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Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

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Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Caín Crowell el Lun Mayo 25, 2015 8:52 pm

Sus pasos le llevaron a resguardarse detrás de un árbol lo suficientemente grueso del tronco para ocultarlo, con una mueca de dolor llevo su mano derecha a la herida que tenía por debajo del  hombro izquierdo y seguía casi hasta el codo, podía decir que no era tan grave pero en verdad dolía, hacía tiempo que no peleaba y mucho menos que lo hirieran de esa forma pero todo era a causa de su idiotez disfrazada de orgullo y algo de credulidad...

Esa mañana después de revisar un par de cosas del consejo fue llamado a la oficina del director de manera urgente, cuando llego apenas a su entrada la secretaria le entrego un sobre sin ningún tipo de leyenda en el más que el símbolo que representaba a su escuela, a pesar de todo el director de Miyabigaoka solo le dijo que ese mismo sobre debía ser entregado de inmediato al director de Namimori pues contenía documentos muy importantes sobre asuntos de ambas academias y que él era el indicado en ir, ya que con ello se hacía una visita de cortesía y buena voluntad por ser el presidente del consejo y por ende dudaba que se desarrollara algún tipo de conflicto aun si iba con el uniforme, sin decir ni detallar nada mas lo dejo ir con la única advertencia de que aquel encargo se debía realizar con la mayor discreción posible.

Al salir de aquella oficina dejo escapar un suspiro de frustración, ¿Acaso aquel hombre estaba realmente consiente del encargo que le había hecho? Por muy bueno que fuera y aun con el cargo que tenia prácticamente lo estaba mandando a enfrentar a una escuela completa con eso, y peor aun su advertencia de discreción no le permitía decirle a nadie sobre ello, siguió caminando sin prisa por unos pasillo pensando la mejor opción, quizás podría llamar a Shaoran o Kanon para que fueran con él al fin y al cabo ambos eran mas que miembros reconocidos dentro y fuera de Miyabigaoka y confiaba plenamente en ellos, saco su celular de uno de los bolsillos de su blazer y empezó a buscar en sus contactos pero justo antes de marcar uno de esos números paro, bloqueo su ceular y lo volvió a guardar. Nego con la cabeza y dio un profundo respiro. –Es solo ir y dejar los papeles, rápido y sin problemas. Se dijo a sí mismo, no tardaría mas de dos horas en ir y regresar ya que tenia cosas que hacer por la tarde.

No tardo mucho en salir de los terrenos de la cuadra Grape aun pensando que aquello no era tan buena idea como hace solo minutos le había parecido, sin embargo trato de convencerse que cualquier cosa que pasara podría apañársela sin problemas. Con ello en mente llego a las afueras de Naminori y mas de un alumno no se cortaba a la hora de externar su curiosidad de porque un niño rico y mimado de Miyabigaoka les honraba con su presencia” claro que algunos mas sutiles con sus palabras que otros, pero para el caso los oídos del rubio no escuchaban mas que lo mismo.

Casi sin problemas logro llegar a las oficinas de dirección ayudado de un par de profesores que por suerte no habían hecho comentario alguno sobre su visita pues en una corta presentación les había dicho quien era y a grandes rasgos que solo iba a dejar unos papeles en manos de su director. Aun con la extrañeza pintada en sus rostros lo guiaron y cuando por fin pudo terminar su encargo, no sin antes hablar educada y escuetamente con aquel hombre que dirigía Namimori y del cual no le brindaba muy buena espina por la manera en que lo veía, logro salir a lo que era la parte de los jardines, por un instante se quedo observando el lugar si bien no tenia la infraestructura que caracterizaba a  su academia esta no se quedaba atrás ya fuera por la sencillez y cuidado que tenían era bastante agradable a la vista. Muy a su pesar miro de soslayo a un par de alumnos que no le quitaban a mirada de encima  y no de una manera agrabable. Sin darle mas vueltas al asunto de dirigio hacia la salida de Namimori dando por ignorados a todos aquellos que se atrevían a dirigirle mas de una burla, su paciencia tenia un limite y justo en ese momento estaba siendo puesta a prueba, lo mejor seria salir por completo de ese lugar…

Sin embargo al parecer la suerte que le sonreía escuetamente hasta ese momento le dio la espalda ya que las puertas estaban custodiadas por cuatro alumnos de Namimori que no tenían la pinta de dejarlo pasar tan fácilmente como había entrado. Acaricio el puente de su nariz, en verdad no tenia ganas de seguirles el juego a lo que a simple vista parecían unos alumnos cualquiera…


Y ese había sido su error, a pesar de todo había subestimado a esos chicos, sin mediar palabra alguna comenzaron atacarlo y tarde se dio cuenta de que tres de ellos eran de un nivel alto y por si fuera poco tenían un uso excepcional de zaiphon y una que otra habilidad cuerpo a cuerpo, como si se tratara de un mal chiste ninguno de los pocos presentes que se mantenian al pendiente de aquel encuentro hacia nada, claro estaba que por ser un estudiante de Miyabigaoka no harian nada para ayudarlo, aunque el ataque de aquellos chicos se concentraba en ser precisos y certeros tal que uno dominaba el elemento roca tiro varias a modo de pequeños proyectiles que en su mayoria el ojiazul logro esquivar,  sin embargo uno logro darle de lleno en el brazo y aquello fue aprovechado por otro de sus amigos haciendo una herida mas grande que la de un inicio.

Soto un par de maldiciones, mientras trataba de agudizar su oído, el brazo le escocia
bastante. Sin ser consciente realmente había ido a parar al parque que se encontraba cerca de Namimori, no quería causar mas alboroto del que habían hecho ya que las pocas personas que se encontraban en esa parte del lugar habían salido corriendo al ver tal situación. Por un segundo sintió la presencia de uno de ellos justo detrás del mismo árbol en el que estaba, lo rodeo rápidamente y tomo por el brazo al contrario que no se esperaba eso, con una leve invocación una corriente de electricidad sacudió el cuerpo del chico y en un segundo mas se encontraba en el suelo, sin emoción alguna lo miro al rostro y recordó que era el quien era el usuario del elemento roca que le había lastimado en un inicio. Dejo escapar un reniego y volteo justo a tiempo para esquivar un par de esquelas de hielo que se clavaron en el árbol, sin embargo cuando intento dar un paso hacia delante quedo estático en su lugar, miro rápidamente hacia sus pies y cerro los ojos al haber caído en algo como eso, hasta el tobillo tenia una enredadera de plantas que le impedia el movimiento, justo frente a él se habían situado los otros tres tipos, que se regocijaban al tener a un Miyabigaoka en esa situación. El peli dorado solto una carcajada al escuchar todo lo que salía de sus bocas y sin mas hizo una leve invocación de viento que paso desapercibida por aquellos pero que en absoluto era débil ya que en menos de lo imaginado uno de ellos había caído al suelo sin premeditación. –Saben… Menciono calmado Caín. –Cuando logran manejar un elemento a la precisión es mejor que la convinacion de muchos. Por ejemplo, cuando se usa el viento con la justa medida de energía se puede lograr un ataque tan sutil y efectivo como ese. Su mentón apunto a su compañero mientras que los otros dos soltaban maldiciones, uno de esos sujetos volvió a invocar estelas de hielo lanzándolas directamente a las piernas y brazos; con el mismo elemento aire logro desviar todas sin embargo lo que nunca se espero fue que hubiera una mas entre todas ellas que iba directamente a su cabeza, con la falta de movilidad apenas si esta no acertó pero le hizo una herida arriba del ojo derecho haciendo que inmediatamente sangrara lo suficiente como para que la sangre corriera directamente hacia su ojo impidiéndole ver claramente además que el dolor le había mandado una punzada aguda que incluso le hizo apoyar su peso en una de sus rodillas mientras sostenía su herida.

Si bien podía terminar con esto rápidamente tampoco quería que aquellos bandalos terminaran tan mal heridos ya que a pesar de tener un buen control de sus habilidades cuando se hallaba en esas situaciones era difícil de medir su fuerza y por ende siempre practicaba con sus amigos ya que ellos le ayudaban a manejar todo ello, pero esto era diferente y él se encontraba totalmente solo en ese instante, además de que era probable que Rubiel encontrara la forma de joderlo en un futuro con todo esto.

Escucho las palabras de uno de aquellos chicos como la invocación de algo más pero cuando intento levantarse su visión se volvió borrosa y un mareo le llego en mal momento. Aquel último golpe si le había afectado mas de lo que se veía y por un instante tuvo el horrible pensamiento de que, en efecto, su idiotez de haber ido solo a Naminori le estaba pasando factura…  


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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Invitado el Jue Jul 02, 2015 3:52 am

Parecía ser que los profesores de Miyabigaoka no sentían mucho aprecio por Aimi, ya que era una joven bastante descuidada y con poca disciplina. Siempre llagaba tarde, con cara de sueño y en la mayoría de las lecciones estaba o bien distraída o casi dormida.

Aquel día no había sido diferente, salvo por el hecho de que en vez de “casi” dormida, se había quedado dormida por completo. En la clase de biología, que era impartida por el más estricto de sus profesores que, además de profesor, era el decano de su facultad. Después de ridiculizarla en clase y hacer que quedara como una idiota delante de todos sus compañeros, la citó para una tutoría después de clase. No era suficiente con que hubiera destrozado la última posibilidad que tenía de hacer amigos en su clase, sino que encima iba echarle un sermón. Ya de por sí, había tenido problemas relacionándose con sus compañeros, no sólo de clase, sino de toda la universidad. La mayoría la veían como una chica pobre que había tenido un golpe de suerte y había podido ir a aquella universidad, o como una chica que era lo suficientemente responsable como para estar “a su nivel”.

Aunque había coincidido con un par de personas simpáticas y amigables fuera de clase, nunca estaría de más tener amigos dentro de la universidad, con quienes charlar en los descansos o participar en las actividades extraescolares. Aunque sacara buenas notas, a los alumnos y profesores no parecía gustarles su actitud, y la tenían en el punto de mira para echarle en cara lo que hacía mal, por muy pequeño que fuera su error.

Después de las clases, como le había indicado su profesor, fue a su despacho dispuesta a recibir la misma charla de siempre. Sin embargo, aquella vez parecía ser especial. Tras reprocharle de una manera especialmente severa, la mandó al despacho del directo. Eso era nuevo para ella, nunca pensó que tendría que enfrentarse al director de Miyabigaoka, y mucho menos en unas circunstancias tan desfavorables. Por mucho que quisiera, no era un castigo que podría saltarse, como cuando le mandaban cuidar la biblioteca y salía antes de tiempo, o cuando tenía que limpiar el laboratorio y lo hacía solo por encima. Aquella vez tenía que ir a recibir el castigo por parte del director, y eso la asustaba más que nada. Si su padrastro o su madre se enteraban de aquello probablemente le caería otra bronca por teléfono. Si la suerte estaba de su lado, ambos estarían demasiado distraídos en su idilio romántico como para preocuparse por la vida académica de Aimi. Al menos así había sido hasta entonces.

Salió del despacho de su profesor y se dispuso a buscar el del director. Buscó un mapa para ubicarse y encontrarlo, pero no era muy buena leyendo mapas si no era con el gps del móvil. Y desgraciadamente, eso no funcionaba con las clases de la universidad. Lo único que logró sacar en claro tras leer el mapa, es que el despacho al que debía ir se encontraba en otro edificio. El complejo de Miyabigaoka era demasiado grande para lo que estaba acostumbrada. Desde que era pequeña había ido al colegio público, y el suyo solo constaba de un edificio con dos alas y el gimnasio. Por eso al encontrarse en un lugar tan inmenso se le hacía difícil orientarse.

Trató de preguntar a un par de alumnos que pasaban por allí, pero no le contestaron de manera amable, precisamente. “¿A tu edad no sabes leer un mapa?” o “Deberías saber dónde está” fueron el tipo de respuestas que recibió. La única persona que le contestó amablemente fue un conserje que pasaba por el pasillo y le solo dijo que el despacho estaba en otro edificio, lo cual no servía de mucho dado que eso ya lo sabía.

Resignándose a aquella situación, decidió ir por su cuenta y buscar una vez dentro del edificio. Una vez llegó, de nuevo una sensación de decepción se apoderó de ella. Había pensado que sería más fácil encontrarlo, pero al verse en la entrada de un edificio con cuatro plantas pensó que tal vez no iba a resultarle tan sencillo. Entró al edificio y deambuló por los pasillos, leyendo lo que ponía en cada puerta y para asegurarse de que no pasaba por alto la puerta del despacho que estaba buscando.

Una vez llegó al tercer piso, tras casi media hora caminando por los pasillos, encontró el lugar al que se dirigía. Llamando a la puerta antes de entrar, y pasando al interior una vez el director le dio permiso, se sentó en la silla frente a su despacho cuando este se lo indicó. Le asustaba mirarle a los ojos, sabía que le iba a caer otra regañina y obviamente eso no le agradaba. Pero al parecer el director no tenía pensado reñirla. Le dijo que como castigo tenía un encargo especial para ella.

Le explicó que hacía unas dos horas había enviado al presidente del consejo a llevar unos papeles a Namimori, pero no había recibido señal de él, y debería haber vuelto ya. La misión de Aimi en ese momento era acercarse a Namimori para ver si algo había ocurrido. Al ser este su castigo, se sintió un poco aliviada. No era para tanto, se cambiaría de ropa, cogería su bici e iría a hacer un chequeo de la zona. Sin embargo, justo cuando pensaba salir por la puerta, el director le dijo que debía ir directamente, que era una urgencia y no quería que la imagen de la universidad se viera afectada si algo había pasado. Y en caso de que hubiera pasado, ella debería ser quien resolviera el conflicto y dejara a la universidad en un buen lugar.

Eso significaba que debía llevar el uniforme, lo cual no le hacía mucha gracia. Odiaba tener que pelear, y aunque esa no era su intención en absoluto, conocía la hostilidad existente entre ambas universidades. Asintiendo ante las últimas palabras del director, se dirigió rápidamente a la salida. Por suerte aquella semana el karaoke estaba cerrado por vacaciones del dueño, por lo que no tendría problemas con llegar tarde o perder un día de trabajo. Montó en su bici y tras buscar la dirección en el móvil se puso en camino. No tardó en llegar a la cuadra Apricot, pero aunque tenía el gps como guía, montar en bicicleta con el móvil de la mano y tratar de seguir una ruta en un mapa a la vez no era tarea fácil.

No era su primera vez allí, pero nunca se había acercado a Namimori y no conocía el camino más corto. Tras dar un par de vueltas de más al coger el camino equivocado y cruzarse con algunos alumnos de Namimori que le habían gritado cosas bastante desagradables, terminó por llegar a la puerta del complejo universitario. Su experiencia no había sido precisamente acogedora, ya que al recibir aquellas amenazantes y ofensivas palabras por parte de los alumnos que se había cruzado se dio cuenta de que realmente no había sido una buena idea ir con el uniforme. Ojalá se hubiera dado cuenta antes y se hubiera puesto una chaqueta por encima para ocultar parte del uniforme y no destacar tanto.

Era demasiado tarde para pensar en aquello. Debía encontrar al presidente del consejo y comunicarle a director que todo el proceso había ido correctamente. Esperaba que él no estuviera en su camino de vuelta mientras ella andaba perdida, porque eso sería una faena para ella. De todos modos, lo único que conocía sobre aquél joven era una breve descripción física que le había hecho el director. Aunque, si llevaba el uniforme, probablemente no le fuera difícil encontrarle.

No había caminado muchos metros pasada la entrada cuando se cruzó con un grupo de estudiantes de Namimori que parecía que acababan de salir de una pelea. Recibiendo ciertos comentarios no muy educados por su parte, afirmaron que no iban a hacerle nada “porque era una chica”, pero otra de sus frases le llamó particularmente la atención. “Tsk, alguien más de Miyabigaoka.” ¿Alguien más? Eso quería decir que se habían cruzado con la persona a quien buscaba. Al ver su aspecto malherido, se temió lo peor. Aceleró su paso para librarse cuanto antes de ellos, quienes por suerte la dejaron pasar sin decir nada más.

Según se acercaba a la puerta del edificio principal se fijó en que había manchas rojas en el suelo. Esperaba que no fuera lo que imaginaba, pero sus sospechas se confirmaron cuando al seguir el rastro de pequeñas manchas con la mirada, vio al joven que buscaba tendido junto a un árbol. Le reconoció rápidamente por el uniforme, pero confirmó que era él gracias a la descripción que le había hecho el director. Se apresuró en aquella dirección esperando que no estuviera gravemente herido. Una vez se encontró a su lado se fijó en los daños que tenía. No eran mortales en absoluto, pero tampoco era bueno que sus heridas se quedaran sin limpiar. Se agachó a su lado y le zarandeó con cuidado para despertarle, al tiempo que sacaba una botella de agua para limpiarle la sangre.

-Hey, ¿estás despierto? Dime algo, sigues vivo, ¿verdad?

Aunque no estaba muy segura de que aquellas fueran las mejores palabras para decirle a alguien desfallecido para que despertarse, esperaba recibir una respuesta confirmando que había recuperado la consciencia.
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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Caín Crowell el Vie Jul 03, 2015 8:24 pm

Su cabeza punzaba y por lo que para él le pareció solo unos segundos todo se había vuelto negro y el silencio le llenaba los oídos, su cuerpo lo sintio moverse, cosa extraña por que él no lo habia provocado. En menos de un segundo reacciono inconscientemente, movio sus piernas dandose cuenta de que ya nada las retenía, abrió abruptamente los ojos y sin enfocar bien tomo del cuello a la persona que se encontraba zarandeándolo y con un movimiento fluido invirtió posiciones dejandole tirado con la espalda en el piso.

Furioso, esa era la palabra que mejor lo podria describir en ese instante. Esta vez habian ido muy lejos y fuera quien fuera la persona que se atreviera a seguirle molestando acabaria pagando todos y cada uno de los golpes que tenia en el cuerpo, Podia sentir aun la sangre en la cara y en parte le impedia ver bien. Su rostro que habitualmente tenia una expresión tranquila y una sutil sonrisa en los labios, ahora era la antítesis de todo ello, el entrecejo funcido, sus labios formando una tensa linea y sus ojos, aquellos que mostraban la mejor parte de él ahora los cubria una capa opaca que obscurecía por completo el tono azulado de estos.

Su mano fue directamente hasta el cuello del individuo que tenia bajo de él mientras que la otra extendía por completo los dedos y una capa de viento comenzaba a rodearle, su voz ronca salio mientras se acercaba a la cara del contrario. -Hubiera sido mejor que se largaran ya no me contendre mas aun si fuese el propio Rubiel quien vinie... Sus palabras perdieron fuerza al escuchar unos leves quejidos, en definitiva aquellos sujetos o tenían una voz muy aguda o bien era alguien completamente diferente, y ahora que lo sentia unas manos hacian amagos al brazo que le sujetaba, menguo la fuerza con la que retenia a la persona y por un instante dejo que su vista enfocara bien y que la ira pasara a segundo plano.

Si mal no recordaba no habia ninguna chica entre sus atacantes, y como si recobrara sus sentidos de un instante a otro abrio los ojos desmesuradamente, recorrió rapidamente el cuerpo que ocupaba el espacio inferior y en definitiva era una chica y por si fuera poco vestía el uniforme de Miyabigaoka de un salto se puso de pie poniendo distancia entre ambos, aun a pesar de todo el movimiento tan repentino hizo que trastabillara y casi lo hace caer. Su cuerpo protesto al cambio tan repentino y una punzada le hizo entremecer de pies a cabeza con un poco de acopio de fuerzas logro mantenerse erguido y mirar desde su altura a quien estaba tendido en el suelo. -¿Quien... quien eres? Murmuro aun aturdido por todo, no reconocia a la chica y aunque las heridas que tenia le dolian bastante lo que mas le tenia en vilo era el golpe en la cabeza que habia recibido ya que de todo era el que mas resentía en ese momento.


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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 05, 2015 3:20 am

Aunque estaba esperando una reacción por parte del chico para comprobar que sus heridas no eran demasiado serias, aquella respuesta la tomó totalmente por sorpresa. No imaginaba que alguien que parecía desmayado tuviera fuerzas para atacarla de aquella manera. Al verse acorralada contra el suelo y ver la expresión de ira de aquél muchacho el miedo se apoderó de ella. No estaba acostumbrada a pelearse con nadie, no era algo que le agradase y si se veía en algún tipo de problemas siempre prefería huir.

Al estar en aquella situación no sabía qué debía hacer, había notado una mano agarrarla por el cuello y no precisamente con delicadeza. No le impedía la respiración, pero sus dedos se estaban clavando en su carne y le resultaba ciertamente doloroso. Soltando algunos quejidos intentó zafarse del agarre que la retenía. Para su sorpresa, la fuerza con la que estaba siendo sujetada disminuyó notablemente, y en seguida se vio de nuevo liberada por completo.

El joven que hacía pocos segundos se había abalanzado sobre ella ahora parecía ahora confundido al apartarse. Tras analizar un poco la situación se imaginó que se habría confundido de persona, no entendía por qué la habría atacado si no, era una desconocida, y más aún, de la misma universidad. Al escuchar su pregunta comprobó que sus suposiciones eran correctas, y que realmente no la conocía.

-E-eh… Me llamo Aimi… - contestó aún algo asustada. No le era fácil recuperarse de un ataque tan repentino, a pesar de que parecía que no iba a hacerlo de nuevo. – Vengo desde Miyabigaoka, me envió el director a buscarte porque no regresabas... Eres el presidente del consejo, ¿verdad?

Sabía que el director en algún momento le había mencionado el nombre del chico, pero no había prestado mucha atención y no lo recordaba. Aún preocupada por el hecho de haber sido asaltada, se puso en pie apoyándose en el árbol que tenía tras de sí, sin dejar de observarle por el rabillo del ojo, por si acaso. Una vez se hubo incorporado, se sacudió la ropa y le miró de arriba abajo, viendo que sus heridas eran más graves de lo que había pensado.

-Bueno, seas o no la persona a quien busco, creo que deberías limpiarte las heridas. Tengo agua y un pequeño kit con vendas y tiritas que siempre llevo encima, por si lo quieres usar.- Su naturaleza amable y siempre con intención de ayudar se había superpuesto al miedo que hacía unos minutos invadía su cuerpo. Estaba segura casi al 100% de que él era a quien le habían mandado encontrar, pero aunque eso no fuera así, no podía dejarle marchar con aquellas heridas. Se agachó para recoger la botella de agua que había sacado anteriormente y ahora estaba en el suelo debido a la acometida del joven y buscó un poco en su bolso, sacando una pequeña bolsa que usaba a modo de botiquín.– Aunque tal vez deberíamos alejarnos un poco de aquí, me siento un poco insegura estando en esta universidad.- Estar en una zona tan hostil hacia los de Miyabigaoka no le gustaba nada, tenía constantemente la sensación de que alguien la estaba vigilando y ella no estaba preparada para afrontar ninguna situación de combate que se le presentara.
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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Caín Crowell el Sáb Jul 11, 2015 1:25 am

-¿El director? Pregunto repitiendo las palabras de la chica. Claro, ya habia pasado mas tiempo del que habia pensado y al no haber regresado de inmediato al campus dandole un reporte al directivo este habia mandado a alguien. Centro su vista en la menuda figura de la pelirosada, aquella chica no se le hacia conocida de nada incluso su nombre no le sonaba en lo absoluto, rápidamente y manteniendo a raya el agudo dolor que sentia en su cuerpo trato de pensar si alguna vez la habia visto en Miyabigaoka pero su mente no se mostraba tan cooperativa como quisiera y dejo eso de lado ya tendria tiempo para cavilar con calma. -Si, soy yo. Contesto con voz baja, al menos eso si podia asegurar.

Miro a los lados, Aimi tenia razón aquel lugar, ahora, le daba la misma sensacion que a ella pero dudaba que alguien mas pasara por ahí a molestarlos e igualmente no era lo mas prudente ir caminando por las calles con la apariencia que tenia, la cual dudaba que fuera una pulcra o al menos presentable mas de uno no dudaria en apuntarles y empezar un tremendo chisme peor aun si lo reconocian mas allá de un chisme cualquiera quien sabe que mas dirian. -No gracias. Penso para si mismo fijando su vista en una banca que estaba a su izquierda, estaba justo en medio de dos arboles que practicamente la escondía, ya que tambien estaba rodeado de un par de arbustos en los costados y por detras de ella ademas de que estaba retirado del lugar por donde mas pasaban las personas, aquel seria un buen lugar.

-No te preocupes dudo que regresen, vamos hacia allá. Señalo con su mentón la banca que habia localizado y con denuedo logro que sus pasos fueran los mas firmes posibles. Podia sentir el nerviosismo de la joven y no era para menos, menuda suerte el que ella fuera la que lo viera de esa manera, muy particularmente dudaba que unas simples tiritas pudieran arreglarlo, quizas las vendas servirian mas solo esperaba que fueran las suficientes para vendarle el brazo ya que con la herida de la cabeza tendria que ver que mas hacer. Aun así en su fuero interno agradecia tener alguien ayudandolo en ese instante. Sin mucha dificultad logro sentarse y el dolor de moverse se reflejo en la mueca que se instauro durante un instante en sus facciones.

-Creo... creo que tendre que limpiarme el rostro primero la sensacion de la sangre me es incomoda, ademas no se que tan mal este. Con el brazo que no tenia lastimado señalo su cabeza. -Aunque por lo regular las heridas aquí son bastante escandalosas a comparacion del verdadero daño que tengan. Solto amenamente, ya suficiente le habia hecho pasar a ella como para por lo menos no estar tranquilo e intentar aligerar el ambiente sentia que podria estar a la defensiva y no la culparia de ello. Rebusco en el interior de su blazer y saco un pañuelo de tela, levanto la vista y sonrio tenuemente. -Lo podrias humedecer un poco, no creo poder hacer mucha fuerza justo ahora. Movio inconscientemente su hombro lo cual le hizo recordar no volver hacerlo, el aguijonazo de dolor le recorrio la espalda e hizo que soltara una maldición entre dientes. -Te agradeceria que me ayudaras con todo esto. Termino diciendo dejando escapar un suspiro.


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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 21, 2015 6:59 am

Escuchando sus palabras y mirándole aún preocupada por su estado, le siguió al lugar que indicaba sin cuestionar sus decisiones. Ciertamente era probable que no volverían a aquella zona y aún se sentía algo insegura, sin embargo, la localización que había encontrado el joven parecía lo suficientemente oculta y podrían pasar desapercibidos fácilmente. Lo más seguro es que si pasara alguien no se molestaría en fijarse en aquel recoveco para poder reconocer que no eran de Namimori. Una vez se encontraron en el lugar decidido, se sentó a su lado e inspeccionó más detalladamente las heridas del muchacho. Quería mantener la discreción y no incomodarle, pero necesitaba saber la gravedad de las heridas para pensar cuál era la mejor manera de tratarlas.

Cuando le ofreció el pañuelo, asintió en silencio y lo humedeció con bastante agua. No llegó a empaparlo, pero sí lo dejo lo suficientemente mojado para que pudiera limpiarse la sangre. Por un momento pensó ofrecerse ella misma a limpiarle la herida con el pañuelo, pero antes de decir nada cambió de opinión, sería mejor que lo hiciera el mismo, ya que ella no sabría controlar si le hacía daño o no. Mientras esperaba a que se quitara los restos de la sangre, empezó a vaciar los utensilios que llevaba en su bolsito botiquín. Era propensa a tener accidentes, por lo que llevaba un kit bastante completo: vendas, gasas, esparadrapo, yodo, tiritas, unas pequeñas tijeras… Jamás habría pensado que ser tan torpe sería una ventaja.

Mientras él se limpiaba las heridas, empezó a preparar los vendajes por su cuenta. No era una experta, pero más de una vez había tenido accidentes con la bici y había acabado con heridas bastante importantes. No eran tan profundas como aquella, pero al menos sabría cómo hacer para que no se le infectasen y pudieran cerrarse más rápidamente. Decidió comenzar con la preparación del vendaje de la cabeza, ya que esa herida era la que parecía necesitar tratamiento prioritario. Cortó varios trozos de esparadrapo para poder tenerlos más a manos más tarde y sacó varias gasas de sus respectivos paquetes esterilizados para usarlas a modo de vendaje.

Para poder echar yodo en una de las gasas más fácilmente sin mancharse se puso de pie. Habiendo visto las heridas del joven y el botiquín que ella llevaba, había pensado que la mejor manera para poder tapar aquella herida sería usando las gasas y esparadrapo que había preparado a modo de una especie de tirita gigante que le cubriera toda la herida. Sabía que no tenía suficientes vendas para la herida de la cabeza y la del brazo, por lo que decidió hacerlo de aquella manera para poder cubrir aquellas dos heridas más importantes, aunque fuera una solución temporal. Le explicó detalladamente cómo pensaba usar el vendaje, para que al menos supiera lo que tenía pensado hacer– Creo que esa será la mejor forma de poder cubrir las heridas. Aunque solo sea su aspecto, a mí me parecen bastante grandes y creo que es mejor dejarlas bien cubiertas para que al menos estén limpias y no se infecten. – Una vez hubo acabado él de limpiarse la sangre, añadió algo dubitativa por la reacción que pudiera tener el joven. Aunque parecía algo más tranquila, era la primera vez que ella se veía en una situación así y aún estaba un poco nerviosa. - Me da miedo hacerte daño y a lo mejor prefieres hacerlo tú, pero creo que deberías dejarme que te pusiera yo el vendaje de la cabeza. Al fin y al cabo creo que puedo ver mejor la herida…
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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Caín Crowell el Miér Ago 19, 2015 5:09 pm

Agradeció el gesto de la joven tomando el pañuelo de vuelta, lo paso suavemente por su rostro empezando por su ojo; escocia por la sangre que de seguro le empañaba la visión desde que había recuperado la conciencia, con cuidado rodeo el borde bajando un poco por el pómulo diluyendo la sangre esparcida ahí, con tranquilidad aparente tomo el lado inverso del pañuelo pasándolo suavemente por donde mas punzaba su cabeza y al instante solto un reniego por el dolor agudo que sentio, mas que doler podia sentir las punzadas acometiendole toda esa parte de la cabeza y estaba mas que claro que sin un buen medicamento aquel malestar estaria con él unos buenos dias mas.

De soslayo vio la menuda figura de su improvisada compañera y por un instante su mente se pregunto el porque tenia todo eso con ella, claro, no era extraño que algunas chicas trajeran tiritas incluso un poco de desinfectante para uso cotidiano pero al ver los demás implementos casi solto una pequeña risa. ¿Acaso era una estudiante de medicina o enfermería que casualmente habia tenido la mala suerte de ser enviada por él? No, aquello sonaba bastante exagerado aun si él mismo lo pensaba. Solo habia sido una buena coincidencia que ella trajera todo eso. Termino de limpiar su rostro aunque aun lo sentia desagradable para su gusto, igualmente habia pasado un poco el paño por su brazo. Levanto la vista cuando volvio a escucharla hablar, incluso ladeo la cabeza para poder verla mejor el resplandor del sol le daba justo detrás de ella e irónicamente eso le daba un toque encantador a la escena, la hubiera disfrutado mas si la situación no fuera tan estrafalaria en ese instante pero aun así aquello no le paso desapercibido al oji azul.

-En ese caso, me pongo en tus manos. Determino, tenia razón en que ella haría un mejor trabajo tratantolo a que él mismo se empecinara en hacerlo todo al final podria tan solo lastimarse mas y aquello no le parecía nada atractivo a su parecer. -Me quedare quieto para que hagas lo necesario. Apoyo sus antebrazos sobre sus piernas manteniendo su cabeza en alto, aquello le seria mas cómodo a ella ya que aquella herida era la que mas le preocupaba a él, el brazo podía esperar un poco mas y las otras heridas parecían no ser tan de cuidado como ese par.

Cerro sus ojos intentando tranquilizarse y dejar de lado su estado defensivo, Aimi era bastante amable para estar tratando con un completo desconocido como lo era él. Su voz salio sosegada cuando volvió hablar. -Se que esto debe ser algo incomodo para ti, pero prometo no quejarme, me da la impresión de que eso te asustara mas así que adelante. Animo, sabia que la chica estaba intranquila con la situación pero si sus palabras lograban infundirle aunque sea un poco de tranquilidad aquello pasaría sin imprevistos.


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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Invitado el Vie Sep 25, 2015 1:49 pm

Ya había dejado todo lo necesario preparado para vendarle cuando se dispuso a tratar sus heridas. Era algo que había hecho infinitas veces en su propio cuerpo, casi cada vez que se caía de la bici, ya que solía acabar con heridas y quemaduras a menudo; pero era la primera vez que hacía de enfermera para otra persona, por lo que trató de poner especial cuidado. Respiró profundamente antes de empezar, calmándose para poder hacerlo mejor.

-Si te duele avísame, ¿vale? Quiero que las vendas queden tensas y bien sujetas, pero tampoco es bueno aplicar demasiada presión a una herida. – Mientras decía aquello echó un poco de desinfectante en una de las gasas que tenía preparada.-Esto va a escocer un poco, pero intenta aguantar.-Tras aquellas palabras acercó a su herida la gasa con el producto y le limpió despacio los resto de sangre que aún había en su frente. Después de haber desinfectado la herida por completo, le apartó el pelo de la cara para poder colocar la venda y que los cabellos que caían por su frente no le molestaran. Sacó una horquilla de uno de sus bolsillos y la usó para mantener aquellos mechones sujetos mientras le colocaba el vendaje. Empezando poniéndole otra gasa sobre la herida con cuidado, rodeó su cabeza con las tiras de tela sujetando la gasa que le había puesto, dando unas cuantas vueltas antes de poner una tira de esparadrapo para mantenerlo bien sujeto. Volvió a colocarle el pelo para ocultar un poco el vendaje y luego dio un paso hacia atrás para comprobar que estaba colocado de la manera correcta.

-Bueno, la herida de la cabeza ya está. ¿Está bien así o prefieres que lo afloje un poco? – Preguntó para asegurarse de que no le hacía daño. – Por suerte tengo unas tiras más de vendaje, así que creo que podré vendar también tu brazo. Quítate la chaqueta y súbete un poco la manga de la camisa, si no será difícil.

Esperando a que el joven siguiera sus indicaciones, procedió a echar desinfectante en una gasa limpia, pasándola por su herida una vez el muchacho tuvo el brazo al descubierto. –Vaya, parece que es una herida menos profunda, pero tiene mucha sangre. – comentó mientras sacaba otra gasa, pues la que estaba utilizando ya estaba demasiado manchada. – Aunque de momento estén desinfectadas y algo tapadas, deberías ir pronto a un médico a que te mirase las heridas. Yo sólo sé hacer esto por costumbre, así que es un apaño temporal.

Un par de minutos después había terminado de limpiar toda la sangre, y cogió las vendas que tenía de sobra. Eran varias piezas de vendaje sueltas, así que antes de empezar a vendarle el brazo las unió torpemente con el esparadrapo. Envolviendo con cuidado las telas alrededor del brazo del chico, cubrió su herida por completo y sujetó las vendas de la misma manera que había hecho con las de su cabeza.

-Bueno, ya está listo. Como ya te digo, no es el mejor de los vendajes, pero al menos al estar cubiertas, las heridas no se infectarán. – Tras aquellas últimas palabras, comprobó de nuevo que las vendas estuvieran bien sujetas y empezó a recoger su botiquín.
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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Caín Crowell el Jue Oct 01, 2015 8:41 pm

Soporto estoico todo el tratamiento que la joven hacia, podía sentir la sutileza con la que lo trataba intentando no causar más daño de que ya tenía incluso su toque resultaba bastante aceptable. Con parsimonia hizo todo lo que le indicaba aguantando el escozor que el antiséptico provocaba en su carne, al menos ahora sabia que más que nada lo aparatoso de las heridas era debido a la sangre y en verdad no eran tan serias como para correr a urgencias idea que por sí sola le causaba escalofríos ni en sus mas recónditas opciones estaba el llegar a ir y toparse por coincidencia con aquel sujeto que hacía llamarse doctor, de seguro más que ayudarle solo le provocaría mas dolor aun sin que él mismo no le pidiera ayuda.

Los improvisados vendajes se sujetaban justos a sus heridas y aunque fuera algo incomodo de tener al menos el estar así evitaba que estas se vieran o bien que se infectaran, una sonrisa agradecida acompaño a sus palabras. —Justo ahora para mi es el mejor, gracias Aimi. No cualquiera habría hecho esto es un alivio que te hayan mandado a ti— Dijo con toda la sinceridad de la que era capaz, con parsimonia comenzó a mover sus hombros, cuello y sus brazos que al instante crujieron bajo la presión que habían tenido hasta ese momento, casi soltó un suave jadeo por lo bien que se sintió aquello. Acomodo su cuerpo en la banca dispuesto a no moverse por unos minutos más. — ¿Ultimo año de colegio o universidad? — Pregunto con real interés, al menos quería saber un poco de la chica que le había prestado tanta ayuda, sus ojos siempre le engañaban ya que de fisonomista no tenía ni la mas mínima habilidad así que mejor preguntaba antes de decir alguna otra cosa más.


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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Invitado el Lun Oct 19, 2015 5:37 am

Escuchó sus palabras en silencio, sonriendo para sí misma al oír que el vendaje no le era demasiado molesto. En un momento pensó que a lo mejor valía para enfermera o algo así, pero le gustaba demasiado lo que estudiaba como para cambiar de carrera. Justamente cuando pensaba en ello escuchó su pregunta respecto al año que cursaba.

-Estoy en el primer año de carrera. – contestó mientras se sentaba en el banco a su lado después de recoger todo, al ver que el muchacho parecía querer quedarse descansando un poco más. – Estudio Biología Marina, algún día me gustaría poder trabajar con ballenas, son mi animal favorito. – Dejó escapar una pequeña risita al darse cuenta de que había sonado un poco como si fuera una niña pequeña, pero sí que era cierto que aquel animal le encantaba. - ¿Y tú qué estudias? Según tengo entendido eres un alumno estrella, el director no dejaba de alabarte y decir que ojalá todos fuéramos como tú mientras me echaba la bronca, pero no mencionó lo que estás estudiando.

Hizo una mueca poniendo morros al recordar la reprimenda que le había echado el director. No le había caído bien ese hombre, pero tampoco quería arriesgarse a decir nada, por si el chico tenía buena relación con aquel hombre.

-La verdad es que la universidad es más dura de lo que pensaba. Bueno, al menos esta en concreto. Los estudios no son demasiado difíciles, pero creo que la gente es muy cerrada y me está costando adaptarme. -A veces Aimi podía ser algo tímida con los desconocidos, pero como siempre trataba de ser amable y conocer gente nueva, acababa hablando abiertamente de su vida sin darse cuenta.- Cuando me mandaron a buscarte aquí me temía lo peor. Por una parte, me daba un poco de miedo venir a Namimori, teniendo en cuenta la rivalidad de ambas escuelas. Y, a decir verdad, también me asustaba un poco que por ser el favorito del director fueras como los chicos pedantes de mi clase y fueras demasiado orgulloso para aceptar mi ayuda. Pero me alegra que hayas sido tan amable conmigo, a pesar de tu estado, a mí cuando me caigo de la bici y me hago alguna herida me da mucha rabia y me enfado con el mundo.

Bromeó riendo tras aquel discurso que le había soltado al muchacho, sin haberse dado cuenta de que tal vez hubiera hablado demasiado. Aunque le gustaba ser abierta y hablar con los demás, no solía percatarse de que en ocasiones hablaba más de la cuenta y a alguna gente le podía molestar.
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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Caín Crowell el Mar Oct 27, 2015 6:07 pm

Escucho atento sus palabras, era bueno encontrar aun chicas que tuvieran tanta devoción a su carrera, de las personas que estudiaban en Miyabigaoka muy pocas realmente lo hacían por que ellos habían elegido sus carreras por vocación, la mayoría estudiaba ahí mismo por seguir los pasos de sus padres y desde el momento en que ingresaban se evocaban en las rama en que se les necesitaba instruir para consolidar aun mas sus consorcios o sus emporios empresariales.

Una suave risa se escapo de sus labios al ver que aquel hombre no dejaba de ponerle como ejemplo. —Si supieran...— Pensó con un poco de ironía de inmediato a las palabras ajenas, no por ella en especifico sino por el hecho de que a pesar de los años su reputación aun estaba intacta y que sus esfuerzos por mantenerla así aun a pesar de todas las cosas que había hecho estaba dando sus frutos en todo momento. —Solo es cosa de mantenerles el paso Aimi, en Miyabigaoka solo hay dos opciones; Comes o eres comido. — Soltó con una simpleza adquirida por los años. —Lo duro es comenzar pero una vez que te adaptes al lugar te darás cuenta que no hay medias tintas. Estamos en una escuela de elite en donde lo que más impera es el sobresalir de cualquier manera. — Por un par de segundos su vista se opaco y su voz se volvió dura. —Aun a pesar de los esfuerzos que ponemos para que las cosas sean más llevaderas con toda la plantilla estudiantil es poco lo que podemos llevar a cabo en realidad. Las cosas siempre han sido así y cuesta mucho cambiarlas. ¿Sabias que hasta hace muy poco alumnos becados empezaron hacer aceptados? Y lo pocos que llegaban a ingresar eran tratados de los peor, menos eran los que aguantaban y se quedaban. — Su tono calmo no era exactamente el que se usaba cuando se daba esta clase de información, pero el tiempo le había enseñado que de una u otra forma la realidad siempre superaba cualquier cosa y la forma en que decía las cosas a veces ya no importaba.

Jugó un poco con las mangas de su blazer que reposaba en sus piernas. —En mi caso... digamos que mi caso es especial. Suelo estar disponible para todos los alumnos que llegan a necesitar la ayuda del consejo, pero son realmente pocos los que admiten que necesitan ayuda. — Levanto los hombros en un gesto despreocupado. —Cosas de orgullo y eso. — Le resto importancia con un gesto de su mano. —Sin embargo, lo que más trabajo da son esos sujetos. — Dijo con el desprecio tiñendo sus palabras mientras con un ademan señalaba en dirección a Namimori. —Demasiado incivilizados como te podrás dar cuenta, solo necesitan ver una oportunidad y no dudaran en armar alboroto. — Chasqueo la lengua por un segundo enajenado con su enojo, aquello no se iba a quedar así ya se encargaría personalmente de ver que eso pasara, disipo con esfuerzo su envaramiento mental y volvió su vista a la chica. —Ciertamente soy demasiado orgulloso, incluso llego a ser engreído sin embargo no al punto de no saber reconocer cuando necesito ayuda. — La comisura de su labio se levanto sutilmente dejando ver un gesto de calculado encanto. —Por cierto, estudio criminología, no te lo había respondido antes. —


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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Invitado el Miér Oct 28, 2015 4:59 am

Le había escuchado pacientemente, asintiendo de vez en cuando con la cabeza, pensando que ella era precisamente una de esas personas que tal vez necesitaran ayuda del consejo. Simplemente no se lo había planteado, pero tampoco sabía que esa organización estuviera para aquel uso, pensaba que era para cosas académicas o relacionadas con los profesores.

-Uhm… Tal vez debería pedir ayuda al consejo, porque sí que es verdad que me está costando relacionarme con la gente… - Frunció los labios haciendo un gesto de desagrado. No tenía problema en estar en una escuela así de prestigiosa, sabía que podía estar al nivel de los estudios, y sus buenas notas lo demostrabas. Sin embargo, era una chica muy despreocupada, que se preocupaba más por disfrutar de su vida que de las apariencias y la reputación. Y ese era uno de los principales motivos por los que la infravaloraban sus compañeros. - En realidad, yo debería estar en Namimori, siempre he ido a escuelas públicas que no eran de alto estándar, y me siento un poco fuera de lugar, porque no estoy acostumbrada a ello. Pero mi madre se casó con un hombre con bastante dinero y aquí estoy, en un mundo totalmente diferente en el que me siento algo descolocada.

Ese era el segundo motivo esencial por el que la menospreciaban en la universidad. La gente de allí pensaba que era una aprovechada, su padrastro era dueño de una empresa muy conocida y tenía bastante dinero. Creían que su madre había tenido un golpe de suerte al conocer a un hombre así y había hecho lo que fuera por casarse con él. Pero realmente no era así, ni Aimi ni su madre tenían problemas con tener poco dinero. Sabían que su situación no había sido la más afortunada, y en los peores momentos habían trabajado más duro para salir de los aprietos, con trabajo duro y sintiéndose orgullosas de ello. Por eso a Aimi le dolía tanto que sus compañeros ignoraran el esfuerzo que ponía en todo, tanto en los estudios como en tratar de llevarse bien con ellos. Sabía que estaba allí por suerte sí, pero también que iba a aprovechar aquella oportunidad y graduarse siendo la primera de su clase, aunque tuviera que dejarse la piel en ello. Era lo único que podía hacer para poder ganarse el aprecio de sus compañeros, aunque no fuera por sí misma, sino por sus logros.

-Es un poco triste que la gente vea el mundo de esa manera, ¿no crees? Menospreciar a la gente solo porque no son como tú, quiero decir. - comentó en un tono melancólico, tras haberse quedado en silencio un rato - Si alguien no es de tu agrado, y las acciones de esa persona no hacen daño a nadie, simplemente deberías respetar lo que hace y mantenerte alejado. No hay necesidad de ser antipático o hacer burla.

El tono de aquellas últimas palabras dejaba entrever un poco de enfado en la joven, pero a la vez algo de tristeza, ya que era lo que había sufrido ella desde que llegó a Miyabigaoka. A pesar de que trataba de ser abierta y amable con la gente, cuando la respuesta de los demás era negativa se sentía demasiado cohibida y no era capaz de defenderse, y mucho menos cuando se trataba de un grupo de gente y no una sola persona. Suspiró levemente, dándose cuenta de que el tema se le había ido de las manos y había acabado contando más de lo que quería, otra vez. Era característico de ella, por querer ser amable y esa necesidad de hacer amigos, a veces hablaba más de la cuenta, y eso podía provocar el efecto contrario. Quería añadir un par de cosas más al discurso que le acababa de soltar, pero por miedo a que su pesadez causara rechazo o molestia en el joven, trató de cambiar drásticamente de tema, de una manera no demasiado sutil.

-Entonces, criminología, ¿no? Parece interesante, pero seguro que es difícil. ¿Qué salidas profesionales tiene? ¿Detective, o algo así?
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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Caín Crowell el Lun Nov 16, 2015 2:10 am

En definitiva se había topado con una chica muy curiosa y particular en su forma de ser. Si pudiera describirla en una palabra por lo poco que había hablado hasta ese momento estaba casi seguro de usar la palabra "afable", sus palabras eran directas pero sobre todo expresaban lo que realmente pensaba sin embargo al decirlo no lo sobreponía como muchos otros solo daba su punto de vista de manera locuaz y sencilla. Aquello le agradaba.

—Es agradable saber que piensas de esa manera, sin embargo te pido que no seas tan inocente enfrente de alumnos de Namimori, no todos son busca pleitos pero si la gran mayoría solo busca una oportunidad para crear problemas y no es solo es cosa de un solo lado— Termino diciendo con un tono serio. —No me lo tomes a mal, por favor.— Miro a la chica con ojos cansado y con el matiz de una disculpa implícita en ellos. —Pero como te puedes dar cuenta no siempre podrás encontrarte con estudiantes que pasen de largo, habrá muchos otros que incluso estén en desacuerdo con las peleas entre ambas escuelas pero aun así sin una minoría a comparación de todos aquellos que piensan diferente, en ocasiones no hay opción Aimi y si tienes que pelear para defenderte, hazlo. Nadie puede culparte por ello.— Aquello era una verdad irrefutable, aunque no quisiera sabia que debía decirle aquello, prevenirla era algo importante sobre todo si Aimi era del tipo de persona que preferiría hablar antes de levantar una mano sobre otra persona pero en otras situaciones quizás ni siquiera tuviera la mas mínima oportunidad de razonar con su contrario.

Soltó un suspiro y una risa salio de sus labios al darse cuenta de aquel cambio de conversación tan radical, levanto los hombros y negó suavemente con la cabeza. —No exactamente. Digamos que mi área de trabajo es todo lo que tenga que ver con prevención y algo de perfilación. Muchas veces las personas ni siquiera saben que mi carrera existe.— Casi dejo escapar un gesto infantil, sin embargo recompuso su expresión justo en el momento en que reparo en ello.


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Re: Cuando la estupidez pasa factura [Libre]

Mensaje por Invitado el Dom Nov 22, 2015 6:05 pm

Escuchó atentamente sus palabras, asintiendo despacio a su explicación, sabía que tenía razón, ella siempre solía pensar bien de la gente y no sería la primera vez que eso conllevaba una decepción para ella. Odiaba pelear y tener que recurrir a la violencia, y mucho más si esta se basaba en argumentos tan estúpidos como la rivalidad entre dos escuelas. Pero lo que le estaba diciendo él era cierto, que ella pensara así no quería decir que todos los demás lo hicieran. Eso significaba que si en algún momento se encontrase con alguien que se quisiera enfrentar a ella, no tendría más remedio que ponerse a la altura y defenderse, a pesar de que eso no le gustase, o de otra manera podría acabar mal parada. Aunque no le gustase esa realidad, no podía ignorarla, agradecía que Caín le hubiera recordado aquello.

Dejado de lado aquel tema, continuó escuchando con curiosidad el relato del chico. – Vaya, yo tampoco sabía en qué consistía exactamente, pero ahora que me lo has explicado parece que es bastante importante. Siempre tiene que haber alguien que se preocupe por la seguridad de los demás. –Afirmó mientras se preguntaba internamente cómo serían las asignaturas de aquella carrera. Pensó en preguntarle, pero probablemente no entendiese mucho y acabase más liada que antes. – Es una pena que la gente no conozca estudios como los tuyos que son tan relevantes para la sociedad… La gente busca lo llamativo, o lo que tenga salidas profesionales y pocos hacen lo que les gusta o lo que es necesario para ayudar a los demás. ¿Empezaste a estudiar esto por vocación o por algún otro motivo? – Preguntó con real interés. Le gustaba que la gente se dedicara a lo que les gustase de verdad sin preocuparse por el qué dirán, y esperaba que la respuesta del chico fuera afirmativa y le dijera que lo había elegido por vocación. Aimi había empezado a estudiar biología marina porque desde pequeña le habían fascinado las ballenas y el ambiente en el que vivían. Y estaba encantada con estudiar lo que siempre había querido, porque así pondría todo su empeño y esfuerzo en ser la mejor y hacer su trabajo como es debido.
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