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Mensaje por Baltazar Farnese el Dom Nov 17, 2019 12:56 pm


Baltazar Farnese


Datos generales
  • Masculino
  • Demisexual
  • Nace en el 1545
  • Ángel
  • Amo
  • Italiano
  • Suke
  • Jefe de Policía
  • Jugram Haschwalth - Bleach

  • D. Psicológica

    La calma más total y absoluta. Una pose firme y regia, casi marcial, mantiene a Baltazar como un ser totalmente frío y absolutamente impasible frente a lo que hay ante él. Hay quienes le comparan con un muro absolutamente sólido, sin ningún lugar más débil que el otro y que, si no se rompe desde todos los lados, simplemente, no se podrá tan siquiera mover. Educado, partidario de siempre mantener las formas calmadas y no excederse en nada. Absolutamente nada. Ni en palabras, ni en movimientos, ni en emociones. Bien es cierto que se mantendrá tan amable como buenamente pueda, que normalmente está sonriendo y que también, de forma usual, no se le verá enfadado. Estoico, incluso en casos de máxima tensión se mantendrá completamente en paz, incluso ligeramente despistado si no le interesa lo que está sucediendo a su alrededor. Bien es cierto que no le gusta la violencia, y se encarga perfectamente de dejarlo claro con sus formas e intentando evitar el uso de las palabras para ello. Más bien, lo más similar que se puede ver en él a la ira es cuando habla y se refiere a su rival con un trato de “usted”, normalmente usando la misma frase: “comprenda que no me gustan los conflictos”. Y nada más. Luego, cierra la boca inmediatamente y procede a seguir como si nada en lo que fuera que estuviera haciendo.

    Pragmático y maquiavélico, no duda ni un solo segundo en hacer que su voluntad se cumpla, pues normalmente esta se adapta a lo que, desde la tradicional escuela filosófica católica, se considera “moralmente correcto”. No parece tener una maldad interiorizada, y sus actos no suelen derivar en el perjuicio de nadie, no de forma intencionada al menos. La misma piedad que presentaba Santo Tomás de Aquino y la misma mano dura que poseía Federico de Prusia o Carlomagno en sus campañas. Esa frase parece describir muy bien sus actos. E intenta dejar muy clara esta doctrina en sus subordinados, haciendo prevalecer siempre el sentido de la razón sobre la emoción del momento e instruyendo a cualquier ser que se encuentre, por muy bruto o bárbaro que le vea, en las buenas formas de la fe de la que es creyente: la católica, apostólica, romana, la que él ve como defensora de los valores de la piedad y el buen hacer. ¿Y qué quiere decir “buen hacer” para él? Pues muy sencillo: el punto medio entre búsqueda de la perfección y dejadez, el punto medio entre osadía y cobardía… Ese punto que algunos conocen simplemente como virtud.

    Esto no quiere decir que sea idiota y vaya siempre a perdonar y olvidar. No. En cuanto reciba el más ínfimo comando, en cuanto se le dé la más mínima orden por parte de un superior, la acatará con marcial precisión. ¿El por qué? Simple. Porque no intenta ir contra las estructuras de poder de las que sabe que él forma parte y debe ayudar por mantener en pos de la paz perpetua. ¿No es acaso desde el orden que florece la libertad? Antes de la sociedad, él no cree haber visto libertad individual, y tiene bastante experiencia adquirida de tiempo atrás y en consecuencia mucha licencia para hablar del asunto. ¿Y quiere decir que sea tan favorable a la iglesia católica que esté en contra de asuntos como, por ejemplo, la esclavitud? No, porque sigue la costumbre aristotélica, la que piensa que hay quienes han nacido para ejercer de reyes y quienes lo han hecho para ejercer de esclavos, y nada lo cambiará. Es ese mismo mecanismo natural el que le coloca a él, por ejemplo, por encima de sus subordinados, pero por debajo de figuras más importantes como el líder del ejército. Y simplemente, va a seguir siendo así, porque, quiera aquel que maldice o no, Deus Vult.

    A lo que amor se refiere, es una persona que simplemente, todavía experimenta. No es virgen, pero mantiene una severa abstinencia que no quiere romper si no le es obligado por su pareja. No tiene ningún tipo de fetiche extraño (o al menos no quiere mencionarlo ni airearlo en público), no tiende a entretenerse de esas formas y, al menos en primera instancia, considera el amor como un acto tan poético y literario que no debe ser ensuciado con la repetición constante de este, sino con su perpetuación en el tiempo. Esto le vuelve... Dominante en parte, a las formas tradicionales. Siendo sinceros, esto a algunos les puede resultar atractivo. Pero la cuestión es que lo hace por ser puramente conservador, y porque su visión del amor incluye que una parte tenga cierta responsabilidad sobre la otra en lo que a protección se refiere.

    Es culto, sensible (a veces, viendo alguna película hay quienes notifican haberle visto emocionarse o, en casos contadísimos y bien escritos en las mentes de quienes han estado presentes en semejante milagro, con los ojos un poco humedecidos) al arte y sobretodo, muy curioso por aprender. Cuando no esté trabajando, se le verá leyendo o investigando en algún lado; siempre llevando algún libro bajo sus manos que puede ir de temas tan variados como las técnicas militares del bando cristiano durante la primera cruzada a un curso para iniciados en el mundo del macramé. ¿Por qué? Pues porque sí, porque tiene memoria para tragarse todos esos datos complemente inútiles a primera vista. De buena oratoria y un talante que puede resultar involuntariamente galán, este ángel hará las delicias de los amantes de las novelas que relatan las andaduras del clásico caballero en la corte, al más puro estilo del Tirant lo Blanc

    Un personaje, en conclusión, carismático y curioso como él solo, como ese café de sabor tan inusual que se queda grabado en el paladar de quien disfrute de lo exquisito. De lo exquisito y ya madurado.

    Es uno de esos seres que tienen una edad que oscila entre dieciséis y treinta años, tal vez un poco más. De rostro juvenil pero maduro, facciones suaves pero viriles, sin barba alguna que notificar, pero una seriedad que la sustituye de sobras para marcar una edad elevada y adulta. Ojos tristes y normalmente inexpresivos, de un color azul que puede variar según quien lo describa entre oscuros y claros. No parece haber un consenso al respecto, y no será hoy el momento en el que se descubrirá exactamente cómo describir esa penetrante e involuntariamente magnética mirada. Hay quienes dicen que es hasta atractivo, pero eso es cuestión de gustos.

    Se podría presentar de forma paritaria su cabello largo, rubio y bien cuidado, con una constitución física delgada y similar a la de un bailarín, de piernas largas y finas, y un tacto corporal que hace que algunos le consideren francamente afeminado. Tampoco ayuda mucho para quitarse esto de encima el hecho de tener las manos extremadamente suaves (si bien grandes), el cuerpo sin ni un mísero centímetro de vello y unos labios pequeños y finos que pueden parecer hasta femeninos.

    Pero también se puede describir ese porte marcial, esos trabajados pectorales y brazos musculados, esa seguridad que desprende al moverse y sus posturas, completamente seguro de sí mismo y mostrando una belleza que también puede ser calificada como clásicamente viril a pesar de todo.

    Es un ser que, depende del lado desde el que se le mire, parecerá una cosa u otra, pero sin embargo, solo hay una cosa que se podría considerar certera al intentar describirle: su edad aparente es tan inclasificable como lo puede ser la de cualquier ser representado en una estatua helénica.

    D. Física
    Poderes/Debilidades/Habilidades


    Habilidades
    *Mandato del Cielo. Desprende cada segundo que pasa una relajada aura de total serenidad. Hay quienes definen estar cerca de él como ser arrastrado por una leve ola que te va meciendo poco a poco, de forma cariñosa y tan suave que puede llegar a causar hasta cierta somnolencia y placer. Y cuanto en mayor calma está él, más potente es esta sensación que desprende.

    Roma Traditoribus Non Praemiat. Obviamente, tantos años dentro del ejército le han dado un conocimiento militar impresionante. Y es en consecuente, tal vez, uno de los más veteranos practicantes de cualquier arte marcial que se precie en la isla. Elevadísimo dan de aikido, maestro de iaido y conocedor de prácticamente todo estilo de lucha del bushido, quien sea que se enfrente a él necesitará más que suerte y agresividad para hacerle frente en el cuerpo a cuerpo.

    Restauración Borbónica. Parece poseer cierta resistencia ante todo tipo de maldición y mala arte que se lance sobre él. Cuanto más poderoso es el conjurador, menos daño le hace. Y cuanto más oscura o dañina sea la magia, también.

    Pantocrátor. Como bien se ha dicho anteriormente, su aura transmite calma según cuán calmado esté él. Esto va más allá en él mismo, puesto a que, cuanto más relajado esté, más y más parece ralentizarse para él la percepción del tiempo. Esto quiere decir que un puñetazo lo va a ver a una cámara muy lenta. ¿Y cómo se podría traducir esto en una situación real? Pues, por ejemplo, si ha estado meditando, lo ve todo pasar muy despacio. Muy predecible. Tanto que hasta se vuelve complicado engañarle de forma alguna. Y si por ejemplo, se le quisiera disparar… Podría verlo, escuchar el sonido poco a poco, ver la bala llegar hacia él y moverse en la dirección adecuada para evitarlo. Y el rival, desde fuera, vería a Baltazar moverse muy despacio (pero a un ritmo lógico) y aun así evitar el ataque.

    Su hora más gloriosa. Capacidades de comunicación que a más de uno le haría creer que es omnisapiente. No solo es que pueda comunicarse en todas las formas humanas o no humanas (incluidos idiomas animales o hasta alienígenas si los ha escuchado el tiempo suficiente), es que también, puede hacerlo mentalmente. Hablar con cualquier persona sin mover los labios. Entender la respuesta sin que este la haya gesticulado todavía. Esto, cabe decir, no es una lectura de mente: no puede descifrar lo que piensan las personas, solo las respuestas que quieren dar. Claro, que si tú mientras vas a dar un puñetazo piensas que vas a dar un puñetazo, pues… Además de que muy listo no eres también será culpa tuya.

    Poderes

    Los Cinco Anillos. Puede llevarse a sí mismo a una “Dimensión Espejo”. Un lugar idéntico a la tierra, pero donde el tiempo y el espacio están totalmente distorsionados a voluntad de Baltazar. Para llevar a otra persona a este lugar, o lo puede hacer de buena voluntad como Osiris guiaba las almas de los muertos, o lo puede hacer a la fuerza, en este caso, mediante la creación de un portal entre sus manos en el cual puede forzar a introducirse a la otra persona. En este lugar, la voluntad de Baltazar parece ser la ley universal absoluta, pero todo lo que pase aquí no influirá fuera del mismo. Es decir, que si en este lugar Baltazar hiciera que su rival perdiera un brazo mediante un corte, por ejemplo, en cuanto salieran del mismo el brazo seguiría ahí como si nada.

    Bushido. Cuerpo, Espíritu y Mente se funden en uno cuando Baltazar alcanza la iluminación. Y puede hacer que otros lo hagan. En un proceso bastante… Desvelador e incómodo. Desde fuera, se ve como si Baltazar diera un puñetazo en el pecho, o donde sea. Pero quien lo sufra… Notará que algo cambia a su alrededor. Verá todos y cada uno de los sucesos de su vida, y de todas las personas que han estado cerca de él, de las que lo estuvieron y de las que lo estarán. Todos los números, del uno al infinito, se le volverán conocidos. Todo el conocimiento del mundo, todos los tratados de filosofía escritos y por escribir. Todas las sensaciones, todos los placeres y penas existentes o por existir, lo sentirá. Todas las imágenes, y así con un largo etcétera.
    Hay gente que ante tanta información puede literalmente entrar en estado de ansiedad absoluta o no dar más de sí. Y otros que, si lo aguantan, saldrán de ahí con una gran cantidad de conocimiento y experiencia de la que carecían. Cuanto más equilibrado sea más el que reciba el ataque, cuanto más se haya cultivado en la senda del Tao (o Diez Mandamientos, o Voluntad de Dios, o Ankh, o como quieras llamarlo según la religión que te guste), este poder más beneficioso le será. Y cuanto más desequilibrado, más dañino con el resto del mundo… Mayor será el daño por el ataque.

    Emperador de Jade. Esto no es tanto un poder de combate como lo es para el resto de cosas. La capacidad de impedirlo. Generar sobre sí mismo y el resto de personas un pesado manto de luz. Y este manto, cuanto más intensiva es la intención de dañar a una persona cerca de él… Más fuerte se vuelve, y no parece tener un límite preciso. Acaba aplastando a todo aquel que tenga una intención belicosa en su ser contra cualquier persona, Baltazar incluido.

    Buda. Una oración que atrapa al enemigo en una zona en concreto. Y por mucho que este haga para escapar, una extraña fuerza le hará volver al punto que Baltazar ha designado como la zona de “encierro”. No parece controlar cuán grande es la misma, pero parece que cuanto más poderoso es su rival, más reducido es este rango. Tanto que a veces, contra criaturas verdaderamente poderosas, ha podido reducirlo al tamaño de su mano.

    Plus Ultra. Y al fin, su arma final, obtenido tras años y años en la guerra. Añorando tanto la necesidad de poder ser feliz y tener cierta… Vida normal… Desarrolló un extraño poder. El poder de la total pacificación. ¿Y cuál es el ser más pacífico del mundo? Los niños. Por muy maliciosos que sean, no dejan de ser inofensivos. Así pues, (se pedirá permiso al jugador afectado previamente), puede lanzar una especie de “bendición” a su enemigo. Y esta bendición… Vuelve al rival un crío, de entre cinco y diez años. Con las mismas habilidades que tuviera a esa edad y todo, tanto tiempo sea necesario hasta que la maldad del mismo queda totalmente eliminada, lo cual, hará que la duración de este hechizo dure tanto como lo que dura esto. Esto lo puede hacer con un canalizador de su energía mágica, en este caso, y siempre suele ser, su propia insignia de jefe de policía. Y parece que quien la tenga, si se le ha enseñado el cómo, puede imitar la habilidad también.

    Debilidades

    *Sin embargo, y por mucho que se haya dicho que tiene gran conocimiento marcial… Su ser es el de un hombre ya mayor. Y esto quiere decir que se agota rápidamente. No tiene a duras penas resistencia. Y si bien se ha dicho que cuanto más largos son los combates más puede usar algunos de sus poderes, también es cierto que posiblemente, llegue un punto en el que simple y llanamente, por puro cansancio, se desmaye.

    *Cuerpo, Espíritu, y Mente, son uno con Baltazar. Pero el mismo cuerpo que tendría un humano, concretamente. Esto quiere decir que su fuerza física no es nada del otro mundo. Que sí, que puede hacer técnicas extremadamente potentes con cero fuerza, pero esto no quiere decir que sea invencible. Más bien, todo lo contrario: los agarres, abrumarle con mucha más fuerza es algo muy efectivo. Y su piel no es que rebote balas ni ninguna cosa así… En ese sentido, es bastante humano. Y también muy enfermizo. Sería normal que un día le diera semejante gripe que tuviera que quedarse en cama una semana.

    *Cuenta la leyenda, que Masamune, cuando creó la mejor espada que jamás había conseguido forjar, se dio cuenta que la misma no podía dañar a inocentes. Lo mismo pasa con Baltazar. Simple y llanamente, no puede atacar a nadie que no haya mostrado al menos, intención de herirle a él mismo o a un tercero estando él presente. Y no, literalmente, no puede hacerlo antes. Sus brazos no responden en caso de intentarlo. Ni una sola parte de su cuerpo lo hace. En consecuente, no puede atacar a inocentes, no, pero tampoco a potenciales criminales si no muestran instintos agresivos.

    *Tiende a tener un corazón bastante… Sensible. Y esto es literal. Los ataques por la espalda, que puedan llegar a romper la gran fortaleza de su resistencia espiritual y mental… Le hacen sufrir severos problemas cardíacos que pueden llevarle a paradas de corazón. Esto no es ninguna broma. Puede, literalmente, desmayarse por esto antes de que empiece un combate. Claro que… También es cierto que cuesta mucho descubrirlo porque suele estar atento a todo lo que le rodea. Pero no siempre. Y e ahí el problema: no siempre.

    *Y por último… Su gran debilidad: las heridas causadas por seres queridos o por los que ha desarrollado un lazo afectivo. Imaginemos que una persona se infiltra en su círculo cercano con la intención de espiar y por alguna razón, esta persona apuñala a Baltazar. Estos cuchillazos no le afectarán tanto física como espiritualmente. Sus alas de ángel se verán severamente dañadas. Su “pureza” angelical será brutalmente mermada. Y esto quiere decir… Que una traición lo suficientemente grande le causaría toda clase no solo de problemas físicos (como nerviosismo, depresión, estrés post traumático o leves paradas cardíacas a largo y corto plazo), también le podría hacer incluso caer como ángel… Y eso le supondría una cosa peor que la muerte. Más bien, cualquier emoción negativa u hostil (como que se le encaren o le insulten) de una persona a la que él considere importante le puede dejar cansado o... Directamente enfermo.

    +Es un amante de las artes marciales como lo pueden ser el Aikido y el Iaido, habiendo llegado al octavo dan de la primera. Bien es cierto que a los ojos de un belicista, este tipo de artes marciales, más basadas en la parte filosófica y espiritual que en el pragmático uso de la violencia, pueden resultar inútiles e indignas de ser llamadas de esa forma, pero, sin embargo, para él, eso es lo de menos. Se ha salvado la vida a partir del uso de técnicas como el ikkyo y además, le resultan extremadamente placenteras y una buena forma de meditación.

    +Se ha dicho más arriba que es un pequeño ratoncillo de biblioteca, así pues, no es de extrañar que una de sus aficiones preferidas sea el buen leer. Tiene como autor preferido de novela, a Arturo Pérez Reverte, mas, sin embargo, su pensador preferido es y siempre será el ya maduro y anciano Antonio Escohotado, aunque no le hace feos a ningún filósofo clásico como Heráclito o Parménides, como tampoco a Schopenhauer o a Kant. Y si no te suenan ninguno de esos nombres, que no te extrañe… Cosas de viejos, tampoco hay que hacerle muchas vueltas.

    +Es un consumidor frecuente de música clásica. Muy frecuente. En su despacho como jefe de policía, tiene puesto siempre a todo volumen, como si se tratara de un álbum de algún grupo de rock, música clásica. Vivaldi, Bach y por qué no, de vez en cuando, alguna canción de guitarra española simplemente porque sí.

    -Odia desde el más profundo interior de su alma a los idealistas. Le parecen fuera de lugar, totalmente innecesarios en un mundo regido por el dolor y el sufrimiento causado por la voluntad del vivir. A pesar de que a veces, él sufra pequeños ataques de esa misma cosa que él considera una enfermedad.

    -Ese tipo de ateo que no se ha leído un texto religioso con el que fundamentar sus críticas jamás le produce jaquecas. De la misma forma, odia a los religiosos que no comprenden el cómo de la ciencia. Más bien, por qué no ser sinceros: odia a todo ser que no sea culto e intente opinar de asuntos para los que se requiere cierto conocimiento previo.

    -Esos graciosillos que piensan que le gusta que coqueteen con él. Pues no. Para él, un roce por debajo de su cintura o una caricia en la cadera debe ir acompañada de una más que arraigada relación previa si no se desea que este tipo de caricias acaben en un bien merecido puñetazo. El porqué de ese odio a cualquier toque que tenga la más mínima intención lasciva o palabras así puede deberse, principalmente, al hecho de no estar acostumbrado a ellas y querer seguir sin estando familiarizado con ese tipo de vida.

    Gustos & Disgustos
    Extras


    -Desde que llegó a la isla, ha tenido algún que otro desliz del tipo amoroso. Ha acabado teniendo un poco de experiencia... Y obviamente, llegó un punto en el que le acabó por interesar tener pareja. Y lo hizo. Actualmente vive en una pequeña villa en la costa de Sunflower, con una pequeñísima porción de playa privada y todo.
    -Tiene las siguientes nacionalidades: español, portuguesa, austríaca, inglés, italiana y le concedieron las ciudadanías japonesa y  estadounidense honoríficas por su actuación en el teatro del Pacífico una vez finalizadas las operaciones del Atlántico. Literalmente, y tiene derecho al trono de tres de esos países.
    -Practica con asiduidad artes marciales varias, gastando al menos, diez horas semanales como mínimo en ello. Y más que gastaría si no fuera por el trabajo. También va al gimnasio de vez en cuando, aunque solo sea porque le parece una buena forma de socializar. Él mismo es el que da las clases como sensei.
    -Desde hace unos pocos años, le gusta escribir. Publicó no hace mucho un libro y todo, el cual tituló: "Talasocracia" y trata, obviamente, de sus vivencias como almirante y capitán de navío por tantos años, explicando con todo lujo de detalles la vida en las duras situaciones de la guerra. Y tiene otro preparado, pero eso ya lo publicará en el corto plazo.
    -Técnicamente, y siendo muy quisquillosos con la rama genealógica, él sería el heredero al ducado de Parma si este se volviera a constituir por un casual. Lo cual no quiere decir que tenga poder alguno fuera de su cargo como jefe de policía, porque a fin de cuentas, Italia lleva siendo República desde el 46. Siendo igualmente quisquillosos, tiene derechos al trono de España, Portugal Italia y Austria. Y siendo todavía más meticulosos, técnicamente él podría reclamar el trono de al menos el primer país por ser el familiar más cercano a un rey hispánico previo a la restauración borbónica.
    -Su nombre completo es algo similar a esto: Baltazar Farnesio de Borbón-Parma y Hasburgo-Dos Sicilias-Hohenzollern. ¿Se entiende ahora por qué prefiere llamarse a sí mismo "Farnese" y ya?
    -Aunque no lo parezca, debido al grado de madurez ya informado en su personalidad... Es ciertamente impulsivo para comprar pets. Solo un poco.
    -Siempre bromea con su jubilación. Pero... Su débil estado físico le está haciendo qué pensar al respecto... Cada vez lo ve más factible.
    Historia


    En el 1545, se inician los procesos del Concilio de Trento para hacer frente a la reforma protestante, iniciada por Martín Lutero en el norte de ese Imperio que no era, ni sacro, ni romano, ni un imperio, siendo estrictos con lo que esto verdaderamente significaba y teniendo en cuenta el auge del colonialismo que hacía que potencias más occidentales al imperio obtuvieran más y más territorios en contra de civilizaciones consideradas como bárbaras entre los propios humanos. Ese título había quedado reducido a un mero adorno más con el que decorar los títulos del prácticamente todopoderoso Carlos V, el cual, en un intento de terminar con el cisma, convocó previamente una Dieta en Worms totalmente en vano.

    Fue en ese escenario que, en el territorio hispánico de Nápoles, nació, en el seno de una rama menor de la familia de los Farnesio, duques de Parma, la cual previamente había alumbrado al prácticamente invicto almirante Alejandro Farnesio; el pequeño Baltazar, un niño que, a diferencia de una gran mayoría de sus parientes, poseía el cabello rubio claro y una piel suave y delicada, en contra de sus tíos y primos cercanos, mucho más viriles y aguerridos que él y sus padres, de piel blanca completamente y arios. Algunos temieron por la salud de ese ser, creyendo que su delicadez y suavidad no podían ser símbolo más que de una clara debilidad que le haría enfermar con el tiempo. Y es por eso que se recomendó a sus padres, de bolsillos más que llenos por lo que el apellido familiar les podía entregar, se retiraran por la salud del pequeño a alguna villa familiar alejada de la ciudad en la que poder criar a ese ser sin miedo de que acabara muerto en su más tierna edad. Y luego, en cuanto este tuviera edad, entregarlo a las autoridades de la iglesia como un miembro del clero que, teniendo en cuenta el apellido, no tardaría en situarse rápidamente al mismísimo lado del Papa de Roma, que para ese momento no era más que un mero títere del Emperador.

    Pero, sin embargo, ese niño que en cuanto tuvo edad suficiente como para leer fue obligado a empezar a hacerlo en manos de los mejores instructores que se podían encontrar en la rica península Itálica, se estaba mostrando increíblemente resistente a cualquier tipo de enfermedad. Aunque siendo sinceros, lo que los padres de Baltazar se guardaban para ellos era aquello que les diferenciaba de la rama troncal de los Farnesio. Y es que, mezclas extrañas e infidelidades de tiempo atrás habían mezclado la sangre de la familia con la de los ángeles desde tiempos tan arcanos que, ya para ese momento, Baltazar nació como un completo ángel, al igual que sus padres. Y Baltazar solo tenía una meta para ese momento: imitar a su mayor familiar en ese momento, el gran Alejandro Farnesio, que ahora se dedicaba a volver imposible la navegación de los enemigos de las coronas de Aragón y Castilla. Ansiaba echarse a la mar como un almirante más. Así pues, no dudó en molestar a su padre para que convenciera a los otros miembros de la familia de brindarle autorización para ingresar en cuanto se pudiera en alguna academia militar. Y así fue, a los diez años, antes de lo cual, la biblioteca familiar se le había quedado pequeña.

    Mostró gran talento para memorizar y pensar por sí mismo, y, tal vez por su muy superior raza, no le resultaba problema alguno superar a sus compañeros. Muchos pensaban que su aspecto afeminado era símbolo de debilidad, pero, sin embargo, era el primero en levantarse cuando era necesario y practicar en la disciplina que se le pidiera. Los años pasaron, y, a los dieciocho (un poco más tarde de lo habitual, pero es que, a fin de cuentas, se estaba esforzando por simplemente ser el mejor en lo que se le ofrecía), a su carrera de militar marítimo se le sumaba un cargo de capitanía y una buena educación en teología y esgrima. Y a esa edad, como un buen Farnesio que era, se le entregó una pequeña carabela a su servicio para luchar en las aguas del mediterráneo contra la poderosa flota de piratas turca, que atizaba con furia las plazas africanas de la corona. Y sí, bautizó ese barco con un nombre: Parma, como el ducado del que la rama troncal de su familia era ama.

    Sin embargo, una experiencia marcó su vida por completo. Hizo que todo se le pusiera patas arriba… Y entendiera la guerra como lo que era. Fue cuando el Emperador se percató de que no podía permitir que una potencia en la otra punta del Mediterráneo le igualara. Y esta potencia que amenazaba con competir con España era… El… Imperio Otomano. Una potencia que años atrás había aniquilado a Bizancio, que había subyugado a los Balcanes enteros. Sus armadas atacaban las plazas de soberanía hispánicas en el norte de África (hasta tal punto que el Oranesado había caído ante el temible Barbarroja) y arrasaban con todo lo que encontraban. Mujeres eran llevadas a los mercados de Zanzíbar y luego vendidos entre árabes. Niños eran convertidos en jenízaros y miles de hombres ejecutados. Día tras día. Puede que Castilla tuviera el poder más allá de Gibraltar, y que Aragón hiciera lo propio en Italia, pero lo innegable es que esta hegemonía se veía amenazada por las huestes otomanas. Esos mismos hombres que habían invadido el Sultanato Mameluco de Egipto, que habían humillado a la Serenísima República de Venecia y que bajo el mandato de Solimán el Magnífico habían sometido por completo a Hungría y habían estado a las puertas de Viena. A las puertas de la capital del Sacro Imperio Romanogermánico, que si bien era algo ya meramente simbólico, era el símbolo de la cristiandad.

    El monarca español no pudo consentir esto más y, junto a Venecia, los Estados Pontificios, los Caballeros de la Orden de Malta y el resto de estados afines menores, creó una flota conjunta al mando del Almirante Juan de Austria (familiar por cierto de Baltazar, aunque teniendo en cuenta la enrevesada rama genealógica de los Farnesio, eso no es muy difícil) que debería aniquilar a los otomanos. Y así fue.

    Juan puso al mando de uno de sus flancos a uno de los más jóvenes almirantes hispánicos, bajo la más veterana comandancia de Agostino Barbagio, al cual Sebastiano Venier (Dux de Venecia) había seleccionado también para la defensa del ala derecha. Y sí, defensa, porque Baltazar tendría que luchar cara a cara contra uno de los generales más agresivos de toda la historia de la humanidad: Bey de Alejandría, Suluk Mehmed Pasha. Solo el nombre causaba temor entre las tropas cristianas.

    A las pocas horas, las gigantescas barcazas turcas se cruzaron con las de la Liga Santa en Naupacto, donde tendría lugar uno de los mayores conflictos marítimos de la historia, y tal vez, el más importante.

    Los cañones resonaron. Las flechas del bando islámico impactaron contra las balas y la pólvora de los cristianos. Y Baltazar tuvo que lidiar con el problema que suponía aquel maldito hombre, que había conseguido poner contra las cuerdas el navío en el que Barbagio iba, aislándolo del resto y en consecuente dando el mando del flanco a Baltazar. Lo que él no sabía es que ese buen hombre moriría. Pero de mientras se encargó de reafirmar la superioridad de los suyos de tal forma que, tras soportar un par de oleadas que dejaron mancos de recursos (al igual que cierto escritor que estuvo ahí presente llamado Cervantes) a las tropas de Mehmed, Baltazar castigó con fuerza, hundiendo todo cuanto pudo y siendo el que dio con un corte de espada, muerte al otomano. Mas hasta que ese momento llegó, sus ojos lo vieron perfectamente: cómo sus enemigos acababan con la vida de quienes luchaban a su lado siempre que podían de formas crueles y animales. Podía ver desde ahí cómo los otomanos aprovechaban la ocasión para atacar las cosas griegas y saquear, matando inocentes que tal vez ni tan siquiera eran católicos. Pero ganaron, y él pudo volver a su hogar. Desde esa guerra, desde que vio todo lo que vio, el ángel jamás pudo volver a pisar tierra árabe sin recordar tan aciagos días. Todavía puede en su cabeza escuchar los gritos, las maldiciones en ese exótico idioma. Todo le es todavía muy claro.

    Y así se pasaría una larga temporada, bajo el mando de diversos siervos y vasallos y siendo desplazado constantemente para defender las muchas plazas mediterráneas en todas las guerras que libró la monarquía hispánica contra sus enemigos. Enfocado como lo estaba en el trabajo, jamás se casó, ni tuvo hijos. Más bien, tan siquiera tenía un hogar más allá de una pequeña villa completamente abandonada que no usaba en la hermosa Toscana.

    Sin embargo, algo sucedía con él, y es que jamás envejecía. Jamás moría. Mientras sus hombres se veían afectados por las más cruentas plagas, él se mantenía perfecto sin importar lo mucho que se acercara a las zonas más infecciosas. Y eso era extraño. En un contexto de tanta tensión religiosa, resultaba incluso inusual que para la muerte de Alejandro Farnesio, su familiar se mantuviera como a sus veinte años mozos. Nada más a comentar. Rápidamente, y sin que él lo supiera, algunos comenzaron a sospechar de él y acusarle de brujería. Y en cuanto esto llegó a sus oídos… No tuvo más remedio que dejar la capitanía, tras años y años de servicio, fingiendo su muerte para escapar de cualquier inquisidor que pudiera intentar acusarle de brujería… En esa pequeña villa. Tendría cincuenta años cuando esto sucedió, más o menos, y todavía seguía totalmente joven (y virgen, por cierto, porque no había tenido contacto con ningún hombre ni mujer en toda su larga vida). Los para ese entonces líderes de la familia, en un intento de mantener el honor y la importancia del linaje, le comprometieron con una joven aristócrata de alguna familia a la que también le interesaba mantener alguna relación con una casa tan importante como lo era la de los Farnesio. Esa mujer tenía de nombre Agatha, proveniente del lejano ducado de Prusia. Albina, de cuerpecito suave y menudita, bastante débil y constantemente cubierta para que no le diera el sol. Y francamente, sería la única mujer a la que amaría. Juntos, pasaron gran parte de su tiempo estudiando en la villa del marido, felices y sin ninguna preocupación gracias a la fortuna que obtuvo Baltazar como capitán de navío.

    Solo un detalle arruinó su felicidad, y este fue, como siempre, el tiempo. Ella envejecía, pero él no. Y ella falleció… Pero él seguía sin fenecer. Su raza le resultó más una maldición que una bendición con el tiempo. Y es que, a medida que pasaba el tiempo, las cosas en la otrora pacífica Italia se iban complicando, mientras él se mantenía como un ermitaño cuya familia había caído en la desgracia. Primero vino un tal Napoleón que quería formar un imperio a la romana, destruyendo la rama troncal de los Farnesio y su ducado en el proceso. Ni se inmutó, pues simplemente, pudo pagar su abstención en la guerra. Luego, la unificación italiana. Y eso fue, tal vez, lo que más marcaría su vida. Su antigua vida militar había sido al servicio de los reyes de España, pero ahora, sería como un italiano de verdad. Pudo presentar pruebas de su servicio como capitán de navío previamente (falsificando bastante, siendo sinceros) para obtener una plaza como capitán, esta vez de la Regia Marina, la institución italiana encargada de la defensa de sus intereses marítimos. Y eso le obligó a enfrentarse por cierto, a los otomanos de nuevo, con tal de obtener las plazas italianas que posteriormente formarían parte del imperio colonial en Libia.

    Y luego, por supuesto, estalla la primera guerra mundial. Razas y razas enfrentándose por los escasos recursos y las ansias expansionistas de todos los estados. Baltazar combate en el bando ganador y, en un gesto increíblemente inusual, conseguía con su experiencia poner las cosas duras a los prácticamente invencibles submarinos de guerra alemanes y austrohúngaros, de lo cual pocos más capitanes podían fardar.

    La victoria italiana se unió a una decepción general por el poco territorio obtenido tras la guerra, mas Baltazar se conformaba con haber salvado el pellejo. Como compensación, le permitieron bautizar el barco que había usado con el nombre que quisiera, y él no lo dudo ni tan siquiera un segundo: Agatha.

    Las cosas siguieron bien durante unos pocos años. Luego, la economía cayó en picado y cierto socialista cuyo nombre era Mussolini se hizo proclamar como el duce italiano, usando su ejército de camisas negras para intimidar al rey italiano. Baltazar tenía órdenes de no intervenir, y dejar que el hombre tomara el cargo de primer ministro del Reino. Un cargo que él veía indigno, recordando en la figura del calvo en cuestión la del Emperador al que hacía siglos había servido y cuyos siervos le habían obligado a abandonar por años la única cosa que le agradaba: la carrera militar. Ahora, como miembro de una fortalecida Regia Marina, su misión es apoyar en la guerra civil española al bando insurgente: y lo hizo. Decenas de buques mercantes republicanos cayeron porque el ángel se veía forzado a simplemente, cumplir órdenes.

    Pero llegó algo que no pudo seguir soportando. Por una vez, su fidelidad quebró al entrar la Italia Fascista en el conflicto más sangriento, fanático e inmoral de la historia: la segunda guerra mundial. Él y la tripulación de su barco, principalmente a favor de los principios de la democracia cristiana, desertaron, cediendo el navío a la Armada Británica para la cual luchó en un acto de grandísima traición que él veía ético teniendo en cuenta que, Mussolini, ese terrible dictador, era todo lo contrario a lo que marcaba la Biblia con la que había sido criado desde muy joven.

    Y, al fin, en el 1945, finaliza tal conflicto, siendo Baltazar condecorado por su valentía por las fuerzas armadas británicas. Él, como compensación, solo pidió algún cargo civil pequeño en algún lugar apartado y que no se le molestara sucediera lo que sucediera. Ese lugar fue la pequeña ciudad de Sunflower, como el jefe de policía. Una ciudad regida por el caos y la jerarquía de amos y esclavos. Y su misión era simplemente que eso se siguiera respetando, pues no querían que esas criaturas se juntaran con la población británica. Así sería. Consideraba a Churchill y a los suyos como grandes demócratas a los que debía respetar. Así pues, un ya mayor pero extremadamente experimentado Baltazar llega a la ciudad con la intención clara de mantener el orden que se le había pedido. Y así sería.

    Cumpliría su misión incluso a día de hoy, manteniendo todavía el cargo con total jovialidad y marcial rectitud en sus formas.

    By Maika




    Última edición por Baltazar Farnese el Lun Feb 10, 2020 1:38 pm, editado 15 veces
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    Mensaje por Invitado el Lun Nov 18, 2019 7:41 am

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    * Separa las habilidades de los poderes y las debilidades, no se entiende cual es cual

    Baltazar escribió:  

    *Desde muy joven, ha tenido un dominio elevado de las artes marciales de todo tipo, destacando en la esgrima, aikido e iaido. Es verdaderamente difícil tumbarlo incluso sin que active poder alguno. Y sí, por cierto. Normalmente lleva una katana encima para poder utilizar estos conocimientos de forma lógica. Pero, en contra, su fuerza física es mediocre, incluso un poco por debajo de la media de su raza. Esto quiere decir que si bien tiene una gran técnica, un puñetazo bien dado le hará muchísimo daño: sus huesos son similares a los de los humanos, así pues, a nivel de constitución al menos, no es un ser sobrenatural.

    *Otra de sus habilidades naturales es el hecho de volar, por supuesto. Posee alas blancas que se pueden desplegar si lo desea desde su espalda. Sin embargo… No es tan rápido ni experimentado con este tipo de viajes y suele ir lento, con una falta bastante notable de agilidad (se le ha visto competir con ángeles y aves mucho más jóvenes y resultar en una total derrota por su parte. Pero eso es algo que sus subordinados JAMÁS VERÁN)  

    * Aquellas que son habilidades no tienen necesidad de tener desventajas (Si quieres lo dejas)

    Baltazar escribió:
    *Como un buen ángel, posee ciertas habilidades sobrenaturales. Y se siente extremadamente orgulloso de su control de la luz como forma de ataque. Desde cualquier punto de su cuerpo, puede generar potentes fogonazos de energía pura (que se desplazan de forma rectilínea y en un rango máximo de cinco metros) que en caso de tocar a criaturas que alberguen maldad en su corazón, serán terriblemente dañinos (de forma directamente proporcional la maldad de ese ser que sufre el ataque. Es decir, que en parte, la debilidad del poder radica en que su uso solo es efectivo contra malhechores y demás, porque poco puede hacer contra un niño), produciendo en la piel heridas cuya gravedad va en aumento según la maldad de la persona atacada. La exposición prolongada a este poder puede producir alucinaciones visuales, ceguera parcial de forma temporal e, incluso en algunos casos (se pedirá autorización previa o será usado solamente con NPCs), heridas emocionales permanentes como traumas o una necesidad de redimir los pecados cometidos. Pero, en contra, para usar este tipo de poderes, Baltazar tuvo que sacrificar toda capacidad de herir en beneficio propio. Es decir, que él, no puede atacar si no es atacado previamente. Sus puñetazos serán similares al golpe que puede producir una almohada. La mejor forma, así pues, de terminar con su vida, no es otra que pillándole desprevenido para no darle tiempo de reacción, porque él no podrá lanzar de ninguna forma un ataque preventivo.
     

    *Por cada poder debe haber una debilidad y en este caso te falta una debilidad ya que lo que haz puesto es una desventaja.
    * Tambuen debes corregir el codigo
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    Mensaje por Baltazar Farnese el Lun Nov 18, 2019 9:36 am

    Todo corregido.
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    Mensaje por Akali Hōjō el Lun Nov 18, 2019 11:58 am

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    Buenas, Inari esta algo ocupada y me ha pedido que te terminará de corregir la ficha.

    Solo dos detalles, al igual que has puesto "habilidad" y poder" delante de cada uno añade tambien "Debilidad" en las debilidades.


    Baltazar Farnese escribió:Pero, a pesar de todo estas armas no pueden ser combinadas con el uso de ningún otro poder. Activarlas conlleva tener que estar durante tres horas sin utilizar ningún hechizo de luz que no sean estas mismas, y es tras dos horas que necesariamente desaparecerán. Esto quiere decir que una vez invocadas, tendrá hora de total vulnerabilidad. Y esta hora es extremadamente útil si lo que se quiere es atraparle o dañarle porque su cuerpo queda reducido a un equivalente humano. Oponer resistencia le resulta difícil y acaba totalmente a merced del enemigo, dependiendo exclusivamente de si este es más fuerte que él o no. Por cierto, dato pequeño. Esas oraciones son relativamente largas, así que no puede ir por ahí invocando armas en segundos.


    Aunque la debilidad que propones es muy interesante no es valida, ya que es una consecuencia de usar su poder y no serviría. Esto se debe a que el mismo decide sufrir ese estado. La debilidad en sí esta bien pero el causante de ese estado vulnerable (el invocar un arma) no sirve.
    Por ejemplo si adquiriese esta estado de debilidad por por ejemplo comer nueces porque es alergico si sería valido (puse un ejemplo estupido lo sé).
    Debe de ser algo que si el enemigo averigua de él pueda usar en su contra.-


    Y esto es en efecto una gran debilidad del ángel. La energía. Es perro viejo y ya está mayor. Su energía es escasa y, en poco menos de unas horas de combate, suele acabar totalmente extenuado. Y esto de totalmente no va en broma. Ha llegado a vomitar por excederse demasiado en una pelea. Su cuerpo no está hecho para eso… Así que la Dieta queda reservada para el principio inmediato de una batalla o su efecto durará cuestión de segundos antes de que un debilitado Baltazar quede en el suelo ampliamente dañado.


    Con este pasa lo mismo, el causante de la debilidad es su propio poder y eso no es valido. Con simplemente cambiar lo que causa que se debilite es suficiente, como consejo puedo sugerirte que estos estados los causen alergias, temperaturas, otros elementos o algunos materiales o elementos quimicos.


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    Mensaje por Baltazar Farnese el Lun Nov 18, 2019 2:46 pm

    Ahora sí xDDD Todo hecho!
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    Mensaje por Akali Hōjō el Mar Nov 19, 2019 6:06 am

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    Mensaje por Akali Hōjō el Lun Feb 03, 2020 9:14 am

    Ficha abierta
    Puedes cambiar tu ficha
    Se te permitirá editar lo que pides a excepción de los poderes, para ello debes cerrar todos los temas que tienes abiertos.

    Ficha actual:

    Baltazar Farnese


    Datos generales
  • Masculino
  • Demisexual
  • Nace en el 1545
  • Ángel
  • Amo
  • Italiano
  • Suke
  • Jefe de Policía
  • Jugram Haschwalth - Bleach

  • D. Psicológica

    La calma más total y absoluta. Una pose firme y regia, casi marcial, mantiene a Baltazar como un ser totalmente frío y absolutamente impasible frente a lo que hay ante él. Hay quienes le comparan con un muro absolutamente sólido, sin ningún lugar más débil que el otro y que, si no se rompe desde todos los lados, simplemente, no se podrá tan siquiera mover. Educado, partidario de siempre mantener las formas calmadas y no excederse en nada. Absolutamente nada. Ni en palabras, ni en movimientos, ni en emociones. Bien es cierto que se mantendrá tan amable como buenamente pueda, que normalmente está sonriendo y que también, de forma usual, no se le verá enfadado. Estoico, incluso en casos de máxima tensión se mantendrá completamente en paz, incluso ligeramente despistado si no le interesa lo que está sucediendo a su alrededor. Bien es cierto que no le gusta la violencia, y se encarga perfectamente de dejarlo claro con sus formas e intentando evitar el uso de las palabras para ello. Más bien, lo más similar que se puede ver en él a la ira es cuando habla y se refiere a su rival con un trato de “usted”, normalmente usando la misma frase: “comprenda que no me gustan los conflictos”. Y nada más. Luego, cierra la boca inmediatamente y procede a seguir como si nada en lo que fuera que estuviera haciendo.

    Pragmático y maquiavélico, no duda ni un solo segundo en hacer que su voluntad se cumpla, pues normalmente esta se adapta a lo que, desde la tradicional escuela filosófica católica, se considera “moralmente correcto”. No parece tener una maldad interiorizada, y sus actos no suelen derivar en el perjuicio de nadie, no de forma intencionada al menos. La misma piedad que presentaba Santo Tomás de Aquino y la misma mano dura que poseía Federico de Prusia o Carlomagno en sus campañas. Esa frase parece describir muy bien sus actos. E intenta dejar muy clara esta doctrina en sus subordinados, haciendo prevalecer siempre el sentido de la razón sobre la emoción del momento e instruyendo a cualquier ser que se encuentre, por muy bruto o bárbaro que le vea, en las buenas formas de la fe de la que es creyente: la católica, apostólica, romana, la que él ve como defensora de los valores de la piedad y el buen hacer. ¿Y qué quiere decir “buen hacer” para él? Pues muy sencillo: el punto medio entre búsqueda de la perfección y dejadez, el punto medio entre osadía y cobardía… Ese punto que algunos conocen simplemente como virtud.

    Esto no quiere decir que sea idiota y vaya siempre a perdonar y olvidar. No. En cuanto reciba el más ínfimo comando, en cuanto se le dé la más mínima orden por parte de un superior, la acatará con marcial precisión. ¿El por qué? Simple. Porque no intenta ir contra las estructuras de poder de las que sabe que él forma parte y debe ayudar por mantener en pos de la paz perpetua. ¿No es acaso desde el orden que florece la libertad? Antes de la sociedad, él no cree haber visto libertad individual, y tiene bastante experiencia adquirida de tiempo atrás y en consecuencia mucha licencia para hablar del asunto. ¿Y quiere decir que sea tan favorable a la iglesia católica que esté en contra de asuntos como, por ejemplo, la esclavitud? No, porque sigue la costumbre aristotélica, la que piensa que hay quienes han nacido para ejercer de reyes y quienes lo han hecho para ejercer de esclavos, y nada lo cambiará. Es ese mismo mecanismo natural el que le coloca a él, por ejemplo, por encima de sus subordinados, pero por debajo de figuras más importantes como el líder del ejército. Y simplemente, va a seguir siendo así, porque, quiera aquel que maldice o no, Deus Vult.

    A lo que amor se refiere, es una persona que simplemente, no tiene demasiada experiencia. No es virgen, pero mantiene una severa castidad que no se rompe desde hace muchísimo. No tiene ningún tipo de fetiche extraño (o al menos no quiere mencionarlo ni airearlo en público), no tiende a entretenerse de esas formas y, al menos en primera instancia, considera el amor como un acto tan poético y literario que no debe ser ensuciado con la repetición constante de este, sino con su perpetuación en el tiempo.

    Es culto, sensible (a veces, viendo alguna película hay quienes notifican haberle visto emocionarse o, en casos contadísimos y bien escritos en las mentes de quienes han estado presentes en semejante milagro, con los ojos un poco humedecidos) al arte y sobretodo, muy curioso por aprender. Cuando no esté trabajando, se le verá leyendo o investigando en algún lado; siempre llevando algún libro bajo sus manos que puede ir de temas tan variados como las técnicas militares del bando cristiano durante la primera cruzada a un curso para iniciados en el mundo del macramé. ¿Por qué? Pues porque sí, porque tiene memoria para tragarse todos esos datos complemente inútiles a primera vista. De buena oratoria y un talante que puede resultar involuntariamente galán, este ángel hará las delicias de los amantes de las novelas que relatan las andaduras del clásico caballero en la corte, al más puro estilo del Tirant lo Blanc

    Un personaje, en conclusión, carismático y curioso como él solo, como ese café de sabor tan inusual que se queda grabado en el paladar de quien disfrute de lo exquisito.

    Es uno de esos seres que tienen una edad que oscila entre dieciséis y treinta años, tal vez un poco más. De rostro juvenil pero maduro, facciones suaves pero viriles, sin barba alguna que notificar, pero una seriedad que la sustituye de sobras para marcar una edad elevada y adulta. Ojos tristes y normalmente inexpresivos, de un color azul que puede variar según quien lo describa entre oscuros y claros. No parece haber un consenso al respecto, y no será hoy el momento en el que se descubrirá exactamente cómo describir esa penetrante e involuntariamente magnética mirada. Hay quienes dicen que es hasta atractivo, pero eso es cuestión de gustos.

    Se podría presentar de forma paritaria su cabello largo, rubio y bien cuidado, con una constitución física delgada y similar a la de un bailarín, de piernas largas y finas, y un tacto corporal que hace que algunos le consideren francamente afeminado. Tampoco ayuda mucho para quitarse esto de encima el hecho de tener las manos extremadamente suaves (si bien grandes), el cuerpo sin ni un mísero centímetro de vello y unos labios pequeños y finos que pueden parecer hasta femeninos.

    Pero también se puede describir ese porte marcial, esos trabajados pectorales y brazos musculados, esa seguridad que desprende al moverse y sus posturas, completamente seguro de sí mismo y mostrando una belleza que también puede ser calificada como clásicamente viril a pesar de todo.

    Es un ser que, depende del lado desde el que se le mire, parecerá una cosa u otra, pero sin embargo, solo hay una cosa que se podría considerar certera al intentar describirle: su edad aparente es tan inclasificable como lo puede ser la de cualquier ser representado en una estatua helénica.

    D. Física
    Poderes/Debilidades/Habilidades


    Habilidad. Desde muy joven, ha tenido un dominio elevado de las artes marciales de todo tipo, destacando en la esgrima, aikido e iaido. Es verdaderamente difícil tumbarlo incluso sin que active poder alguno. Y sí, por cierto. Normalmente lleva una katana encima para poder utilizar estos conocimientos de forma lógica.

    *Habilidad Otra de sus habilidades naturales es el hecho de volar, por supuesto. Posee alas blancas que se pueden desplegar si lo desea desde su espalda.

    *Poder Como un buen ángel, posee ciertas habilidades sobrenaturales. Y se siente extremadamente orgulloso de su control de la luz como forma de ataque. Desde cualquier punto de su cuerpo, puede generar potentes fogonazos de energía pura (que se desplazan de forma rectilínea y en un rango máximo de cinco metros) que en caso de tocar a criaturas que alberguen maldad en su corazón, serán terriblemente dañinos (de forma directamente proporcional la maldad de ese ser que sufre el ataque. Es decir, que en parte, la debilidad del poder radica en que su uso solo es efectivo contra malhechores y demás, porque poco puede hacer contra un niño), produciendo en la piel heridas cuya gravedad va en aumento según la maldad de la persona atacada. La exposición prolongada a este poder puede producir alucinaciones visuales, ceguera parcial de forma temporal e, incluso en algunos casos (se pedirá autorización previa o será usado solamente con NPCs), heridas emocionales permanentes como traumas o una necesidad de redimir los pecados cometidos (incluso si es con el suicido).

    Pero, como debilidad, es ya perro viejo que por su avanzada edad no se mantiene igual que antes. Sus huesos están ya un poco más desgastados por el pasar de los siglos y esto significa que, si bien sigue siendo un peligro por su experiencia en batalla, no es demasiado fuerte físicamente en comparación a lo que había llegado a ser. Bien es cierto que podría hacer frente sin esfuerzo a un humano, por ejemplo, pero contra iguales de su raza u otras equivalentes se vería en clara desventaja táctica. Es por eso que todo en él se basa en ganar velocidad y usarla de la forma más contundente posible.
    *Poder Otro de sus poderes es la generación de armas de luz a partir de la oración. El “Dies Irae” le permite crear entre sus manos una espada extremadamente efectiva para desgarrar la piel de un demonio, y el “Padre Nuestro”, un escudo que se ha mostrado infalible para protegerse de los ataques que tengan una intención de dañarle de forma injustificada, como si el deseo asesino del rival volviera esta pieza más resistente. “El Credo de los Apóstoles”, le permite, de forma excepcional, crear un látigo que ha demostrado manejar con extrema soltura, y cuyo tamaño depende de cuán necesario sea su uso para proteger a un tercero, mas siempre no excederá los dos metros de largo.

    Como debilidad,, cabe mencionar que su sangre es bastante débil. Si por ejemplo, se produjera en su piel una herida, esta no dejaría de perder sangre a un ritmo normal. Sería equivalente al doble de tiempo que tarda en cicatrizar una herida humana. Y la pérdida de sangre conlleva muchos efectos negativos... Así que, sin duda alguna, la forma de ataque más efectiva contra él no es otra que la de los cortes. Navajazos, estocadas... Cualquier cosa sirve siempre y cuando le haga sangrar.

    *Poder Pero, a pesar de todo lo dicho, solo un poder vuelve a Baltazar un enemigo verdaderamente peligroso. Y este es lo que él llama “La Dieta”. Su cuerpo es débil, a pesar de sus conocimientos. Su magia de luz, si bien poderosa, no llega ni de lejos a las suelas de los zapatos de ningún maestro hechicero: es bruta y extremadamente necesario le resultaría pulirla. Lo que sí es cierto es que esta “Dieta” es algo poderoso. Y es que consiste en una oración simple, una mera frase que debe recitar él a todo pulmón: “Queda convocada la Dieta”. Una vez dicho esto, a su alrededor, en un radio de cinco metros, un potente torrente de energía luminosa envolverá a los seres vivos que estén cerca. Y a los que hayan mostrado una actitud bondadosa no les sucederá nada, pero, a quienes hayan osado romper uno de los Diez Mandamientos, la luz les comenzará a aplastar poco a poco (si bien lo pueden esquivar si en el momento en el que esta cae como un rayo se apartan lo suficientemente rápido, y por supuesto, escudos mágicos o de alguna criatura oscura de alta maestría en este aspecto pueden detener la Dieta), hasta que queden completamente inmovilizados en el suelo o la energía de Baltazar se agote.

    Pero, como debilidad. La energía. Su energía es escasa y, en poco menos de unas horas de combate, suele acabar totalmente extenuado. La intensidad le resulta una desventaja, y un enemigo más joven y enérgico podrá derrotarle siempre que consiga alargar esa pelea más de lo que llega Baltazar. Así pues, y por muy irónico que suene, la falta de experiencia y la temeridad de su enemigo le pueden acabar ocasionando una verdadera espina muy bien clavada. Esto conlleva que Baltazar prefiera terminar las peleas rápido y sin excederse en su fuerza, y alejarlo de su zona de confort (las peleas que acaben en menos de diez minutos) hará volviendo más y más inútil al ángel a medida que pase el tiempo.


    +Es un amante de las artes marciales como lo pueden ser el Aikido y el Iaido, habiendo llegado al quinto dan de la primera. Bien es cierto que a los ojos de un belicista, este tipo de artes marciales, más basadas en la parte filosófica y espiritual que en el pragmático uso de la violencia, pueden resultar inútiles e indignas de ser llamadas de esa forma, pero, sin embargo, para él, eso es lo de menos. Se ha salvado la vida a partir del uso de técnicas como el ikkyo y además, le resultan extremadamente placenteras y una buena forma de meditación.

    +Se ha dicho más arriba que es un pequeño ratoncillo de biblioteca, así pues, no es de extrañar que una de sus aficiones preferidas sea el buen leer. Tiene como autor preferido de novela, a Arturo Pérez Reverte, mas, sin embargo, su pensador preferido es y siempre será el ya maduro y anciano Antonio Escohotado, aunque no le hace feos a ningún filósofo clásico como Heráclito o Parménides, como tampoco a Schopenhauer o a Kant. Y si no te suenan ninguno de esos nombres, que no te extrañe… Cosas de viejos, tampoco hay que hacerle muchas vueltas.

    +Es un consumidor frecuente de música clásica. Muy frecuente. En su despacho como jefe de policía, tiene puesto siempre a todo volumen, como si se tratara de un álbum de algún grupo de rock, música clásica. Vivaldi, Bach y por qué no, de vez en cuando, alguna canción de guitarra española simplemente porque sí.

    -Odia desde el más profundo interior de su alma a los idealistas. Le parecen fuera de lugar, totalmente innecesarios en un mundo regido por el dolor y el sufrimiento causado por la voluntad del vivir. A pesar de que a veces, él sufra pequeños ataques de esa misma cosa que él considera una enfermedad.

    -Ese tipo de ateo que no se ha leído un texto religioso con el que fundamentar sus críticas jamás le produce jaquecas. De la misma forma, odia a los religiosos que no comprenden el cómo de la ciencia. Más bien, por qué no ser sinceros: odia a todo ser que no sea culto e intente opinar de asuntos para los que se requiere cierto conocimiento previo.

    -Esos graciosillos que piensan que le gusta que coqueteen con él. Pues no. Para él, un roce por debajo de su cintura o una caricia en la cadera debe ir acompañada de una más que arraigada relación previa si no se desea que este tipo de caricias acaben en un bien merecido puñetazo. El porqué de ese odio a cualquier toque que tenga la más mínima intención lasciva o palabras así puede deberse, principalmente, al hecho de no estar acostumbrado a ellas y querer seguir sin estando familiarizado con ese tipo de vida.

    Gustos & Disgustos
    Extras


    -Respecto a su rol sexual, este, si bien es descrito como el de suke, se debe a su escasa experiencia sexual previa. Tampoco ha desarrollado patrones al respecto o preferencias. También es cierto que no se percata de ningún tipo de comentario sobre este asunto y suele referirse a sí mismo como “versátil” porque, todas las luces que tiene para hablar de filosofía o técnica militar, le faltan en estas cosas.
    -Sabe hablar en bastantes idiomas humanos: el italiano y catalán (al haber nacido en la zona italiana de lo que hoy es Nápoles, sometida al dominio aragonés por siglos) como nativos, un castellano bastante bueno, un inglés también utilizable de forma profesional, alemán, francés y turco. Es un completo políglota.
    -Practica con asiduidad artes marciales varias, gastando al menos, diez horas semanales como mínimo en ello. Y más que gastaría si no fuera por el trabajo. También va al gimnasio de vez en cuando, aunque solo sea porque le parece una buena forma de socializar.
    -Técnicamente, y siendo muy quisquillosos con la rama genealógica, él sería el heredero al ducado de Parma si este se volviera a constituir por un casual. Lo cual no quiere decir que tenga poder alguno fuera de su cargo como jefe de policía, porque a fin de cuentas, Italia lleva siendo República desde el 46.
    -No tiene ningún pet a su cargo todavía. Más que nada, porque si bien podría pagarlo, no ha encontrado ninguno que le llame la atención en extremo. Y para él, al menos, un ser así debería resultarle interesante, ¿verdad?
    Historia


    En el 1545, se inician los procesos del Concilio de Trento para hacer frente a la reforma protestante, iniciada por Martín Lutero en el norte de ese Imperio que no era, ni sacro, ni romano, ni un imperio, siendo estrictos con lo que esto verdaderamente significaba y teniendo en cuenta el auge del colonialismo que hacía que potencias más occidentales al imperio obtuvieran más y más territorios en contra de civilizaciones consideradas como bárbaras entre los propios humanos. Ese título había quedado reducido a un mero adorno más con el que decorar los títulos del prácticamente todopoderoso Carlos V, el cual, en un intento de terminar con el cisma, convocó previamente una Dieta en Worms totalmente en vano.

    Fue en ese escenario que, en el territorio hispánico de Nápoles, nació, en el seno de una rama menor de la familia de los Farnesio, duques de Parma, la cual previamente había alumbrado al prácticamente invicto almirante Alejandro Farnesio; el pequeño Baltazar, un niño que, a diferencia de una gran mayoría de sus parientes, poseía el cabello rubio claro y una piel suave y delicada, en contra de sus tíos y primos cercanos, mucho más viriles y aguerridos que él y sus padres, de piel blanca completamente y arios. Algunos temieron por la salud de ese ser, creyendo que su delicadez y suavidad no podían ser símbolo más que de una clara debilidad que le haría enfermar con el tiempo. Y es por eso que se recomendó a sus padres, de bolsillos más que llenos por lo que el apellido familiar les podía entregar, se retiraran por la salud del pequeño a alguna villa familiar alejada de la ciudad en la que poder criar a ese ser sin miedo de que acabara muerto en su más tierna edad. Y luego, en cuanto este tuviera edad, entregarlo a las autoridades de la iglesia como un miembro del clero que, teniendo en cuenta el apellido, no tardaría en situarse rápidamente al mismísimo lado del Papa de Roma, que para ese momento no era más que un mero títere del Emperador.

    Pero, sin embargo, ese niño que en cuanto tuvo edad suficiente como para leer fue obligado a empezar a hacerlo en manos de los mejores instructores que se podían encontrar en la rica península Itálica, se estaba mostrando increíblemente resistente a cualquier tipo de enfermedad. Aunque siendo sinceros, lo que los padres de Baltazar se guardaban para ellos era aquello que les diferenciaba de la rama troncal de los Farnesio. Y es que, mezclas extrañas e infidelidades de tiempo atrás habían mezclado la sangre de la familia con la de los ángeles desde tiempos tan arcanos que, ya para ese momento, Baltazar nació como un completo ángel, al igual que sus padres. Y Baltazar solo tenía una meta para ese momento: imitar a su mayor familiar en ese momento, el gran Alejandro Farnesio, que ahora se dedicaba a volver imposible la navegación de los enemigos de las coronas de Aragón y Castilla. Ansiaba echarse a la mar como un almirante más. Así pues, no dudó en molestar a su padre para que convenciera a los otros miembros de la familia de brindarle autorización para ingresar en cuanto se pudiera en alguna academia militar. Y así fue, a los diez años, antes de lo cual, la biblioteca familiar se le había quedado pequeña.

    Mostró gran talento para memorizar y pensar por sí mismo, y, tal vez por su muy superior raza, no le resultaba problema alguno superar a sus compañeros. Muchos pensaban que su aspecto afeminado era símbolo de debilidad, pero, sin embargo, era el primero en levantarse cuando era necesario y practicar en la disciplina que se le pidiera. Los años pasaron, y, a los dieciocho (un poco más tarde de lo habitual, pero es que, a fin de cuentas, se estaba esforzando por simplemente ser el mejor en lo que se le ofrecía. A su carrera de militar marítimo se le sumaba un cargo de capitanía y una buena educación en teología y esgrima. Y a esa edad, como un buen Farnesio que era, se le entregó una pequeña carabela a su servicio para luchar en las aguas del mediterráneo contra la poderosa flota de piratas turca, que atizaba con furia las plazas africanas de la corona. Y sí, bautizó ese barco con un nombre: Parma, como el ducado del que la rama troncal de su familia era ama. Y así se pasaría una larga temporada, bajo el mando de diversos siervos y vasallos y siendo desplazado constantemente para defender las muchas plazas mediterráneas en todas las guerras que libró la monarquía hispánica contra sus enemigos. Enfocado como lo estaba en el trabajo, jamás se casó, ni tuvo hijos. Más bien, tan siquiera tenía un hogar más allá de una pequeña villa completamente abandonada que no usaba en la hermosa Toscana.

    Sin embargo, algo sucedía con él, y es que jamás envejecía. Jamás moría. Mientras sus hombres se veían afectados por las más cruentas plagas, él se mantenía perfecto sin importar lo mucho que se acercara a las zonas más infecciosas. Y eso era extraño. En un contexto de tanta tensión religiosa, resultaba incluso inusual que para la muerte de Alejandro Farnesio, su familiar se mantuviera como a sus veinte años mozos. Nada más a comentar. Rápidamente, y sin que él lo supiera, algunos comenzaron a sospechar de él y acusarle de brujería. Y en cuanto esto llegó a sus oídos… No tuvo más remedio que dejar la capitanía, tras años y años de servicio, fingiendo su muerte para escapar de cualquier inquisidor que pudiera intentar acusarle de brujería… En esa pequeña villa. Tendría cincuenta años cuando esto sucedió, más o menos, y todavía seguía totalmente joven (y virgen, por cierto, porque no había tenido contacto con ningún hombre ni mujer en toda su larga vida). Los para ese entonces líderes de la familia, en un intento de mantener el honor y la importancia del linaje, le comprometieron con una joven aristócrata de alguna familia a la que también le interesaba mantener alguna relación con una casa tan importante como lo era la de los Farnesio. Esa mujer tenía de nombre Agatha, proveniente del lejano ducado de Prusia. Albina, de cuerpecito suave y menudita, bastante débil y constantemente cubierta para que no le diera el sol. Y francamente, sería la única mujer a la que amaría. Juntos, pasaron gran parte de su tiempo estudiando en la villa del marido, felices y sin ninguna preocupación gracias a la fortuna que obtuvo Baltazar como capitán de navío.

    Solo un detalle arruinó su felicidad, y este fue, como siempre, el tiempo. Ella envejecía, pero él no. Y ella falleció… Pero él seguía sin fenecer. Su raza le resultó más una maldición que una bendición con el tiempo. Y es que, a medida que pasaba el tiempo, las cosas en la otrora pacífica Italia se iban complicando, mientras él se mantenía como un ermitaño cuya familia había caído en la desgracia. Primero vino un tal Napoleón que quería formar un imperio a la romana, destruyendo la rama troncal de los Farnesio y su ducado en el proceso. Ni se inmutó, pues simplemente, pudo pagar su abstención en la guerra. Luego, la unificación italiana. Y eso fue, tal vez, lo que más marcaría su vida. Su antigua vida militar había sido al servicio de los reyes de España, pero ahora, sería como un italiano de verdad. Pudo presentar pruebas de su servicio como capitán de navío previamente (falsificando bastante, siendo sinceros) para obtener una plaza como capitán, esta vez de la Regia Marina, la institución italiana encargada de la defensa de sus intereses marítimos. Y eso le obligó a enfrentarse por cierto, a los otomanos de nuevo, con tal de obtener las plazas italianas que posteriormente formarían parte del imperio colonial en Libia.

    Y luego, por supuesto, estalla la primera guerra mundial. Razas y razas enfrentándose por los escasos recursos y las ansias expansionistas de todos los estados. Baltazar combate en el bando ganador y, en un gesto increíblemente inusual, conseguía con su experiencia poner las cosas duras a los prácticamente invencibles submarinos de guerra alemanes y austrohúngaros, de lo cual pocos más capitanes podían fardar.

    La victoria italiana se unió a una decepción general por el poco territorio obtenido tras la guerra, mas Baltazar se conformaba con haber salvado el pellejo. Como compensación, le permitieron bautizar el barco que había usado con el nombre que quisiera, y él no lo dudo ni tan siquiera un segundo: Agatha.

    Las cosas siguieron bien durante unos pocos años. Luego, la economía cayó en picado y cierto socialista cuyo nombre era Mussolini se hizo proclamar como el duce italiano, usando su ejército de camisas negras para intimidar al rey italiano. Baltazar tenía órdenes de no intervenir, y dejar que el hombre tomara el cargo de primer ministro del Reino. Un cargo que él veía indigno, recordando en la figura del calvo en cuestión la del Emperador al que hacía siglos había servido y cuyos siervos le habían obligado a abandonar por años la única cosa que le agradaba: la carrera militar. Ahora, como miembro de una fortalecida Regia Marina, su misión es apoyar en la guerra civil española al bando insurgente: y lo hizo. Decenas de buques mercantes republicanos cayeron porque el ángel se veía forzado a simplemente, cumplir órdenes.

    Pero llegó algo que no pudo seguir soportando. Por una vez, su fidelidad quebró al entrar la Italia Fascista en el conflicto más sangriento, fanático e inmoral de la historia: la segunda guerra mundial. Él y la tripulación de su barco, principalmente a favor de los principios de la democracia cristiana, desertaron, cediendo el navío a la Armada Británica para la cual luchó en un acto de grandísima traición que él veía ético teniendo en cuenta que, Mussolini, ese terrible dictador, era todo lo contrario a lo que marcaba la Biblia con la que había sido criado desde muy joven.

    Y, al fin, en el 1945, finaliza tal conflicto, siendo Baltazar condecorado por su valentía por las fuerzas armadas británicas. Él, como compensación, solo pidió algún cargo civil pequeño en algún lugar apartado y que no se le molestara sucediera lo que sucediera. Ese lugar fue la pequeña ciudad de Sunflower, como el jefe de policía. Una ciudad regida por el caos y la jerarquía de amos y esclavos. Y su misión era simplemente que eso se siguiera respetando, pues no querían que esas criaturas se juntaran con la población británica. Así sería. Consideraba a Churchill y a los suyos como grandes demócratas a los que debía respetar. Así pues, un ya mayor pero extremadamente experimentado Baltazar llega a la ciudad con la intención clara de mantener el orden que se le había pedido. Y así sería.

    Cumpliría su misión incluso a día de hoy, manteniendo todavía el cargo con total jovialidad y marcial rectitud en sus formas.

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    Mensaje por Baltazar Farnese el Dom Feb 09, 2020 3:20 pm

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    Mensaje por Akali Hōjō el Lun Feb 10, 2020 1:41 pm

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