenido quieto. El taxímetro siguió dando números, eso sí. De la factura iban a hablar a posterior, también- Me he exaltado demasiado. Pero… quería hacerlo. Vamos a tener una nueva vida por delante, juntos.
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Mensaje por Gema Vis Pacem el Mar Mayo 26, 2020 1:27 pm

  De por sí, Gema no era una persona que hablara especialmente poco, sin embargo, dado su estado actual de una mezcla entre nerviosismo y ansiedad, estar hablando por los codos no era algo que le resultara particularmente extraño. Aun así, no se encontraba orgullosa de aquello y sabía que lo mismo podía molestar al otro, por lo que trataba de contenerse lo más que podía y, por ello mismo, paró en seco de hablar en cuanto el mayor le dio la seña para hacerlo. Quizás eso era lo que necesitaba, que le dieran una señal para detenerse. Lejos de tomárselo mal, mantuvo su sonrisa y su sonrojo, acomodándose en el asiento y mirando a su alrededor por un momento. Realmente esperaba, sin embargo, no haber molestado al mayor con su charla. Era lo que menos deseaba y había una parte dentro de ella que se sentía avergonzada de aquello.

Quizás por ello se había perdido momentáneamente en sus pensamientos, analizando si el contrario se había molestado con ella o no. Y por eso, en cuanto sintió el contacto en su mano, no pudo evitar sorprenderse y saltar en su lugar, mirando en primera instancia ambas manos unidas y sintiendo como sus mejillas comenzaban a arder y así, para cuando su mirada terminó en el contrario, estas ya se encontraban cual dos manzanas. No pudo evitar congelarse, para bien, ante su mirada, encontrándola cálida y dulce y sintiendo como se derretía ante la misma. ¿Podían culparla? Se encontraba completamente enredada en el otro y una mirada de ese tipo la hacía volar por las nubes.

Sin embargo, por más enamorada que estuviera y por más soñadora que fuera, nada la hubiera preparado para lo acontecido posteriormente. Un beso del mayor era algo que solo se atrevía a soñar, e incluso en sueños no podía llegar a estar tranquila. Por ello, no fue de extrañarse que sus ojos se abrieran a sobremanera cuando sintió el contacto de los labios ajenos sobre su nariz y posteriormente en sus labios. ¡La estaba besando! Si hubiese podido moverse, se habría pellizcado, para saber si se encontraba soñando. Más la impresión del momento no le permitía manipular su cuerpo más allá de cerrar los ojos y tratar de corresponder a aquel beso, de una manera completamente inexperta, pues aquella era la primera vez que su lengua entraba en contacto con una lengua ajena. De más esta decir que su sonrojo hacía rato había dejado de ser sano. Ahora este parecía extenderse a través de todo su cuerpo, bajando por su cuello y perdiéndose bajo la ropa, sin saber realmente a simple vista donde este terminaba. ¿Había comenzado a hacer calor o era simplemente sus emociones exaltadas al máximo? Ni siquiera podía pensar con normalidad. Todos sus pensamientos y sus sentidos estaban completamente volcados en el beso que estaba recibiendo. Simplemente en cualquier momento podría llegar a olvidar de respirar. Y así fue, solo cuando sintió los dedos del contrario acariciando su trasero y se sorprendió lo suficiente para darse cuenta de que le estaba faltando el aire, se separó levemente del contrario y bajo la cabeza, avergonzada por su propia torpeza y comenzando a hinchar sus pulmones de nuevo, quienes parecían reclamarle por haberse olvidado de uno de los funcionamientos más básicos de su cuerpo.

— ¿Esto es real? — Pregunta en voz alta, aunque realmente es una pregunta para sí misma, pues no puede creerse del todo que el contrario le haya besado. Es decir, lo deseaba, casi más que cualquier cosa. Pero el que haya ocurrido el primer día en llegar a aquella isla… Su corazón parecía salirse de su pecho y su respiración luchaba por ser regular. Parecía que había corrido una maratón, sin embargo simplemente era una tonta con respecto a aquellos temas. Ni siquiera recordaba otra vez en la que se hubiera puesto tan nerviosa.  — No… No tienes que disculparse… En realidad me gustó… Y mucho — Dijo en voz baja, casi tartamudeando y mirando, solo por momentos, al contrario. Pues no parecía poder sostenerle la mirada por mucho tiempo. De solo mirarle, las imágenes del beso se recreaban en su mente y su corazón parecía saltarse un latido. ¿Cómo iba a hacer para trabajar con él? Tenía que calmarse.

Aunque claro, las siguientes palabras del mayor no ayudaron en absoluto, haciendo que sus ojos volvieran a abrirse ante la sorpresa y que su corazón, quien buscaba calmarse, comenzara a latir a toda prisa nuevamente. — ¿Realmente? — Preguntó con añoranza, esperanzada ante la aparente promesa de un futuro entre ellos dos. — Estoy… Realmente feliz — dijo sincera, animándose a recargarse sobre el cuerpo contrario y cerrando los ojos, disfrutando del contacto con este. ¿Juntos? Eso significaba lo que ella creía ¿Verdad? La felicidad no parecía caberle en el pecho y tenía que contenerse de no temblar. ¿Qué otra interpretación podía tener la palabra “juntos”? No, no podía estarse haciendo falsas esperanzas. Un “Juntos” luego de un beso tenía que significar lo que ella estaba entendiendo.

Una amplia sonrisa se formó en sus labios, una que estaba segura no iba a borrarse en el resto del día, o semana. Quien sabe, quizás incluso le durara para toda la vida. ¿Qué había hecho de bueno para que la persona que amaba le correspondiera a sus sentimientos? La felicidad que estaba experimentando la hacía sentirse incluso mareada. ¿Había algo que pudiera borrarle la sonrisa? Lo dudaba, todo aquello era perfecto.


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Mensaje por Apofis Misr el Dom Mayo 31, 2020 8:19 am

Triunfal, culminó con el beso tan pronto como ella empezó a apartarse, relamiéndose por unos pocos segundos para terminar de saborear aquellos dulces labios que segundos atrás había podido invadir. Aquella evidente torpeza, aquella timidez y aquella pigmentación rojiza que ahora decoraba todo el rostro de la fémina dejaba entrever, tal y como él sospechó, su total falta de experiencia, aquella virginidad de la que tanto había especulado y que en efecto, la otra había conservado a la perfección, como si esperara al caballero que pudiera desposarla. Durante dos décadas, lo cual era una labor verdaderamente plausible si de verdad no había caído en la tentación tan bella como era. ¿Qué mejor forma había tras casi cinco años de esfuerzo de compensar su hercúlea tarea (porque enamorar a una mujer siendo él ese monstruo que era a su parecer era clasificado como tal, una tarea solo digna de un héroe helénico) que poder arrebatar la inocencia a su pequeña secretaria? Aquello solo era un mero adelanto, una pequeña exploración antes de llevarla esa misma noche al lecho. “Poco a poco”, pensó, como forma de autocontención. No podía dejarse llevar ahora, tenía que seguir en aquel papel de responsable docente.

La vio sincerarse, mostrar su satisfacción ante aquel gesto, por mucha timidez que hubiera mostrado segundos atrás. Era una mujer, y también tenía impulsos, por supuesto. Ahora lo entendía. Vio que era extremadamente débil ante la tentación, aunque ella nunca se hubiera sometido a esta. Solo tenía que hacer que dejara atrás esa recatada moral conservadora para convertirla en su muñequita. Y para ello solo necesitaba tiempo y su mejor sonrisa. Eso último, lo estaría viendo ella ahora. Le costaba, pero podía conseguir aparentar hasta cierta virilidad en un movimiento de labios que a algunos visto lo visto les parecía agradable y atractivo. Una sonrisa atrevida pero también cálida, paternal, y protectora, como también era el gesto con el que ahora la rodeaba, usando su largo brazo para recorrerle los hombros y mantenerla un poco más cerca de él. Era un poco incómodo, pero no le importaba. Quería mantenerla a su alcance, como si fuera un niño al amparo de sus brazos… O una muñeca a manos de un crío. Qué más daba, lo único que le importaba es que ahora estaba entre sus brazos tras tanto tiempo, tanto tiempo ansiando que llegara aquella escena, poder convertirla en suya de la forma menos violenta de todas, y más consentida. “Salir”, lo llamaban algunos. Él lo llamaba avasallar, o someter de una forma sutil.

Lo podía notar, podía notar cómo aquella mujer estaba totalmente a sus pies. Casi podía notar algo en su corazón, en aquella pétrea, gélida e inactiva caja torácica, un pequeño movimiento que parecía mostrar… Algo. Emoción, hasta piedad por ella. Parecía que aquella dulce híbrida había conseguido por unos segundos resquebrajar los muros de la muerte y poderosa fortaleza de pura maldad que rodeaba el corazón de la serpiente. Solo fue un segundo, pero en efecto, mientras aquel vehículo seguía moviéndose, algo pudo notar por ella. Empatía, aprecio. Y eso hasta le hizo ladear la cabeza por unos segundos.

-Es real, Gema. -dijo, como forma de intentar volver a posar los pies en la tierra y no ensimismarse en tan humillantes pensamientos. ¿Por qué había pasado eso? ¿Qué había sido ese brillo, esa molestia en el lugar donde los humanos tienen el alma supuestamente?- Estamos juntos, tú y yo. Y ahora, tendremos una bonita vida por delante. Simplemente regocijémonos en los ínfimos momentos que compartamos y apreciemos nuestra compañía, para que nunca se interrumpa. Y la muerte jamás nos separará si es por mí. Tras cuatro años esperando… Considero que puedo ser un poco idealista, o fantasear.

Tras un poco rato más, en el que se mantuvo en silencio simplemente para mantener aquella atmósfera romántica con la que sostenía y acariciaba la mano ajena, de una forma calmada, plácida, intentando a su vez evitar pensar en aquello que había tenido lugar en su interior. No podía ceder un solo gesto de debilidad, pues aquello sería la más suma blasfemia para él. Un demonio que ama no es un demonio, y él era el arquetipo de la maldad. ¿Cómo había conseguido aunque fuera fugazmente aquella muchacha ablandarle el corazón? Quizá era por aquellos ojos repletos de luz, o por aquella sonrisa que parecía mostrar un aprecio que difícilmente le había otorgado antes nadie. ¿Cuánto haría desde que recibió un beso consentido y sin lujuria por parte de quien lo recibiera, sino amor? Siglos, por lo que recordaba, o quizá más. Su cabeza comenzó a dar vueltas y vueltas al tema en completo silencio hasta que el vehículo se detuvo, anunciando la llegada al lugar donde iba a vivir Gema de ahora en adelante. Un edificio como cualquier otro, bastante alto, y por la fachada, relativamente moderno. Por supuesto, no iba a dejar que su pequeña viviera en un cuchitril, eso lo tuvo claro desde el primer momento. Sería un piso pequeño, de una habitación y otra vacía por si algún día tenía que quedarse él a dormir, y que como he dicho ya, había pagado él para que se amueblara. Prefería la utilidad a la ostentosidad, por ello, cuando llegaran ahí arriba, vería que todo en el lugar brillaba por tan pulcro como era, el blanco era color predominante y todo parecía dispuesto para tener la utilidad que se esperaba de ello. Pequeño, compacto, y fácil de limpiar o mantener. Lo que necesitaba una estudiante “soltera” que recién empezaba a ingresar al mundo laboral, sencillamente.

Miró el edificio por unos segundos, reacomodándose la corbata antes de sacar del bolsillo de su pantalón aquella flamante cartera de cuero negro en la que guardaba su tarjeta de crédito, también negra, con relieve de platino, que pasó rápidamente por el datáfono para pagar aquel viajecito y mirar despectivamente al conductor. Nada de propinas. Luego, se dirigió hacia el maletero del vehículo, sacando como si se trataran de ligeras bolsas aquellas maletas con las que había aparecido la joven y dejándolas en el suelo, para que la otra tomara alguna si quería.

-Y aquí estamos. ¿Te envié las llaves al final? Tengo una copia si no las llevas encima, no te preocupes.
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